jueves, 27 de junio de 2024

Crónicas valencianas III. PILAR CARPIO, escultora entre Valencia y Madrid. El Tribunal de Aguas de Valencia

Hermanos Espinosa Carpio, Pilar y Vicente
En la calle Pau, con la torre de Santa Catalina al fondo

Julia Sáez-Angulo

Valencia, 27/6/24.- Siempre que vengo a Valencia, Pilar Carpio, escultora siempre a caballo entre Madrid y Valencia, Valencia y Madrid, me muestra nuevos lugares de la ciudad mediterránea, rica, lujosa, renacentista y modernista, en un cruce de palacios, palacetes, iglesias, capillas, cúpulas, torres, torretas y Miguelete de la Seo.  

En esta ocasión he tenido la suerte de permanecer el jueves, día en que se reúne el multisecular Tribunal de Aguas de Valencia, en la puerta de los Apóstoles de la Seo, en la plaza de la Virgen. Las colas para ver a los síndicos eran un bosque que impedía ver el escaño de piedra del singular el histórico Tribunal, que hube de estudiar en la Facultad de Derecho de la Complutense. “Si no hay caso o conflicto alguno que deliberar, la reunión de los miembros del Tribunal se acaba enseguida”, me advirtió un conserje, cuando me subí a una escalinata de su casa para tratar de ver algo. Los turistas lo invaden todo.

Al igual que Madrid o Barcelona, Valencia está llena de guiris y turistas, que pasean en manadas por las múltiples calles, plazas y plazuelas, que suelen tener la deferencia de poner los nombres en valenciano y castellano. Encontrar una plaza de hotel no es fácil. Pilar Carpio la encontró para mí, “por ser ella quien es”. Al día siguiente de inaugurar la exposición de escultura cerámica de su hermano Vicente Espinosa Carpio, en el Palacio del Marqués de Dos Aguas, Pilar y Vicente me invitaron a desayunar en el al Ateneo de Valencia del que son socios, frente a mi Hotel Venecia Plaza.

El gran salón del Ateneo da a la plaza del Ayuntamiento, a través de una gigantesca cristalera. Pilar pide para todos, café con coca de llanda, dulce, esponjosa y rica, además de dos vasos de agua templada, porque dice que evita la hinchazón de estómago y es buena para el intestino. Vicente la prefiere fría. 

    Ojeo la pantalla del móvil y leo un mensaje del historiador amigo Carlos S. Tárrago, desde Alicante, en el que me recomienda que no deje de tomar una horchata natural en Valencia, con un fartón. Lo haré, le contesté. Pilar me hizo conocer en otra ocasión el Agua de Valencia, que no está nada mal.

Pilar es verbosa, abundosa y narrativa. La historia de su familia está tan fundida con Valencia, pues a cada lugar le corresponde una vivienda o palacio de alguno de sus miembros, todos ellos personajes importantes, singulares o extravagantes, a juzgar por lo que cuenta. Vicente quiere intervenir en algún momento, pero Pilar con su gracejo golpeado le dice:

-Calla nene, no interrumpas y deja hablar.

El nene, excelente ceramista, tiene 77 años, pero es el mayor de los hermanos y por tanto merece el título de “nene” para toda la vida, como buen hereu.

Yo tomo nota de la advertencia y no hablo. Pilar sigue, como narradora frondosa y amena, repasando los personajes de su familia valenciana. Su madre, que era diabética trajo al mundo a ambos hermanos Espinosa, que pesaron al nacer seis kilos. Pese al volumen de los bebés, entraron en esta vida sin dificultad alguna, porque, al parecer, la diabetes favorece ese fluido tránsito maternal.

Pilar, que ha expuesto su bosque de esculturas, homínidos singulares de madera, en la célebre Fundación Antonio Pérez de Cuenca y en San Clemente, sigue contándonos historias y anécdotas familiares, de los que yo, como fabuladora de relatos, me gustaría tomar nota, pero no me atrevo, porque no debo. Cortaría el flujo verbal de Sherezade y perderían la gracia.

