• De plena actualidad en España, ante los elogios indignos a un ex ministro, después de una tragedia de 115 muertos.
Julia Sáez-Angulo
7/11/26.- Madrid.- Para los marxistas, la realidad no existe o no tiene valor alguno, se la fabrica con un relato. La verdad no existe. Al igual que el nazi Goebels, para ellos “una mentira repetida muchas veces, acaba siendo verdad”. La secuencia histórica sucesiva ha sido: marxismo, nazismo, socialismo y fascismo. Cada uno se desgaja del anterior.
“La estrategia de la araña” (La strategia del ragno) (1970) es una película dirigida por Bernardo Bertolucci, basada en el cuento del escritor Borges, titulado “Tema del traidor y del héroe”. La película mereció la Espiga de Oro a la mejor película en la Seminci de Valladolid del año siguiente a su estreno. Cuando la vi, me impresionó:
Un joven, Athos Magnani, regresa a la ciudad donde su padre fue asesinado antes de que él naciera. El muchacho trata de encontrar una explicación a la muerte de su padre antifascista, a manos de un fascista en 1936. Pero la verdad se revela compleja como una tela de araña, donde nada es lo que parece. A medida que indaga con los antiguos compañeros de su progenitor, descubre que la realidad muestra obra versión diferente a relato recibido sobre su padre, una historia ambigua y envuelta en mentiras entrelazadas del pasado. El “héroe” era un traidor, al que se le disfrazó de heroicidad, en favor de los intereses del partido político.
"La estrategia de la araña" es, fundamentalmente, una muestra de cómo la politización de la historia y su conversión en instrumento legitimador y cohesionador de la sociedad impiden aprehender la verdad", decía una de las críticas. Y otra: "Bertolucci utiliza un brillante retruécano narrativo de Borges para echar una mirada a la generación antifascista de los años treinta y advertir sobre las caras ocultas que puede tener lo que idolatramos. El inolvidable relato Tema del Traidor y del Héroe, del libro Ficciones, tenía lugar en la Irlanda independentista del XIX, pero en todo lo demás Bertolucci se atiene a lo leído. Bajo el lema “no importa la verdad sino las consecuencias de la verdad” y “un traidor es dañino incluso muerto”, un grupo de activistas antifascistas, que han descubierto que su propio jefe es el delator que ha arruinado su proyecto de magnicidio, se las ingenia para convertir la ejecución del traidor en un episodio martirológico y así favorecer en lugar de ensuciar su propia causa."
El disfraz de traidor, ladrón, asesino o miserable se esconde en numerosas narrativas políticas de la Historia. Ahí están las biografías siniestras de un genocida -como Napoleón, que diezmó la población de Europa, y que los franceses comercializan y veneran. Así, genocida, lo denominó sin vacilar Esperanza Aguirre, cuando se conmemoró el 2 de Mayo, en 2008. En la Noble Villa de El Escorial no se puede citar a ese emperador francés, sin escupirle, y en Italia, no digamos, amén de otros países donde lo califican además como “el gran depredador”.
Y como él otros muchos. Véase, si no, al Che Guevara, un carnicero humano nato, además de misógino sin contemplaciones, por más que sus correligionarios y estudiantes bisoños de los 70, colgaran su efigie en sus habitaciones.
Todas estas reflexiones me han venido al escuchar como se elogia a un ex ministro responsable de Transportes, cuya responsabilidad era custodiar las vías de comunicación del país y ha dejado, tras su cartera, un saldo de 115 muertos. Pues bien, sus correligionarios lo ponen como modelo, como político ejemplar, poco menos que como héroe, cuando muchos muertos están bajo tierra y sus deudos llorando y clamando por sus vidas.
Todo es política, aunque a una le llegue espontáneamente los inmediatos paralelismos con la literatura y el cine. El arte nos precede y nos retrata. Nihil novum sub sole. La ficción no es contraria a la verdad. Lo contrario a la verdad es la mentira. La ficción, simplemente, nos representa.


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