jueves, 13 de agosto de 2020

EDUARDO LABORDA, pintor aragonés de la ciudad, la Historia y lo heroico. Ahora trabaja en una serie de desnudos femeninos. EXPOSICIÓN VIRTUAL


"Belchite", pintura por Eduardo Laborda

 Eduardo Laborda junto a una de sus pinturas


L.M.A.

            14/8/2020 .- Zaragoza .- Es uno de los mejores pintores realistas españoles y su audacia para plasmar iconográficamente la ciudad, la evocación histórica y los rincones heroicos definen buena parte de sus cuadros. La ciudad de Zaragoza le debe toda su atención plasmada en imágenes pictóricas de gran atrevimiento y audacia, lo que pone de relieve su maestría en el dibujo, el escorzo y sobre todo en la belleza. Su ciudad natal le dedicó una merecida y completa exposición antológica de su obra figurativa, realista y comprometida con la región en la Lonja en 2013.
            Actualmente, el pintor trabaja en una serie de desnudos femeninos de gran formato.
                         Eduardo Laborda Gil nace en la zaragozana calle Cortes de Aragón, el 23 de mayo de 1952. Su infancia transcurre en los extrarradios de la ciudad, donde pequeños huertos alternan con naves y talleres relacionados con la industria del automóvil y los derivados de la agricultura, presididos por los edificios emblemáticos de Escoriaza y Fabro y Chocolates Orús.
                       Cursa los estudios primarios en la escuela Andrés Manjón, y el Bachillerato en los Escolapios y el Instituto Goya. En 1964, animado por su madre Victorina, se matricula en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. En este centro recibe del pintor Manuel Navarro López una amplia formación académica.
                  Desde los trece años visita con frecuencia el Museo Provincial de la plaza de los Sitios, siendo Luis Berdejo y Francisco Marín Bagüés los pintores que más le influyen en los primeros años de su actividad artística. Posteriormente descubrirá la obra de Francisco Pradilla.
                    En 1970 aprueba el ingreso en la Escuela de Bellas Artes San Jorge de Barcelona y supera, como alumno libre, los cursos preparatorio y primero. Durante breves estancias, coincidiendo con los exámenes, visita los museos de la Ciudad Condal, el de Arte Moderno en particular, sintiendo especial atracción por la obra del escultor Pablo Gargallo.
                En 1971 conoce a la pintora Iris Lázaro, que luego será su esposa y con la que ha compartido, en absoluta comunión, una vida consagrada por ambos enteramente al arte. En 1972 abandona Bellas Artes para dedicarse exclusivamente a la actividad creativa.
                En 1983 inicia sus escarceos en el cine amateur, realizando una serie de cortometrajes que abarcan desde el género de ficción al documental. Su interés por recuperar artistas olvidados le lleva a editar y dirigir, en 1993, la revista Pasarela. Artes plásticas, además de coordinar, en 2004, una exposición antológica itinerante de Manuel Bayo Marín y las correspondientes retrospectivas de los ilustradores Pedro García y Luis Germán, en 2006, y del decorador Antonio Ruiz, en 2010.
               En 2008 publica el libro Zaragoza. La ciudad sumergida, un recorrido nostálgico por la capital aragonesa a través de su particular colección de fetiches.
En 2010, el Instituto de Estudios Turolenses le publica el trabajo de investigación Bayo Marín. Entre luces y sombras, que supone la recuperación de uno de los grandes ilustradores españoles del siglo XX.
                   -2012, la productora Nanuk Audiovisual (José Manuel Fandos y Javier Estella) inicia un proyecto documental que desvelará el proceso creativo del pintor durante casi dos años de trabajo.
                 -2013.- Gran exposición retrospectiva de su obra en La Lonja. Zaragoza.
           -2015 comisarió junto a Iris Lázaro la exposición El Rostro del tiempo. Aproximación al Retrato en Aragón
                -2016 publicó el libro CHAS de Salduba a La Vegas

Más información

 Eduardo Laborda, artista visual
 La Montañosa
 "Mediterráneo"
 "Perséfone"
"Totem"

miércoles, 12 de agosto de 2020

Cecilia de Lassaletta. Pintora a la búsqueda de las formas y las sombras en el Club de Campo

 pintura de Cecilia de Lassaleta
Cecilia de Lassaletta (Foto Peter Wall)


L.M.A.

