sábado, 15 de agosto de 2020

GIORGI SHKHVATSABAIA, escultor Premio del Estado de Georgia y Ciudadano Honorable de Tbilisi. EXPOSICIÓN VIRTUAL

 
Monumento publico
Giorgi Shkhvatsabaia, escultor


L.M.A.

16/8/2020.- Tbilisi.- Giorgi Shkhvatsabaia nació en Tbilisi, Georgia, el 15 de abril del 1940, en la familia de un famoso deportista y científico. En 1964 se graduó de la Academia Bellas Artes de Tbilisi, Facultad de Escultura del Profesor Nikoloz Kandelaki. Giorgi demostró desde muy temprano un talento especial.  Desde entonces ha estado trabajando intensamente en una gran variedad de materiales: Piedra, hierro, mármol, yeso, cerámica. En 1975, el escultor crea una de sus obras más importantes titulada Juventud,una figura femenina que destaca por la armonía y la ternura,y que le valió la Medalla de Oro de la Academia de Moscú. El autor fue enviado a un viaje creativo a Italia. Después de regresar a Georgia, creó una abundante serie de retratos de importantes escritores, artistas y figuras públicas, entre los que merecen destacar los de Maya Plisetskaya, Liana Isakadze, James Joyce, Robert Burns, Goethe… Especialmente digno de mención es también su dedicación al arte de la numismática, dos de cuyas medallas de bronce se guardan en el museo de Notre Dame, “Matisse” y “Vide Sile”.
En Georgia hay 25 monumentos de Giorgi Shkhvatsabaia repartidos a lo largo de varias ciudades, 10 de las cuales adornan la capital, Tbilisi. Otros monumentos se encuentran en el extranjero, a saber: Moscú - Parque Sakolniki el primer monumento abstracto en la URSS, llamado “Reposo” qu fue erigido en 1970. “La juventud” que se exhibe en la Galería de arte Tretyakov, Moscú 1976. “Misericordia” en la comunidad de San Giovanni, Florencia, Italia 1994. Esta última supone una muestra única del acercamiento de la escultura al espacio de la Caridad Cristiana. “Palio”, una escultura ecuestre, situada en el Ayuntamiento de Siena, Italia. “Antorcha de la Paz” que preside el yacimiento arqueológico de la Olimpia antigua, Grecia, y que fue erigido el día del encendido de la llama Olímpica con ocasión de la celebración de los juegos Olímpicos de Barcelona 1992. “Mi Tierra Eláda” Nafplio, Grecia, en la capital histórica de la república de Grecia, en 1997.
Asimismo, Giorgi ha sido galardonado con el Premio del Estado de Georgia por el monumento al gran poeta georgiano Galaktion Tabidze en Kutaisi, a quien se considera uno de los símbolos de la poesía mundial. Su escultura de Evgeni Mikeladze, famoso director de orquesta del jardín de la Opera de Tbilisi, fue galardonada con el Premio Nacional de Georgia en 2000. El Premio más alto de Georgia fue otorgado al escultor en 2017 por el monumento titulado Elevación, dedicado a la libertad y la independencia. El monumento “Libertad” en el banco central, Atenas.  La cabeza, del monumento de Antorcha de la Paz, en Benaki Museo, Atenas.  Algunas otras medallas se muestran en el museo nacional de Olimpia.
Giorgi ha sido nombrado Ciudadano Honorable de su ciudad natal, Tbilisi.
            Lika Shkhvatsabaia, hija de Giorgi, es pintora y reside en Madrid.

 Escultura de Giorgi Shkhvatsabaia




El escultor con un dibujo de Messi

PICASSO "El taller de la Californie" en Villa Elisa – Paseo Marítimo de Benicassim

Exposicion PICASSO "El taller de la Californie"
Villa Elisa – Paseo Marítimo Pilar Coloma
 Benicassim (Castellon)
Del 8  al 31 de Agosto de 2020





