viernes, 5 de febrero de 2016

Filandón un restaurante de buen comer en el campo junto a la Villa y Corte






Julia Sáez-Angulo


         Está dentro de la ciudad de Madrid, junto a Puerta de Hierro, y se ve jardín y campo, al tiempo que se degusta la buena comida, con los pescados a la parrilla de carbón vegetal –que permite el mejor gusto- como gran especialidad. Hablamos de Filandón, un restaurante en la carretera de Fuencarral a El Pardo (km. 1,9), del que muchos hablan y quien conoce disfruta. Se fundó en 2011.

         Se trata del espacio del antiguo restaurante Jaime, pero hoy , con todos sus espacios remodelados en un estilo rústico cuidado, por no decir elegante. Su mesa central de frutas, verduras y frutos secos en el vestíbulo es hermosa y espectacular. Un soberbio bodegón.

         Se puede aparcar con facilidad el coche (se lo aparcan a uno) –eso explica ver a algunos directivos de empresa- y el recinto recibe con dos grandes braseros de leña ardiendo en el exterior. Los precios, dentro de un orden, razonables. El comensal medio podría pagar  unos 45 euros

         Pertenece a dueños leoneses (de Pescaderías Coruñesas) de ahí el nombre de Filandón, preciosa palabra del castellano que significa, según el DRAE: “reunión vecinal, invernal y nocturna, en la que las mujeres hilaban y los hombres hacían trabajos manuales, y donde se contaban historias”.

         Filandón cuenta con varios espacios, de modo que los clientes pueden acomodarse en la ubicación adecuada siempre rodeado medio de amplio jardín. Tiene un pabellón para familias con niños, con una gran cristalera que permite verlos jugar en un parque de arena y elementos de sube y baja para los pequeños.

burrata de Piglia

Una carta de pescados y huerta

         La comida es lo que importa y su carta ofrece buenos platos para compartir, junto a verduras y ensaladas de la huerta y tartares cortados a cuchillo. Se dispone de pan y aperitivo para celiacos. La carta habla de “nuestra finca”, por lo que hay que suponer que cuenta con ella, como algunos otros restaurantes al estilo de José María en Segovia.

         No es una carta excesivamente larga, algo bueno para no perderse en ella y que todo esté fresco. El salmón ahumado artesanal llega de Pescaderías Coruñesas. Hay también patitas de pulpo de roca a la brasa o calamar de anzuelo a la parrilla. Morcilla de León sobre patatas y  roquetas de carabinero o salmón ibérico son oferta tentadora.

         El salmorejo con tempura de espárragos trigueros y los tomates con ventresca de bonito del norte, son platos que apetecen. Los tartares son de atún rojo de almadraba o steak tartar cien por cien de solomillo de vacuno.

         Mi experiencia de casi diez en la calificación, pasó por un jamón ibérico bien cortado con el singular pan de cristal; excelente burrata de la Puglia con tomate de huerto, rucola y salsa de aceituna negra (muy recomendado). Fuera de carta nos ofrecieron un pescado de temporada, un bocinegro a la parrilla con ajos sensacional. Como vino , un buen Rioja crianza, el Villa Real.

      Maitre y camareros no estuvieron pesados –como en otros restaurantes- preguntando como está todo reclamando el elogio. Se agradece. No hay nada más patético que estas interrupciones.

         No tienen menú diario, ni siquiera del chef. El maitre amable es Félix García, y el cocinero jefe Gonzalo Armas. Todo arte tiene unos artistas. La gastronomía lo es.

Más información
www. filandón.es


jueves, 4 de febrero de 2016

Cristina Gamón, ganadora del 51 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura


Casa de Vacas

Antonio Vargas Cano de Santayana , Senior Policy de Google


Julia Sáez-Angulo
Fotos: Rosa Gallego

         Cristina Gamón es la pintora ganadora del 51 Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura. Su obra, titulada Infinito 45 (125 x 200 cm.) en técnica mixta y metacrilato, se expone en la Casa de Vacas, del Parque del Retiro madrileño, junto al resto de 65 obras más, finalistas del certamen, organizado por AEPE y patrocinado por Google de España y Portugal.

         Los artistas finalistas han sido: Albano, con una obra geométrica confusa; Rodrigo Hurtado Parra, con un óleo prácticamente hiperrealista, La espera; Andrés Lasanta, con una escultura inquietante titulada El eslabón perdido y Alberto Martín Giraldo, con una visión sol y sombra del madrileño parque El Capricho.

         El premio Reina Sofía en su nueva versión con  recompensa metálica -no acordada en junta general de AEPE-, ya no va dirigido a un miembro de la Asociación Española de Pintores y Escultores por una reconocida trayectoria, sino que se ha abierto a todos los artistas en general, en perjuicio de los propios socios. Pudo haberse creado un nuevo premio con otro nombre al cambiar tan radicalmente su filosofía, pero unilateralmente no se hizo así en AEPE.

