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domingo, 18 de febrero de 2024

La RAE contra el falso lenguaje «inclusivo» de los políticos. Es artificial, elitista y discrimina



Antonio Muñoz Machado, director de la Real Academia Española



                L.M.A.            

    18.02.2024.- Madrid .- ¿Son discriminadores y malvados sexistas los hispanohablantes que hablan correcto español, español normal?

¿Hay que usar las contorsiones del llamado "lenguaje inclusivo" (alumnado en vez de alumnos, membresía en vez de miembros, etc...) para recibir carnet de no sexista?

Una cosa es que activistas marginales de Podemos y militantes de la ideología de género o de cierto feminismo se empeñen en hablar raro, como esos soviéticos que a cada frase le añadían "camarada", y otra es que la Mesa del Congreso español le diga a los diputados, representantes de la nación, que deben hablar usando las retorcidas fórmulas del lenguaje de género y torturando al idioma y los oídos de sus oyentes.

Y eso es lo que ha tenido que denunciar ahora la Real Academia Española (RAE), que pide a los diputados que hablen bien y no hagan caso a las instrucciones de la Mesa del Congreso.

Aunque los académicos no llegan a usar las palabras "elitismo" y "pedantería" se nota que están pensando en ellas: lo que dicen es que los políticos tienen "un deseo implícito de acrecentar la distancia, ya considerable en la actualidad, entre el universo oficial y el mundo real".

Serían funcionarios y políticos hablando en su jerga para funcionarios, no como la gente normal, que habla normal.

Ejemplos del lenguaje retorcido que la Mesa del Congreso pide a los diputados españoles desde diciembre de 2023.

Desdoblamientos cansinos y

 plúmbeas formas pasivas

 En diciembre la Mesa del Congreso aprobó unas normas que insisten en que en el Congreso se sustituyan palabras como «empleados» por «personal», o «ciudadanos» por «ciudadanía», y piden desdoblar cansinamente el masculino y femenino ("señores y señoras diputados y diputadas españoles y españolas"). Este reglamento supuestamente desarrollaba un mandato de la Ley de Igualdad de 2007 de Rodríguez Zapatero y del Plan de Igualdad de las Cortes de 2020.

La norma de diciembre (con el apoyo no sólo de PSOE y Sumar, sino también del PP) al menos pedía evitar "incorrecciones gramaticales, falta de legibilidad o que no estén recogidas en el Diccionario de la RAE", refiriéndose a expresiones como tod@s, todes o todxs.

La RAE agradece que al menos se eviten esos puntos, pero detalla que no se lograrán mejoras sociales "modificando arbitrariamente opciones morfológicas, sintácticas y léxicas que el español comparte con muchas lenguas".

La socialista Francina Armengol, expresidenta de Baleares, como presidenta del Congreso sería la encargada de difundir y fomentar el llamado lenguaje "inclusivo" en las sesiones de los diputados, los documentos oficiales, etc...

¿Es sexista quien habla correctamente?

Recuerdan los académicos que el idioma no es sexista y que los políticos que lo presentan como tal se equivocan. "No se apoya la igualdad de los hombres y las mujeres de nuestro país pidiendo a los ciudadanos (sean parlamentarios o no) que hagan constantes equilibrios sintácticos, morfológicos y léxicos para evitar opciones lingüísticas que pertenecen a su forma natural de expresarse", advierten.

"Forzando de manera artificial" la gramática y el léxico no se ayuda en nada a la igualdad entre hombres y mujeres, dicen.

Además, la normativa sería insultante con quienes no retuerzan así el idioma, al considerarlos sexistas (es decir, considerar sexistas a todos los hispanohablantes que hablan correctamente).

"El documento de la Mesa del Congreso da a entender, desde su mismo título (Recomendaciones para un uso no sexista del lenguaje en la Administración parlamentaria) que los hablantes que no aplican los recursos allí expuestos se expresan en un lenguaje sexista", apunta la RAE.

"Sería, pues, sexista, el lenguaje cotidiano de la mayor parte de los millones de hispanohablantes de todo el mundo, incluyendo el de los propios parlamentarios españoles cuando no hablan desde la tribuna o no redactan proyectos legislativos", añade la RAE.

También serían sexistas, según esta ideología, "el lenguaje de la literatura, el ensayo, la ciencia, el cine, el periodismo, la legislación y tantos otros ámbitos (no necesariamente coloquiales ni informales) en los que los textos escritos en español no se suelen redactar aplicando los recursos que la Administración recomienda".

En vez de pedir a los diputados que hablen raro, y den mal ejemplo al resto de los hablantes, los académicos proponen que los diputados se dediquen más bien a preparar "medidas legislativas que conduzcan a la equiparación de derechos, mejorando la educación que nuestros jóvenes reciben en la escuela".

En Francia hace ya unos años (desde 2017) que los políticos y administraciones bloquearon el uso del llamado lenguaje "inclusivo" o "de género" en ámbitos oficiales.

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viernes, 21 de octubre de 2022

La cultura «woke» busca «reeducar» Occidente

A quien ve como «contrarrevolucionarios que liquidar» Mathieu Bock-Côté advierte de la fuerza que arrastra ya la «cultura de la cancelación»


Estatua de San Junípero Serra derribada en Los Ángeles / Los Angeles Times


L.M.A.

        21.10.2022.- Madrid.- La “cultura de la cancelación”, conocida también como la “cultura del woke” es una rama  pujante de la corrección política que se está imponiendo con fuerza en Occidente, primero en Estados Unidos y ya presente en muchos otros países.