Maica NÖIS
Texto y fotos


Benicassim 12 de agosto de 2020.- Una exposición largamente anunciada y  muy esperada.  Coincidiendo con la plena estación estival y en un momento especial por lo que  se realiza con el adecuado control de aforo y las medidas higiénicas dictadas por el COVI.
El palacete municipal cuya rehabilitación ha supuesto  una inversión de dos millones y medio de euros, cofinanciados por la Diputación y el Ayuntamiento de Benicassim y que cuenta con mil quinientos noventa y un metros cuadrados en tres plantas.
Ha sido organizada por  la Fundacion Bancaja y el Ayuntamiento de Benicassim con el Monte de Piedad.
Permite recrear   el taller en el que trabajo Picasso desde 1955 a 1960, una de las épocas de mayor plenitud y felicidad junto a su compañera Jacqueline Roque.
Reúne las cuarenta obras gráficas que el pintor realizó en el taller de la masía La Californie –Cannes. Muestra además el entorno profesional y doméstico y su fuente de inspiración en este  ámbito..
Así el marco arqitectonico de Villa Elisa recuerda a la masía “Belle Epoque” de La Californie que fue construida en 1920. Espacio y luz  en elementos correlativos con el palacete municipal ubicado a los pies del Hotel El Palasiet (Termas Marinas) y al inicio en el paseo marítimo  Pilar Coloma junto  al emblemático Hotel Voramar.
Esta ubicación-exhibición de la obra hubieran plenamente satisfecho al artista. Así como la proyección de las fotografías del pintor y Jacqueline, en grandes paneles rodeando su obra en la sala, que fueron realizados en el ambiente de vida y taller por los fotógrafos Edward Quinn y Lee Miller.
La Alcaldesa de Benicassim Susana Marqués lo ha explicitado “cuando se recorra la exposición   descubrirá y sentirán porqué el taller de La Californie de Picasso debía inaugurar la nueva Sala de Exposiciones de Villa Elisa y el agradecimiento a la Fundación Bancaja por confiar esta obra para la exposición que concluye un proyecto ilusionante” El palacete emblemático se constituye en un referente cultural para Benicassim y la provincia.
El Presidente de la  Bancaja Rafael Alcón se mostró agradecido al Ayuntamiento y le felicita por convertir este espacio en un punto de encuentro cultural en el que pueden verse las bellas obras de Picasso de la colección artística de La Caixa. Darle difusión poniéndolo al alcance de los miles de visitantes de Benicassim. Tenemos la seguridad de que Picasso estaría feliz en este emplazamiento similar  con esta luz, el mar, la vegetación,
Asimismo el Presidente de la Diputación Javier Moliner refrenda sus intervenciones como anfitriones de la jornada de presentación a la sociedad en la recuperación de este lugar  como espacio público para acoger eventos culturales y sociales. Inaugurarlo además con un genio como Picasso sea desde este momento un prestigio para el arte y su simbolismo.
Presente en el acto una de las hijas de los propietarios en origen de Villa Elisa, Inmaculada Bau Carpi, hija de doña Elisa en recuerdo de su madre “quien fue con toda seguridad la inspiradora de este magnifico edificio, donde pasaba largas temporadas. Los que  la conocieron saben que no cerraba la villa para la siguiente temporada hasta no haber plantado los esquejes de geranios para que en la siguiente primavera el jardín luciera con los vibrantes colores de sus flores- Un jardín que en la actualidad conserva su esplendor de vergel compuesto por más de cien especies diferentes y casi cinco mil plantas” La villa que era el orgullo y residencia estival familiar construida en 1942 por el conde Joaquin Bau, Alcalde de Tortosa, y  que fue punto de encuentro y reunión de la burguesía valenciana y escenario de espectáculos de teatro o música en jardines y porches.
Este escenario, que fue comprado  a la familia Bau-Carpi en 1982 para uso de la ciudadanía, adquiere un nuevo impulso con la finalizada remodelación y el acierto de la presente y prestigiosa exposición.
                                                               






viernes, 14 de agosto de 2020

“Lecturas de ficción contemporánea. De Kafka a Ishiguro”, libro de Javier Aparicio Maideu






Julia Sáez-Angulo

            15.08/2020.- Madrid.- Un ensayo en verdad interesante no solo para orientar a lectores, sino también para hacer reflexiona a escritores sobre el arte de narrar, la fabulación ,en suma sobre la novela. Lecturas de ficción contemporánea. De Kafka a Ishiguro es el libro de Javier Aparicio Maideu, publicado por la editorial Cátedra que ilumina sobre el estado de la cuestión.
            Si creíamos que el siglo por antonomasia de la novela era el XIX, el autor nos señala el siguiente: “El siglo XX ha resultado ser un paraíso para la ficción narrativa, que ha alcanzado un protagonismo inusitado. Se ha dejado contaminar por disciplinas como el cine, las artes plásticas, el comic o la publicidad, ha reflexionado acerca sus propios mecanismos de construcción, y por encima de todo, ha sabido ganar terreno desde el elitismo de las vanguardias de Joyce, Proust, Faulkner o Mann al impulso ecléctico de cultura masificada y global venida con la posmodernidad y el desarrollo de la industria editorial.”, se explica en el libro.
            Precisamente uno de los apartados del libro se titula “Decimonónicos empedernidos (o escribiendo a contracorriente)”.
            El ensayo comienza con “El Quijote laboratorio de la ficción contemporánea”, para seguir con: Subversiones y revoluciones de la vanguardia histórica: Del texto sosegado al texto atribulado; La ficción posmoderna o el eclecticismo al poder; Disquisiciones de urgencia acerca del futuro de la ficción y termina con un oportuno apéndice: Una travesía por la ficción contemporánea propuestas para una biblioteca. La generosa bibliografía no falta.

            Entre las ditas de la introducción al libro está la de Ricardo Piglia en Crítica y ficción: “La realidad está tejida de ficciones. La ficción trabaja con la creencia y en este sentido conduce a la ideología, a los modelos convencionales de realidad y por supuesto también a las convenciones que hacen verdadero (o ficticio) a un texto”.

            Octavio Paz señala en ¿Es moderna nuestra crítica?: “Cada una de las unidades que llamamos literatura inglesa, alemana o italiana, no es una entidad independiente y aislada sino una continua relación con las otras. La literatura de Occidente es un tejido de relaciones; los idiomas, los autores, los estilos y las obras han vivido y viven en perpetua interpenetración. Las relaciones se despliegan en distintos planos y direcciones. Unas son de afinidad y otras de contradicción”.

            La ficción actual se mueve en un espacio en el que se sitúan clásicos contemporáneos como Julian Barnes, García Márquez, Philip Roth, Thomas Bernhard, Calvino, Nabokov o Perec y otros autores plenamente consolidados que alimentan un mercado de géneros híbridos, de ficciones literarias coqueteando con ficciones comerciales, de mecanismos de transformación de la creación de artefactos narrativos  y de su recepción de procesos de revisión de los conceptos de “género”, ficción, ética o axiología de la “ficción” u “originalidad”.
           


