miércoles, 21 de octubre de 2009

David Casado escribe sobre "La Marina Ilustrada"

La Marina Ilustrada
Sueño y Ambición de la España del XVIII
Ediciones Antífona. Colaboración Ministerio de Defensa.
Madrid, 2009 (676 pags.)

Julia Sáez-Angulo


Puede seguirse la historia de España a través de este amplio libro de divulgación universitaria, bien documentado y ameno, donde se pone de manifiesto en una trasversal el peso de un país a través de la Armada o la Marina, clave para la importancia de la monarquía, como bien se ocuparon de decir los grandes marinos a la Corona Española. Cosme Churruca, el marqués de la Ensenada, Jorge Juan, Blas de Lezo –el gran estratega-, Cervera, Malaspina, Alcalá Galiano, Ulloa Tofiño, Campillo... además de Cristóbal Colón, dan cuenta de los prohombres que dio la Marina de España a lo largo de los siglos. El autor, David Casado (Madrid, 1954) ha hecho un gran trabajo de investigación y ha escrito un libro que merece la pena leerse.

La presentación del libro tuvo lugar en el Ateneo de Madrid y en el acto intervinieron entre otros la historiadora Carmen Resino y el almirante Rodríguez y González Aller. La Marina ha ido siempre unida al Imperio y esto se ponía de manifiesto con los países adversarios, Gran Bretaña fundamentalmente. El himno de la Marina española canta: “victoria en Lepanto, muerte en Trafalgar”. La Marina ha sido el cordón umbilical que unía España con los territorios de ultramar denominados provincias, según subrayó la historiadora Resino.

Se recordó que la empresa de América, desde las tres carabelas de Colón, fue castellana, pues el reino de Aragón –unido de manera federal a Castilla- se dedicó a expandirse por el Mediterráneo hasta alcanzar Nápoles. Fue con los Borbones, a la llegada de Felipe V, cuando con los Decretos de nueva planta se unen los dos reinos en un estado unitario a la francesa y es entonces cuando Aragón (incluida Cataluña) se beneficia del comercio con la América hispana.

En 1453 los turcos conquistan Constantinopla y se produce el cierre del comercio con Oriente; fue cuando la Marina busca otra salida “para llegar a Catay sin pasar por el turno”. Llegó la aventura con lo incierto y América se abrió para España hasta el punto de que Felipe II tuvo un imperio en el que no se ponía el sol. La decadencia de la Marina llegó en el XVII, pero en el XVIII emergió con fuerza y prestigio. Las expediciones de los buques para estudiar la flora y la fauna en América son dignas de todo elogio. El viaje político-científico de Malaspina es encomiable.

“Acuérdate España que tú registe el Imperio de los mares”, dice una máxima conocida en la Marina. Sin la Marina no se puede respetar una monarquía, recordaba el marqués de la Ensenada al rey, cuando comenzaron a construirse astilleros frente a los antiguos artesanos de carabelas y navíos.

David Casado recordó que la expulsión de judíos y moriscos dejó a España en una pobreza demográfica notoria, causa de buena parte de nuestra decadencia, en comparación con otras naciones vecinas. La marinería española –al igual que las cercanas- fallaba; con frecuencia había que echar manos de hombre en las cárceles para sostenerla. El velamen requería numerosos hombres no siempre disponibles de manera disciplinada. Se embarcaba lo que se podía y eso fue nuestra perdición.

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