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viernes, 10 de mayo de 2013






¡Que viva México! (y 13) Adiós a Méjico





Por Antonio Ayllón


Aunque parezca mentira sólo encontramos un servicio diario que hiciera el trayecto de San Luis de Potosí a Guanajuato y, además, a las 7 de la mañana. No hubo más remedio, pues, que madrugar de nuevo y, sin desayunar, coger este autobús. Menos mal que era un Primera Plus y que, en el caro precio, estaba incluida una bolsita con "bocata", bebida y galleta. 3 horas después llegamos a la Muy Noble y Leal Ciudad Real de Mina Santa Fe de Guanajuato, Patrimonio de la Humanidad y Capital Cervantina de América, de la que tantas alabanzas y elogios habíamos ya recibido. A la Joya de América, a la "inimitable con maravilloso sabor antiguo", a la encantadora y hermosa ciudad del auge minero, a la de sus inigualables estudiantinas y magnas callejoneadas, al mayor centro productor de plata del mundo a finales del siglo XVIII, a la de "Bellas Artes a todas partes", a la ciudad hermana de Toledo por el trazado de sus calles y callejones así como por su imagen urbana, a la de sus raras y espectaculares calles y avenidas subterráneas, únicas en el mundo... Y así podríamos seguir, varias líneas más, "piropeando" a una de las más importantes ciudades mejicanas. 

De Veracruz al Bajío
como fuerte torbellino
el padre Jarauta vino
lleno de ardor y de brío.
Y Paredes y Doblado,
que admiraban su valor,
diéronle mando y rigor
en la sierra y en el prado.
Pero la suerte inhumana,
envidiando su osadía,
lo coge en "La Gritería"
y lo mata en Valenciana.
Queda su recuerdo grato
y sus hechos como pauta,
ya que fue el padre Jarauta
un patriota en Guanajuato.

Sirva este corrido popular narrando las hazañas de un cura español -Domenico de Jarauta- en la lucha contra los norteamericanos para introducirnos en esta bella ciudad que se ubica al pie de la Sierra de Guanajuato. Parecida en su forma a un pueblito andaluz -sólo que, en vez de tener todas sus casas blancas, están pintadas de todos los posibles colores fuertes y chillones-, a Guanajuato se viene a "callejear" cuesta arriba cuesta abajo, de una plaza a otra, de iglesia a catedral, de parque a jardín, de tienda a museo, y así los días que se quiera admirando siempre el bonito paisaje y el singular paisanaje. Se ven ya bastantes japoneses por aquí, o quizás sean coreanos o chinos "emergentes", jóvenes norteamericanos, muchos mejicanos y bastantes europeos. La impresión que nos llevamos es que aquí está "la movida" en Méjico, en sus limpias calles, en sus bellos edificios restaurados, en su seguridad, en su clase media, en sus estudiantes universitarios, en sus cafés y restaurantes, en su poco tráfico y contaminación -a lo que ayuda su comunicación a base de túneles subterráneos que cruzan el centro histórico por debajo-, en su perfecta señalización de los monumentos, en sus bancos para sentarse por doquier, en sus papeleras y en sus numerosos y gratuitos actos culturales.

Pero como no es oro todo lo que reluce también hay que decir que nos hemos llevado la impresión de que Guanajuato "se lo tiene creído" y que se está "durmiendo en los laureles". Partes del centro histórico están muy descuidadas, hay fachadas que lucen desconchadas, recodos negros que huelen a pis, cableados de electricidad y teléfono que cuelgan por todos lados, edificios vacíos que acumulan escombros, en fin no seguimos, que tengan cuidado y no les quiten las ayudas que reciben de la Unesco.

La plaza más bella en el centro de la ciudad es el triangular Jardín de la Unión, rodeado de restaurantes, tiendas y hoteles, y con magníficos laureles de la India plantados en 1903 por las esposas de los embajadores extranjeros de entonces y cortados, a escuadra y cartabón, en forma de cubo.
El mejor museo que vimos fue el de la Casa de Diego Rivera. Aquí nació en 1886 y vivió los primeros seis años de su niñez. La planta baja alberga muebles y objetos de la época para evocar el ambiente familiar y el de su infancia, y en las plantas superiores se expone una colección de obras suyas, que es una de las más completas del mundo al estar representadas todas las distintas etapas de su trayectoria artística. Su etapa de formación, la cubista, la neoimpresionista, la mejicanista, la neoclásica, etc. están presentes en retratos, paisajes, desnudos, alegorías, bodegones, litografías, acuarelas y bocetos de murales. También hay una magnífica cronología de su vida y obra en el patio de la casa y una copia de su famoso mural "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central" en la planta superior.


También fuimos al Museo Iconográfico de Quijote. La historia de amor entre Guanajuato y Cervantes se remonta a 1953, año en que empiezan a representarse los Entremeses Cervantinos, a lo que siguió el Festival Internacional Cervantino anual desde 1972 y el Coloquio Cervantino Internacional organizado por este museo desde hace 22 años y que es uno de los 3 foros cervantistas más importantes del mundo. Así que se puede decir que en Guanajuato "Don Quijote cabalga por todos los ámbitos". Con más de 900 obras relacionadas con Cervantes y El Quijote, el patrimonio del museo se compone de pinturas al óleo, acrílicos, grabados, esculturas, artesanías, porcelanas... La Capilla Cervantina tiene una trilogía mural quijotesca del pintor Gabriel Flores, y en la Sala de Porcelanas y obras artesanales puede verse la 1ª edición y traducción del Quijote en 1612, que fue probablemente la que leyó Shakespeare. 

Dos museos a los que no fuimos fueron el famoso y "grotesco" de las Momias porque ¡para qué ver más de 100 momias! y el de historia llamado "Alhóndiga de Granaditas" por sentirnos discriminados. Era domingo cuando fuimos y era gratis, pero ¡qué le vamos a hacer! no para extranjeros, que tenían que pagar. Como no estábamos muy interesados, les dijimos pues adiós mientras una pareja mejicana joven ponía "verdes" a los dos guardias de la entrada que no nos dejaron entrar. ¡Qué culpa tendrían ellos!
Aprovechamos para subir a ver el Monumento a El Pípila. Nati en funicular y yo a pie por las callejuelas monte arriba. ¿Adivinan quién llegó primero a la cima? Pues yo, claro. El monumento se erigió en honor de este joven minero, así apodado, que incendió las puertas de entrada del fuerte de la Alhóndiga (alhóndiga significa "almacen" en árabe), en donde se resguardaban las tropas españolas, logrando así que entraran los rebeldes y consiguieran su primera gran victoria en la Guerra de la Independencia mejicana. Las vistas panorámicas de la ciudad desde allí arriba son espectaculares. Se ve todo, hasta las tres minas de las montañas: la redondeada Mina de Rayas, la vertical Mina de Cata con el Templo del Mellado casi en la cima, y el famoso Templo y Mina de la Valenciana, en donde se descubrió en 1558 una de las más ricas vetas de plata y oro del mundo, y que produjo el 20% de la plata que se extrajo en el mundo durante ¡¡250 años!! (la misma veta de 23 km alcanza las tres minas).

Precisamente hacia La Valenciana encaminamos nuestros pasos al día siguiente. La visita a la mina, una estafa. Y el templo, el más hermoso de Guanajuato. La mina: unas simples escaleras. Pagamos 35 pesos cada uno, nos pusieron unos pesados cascos de minero inútiles porque no los necesitas, se nos  "pegó" un guía que era un antiguo minero ya jubilado, bajamos unos 60 metros por las escaleras de un "agujero" y, con explicaciones muy someras, volvimos a subir por la misma escalera. Y eso fue todo en unos 15-20 minutos. Nada que ver con el magnífico recorrido en la Mina El Edén de Zacatecas, en cuyas entrañas pasamos una hora y pico.