Mercedes Deambrosis, narradora hispano-francesa, autora de la novela “Rendez-vouz au paradis”





 Mercedes Deambrosis, escritora



Julia Sáez-Angulo

            13/8/2020 .- Paris.- Las relaciones madre e hija nunca fueron fáciles antropológicamente, así lo aseveran los manuales que hablan de la competencia madre e hija a la hora de sobresalir o ante el varón esposo o padre, lo cual no quiere decir que sea una competencia sexual precisamente, ni general en todas.  Madres e hijas era el título de un libro de relatos, coordinado por Laura Freixas, que convocó a distintas escritoras españolas para narrar este tema de una u otra manera, y que en muchos casos terminaba con una reconciliación, relación suavizada o pactada en vida o post mortem en el recuerdo. Después de todo las madres dan la vida y se dedican a la crianza que es más larga y prolongada que la gravidez de nueve meses antes del doloroso parto. Javier Tomeo también publicó la novela Amado monstruo, con el mismo asunto desde el punto de vista masculino.
            Algunas mujeres lo toman con humor: “Ya sabemos que la culpa de todo en esta vida, como señala Freud, la tenemos las madres” y por parte de las hijas: “Madres no hay más que una, porque si hubiera dos sería terrible”. Y cuando nacen las hijas de las hijas, las abuelas piensan sin decir: "Nuestras nietas nos vengarán".
            Este preámbulo viene a cuenta de la novela que la escritora hispano-francesa Mercedes Deambrosis ha publicado en francés, bajo el título Rendez-vous au paradis (2020), editada por Les editions du Chemindefer en Francia.

            “¿Cuándo va a morir al fin?
Me he planteado a menudo la pregunta, pensando al mismo tiempo que la echaré d menos durante el resto de mis días. No existe el derecho de no amar a la madre. Hay que ser buenas hijas. La madre, lo más importante de la vida. Hay que venerarla antes que, al marido, los hijos. Ser sumisas. Rendirle homenaje.
            Lo que ella nos ha asaltado, reprochado sin cesar: no haber sido buenas hijas.”
            Esto dice Mercedes Deambrosis, en una traducción inmediata de quien esto escribe.
            La novela llega después de que la autora hubiera publicado en 2014. En Rendez-vou au paradis, Deambrosis alterna la narrativa autobiográfica de los últimos días de su madre en el hospital de Marsella y la fabulación sobre una muchacha joven, Guri, y sus padres Merceditas y Luis en la España franquista. Una historia que pudo ser un cuento de hadas y se complicó. ¿Cómo lograr una reconciliación entre ambas mujeres protagonistas?
            Novela sobre una familia española desde primeros de siglos hasta los años 60. Una narración donde se plantea la comprensión de una madre que se mutó en tirana. “Hay madres tiranas en mis libros, madres ogros. Ninguna de ellas fue mi madre”, aclara la autora.
            Rendez-vou au paradis es el primer texto autobiográfico de Mercedes Deambrosis que hace un retrato singular y magistral sobre una madre que no fue del todo de su satisfacción, de la misma manera que ella no fue tampoco el ideal de hija que su madre había construido en su imaginario.
            La autora, con un buen bagaje narrativo detrás, sabe observar la sociedad y transmitir o desvelar las máscaras en que se refugia. Un estilo hermoso, de frase corta y directa. Ameno.
            Sería bueno que la novela se tradujera al español y se publicara.
              Y para terminar una cita consoladora de Irene Nemirosky: "Mamá es el atardecer de un día hermoso".


jueves, 13 de agosto de 2020

EDUARDO LABORDA, pintor aragonés de la ciudad, la Historia y lo heroico. Ahora trabaja en una serie de desnudos femeninos. EXPOSICIÓN VIRTUAL


"Belchite", pintura por Eduardo Laborda

 Eduardo Laborda junto a una de sus pinturas


L.M.A.

            14/8/2020 .- Zaragoza .- Es uno de los mejores pintores realistas españoles y su audacia para plasmar iconográficamente la ciudad, la evocación histórica y los rincones heroicos definen buena parte de sus cuadros. La ciudad de Zaragoza le debe toda su atención plasmada en imágenes pictóricas de gran atrevimiento y audacia, lo que pone de relieve su maestría en el dibujo, el escorzo y sobre todo en la belleza. Su ciudad natal le dedicó una merecida y completa exposición antológica de su obra figurativa, realista y comprometida con la región en la Lonja en 2013.
            Actualmente, el pintor trabaja en una serie de desnudos femeninos de gran formato.
                         Eduardo Laborda Gil nace en la zaragozana calle Cortes de Aragón, el 23 de mayo de 1952. Su infancia transcurre en los extrarradios de la ciudad, donde pequeños huertos alternan con naves y talleres relacionados con la industria del automóvil y los derivados de la agricultura, presididos por los edificios emblemáticos de Escoriaza y Fabro y Chocolates Orús.
                       Cursa los estudios primarios en la escuela Andrés Manjón, y el Bachillerato en los Escolapios y el Instituto Goya. En 1964, animado por su madre Victorina, se matricula en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. En este centro recibe del pintor Manuel Navarro López una amplia formación académica.
                  Desde los trece años visita con frecuencia el Museo Provincial de la plaza de los Sitios, siendo Luis Berdejo y Francisco Marín Bagüés los pintores que más le influyen en los primeros años de su actividad artística. Posteriormente descubrirá la obra de Francisco Pradilla.
                    En 1970 aprueba el ingreso en la Escuela de Bellas Artes San Jorge de Barcelona y supera, como alumno libre, los cursos preparatorio y primero. Durante breves estancias, coincidiendo con los exámenes, visita los museos de la Ciudad Condal, el de Arte Moderno en particular, sintiendo especial atracción por la obra del escultor Pablo Gargallo.
                En 1971 conoce a la pintora Iris Lázaro, que luego será su esposa y con la que ha compartido, en absoluta comunión, una vida consagrada por ambos enteramente al arte. En 1972 abandona Bellas Artes para dedicarse exclusivamente a la actividad creativa.
                En 1983 inicia sus escarceos en el cine amateur, realizando una serie de cortometrajes que abarcan desde el género de ficción al documental. Su interés por recuperar artistas olvidados le lleva a editar y dirigir, en 1993, la revista Pasarela. Artes plásticas, además de coordinar, en 2004, una exposición antológica itinerante de Manuel Bayo Marín y las correspondientes retrospectivas de los ilustradores Pedro García y Luis Germán, en 2006, y del decorador Antonio Ruiz, en 2010.
               En 2008 publica el libro Zaragoza. La ciudad sumergida, un recorrido nostálgico por la capital aragonesa a través de su particular colección de fetiches.
En 2010, el Instituto de Estudios Turolenses le publica el trabajo de investigación Bayo Marín. Entre luces y sombras, que supone la recuperación de uno de los grandes ilustradores españoles del siglo XX.
                   -2012, la productora Nanuk Audiovisual (José Manuel Fandos y Javier Estella) inicia un proyecto documental que desvelará el proceso creativo del pintor durante casi dos años de trabajo.
                 -2013.- Gran exposición retrospectiva de su obra en La Lonja. Zaragoza.
           -2015 comisarió junto a Iris Lázaro la exposición El Rostro del tiempo. Aproximación al Retrato en Aragón
                -2016 publicó el libro CHAS de Salduba a La Vegas