Un tío abuelo de Pilar era ciego, pero un músico excelente. Mariano Benlliure le hizo un busto, que la propia sobrina conserva en su casa con todo celo. En la familia de los hermanos Pilar y Vicente Espinosa Carpio ha habido muchos artistas de distintos campos visuales: fotógrafos, cineastas, actores, músicos, ceramistas, pintores… El padre tenía una fábrica de muebles,  por eso Pilar conoce la calidad y dureza de las maderas como un carpintero, solo que ella hace esculturas talladas y lijadas preciosas. Su marido, Antonio Triguero también es experto en maderas, pero por otra razón: trabajó en ICONA. Hoy, ya jubilado, hace preciosas artesanías y encuadernaciones en madera.

Las historias de Pilar Carpio y su familia continúan sin solución de continuidad. Se dice que “en toda familia hay un libertino y un imbécil”; en la de Pilar y Vicente Espinosa Carpio, ciertamente no hay imbécil alguno, a juzgar por el relato de mi estimada escultora. Con ella no se aburre una jamás.

Tribunal de las Aguas y sus miembros, síndicos, con las blusas negras

Vicente y Pilar Espinosa Carpio
Vicente Espinosa Carpio

Crónicas valencianas II. CHARO MARÍN, artista pluridisciplinar. Decenas de obras en su haber y trayectoria profesional

Charo Marín, artista pluridisciplinar
Julia Sáez-Angulo t Charo Marín, en Valencia


Julia Sáez-Angulo

27/6/24 .- Valencia .- Hemos conversado en Entrevins sobre arte, delante de un arroz caldoso con marisco, como procede en Valencia, tierra del arroz, sin que todo tenga que ser paella. El aire acondicionado en su punto justo, lo que nos ha evitado estornudar, por la cansina alergia que a veces atosiga. Charo Marín, artista pluridisciplinar, estaba radiante y de buen humor. Ella es una mujer bella y doy fe de que lo ha sido mucho más, porque todos hemos tenido una juventud potente.

Nos encontramos en la exposición de escultura cerámica de Vicente Espinosa Carpio en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias, que dirige con buen tino Jaume Coll. Charo sacó unas cuantas fotografías de la muestra, que ella sabe retocar y armonizar para corregir los descuidos de la naturaleza o la realidad. La pintora llegaba de una sesión de rehabilitación,y, con su bastón de apoyo provisional, parece una marquesa de mediados del XX, lo que no le impide moverse en una buena motocicleta, que le alivia en sus desplazamientos.

Charo Marín estudió Bellas Artes en Valencia y se confiesa valenciana, aunque con medio origen familiar aragonés. La pintora Pilar Carpio, también valenciana, recuerda también su cuarterón de sangre italiana, porque ya se sabe que Valencia, rica ciudad y animado puerto de mar, atrae a gente emprendedora y comerciante.

Después de terminar sus estudios de arte, Charo Marín hizo prácticas en el célebre museo valenciano de San Pío V, con Felipe Garín, director, y uno de sus profesores que le otorgó sobresaliente en la disciplina que enseñaba.

“También yo he ejercido la docencia durante un par de años y en pequeños cursos de verano. Me gusta la docencia, pero prefiero la creatividad: pintar, dibujar, diseñar joyas, trajes, kimonos, fotografía…”, dice la autora. Charo Marín cuenta con decenas de obras en su trayectoria y haber, en su amplia casa. "He vendido muchas obras en distintas etapas y épocas de “vacas gordas o flacas”, según el mercado. Trabajo sin pensar obsesivamente en vender, aunque hacerlo sea estimulante para un artista”, explica la autora.

Siempre viste elegante y cuando era más joven parecía una actriz, porque Charo es alta. Recuerda que una marchante en París le llamó la atención por llegar a la inauguración de la galería de arte, con un espléndido abrigo blanco de piel y un sombrero negro. “Una artista no puede vestir así en este circuito, como una burguesa. Hay que parecer más decontracté, con ciertos toques de bohemia”, le dijo.

“Es que mi madre era modista de alta costura, le gustaba vestir bien y yo estaba acostumbrada a lucir siempre buenas prendas”, cuenta Charo.

La artista ha viajado y expuesto con periodicidad en el extranjero, sobre todo en Italia, Francia, Noruega, Rumanía… Guarda excelentes recuerdos, sobre todo de Venecia y Murano, donde ha hecho cursos de pintura y cristal, donde mantiene amistad cercana con algunos profesores.