            13/08/2020.- Madrid.- En su trayectoria artística que comenzó en los 90, Cecilia de Lassaletta ha sido seleccionada en más de doscientos concursos, entre los que se encuentran los más importantes: BMW y el renovado Penagos, además de los Salones de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores, a partir de 2000.
            Desde que aprendiera a preparar sus propios ingredientes en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Complutense, Cecilia de Lassaletta Estébanez (Madrid) no utiliza otros pigmentos pictóricos que los que ella dispone, ya que consigue colores y tonos imposibles de lograr con la pintura de tubo.
            La docencia de Dibujo y Pintura en institutos de Enseñanza Media le ha detraído algún tiempo de pintar, pero no lo lamente, porque la docencia también forma y enseña al profesor. Por sus clases han pasado algunos políticos de nueva generación a los que ella auguró su futuro político, ante la persistencia en los objetivos para lograr sus propios intereses.
            En el Club de Campo de Madrid, del que es socia y en el que ha ganado varios concursos de pintura, la pintora mira y observa las formas y la sombras a la luz del día y las plasma en su última serie de blanco y negro, en la que actualmente está aposentada. Las proyecciones del sol sobre las rapas de los árboles, las cornisas, las esquinas o cualquier otro punto que atraiga la atención de la artista visual, quedan reflejadas en el lienzo o el papel.
            La acertada obra que Lassaletta donó a Mascarillas por la fe está dentro de esta serie en blanco y negro.
            Ha trabajado mucho el color y no descarta volver a él. Sus acuarelas, género en el que ha trabajado mucho, pueden verse en los fondos de la galería Ansorena.

            Cecilia de Lassaletta es miembro del Grupo pro Arte y Cultura, fundado por Mayte Spínola y dirigido por Pedro Sandoval.

Curriculum vitae

         Cecilia de Lassaletta. Licenciada en Bellas Artes por la U.C.M. después de Cursos de Dibujo y Pintura de la Academia de Bellas Artes de Burgos entre los años 1981 y 1983.Título Superior de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid, Geografía e Historia por la UNED. Finalista en los concursos más destacados de Madrid   de Pintura, Dibujo y Grabado, destacan las Menciones de Honor de los Certámenes Villa de Brunete (Madrid 1997), Villa de La Guardia (Toledo, 1977) y Ciudad de Quintanar (Toledo, 2000, 2001, 2002,2004).Accésit XVIII Certamen P.F de la A.E.P.E (Madrid, 1998); el Premio Villa de Santa Cruz del Valle (Ávila 1997) el Segundo Premio en la Bienal Díaz Caneja (Palencia, 2004). Primeros Premios en, Pintores en Navacerrada (Madrid, 1997) y del VIII Concurso Exposición Club de Campo Villa de Madrid (1997, 1999, 2007,2012). VI Salón de Primavera (Valdepeñas 2011).Finalista en B/N  del XXV Premio Penagos en 2007 y en Premio BMW de Pintura 2008...En el Hotel Wellington y en la Galería Crearte con el nombre de “Nuevas Fórmulas” en Pequeño Formato en la Galería Ansorena de Madrid en Art Madrid 2013.Museo de la Ciudad de Badajoz en el Premio de pintura 2013 y en el Premio Jose Lapayese Teruel.2014. Medalla de Honor en Concurso Nacional de Pintura Sotillo de la Adrada 2017. Diploma de Excelencia a la trayectoria artística por Mayte Spinola 2018.

           En 2019 expuso en el Museo de la Ciudad Guadalajara Palacio del Infantado Fredom Art; 240+1” Casa de Cantabria Abril; Feminart Est_Art Space y Galeria Montsequi Colectiva.


Sombras en el Club II, por Cecilia Lassaletta


Arrabal cumple 88 años con 2 libros y sin Premio Nobel: "La Virgen Roja" y "Familia"


El dramaturgo Fernando Arrabal cumple 88 años el martes 11 de agosto de 2020


Fernando Arrabal, escritor


FEDERICO UTRERA. 
11.08.20
El poeta Leopoldo María Panero escribió “El lugar del hijo”, una antinomia de la conocida metáfora freudiana de “matar al padre”. Y ahora el dramaturgo Fernando Arrabal cumple 88 años este martes 11 de agosto de 2020 y con ese mágico número que representa sus celebérrimas gafas, regresa este verano a sus ángeles y demonios familiares con dos nuevos libros de parecida alegoría: “La Virgen Roja” (Almuzara) y “Familia” (Libros del Innombrable). En el primero narra en forma de novela la vida de Hildegart, asesinada por su madre, una demente utópica socialista que creía poseer la vida de su hija. En “Familia” reúne sus artículos con su peculiar forma de ensayo sobre su “círculo interior” más familiar. Ambos libros son únicos, originales y singulares, como es la vida y obra de este genio creador que siempre se quedó a las puertas del Premio Nobel y que podría haber formado parte del mismo dentro de una triada dramatúrgica con Darío Fo (1997, Nobel con 71 años) y Harold Pinter (2005, con 75 años).

