sábado, 5 de marzo de 2011

“Job”, El personaje bíblico analizado por Julio Trebolle y Susana Pottecher



“Job”
Julio Trebolle y Susana Pottecher
Editorial Trotta
Madrid, 2011 (254 pags)



Julia Sáez-Angulo

“Había un hombre en el país de Uz llamado Job. Era justo y honrado, temeroso de Dios y apartado del mal-Tenía siete hijos y tres hijas. Poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas burras y numerosa servidumbre. Era el más rico entre los de Oriente”, así de idílico comienza el libro bíblico del Job, que acabará o más bien desarrollará una tragedia personal pormenorizada y terrible.

En torno al libro de Job” y con este mismo título, dos autores, Julio Trebolle y Susana Pottecher, han escrito un libro en el que analizan los personajes y recuerdan todos los comentarios que ha merecido en la literatura y la filosofía a lo largo de la historia. El libro, con una dramática portada de William Blake, ha sido editado por Trotta.

Del libro de Job dijo J. W. Goethe que «funde poesía, religión y filosofía». Para Lord Byron es «el primer drama del mundo». G. K. Chesterton, a propósito del carácter alegórico de toda gran literatura, escribió: «La Ilíada es grande sólo porque toda vida es una batalla, la Odisea porque toda vida es un viaje, el libro de Job porque toda vida es un enigma». Y, más contemporáneamente, también se han referido al libro de Job estudiosos de la literatura como G. Steiner: «Job el edomita grita pidiendo sentido... Pide a Dios que se dé sentido a Sí mismo», y N. Frye: «Quien se interese por la Biblia y la literatura acabará dando vueltas en torno al libro de Job como un satélite».


“En el libro de “Job” hay dos figuras, como si hablase un ser esquizofrénico. La una casi contradice a la otra. Existen el Job paciente y el Job rebelde en un mismo personaje; o la luz y la sombra, como en cada uno de nosotros. El texto —maravilloso poema cósmico mitológico— nos enseña cómo integrarlas; cómo vivir con ambas sin rompernos”, explican Julio Trebolle y Susana Pottecher.


La llaga de la auténtica religiosidad


“Job, en tanto que figura paciente, pone el dedo en la llaga de la auténtica religiosidad, cuestionando cualquier otra. Pues, aunque con sus palabras «temerosas de Dios y alejadas del mal» hace temblar la propia fe, en ningún momento reniega de su creencia profunda en Yahvé-Dios ni aunque se le vaya matando poco a poco de dolor (un poquito más cada vez… a ver si lo soporta): dolor físico, dolor social, dolor espiritual, o el conocimiento del propio acabamiento inexorable y de la propia insignificancia frente a los demás, primero, y frente al Todopoderoso después. Esta persona paciente por antonomasia nos enseña a someternos a la voluntad divina —sea cual fuera ésta—, sometiéndonos a nosotros mismos, esto es, nos instruye en la verdadera humildad. En el último momento, después de soportar lo indecible, se reniega de Dios, o no se reniega; ésta es la cuestión”, añaden los autores.
Ciertamente la historia de Job, encarnación del hombre doliente, se presta a una monumental dramatización en la música, el teatro o en la ópera.

La historia bíblica se manifiesta como un reto, por eso Trebolle y Pottecher concluyen:

“Y el otro Job, en tanto que figura rebelde, es verdaderamente otra cuestión: Puesto que desconoce la maldita apuesta que sobre él han hecho nada más y nada menos que Yahvé y Satán, el Adversario, no sabe que lo que sufre es una prueba. Esta parte de Job está llena de ira. Clama justicia por los cuatro costados con más fogosidad que Leviatán, convertido en un resistente indómito. Los términos que utiliza son hasta blasfemos, los cuales han provocado tanta indignación como interpolaciones por los unos y los otros a lo largo de los siglos, convirtiendo el texto en una auténtica mina de oro para los curiosos hermeneutas. En su desesperación exige ante Dios un Mediador (¿no estará anticipando, acaso, el que haga bajar al superprofeta definitivo —su «hijo»— a la tierra?). El caso es que pide a gritos una humanización de Yahvé; un acercamiento, una respuesta definitiva. También exige un contacto más cercano y personal con la divinidad, el que, justamente, podría lograrse a través de ese Mediador, que estaría a favor de los humanos”.