Al lado de la boca-agujero de la mina se encuentra el bello Templo de La Valenciana, también conocido como la Iglesia de San Cayetano, construido con los grandes beneficios que produjo la mina en el siglo XVIII. ¡Qué manía la del Conde de Rul, el patriarca de la plata de La Valenciana, de explotar a los mineros y luego, supongo que para congraciarse con Dios, construir una espectacular iglesia churrigueresca! La fachada es imponente y está muy bien preservada, al igual que sus tres extraordinarios retablos dorados del interior (el del altar mayor y los dos laterales). Son éstos unos de los escasos exponentes que se conservan de los "grandes retablos barrocos del siglo XVIII" de los que Méjico estaba lleno y que, en su inmensa mayoría, han desaparecido. ¡Seguro que los villistas, que fundían las campanas de los templos para hacer cañones, vendían también estos retablos para pagar a la soldadesca! Una pena. En fin, destaquemos también en su interior tres enormes cuadros-murales con perspectiva de punto muerto pintados por Luis Monroy en 1885.


En la ciudad nos gustó la Basílica, aunque no tiene ni un solo retablo barroco original, el Templo de San Diego y el de la Compañía de Jesús. El famoso Callejón del Beso estaba lleno de gente y turistas haciéndose fotitos y lo dejamos ir.

También visitamos el "Santuario de Cristo Rey-Oasis del Espíritu" en el Cerro del Cubilete, a unos 40 km de Guanajuato. Lugar de peregrinación de los mejicanos, con una basílica moderna y sobre ella, de pie, la enorme estatua de 20 metros en bronce de Cristo Rey, merece la pena visitarse para ver las extensas panorámicas del valle y sierras circundantes. Se dice que el sitio en el que está ubicada esta montaña es el centro geográfico exacto de Méjico y por eso, dicen que los mejicanos tienen a Jesús en el "corazón de su país". Añadamos que la línea de autocares que te lleva al cerro se denomina "Autobuses Vasallo de Cristo" y que, en otro orden de cosas, las minas de Guanajuato, incluyendo La Valenciana, continúan siendo explotadas por la empresa canadiense "Endeavour Silver".

¿Algo más que decir de los guanajuatenses? Pues sí, su magnífica oferta cultural. Aquí van los actos a los que asistimos en nuestros cinco días de estancia en la ciudad (y todos gratuitos):

Películas:
* The Young Lions (Dmytrik), "La ira de los dioses", en el Ciclo de Films de Guerra programado por el Cine Club de la Univ. (unas 50 películas durante un mes, dos y tres pases diarios)
* La Reyna Infiel (danesa) en el Ciclo de Cine Nominadas al Oscar, en la Capilla Barroca de Museo del Pueblo
* Hable con ella (Almodovar) en el Ciclo Producciones El Deseo, en el Museo Casa Diego Rivera
* La Princesa Mononoke, en el Cine Club infantil de la Casa de la Cultura
Conferencias:
* Cervantes y Shakespeare, por el Dr. Frank Robert Loveland Smith (en perfecto español), en el Museo Iconográfico del Quijote
* Parodia, humor e ironía en "Lolita" de Nabokov, por el Dr. Ignacio Díaz Ruiz (UNAM), en el mismo museo
* Lectura de cuentos de García Marquez, en el Teatro Juarez
Música: 
Magna Callejoneada-Noches de Estudiantina, conmemorando el 50 Aniversario de la Estudiantina de la Univ. de Guanajuato (la 1ª en América) en la Plazuela de San Roque
Hasta vimos una sentida manifestación el 22 de abril por las calles céntricas de la capital cortadas al tráfico y encabezada por una gran pancarta en la que decía: "Un día como hoy en 1937 fueron asesinados 6 valientes mineros que, desafiando a su patrón, fundaron un sindicato minero para proteger los derechos de los trabajadores. Por eso se les recuerda con honor y orgullo". Con jóvenes tocando tambores, marcha fúnebre y mucha gente en la comitiva.

Hay que decir que el "Programa de Eventos Guanajuato abril 2013" que tuvimos en nuestras manos contenía diariamente varios espectáculos de cine, música, literatura, teatro, conferencias, talleres y exposiciones; que los museos, parques y teatros prestan gratuitamente sus instalaciones; y que esto es posible por los más de 20.000 universitarios que tiene la ciudad. En particular, nos sorprendió gratamente ver que la mayoría de los museos tienen una sala con su "home cinema" y que un encargado cualquiera del museo puede ponerlo a funcionar. Tan solo un ejemplo: llegamos al Museo-Casa Diego Rivera para ver el film de Almodóvar a las 17 horas, lo dijimos a la entrada y nos contestaron: "Suban a la segunda planta que ahorita mismo se lo ponen", vimos que el vigilante de la entrada hablaba por un walkie-talkie y, diez segundos después, ya nos estaba esperando arriba otro encargado, que nos puso la película para nosotros solos. Empezado el film vimos que entraba alguna persona más. Todo muy informal y eficaz. 

Hay que destacar también el magnífico programa del MIQ (Museo Iconográfico del Quijote) con los siguientes programas semanales: Lunes de Cine, Martes de Artes, Miércoles de Letras (conferencias de temas literarios o Círculos de Lectura) y Jueves musicales.

De Guanajuato a San Miguel de Allende no hubo necesidad de madrugar. La empresa Flecha Amarilla tiene cuatro autocares diarios y cogimos el de las 11 de la mañana. A la una y pico estábamos ya en el hotel. La ciudad, apacible y algo vetusta, nos recibió con un calor veraniego -y eso que estamos al igual que Guanajuato, a casi 2.000 metros de altitud- y ¡ay! un montón de "gringos viejos" mayores que nosotros, bien visibles en las calles desde el primer momento. El nombre de la ciudad proviene de su fundador, el fraile franciscano Juan de San Miguel, y de Ignacio Allende, caudillo y mártir de la Independencia, ya que fue capturado y ejecutado aquí. Es una ciudad virreinal muy bella, de calles empedradas, mejor cuidada y restaurada que Guanajuato, con una catedral muy hermosa -tiene 3 extrañas torres neogóticas rosas con agujas que la asemejan a una iglesia alemana-, 12 bellos templos, una bonita plaza de armas (El Jardín Principal), otro parque estupendo (el de Benito Juarez) y muy limpia. Es más fácil de recorrer que Guanajuato al ser más llana y, aunque la ciudad se extiende por las laderas de las colinas, su gran casco histórico es casi llano.


Sin embargo, San Miguel tiene dos problemas y, más, viniendo de Guanajuato. El primero es el "contingente norteamericano". De sus 65.000 habitantes, se calcula que más de 10.000 extranjeros, principalmente jubilados estadounidenses, viven o tienen casa aquí, lo que altera considerablemente el paisaje local de esta ciudad y, lo que es peor, tira hacia arriba de los precios hasta hacer de San Miguel la ciudad más cara para vivir en Méjico. ¡Hasta en Cancún pagamos menos de hotel! ¡Y qué propinas dejan los gringos, madre mía!

Me vino a la mente aquello de:
"El Mosquito Americano
ahora acaba de llegar;
Dicen se viene a pasear
A este suelo mexicano."


El segundo problema es el páramo cultural, agudizado viniendo de donde veníamos. Ni un solo museo que mereciera la pena, ni centro cultural, ni una buena librería ni actividad interesante. Todos los actos que se detallan en la revista bilingüe "San Miguel Guía" son "business-oriented". Ahí vimos anunciadas cosas como "Dinner & A Movie" or "Lunch & A Movie for only 240 pesos" en una cafetería-restaurante que llaman Cinema Splendor o películas diarias en el Movie Pocket Theatre por 80 pesos, lo que incluye bebida y ¡horror! palomitas.
Aun así, antes de irnos de San Miguel, asistimos el sábado 27 de abril al Primer Encuentro de Tunas y Estudiantinas celebrado en la Plaza Cívica. De las cuatro tunas que participaron la agrupación que más nos gustó fue la Tuna Tradicional y el espectáculo, en general, fue interesante.
Tampoco hay mucho que ver fuera de San Miguel. Tan solo algunos balnearios y un santuario, el de Atotonilco, y de ambos, "pasamos" a estas alturas del viaje.