En el siglo XX fueron Nobeles sus admirados Echegaray (1904, con 72 años) y Benavente (1922, con 56 años). Y ese galardón sería honrado por Arrabal como lo elevaron antes Samuel Becket (1969, con 63 años) y Pirandello (1934, con 67 años) o Gao Xingjian (2000, con 60 años). Un total de 45 escritores que fueron también dramaturgos han obtenido el Premio Nobel pero pocos tan genuinos como estos, dedicados con más intensidad a las tablas, con permiso de la austriaca Jelinek (2004), Bernard Shaw (1925), Sartre (1964) o Saramago (1998). O del nigeriano Wole Soyinka (1986), a quien estuve a punto de editar sus ensayos africanos, el tan goytisoliano Gunter Grass (1999) o el irreverente Peter Handke (1999). Tampoco me perdonarían los umbralianos dejarme fuera a William Faulkner (1949), ni los juanrramonianos a Rabindranath Tagore (1913) o los rusófilos a Solzhenitsyn (1970). Tantos y tan buenos con galardón o sin él, aunque en España parece condición previa haber obtenido el Cervantes, algo de lo que también Arrabal carece, como le ignora igualmente la Academia de la Lengua. Poco importa ese último timbre de gloria, él que posee una larga colección de membresías y pertenece a la Academia de la Real Gana, que diría Ramón Gómez de la Serna, para desearle una vez más: ¡Cumpleaños feliz!. ¿Y mi regalo? Esta modesta colección de artículos y un vídeo rescatados del polvo de la hemeroteca con brillo digital:

HISTORIA DE UN ENCUENTRO: CARMEN DE BURGOS Y HILDEGART. BLANCA BRAVO. Cuando Hildegart -curiosamente, en el registro civil el nombre auténtico que aparece es Carmen- murió, Carmen de Burgos hacía meses que estaba enterrada en el cementerio civil de Madrid. Una Carmen tenía 19 años y la otra 62 cuando les llegó el momento de cerrar los ojos a aquella vida que las entusiasmó tanto, dos mujeres tan diferentes y, a la vez, tan parecidas. La joven había escrito una columna en homenaje a la veterana y acababa con una exclamación: «Ha muerto una republicana. Ha muerto una librepensadora». Seguramente esa columna de duelo sea el momento de mayor encuentro entre ambas escritoras. Una homenajea a la otra en una relación que queda clara: la discípula evoca el modelo que le había servido. Pero, ¿qué más tenían en común? ¿Qué unía a estas dos mujeres además de que escribieron en diarios, dieron charlas y se convirtieron en diana de reproches para unos y motivo de alabanza para otros? Las unían la rebeldía, la fuerza, la inteligencia y, sobre todo, su condición femenina asumida y aceptada.
Nada de ocultar su nombre bajo pseudónimos masculinos – Hildegart y Colombine les sirvieron- nada de reprocharse debilidad, nada de hacer concesiones, sino que se trataba de vivir siendo lo que eran y eso, que para Carmen fue suficiente, a Hildegart le costó la vida. La Cruzada de Mujeres Españolas, organización que lideraba Carmen, realizó una serie de charlas en homenaje a Clara Campoamor en las que participaron numerosas intelectuales de la época, desde María de Maeztu, representando a la Federación Internacional de Mujeres Universitarias, hasta Hildegart, como representante del Lyceum Club (En Federico Utrera, “Memorias de Colombine. La primera periodista”, HMR Hijos de Muley-Rubio, 1998, p- 452). Hildegart lamentaba la pérdida de Carmen por la persona, pero también por lo que significaba, puesto que la precursora había materializado las aspiraciones de numerosas mujeres que querían romper con una vida que las descontentaba y no se atrevían. Carmen tuvo el coraje y la fuerza para acabar, pero resultó que un marido fue menos peligroso que una madre.
Publicado en Majadahonda Magazin

martes, 11 de agosto de 2020

FERNANDO ALVIRA. Acuarelas del confinamiento en el Museo Julio Gavín-Castillo de Larrés


 "Huesca", por Fernando Alvira


 Fernando Alvira, artista visual e historiador del arte


L.M.A.