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Irene Iribarren presenta el gran cuadro de Santa Teresa de Jesús a escritores y artistas





Santa Teresa, por Irene Iribarren



Julia Sáez-Angulo

Se trata de un cuadro de gran formato sobre la santa castellana Reformadora del Carmelo, Teresa de Cepeda y Ahumada, mujer inteligente donde las haya y de las pocas doctoras de la Iglesia. La pintora Irene Iribarren López-Rubio (Valencia) la ha pintado, “retratado” escribiendo al aire libre, en un exterior del jardín, quizás su convento de la Encarnación, con las murallas de Ávila al fondo.

La pintora ha querido mostrarlo en su estudio al mundo de la cultura, escritores y artistas fundamentalmente, ante de entregarlo al propietario José Gárate y Murillo (Madrid, 1939), que se lo encargó para colgarlo a la entrada de la biblioteca del castillo de Castilnovo (Segovia, un lugar de cultura, ocio y esparcimiento.

“He querido situar a la santa escritora fuera de su celda y ante una mesa, tal y como la presenta la iconografía habitual, por eso la he pintado sentada al aire libre y escribiendo en un libro apoyado en un almohadón sobre su regazo, con un cálamo de caña en la mano. Tampoco he querido ponerle la pluma de ave habitual”, explicaba Irene Iribarren a los presentes.

El cuadro de 170 x 140 cm. muestra una Teresa de Jesús absorta en la escritura, con un semblante sereno y una belleza de cierta joven madurez sin entrar en la vejez. La caida y los negros o grises del hábito son muy bellos (sorprende quizás que no haya utilizado el hábito marrón de las carmelitas). Una paloma, con un suave halo sobre su cabeza posa junto a ella en la hierba del suelo.

Pie desnudo, murallas y espadaña

Un pie desnudo avanza en la figura, que trae a la memoria el de la estatua de Bernini en la iglesia de la Victoria en Roma. Un pie desnudo que dialoga con la carnalidad de sus manos y su rostro, que son las únicas partes que asoman fuera de su hábito y tocas. Las murallas de Ávila, con una sugerente espadaña sobre la que posan dos nidos de cigüeña circundan en fondo de la figura. Una muralla que arroja una breve sombra frente al sol dorado de una tarde que la enfoca y reverbera en las mejillas de la santa. Una nube blanca, un cirro castellano da cuerpo al cielo azul.

“La escena era de paz y sosiego y yo no quería que la paloma del Espíritu santo revoloteara sobre la tranquilidad de la santa”, explica la autora del cuadro
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La pintora Irene Iribarren reside en Madrid desde que hiciera sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, es una reconocida retratista, que ha representado en sus cuadros, entre otros a los presidentes americanos Buch, padre e hijo, al Nuncio Monseñor Monteiro, a la magistrada Milagros Calvo, al príncipe de Asturias, a los políticos Mariano Rajoy y Pérez Rubalcaba, etc.

Entre los asistentes al acto de presentación se encontraban María Fraguas, que prepara una exposición para la Casa de Cantabria titulada “La luz de Luz de Alvear”; José Manuel Gil Querol, que dice que ha bajado en cuantía su producción pictórica; María Robles, siempre llena de proyectos; Pilar Sagarra, que expone en Espacio Abierto de Madrid; Maribel Andrade, en una pausa en Madrid desde su domicilio actual en la Ile de Saint ouis en París; Pedro Luzón; Mariluz Galicia, melancólica y bella; Rafael Botí y Deli, los mejores coleccionistas de Vázquez Díaz; Belén Leice; Ignacia Iribarren, amable y servicial como siempre; Elena Sánchez Cenarro y otros más celebrando el cuadro de Santa Teresa.



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viernes, 4 de marzo de 2011

“SOBRE PAPEL. OBRA GRÁFICA EN LA COLECCIÓN DE LA FUNDACIÓN JUAN MARCH”, EN PALMA



MUSEU FUNDACIÓN JUAN MARCH
Sant Miquel, 11 - 07002 Palma de Mallorca
www.march.es/museopalma


L. M.A.


Desde el próximo miércoles 9 de marzo y hasta el 14 de mayo, el Museu Fundación Juan March, de Palma, ofrece la exposición SOBRE PAPEL. OBRA GRÁFICA EN LA COLECCIÓN DE LA FUNDACIÓN JUAN MARCH, una selección de grabados procedentes de los fondos de la colección de obra gráfica y libros de artista de la Fundación Juan March (www.march.es y también Facebook). En ella están presentes algunos de los artistas –como Eduardo Chillida, Antoni Tàpies o Luis Gordillo–, cuyas obras forman parte de la colección de arte español contemporáneo expuesta en el museo.