“Ahora estoy inventariando todas mis obras para dejarle todo más ordenado a mi hija”. Conozco a su hija Alicia Navarro, una bella mujer, licenciada en Farmacia, ejerciente en un laboratorio, al tiempo que escribe cuentos infantiles para su hija Sol, que se publican en una editorial para niños. La saga de mujeres se perpetúa: Charo, Alicia, Sol… Las tres preparan un viaje a los museos británicos para este verano.

    Alicia es una muchacha guapísima, con una altura envidiable, por ello ha pasado modelos y ha hecho publicidad de distintos productos. También es pluridisciplinar como su madre, pero en otros campos. Todos lo somos, si estamos atentos, porque servimos para varias cosas en esta vida, aunque no lleguemos a realizarlo.

Charo Marín expuso recientemente en la Real Academia de Cultura Valenciana y prepara obras para una próxima exposición. “Cuando una nace y se hace artista, no puede dejar de trabajar en lo propio. No cabe jubilación alguna”, concluye.

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https://lamiradaactual.blogspot.com/search?q=Charo+Mar%C3%ADn



miércoles, 26 de junio de 2024

En torno al Estrecho de Gibraltar

Estrecho de Gibraltar


Víctor Morales Lezcano

      Permítaseme hacer algunas consideraciones, que espero que no resulten intempestivas, sobre la antología de textos que componen mi último libro, titulado, a propósito, “En torno al estrecho de Gibraltar y sus aledaños marítimos y territoriales”, que ha querido sacar recientemente la editorial Diwan Mayrit en su colección Diwan hispano-magrebí.

          Es muy evidente para el lector que se trata de una serie de ensayos históricos publicados por su autor durante casi un par de decenios. Este factor, sospechará el lector, ha hecho envejecer el contenido de este libro, puntualización de reserva que, en alguna medida, puede tener algo de percepción crítica no desdeñable. El autor, sin embargo, ha de contribuir, por su parte, al acierto publicístico de la editorial Diwan haciendo circular unos textos cuya realidad histórica ha sufrido diacrónicamente, aunque persista la validez de dos evidencias geopolíticas palmarias. Veamos la primera.

El fenómeno fluvial y/o marítimo que “separa” territorios físicos, “estrecha”, también, el flujo líquido entre las dos riberas, pero despierta la necesidad imperativa de su navegación por los navíos de turno, ya sean jabeques costaneros, galeras de vela levantina, incluso flotas de transporte comercial o armadas de guerra marítimas. Añádase a lo anterior que el estrecho de Gibraltar fue bautizado como tal, precisamente, por haber sido surcadas sus aguas por una algara islámica procedente del mismísimo noroeste de África, capitaneada por Táriq ibn Ziyad a través del estrecho de marras, y que le permitiera navegar más allá de las paganas Columnas de Hércules con rumbo hacia un ignoto paraíso (alcanzar la gaditana Isla Verde y el legendario Tartessos constituyó hacia 711 una proeza que haría época).

          La segunda evidencia que nos pone el estrecho de Gibraltar al alcance de los ojos (“eyes’ mind”) consiste en la mirada, la recuperación, el recuerdo, de un pasado que reside desde el inicio del mar de Alborán más allá de las costas argelinas, hasta alcanzar las embarcaciones del Mediterráneo su desembocadura en otras aguas que bañan un vergel de ensueño, el Lixus. O sea, donde se establecieron las columnas romanas de la Mauritania Tingitana. El legendario estrecho ha permitido, pues, a sus explotadores y explotadores realizar asientos en estos otros mares y tierras de sus aledaños.

          En consecuencia, mi último libro vuelve a evocar la función transmarítima, transcontinental y transcivilizatoria que el estrecho de Gibraltar encarna desde la noche de los tiempos. Por esta triple y apoteósica función secular de Gibraltar, quizá haya valido el esfuerzo de desempolvar la antología de ensayos históricos que la editorial Diwan Mayrit ha reunido en dos centenares y medio de páginas. Antes de que el implacable olvido borre las variopintas efemérides que se recuperan a través de la obra “En torno al estrecho de Gibraltar y sus aledaños marítimos y territoriales”.