Así que, después de estar tres días con los sanmiguelenses, nos fuimos a la última ciudad virreinal de nuestro recorrido: a la Muy Ilustre Ciudad de Santiago de Querétaro, ubicada como muchas otras en el centro de un valle y casi en el centro de Méjico, y que se anuncia con frasecitas como: "Querétaro, ven, vive y siente" o "Suertudo, vives en Querétaro". Además, ir de San Miguel a Querétaro es fácil, hay un autocar cada media hora y se tarda menos de dos horas en llegar.

Querétaro feliz, sí justamente
La Fama Vocinglera te pregona
Joya Preciosa de la Real Corona
Del Monarca más justo y más clemente.

Considerada a veces como el "patito feo" de las ciudadades de la Ruta Virreinal, Querétaro, otra ciudad Patrimonio Mundial de las 27 listadas por la Unesco en Méjico, no desmerece mucho de las demás. Venir aquí, a la cuna de la Independencia de Méjico, es encontrarse con tranquilidad, limpieza y seguridad mientras se descubren, en su gran centro, museos, sitios históricos y hermosas plazas situadas entre calles adoquinadas y bellos edificios civiles y religiosos de los siglos XVI al XVIII.
Así que dimos vueltas y vueltas por el Jardín Zenea, la plaza principal con kiosko y fuente del siglo XIX; por el Jardín Gerrero, que estaba en obras; por el pequeño Jardín de la Corregidora y  por la Plazade Armas, también conocida como Plaza de la Independencia. Todo ello peatonal, como debe ser. 

Más lejos, paseamos por la extensa Alameda Hidalgo; subimos al Cerro de las Campanas, que más que un cerro era un panteón rodeado de zonas verdes donde fusilaron al emperador francés Maximiliano de Habsburgo; y nos acercamos al Mirador para ver el emblemático Acueducto, un icono queretano de 74 arcos construido entre 1726 y 1735 por el Marqués de la Villa del Villar del Águila a petición de la religiosa Sor Marcela por "los grandes males que la escasez y la contaminación del agua provocaban". Aquí, en el cercano Panteón de los Queretanos Ilustres, se lee que a este insigne benefactor se le debe la introducción del agua potable en la ciudad y que el mismo marqués cooperó con 88.287 pesos de su "propio caudal" y dirigió personalmente la "grandiosa obra".


De los templos, el más hermoso que vimos fue el de Santa Rosa de Viterbo, una verdadera joya de la arquitectura barroca con seis grandes retablos dorados laterales enormemente bellos, pero en el que falta, significativamente, el del altar mayor. El porqué lo destruyeron dejando intactos los laterales es, para nosotros, un misterio.

Un misterio que se repite con el Templo del ex-convento de Santa Clara, ubicado más en el centro de la ciudad. "Construido por los indios en 1606 -como se lee en una placa fuera de la iglesia- y habitado por las monjas clarisas desde 1633 hasta su exclaustración en 1864, fue uno de los más importantes y opulentos de la Nueva España". Pues bien, en su interior lucen 6 maravillosos retablos dorados barrocos laterales, "de los más exuberantes de la época, realizados entre 1770 y 1780 por Luis Ramos, Pedro de Rojas y Francisco Martinez", pero el retablo del altar mayor neoclásico, que data de 1845 desentona. ¿Qué habrá sido del bello original? 

Por lo demás, en el Templo de San Francisco no hay nada que destacar, al igual que en la Catedral, la más anodina quizás que hemos visto en Méjico. También nos acercamos al interesante Templo de la Santa Cruz para ver su famosa Cruz de Piedra de 1531 dentro de la iglesia. Allí está escrito que "al pie de esta cruz los frailes cortaban la cabellera a los neoconversos y los bautizaban". En este mismo lugar se libró una batalla hacia 1650 en la que, se dice, los otomíes se rindieron a los españoles "ante la milagrosa aparición de Santiago" y aquí también tuvo su cuartel general el emperador Maximiliano poco antes de que se rindiera y fuera ejecutado. Lo que no vimos fue el famoso "Árbol de la Cruz", que crece en el huerto del convento con "espinas en forma de cruz", dado que el paso al jardín del huerto estaba cerrado y no abrían hasta la tarde, pero ya no volvimos.

En cuanto a museos, nos dimos un paseo por el ecléctico MaQro (Museo de Arte de Querétaro). Dignas salas con pintura europea flamenca del XVI y mejicana del XIX, pintura manierista en Méjico de los siglos XVI y XVII, y arte novohispánico y pintura barroca de los siglos XVII y XVIII. Ya se nos van haciendo familiares grandes pintores de aquí como Miguel Cabrera, Nicolas Correa, Manual Antonio Martinez de Pocasangre y los Baltasar de Echave, Luis Juarez, etc. 


De las 3 exposiciones temporales que había nos pareció muy interesante la Retrospectiva (40 años) del pintor cubano Hernán García, que ya ha expuesto en Madrid. No podemos dejar de mencionar que el museo tiene en su centro un patio barroco con un magnífico claustro, uno de los más bellos de Latinoamérica. "El claustro bajo representa al mundo y a la naturaleza, la fuente en el centro a Cristo -fuente de vida eterna- y el claustro alto a la Iglesia y sus ministros". Todo ello con gran cantidad de elementos iconográficos.

Mencionemos también la buena oferta cultural de Querétaro. Lamentablemente nos íbamos ya pero en la revista "AsomArte. Qué hacer en Querétaro" de este mes de mayo se incluyen varios ciclos de cine: "Triunfadoras de la década" y "Grandes Maestros del Cine", un "Ciclo Documental" con biografías del History Channel 2006, otro sobre "El Imperio de la Ingeniería" y un Cine Fórum de Cine Chicano. Todo ello en el Centro Educativo y Cultural del Estado de Querétaro con, además, conferencias "Sábados de Ciencia para Todos", proyecciones de Conciertos Musicales en dvd y un Cine Club familiar, entre otras actividades.

También, en el Cine Teatro Rosalío Solano está, ahora en mayo, la 54 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional con films destacados en Cannes el año pasado, un Cine Club en Blu-Ray semanal (ciclo: Supremacía de Hitchcock III), Ópera en Blu Ray (un buen ciclo de óperas de Haendel, Verdi, Donizetti y Richard Strauss), Danza, Eventos Especiales... para qué seguir. Se hace realidad eso de "Suertudo, vives en Querétaro" para todos los amantes de la cultura. ¿Es que no podían hacer lo mismo el Thyssen o el Reina Sofia, sin hablar del mastodóntico Prado? Actos culturales semanales sencillos, significativos, sin alharacas y al menor precio posible, como los de Querétaro, sí señor, que no es tan difícil. Y agrupados en un práctico programa mensual (20.000 ejemplares) de 50 páginas. Por si a alguien le interesa: www.asomarte.com editado por la Secretaría de Turismo y el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

Fuera de Querétaro nos dimos una vuelta por el pueblito mágico de Bernal (4.000 habitantes) para ver a su "eterno guardián", La Peña de Bernal, y subir hasta casi su cima. Este enorme "pedrusco", perdón "monolito", el tercero más grande del mundo después del Peñón de Gibraltar y del Pan de Azúcar de Río, se formó en el periodo jurásico, hace 65-80 millones de años, tiene un peso de 2 millones de toneladas, se encuentra a una altura de 2.215 metros y está formado por roca "traquítica y porfiroide". Su formación se debe a una erupción volcánica al formarse la Sierra Madre Oriental y la Occidental, y anuncia el principio de otra sierra: la Sierra Gorda. El vocablo Bernal es de origen vasco y significa "peñasco". Cuenta la leyenda que al aproximarse los conquistadores españoles a esta zona y ver La Peña exclamaron: "Éste es un Bernal como los que existen en el mar y en los valles". Y con Bernal se quedó.