 12/8/2020.- Larrés. Huesca.-Mañana jueves 13 de agosto se inaugurará la exposición de Fernando Alvira titulada "Acuarelas para un confinamiento" que se tenía que haber inaugurado el pasado día 7 en el Museo de dibujo Julio Gavín-Castillo de Larrés. Pero ha habido que retrasarla al jueves día 13 por lo mismo que nos ha desbaratado la vida en los últimos meses. Es una exposición especial y solidaria, ya que va destinada a colaborar económicamente con el Museo.
El importe de las acuarelas que se adquieran durante la muestra (de las casi 120 acuarelas que pueden verse en este museo formando parte de la exposición o en carpetas) pasará al siempre necesitado presupuesto de este museo.
Para quienes no puedan acudir a Larrés en los próximos meses, Fernando ha preparado una exposición virtual con otras 25 de las 250 acuarelas que lleva realizadas desde que comenzó este episodio extraordinario de nuestra vida. Las podéis ver en este enlace:

Fernando Alvira Banzo. Huesca, 1947. Maestro y Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona. Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Académico de número de la Real de Bellas y Nobles Artes de San Luis, de la que es vicepresidente primero desde 2009; director del Instituto de Estudios Altoaragoneses hasta el pasado mes de junio, y ha sido de 1985 a 2015 profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza, en el campus de Huesca. Fue presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, AECA.
Ha colaborado con diversos periódicos como Nueva EspañaDiario del Alto Aragón o Heraldo de Aragón y revistas como ArgensolaTuriaFlumenPunto de Encuentro, Revistart o La Campana de Huesca, tanto con críticas y artículos de divulgación sobre los pintores altoaragoneses de los siglos XIX y XX, cuanto con ilustraciones para algunos de estos medios de comunicación, o la serie Rincones del Altoaragón publicada en el Heraldo, con más de 300 dibujos a plumilla. En la actualidad aparecen habitualmente sus artículos de opinión y comentarios de arte en la revista 4 Esquinas.
Ha escrito libros con los catálogos de obra y biografías de Martín Coronas Pueyo, León Abadías de Santolaria y Félix Lafuente Tobeñas. Comisarió las retrospectivas de Lafuente y Coronas; en el año 1989 en la sala de la Diputación de Huesca la primera, y en noviembre de 2005 en el mismo espacio en torno a la pintura de Coronas, de cuya desaparición se conmemoraba ese año el 75 aniversario.
Ha expuesto ininterrumpidamente en individuales y colectivas, desde 1968. Sus exposiciones sobrepasan el centenar.
Se considera maestro, dibujante y pintor. En las últimas décadas ha trabajado a base de series de diferente formato, soporte y procedimiento cada una de ellas. Así en pintura, durante los veinte últimos años ha completado las de Montesnegros, Almendros o El parque, el jardín y sigue desarrollando la de Paisajes Viajados. En dibujo ha continuado la serie Rincones del Alto Aragón iniciada en el Heraldo entre los años setenta y los ochenta del pasado siglo que ha sobrepasado los mil dibujos en el año 2017. Una parte de esos rincones constituyen Una carretera turística en recuerdo de Lorenzo Acín, que tiene como objetivo dirigir la mirada hacia una vía de comunicación, la carretera de Ayerbe, perdida como camino para grandes cantidades de automóviles pero que puede ser de gran valor como recorrido turístico.
 Salas, acuarela por F. Alvira




 "La Porteta", acuarela por F. Alvira

ANEXO. VIÑETAS DE LONDRES


                           


A la ciudad que me enseñó tanto

  Este anexo a los recuerdos de algunos de mis viajes y estancias mediterráneos lleva por título Viñetas de Londres. Se trata solamente de tres, de casi un total de diez, que han sobrevivido a los cincuenta años que han transcurrido desde que empecé a pergeñarlas sobre la marcha. Valga adelantar que fueron varias mis estancias en aquella capital del mundo (Welthauptstadt), metrópolis y palimpsesto viviente de una época de marcado cuño europeo, como lo fue la acotable entre 1789 y 1918.
Se trata de apuntes de corte algo naif, ligeramente revisados de estilo, y motivados por tres aspectos notables de la ciudad del Támesis: Greenwich, los museos y los parques; aunque de los museos me haya limitado a uno que no guarda punto de comparación con el British Museum o la National Gallery. No está, sin embargo, desprovisto de “gancho”, ni de interés en el ámbito de la historia internacional contemporánea.
Las viñetas que siguen van dedicadas a la ciudad que tantos horizontes me abrió durante mi primera juventud y están dedicadas especialmente a la figura de Salvador de Madariaga (1886-1978) y a su hija Isabel (1919-2014), con la que compartí varias veladas y reuniones londinenses[1].                                       