Más información

 Eduardo Laborda, artista visual
 La Montañosa
 "Mediterráneo"
 "Perséfone"
"Totem"

miércoles, 12 de agosto de 2020

Cecilia de Lassaletta. Pintora a la búsqueda de las formas y las sombras en el Club de Campo

 pintura de Cecilia de Lassaleta
Cecilia de Lassaletta (Foto Peter Wall)


L.M.A.

            13/08/2020.- Madrid.- En su trayectoria artística que comenzó en los 90, Cecilia de Lassaletta ha sido seleccionada en más de doscientos concursos, entre los que se encuentran los más importantes: BMW y el transformado Penagos, además de los Salones de Otoño de la Asociación Española de Pintores y Escultores, a partir de 2000.
            Desde que aprendiera a preparar sus propios ingredientes en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Complutense, Cecilia de Lassaletta Estébanez (Madrid) no utiliza otros pigmentos pictóricos que los que ella dispone, ya que consigue colores y tonos imposibles de lograr con la pintura de tubo.
            La docencia de Dibujo y Pintura en institutos de Enseñanza Media le ha detraído algún tiempo de pintar, pero no lo lamente, porque la docencia también forma y enseña al profesor. Por sus clases han pasado algunos políticos de nueva generación a los que ella auguró su futuro político, ante la persistencia en los objetivos para lograr sus propios intereses.
            En el Club de Campo de Madrid, del que es socia y en el que ha ganado varios concursos de pintura, la pintora mira y observa las formas y la sombras a la luz del día y las plasma en su última serie de blanco y negro, en la que actualmente está aposentada. Las proyecciones del sol sobre las rapas de los árboles, las cornisas, las esquinas o cualquier otro punto que atraiga la atención de la artista visual, quedan reflejadas en el lienzo o el papel.
            La acertada obra que Lassaletta donó a Mascarillas por la fe está dentro de esta serie en blanco y negro.
            Ha trabajado mucho el color y no descarta volver a él. Sus acuarelas, género en el que ha trabajado mucho, pueden verse en los fondos de la galería Ansorena.

            Cecilia de Lassaletta es miembro del Grupo pro Arte y Cultura, fundado por Mayte Spínola y dirigido por Pedro Sandoval.

Curriculum vitae

         Cecilia de Lassaletta. Licenciada en Bellas Artes por la U.C.M. después de Cursos de Dibujo y Pintura de la Academia de Bellas Artes de Burgos entre los años 1981 y 1983.Título Superior de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid, Geografía e Historia por la UNED. Finalista en los concursos más destacados de Madrid   de Pintura, Dibujo y Grabado, destacan las Menciones de Honor de los Certámenes Villa de Brunete (Madrid 1997), Villa de La Guardia (Toledo, 1977) y Ciudad de Quintanar (Toledo, 2000, 2001, 2002,2004).Accésit XVIII Certamen P.F de la A.E.P.E (Madrid, 1998); el Premio Villa de Santa Cruz del Valle (Ávila 1997) el Segundo Premio en la Bienal Díaz Caneja (Palencia, 2004). Primeros Premios en, Pintores en Navacerrada (Madrid, 1997) y del VIII Concurso Exposición Club de Campo Villa de Madrid (1997, 1999, 2007,2012). VI Salón de Primavera (Valdepeñas 2011).Finalista en B/N  del XXV Premio Penagos en 2007 y en Premio BMW de Pintura 2008...En el Hotel Wellington y en la Galería Crearte con el nombre de “Nuevas Fórmulas” en Pequeño Formato en la Galería Ansorena de Madrid en Art Madrid 2013.Museo de la Ciudad de Badajoz en el Premio de pintura 2013 y en el Premio Jose Lapayese Teruel.2014. Medalla de Honor en Concurso Nacional de Pintura Sotillo de la Adrada 2017. Diploma de Excelencia a la trayectoria artística por Mayte Spinola 2018.

           En 2019 expuso en el Museo de la Ciudad Guadalajara Palacio del Infantado Fredom Art; 240+1” Casa de Cantabria Abril; Feminart Est_Art Space y Galeria Montsequi Colectiva.