Bueno, pues hasta este peñasco considerado como territorio sagrado desde tiempos prehispánicos, subimos. Hasta el último mirador, a unos 300 metros de su base. Nos encontramos subiendo a muchos mejicanos jóvenes, algún que otro turista extranjero y hasta una "japonesita" que no hacía más que empaparse el sudor de su cara con un pañuelito blanco mientras charlamos con ella unos minutos. Tardamos una hora y media en subir y eso sí, una vez más, las vistas desde arriba de todo el valle eran magníficas.

Otra excursión muy interesante, que no pudimos hacer por falta de tiempo, es ir a la famosa Sierra Gorda y a las Misiones. Está lejos, a 200 km, y, aparte del paisaje de la sierra, tiene el aliciente de ver por allí las Cinco Misiones Franciscanas declaradas Patrimonio Mundial. Son, al parecer, cinco templos de belleza excepcional fundados por Fray Junípero Sierra en el XVIII, magníficas muestras del barroco mestizo mejicano, sin igual en el país, y con fachadas ricamente elaboradas. En fin, para otra ocasión, que ¡ay! ya no volverá.

Dos horas y media después en autobús, ya estábamos en la capital, en la Gran Tenochtitlán, en la que pasamos la última semana de nuestro viaje.

"Este es el lugar de nuestro descanso y de nuestra quietud y grandeza; aquí ha de ser ensalzado nuestro nombre y engrandecida la nación mexicana; ha de ser conocida la fuerza de nuestro poderoso brazo y el ánimo de nuestro valeroso corazón...
Este lugar manda se llame Tenochtitlán para que en él se edifique la ciudad que ha de ser reina y señora de todas las demás de la tierra." 
(Código Durán, siglo XVI)

Pues "reina y señora de todas las demás" no lo sé, pero sí de las más pobladas del universo. ¡Uuy madre mía, otra vez la marea humana de la azteca Tenochtitlán, con sus ruidos ensordecedores y su enorme metro convertido en un bazar donde todo se vende y cuyos vagones entran en las estaciones a "toda leche" y frenan como si fueran el Ferrari de Fernando Alonso! ¡Qué tortura! Lo malo es que, lamentablemente, esta vez iba de últimas:


*** Las últimas "ruinas": Las Pirámides de "Teotihuacán", palabra que en azteca significa "el lugar donde los dioses fueron creados".

"Y toda la gente hizo adoratorios al Sol y a la Luna.
después hicieron muchos adoratorios menores, allí hacían su culto
y allí se establecían los sumos sacerdotes de toda la gente.
Así se decía Teotihuacán,
porque cuando morían los señores, allí los enterraban.
Luego encima de ellos construían pirámides, que aún ahora están."

"Un recuerdo es cada piedra/Que toda historia vale/Cada colina un secreto/De príncipes y galanes." (José Zorrilla)

Recorrer Teotihuacán, la ciudad más importante del Méjico antiguo y uno de sus centros culturales más poderosos, después de ver las maravillas de Palenque, Chichén, Tikal y Copán, decepciona un poco. Es cierto que ésta es la peor época para visitarlas. ¡Tendríamos que haberlo hecho a finales de noviembre, cuando llegamos! Ahora no hay ni una brizna de hierba, ni un maldito árbol donde cobijarse del calor, todo seco, árido (mayo es como agosto en España). Y preparaos a caminar, bajo un sol implacable, porque de la primera a la tercera (y última pirámide) hay 2 kilómetros. Pocos turistas a la vista y, eso sí, un trazado urbano bien articulado por ejes ortogonales y grandes avenidas.

En el bus de ida, con 3 ó 4 cristales cuarteados a balazos -la seguridad aquí es grande por temor a los atracos: nos filmaron al subir y la policía se sube en las paradas intermedias y hasta cachea a ciertos pasajeros- vimos los restos de un terrible accidente en la carretera ocurrido horas antes: un camión cisterna destrozado, varios coches calcinados y muchos muertos y heridos de las casas colindantes, según nos enteramos al día siguiente. Tardamos más de una hora en llegar.

Nada más entrar te das de bruces con el Templo de Quetzalcóatzal (o Pirámide de la Serpiente Emplumada) y con La Ciudadela, el centro de control político-administrativo de la ciudad con una capacidad para albergar, por aquel entonces, a más de 100.000 personas. El problema es que la pirámide está tapada por una plataforma adosada que cubre ¡su fachada principal! Así que no hay más remedio que subir hasta la cima de esta plataforma para poder ver las cabezas de serpientes, jaguares y otras criaturas, las serpientes emplumadas laterales que parecen moverse y otras figuras de conchas y caracoles además de algún que otro monstruo con grandes colmillos y texturas cuadriculadas.
Caminamos después un kilómetro, cruzamos el río San  Juan que más que río era una cloaca por el olor que despedía, nos metimos a refrescarnos en el magnífico Museo del Sitio (la conserje nos despidió con un ¡Que tengan bonita tarde!), compramos dos obsidianas con figuras del Dios Sol y la Diosa Luna a un vendedor ambulante que había por allí (¡Amigo -nos dijo- más barato que en el Corte Inglés!) y nos dispusimos a subir a la enorme Pirámide del Sol.

"Y dicen que después de esto
los dioses se hincaron de rodillas
a esperar a donde salía
Nanahuatzin hecho Sol." 

La tercera más grande del mundo, después de las de Keops y Cholula: 224 metros de base, 64 m de altura, construida en 4 grandes cuerpos arquitectónicos en el 100 dC y explorada entre 1905 y 1907. Después de subir los 248 escalones (sí, están contados) agarrándonos a las cómodas cuerdas plastificadas del centro, las vistas panorámicas en 360º desde la misma cima de toda la antigua Teotihuacán eran, ¿cómo eran?. Pues naturalmente "su-per-es-pec-ta-cu-la-res".

Sólo quedaba (serían ya las tres de la tarde) dirigirnos hacia la Plaza de la Luna y subir ¡sí, también subimos! hasta la mitad de la Pirámide de la Luna, en el extremo norte de la ciudad. Más arriba no te dejan subir, pero es suficiente para impresionarte con los 2 kilómetros de edificaciones de la Calzada de los Muertos justo delante de ti, con los montículos piramidales sin restaurar a la vista y con las montañas circundantes del Valle de Méjico a tu alrededor. 

*** Los últimos museos: El Nacional de Historia en el fantástico Castillo de Chapultepec
Buenas salas temáticas (desde la sala I: Dos continentes aislados hasta la sala VI: El siglo XX, pasando por El Reino de la Nueva España, la Guerra de la Independencia, La Joven Nación y Hacia la Modernidad) y magníficos murales: el enorme de Siqueiros, en 8 paredes y 419 m2, sobre la Revolución Mejicana ("sus diferentes puntos de fuga en la composición crean perspectivas audaces y formas envolventes de gran movilidad": sí señor, es verdad), otros de Orozco sobre la Reforma y la Caída del Imperio y otros de Juan O'Gorman sobre la Independencia y el Sufragio Electivo-No Reelección.