I
GREENWICH

                    A María José Lorente (+ 2012), criatura imposible de olvidar

Años ha, un vaporetto bastante maltratado por el uso y con capacidad para unos setenta y cinco viajeros solía hacer periódicamente la travesía del Támesis entre Westminster y Greenwich. La nave surcaba lentamente las aguas marrones del Támesis pasando bajo los puentes tendidos sobre el río: Charing Cross, Waterloo, Blackfriars, Tower Bridge y unos cuantos hitos más. A un lado u otro de su caudal, la ciudad de Londres iba brindando al viajero la silueta edilicia de su milenaria personalidad histórica: el Big Ben, Somerset House, la señera cúpula de San Pablo, la fortaleza carcelaria de la Torre y algunos monótonos rascacielos que se erigían donde los bombardeos de la última guerra mundial lograron impactar, repetidas veces, la vasta superficie londinense. Luego, cuando el recorrido de la travesía fluvial alcanzaba la mitad del tiempo previsto, el perfil de la silueta de la City se desvanecía en lontananza, para dar paso a los wharves de Londres, viejos y destartalados muelles y almacenes que imprimían al este de la ciudad aquel ambiente de “sucia incomodidad” del que hablaba William Morris (1834-1896).
Mientras el vaporetto avanzaba Támesis abajo, un mundo de leyenda podía atravesar furtivamente la memoria del pasajero: navíos piráticos de sir Walter Raleigh, goletas marineras, bergantines de la East India Company y gabarras carboneras de la Gran Bretaña industrial. Cuando la imaginación histórica se había ido despertando al filo de la contemplación, el vaporetto enfilaba ya, decididamente, el último tramo del río. Con su proa rumbo a Greenwich.
                           ***
Greenwich es una pequeña aglomeración urbana, situada al sur de Londres. A su entrada por vía fluvial, ofrece al visitante la impecable fachada del Royal Naval College (antiguo hospital de marineros) y el juego de mástiles del famoso clipper [2]Cutty Sark. Luego, al iniciarse el ascenso hacia la colina, a cuyos pies reside la ciudad, todo el entorno se convierte en una sucesión de incentivos marítimos y náuticos. Y, aunque no se sea un lobo de mar, el ojo avizor advierte la sede del inenarrable Museo Marítimo Nacional, primero; la colina del Observatorio (donde se ha fijado el arranque del meridiano de referencia longitudinal de la esfera terrestre), y. por último, el bonito parque que corona la colina.
La visita detenida de los tesoros y curiosidades que pueblan las salas del Museo Marítimo Nacional de Greenwich merece una dedicación de varias horas; todas son pocas aquí, cuenta tenida de la tradición ultramarina de las islas británicas, a veces pirática (William Blake), a veces bélica (Horace Nelson). No es infrecuente que el tiempo pase inadvertido en Greenwich y que el visitante se prometa volver en otra ocasión, justo para deleite de su capacidad de instrucción marítima.
Al terminar la visita a Greenwich, cuando se pone el sol, uno no puede substraerse a la contemplación de Londres desde aquel punto de mira, uno de los pocos altozanos que permite dominar el considerable panorama del octopus londinense. Si la visibilidad ayuda, un horizonte de chimeneas, grúas, agujas de iglesias, “jorobas” de puentes sobre el Támesis, y la inconfundible Torre de Londres se agolpan ante la mirada del espectador. Entonces, cuando la ciudad empieza a encenderse, el viajero, gratamente cansado, pero satisfecho de las impresiones evocadoras que ha experimentado tanto a lo largo del trayecto como durante el recorrido de los museos, emprende lentamente el descenso al pequeño casco urbano de Greenwich. Las tabernas han abierto sus puertas; un rumor de voces concomitantes y un vapor de lúpulo llegan al visitante, al que ya espera el vaporetto desde su muelle de atraque, para devolverlo a la City of London.
II
LOS MUSEOS: IMPERIAL WAR MUSEUM

