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sábado, 29 de agosto de 2026

Diario Escurialense XXVIII.- DE CONVERSACIONES Y OBJETOS. Poemas de Juan Ramón Jiménez sobre las cosas

De objetos y cosas


Julia Sáez-Angulo

        29/8/26.- El Escorial.- Dice la UNESCO -así lo leí una vez- que el aprendizaje nos llega en tercios, por la familia, la escuela y la sociedad, por eso no dejamos de aprender una vez terminados los estudios académicos. El conocimiento nos va llegando a ráfagas en todos los campos, desde el lenguaje hasta la ciencia, vía lecturas, conversaciones con los amigos y vecinos o, incluso por Radio Macuto.

        A mi amiga riojana Juana Mari Herce, que se ha hecho andaluza por mor de los años que lleva en esa bendita tierra, le gusta desayunar en las cafeterías, porque allí se toma un buen expreso y se habla con los camareros o vecinos de barra, comenzando el día con una buena conversación, que si hay suerte nos enseña alguna cosa interesante para la vida, por aquello de que “nunca te acostarás sin saber una cosa más”. 

     Juana Mari es muy sociable y, lamentablemente yo soy menos y prefiero pasearme en pijama con una jarrita de café liofilizado, no tan sabroso, por la casa. Ella sube radiante con “algo que contar”, noticias frescas de lo que se dice o sucede en la calle y yo me limito a las reiteradas noticias enlatadas de la radio.

    A veces trato de imitarla en su sociabilidad y ganas de “enhebrar la hebra” y digo buenos días o buenas tardes en los ascensores, un banco del parque o una cola en la tienda. Así es como hoy he hablado con una señora rumana que lleva 23 años en El Escorial y me ha contado que ella y su hija han trabajado como domésticas en esta villa. Antes vivían en Zarzalejos, pero bajaron (de más arriba en la montaña) a El Escorial, cuando quitaron los trenes que unía uno y otro lugar. “Ahora los han vuelto a poner”, me cuenta. Y también me informa de que uno de sus nietos de 20 años es campeón español de lucha muay thai, que se imparte en una academia cerca de mi casa.

    Esta no es una “radish conversation” (conversación de rábano), que dirían los ingleses, sino de una humanidad cercana, que vale la pena conocer y respetar. Juana Mari lo hubiera hecho y me lo hubiera contado. A veces pasamos o vivimos junto a gente de la que no sabemos nada, y eso es puro desinterés humano e ignorancia.

    También he hablado con Gloria, que anda despejando su casa de arriba abajo. “Yo guardaba todo, hasta la ropita de bebé, porque estaba nueva, y ahora soy abuela. La he entregado toda a una colonia de ucranianas que hay en El Escorial. Sé que mis hijos no van a querer nada de lo que guardo y, para que lo tiren ellos, sin provecho para nadie, prefiero hacerlo yo, encomendando casa cosa a una conveniencia”, me explica Gloria.

    Es un buen consejo, sobre todo para las personas que somos acumulativas de objetos y rayamos en el síndrome de Diógenes. Mi hija me está ayudando a despejar sin consideración alguna. Me dio un plazo de desquite, que no he cumplido. Ambas tomamos el acuerdo de cambiar nuestras casas en Madrid. Ella viene a mi casa con jardín y tres pisos de escaleras y yo voy a la suya, más pequeña y toda en planta, que es más asumible a mi edad.

    Un librero latinoamericano de lance, buen amigo mío, me advierte: “Julia No se cambie. Va a ser muy duro para Ud. residir en otra casa en la que no ha vivido la mayor parte de su vida. Se lo digo yo con todo cariño. Además, va a perder Ud. el jardín que tanto le gusta…” Quizás tenga razón, pero “alea iacta est”, la suerte está echada. “Pacta sunt servanda”, los pactos son para cumplirse. No sé cómo acabará todo. Iré informando.

    Recuerdo el poema de Juan Ramón Jiménez sobre las cosas, tanto en su libro “Eternidades” como en el poema "Cuarto", incluido en su obra "Elegías" de 1908, donde reflexiona sobre la quietud, la compañía y la profunda conexión espiritual entre el poeta y los objetos cotidianos que lo rodean. (Aunque me pone nerviosa leer a JRJ con sus jotas inadecuadas).

    ¿Cómo desprenderse de algunos objetos singulares que se aman, aunque ya no tengan uso o valor? Cuando más vives, más tienes, reza un dicho publicitario de trasteros, que son sepultura de los objetos y las cosas.

mercado de brocanters

De la acumulación de objetos y cosas


viernes, 10 de octubre de 2025

“Cómo hacer posibles conversaciones imposibles”. Una guía práctica de James Lindsay y Peter Boghossian


        L.M.A.

10/10/25.- Madrid.- “Cómo hacer posibles conversaciones imposibles” es uguía práctica de James Lindsay y Peter Boghossian. El libro ha sido publicado por la editorial Ladera Norte y traducido por Elena Tarrod.

El libro enseña técnicas para abordar diálogos difíciles en diversos ámbitos. El manual práctico ofrece herramientas y estrategias para fomentar la comprensión y abrir la mente, comenzando por el propio individuo, a través de seis niveles de dificultad de conversación. 


Desde la política y la religión hasta las engorrosas negociaciones en el trabajo, dominar el arte de las conversaciones difíciles mejorará tu día a día y tu relación con los demás. Este libro es el manual práctico que todo el mundo necesita para fomentar un clima de civismo, conexión y empatía.

Hoy día parece imposible tener una conversación razonable con alguien que tenga una opinión diferente a la nuestra. Con los amigos, en una cena familiar, en el trabajo o en las redes sociales el diálogo se interrumpe y brotan las chispas de la intolerancia recíproca. Los debates acalorados a menudo desembocan en el insulto y las descalificaciones, un camino sin retorno que impide cualquier posibilidad de un diálogo productivo y enriquecedor.

En Cómo hacer posibles conversaciones imposibles, Peter Boghossian y James Lindsay enseñan el sutil arte de infundir dudas y abrir mentes, empezando por la propia. Del cambio climático a la fe religiosa, de la identidad de género a las causas de la pobreza, de la inmigración a la violencia, Boghossian y Lindsay muestran los fundamentos para tener buenas conversaciones, incluso con las personas más extremistas que conozcas. Entre las principales virtudes que proponen perfeccionar está saber escuchar, pero también el arte de hacer buenas preguntas, modular el lenguaje, gestionar el desacuerdo, controlar la ira y cultivar la disposición a dudar. Todo ello puede abrir paso a una comprensión más profunda del otro e incluso a una cordialidad inesperada.