Los inicios de la colección de obra gráfica de la Fundación Juan March son paralelos al nacimiento del otro museo gestionado por la Fundación, el Museo de Arte Abstracto Español, de Cuenca. Desde su creación en 1966, su fundador, Fernando Zóbel, un apasionado del grabado, el libro ilustrado y las técnicas gráficas, convirtió el museo en un centro impulsor de la obra gráfica en sus diferentes variedades técnicas: el museo editó y coleccionó desde muy pronto grabados, serigrafías o libros de artista, entre otros, y en torno a él se movieron nombres tan relevantes para la gráfica española contemporánea como Abel Martín, Eusebio Sempere o Antonio Saura.

Desde 1980, la Fundación Juan March, heredera del legado de Zóbel, ha continuado la labor por él iniciada y ha seguido editando y coleccionando obra gráfica original; fruto de ambos trabajos son algunas de las obras presentadas en esta exposición, intencionadamente reducida y que tendrá continuidad en el futuro.

La muestra exhibe algunas obras producidas a mediados de los 60 y los 70 (carpetas, porfolios, libros de artista), cuando el acceso a algunas obras producidas a mediados de los 60 la obra gráfica original de unos artistas prácticamente desconocidos para el gran público constituía aún una reducida novedad. Se trata de un total de casi 80 obras –entre serigrafías, litografías, aguafuertes y collages– de más de una docena de los artistas más relevantes de aquellos años. En muchas de las piezas se advierten los signos de un género trabajado de modo experimental.

En la exposición, como en la colección del museo, se refleja el espíritu de una generación de artistas que vivió sobre todo en el contexto del informalismo y la abstracción, y los paralelismos entre su obra gráfica y el total de su producción artística son tan claros como sugestivos.

Los artistas representados muestran aproximaciones a la obra gráfica diversas entre sí. En algunas obras es obvio el interés que despertó en sus autores la literatura, clásica y contemporánea: Antonio Saura ilustra un texto de Quevedo y acaba recreando el universo particular de ambos, poblado por personajes más o menos monstruosos y caricaturescos; Antoni Tàpies establece complicidades con el polifacético poeta visual, dramaturgo y agitador cultural Joan Brossa, escribiendo e ilustrando una novela a cuatro manos a partir de los secos documentos oficiales de la época. Otros, como Chillida, Feito, Guerrero, Hernández Pijuan, Millares o Sempere, utilizan el texto como acompañamiento a unas imágenes en las que prima la frescura del trazo y la plasticidad de la pintura sobre la plancha de grabado.

En su afán por conseguir objetos que se entiendan como un todo artístico, los artistas, especialmente Chillida, Millares, Tàpies o el propio Rivera –que se atreve directamente con la escritura y monta un libro en étalon– conciben las mismas carpetas que contienen materialmente su producción gráfica como un medio de expresión con un valor artístico sustantivo, que pone de manifiesto la relación directa e imprescindible entre artistas y editores.


ARTISTAS EN LA EXPOSICIÓN:

Chillida, Eduardo (1924 - 2002),
Feito, Luis (1929),
Gordillo, Luis (1934),
Guerrero, José (1914 - 1991),
Hernández Pijuan, Joan (1931 - 2005),
Millares, Manuel (1926 - 1972),
Palazuelo, Pablo (1916 - 2007),
Rivera, Manuel (1927 - 1995),
Saura, Antonio (1930 - 1998),
Sempere, Eusebio (1923 - 1985),
Tàpies, Antoni (1923),
Torner, Gustavo (1925),
Zóbel, Fernando (1924 - 1984)


La Residencia de Estudiantes de Madrid acoge el Congreso Nacional “Joaquín Costa y la Modernización de España”




L.M.A.


Durante tres días, del 8 al 10 de marzo, la Residencia de Estudiantes de Madrid acogerá el Congreso Nacional “Joaquín Costa y la Modernización de España”, organizado por el Gobierno de Aragón y la Sociedad Estatal de Acción Cultural.

El ilustre aragonés y sus múltiples facetas serán estudiadas y debatidas por grandes personalidades de diferentes áreas del pensamiento actual. Un acto que se programa entre los numerosos actos que homenajean a la figura de Joaquín Costa en el centenario del su fallecimiento.

El objetivo de este Congreso Nacional es situar a Joaquín Costa en el lugar que se merece en la historia contemporánea española, resaltando su relevancia y significación en el pensamiento español. Del mismo modo, pretende analizar las aportaciones de Costa a diferentes campos de las ciencias sociales y de la política en España, así como abrir un debate amplio sobre su figura y su obra, buscando su proyección pública. Un debate que también será el de los problemas de la modernización económica, social y política de España.