            A Teresa Pereira,
ad maiorem Dei gloriam

Los domingos de verano pueden ser días idóneos para visitar algunos museos de Londres. Así ocurría, al menos, cuando yo vivía allí o visitaba esporádicamente aquella ciudad. Solían estar abiertos entre las dos y las seis de la tarde, con libre acceso. En una ocasión dejé para el final de mi estancia, por si el tiempo y la resistencia física me lo permitían, el Jardín Botánico en Kew Gardens, la Galería Nacional y el “complejo” museístico de South Kensington, mientras fui viendo aquellos museos que, generalmente, no se visitan; o que, por lo menos, no habían atraído mi curiosidad en estancias anteriores. Tal fue el caso del Imperial War Museum, situado en el distrito de Lambeth, al sur de la ciudad, e instalado en un edificio que, como otros tantos de Londres, no posee particular atractivo edilicio. Alberga, empero, una interesante colección de “máquinas infernales” con las que los europeos han solventado sus recurrentes pleitos internacionales, a través de los siglos.
En el Imperial War Museum, todo el despliegue ambiental (reconstrucción de batallas, mapas y datos que hacen al caso), previo a la aparición de la guerra eminentemente mecanizada entre 1870 y 1918, se resiente de su marcado didactismo escolar, lo que no resta ni un ápice de interés y valor al museo. Cuando se alcanza el período de 1870-1945, las piezas que alberga el Imperial War son auténticos carros de combate, primicias de la aviación, obuses, y hasta un cohete o misil precoz (V2), que transportan al visitante a los días de la détente[3]. Es decir, se trata del despliegue de una colección de ingenios bélicos que introducen de lleno en el mundo de la guerra, inventados por la humanidad para resolver los conflictos entre las partes, una vez agotadas vías previas a la declaración de hostilidades, como la negociación diplomática.
Ciñéndonos al siglo XX, procede recordar aquí, que, cuando las guerras se “estancan”, la espiral de los inventos destructivos del enemigo se acrecienta, como ocurrió en la guerra de posiciones de 1915-1916 entre Alemania y Francia. El empantanamiento bélico produjo el invento del Big Willie, prototipo de tanque pesado inglés, construido por la industria de guerra británica con sede en Birminghan y potenciado durante los años 20 por el tándem industrial Vickers & Armstrong. El museo refleja también otros tipos de guerra: por ejemplo, la guerra relámpago de 1939-1940, cuando las divisiones acorazadas del general Guderian dieron el flamante triunfo al Tercer Reich alemán en Polonia y en el frente francés; o las guerras acaecidas en el desierto libio (Rommel versus Montgomery) y en la jungla, como el duelo entre Japón y Estados Unidos, que mi generación recuerda a través de viejas películas americanas. Guerras, en suma, en las que el camuflaje, la adaptación al reñidero de turno, la supervivencia à bout de souffle y el aprovisionamiento debido contribuyeron a dirimir el resultado final del combate, tanto como la potencia de fuego, la consolidación de las líneas de comunicación y el recurso estratégico a las fuerzas aeronavales combinadas.
El Imperial War Museum, con un título algo “rimbombante” a la altura de los días que corren en Europa y, en particular, en Gran Bretaña, cuando los imperios comenzaron a desmoronarse, sumerge al visitante de sus salas en el ambiente de las guerras mecanizadas. Falta, quizá, una recuperación de otros aspectos: la guerra y su impacto sobre la población civil, la guerra y la escasez de aprovisionamiento, y un breve etcétera polemológico. En suma, el recorrido de las salas del museo no dejará de “avivar el recuerdo”, alentar el ánimo y satisfacer la curiosidad, por aquello de que la guerra, paradójicamente, según comentaba Ortega y Gasset, es un “hecho de civilización”, factor no menos poderoso que el derecho internacional de las gentes de todo el mundo a vivir resolviendo sus conflictos con un grado prudencial de forcejeo, y no a través de la violencia organizada, de la violencia revestida de su coraza siderúrgica e inexorable capacidad de destrucción del enemigo.
En rigor, el cambio de mi elección museística de aquella plácida tarde de domingo abrió un paréntesis de distracción insólita de contemplar; salvo que se habite en países, ciudades y civilizaciones que lucharon a muerte con sus antagonistas, para obtener finalmente la victoria, aunque fuese, como siempre ocurre, una victoria amarga. Caso que ha sido el de Gran Bretaña y su eximperio ꟷel poder, la gloria y la inexorable decadenciaꟷ.
El londinense Imperial War Museum no solo distrae e ilustra, sino que puede invitar a reflexionar sobre el tolstoyano binomio de Guerra y Paz.   


III
LOS PARQUES

A Beatriz Sala Lezcano,
querida prima (de riesgo)