Sombras en el Club II, por Cecilia Lassaletta


Arrabal cumple 88 años con 2 libros y sin Premio Nobel: "La Virgen Roja" y "Familia"


El dramaturgo Fernando Arrabal cumple 88 años el martes 11 de agosto de 2020


Fernando Arrabal, escritor


FEDERICO UTRERA. 
11.08.20
El poeta Leopoldo María Panero escribió “El lugar del hijo”, una antinomia de la conocida metáfora freudiana de “matar al padre”. Y ahora el dramaturgo Fernando Arrabal cumple 88 años este martes 11 de agosto de 2020 y con ese mágico número que representa sus celebérrimas gafas, regresa este verano a sus ángeles y demonios familiares con dos nuevos libros de parecida alegoría: “La Virgen Roja” (Almuzara) y “Familia” (Libros del Innombrable). En el primero narra en forma de novela la vida de Hildegart, asesinada por su madre, una demente utópica socialista que creía poseer la vida de su hija. En “Familia” reúne sus artículos con su peculiar forma de ensayo sobre su “círculo interior” más familiar. Ambos libros son únicos, originales y singulares, como es la vida y obra de este genio creador que siempre se quedó a las puertas del Premio Nobel y que podría haber formado parte del mismo dentro de una triada dramatúrgica con Darío Fo (1997, Nobel con 71 años) y Harold Pinter (2005, con 75 años).

En el siglo XX fueron Nobeles sus admirados Echegaray (1904, con 72 años) y Benavente (1922, con 56 años). Y ese galardón sería honrado por Arrabal como lo elevaron antes Samuel Becket (1969, con 63 años) y Pirandello (1934, con 67 años) o Gao Xingjian (2000, con 60 años). Un total de 45 escritores que fueron también dramaturgos han obtenido el Premio Nobel pero pocos tan genuinos como estos, dedicados con más intensidad a las tablas, con permiso de la austriaca Jelinek (2004), Bernard Shaw (1925), Sartre (1964) o Saramago (1998). O del nigeriano Wole Soyinka (1986), a quien estuve a punto de editar sus ensayos africanos, el tan goytisoliano Gunter Grass (1999) o el irreverente Peter Handke (1999). Tampoco me perdonarían los umbralianos dejarme fuera a William Faulkner (1949), ni los juanrramonianos a Rabindranath Tagore (1913) o los rusófilos a Solzhenitsyn (1970). Tantos y tan buenos con galardón o sin él, aunque en España parece condición previa haber obtenido el Cervantes, algo de lo que también Arrabal carece, como le ignora igualmente la Academia de la Lengua. Poco importa ese último timbre de gloria, él que posee una larga colección de membresías y pertenece a la Academia de la Real Gana, que diría Ramón Gómez de la Serna, para desearle una vez más: ¡Cumpleaños feliz!. ¿Y mi regalo? Esta modesta colección de artículos y un vídeo rescatados del polvo de la hemeroteca con brillo digital:

HISTORIA DE UN ENCUENTRO: CARMEN DE BURGOS Y HILDEGART. BLANCA BRAVO. Cuando Hildegart -curiosamente, en el registro civil el nombre auténtico que aparece es Carmen- murió, Carmen de Burgos hacía meses que estaba enterrada en el cementerio civil de Madrid. Una Carmen tenía 19 años y la otra 62 cuando les llegó el momento de cerrar los ojos a aquella vida que las entusiasmó tanto, dos mujeres tan diferentes y, a la vez, tan parecidas. La joven había escrito una columna en homenaje a la veterana y acababa con una exclamación: «Ha muerto una republicana. Ha muerto una librepensadora». Seguramente esa columna de duelo sea el momento de mayor encuentro entre ambas escritoras. Una homenajea a la otra en una relación que queda clara: la discípula evoca el modelo que le había servido. Pero, ¿qué más tenían en común? ¿Qué unía a estas dos mujeres además de que escribieron en diarios, dieron charlas y se convirtieron en diana de reproches para unos y motivo de alabanza para otros? Las unían la rebeldía, la fuerza, la inteligencia y, sobre todo, su condición femenina asumida y aceptada.
Nada de ocultar su nombre bajo pseudónimos masculinos – Hildegart y Colombine les sirvieron- nada de reprocharse debilidad, nada de hacer concesiones, sino que se trataba de vivir siendo lo que eran y eso, que para Carmen fue suficiente, a Hildegart le costó la vida. La Cruzada de Mujeres Españolas, organización que lideraba Carmen, realizó una serie de charlas en homenaje a Clara Campoamor en las que participaron numerosas intelectuales de la época, desde María de Maeztu, representando a la Federación Internacional de Mujeres Universitarias, hasta Hildegart, como representante del Lyceum Club (En Federico Utrera, “Memorias de Colombine. La primera periodista”, HMR Hijos de Muley-Rubio, 1998, p- 452). Hildegart lamentaba la pérdida de Carmen por la persona, pero también por lo que significaba, puesto que la precursora había materializado las aspiraciones de numerosas mujeres que querían romper con una vida que las descontentaba y no se atrevían. Carmen tuvo el coraje y la fuerza para acabar, pero resultó que un marido fue menos peligroso que una madre.
Publicado en Majadahonda Magazin

martes, 11 de agosto de 2020

FERNANDO ALVIRA. Acuarelas del confinamiento en el Museo Julio Gavín-Castillo de Larrés


 "Huesca", por Fernando Alvira


 Fernando Alvira, artista visual e historiador del arte


L.M.A.