MEMORIA COLONIAL E INDIGENISMO. Revisionismo parco y unilateral

Franz Halls en el Museo Thyssen-Bornemisza


        Julia Sáez-Angulo

26/6/24 .- Madrid.- “De devolver, ¡nada! Que nos devuelvan ellos las catedrales” comentaba entre bromas y veras al ministro de Cultura Ernest Urtasun, una asistente a la inauguración de la exposición “La memoria colonial en las Colecciones Thyssen-Bornemisza”, donde se aborda “el papel de los museos y las obras que albergan en el contexto de la creación y legitimación del relato eurocéntrico”.

    Las preguntas de los informadores mostraban la inquietud de la sociedad por la posible devolución de algunas piezas del museo u otros estatales a posibles reivindicaciones de ciertos países, que aprovechan la coyuntura de la nueva ideología indigenista que recorre ciertas sensibilidades o intereses y se sitúan en el mundo del arte. 

    La Bienal de Venecia de este año 2024 estaba igualmente saturada de obras con reivindicación indigenistas (también de género), en numerosos casos, realizadas por los propios descendientes de los antiguos colonos o invasores, como si el statu quo, pudiera paralizarse en algún momento de la Historia que es dinámica. El revisionismo, en estas situaciones, pudieran derivar en ingenuidades y/o excesos de los que futuras y presentes sensibilidades tengan que lamentarse.

    Hay un indigenismo tan unilateral y sectario que conllevan el deseo de sembrar la culpa en las conciencias. El látigo contra Europa es tan brutal en muchos casos, que no parecen dejar otra opción al viejo continente que llorar, lamentarse y abrirse las venas. El indigenismo es tan unilateral y sectario, que no contempla siquiera la situación conflictiva y hasta de guerra civil que encontraron los colonos o invasores que acabaron con la situación, incluso bárbara de canibalismo, sacrificios humanos de los indígenas, brutales guerras civiles, además de lo que dejaron después de su estancia en los territorios en que vivieron. Falta el análisis global compensador o descompesador, en todo caso, no unilateral.

    Una concepción y revisión al ritmo de ideología. Un indigenismo tan maniqueo es infantil, ridículo e injusto, y por mucho que se niegue por responsables, ideología política, máxime si pertenecen al mismo grupo político, Sumar, ministro de Cultura y director artístico del Museo Thyssen. No vamos con un lirio en la mano. Una ideología de Universidad americana de pensamiento woke, que se adopta rápisamente como un líquido inflamable.

    Conversé con otra dama sobre el asunto de la memoria colonial y me dijo: “Mira: los romanos invadieron la península ibérica y territorios desde Inglaterra a Persia y desde China a Marruecos, -amén de arrasar otras culturas-, y no vamos llorando, quejándonos y reivindicando a Roma su presencia, en suma más positiva en el territorio, pese a la parte negativa que pudiera tener de invasión y ataque, con la damnatio memoriae -hoy también se practica en nuestra sociead- o la visión cruenta de rebeldes crucificados por los caminos. El Derecho y las obras públicas, además de la lengua unificadora fueron un don, un privilegio”. Es la Historia malgré tous. Algo similar cabría decir de la presencia de árabes, almohades  o benimerines más recientes.

    Lord Kenneth Clark, notable historiador del arte parangona en el primer capítulo de su libro “Civilización” (Alianza Edit.) la cabeza del Apolo de Belvedere y una máscara fan, para terminar diciendo que detrás de la cabeza de Apolo ve una mayor civilización y detrás de la máscara africana una mayor simplicidad y síntesis. Interesante. La contemplación recíproca entre culturas sería aún más interesante.

    El escritor Federico Rampini dice en su libro "El suicidio occidental" (Edit. Ladera Norte, 2024), que, con el revisionismo estamos condenando los valores occidentales frente a otros valores más ignorantes y violentos, echando la culpa estúpidamente de todo a Occidente, desde la pobreza al racismo. Y evidentemente eso no es así y, menos, en términos comparativos. Es el totalitarismo contra la democracia occidental, para deslegitimarla y cancelar nuestros valores. 