            Hay una evidencia estridente en el paisaje inglés: el color verde predomina mucho en sus ciudades; y, durante el verano, este color acentúa más aún su predominio. Con la excepción de algunos islotes paisajísticos más ásperos, Gran Bretaña es, en puridad, una isla verde que en las Tierras Altas de Escocia experimenta una intensificación de ese color.
            Así como la retina meridional puede pasar del encanto óptico al hastío ante el predominio verde del paisaje inglés, aquella no puede hacer menos que deponer sus armas cuando entra en el vasto recinto de los parques; a no confundir, a propósito, con los bosques (woods) que pueblan el entorno y el corazón de muchas ciudades insulares, como si quisieran reocupar el espacio perdido de la época de ¡Qué verde era entonces mi valle! Los parques son otra cosa. Me encuentro siempre a gusto en los parques ingleses o en los Escocia y Gales, a pesar de que pueda invadirme cierta ensoñación, o a causa de esta, quizá. Los parques son un pulmón para la ciudad, como dicen actualmente los ecologistas; son, también, una válvula de escape para el ciudadano solitario, o filocanino, que lleve a su Troilo de turno a disfrutar de las delicias de un césped siempre húmedo y vigoroso. Aquellos permiten a los deportistas solazarse a gusto y, ¡ah!, a los enamorados dispensarse a su albedrío el cariño que gobierna por momentos sus inclinaciones sentimentales.
            Los parques de Inglaterra son una delicia de refugio personal al aire libre. Y, como ocurre en muchos sitios de Londres, hay, en aquellos, puestos de servicio de refrigeración, cuando no de la habitual cup of tea, quioscos de música, teatrillos a la intemperie (que, incluso en verano, no pueden funcionar con normalidad por la inclemencia meteorológica de la vieja Albión) y, por haber, hay hasta un enclave tan variopinto como el de Speakers’ Corner de Hyde Park, tribuna crítica para descontentos de todo pelaje. Me pregunto qué más se puede pedir a un país tan castigado por la revolución industrial y la alta densidad de superficie construida en su no muy espacioso territorio insular.
            Siempre me gustaba permanecer, tiempo y tiempo, en los parques de Londres; por eso mismo, había para mí un momento que me llenaba de congoja. Era justo cuando los vigilantes del recinto en el que pienso ahora, y que alberga una “joya botánica” (Kew Gardens), anunciaban a través de sus megáfonos, con monótona cadencia, que había llegado la hora de cierre: Closing down! Closing down!, se oía advertir desde diferentes altavoces instalados en varios puntos del recinto. Solía ser algo temprano en invierno cuando esto ocurría; pero, incluso, en verano, cuando el sol septentrional sonreía algo más a través de la bóveda discontinua de nubes, yo no podía hacer menos que experimentar un sentimiento de expulsión, de habitante devuelto sin conmiseración alguna a su punto de origen, la jungla de asfalto. En este caso, claro, se trataba de un decente suburbio londinense donde yo habitaba, pero en el que la simetría de las edificaciones insultaba la vista, mientras reinaba en sus calles un difuso olor a carbonilla. Eso, sí, débilmente contrarrestado por el vapor de lúpulo que salía de todas las tabernas a partir de las seis y tantas de la tarde. Esa era la hora en que comenzaban a abrirse los public places, y se empezaba a consumir cerveza sin prisa, pero sin pausa, hasta que hacia las diez de la noche otra llamada de atención hacía saber al respetable que se avecinaba la ingrata hora del cierre paulatino de aquellos recintos: We are closing down!  


[1] Véanse unas líneas consagradas por mí a Isabel de Madariaga en El Imparcial (26 de octubre de 2014).
[2]  Clipper: buque de vela, ligero y de mucho aguante.
[3]  Esta viñeta, como las que componen este anexo, datan de los años 80 del siglo XX. De ahí, la referencia a la détente, o coexistencia pacífica entre Washington y Moscú, configurada por dos regímenes antagónicos a partir de la crisis de los misiles en Cuba (1962).

lunes, 10 de agosto de 2020

PEDRO DE MIGUEL. El paisaje hecho esencia, fineza y poesía. EXPOSICIÓN VIRTUAL



 Pedro de Miguel, artista visual


L.M.A.

11/8/2020.- Madrid Pedro de Miguel (El Molar, 1951 (Madrid).- Arrasa con su pintura,  cuando se presenta en Almoneda Feria de Antigüedades de Madrid y otras ferias periféricas o foráneas. Su pintura ornamenta y rejuvenece el viejo mueble de estilo y su obra llega a buenas colecciones de arte. El número de exposiciones y premios es numeroso, por eso hay que abreviar.       
FERIAS DE ARTE Y EXPOSICIONES RECIENTES 
2020- Sala Prado, Ateneo Madrid.
2019- Almoneda Feria de Antigüedades, Galerías de Arte, Madrid -ARTESON, Mombeltran-Avila.
2018- Almoneda Feria de Antigüedades, Galerias de Arte. - Ateneo de Madrid, Sala Prado, 19
2017- Almoneda Feria de Antigüedades, Galerias de Arte y Coleccionismo, Madrid.  ART FAIR Málaga 17
            Sala Exp. San Lorenzo del Escorial.
2016- Auditorio Municipal de Boadilla del Monte. Almoneda, Madrid. Feria Int. Donostiartean, Gal. Juca Claret.
2015- Almoneda Feria de Antiguedades, Galerias y Coleccionismo, Madrid  -  Sala Exp. San Lorenzo del Escorial.
            Galería Juca Claret, Madrid.  Sala Kioto 1998  Ayuntamiento Alcalá de Henares.
2014- Sala la Lonja "Casa del Reloj" Arganzuela, Madrid.  Almoneda, Madrid.
             Cen. Cult.  Mun. , Pedrezuela.  Art Shopping, Paris. Almoneda-Navidad.
2013- Art Shopping, Paris.   Almoneda, Madrid
2012- Affordable Art Fair, Milán.  - Almoneda, Madrid.  Estampa 2012, Madrid.  Faim, Madrid.                                                            2011- Dearte Madrid, Galería Juca Claret. - Galería Trueno, Colmenar Viejo-Madrid. - Almoneda, Madrid.
2010- Dearte Madrid, Galería Juca Claret. -Galería Movart, Madrid. -Almoneda, Madrid.