Estatuas derribadas, libros proscritos, obras de teatro suspendidas, personajes demonizados y sobre todo una historia malinterpretada y leída desde una óptica ideológica de izquierda radical son la base en la que se sustenta esta corriente nacida en campus universitarios de EEUU bajo una aparente rebelión contra la “opresión” el “odio”, el “racismo” o la “discriminación”.

Pero en el fondo la “cultura woke” se traduce en una sumisión acrítica ante la corrección política mediante una culpabilización de los grandes personajes y momentos de la civilización occidental de base cristiana.

Esto lleva a sus ideólogos a querer imponer que una persona blanca no pueda traducir la obra de una poetisa de raza negra  o que se fomente la persecución furibunda contra un personaje que ayudó a miles de nativos americanos como San Junípero Serra, a quien acusan de “racista” y "esclavista".

Sobre este asunto habla Mathieu Bock-Côte, sociólogo canadiense que acaba de publicar un libro sobre este asunto, La Révolution Racialiste. Y precisamente la cuestión racial es la que se ha utilizado para abrir el camino del “woke”.

Mathieu Bock-Côté se ha atrevido a escribir un libro sobre la cultura woke

En una entrevista con Famille Chretienne, Bock-Côté define esta nueva ideología como una “forma de antirracismo pervertido que empuja a definir las sociedades occidentales y el conjunto de las relaciones sociales que las estructuran según el criterio racial. Todo se divide entre una mayoría ‘blanca’, por un lado, y minorías ‘racializadas’, por el otro. El primero sería dominante, los segundos dominados. Los blancos deben hacer penitencia y son racistas sólo por el color de su piel, y las personas racializadas son la nueva categoría mesiánica”.

Y lo que empezó como una cuestión racial se ha trasladado ya a la ideología de género e incluso al cuestionamiento de la civilización occidental de base cristiana. En su opinión, se trata “de una corrección política radicalizada, presentándose como hipersensible a las demandas de aquellos que dicen hablar en nombre de las minorías. Quien no sea ‘woke’ es considerado un insensible, se la acusa de falta de empatía”.

En cuanto a la “cultura de la cancelación, este sociólogo asegura que es el “método fuerte del wokismo que pretende desterrar del espacio público a quienes de una u otra forma se oponen a las reivindicaciones de esta supuesta diversidad”.

“Si no te sometes a la teoría del racismo sistémico es una prueba de que eres cómplice del orden racista, ya que te niegas a nombrarlo y a participar en su desmantelamiento, y por tanto estás participando en la consolidación del orden racista”, comenta Bock-Côté sobre una ideología que ha tenido gran acogida en el mundo del entretenimiento, los medios de comunicación y también ya en la política.

Por tanto, el objetivo de los defensores de la ideología “woke” es “reeducar por completo a la población, deconstruir sus prejuicios y sus sesgos implícitos”. Y los pueblos occidentales son ahora tratados –añade el sociólogo- como categorías contrarrevolucionarias que liquidar, como en otros tiempos fueron los vendeanos”.

Para Bock-Côté hay un claro vínculo entre la ideología de género y este pensamiento racial: “Si somos capaces de convencer a una población de que el hombre y la mujer no existen, entonces todo es posible, todo se puede decir: es como si llegáramos a decir que lo real es totalmente manipulable, que puede disolverse en cualquier ortodoxia ideológica. 

Estamos llegando a una forma de gran inversión ideológica: lo masculino y femenino se convierten en categorías ideológicas reaccionarias, y la fluidez del género se convierte en la nueva base antropológica de la identidad sexual. Así, la sociedad se convierte en un campo de reeducación ideológica”.

Churchill ha sido una de las víctimas de la cultura woke, cuya estatua ha sido vandalizada

Por otro lado, el autor canadiense denuncia el carácter cuasi religioso que se está dando a esta cultura de la cancelación: “sueñan denunciando los ‘privilegiados’ ontológicos de las sociedades occidentales y también con liberarse del mal renaciendo en el mundo como aliados de las minorías para acompañarlos en el camino de la emancipación”.

Igualmente, Bock-Côté denuncia la intolerancia del wokismo, donde “el adversario se presenta como el enemigo de la humanidad. Es un xenófobo, un racista, un odiador. Debemos levantar una cruzada contra él. Cabe precisar que esta ideología ya no se limita a la universidad sino que se despliega en los medios de comunicación, e incluso, y quizás sobre todo, en las grandes empresas que se transforman en talleres de reeducación ideológica como vimos con Coca Cola, donde se impuso la capacitación a los empleados para aprender a ser ‘menos blancos’”.

En un artículo en La Nef que recogía Religión en Libertad, este sociólogo advertía que “la ola Woke parece llevárselo todo por delante. Pero es imprescindible plantear una firme resistencia. Y no se podrá hacer mientras no se logre desvelar su estrategia de manipulación del lenguaje, que nos introduce en un mundo paralelo, un mundo lleno de definiciones alternativas, que trunca la relación con lo real y nos obliga a ir evolucionando según los dictados de ideólogos acusadores que consideran que quienes les plantan cara merecen el destierro social: con razón se habla de cultura de la cancelación”.

Y concluía asegurando que “esto implica también que no hay que contentarse con oponer a la ideología Woke una simple referencia al sentido común. Ante este impulso ideológico violento que ejerce una especie de hechizo sobre las nuevas generaciones (quienes a menudo no conocen otro lenguaje que ése y se socializan íntegramente a través de las redes sociales, donde lo Woke es dominante), es preciso volver a los principios fundamentales sobre los que se apoya la civilización que quiere aniquilar”.