 12/8/2020.- Larrés. Huesca.-Mañana jueves 13 de agosto se inaugurará la exposición de Fernando Alvira titulada "Acuarelas para un confinamiento" que se tenía que haber inaugurado el pasado día 7 en el Museo de dibujo Julio Gavín-Castillo de Larrés. Pero ha habido que retrasarla al jueves día 13 por lo mismo que nos ha desbaratado la vida en los últimos meses. Es una exposición especial y solidaria, ya que va destinada a colaborar económicamente con el Museo.
El importe de las acuarelas que se adquieran durante la muestra (de las casi 120 acuarelas que pueden verse en este museo formando parte de la exposición o en carpetas) pasará al siempre necesitado presupuesto de este museo.
Para quienes no puedan acudir a Larrés en los próximos meses, Fernando ha preparado una exposición virtual con otras 25 de las 250 acuarelas que lleva realizadas desde que comenzó este episodio extraordinario de nuestra vida. Las podéis ver en este enlace:

Fernando Alvira Banzo. Huesca, 1947. Maestro y Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona. Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Académico de número de la Real de Bellas y Nobles Artes de San Luis, de la que es vicepresidente primero desde 2009; director del Instituto de Estudios Altoaragoneses hasta el pasado mes de junio, y ha sido de 1985 a 2015 profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza, en el campus de Huesca. Fue presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte, AECA.
Ha colaborado con diversos periódicos como Nueva EspañaDiario del Alto Aragón o Heraldo de Aragón y revistas como ArgensolaTuriaFlumenPunto de Encuentro, Revistart o La Campana de Huesca, tanto con críticas y artículos de divulgación sobre los pintores altoaragoneses de los siglos XIX y XX, cuanto con ilustraciones para algunos de estos medios de comunicación, o la serie Rincones del Altoaragón publicada en el Heraldo, con más de 300 dibujos a plumilla. En la actualidad aparecen habitualmente sus artículos de opinión y comentarios de arte en la revista 4 Esquinas.
Ha escrito libros con los catálogos de obra y biografías de Martín Coronas Pueyo, León Abadías de Santolaria y Félix Lafuente Tobeñas. Comisarió las retrospectivas de Lafuente y Coronas; en el año 1989 en la sala de la Diputación de Huesca la primera, y en noviembre de 2005 en el mismo espacio en torno a la pintura de Coronas, de cuya desaparición se conmemoraba ese año el 75 aniversario.
Ha expuesto ininterrumpidamente en individuales y colectivas, desde 1968. Sus exposiciones sobrepasan el centenar.
Se considera maestro, dibujante y pintor. En las últimas décadas ha trabajado a base de series de diferente formato, soporte y procedimiento cada una de ellas. Así en pintura, durante los veinte últimos años ha completado las de Montesnegros, Almendros o El parque, el jardín y sigue desarrollando la de Paisajes Viajados. En dibujo ha continuado la serie Rincones del Alto Aragón iniciada en el Heraldo entre los años setenta y los ochenta del pasado siglo que ha sobrepasado los mil dibujos en el año 2017. Una parte de esos rincones constituyen Una carretera turística en recuerdo de Lorenzo Acín, que tiene como objetivo dirigir la mirada hacia una vía de comunicación, la carretera de Ayerbe, perdida como camino para grandes cantidades de automóviles pero que puede ser de gran valor como recorrido turístico.
 Salas, acuarela por F. Alvira




 "La Porteta", acuarela por F. Alvira

ANEXO. VIÑETAS DE LONDRES


                           


A la ciudad que me enseñó tanto

  Este anexo a los recuerdos de algunos de mis viajes y estancias mediterráneos lleva por título Viñetas de Londres. Se trata solamente de tres, de casi un total de diez, que han sobrevivido a los cincuenta años que han transcurrido desde que empecé a pergeñarlas sobre la marcha. Valga adelantar que fueron varias mis estancias en aquella capital del mundo (Welthauptstadt), metrópolis y palimpsesto viviente de una época de marcado cuño europeo, como lo fue la acotable entre 1789 y 1918.
Se trata de apuntes de corte algo naif, ligeramente revisados de estilo, y motivados por tres aspectos notables de la ciudad del Támesis: Greenwich, los museos y los parques; aunque de los museos me haya limitado a uno que no guarda punto de comparación con el British Museum o la National Gallery. No está, sin embargo, desprovisto de “gancho”, ni de interés en el ámbito de la historia internacional contemporánea.
Las viñetas que siguen van dedicadas a la ciudad que tantos horizontes me abrió durante mi primera juventud y están dedicadas especialmente a la figura de Salvador de Madariaga (1886-1978) y a su hija Isabel (1919-2014), con la que compartí varias veladas y reuniones londinenses[1].                                       