    El indigenismo como ideología, corriente y moda peca de unilateralidad y simplismo. Algunos de los argumentos adjudicados a los cuadros de las Colecciones Thyssen, en este sentido, no dejan de ser sumamente anecdóticos, cuando no patéticos. Sin sensu contrario.

    El latín y el español nos vinieron con los romanos. Federico Rampini: "Trump es la onismo los«cancelación de los valores occ        Más información

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martes, 25 de junio de 2024

Crónicas valencianas I. VICENTE ESPINOSA CARPIO. Exposición de Escultura Cerámica, en el Palacio del Marqués de Dos Aguas, en Valencia. La "Carroza de las ninfas".

Vicente Espinosa junto a una obra suya con pintura sobre un cuadro de Sorolla

 Jaume Coll, director del Museo Nacional de Cerámica González Martí saluda a los asistentes entre el artista Vicente Espinosa y la crítica de arte Julia Sáez-Angulo


L.M.A. 

Fotos: Antonio Triguero y Charo Marín

    26/6/24.- Valencia.- Ha quedado inaugurada y abierta al público la exposición "La cerámica elevada a escultura de excelencia", 54 obras, del artista visual Vicente Espinosa Carpio, en el Museo Nacional de Cerámica González Martín, en el Palacio de Dos Aguas. El acto fue presidido por el director de la institución, Jaume Coll, quien pronunció unas palabras de bienvenida a los asistentes, agradecimiento a los colaboradores de la muestra y elogio al artista ceramista, Vicente Espinosa. 

    La exposición permanecerá abierta hasta el 15 de septiembre próximo.

    Entre los numerosos asistentes que llenaban las dos salas de exposición, se encontraban, entre otros; Pilar Carpio y Antonio Triguero, hermanos del artista; sus hijos Claudia y Álvaro, Francisca Lita Sáez; María Montes; Pepe Hoyos, director de la Academia Internacional de Ciencia, Tecnología, Educación y Humanidades en Valencia; Teresa Gómez y su hermano, libreros de Burjassot... 

        La crítica de arte Julia Sáez-Angulo dice en el catálogo:

!Sus manos prodigiosas le llevaron muy pronto a dibujar en el aire y modelar el barro hasta extraer de él la escultura que latía dentro. El humus barroco de su tierra levantina lo envolvió y el artista Vicente Espinosa Carpio (Alfara del Patriarca. Valencia, 1948, residente en Burjassot) extrajo del barro nuevas formas, ricas y coloristas representaciones de la realidad o la imaginación, que van pasando por cocciones sucesivas y continuados materiales nobles superpuestos, hasta obtener la dureza y el cromatismo ansiado. 

    En la fecunda génesis artística del autor, podemos contemplar una sucesión de piezas, que van desde rostros y medallones, timbales, jarrones binarios, bateas o platos, recipientes y figuras con diversas alusiones o referencias culturales de la historia… todas ellas inspiradas en la herencia de la cerámica popular valenciana, de las fiestas, obras de temática tradicional o religiosa, ritos y creencias locales, escenas mitológicas de distintas culturas, arquitecturas de edificios célebres, particularmente de Valencia, murales cerámicos, carrozas de gran formato… en suma, objetos y piezas de diversos estilos y épocas hasta el presente.        

    Lo bello útil o lo bello ornamental. Lo sacro y lo profano, separado o mixto. El autor no se pone límites. Es un artista porque lo lleva en el ADN. Ha crecido en una familia de artistas: músicos, pintores, fotógrafos, intérpretes, del mundo del cine…

Oficio y arte se funden en el quehacer cerámico del autor sin solución de continuidad. Atrás quedó la vieja distinción entre artes mayores y menores, en honor de la obra particular y preciosa. El artista tiene sus querencias, sin que una sola de sus piezas sea igual a otra, porque en su mente y en sus manos de creador no cabe la repetición. Las piezas cerámicas de Vicente Espinosa cobran, con la autoridad de su presencia, la denominación de obras escultóricas, entre las que figuran verdaderas obras maestras, como sus célebres carrozas de más de 200 cm de longitud.

