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lunes, 5 de agosto de 2024

RETORNO A EL ESCORIAL XVI.- De animales de la selva y domésticos. Horacio Quiroga, Saint Exupéry, Luis Chamizo. La pérdida de Pisuka


Aligator del Mississipi (Foto Wikipedia)

Julia Sáez-Angulo

5/8/24 .- El Escorial .- Lo bueno de una biblioteca a la “sans façon” ni orden, que hay en mi casa escurialense, es que se encuentran joyas o sorpresas librescas, que una entresaca de los anaqueles y se pone a ojear, hojear o leer. Ha sido el caso del libro “Anaconda y otros cuentos de la selva” (2003), del escritor uruguayo Horacio Quiroga (1878 ´1937), una edición juvenil ilustrada por Ángel Domínguez. En los cuentos aparecen loros pelados, flamencos extraños, cachorros de coatí y cachorros de hombre, abejas haraganas o anacondas. Una delicia, con el particular vocabulario de la América hispana.

        Por otro lado, el poeta Carlos Penelas me envió, por su parte, el cuento "El escuerzo", de Leopoldo Lugones, la historia de un sapo que resucita si no se le quema, se hincha y se venga de quien lo mató.

Y como las casualidades son causalidades. En el almuerzo con mis sobrinos, sus niños y Eleanora, la aupair americana, esta última habló de un aligátor que vivía no lejos de su jardín. Este cocodrilo americano, más bien lagarto o caimán, despertó el interés de todos y nos pasamos el portátil para ver las semejanzas y diferencias entre unos y otros reptiles mencionados. Cocodrilo en Venezuela y Colombia. 

    Yo recordé más tarde la película con el nombre de “Alligator” (1980), titulada en España “La bestia bajo el asfalto” y en México “Terror bajo la ciudad”. Dirigida por Lewis Teague.  Cine fantástico, en el que un cocodrilo gigante ataca Chicago. Todo comienza cuando un bebé cocodrilo penetra en el sistema de cloacas de la ciudad, tras ser arrojado a un inodoro. A lo largo de los siguientes 12 años estuvo creciendo y viviendo en este ambiente, por unas hormonas de crecimiento que arrojaron unos laboratorios.

Los animales dan para muchas historias y algún día recopilaré las mías para un monográfico de bestias salvajes o domésticas. He cuidado tres perros y sé cómo hacerlo, por eso me ocupé durante el mes de agosto, de cuidar en mi casa de El Escorial a la perrita Noia (muchacha en catalán) del pintor José Luis Olea, que se iba a Galicia. Pero como la vida es imprevisible, a mediados de mes me avisan del fallecimiento de una pariente muy querida en París y yo tenía que asistir a su sepelio. El problema de dejar a buen recaudo a la perrita Noia fue una aventura farragosa e inenarrable, por eso no la cuento y la dejo aquí. 

        Con el tiempo conté con un cuadro de Olea sobre "La nacencia" del extremeño Luis Chamizo. Un conmovedor poema en castúo, sobre un parto en el camino, con el borrico al lado. Los animales forman parte de nuestra vida.

    Cuidar a un animal exige responsabilidad y constancia. Domesticarlo, como bien se señala el zorro en “El Principito”, libro de Saint Exupéry, recomienda verse a diario y preparar el corazón para su encuentro. En los montes de El Escorial hay zorros, que bajan a comerse a los cisnes de los estanques cuando los hay. No hay lobos protegidos, la especialidad de mi pariente Felipe Bárcena, conde de Torrecedeira, que va a pronunciar una conferencia sobre los "Escudos heráldicos en casas e iglesias del Concejo de Castropol", en la Fundación Ría del Eo, el viernes 9 de agosto.

    Perder un animal querido es muy doloroso, que se lo digan si no, a la hispanista rumano/española Ioanna Zlotescu, que ha perdido a su gatita Pasuka (gatita en rumano), después de 18 años de convivencia. “Ella me necesitaba y, por ella, yo me molestaba en llevarla al veterinario o ir a buscar su comida. Ahora me he quedado deprimida tras su muerte”, me ha confesado. El amor a los animales es o puede ser tan intenso como a una persona. Somos del mismo reino de la Naturaleza.