OBRAS EN INSTITUCIONES Y MUSEOS.
Museo de Tarancón, Cuenca.  - Fund.  Barceló, Palma.  - C. de Arte Electrobas, Río de Janeiro.  - La Carbonera, Langreo-Asturias
Ejercito de Tierra, Madrid. -Ayto.. de Baracaldo .  - Ayto.  Medina del Campo, Valladolid.  - Ayto. Majadahonda, Madrid. 
Ayto. Torrelodones, Madrid. Ayto.. Boadilla del Monte, Madrid  -Colecc.  privadas, Portugal, New York.  -Casino Gran Madrid.
Ayto. de Sigüenza, Guadalajara. -Ayto.  El Molar, Madrid.  - Museo Alcazar de San Juan, C. Real.  Ayto. Alcalá de Henares, Madrid.
Ayto. Calahorra, la Rioja..- Ayto de Manzanares, Ciudad Real.

PREMIOS OBTENIDOS RECIENTES.
2019- Accésit P. Rap. AXA Ciudad de Burgos-  Premio Adquisición Cert. Nac. de Artes Plásticas Ciudad de Manzanares, C.Real.
2016-  Primer premio Cert. de Pintura Frida Kahlo, Rivas Vaciamadrid.
2014-  Primer premio XVIII Cert.  Nac.  de Pintura "Ciudad de Calahorra" - 1º Accéssit 14 Bienal de Pint. Balconadas 2014.
             Primer premio Cert. Nacional de Pintura La Guardia, Toledo. 1º Premio Pin Rap. San Lorenzo del Escorial.
2013-  Premio Ciudad de Alcalá de Pintura, Madrid.,
            Medalla de Honor Cer. Nac, Fund. Cruzcampo.   -2º Premio Certamen Pintura, Sotillo de la Adrada.
            Premio Adquisición Cert. Pint. José Antonio Sequí, Tarancón. Premio Arganzuela, Madrid.  Pin. Rap. Boadilla del Monte.
2012-  Mención de Honor 13 Bienal de Pint. Balconadas, Betanzos-La Coruña.  -Accésit  IX  Cert. Nac. Pint. Afalvi, Burgos.
            3º Premio Arganzuela, Madrid.
2011-  Medalla Cert. Nac. de Pintura Fun. Cruzcampo.  - 2ª Mención de Honor Antonio Arnau, Quintanar de la Orden.
            Mención de Honor Cert. Intern. de Pintura Villarta, Cuenca.
2010-  Final. Cert.  de Pintura Díaz Caneja, Palencia.  - Premio Adq. Membrilla, Ciudad Real.  - 2º Premio Gredos de Pintura.


 Pintura de Pedro de Miguel




domingo, 9 de agosto de 2020

Juan Carlos Arnuncio: “Textos críticos” libro publicado por Ediciones Asimétricas





 Juan Carlos Arnuncio, arquitecto



Julia Sáez-Angulo

            9/8/2020 .- Madrid.-  Este libro del profesor de Arquitectura Juan Carlos Arnuncio forma parte de la colección Textos críticos que recoger los textos fundamentales de profesores del Departamento de Proyectos de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, donde han ejercido su prolongado magisterio.
            El libro ha sido publicado por Ediciones Asimétricas, dentro de la colección DPA.

            Andrés Cánovas, director de DPA escribe en la introducción, que el autor “es un profesor metódico de un aplomo estimulante y no deja de enseñar sobre el oficio y la materialidad, induciendo a sus alumnos a reconocer lo que la arquitectura tiene de serenidad y compromiso. Pero más que eso es fundamentalmente una buena persona”.
            Juan Carlos Arnuncio es autor de marcado carácter académico y de libros con fortuna como Peso y levedad, El patio herreriano, Una interpretación de la arquitectura histórica y el más reciente Colgados de una bandada de ocas, además de un pequeño relato novelado titulado Cosas del señor Francesco, una reflexión la relación convulsa entre Bernini y Borromini, una rivalidad entre dos genios que coincidieron en un mismo centro de poder y que no se apreciaron demasiado.

            Textos críticos de Juan Carlos Arnuncio (Valladolid, 1951) es un libro dividido en dos partes, la primera se abre con “Comentarios a la obra de Severio Muratori, a los que sigue “Francisco Inza. Comentarios sobre la forma arquitectónica” y “Los sueños de Luis Barragán” entre otros. La segunda parte habla “Del eclecticismo a la vanguardia. La palazzina romana (1926-1960)” y “Manierismo y posmodernidad”.
            Una biografía del autor y una bibliografía arquitectónica completan el libro de Juan Carlos Arnuncio.