Y el pequeño y gracioso Museo del Estanquillo dedicado al "ínclito, perínclito y archiperínclito" Don José Guadalupe Posada, al gran genio de la estampa, al Picasso del grabado.
He aquí otra de las coplillas-calaveras, que no tiene desperdicio:

"Es calavera el inglés,
Calavera el italiano,
Calavera el francés,
Lo mismo Maximiliano.
El Pontífice romano
Y todos los cardenales,
Reyes, duques, concejales
Y el jefe de la nación
En la tumba son iguales
Calaveras del montón."

*** La última excursión: A Tepotzotlán, a ver "el conjunto de retablos más importante y completo del barroco novohispánico en Méjico (siglo XVIII)"


Desde la terminal de autobuses de El Rosario tardamos una hora en llegar. Iglesia, museo y monasterio adjunto por sólo 55 pesos "que valen su peso en oro". La fachada y torre de la Iglesia de San Francisco Javier son muy bellas. Y el Museo Nacional del Virreinato es magnífico con buenos cuadros cronológicos y explicaciones. Vimos muchos cuadros, 22 óleos sobre tela pintados por Cristobal de Villalpando con escenas de la vida de San Ignacio, dos claustros, el patio de cocinas, el patio de naranjos y la huerta en la planta baja, dos buena exposiciones temporales sobre "Artes y Oficios en la Nueva España" y "Monjas coronadas", colecciones de esculturas, gráficos, libros y... dos joyas para terminar:

-- Siete enormes y bellísimos retablos dorados que cubren el interior del templo (4 laterales y 3 en el presbiterio) diseñados (y pintadas las bóvedas y el crucero) por Miguel Cabrera y tallados por el escultor/dorador Higinio de Chávez. ¡Dios bendito, qué hermosura! La riqueza iconográfica de los retablos es extraordinaria. Debe haber mucho en internet porque, en la tienda del museo, no pudimos comprar ni una sola postal de estos retablos. ¡No había ni una! No las ocultarán, ¿verdad?
-- Y la hermosa Capilla Doméstica de Loreto o Capilla de Novicios, otra maravilla, más pequeña con un altar mayor dorado churrigueresco lleno de santos, ángeles, plantas, personas de refinado estilo y un Camarín de la Virgen similar.
Todo ello visto por, no sé, tan sólo seis o siete turistas durante las dos horas que estuvimos allí, y todos mejicanos. Ni un solo extranjero.

*** El último centro histórico. El de  la "Ciudad de los Palacios" como era conocida la Muy Noble, Leal y Gran Ciudad de Méjico. Últimos paseos por el esplendor colonial de San Angel, por los viveros de Coyoacán, por la Plaza Santa Catarina, por el Jardín del Centenario, por la birriosa Casa de Cortés (¡no me extraña que se fuera de aquí a Cuernavaca!) convertida ahora en ayuntamiento local, por el magnífico interior de la Parroquia de San Juan Bautista (una gran iglesia de ¡una sola nave! y con hermosos retablos barrocos dorados), por el Palacio Nacional a ver los murales de Diego Rivera, por el europeo Paseo de la Reforma, por el Monumento a la Independencia, por la Alameda Central, por la peatonal Madero todos los días... para qué seguir.

*** El último espectáculo: Un magnífico "72 Migrantes", dramaturgia con tan solo cuatro actores de la Compañía de la Escuela Nacional de Arte Teatral, en el Centro Cultural de España.

*** Y los últimos adioses: A Ana y Sebastián por su ayuda y compañía, a José Antonio por su amabilidad, entereza vital y franca conversación, a Jordi y a Alex por sus ausencias-presencias, a Aleyda Rojo por regalarme su libro, ¡aadios a todos!

Terminemos con un resumen de lo más destacado de nuestro viaje:

* Lo más majestuoso: Las Barrancas del Cobre desde los miradores de Divisadero y del Parque Barrancas del Cobre
* Lo más insólito: Las ruinas del Templo San Juan Parangaricutiro rodeadas de montañas de lava
* Los mejores restos arqueológicos: Palenque, Chichén, Tikal, Copán y Teotihuacán (por este orden)
* Las ciudades coloniales más bonitas: Puebla, Campeche, Antigua, San Cristóbal, Zacatecas, Guanajuato
* Tres ciudades para quedarse a vivir: Puebla, Aguascalientes y Guanajuato
* La mejor oferta cultural: la de Guanajuato
* Una magnífica tuna: La Estudiantina de la Univ. de Guanajuato (50 años y tres generaciones tocando y cantando juntas)
* Una hermosa iglesia perfectamente restaurada: Santo Domingo en Oaxaca
* Otra hermosa iglesia: El Templo de Santa Prisca en Taxco
* La más bella fachada: la catedral de Zacatecas
* Otra hermosa fachada: la de la catedral de Morelia
* Otra más: la plateresca del Templo de Santo Domingo en San Cristóbal de las Casas
* Dos iglesias "singulares": Santo Tomás en Chichicastenango (Guatemala) y el Templo de San Juan en Chamula
* El conjunto "retablístico" más importante y completo del barroco novohispano: en la Iglesia de San Francisco Javier en Tepotzotlán
* Una bella capilla barroca llena de oro y con una "orquesta celestial": Capilla del Rosario en el templo de Sto. Domingo (Puebla) 
* Un templo: la Basílica de Guadalupe en la ciudad de Méjico
* Una isla: Inolvidable Holbox con sus kilómetros y kilómetros de playas desiertas
* Un lago: el más bello del mundo, el Atitlán
* Una subida a un volcán: al Pacaya (Nati a caballo)
* Otra subida todavía más impresionante: al Paricutín (a caballo y andando) y el recorrido de una hora por los bordes de su inmenso cráter
* La bajada más espeluznante (de esas que te juegas la vida): De Bahuichivo a Urique, de 1.500 a 500 metros
* Una magnífica subida: Las 3 horas de ida y otras 2 de vuelta a El Quemado, la montaña sagrada de los Huicholes
* Las mejores grutas: las enormes de Cacahuamilpa, a una hora de Taxco
* Una bahía esplendorosa: la de Acapulco
* Un bello rompimiento de olas: la "Mexican Pipeline" en la playa Zicatela de Puerto Escondido
* Un pueblito mágico y fantasma: Real de Catorce (1.000 habitantes)
* Un árbol monstruoso: el Ahuehuete de Santa María de Tule (2.000 años de edad y 636 toneladas de peso)
* Un enorme monolito: La Peña de Bernal (2 millones de toneladas)
* Un mirador esplendoroso: el Cerro del Gallego (cerca de Cerocahui)
* Un aquelarre tarahumara: Viernes Santo noche en Uapalai
* Un recorrido en lancha: de Río Dulce a Livingstone
* Otro: el imponente Cañón del Sumidero
* La mejor mina: Mina El Edén en Zacatecas (unos 500 metros en tren hasta el interior y unos 500 metros de recorrido posterior)
* Los mosquitos más "hijos de p.": los de El Fuerte, que sólo pican cuando es de día
* ¿Dónde ver 5.000 hermosos flamencos rosados a escasos metros de una lancha?: en la ría de Celestún a mediados de diciembre, a 200 pesos por pasajero (Celestún es "zona primaria" de cortejo del flamenco rosado durante otoño-invierno)
* El "tour" más largo: 12 horas desde San Cristóbal de las Casas (grutas, lagos de Montebello y cascadas)
* Otro tour aún más largo: unas 15 horas de 6 de la mañana a 9 de la noche: Yaxchilán y Bonampak, con avería de furgoneta incluida
* El viaje más surrealista: De Fresnillo a Zacatecas, solos en el autocar con el revisor (que iba durmiendo) y el conductor. Todos los demás pasajeros que venían con nosotros se bajaron en Fresnillo y nos dejaron solos.
* Ciudades en las que nos hemos helado por las noches (en febrero): San Cristóbal de las Casas, Oaxaca y Posada Barrancas
* Una frustración: No haber podido hacer la excursión a los Pueblos Mancomunados desde Oaxaca, "mucha altura y mucho frío"
* Otra: No poder ir a la Baja California por falta de tiempo
* Otra más: No poder subir a la Sierra Gorda y ver las 5 Misiones Franciscanas (Jalpan & Cía), también por falta de tiempo
* Algo inesperado: las dos noches "compartidas con una familia mejicana" en el Hotel Papagayo (3.000 pesos, dos noches) en Playa del Carmen en fin de año
* Una pesadilla: los dos días con fiebre en Río Dulce debido a una insolación
* Algo que habría que importar a España: no permitir la "ingesta" (como dicen por aquí) de alcohol en la vía pública
* Un dicho mejicano: "Agua de las verdes matas, tú me tumbas, tú me matas, y me haces andar a gatas"
* Un ripio: Acostúmbrate a morir, antes que la muerte llegue, porque muerto sólo vive, el que estando vivo muere" (en la Catedral de Morelia)