    Ioanna acogió a Pasuka, proveniente de un basurero y se apresuró a llevarla al veterinario para que la auscultara. La tuvo en Bucarest los años que fue directora del Instituto Cervantes en aquella bella ciudad. Cuando quiso traer a su gata a España, no pudo, porque le exigían otras vacunas. Se la quedó una amiga suya, hasta que estuvo en regla con la normativa veterinaria española, y se la trajo a su dueña en Madrid. Pasuka ha dado compañía y mucho afecto a Ioanna.

    Las historias de animales son infinitas y de todo tipo. Mi hermana Elisa perdió un día a su perro Chuy en el parque Eva Duarte, y con mucho disgusto y ansiedad se encomendó a san Antonio de Padua, patrón de las cosas perdidas, para encontrarlo. Le ofreció, como es costumbre, una cantidad de dinero para sus pobres, pero Chuy no aparecía. Como a Elisa le dijeron, que San Antonio  era un santo muy pesetero e interesado por sus pobres, fue subiendo la cantidad hasta llegar a doscientas mil pesetas. Una llamada del veterinario habitual lo reconoció al perro, cuando dos almas caritativas se lo llevaron por si lo conocía  puso contentísima a mi hermana. Su marido nunca supo lo que pagó por su reencuentro. Un rescate. “Si lo sabe mi marido, me mata”, me contaba Elisa.

    Hay historias formidables de animales fieles a sus dueños muertos, que los buscan en sus tumbas, como la gata de la escritora francesa Colette, que me contaba la poeta Fina de Calderón, amiga suya. De animales hablan en un momento dado ante el féretro de su amo fallecido, -perro o gato, no recuerdo- que dicen en voz alta: “Dejadme a solas con él” y la gente que lo oye sale despavorida. Historias para todos los gustos.

Texto e ilustración de "El Principito" de Saint Exupéry
"La Nacencia" (poema castúo). Óleo/lienzo de José Luis Olea

domingo, 7 de agosto de 2022

LUIS CHAMIZO (1894-1945), autor del poema "La nacencia" en la fabla extremeña castúo

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"La nacencia
(Cuadro pintado sobre "La nacencia", por José Luis Olea)La 
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LA NACENCIA

I

Bruñó los recios nubarrones pardos
la luz del sol que s´agachó en un cerro,
y las artas cogollas de los árboles
d´un coló de naranjas se tiñeron.

A bocanás el aire nos traía
los ruídos d´alla lejos
y el toque d´oración de las campanas
de l´iglesia del pueblo.

Ibamos dambos juntos, en la burra,
por el camino nuevo,
mi mujé mu malita,
suspirando y gimiendo.


Bandás de gorriatos montesinos
volaban, chirrïando por el cielo,
y volaban pal sol qu´en los canchales
daba relumbres d´espejuelos.

Los grillos y las ranas
cantaban a lo lejos,
y cantaban tamién los colorines
sobre las jaras y los brezos,
y roändo, roändo, de las sierras
llegaba el dolondón de los cencerros.

¡Qué tarde más bonita!
¡Qu´anochecer más güeno!
¡Qué tarde más alegre
si juéramos contentos!...
- No pué ser más- me ijo- vaite, vaite
con la burra pal pueblo,
y güervete de priesa con l´agüela,
la comadre o el méico -.

Y bajó de la burra poco a poco,
s´arrellenó en el suelo,
juntó las manos y miró p´arriba,
pa los bruñíos nubarrones recios.

¡Dirme, dejagla sola,
dejagla yo a ella sola com´un perro,
en metá de la jesa,
una legua del pueblo...
eso no! De la rama
d´arriba d´un guapero,
con sus ojos roendos
nos miraba un mochuelo,
un mochuelo con ojos vedriaos
como los ojos de los muertos...
¡No tengo juerzas pa dejagla sola!
¿pero yo de qué sirvo si me queo?