No se trata de un congreso hagiográfico de la figura de Costa, sino de abordar los temas que le ocuparon a lo largo de su vida, mostrando la evolución de estas cuestiones a lo largo del siglo XX, su importancia histórica y la actualidad de estas cuestiones, vinculándolas a problemas que interesen al ciudadano, con enunciados que captan sensibilidades diversas.

Desde esa perspectiva, el congreso se articula en torno a seis sesiones. Organizadas, cada una de ellas, en torno a tres ponencias invitadas y una mesa redonda. La que está compuesta por los tres ponentes de la sesión y moderada por un coordinador. Este último, además de plantear las cuestiones del debate en la mesa redonda, presentará la sesión y sus objetivos.

Programa de actos
El día 8 la primera sesión se articulará bajo el título “La crítica de los procesos de oligarquización como clave sociohistórica de la obra de Joaquín Costa” y el coordinador de la sesión será Alberto Gil Novales. Ya por la tarde el tema a tratar será “Desarrollo, crecimiento y modernización en la España contemporánea: bases y límites del proyecto y programa de desarrollo económico nacional de J. Costa”, moderada por Eloy Fernández Clemente.

El segundo día, 9 de marzo, la jornada se iniciará bajo la coordinación de María Sierra Alonso y girará en torno al tema: “Proceso sociohistórico e instituciones políticas en la crisis del liberalismo español: el transparlamentarismo de Costa entre el decisionismo dictatorial y el parlamentarismo predemocrático”.

A las 16.00 horas comenzará la cuarta de las sesiones: “Regeneracionismo y reformismo ante los problemas y conflictos de la España contemporánea: la teoría y proyecto de reforma social de Costa en su contexto ideológico” moderada por José Luis García Delgado.

La jornada del 10 de marzo tratará “El lugar de la obra de Joaquín Costa en la encrucijada fundacional de las ciencias sociales españolas” y contará como moderador con Manuel Pérez Ledesma. La última conferencia versará sobre “La cuestión nacional en el marco ibérico peninsular: el proyecto de refundación nacional de Costa en el contexto de los regeneracionismos nacionalistas” y José Álvarez Junco será el encargado de cerrar la última mesa redonda.

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Ruta sacra de iglesias y seminarios con murales de Manuel Ortega





Julia Sáez-Angulo

       04.03.11.- Madrid .- El artista madrileño Manuel Ortega y Pérez de Monforte (Madrid, 1921) es uno de los artistas del siglo XX que ha dejado su impronta en las iglesias de Madrid, tanto de la capital como de la región. También lo ha hecho en otras iglesias e instituciones sacras como capillas y seminarios de otras provincias españolas. El pintor terminó Bellas Artes en la Real Academia de San Fernando de Madrid, en 1949, donde recibió el premio extraordinario fin de carrera y el Primer Premio de Pintura Mural Vázquez Díaz.

Elisa Sáez de Slöcker, de la Fundación Anima Artis ha querido organizar una ruta sacra por las iglesias y retablos de Manuel Ortega en la región de Madrid, ruta que bien merecería un libro del Obispado, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.

“Con motivo de la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud –JMJ- se han preparado distintos itinerarios artísticos con sus correspondientes discursos informativos para continuar la tradición de explicar la fe a través de las imágenes, a las que históricamente se les denominaba Biblia Pauperum o Biblia de los Pobres, porque eran muchos los que no sabían leer”, explica la crítica de arte, miembro de la Asociación Madrileña de Críticos de Arte, AMCA.
"La Biblia Pauperum se traduce generalmente como Biblia de los Pobres, pero también como Biblia Popular, en el sentido de "general", al alcance de todos. Con la llegada de la Imprenta sobre todo, la Biblia y sus dibujos ciertamente se hicieron populares y tuvo una gran difusión. Pero, siempre fue "de altura", tanto en lo artístico, como en su contenido, ya que se suele relacionar el Antiguo con el Nuevo Testamento. Cosa que muchos "letrados" no saben hacer", añade Sáez de Slöcker.

La primera de las iglesias para la que trabajó el artista Manuel Ortega fue el gran retablo al óleo de Nuestra Señora de las Nieves (1952), para iglesia parroquial del pueblo de Somosierra. Una hermosa Virgen, que avanza con pie firme sobre una roca y muestra con orgullo santo a su Niño Jesús en brazos, figura para la que el pintor ha reservado el color blanco, símbolo de irradiación de luz, como lo hiciera Velázquez con el Niño fajadito en su cuadro de la Epifanía.