El artista visual, el escultor, el ceramista, incrementó su formación, casi innata desde la infancia, en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, en la ciudad del Turia y en la Escuela de Cerámica de Manises, lo que le concedió maestría suma, que bien reflejan sus obras, piezas que en la mayoría de los casos alcanzan hoy la valoración de esculturas. El reconocimiento profesional y artístico no se hizo esperar en su caso y se tradujo en premios y galardones como la Medalla de Oro por su trayectoria profesional artística, otorgada por Forum Europa, entidad reconocida por las Naciones Unidas. Es académico, miembro de la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades.

    Pero el mejor galardón para el artista es el reconocimiento de sus coleccionistas, personas particulares e instituciones -museos o fundaciones- que se disputan sus obras más singulares y bellas. El culmen le llegó, al exponer una muestra antológica y retrospectiva de su creatividad artística en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, en Valencia, meca del arte en cerámica. La primera vez fue en 2017 y se corona hoy en la exposición actual e 2024.

Estudio/Taller y docencia

    La localidad valenciana de Burjassot ha sido el lugar del estudio/taller y trabajo de Vicente Espinosa, el espacio adecuado, en hornos y amplitud, para su creatividad artística en cerámica. Entregado desde su más tierna infancia al arte del barro, el autor dejó crecer su vocación de ceramista, si apartarse de ella ni un ápice. Moldear y buscar formas era lo suyo. Lograr la tercera dimensión con un material frágil y moldeable: el barro. Una consagración y constancia asombrosas. Allí asentado, el artista se ha convertido en un auténtico burjassotense y, desde allí, irradia su arte, que se proyecta internacionalmente a través de sus piezas/esculturas, que además se exponen en museos y otras instituciones culturales.

Vicente ejerce también la docencia, porque le resulta estimulante transmitir el testigo del conocimiento en el arte de la cerámica; lo hace con generosidad, sin guardarse una experiencia o un “truco de cocina”. Un artista tiene todo el derecho a guardarse sus secretos, conseguidos a lo largo de su trabajo, pero sí es docente ¡no! Un maestro está consagrado por entero a sus alumnos, de lo contrario no merece el nombre de tal, no debe enseñar, porque no transmite todo el conocimiento al que está obligado. Nuestro autor lo sabe, y se entrega por completo y con gusto, ante los nuevos y jóvenes ceramistas que buscan su enseñanza. 

    Ciertamente el panorama de la cerámica artística contemporánea en España es rica y variada, principalmente en Levante (Paterna, Manises, Alcora o Valencia), pero, en ella, destaca con singularidad y belleza, la dicción plástica y la estética barroca de autores como Vicente Espinosa. Su exposición en el Museo Nacional de Cerámica da fe de ello. Me atrevo a afirmar que la belleza del edificio lleva a conectar continente -Palacio del Marqués de Dos Aguas y Artes Suntuarias- y contenido artístico -las esculturas en cerámica de Vicente Espinosa-, en una exposición relevante.

La muestra actual del artista ha querido hacer un quiebro respecto a la anterior, con nuevos guiños temáticos, obras diferentes en concepto y forma, y algunas innovaciones técnicas. No olvidemos que la mayoría de las piezas requieren cocerse a altas y sucesivas temperaturas, para lograr la resistencia y durabilidad deseadas: la primera cocción es la del barro o el gres a 970 grados; una segunda para fijar el color, a 970º, y finalmente, cuando se aplica el oro de 24 kilates, cuando la cocción se sujeta a 750º. El artista ha de ser experto y profeta, para calcular y adivinar el resultado final de la obra, con todo, a veces él mismo se sorprende y exclama como Picasso: “yo no busco, encuentro”. Ver trabajar, manipular, moldear, dibujar cenefas de flores y roleos…a Vicente Espinosa es un espectáculo, por la seguridad y el ingenio con que lo hace.

No falta el socarratt, ese barro cocido y esmaltado, que permite resultados sorprendentes, los engobes que logran colores precisos, el estudio paciente y calculado de la reacción de los óxidos… Cerámica vidriada opaca o de brillos elegantes y tacto grato. Policromía y reflejos son claves en este arte. La maestría, en suma. Sin temer al gran formato. La metamorfosis de la arcilla en arte. Todo un proceso que el autor controla con rigor y que los coleccionistas gustan de conocer sobre el proceso.

