lunes, 1 de junio de 2026

AMÉRICA MÁGICA (II): ¡QUE VIVA MÉXICO¡

   

México DF, catedral
Brian R. Hamnett

 A Julia Moreno Cárcel 

y Julia Sáez Angulo


                        Raíces de la insurgencia en México. Historia regional, 1750-1824                                                                                  Brian R. Hamnett

Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1990

          En nuestra anterior reseña, inserta en el blog La mirada actual, a comienzos de este año, dejábamos abierto el problema de la autonomía frustrada del virreinato novohispano a lo largo del año-bisagra de 1808.  El libro que nos ocupa hoy, redactado por el historiador británico Brian R. Hamnett retoma el tema en el momento en el que la crisis abierta en Nueva España en 1808 no desembocó de forma inmediata en una insurgencia independentista. Como mostró el volumen que reseñábamos hace semanas, coordinado por Manuel Chust, existió un proyecto autonomista concreto, legal y políticamente articulado, que aspiraba a la creación de una junta de gobierno americana, a imitación de las formadas en España, en nombre de Fernando VII, al producirse el vacío de poder causado en el Imperio por el secuestro del monarca legítimo por parte del Emperador Bonaparte. La deposición del virrey Iturrigaray en septiembre de 1808 por los españoles radicados en México no fue únicamente un episodio de lucha facciosa, sino el fracaso definitivo de esa vía política.

          Es precisamente tras el cierre de esta opción autonomista cuando debe situarse el estallido insurgente de 1810. El Grito de Dolores no surge como un acto fundacional espontáneo, sino como la expresión radicalizada de un proceso previo en el que las alternativas de reforma y autogobierno habían sido neutralizadas. En este punto, el análisis de Brian Hamett resulta fundamental para comprender cómo sobre esa derrota política inicial, se articularon dinámicas sociales, regionales y económicas que dieron forma a la insurgencia mexicana.

          El estudio de la insurgencia mexicana ha estado durante mucho tiempo condicionado por narrativas que privilegian el acontecimiento  –el Grito de Dolores, los liderazgos carismáticos, la ruptura política—por encima de los procesos de larga duración. Raíces de la insurgencia, de Brian Hamnett, publicado por el Fondo de Cultura Económica, constituye una de las obras que con mayor solidez han contribuido a desplazar el foco desde el momento revolucionario hacia las condiciones estructurales, regionales y sociales que hicieron posible la insurgencia.

          Leído en continuidad con los estudios sobre la crisis de 1808, el libro de Hamnett permite comprender por qué la insurgencia armada se impuso finalmente como salida política tras el fracaso de las soluciones autonomistas en Nueva España.

De la crisis política al estallido insurgente

           Uno de los grandes aciertos del libro es evitar cualquier explicación monocausal de la insurgencia. Hamnett no presenta 1810 como un punto de partida absoluto, sino como el desenlace de tensiones acumuladas durante décadas. La crisis de legitimidad abierta en 1808 actúa como catalizador, pero no como origen exclusivo. 

          En este sentido, la deposición del virrey Iturrigaray aparece implícitamente como un momento clave: el cierre de una vía política que, aunque legal y monárquica, había ofrecido a las élites novohispanas una alternativa al conflicto armado. La insurgencia emerge así, cuando el horizonte autonomista queda definitivamente clausurado, y cuando las fracturas sociales y regionales ya no encuentran cauces institucionales.

El enfoque regional como clave interpretativa

          El núcleo metodológico del libro reside en su enfoque regional. Frente a visiones centralistas o excesivamente políticas, Hamnett analiza cómo distintas regiones de Nueva España vivieron de manera desigual los procesos de reforma borbónica, la presión fiscal, la reorganización económica y la crisis imperial. 

          El Bajío, el centro de México y otras áreas estudiadas muestran dinámicas propias donde confluyen:

          * transformaciones agrarias,

          * tensiones entre comunidades y autoridades,

          * conflictos laborales y fiscales,

          * redes sociales locales que facilitan la movilización.

          La insurgencia no aparece, por tanto, como un movimiento homogéneo, sino como una suma de conflictos regionales articulados coyunturalmente bajo un discurso político común.                      Más allá del liderazgo carismático

          Otro de los méritos del libro es relativizar el peso explicativo de las figuras individuales sin negar su importancia. Hidalgo, Morelos o los líderes regionales no son presentados como causas únicas del levantamiento, sino como mediadores entre agravios locales y una coyuntura política general.

          Esta perspectiva permite comprender por qué la insurgencia pudo arraigar con fuerza en determinadas zonas y fracasar en otras, y por qué su desarrollo fue irregular, prolongado y profundamente marcado por las condiciones sociales de cada región.                Un análisis de larga duración

          Hamnett entiende su análisis más allá de la fase inicial de la insurgencia, lo que refuerza su planteamiento de fondo: la independencia no resuelve automáticamente los problemas que la hicieron posible. Las continuidades fiscales, sociales y regionales tras 1821 ocupan un lugar central en el libro, subrayando que el conflicto no termina con la ruptura política final.

          Este enfoque de larga duración contribuye a desmitificar tanto la independencia como punto de llegada definitivo como la insurgencia como proceso lineal.                                                                  Valoración final

          Raíces de la insurgencia es una obra fundamental para comprender la independencia de México como resultado de un proceso complejo, desigual y profundamente enraizado en la estructura del virreinato. Su lectura resulta especialmente fructífera cuando se pone en diálogo con los estudios sobre la crisis de 1808 y el fracaso de las alternativas autonomistas.

          Brian Hamnett ofrece aquí una interpretación sobria, rigurosa y alejada de simplificaciones, que desplaza el foco desde el acontecimiento hacia el proceso, y desde el centro hacia las regiones. El resultado es una visión de la insurgencia mexicana no como un estallido repentino, sino como la expresión acumulada de tensiones políticas, sociales y económicas que encontraron en 1810 una salida violenta tras el cierre de otras vías posibles.

          En este sentido, Raíces de insurgencia sigue siendo una referencia imprescindible para quienes deseen comprender la independencia mexicana no como mito fundacional, sino como proceso histórico complejo y conflictivo. Cabe por parte del lector complementar su lectura con la de los textos del historiador español Juan Marchena que establece una dicotomía entre el movimiento independentista de 1810 que él ve como popular, revolucionario y auténticamente transformador de la estructura social y el de 1821, finalmente dirigido por Agustín Itúrbide, como fruto de una conjura o pacto previo para mantener unas estructuras sociales y una política conservadora. 

  Francisco Manuel Pastor Garrigues

1 de junio de 2026



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