En este cuadro de juventud, Manuel Ortega retrató a colegas, amigos y parientes en los ocho ángeles de gran tamaño que circundan a la Virgen y el Niño, éste último es igualmente el rostro del hijo de un amigo. Uno de los ángeles, arrodillado en primer plano, muestra a su vez un cuadro con la representación de iglesia de piedra del pueblo serrano de Somosierra, siguiendo la tradición barroca del cuadro dentro del cuadro. Un cielo hermoso con nubes de gasa y un paisaje lateral de pinos completan el luneto superior de la composición. El retablo tiene cinco metros y medio de altura por tres de ancho.

En 1955 Manuel Ortega viajó a América y, durante su estancia en la República Dominicana, intervino en la Capilla de Aviación para hacer pinturas murales sobre dos santos carmelitas: Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.

En 1956 pintó el retablo de la iglesia del pueblo Navas del Rey (Madrid)

En 1957 hizo el retablo de la Capilla del Santísimo y las pechinas para la madrileña glesia parroquial de La Paz, en pintura plástica sobre yeso negro y en esa misma iglesia pintó en 1958 “La Sagrada Cena”. Las grandes dimensiones del mural recogen la soberbia perspectiva de la última cena presidida por Cristo junto a sus doce apóstoles. El color blanco radiante del Mesías que va a morir al día siguiente en Viernes Santo, se prolonga en el mantel que acoge al final la Eucaristía real del sagrario, en el lugar opuesto a Cristo en la mesa. Es la Última Cena de Jueves Santo en que se fundó el sacramento de la Comunión. El pan y el vino e los cálices se distribuyen a lo largo del mantel. Una visión espacial de gran efecto y cierto dramatismo. Para esta misma iglesia hizo las pechinas con los cuatro evangelistas.

En 1959 Manuel Ortega hizo otro de los grandes murales al fresco en el ábside de la iglesia de Villaviciosa de Odón (Madrid) en el que se insertaba el célebre Cristo de los Milagros, escultura de un Jesús Crucificado existente en la parroquia. La escena de Pentecostés sobre los Apóstoles y la de Santiago Apóstol a caballo y con espada en la batalla de Clavijo son temas en la izquierda de este mural, mientras que en la derecha se puede contemplar a la Virgen María en el primer milagro de cristo en las Bodas de Caná, al convertir el agua en vino, y la resurección de Lázaro, como referentes al citado Cristo de los Milagros.

Retablo del Cristo de la Victoria,
Una obra maestra


En 1963 hizo el retablo del Santísimo Cristo de la Victoria en la iglesia parroquial del mismo nombre –una de las más grandes de la capital de España-, en la madrileña calle Blasco de Garay en el barrio de Argüelles. La iglesia fue fundada por el patriarca obispo de Madrid, doctor Eijo y Garay en 1940. El edificio es obra del arquitecto Fiter.

El retablo del Cristo de la Victoria es una pieza magistral, resuelta en pintura al fresco, en un total de quince paños que narran la Pasión del Señor, desde su entrada triunfal en Jerusalén sobre un pollino hasta su muerte y sepultura, pasando por su largo Via Crucis de oración en el huerto de los Olivos, abandono de sus discípulos, flagelación, escarnio, con la cruz hacia el Gólgota, crucifixión, muerte y Piedad de la Virgen. El pintor don Daniel Vázquez Díaz elogió ampliamente esta gran obra de Manuel Ortega y le felicitó personalmente por la misma. El diario “ABC”, la sacó en portada al día siguiente de su bendición e inauguración.

En la misma iglesia del Cristo de la Victoria, Manuel Ortega realizó años más tarde las pechinas y el mural “El bautismo de Cristo” (1998), para el baptisterio.

En 1964 Manuel Ortega pintó en la iglesia de Medinaceli (Soria), un mural sobre ladrillo preparado, en el que habría de integrar un gran Cristo crucificado en madera y el sagrario. El artista representó a Nuestra Señora de los Ángeles, una Virgen orante rodeada de ángeles sobre la que posa la luz que llega de un ventanal posterior a su figura. La geometría, como en el caso del Cristo de la Victoria, vuelve a estar presente en esta composición para distribuir de modo armónico el espacio y el color. Ese mismo año hizo las vidrieras para Santa María de Huerta (Soria)

En 1965 intervino en el Seminario Conciliar de Vinuesa (Soria). El artista opta por una representación de Cristo rodeado de santos, entre los que figuran numerosos religiosos y religiosas revestidos de sus correspondientes hábitos y tocas. La luz radiante del blanco vuelve a reservarse para el Cristo Redentor y Crucificado, que está de pie y con los brazos extendidos en señal de acogida a los hombres y mujeres que han alcanzado el ideal de santidad. Sobre todos ellos un ángel, situado en la parte superior, que señala con su mano la figura central de Jesucristo.

