Julia Sáez-Angulo
12/6/26.- Madrid.- Cuando escribo o doy una conferencia sobre Arte y Docencia, resalto siempre que un artista visual tiene derecho a guardar todos sus logros de investigación, trucos de cocina, hallazgos fortuitos o cualquier otro eureka en su favor salvo… ¡si se dedica a la docencia!
La enseñanza, la docencia es "sagrada" y consiste en transmitir la llama del conocimiento al alumnado, a las generaciones siguientes, que beben del maestro, el sabio y el experto que les entrega lo logrado hasta el momento para seguir adelante y hacer progresar la humanidad a la que todos pertenecemos. Así lo refleja la metáfora y alegoría de la entrega de la llama en la escultura frente a la Facultad de Medicina de la complutense.
Esa es la ética exigida a la docencia, lo contrario es censurable por reprobable. A nadie le obligan a enseñar, si uno no quiere.
Otro tanto cabe decir de la entrega de la antorcha en los Juegos Olímpicos para que los hombres puedan conseguir el "Citius, Altius, Fortius", locución latina que se traduce como «Más rápido, más alto, más fuerte». Todo en una competición limpia.
Y este preámbulo me ha venido para hablar del nepotismo, amiguismo, enchufes, tráfico de influencias y otras maniobras similares.
Todos tenemos derecho a procurar, “en lo nuestro”, una ayuda, un favor, un empleo, un trabajo… a los cercanos. La sangre tira, facilita el amor y su protección. Las sagas de padres e hijos en una misma dirección profesional, se conocer desde los despachos de abogados, actores, médicos, taxidemistas…a los toreros… En muchos de ellos, los apellidos se repiten y, con frecuencia, son síntoma de referencia y prestigio.
¡Alto! en la "res pública"
Pero ¡en lo público, No”. La res publica -la cosa pública- que se dice en Derecho, nos pertenece a todos por igual y, por tanto, todos tenemos el mismo derecho a ella. Para acceder a un puesto en la Administración Pública, el Derecho Administrativo habla de “mérito y capacidad” para acceder a él, en concurrencia con otros solicitantes y siempre “en tiempo y forma”, es decir, optando por oposición pública a todo puesto administrativo.
En el campo público, no cabe el amor y el fervor de la sangre, ni la vieja creencia de darle el puesto a un hombre para sacar una familia adelante, mientras que una mujer tenía como salida el matrimonio y por tanto el varón que la mantenga.
Pero ¡ay!, cuando los políticos ponen sus sucias manos para inclinar la balanza del empleo o los beneficios hacia los suyos: hijos, primos, cuñados, suegros, nietos… Esto lo vemos y lo hemos visto y no siempre salta a los tribunales, en denuncias “por agravio comparativo”, que obligan a pleitear con lo gravoso y desgastante que resulta económica y psicológicamente.
Desafortunadamente, el empleo es escaso en este país y en estos tiempos, por lo tanto hay que extremar más y mejor la ética y la moral para que todos concurran a la “res pública”, en igualdad de condiciones y no repetir aquello de los turnos de Cánovas y Sagasta, en la gobernanza del Estado, que se descabalaba en sus “funcionarios”, según gobernara uno u otro.
Los puestos en la Administración deben de estar definidos para que no se inflen artificialmente los números de asesores o embajadores sin carrera diplomática, por ejemplo.
Custodiar y “custodiar al custodio” es una tarea que hay que aprender en España, porque los interventores no siempre cumplen con su función para evitar abusos, robos y corrupción con algo tan necesario y “sagrado” en nuestros días, como es un puesto de trabajo. Y a los partidos políticos se les define hoy en día como "agencias de colocación en lo público", y "creadores de clientelismo de votos".
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