I
GREENWICH

                    A María José Lorente (+ 2012), criatura imposible de olvidar

Años ha, un vaporetto bastante maltratado por el uso y con capacidad para unos setenta y cinco viajeros solía hacer periódicamente la travesía del Támesis entre Westminster y Greenwich. La nave surcaba lentamente las aguas marrones del Támesis pasando bajo los puentes tendidos sobre el río: Charing Cross, Waterloo, Blackfriars, Tower Bridge y unos cuantos hitos más. A un lado u otro de su caudal, la ciudad de Londres iba brindando al viajero la silueta edilicia de su milenaria personalidad histórica: el Big Ben, Somerset House, la señera cúpula de San Pablo, la fortaleza carcelaria de la Torre y algunos monótonos rascacielos que se erigían donde los bombardeos de la última guerra mundial lograron impactar, repetidas veces, la vasta superficie londinense. Luego, cuando el recorrido de la travesía fluvial alcanzaba la mitad del tiempo previsto, el perfil de la silueta de la City se desvanecía en lontananza, para dar paso a los wharves de Londres, viejos y destartalados muelles y almacenes que imprimían al este de la ciudad aquel ambiente de “sucia incomodidad” del que hablaba William Morris (1834-1896).
Mientras el vaporetto avanzaba Támesis abajo, un mundo de leyenda podía atravesar furtivamente la memoria del pasajero: navíos piráticos de sir Walter Raleigh, goletas marineras, bergantines de la East India Company y gabarras carboneras de la Gran Bretaña industrial. Cuando la imaginación histórica se había ido despertando al filo de la contemplación, el vaporetto enfilaba ya, decididamente, el último tramo del río. Con su proa rumbo a Greenwich.
                           ***
Greenwich es una pequeña aglomeración urbana, situada al sur de Londres. A su entrada por vía fluvial, ofrece al visitante la impecable fachada del Royal Naval College (antiguo hospital de marineros) y el juego de mástiles del famoso clipper [2]Cutty Sark. Luego, al iniciarse el ascenso hacia la colina, a cuyos pies reside la ciudad, todo el entorno se convierte en una sucesión de incentivos marítimos y náuticos. Y, aunque no se sea un lobo de mar, el ojo avizor advierte la sede del inenarrable Museo Marítimo Nacional, primero; la colina del Observatorio (donde se ha fijado el arranque del meridiano de referencia longitudinal de la esfera terrestre), y. por último, el bonito parque que corona la colina.
La visita detenida de los tesoros y curiosidades que pueblan las salas del Museo Marítimo Nacional de Greenwich merece una dedicación de varias horas; todas son pocas aquí, cuenta tenida de la tradición ultramarina de las islas británicas, a veces pirática (William Blake), a veces bélica (Horace Nelson). No es infrecuente que el tiempo pase inadvertido en Greenwich y que el visitante se prometa volver en otra ocasión, justo para deleite de su capacidad de instrucción marítima.
Al terminar la visita a Greenwich, cuando se pone el sol, uno no puede substraerse a la contemplación de Londres desde aquel punto de mira, uno de los pocos altozanos que permite dominar el considerable panorama del octopus londinense. Si la visibilidad ayuda, un horizonte de chimeneas, grúas, agujas de iglesias, “jorobas” de puentes sobre el Támesis, y la inconfundible Torre de Londres se agolpan ante la mirada del espectador. Entonces, cuando la ciudad empieza a encenderse, el viajero, gratamente cansado, pero satisfecho de las impresiones evocadoras que ha experimentado tanto a lo largo del trayecto como durante el recorrido de los museos, emprende lentamente el descenso al pequeño casco urbano de Greenwich. Las tabernas han abierto sus puertas; un rumor de voces concomitantes y un vapor de lúpulo llegan al visitante, al que ya espera el vaporetto desde su muelle de atraque, para devolverlo a la City of London.
II
LOS MUSEOS: IMPERIAL WAR MUSEUM

            A Teresa Pereira,
ad maiorem Dei gloriam

Los domingos de verano pueden ser días idóneos para visitar algunos museos de Londres. Así ocurría, al menos, cuando yo vivía allí o visitaba esporádicamente aquella ciudad. Solían estar abiertos entre las dos y las seis de la tarde, con libre acceso. En una ocasión dejé para el final de mi estancia, por si el tiempo y la resistencia física me lo permitían, el Jardín Botánico en Kew Gardens, la Galería Nacional y el “complejo” museístico de South Kensington, mientras fui viendo aquellos museos que, generalmente, no se visitan; o que, por lo menos, no habían atraído mi curiosidad en estancias anteriores. Tal fue el caso del Imperial War Museum, situado en el distrito de Lambeth, al sur de la ciudad, e instalado en un edificio que, como otros tantos de Londres, no posee particular atractivo edilicio. Alberga, empero, una interesante colección de “máquinas infernales” con las que los europeos han solventado sus recurrentes pleitos internacionales, a través de los siglos.
En el Imperial War Museum, todo el despliegue ambiental (reconstrucción de batallas, mapas y datos que hacen al caso), previo a la aparición de la guerra eminentemente mecanizada entre 1870 y 1918, se resiente de su marcado didactismo escolar, lo que no resta ni un ápice de interés y valor al museo. Cuando se alcanza el período de 1870-1945, las piezas que alberga el Imperial War son auténticos carros de combate, primicias de la aviación, obuses, y hasta un cohete o misil precoz (V2), que transportan al visitante a los días de la détente[3]. Es decir, se trata del despliegue de una colección de ingenios bélicos que introducen de lleno en el mundo de la guerra, inventados por la humanidad para resolver los conflictos entre las partes, una vez agotadas vías previas a la declaración de hostilidades, como la negociación diplomática.
Ciñéndonos al siglo XX, procede recordar aquí, que, cuando las guerras se “estancan”, la espiral de los inventos destructivos del enemigo se acrecienta, como ocurrió en la guerra de posiciones de 1915-1916 entre Alemania y Francia. El empantanamiento bélico produjo el invento del Big Willie, prototipo de tanque pesado inglés, construido por la industria de guerra británica con sede en Birminghan y potenciado durante los años 20 por el tándem industrial Vickers & Armstrong. El museo refleja también otros tipos de guerra: por ejemplo, la guerra relámpago de 1939-1940, cuando las divisiones acorazadas del general Guderian dieron el flamante triunfo al Tercer Reich alemán en Polonia y en el frente francés; o las guerras acaecidas en el desierto libio (Rommel versus Montgomery) y en la jungla, como el duelo entre Japón y Estados Unidos, que mi generación recuerda a través de viejas películas americanas. Guerras, en suma, en las que el camuflaje, la adaptación al reñidero de turno, la supervivencia à bout de souffle y el aprovisionamiento debido contribuyeron a dirimir el resultado final del combate, tanto como la potencia de fuego, la consolidación de las líneas de comunicación y el recurso estratégico a las fuerzas aeronavales combinadas.
El Imperial War Museum, con un título algo “rimbombante” a la altura de los días que corren en Europa y, en particular, en Gran Bretaña, cuando los imperios comenzaron a desmoronarse, sumerge al visitante de sus salas en el ambiente de las guerras mecanizadas. Falta, quizá, una recuperación de otros aspectos: la guerra y su impacto sobre la población civil, la guerra y la escasez de aprovisionamiento, y un breve etcétera polemológico. En suma, el recorrido de las salas del museo no dejará de “avivar el recuerdo”, alentar el ánimo y satisfacer la curiosidad, por aquello de que la guerra, paradójicamente, según comentaba Ortega y Gasset, es un “hecho de civilización”, factor no menos poderoso que el derecho internacional de las gentes de todo el mundo a vivir resolviendo sus conflictos con un grado prudencial de forcejeo, y no a través de la violencia organizada, de la violencia revestida de su coraza siderúrgica e inexorable capacidad de destrucción del enemigo.
En rigor, el cambio de mi elección museística de aquella plácida tarde de domingo abrió un paréntesis de distracción insólita de contemplar; salvo que se habite en países, ciudades y civilizaciones que lucharon a muerte con sus antagonistas, para obtener finalmente la victoria, aunque fuese, como siempre ocurre, una victoria amarga. Caso que ha sido el de Gran Bretaña y su eximperio ꟷel poder, la gloria y la inexorable decadenciaꟷ.
El londinense Imperial War Museum no solo distrae e ilustra, sino que puede invitar a reflexionar sobre el tolstoyano binomio de Guerra y Paz.   