El mural tiene forma de gran luneto sobre el altar e integra en su seno cuatro grandes ventanales rectangulares de dos tamaños diferentes haciendo oportunamente pareja. Entre los santos representados se encuentran san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y otros muchos representativos de la iglesia española.

En 1998 hizo otro mural al fresco en la iglesia de Medinaceli (Soria), con el tema del Bautismo de Cristo.


En 1997 ganó el concurso internacional para las vidrieras de la catedral de la Almudena

En 1997, Manuel Ortega gana por unanimidad el concurso internacional para hacer todas las vidrieras de la catedral de la Almudena de Madrid, proyecto que habría de ser financiado conjuntamente por el obispado, el Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid y el Estado español. 1998 fue el año de ejecución intensiva del artista para buena parte de las vidrieras de las capillas laterales, donde iban a aposentarse las imágenes de los distintos santos madrileños. A la catedral de la Almudena, el artista dedicó dos años de trabajo. Terminó en 2000.

Manuel Ortega volvió a utilizar la geometría para instalar a las figuras sacras, con una “regla de oro” suya muy particular que, según su autor “perfecciona la renacentista”. El Espíritu Santo en forma de paloma baja sobre las figuras de los distintos santos para iluminar sus cabezas y se sitúa en el rosetón de cada vidriera dividida en tres partes, en forma de arco elíptico.

Hizo igualmente todas las vidrieras del ábside, con su particular estilo geométrico post-cubista, donde resaltaban la armonización de los delicados colores celestes para representar la Anunciación de María, el Encuentro con su prima Santa Isabel, la Purificación en el Templo de Jerusalén, la Huída a Egipto,... así hasta el total de vidrieras hermosas e instaladas en los vanos correspondientes para seguir la secuencia evangélica que narra la vida de infancia de Cristo y por ende la de su Madre, narrada por el Evangelio de san Lucas.

Pero de pronto, poco antes de la boda del Príncipe de Asturias en 2003, las vidrieras de Manuel Ortega se levantan y van a parar al Museo de la Catedral de la Almudena, para colocar en su lugar otras de estilo neo-bizantino, realizadas por Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumental, buen amigo del cardenal Rouco Varela.

El disgusto y la contrariedad de Manuel Ortega no se hicieron esperar. Él había ganado por unanimidad el concurso internacional para hacer todas las vidrieras y ahora se veía desplazado por una decisión unilateral y contraria a Derecho. Para más desconcierto, ya se habían colocado otras vidrieras en el crucero, realizadas y donadas por unas señoras, bajo la aquiescencia del deán de la catedral.

El artista Manuel Ortega recurrió a los tribunales. La diócesis fue demandada. El daño moral y físico a su persona ya estaba hecho. La boda de los Príncipes de Asturias se realizó en la catedral de la Almudena, en medio de un totum revolutum de vidrieras de distinta autoría porque, sin respetar el acuerdo del concurso internacional, se permitió intervenir a otros hacedores de menor calidad artística. El escándalo de las vidrieras de Kiko Argüello estalló aún más al descubrir que eran una simple copia de otras realizadas en un seminario neocatecumental en Santo Domingo.

Manuel Ortega ganó el contencioso en conciliación. Fue indemnizado y dejó, de una vez por todas, el asunto. Hombre de gran fe, no ha vuelto por la Almudena para no sentir la gran punzada del desaguisado estético cometido en sus muros. Tiene la confianza de que alguna vez la cordura se imponga y se recoloquen sus vidrieras en el ábside para sintonizar con las capillas laterales. Confía en que quizás más adelante, lo verán algunos.

Por otro lado, el artista madrileño hizo una hermosa escultura de la Virgen con Niño para el jardín del colegio Nuestra Señora de Europa en Las Lomas (Madrid), a base de cemento pintado en rojo y vidrieras emplomadas. Además de la imagen sacra de la Madre de Cristo, la escultura tenía el objetivo de cubrir una chimenea grande al exterior. La figura es tan proporcionada y bella, que el colegio la utiliza como obra de arte seriada para premiar a visitantes y alumnos. También la ha utilizado el autor como portada de su catálago.

