miércoles, 5 de diciembre de 2012




“Diccionario de Iconografía y Simbología” por Federico Revilla



Julia Sáez-Angulo

         La iconografía es un lenguaje que con frecuencia queda reducido a los cultos y eruditos. “Diccionario de Iconografía y Simbología” de Federico Revilla, editada por Cátedra en la colección Grandes Temas,  llega enriquecida a su octava edición, lo que indica el interés de este tema.

         La iconografía tiene siempre una larga tradición y esta obra de Federico Revilla se complementa con otra del mismo autor titulada “Fundamentos antropológicos de la simbología”, que abarca desde la antigüedad al momento presente.

Conocido es para los críticos de arte del “Diccionario de símbolos” de  Juan Eduardo Cirlot, ante el que cabe recordar la afirmación de Jean-Paul Clebert: “Un diccionario de símbolos es una empresa demente y digna sólo de un personaje de Borges”.

“La polivalencia de los símbolos hace imposible que se agote la significación de ninguno de ellos. Igualmente insensato sería exigir un elenco exhaustivo de los mismos. Tampoco se ofrece aquí un repertorio de “recetas interpretativas”, explica el autor del “Diccionario de Iconografía y Simbología”, en las Advertencias del volumen.

Ciertamente la simbología es un mar sin orillas, pero nos ayuda a ver, a mirar, a contemplar, a interpretar… dentro de la polisemia y hasta Babel de las imágenes. En la octava edición de la obra que nos ocupa se añaden 281 voces nuevas, que sumadas a las que compusieron la edición anterior ofrecen un total de 3.305. Una buena oferta cultural de voces interpretativas.

“Los símbolos son otros tantos intentos de la humanidad, en sus diversos ámbitos y épocas, para alcanzar –preferentemente- las realidades más delicadas, decisivas o huidizas”, dice Federico Revilla. “Es lógico que aparezcan por doquiera e incluso varíen su aspecto perceptible, por el cual es posible identificarlas”, añade.

Los símbolos “nos orientan pero también nos sorprenden”, explica el autor del “Diccionario de Iconografía y Simbología”, que empieza por Aarón y Ábaco, mientras que termina con Zun y Zurbán. El libro, encuadernado con pastas duras para resistir en biblioteca, aporta una buena bibliografía introductoria.




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