         Google por su parte comenzó en su primera edición del pasado año con la campanada de otorgar al premio la cuantía de veinte mil euros para rebajarlo de inmediato, en segunda convocatoria a la mitad. Lo que cobra el artista ganador son diez mil euros Un descenso, cuanto menos chocante, impropio de una firma como Google, que se ha beneficiado del nombre de un premio de prestigio, propiedad de AEPE, cuando debiera haber tenido quizás su propio nombre comercial Google España.

         Para participar en este concurso, como en otras exposiciones de AEPE, los socios han de pagar una cantidad de euros -por lo que se permite presentar hasta cinco obras-, lo que ha sido calificado por los socios de AEPE como excesivo afán recaudatorio por parte de los directivos. El hecho causa cierto malestar general, porque no se estila en otros concursos y menos de socios, máxime cobrando la cantidad estipulada (30 euros por cuadro), aunque el participante no sea seleccionado, lo que ha sido calificado como "excesivo abuso", máxime en tiempos de crisis económica.

         La obra ganadora es abstracta, en medio de un panorama general de finalistas en el que domina la obra figurativa. Cristina Gamón Lázaro (Valencia, 1987) también ganó el premio BMW en otra convocatoria, dotado con veinticinco mil euros.

         Entre los artistas seleccionados destacaría el cuadro titulado Niebla, de Guillermo Sedano Vivanco, por su “belleza y misterio”, como requería Chateaubriand a la pintura; el hiperrealismo bien ejecutado en composición y concepto de Vicente Heca, titulado Picasso, esfera blanca; la escultura de alabastro de Iván Gómez Aparicio, por su fuerza; el tótem de madera de José Luis Fernández; interesantes la abstracción en verdes, grises y negros de Vicente Verdú y el paisaje abstracto acuarelado de Pablo Reviriego; moderno y singular el dibujo y personaje pop en el cuadro de López Reina, o buena factura en su clasicismo del paisaje urbano de Madrid, de Paco Segovia.

         Se podría decir que el conjunto seleccionado se parece bastante a lo ofrecido en el reciente premio BMW, con su idéntica abundancia de arte figurativo.

         Al catálogo, aceptable, le falta la página blanca de cortesía final, para no unir, de forma cicatera, la última ilustración de una obra con el interior de la contraportada con solapa. Se echa de menos una mini biografía de la ganadora y la lista habitual en todas ediciones anteriores de los nombres de la Junta General de AEPE, que merece su presencia en la publicación. Interesante la imagen gráfica de Aguilar Soria en la portada.





(Fotos Rosa Gallego)

         El jurado estuvo formado por José G. Astudillo M D, Barreda; Antonio Vargas; Rafael Canogar, Eduardo Naranjo, Aguilar Soria, Javier Sierra, Tomas Paredes, Alma Ramas y Alberto Cornejo.

         Entre los asistentes al acto los artistas Diego Beitez, Ana Muñoz, Raúl Apausa, Ana Vivas,  Héctor Delgado, Manuela Picó, Francisco López Soldado, Beatriz de Bartolomé, Ángeles García, Juan Díaz, Mercedes Ballesteros, Eugenio López Berrón,  de la Peña, Diego Beneítez, Maica Noïs, Ángel Salamanca, Enrique Pedrero...



         

Anton Lamazares presenta su "Alfabeto Delfín" en el Círculo de Bellas Artes de Madrid





L.M.A.

El Círculo de Bellas Artes presenta una muestra firmada por el pintor y escultor Antón Lamazares. Una propuesta caracterizada por el juego con el alfabeto y tres grafías: latina, griega y una más creada por él mismo.

Antón Lamazares ha repartido su vida y su trabajo por numerosas ciudades como Barcelona, Nueva York, Madrid, París o Berlín, donde reside en la actualidad.

Siempre ha destacado por una pintura realizada con materiales humildes como el cartón y la madera, superficies sobre las que en un principio realizaba un dibujo automático, de línea expresionista, con un intenso cromatismo y una fuerte originalidad. Posteriormente fue evolucionando hasta las piezas de gran formato y vocación minimalista, una constante que sigue utilizando en su obra actual.

Desde su periodo de formación, el intercambio entre pintura y poesía será una constante en toda su obra. Fruto de esa convivencia, en 2013 se presenta por primera vez en el Centro Cultural Casa del Soldado (Panamá) la exposición Alfabeto Delfín, una nueva serie donde se imbrican lo pictórico y lo poético en
un mágico código de signos. 

Sobre brillantes superficies de cartón de intensidad monocromática, el pintor ha escrito letanías de un alfabeto basado en las 27 letras del abecedario occidental. Lamazares juega con distintas grafías para “conquistar un espacio de misterio y belleza”; “ensanchar el mensaje estético y
pictórico”, y así ir creando un alfabeto que responda a sus intereses esenciales.



La exposición, compuesta por 33, piezas se inagurará el próximo 4 de febrero y permanecerá en la Sala Goya hasta el 22 de mayo.

El Círculo de Bellas Artes ha editado un catálogo de la muestra que incluye textos de Juan Carlos Mestre (Tractatus Lamazares), Gustavo Martín Garzo (Las palabras del corazón) y Francisco Calvo Serraller (Directo al corazón).