En cuanto a las imágenes sagradas que pintó Manuel Ortega al óleo en cuadros, podrían citarse: "Santo Domingo de Guzmán para una capilla de los Padres Dominicos en la calle Conde de Peñalver de Madrid; "Santa teresa de Jesús", por encargo de la señora Illana una abulense cuñada del entonces presidente Adolfo Suarez; "Cristo expulsando a los mercaderes", por decisión propia cuando un coleccionista le trataba de ajustar en exceso el precio de un cuadro; "Virgen con Niño" muy geometrizada para el coleccionista Cabezaolías y diversas escenas de "La Anunciación", porque ha sido "un tema muy querido por mí", explica el artista. "Todos ellos se encuentran en diversas colecciones privadas pero no sabría dar razón ya que no llevo cuenta de todo ello. Por otro lado, en el estudio del pintor conserva un gran fresco trasportable con el tema de "La huida de a la Sagrada Familia a Egipto"

En suma, Manuel Ortega ha intervenido en la catedral de Madrid, ocho iglesias cuatro en Madrid y dos en Soria-; un seminario en Medinaceli y una capilla en la República Dominicana. En dos ocasiones ha representado la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, con muy distinta factura.

El artista ha trabado también la iconografía greco-romana en los frescos del palacio de Neptuno junto a la plaza del mismo nombre en Madrid, lo que indica que su arte hunde sus raíces en ambas culturas occidentales, la judeo-cristiana y la clásica de Grecia y Roma.

Manuel Ortega dice que "el pintor, además de trabajar en el taller, tiene que volver periódicamente al exterior, porque, de las infinitas armonías que ofrece la Naturaleza -en formas y colores-, cada artista extrae las suyas propias" .





jueves, 3 de marzo de 2011

José Caballero, Exposición de cuatro décadas en el Círculo de Bellas Artes



“Caminos de papel” (1951 – 1991)
José Caballero
Círculo de Bellas Artes
Madrid.
Marzo-Abril, 1911




Julia Sáez-Angulo

José Caballero es uno de los artistas más reconocidos de la abstracción española, aunque también practico en algunas etapas una figuración singular ajena a la realidad. La exposición que se ha inaugurado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, acoge gran parte de la obra sobre papel de este artista andaluz que hizo su carrera pictórica fundamentalmente en Madrid. La muestra está comisariaza por el crítico de arte Jesús Cámara.

María Fernanda Thomas de Carranza, viuda del pintor José Caballero (Huelva, 1915 – Madrid, 1991) conserva muy bien la obra del prolífico artista y desde su muerte se han llevado a cabo más de cuarenta exposiciones en Europa y América. En el año 2000 se instituyó un premio de grabado en Las Rozas Madrid) que lleva su nombre y en 2006 se crea la fundación José Caballero dirigida por Thomas de Carranza.

En la actual exposición del Círculo de Bellas Artes se muestran dibujos y grabados de este artista, que fue gran amigo de Federico García Lorca, y el último al que vio en Madrid, poco antes de viajar a Granada donde le esperaba la muerte. “Eran grandes amigos, porque ambos conectaban muy bien. Los dos eran andaluces y cultos, lo que entonces se consideraban “señoritos”. De izquierdas. pero señoritos de familias acomodadas", ha declarado María Fernanda Thomas de Carranza en alguna ocasión.

“Los ´caminos de papel´ de Caballero transcurren en paralelo al devenir de su pintura”, dice Juan Miguel Hernández León, en el catálogo.”En estos dos ámbitos se percibe el alejamiento del impulso figurativo y un gusto cada vez más acentuado por la abstracción, dominio en el que nunca dejó de experimentar.

“José Caballero y la Poesía” ha sido motivo de una exposición reciente en el Centro Blas Infante de Málaga. El pintor se interesó siempre por el aliento de los poetas y él mismo hizo alguna incursión: Un lienzo blanco/ recientemente blanco/ atinado, impoluto/ esperando establecer un coloquio/ a partir de la nada. Saber como hay que desmembrar ese espacio/ en qué sentido, partirá el primer paso”.

No es posible separar investigación e invención
Jesús Cámara recuerda el abandono del surrealismo por José Caballero en los años 50 y destaca la versatilidad infinita de sus papeles blancos que “dan cuerpo y materia a las paredes de su Andalucía natal, cuyos colores provocados por el sol “Muro blanco”, pintura de 1961), el tiempo o las sombras, fascinan al artista”. “Para José Caballero es difícil separar la investigación y la creación”, apunta en otro momento el comisario.