* Frasecitas mejicanas:
 "Nota: Este restaurante cuenta con baños pero no son públicos. Evíteme la pena de negarle el servicio." (en el restaurante    El Tragadero en Morelia)
 "Haga feliz, haga contento, pero orine dentro" (en un wc de hombres en Creel)
 "Un carro se puede reemplazar, una vida no. ¡Baja la velocidad!" (en Urique)
 "Esto es Centro Histórico. Prohibido orinar aquí." Gracias. (en Xela)
 "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido" (en una tienda en Panajachel)
 "Su libertad de fumar termina donde empieza mi libertad de respirar" (en Valladolid)
 "Feliz Año Nuevo y un Mundo Nuevo" (no recuerdo dónde)
 "Este hogar es católico. No aceptamos propaganda protestante ni de otras sectas. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de   Guadalupe, Madre de Dios! (en Valladolid)
 "¿Son españoles? ¡Arriba España, amigos! (alguien nos saludó así en Xela)
 "Se prohibe hacer sus necesidades biológicas en este lugar. Atte. Honorable Ayuntamiento" (en Chiapas)

 " Santa María del Camino, llévanos sanos y salvos, a nuestro Destino" (en una terminal de autobuses)
* Un letrerito (en un coche en Guatemala): "Mi Dios es 100% Real". Y el escudo del Real Madrid debajo bien grande

* Otro: "Dios en adelante, ¡y yo en mi volante! (en una camioneta)

* La solución de Méjico para tener menos accidentes de tráfico: los famosos "vibradores", también llamados topes o túmulos. La carretera se llena de ellos en cuanto se pasa por un pueblito, una escuela o una curva peligrosa, y no hay más remedio que parar casi el coche o autobús y pegar un buen saltito.

* Unos "segunda clase" singulares: los "chicken buses" en Guatemala. Son autobuses escolares norteamericanos (esos amarillos que todos hemos visto en las películas) de segunda o tercera mano que se compran, redecoran y "tunean", y se usan para trasladar personas y mercancías mientras echan chorros de guarrería negruzca por el tubo de escape

* Algunos nombres de ranchos (yendo de Valladolid a Cancún): Rancho Aquí Estoy... Aquí me Quedo, Rancho La Derrota Total, Rancho El Divino Redentor, Rancho Que Dios te Bendiga

* La frase más socorrida (la que nos han dicho siempre después de pagar): ¡Muchas gracias, que les vaya bien!

* Lo mejor de Méjico: la amabilidad de sus habitantes (¡Cuanto más humildes, más amables!). Nunca hemos visto caras largas ni malas "pullas"en nadie

* Lo peor de Méjico (1): la enorme cantidad de basura que hay en el campo y a ambos lados de las carreteras y caminos. A pesar de las "Campañas de Limpieza. Únete", el campo mejicano se asemeja a un estercolero

* Lo peor de Méjico (2): La obesidad, los refrescos y la mala dieta (la Coca Cola y la Pepsi están presentes hasta en el más diminuto ejido o poblado indígena)

* Lo peor de Méjico (3): La desigualdad social, un mal que no mengua. Por un lado, el país de los 11 billonarios, por el otro, 52 millones en pobreza extrema. Una persona muere de hambre cada hora según la revista "Hojas Políticas" de abril de 2013.

* Lo peor de Méjico (4): La violencia vinculada con el crimen organizado. Se estima que desde 2006 los cárteles mejicanos son responsables de la muerte de más de 25.000 personas. Un total de 914 personas fueron asesinadas en febrero de 2013 en Méjico, en diciembre de 2012 la cantidad de asesinatos fue de 1.139 y en enero 2013 de 1.104. El actual presidente ha fijado la disminución de la violencia criminal como uno de sus objetivos prioritarios (datos de "El Sol del Centro, el 13 de abril de 2013)

* Un enigma mejicano: "Compro Acciones de TelMex"
Este anuncio visto muchas veces por todo Méjico es enigmático ¿Qué pasa con las acciones de Teléfonos de Méjico? ¿Es que no cotizan en Bolsa o las tiene todas Carlos Slim?

* La frase del viaje (muy simple pero aquí está): "Todos somos viajeros. Desde el nacimiento hasta la muerte viajamos hasta la eternidad. Que estos días sean amenos para usted, de utilidad para la sociedad, de ayuda para aquéllos a quienes usted conozca y de alegría para aquéllos que lo conocen y aman." (Un mensaje del Hotel La Casona en Ocosingo, Chiapas)

* Otra frase del viaje: En un Gobierno corrupto, el dinero es insuficiente, las obras malas y caras y los pretextos abundantes (en una óptica de Campeche)

* Un chiste mejicano (que nos contó un guía maya en Valladolid al hacer el "tour de la ciudad: primero en español y después lo repitió en inglés): Una señora priista de toda la vida compra un loro en un mercado y, cual no será su sorpresa, cuando se da cuenta que, ya en su casa, el loro sólo sabe decir: ¡QuemueraPeñaNieto, quemueraPeñaNieto!. Llama a su amiga y le dice: ¿Qué hago? Y su amiga le dice: Ah no, a ese loro hay que reeducarlo, llévalo a la iglesia porque allí los curas tienen uno que ése sí es muy educado. Pasa una semana y la señora priista llama a la iglesia y pregunta ¿qué tal va mi loro? Y el cura enfadado le contesta:¡Muy mal, muy mal, mucho peor! Pues, ¿qué pasó? Y el cura le dice: Imagínese, en cuanto su loro dice ¡QuemueraPeñaNieto!, el nuestro le contesta: "¡Amén, amén, así sea!"
Nota: Un priista es un partidario del PRI, el partido que ganó las elecciones en 2012 y que lidera Peña Nieto.
 
Y lo último de lo último (que lo hago mío):
¡Oh, mi público lector!
A quien yo quiero de veras,
¡Ahí van de mi caletre
Un montón de calaveras 
(del museo de Guadalupe Posada)


miércoles, 27 de febrero de 2013

¡Que viva México! (7) En Chiapas (majestuos​o Palenque)



Antonio Ayllón y Natacha de Mingo

          Salimos de Xela a las 8 de la mañana hacia San Cristóbal de las Casas en una furgoneta de diez plazas. Habíamos comprado el billete en Adrenalina Tours el día anterior a un buen precio aunque, eso sí, tuvimos que cambiar de furgoneta en Cuatro Caminos, donde esperaba otra con más pasajeros, y en la frontera. Hacia las 12 del mediodía llegamos a La Mesilla, el puesto fronterizo guatemalteco que está en las afueras de este pueblo. Pasamos inmigración y allí nos esperaba la tercera furgoneta que nos llevaría, cuatro kilómetros más adelante, hasta Ciudad Cuauhtémoc, donde se encuentra el puesto mejicano. Rellenamos de nuevo la "Forma Migratoria Múltiple de los Estados Unidos Mexicanos", que muy amablemente había pedido para nosotros el chófer, la entregamos al oficial correspondiente, nos selló el pasaporte, y nos metimos otra vez en la furgoneta.