En el despliegue de la exposición de un centenar de obras, podemos apreciar distintos materiales, técnicas y ornamentaciones: desde las esculturas de reflejos metálicos -por primera vez, en la trayectoria del autor-, hasta las de esmalte blanco o mixtas, que van ofreciendo distintas calidades en su contemplación. Arcilla, terracota, gres… todo ello llevado al torno y trabajado a mano por el artista, que se sabe un dios de la terracota, un maestro del alfar, un creador nato que se atreve con todo y se cita en retos sucesivos, casi imposibles, hasta lograr la obra de arte que concibió.

            Homenaje a Joaquín Sorolla

Con motivo del reciente centenario del pintor valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923), que se prolonga en celebraciones durante el 2024, Vicente Espinosa ha querido hacerle su particular homenaje de artista, al desplegar la visión de algunos de sus cuadros o murales, en sus obras cerámicas. Es una particularidad de esta muestra.

Amor, exuberancia y lujo se aprecian en la realización de piezas excelentes como los jarrones en los que se despliega un galope de caballos de rizadas crines, superposiciones audaces y atrevidas, que ponen de manifiesto la creación y el sentir barroco del autor. El horror vacui. Artes suntuarias decimos en la crítica de arte y así también se denomina en el Museo de Valencia. Objets d´art llaman, con acierto, los franceses.

Aunque la tradición, costumbres y creencias de Levante, particularmente de Valencia (Vicente tiene hecha toda la Valencia monumental en barro), han acaparado la inspiración del ceramista, otras culturas mediterráneas han merecido también su atención, como son, en esta ocasión, la etrusca o la griega. “Todos somos griegos en el exilio”, decía, con razón, el escritor Jorge Luis Borges. Los rostros o mascarones al estilo grecorromano, sus dibujos de dioses o ninfas… son un capítulo interesante en el despliegue de esta exposición.

Vicente Espinosa cuenta como algunas piezas le llevan más tiempo en su génesis y creatividad, como si requiriesen también un fuego lento en su desarrollo mental, que va enriqueciendo la obra a lo largo de las distintas sesiones. “La reciente carroza (220 x 60 x 70 cm), que va a la exposición, me ha llevado unos cuatro años terminarla”, explica el autor. “Requería un proceso lento de ir aplicando moldes sucesivos sobre la pieza base central, para enriquecerla y ornamentarla como yo quería”. Algo similar cabe decir de otras obras más complejas.

Las carrozas, situadas sobre una base, quedan realmente majestuosas. Y se ve como el artista se recrea en ellas cuando las decora con caballos enjaezados, putti, cisnes, columnas, escudos, mascarones, peces mirones o tritones que traen la memoria del agua, el cercano mar. Carrozas palaciegas, algunas triunfales sobre el Corpus Christi, que figuran en diversos museos. 

Imaginación, fantasía, oficio y arte se dan la mano en la obra de este ceramista escultor con diploma de excelencia. Estoy segura de que su nombre va a figurar en la historia de la cerámica artística española, porque algunas de sus piezas alcanzan el calificativo de obra maestra. Tradición y modernidad en obras firmadas. Sensibilidad, delicadeza y esplendor, ideas que vienen al pensamiento al contemplar la obra cerámica de Vicente Espinosa. Arte mayor.

    André Gide decía que “crear una bella forma, hace que una idea aún más bella venga a habitarla”.

Carroza de las ninfas, obra central de la exposición
Director del Museo entre el artistas y la crítica
Pilar Carpio con el académico
Vicente Espinosa y Juia Sáez-Angulo, visita en la mañana
Ante la "Carroza de las ninfas"
Vicente Espinosa Carpio, escultor ceramista

GIOVANNA DE CALDERON. 20 años de la Asociación de Mujeres para el Diálogo y la Educación