“La reinvención de José Caballero” titula el profesor Francisco Calvo Serraller el texto que escribe sobre el artista de Huelva. “José Caballero no solo logró sobrevivir a la noche oscura de España sino que aportó su luz. Porque reinventarse es la iluminación de los artistas, que lo son de una vez y hasta el final”, dice el profesor.

Ha habido contactos con diversas instituciones para llevar a cabo un museo monográfico con la obra abundante de José Caballero. Ninguna ha cuajado hasta la fecha, ni en Alcalá de Henares ni en Madrid. No están ahora los tiempos para museos monográficos a la vista de lo sucedido con los de Chillida y José Guerrero. Quizás haya que rebajar las exigencias por parte de todos y no cargar a la ciudadanía con exceso de mantenimientos para solo beneficios personales de ediles u otros personajes. Hay que partir de patrimonios consolidados. En todo caso, José Caballero bien merece un museo o centro especializado en su obra.

Pepa Jordana y Céline Maestroni exponen cerámica y pintura en la Fundación Pons




Pepa Jordana y Céline Maestroni
Fundación Pons
Serrano, 138
28006 Madrid
Del 3 al 17 de marzo de 2011




Julia Sáez-Angulo


Pepa Jordana y Céline Maestroni exponen cerámica y pintura respectivamente en la Fundación Pons, en Madrid. Pepa Jordana muestra sus esculturas de pequeño y mediano formato y Céline Maestroni sus obras en técnica mixta. Ambas obras comparten el mismo espacio y conviven con su particular cromatismo de tonos suavizados.

Pepa Jordana (Madrid) presenta una serie de esculturas agrupadas por series como “Refugios”, “Puertas o “Murales”. Sus materiales: gres con carbonación que lo oscurece, porcelana, papel hecho a mano, papel de porcelana, mezclado con polvo cerámico...

El cuadrado sigue siendo el polígono preferido de la artista y en varias de sus obras los superpone y traen a la memoria el “Homenaje al cuadrado” de Albers. La ceramista combina diferentes texturas y colores para hacerlos dialogar en la pieza. Algunos de estos cuadrados aparecen perforados en el centro con un cuadrado diminuto, a modo de resguardo o abrigo, en el que otras pequeñas piezas suelen albergarse. Muy especial la pieza “Ventana roja”.

Bellas las obras en porcelana de la serie “Puertas”, en las que un rectángulo pequeño es la oquedad de entrada a una serie de planos inclinados que semejan arquitecturas imaginarias de distinto tipo o que pudieran sugerir veleros misteriosos. Merece destacarse el titulado “Puerta azul”.

Los collages de papel y las piezas de papel de porcelana interrogaban la mirada del espectador, al preguntarse sobre la tersura de los materiales superpuestos, lisos o rugosos, para logar un contraste plástico. La autora trabaja en ellos las líneas, cuadros, retículas...

“Sin noticias”, pieza vertical de arranque metálico desde el suelo y “Carbonación” son las esculturas más grandes y sólidas del conjunto.

Pepa Jordana, que imparte la docencia y dirige el Espacio Jornada de cerámica en Madrid, tiene una larga trayectoria como escultora ceramista y ha expuesto, entre otros lugares como Japón, sus célebres “Guerreros”, piezas de gran formato en gres carbonado.

Mar Prat expone actualmente en el Espacio Jordana hasta el 12 de marzo, mientras que próximamente lo hará el próximo 17, el ceramista Alberto Hernández y Mario Marini expondrá sus esculturas y grabados durante el mes de abril.

Pintura de Céline Maestroni

Céline Maestroni por su parte expone en la Fundación Pons sus pinturas en técnica mixta sobre tabla, en las que la arpillera, el saco y el pigmento logran unas texturas sugerentes. También presenta dos collages en papel. Muy interesantes las piezas tituladas “Tronco 24” y los “Pot” 25 y 26 respectivamente, en tonos rojizos.

Céline Maestroni Vidal (Málaga, 1950), que proviene del campo del diseño de joyas y complementos de moda, tiene un gran sentido plástico y estético. En suma, oficio y arte. La paleta de esta autora cubre los registros del blanco al gris, junto a los ocres y tierras, siempre en tonos refinados. En pintura trabaja también por series con nombres como Materia, Pots, Troncos, Papel...

Entre los asistentes a la inaguración, la ceramista María de Andrés, el escultor Hector Delgado, la profesora Inga Ivanova y la restauradora María de Castro.

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