Cual no sería nuestra sorpresa cuando comprobamos la ausencia de un viajero que había venido con nosotros desde Xela. Se trataba de un joven cubano que venía a visitar a su novia en San Cristóbal y que trabajaba con la Agencia Española de Cooperación en Guatemala haciendo ilustraciones para la gente indígena que no sabe leer. Al parecer no tenía el necesario visado de entrada a Méjico y no le dejaron pasar, por lo que tuvo que abandonar la furgoneta. Tampoco lo detuvieron, afortunadamente, porque ¡oh, sorpresa! al día siguiente nos lo encontramos cuando paseábamos tranquilamente por las calles de "SanCris". ¿Qué pasó?, le pregunté mientras él abrazaba efusivamente a Nati. "Pues nada, me di media vuelta y me subí al primer bus que iba a Comitán", me respondió. Comitán es la siguiente ciudad en territorio mejicano después de Cuauhtémoc. Al parecer y, a pesar de los numerosos controles militares en la carretera, nadie le pidió el pasaporte, a diferencia de nuestras amigas, las cooperantes españolas Bea y Agur, que, viajando de noche y casi por el mismo camino, las inspeccionaron, equipaje incluido y a horas intempestivas de la noche, buscando me imagino drogas o ilegales. Y es que esta frontera es un paso frecuente de los "espaldas mojadas" que van camino de EE UU.

Ah, y no tuvimos que pagar nada ni al salir de Guatemala ni al entrar en Méjico. ¡Misterios de Inmigración!

Comentando con una señora alemana que venía con nosotros lo raro que resultaban estos 4 kilómetros en "tierra de nadie" entre ambos puestos fronterizos, nos dijo, en casi perfecto español, que a ella le habían pasado cosas más extrañas todavía y nos contó que, unos 40 años antes, pasando de Venezuela a Colombia le habían robado todo lo que llevaba entre ambas fronteras. Salió de una, le dijeron que por allí se iba a la otra, se presentaron los ladrones entretanto y "la limpiaron". ¿Y qué hizo usted entonces?, preguntamos con cara de sorpresa. "Nada, fui al puesto fronterizo colombiano, les dije lo que me había pasado y me dejaron entrar sin pasaporte y sin nada", contestó.
Bueno, cuatro horas después llegamos a San Cristóbal, buscamos un hostal y nos fuimos a comer.

Encontrarse tan lejos y tan cerca del cielo,
sentir el aire frío en el rostro nombrando la infinitud y la transparencia del aire,
es tan solo una señal: después la vista se inunda de color y el cuerpo se niega a partir;
se sabe entonces que se camina por San Cristóbal de las Casas.
El color de la tierra se funde con el color de sus casas, textiles y frutas,
y la vista se pierde en las calles, eco de pasos antiguos y sueños presentes.

Estar en San Cristóbal es sentirse cobijado por el Cielo.
Nada será mejor que caminar la ciudad, imaginar nuevas transformaciones,
experimentar el sosiego y la concurrencia de sus plazas, la belleza del andador,
la gratificación frente a su imagen urbana, la reproducción de ella a iniciativa propia
en barrios y colonias, el renovado orgullo de su gente.
Es un Pueblo Mágico y su magia emerge de sí mismo, eso lo percibimos todos.

Así recibe al visitante San Cristóbal de las Casas, otra bella ciudad colonial mejicana en el corazón de los Altos de Chiapas. Fundada en 1528 por el español Diego de Mazariegos, está situada en el centro del estado y lleva el nombre del famoso monje dominico Bartolomé de las Casas, el mayor defensor hispano de los indios de aquellos tiempos. Así se lee en el templete de la hermosa plaza de la ciudad:
"Fray Bartolomé de las Casas,
defensor de los indios,
primer obispo de esta diócesis,
que llegó a Chiapas e hizo su entrada en esta ciudad
el 12 de marzo de 1545"

San Cristóbal se hizo famosa a nivel internacional el 1 de enero de 1994 cuando los rebeldes zapatistas se apoderaron de la ciudad, y de otras en Chiapas, y lanzaron su famosa revolución. Mucho ha llovido desde entonces, y poco parecen haber mejorado las condiciones del millón y pico de indígenas de estas tierras a pesar de las promesas de los distintos Gobiernos mejicanos desde entonces. O quizás sí, porque hemos visto en Chiapas mucha obra pública de esa que tanto le gusta a los políticos, como polideportivos y entradas asfaltadas a los pueblos. Pero lo que sí podemos corroborar es la atracción, cada vez mayor, que Chiapas ejerce sobre los turistas y, en particular, San Cristóbal, que está lleno de ellos, y eso que ahora es temporada baja.

En "SanCris", pues, nos pateamos la ciudad de arriba abajo. Gran parte del centro es peatonal y muy agradable para caminar. Seguimos a 2.200 m. de altitud, casi igual que Xela, pero ¡qué diferencia! Aquí casi no te molesta el tráfico rodado porque hay muy poco y se nota que en Méjico hay controles sobre los gases de escape de los coches, lo que no ocurre en Guatemala. Es, por tanto, muy cómodo visitar sus lindos edificios coloniales, sus hermosos monumentos históricos y su elegante centro, con sus adoquinadas, apacibles y limpias calles. Lo peor de "SanCris" es el frío que hace ahora por las noches. Así que, si venís por aquí en febrero, tendréis que pedirle al hotel una manta extra, como hicimos nosotros, y no olvidar traeros una buena "chamarra". Y aun así os helaréis. Claro que, al mediodía, cuando calienta el sol, que es casi todos los días, tendréis que ir en mangas de camisa y con una buena gorra para resguardaros de los rayos solares en esta altitud.

Aparte de la Catedral, con sus cinco magníficos retablos dorados barroco-salomónicos, destaca la iglesia más bella de la ciudad: la del Templo de Sto. Domingo con su increíble fachada plateresca, una de las más ricas ornamentaciones del barroco colonial centroamericano. El conjunto de retablos y púlpito dorados de su interior es también muy hermoso. Los retablos bellamente decorados con pinturas, vírgenes y santos llenan la mayoría de las paredes pero, sorprendentemente, el altar mayor está desnudo de toda ornamentación y sólo tiene un vulgar templete, la custodia y el sagrario. Ciertas partes del interior, ábsides y capiteles están también muy deterioradas. Se ve que faltan fondos para su restauración, lo que no ha ocurrido con el moderno Centro Cultural, el Museo de los Altos de Chiapas y el Centro de Textiles del Mundo Maya, todos ellos adjuntos al Templo y situados en lo que fuera convento.

También nos gustó mucho la iglesia de Sta. Lucía, con su fachada pintada de blanco y azul, tan linda ella que parece una "iglesia de juguete". A su entrada leímos "Favor de no subir los pies en las hincaderas ni pegar chicles en las bancas. Gracias". O el Templo de S. Francisco, pintado de amarillo intenso y marrón, con su magnífico altar mayor dorado y decorado con 16 pinturas y las estatuas de la Virgen y S. Francisco. Además tiene seis bellos retablos y cuadros del s. XVII. O el Arco y Templo del Carmen, del más puro estilo mudejar y antigua puerta de entrada a la ciudad.
Subimos también a los dos cerros que hay en la ciudad. Primero, a las "Cumbres de Guadalupe" para ver el templo y el cuadro de la Virgen de Guadalupe en el altar mayor rodeado, en tecnicolor, por tres marcos rectangulares iluminados en rojo, blanco y verde (los colores de la bandera mejicana) y una corona amarilla iluminada encima de la virgen. También hay dos Cristos grandes (uno blanco y otro negro con túnicas indias), varias vírgenes y una Sta. Trinidad rodeada de ángeles y santos.
Y, después, al cerro del Templo de S. Cristóbal que estaba cerrado y tenía un montón de banderolas, todas ellas con la misma inscripción: "Viva San Cristóbal, mártir", en la esplanada posterior del templo. Huelga decir que, desde ambos cerros, las vistas de la ciudad, del valle y de sus alrededores son magníficas.