Giovanna de Calderón y la embajadora de Mali en España



J.S.A.
Fotos: A. Zapisek y L. Magán

25/6/24.- Madrid .- Giovanna de Calderón, presidenta de Mujeres para el Diálogo y la Educación, MDE, que ha cumplido 20 años de trayectoria desde su fundación, ha reunido a miembros de la asociación para celebrar un “almuerzo de verano con los 5 sentidos” como despedida del curso y llegada de las vacaciones. 
    El encuentro ha tenido lugar en el Casino Militar de Madrid y, al mismo, asistió la señora Diarra Baby Fatoumata, embajadora de Mali.
Mujeres para el Diálogo y la Educación tiene como objetivos fortalecer a la mujer a través de la igualdad entre las distintas culturas e impartir cursos de liderazgo, couching, hablar en público, Historia…
Al terminar el almuerzo, Giovanna y María Antonia Losada comunicaron a las asistentes los proyectos inmediatos y para el próximo curso, entre ellos, un concurso de artículos sobre mujeres secretas en los lugares de veraneo de entre setecientas y mil palabras. 
M. Antonia Losada recomendó la vivencia de las vacaciones con los cinco sentidos y fue comentando cada uno de ellos, ante lo que podríamos encontramos en los meses de calor.
La entrega de premios de MDE, solidarios con la mujer, tendrá lugar el 25 de octubre próximo. 
MDE está considerada una institución de utilidad pública.
Entre las asistentes: María Inés Abello, Carmen Cañete, Adriana Zapisek, Graciela Roger, Cristina Saeta, Lola Rodríguez de Casanova, Carmen Palomero… y Luis Magán.

Más información

María Antonia Losada
Embajadora de Mali
Reunión de trabajo tras el almuerzo


Giovanna y María Antonia Losada en la biblioteca del Casino militar (Centro Cultural de los Ejércitos)

“La mujer que besó a Virgilio y otros viajes literarios”, por María José Solano


María José Solano, escritora


L.M.A.

25/6/24 .- “La mujer que besó a Virgilio y otros viajes literarios”, libro de la María José Solano. Un ensayo que ha sido publicado por la editorial Berenice. El escritor y director de cine José Luis Garci dice en el prólogo:

    "La mujer que besó a Virgilio y otros viajes literarios" nos invita a conocer el Palermo de El gatopardo desde la biblioteca de Tomasi di Lampedusa, a recorrer el Chiado siguiendo el itinerario nómada de Pessoa y reponer fuerzas sentados a su lado en uno de sus cafés antes de planear una visita al París de Hemingway, decidir si queremos conocer la Roma monumental de Goethe, Stendhal y Keats o sumergirnos en los amores que, amontonados unos sobre otros, como los pisos en los rascacielos de esa literaria, cinematográfica, diminuta y al tiempo inabarcable Manhattan, desbordan los límites de la pequeña Via Margutta

          Algo de cada viaje se impregna en nosotros: el olor en las librerías de viejo de Buenos Aires, el eco de un Stradivarius en Baker Street, el azul siempre azul de Niza, Cannes, Antibes y Montecarlo frente al rojo del descapotable que recorre a toda velocidad Miami con Ian Fleming al volante. La sal del Mar Muerto sobre la piel, el polvo del desierto en los ojos, el Mediterráneo bañando nuestros pies como si fuésemos héroes o dioses. Y el beso, siempre agradecido, pero también cómplice, al busto de mármol de nuestro guía.

           Con una prosa extremadamente bella y evocadora, plagada de referencias clásicas y modernas, María José Solano nos revela a través de su mirada que la literatura y la historia forman parte del equipaje, pero que también son el mejor de los destinos.

       "María José Solano escribe historias que se leen y se beben de un solo trago", ha escrito Luis Alberto de Cuenca en ABC.

       María José Solano (Sevilla, 1975) es licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y dedicó su proyecto de investigación al estudio comparado de literatura y pintura. Vinculada laboralmente a la Real Academia Española durante diez años, es cofundadora de la revista digital literaria zendalibros.com, donde ha publicado más de cien artículos, así como coeditora de la colección de novelas clásicas ZENDA-EDHASA, columnista en ABC Cultural desde 2021 con sección propia, «Lo moderno», y colaboradora en el programa de radio sobre viajes exóticos El escaparate. Junto a "La mujer que besó a Virgilio y otros viajes literarios" es autora de la novela "Una aventura griega" (Debate, 2023) y del libro de viajes "Jerez" (Tintablanca, 2023).