La burra, que rroía los tomillos
floridos del lindero
carcaba las moscas con el rabo;
y dejaba el careo,
levantaba el jocico, me miraba
y seguía royendo.
¿Qué pensará la burra
si es que tienen las burras pensamiento?

Me juí junt´a mi Juana,
me jinqué de roillas en el suelo,
jice por recordá las oraciones
que m´enseñaron cuando nuevo.
No tenía pacencia
p´hacé memoria de los rezos...
¿Quién podrá socorregla si me voy?
¿Quién va po la comadre si me queo?

Aturdio del tó gorví los ojos
pa los ojos reondos del mochuelo;
y aquellos ojos verdes,
tan grandes, tan abiertos,
qu´otras veces a mí me dieron risa,
hora me daban mieo.
¿Qué mirarán tan fijos
los ojos del mochuelo?

No cantaban las ranas,
los grillos no cantaban a lo lejos,
las bocanás del aire s´aplacaron,
s´asomaron la luna y el lucero,
no llegaba, roändo, de las sierras
el dolondón de los cencerros...
¡Daba tanta quietú mucha congoja!
¡Daba yo no sé qué tanto silencio!

M´arrimé más pa ella;
l´abrasaba el aliento,
le temblaban las manos,
tiritaba su cuerpo...
y a la luz de la luna eran sus ojos
más grandes y más negros.

Yo sentí que los míos chorreaban
lagrimones de fuego.
Uno cayó roändo,
y, prendío d´un pelo,
en metá de su frente
se queó reluciendo.
¡Qué bonita y qué güena!
¿quién pudiera sé méico?

Señó, tú que lo sabes
lo mucho que la quiero.
Tú que sabes qu´estamos bien casaos,
Señó, tú qu´eres güeno;
tú que jaces que broten las simientes
qu´echamos en el suelo;
tú que jaces que granen las espigas,
cuando llega su tiempo;
tú que jaces que paran las ovejas,
sin comadres, ni méicos...
¿por qué, Señó, se va morí mi Juana,
con lo que yo la quiero,
siendo yo tan honrao
y siendo tú tan güeno?...

¡Ay! qué noche más larga
de tanto sufrimiento;
¡qué cosas pasarían
que decilas no pueo!
Jizo Dios un milagro;
¡no podía por menos!

II

Toito lleno de tierra
le levanté del suelo,
le miré mu despacio, mu despacio,
con una miaja de respeto.
Era un hijo, ¡mi hijo!,
hijo dambos, hijo nuestro...
Ella me le pedía
con los brazos abiertos,
¡Qué bonita qu´estaba
llorando y sonriyendo!

Venía clareando;
s´oïan a lo lejos
las risotás de los pastores
y el dolondón de los cencerros.
Besé a la madre y le quité mi hijo;
salí con él corriendo,
y en un regacho d´agua clara
le lavé tó su cuerpo.
Me sentí más honrao,
más cristiano, más güeno,
"bautizando" (*) a mi hijo como el cura
bautiza los muchachos en el pueblo.

Tié que ser campusino,
tié que ser de los nuestros,
que por algo nació baj´una encina
del camino nuevo.

Icen que la nacencia es una cosa
que miran los señores en el pueblo;
pos pa mí que mi hijo
la tié mejor que ellos,
que Dios jizo en presona con mi Juana
de comadre y de méico.

Asina que nació besó la tierra,
que, agraecía, se pegó a su cuerpo;
y jue la mesma luna
quien le pegó aquel beso...
¡Qué saben d´estas cosas
los señores aquellos!

Dos salimos del chozo,
tres golvimos al pueblo.
Jizo Dios un milagro en el camino:
¡no podía por menos!


Más información

"Fortaleza de Montalbán", dibujo por José Luis Olea (1997)

jueves, 2 de febrero de 2017

Damián Retamar ultima el mural homenaje al escritor Luis Chamizo en Extremadura




Damián Retamar barniza el mural homenaje al escritor castúo Luis Chamizo en Extremadura



L.M.A.