III
LOS PARQUES

A Beatriz Sala Lezcano,
querida prima (de riesgo)

            Hay una evidencia estridente en el paisaje inglés: el color verde predomina mucho en sus ciudades; y, durante el verano, este color acentúa más aún su predominio. Con la excepción de algunos islotes paisajísticos más ásperos, Gran Bretaña es, en puridad, una isla verde que en las Tierras Altas de Escocia experimenta una intensificación de ese color.
            Así como la retina meridional puede pasar del encanto óptico al hastío ante el predominio verde del paisaje inglés, aquella no puede hacer menos que deponer sus armas cuando entra en el vasto recinto de los parques; a no confundir, a propósito, con los bosques (woods) que pueblan el entorno y el corazón de muchas ciudades insulares, como si quisieran reocupar el espacio perdido de la época de ¡Qué verde era entonces mi valle! Los parques son otra cosa. Me encuentro siempre a gusto en los parques ingleses o en los Escocia y Gales, a pesar de que pueda invadirme cierta ensoñación, o a causa de esta, quizá. Los parques son un pulmón para la ciudad, como dicen actualmente los ecologistas; son, también, una válvula de escape para el ciudadano solitario, o filocanino, que lleve a su Troilo de turno a disfrutar de las delicias de un césped siempre húmedo y vigoroso. Aquellos permiten a los deportistas solazarse a gusto y, ¡ah!, a los enamorados dispensarse a su albedrío el cariño que gobierna por momentos sus inclinaciones sentimentales.
            Los parques de Inglaterra son una delicia de refugio personal al aire libre. Y, como ocurre en muchos sitios de Londres, hay, en aquellos, puestos de servicio de refrigeración, cuando no de la habitual cup of tea, quioscos de música, teatrillos a la intemperie (que, incluso en verano, no pueden funcionar con normalidad por la inclemencia meteorológica de la vieja Albión) y, por haber, hay hasta un enclave tan variopinto como el de Speakers’ Corner de Hyde Park, tribuna crítica para descontentos de todo pelaje. Me pregunto qué más se puede pedir a un país tan castigado por la revolución industrial y la alta densidad de superficie construida en su no muy espacioso territorio insular.
            Siempre me gustaba permanecer, tiempo y tiempo, en los parques de Londres; por eso mismo, había para mí un momento que me llenaba de congoja. Era justo cuando los vigilantes del recinto en el que pienso ahora, y que alberga una “joya botánica” (Kew Gardens), anunciaban a través de sus megáfonos, con monótona cadencia, que había llegado la hora de cierre: Closing down! Closing down!, se oía advertir desde diferentes altavoces instalados en varios puntos del recinto. Solía ser algo temprano en invierno cuando esto ocurría; pero, incluso, en verano, cuando el sol septentrional sonreía algo más a través de la bóveda discontinua de nubes, yo no podía hacer menos que experimentar un sentimiento de expulsión, de habitante devuelto sin conmiseración alguna a su punto de origen, la jungla de asfalto. En este caso, claro, se trataba de un decente suburbio londinense donde yo habitaba, pero en el que la simetría de las edificaciones insultaba la vista, mientras reinaba en sus calles un difuso olor a carbonilla. Eso, sí, débilmente contrarrestado por el vapor de lúpulo que salía de todas las tabernas a partir de las seis y tantas de la tarde. Esa era la hora en que comenzaban a abrirse los public places, y se empezaba a consumir cerveza sin prisa, pero sin pausa, hasta que hacia las diez de la noche otra llamada de atención hacía saber al respetable que se avecinaba la ingrata hora del cierre paulatino de aquellos recintos: We are closing down!  


[1] Véanse unas líneas consagradas por mí a Isabel de Madariaga en El Imparcial (26 de octubre de 2014).
[2]  Clipper: buque de vela, ligero y de mucho aguante.
[3]  Esta viñeta, como las que componen este anexo, datan de los años 80 del siglo XX. De ahí, la referencia a la détente, o coexistencia pacífica entre Washington y Moscú, configurada por dos regímenes antagónicos a partir de la crisis de los misiles en Cuba (1962).