     
       02.02.17.- MADRID .- El pintor Damián Retamar ultima los detalles del mural homenaje al escritor extremeño Luis Chamizo (Guareña. Badajoz, 1894 -  Madrid, 1945), que escribió en castúo  algunos poemas tan célebres como "La nacencia".

Más información
https://www.youtube.com/watch?v=4Fh9cwTPgWw




lunes, 15 de abril de 2013

Luis Tejedor, Concierto y Premio Excelencia de Rapsoda





L.M.A.

         El tenor y rapsoda Luis G. Tejedor ha llevado a cabo un concierto en el Taller de Música de Lucho Baigo, con la colaboración de este maestro guitarrista y la soprano Maristela Gruber.  Antonia Barradas hizo la presentación de los temas y ella misma interpretó “La Lirio” de Rafael de León y “La duquesa y el picador” de Jorge Llopis.

Luis González Tejedor (1951) ha recibido recientemente el Premio Excelencia de Rapsoda de la Tertulia Ilustrada de Madrid. Durante su actuación recitó el poema "La nacencia" del escritor extremeño Luis Chamizo, que conmovió y arrancó continuados aplausos.

         Zarzuela, ópera, poemas y humor desfilaron por la actuación de Luis González Tejedor con un público entusiasta al que ganó desde el primer momento.

         Tejedor comenzó por interpretar la melodía “El reloj”, para seguir con tangos del argentino Carlos Gardel y canciones del mexicano Agustín de Lara como Madrid o Granada; Balada del loco de Héctor Piazzola, en una memorable interpretación de actor con solemnes carcajadas incluidas.

La apoteosis llegó en los dúos de ópera y zarzuela interpretados junto a la cantante Maristela Gruber; ambos interpretaron a Paloma y Lamparilla de “El barberillo de Lavapiés" y el de Joaquín y Ascensión de la del “La del manojo de rosas”. Estuvieron magistrales.

Datos biográficos del tenor 
         

Maristela Gruber hizo al comienzo del concierto la siguiente semblanza del tenor:

 “Su nombre: Luis González Tejedor y es Ingeniero Superior de Telecomunicaciones, que ha sido su actividad profesional durante más de treinta años.

         Descubrió algunas características de su voz en 1992 y decidí incorporar a su vida como hobby su desarrollo y perfeccionamiento vocal, por lo que recibió lecciones de técnica de canto de Carmen Pérez Sierra, Sancho Fuentes y, en la Escuela de Música y Danza de Alcobendas,  de Laura Muñoz.

Ha formado parte del Taller de Zarzuela del Distrito Centro de Madrid, del Grupo Lírico Nuevo Siglo y del Grupo Lírico de la Casa de Palencia de Madrid.

Es  miembro fundador del Coro Parroquial de Alar del rey, del Grupo Lírico Alarense (Palencia), del Grupo Lírico “Nuevo Siglo”, del grupo lírico “Viva Madrid”, de la Coral Rubato y del Grupo Lírico Rubato, habiendo dirigido varios de los grupos mencionados desde el año 1998 hasta la actualidad.

En todos los grupos mencionados ha interpretado numerosos papeles como solista, faceta en la que dispone de un amplio repertorio de zarzuela, ópera, canción napolitana, repertorio lírico popular y canción ligera, habiendo realizado numerosos conciertos en solitario.

Su voz, rigurosamente hablando, es de tenor dramático e interpreta, habitualmente, papeles tanto de tenor como de barítono.

Ha organizado, dirigido y actuado en numerosos eventos líricos, entre los que se cuentan decenas de antologías y la representación de las obras “La Tabernera del Puerto”, “El Barberillo de Lavapiés”, “El Bateo” y “Bohemios”. En todas estas obras he interpretado prácticamente todos los papeles masculinos.

Ha participado de forma continua desde el año 93 en las noches líricas que se desarrollaban todos los viernes en el Café Iruña, de Madrid, hasta su cierre en 2008.
         Actualmente, da conciertos en solitario o con otros cantantes desde el año 2006, siendo un habitual, sobretodo, de los centros culturales de Madrid”.