Fuera de S. Cristóbal hay tres excursiones que casi todo el mundo hace.

La primera es ir a ver los pueblos indígenas de S. Juan Chamula y Zinacantán para "adentrarse en los usos y costumbres ancestrales de los tzotziles". Nosotros elegimos visitar el primero, que parecía el más interesante. Así que con los hoscos y orgullosos chamulanos estuvimos toda una mañana. Son muy tradicionales en sus prácticas católicas y defienden su identidad con uñas y dientes. Tan es así que miles de chamulanos han sido expulsados de sus aldeas en los últimos años por pertenecer a otras iglesias cristianas (evangélicas, pentecostales, etc.) y habitan ahora en el famoso "cinturón de la miseria" alrededor de San Cristóbal. El asunto se complica porque las creencias religiosas se mezclan con las políticas y sociales. Así, por ejemplo, el evangelismo se asocia con el movimiento zapatista.
Para llegar a Chamula tomamos una furgoneta y media hora después estábamos ya allí en la plaza central del pueblo viendo la singular fachada blanca del Templo de San Juan y sus tres arcos pintados de verde y azul y sus tres campanas. Pero el espectáculo estaba dentro del templo. Pagamos la entrada (20 pesos) a una señora que estaba en la puerta y nos dio un recibo-autorización para visitar el interior de la iglesia con la advertencia de que estaba prohibido hacer fotos. La autorización venía firmada con el vistobueno de las Autoridades Tradicionales de los Tres Barrios. Entramos. Lo que teníamos ante nuestros ojos era un auténtico "ambiente mágico". Intenté sacar la libretilla de los apuntes pero sólo pude escribir: "unos 100 guiris con guías y unos 20 indios rezando arrodillados y con sus caras mirando al suelo". El guardián indígena me vio y me dijo que también estaba prohibido escribir dentro de la iglesia. Intenté convencerle de que eso no lo había hecho ni la Inquisición en sus peores momentos pero todo fue en vano. Se puso muy serio y me dijo que la escritura distorsiona las cosas y que se dicen falsedades. En fin, lo que sigue es lo que recordamos. Si queréis más detalles, tendréis que venir por aquí y mantener los ojos bien abiertos. Conforme entras en la iglesia hay unos 30 santos a la izquierda y otras tantas vírgenes y santas a la derecha. Todos ellos con bellas vestimentos indias y dentro de hermosas vitrinas con sus nombres y altares correspondientes, y con pequeños espejos colgando en el pecho. Los Cristos que hay están mayormente a la derecha. En el altar mayor domina la imagen de S. Juan Bautista por encima del Cristo. El interior está ennegrecido, con los retablos sin pinturas, un montón de velas encendidas en el suelo y en los altares, y nubes de incienso. El suelo estaba lleno de hojas de pino fresco con olor a bosque. En la bóveda encima del altar hay pintados símbolos mayas (el león, el tigre, el cóndor). Todo resulta extraño e impresionante al mismo tiempo. Nos quedamos algún tiempo allí aprovechando que los grupos de turistas habían desaparecido y hasta hablamos con el guardián, que seguía allí a la entrada, para decirle lo interesante que nos había parecido.

A la salida, y en la plaza, había dos colas enormes de indios que, al parecer, reclamaban algo o iban a recibir algún subsidio porque llevaban como un papel o cartilla en las manos. La plaza también estaba llena de nativos, como si fuera una manifestación o algo parecido. Aquí, en Chamula, los hombres van vestidos con una especie de túnica de pelo negro de animales y las mujeres con pesadas faldas del mismo material.

Nos fuimos después a ver el singular cementerio del pueblo. Está a unos quince minutos andando desde el templo y al lado de las paredes de una vieja iglesia derruida también muy hermosa. Las cruces de las sepulturas están pintadas de negro, blanco y azul según fallecieran los muertos viejos, jóvenes o de otra edad, y detrás de las cruces, que llevan los nombres de los fallecidos, hay colocadas agujas de pino quemadas ya por el sol. El conjunto tenía una belleza increíble. Hasta 3 ó 4 perros merodeaban por allí, se supone que oliendo los cuerpos y los huesos de las tumbas.

La segunda excursión es un tour a ese "capricho de la naturaleza" que es el espléndido Cañón del Sumidero, un sistema de barrancas cuatro veces más grande que el Cañón del Colorado y formado hace 36 millones de años por una descomunal fractura del terreno. Nos llevaron en furgoneta (una hora o así) hasta el embarcadero Cahuaré, donde se paga la entrada al parque nacional, nos subieron a una lancha descubierta, nos pusieron una etiqueta identificativa en la muñeca, nos pusimos el salvavidas y recorrimos a toda velocidad el espectacular cañón que tiene 40 km de largo y paredes de mil metros de pura roca a ambos lados. Vimos algún que otro cocodrilo "vegetariano -nos dijo sonriendo el guia- solo come palma... la de las manos y la de los pies", la cueva de colores, la cascada conocida como Árbol de Navidad, el refugio de los zopilotes, garzas, pelícanos, cormoranes, monos araña en los árboles, cuevas con estalactitas, vegetación frondosa... El cañón discurre por el impetuoso río Grijalva, que nace en los altos de Guatemala y desemboca en el Golfo de Méjico, atravesando todo Chiapas. Llegamos hasta el final, donde se construyó una enorme presa de la CFE (Compañía Federal de Electricidad) en 1981 y regresamos. Al parecer, antes de la presa, el agua se perdía como si fuera un "sumidero" y de ahí su nombre.

Después de desembarcar nos llevaron a que nos "asáramos" (hacía un calor infernal) al pueblo de Chiapa de Corzo, donde vimos el ex-convento de Santo Domingo, subimos a su campanario por unos modestos diez pesos, nos paseamos por la plaza y volvimos a San Cristóbal hacia las 3 de la tarde.
¡Ah! y bebimos pozol, la tradicional bebida energética de los indios de Chiapas (pasta de maíz, agua y pasta de cacao mezclados) que, por cierto, estaba helada y, como llevábamos el estómago vacío, nos cayó como un tiro.

El tercer tour que hicimos fue demasiado largo. Doce horas de viaje (de 9 a 9) para ver las magníficas Grutas de Rancho Nuevo, recorrer seis de los hermosos Lagos de Montebello (son 59 en total y se comunican entre ellos subterráneamente) y terminar subiendo por las espectaculares Cascadas de El Chiflón. Cuando llegamos a la última, la del Velo de Novia, y nos mojamos todos con el "sirimiri" que forma la cascada al caer, eran las 6 de la tarde y el guardia nos dijo que había que bajar, que se cerraba el parque.

Nos despedimos de "SanCris" viendo una película y un teatrillo en el Foro Cultural Independiente Kinoki, que tiene una buena programación cinematográfica diaria. La peli fue un muy buen documental argentino titulado "La Educación Prohibida" que propone, según sus directores, "cuestionar las lógicas de la escolarización moderna y la forma de entender la educación, visibilizando experiencias educativas diferentes, no convencionales, que plantean la necesidad de un nuevo paradigma educativo". Total "na", que diría un castizo. De visión obligatoria para maestros-funcionarios y para todas las víctimas de la Logse (que son todos nuestros hijos, mientras no se demuestre lo contrario).
Y el teatrillo fue una miniobra de 30 minutos: "Boceto de una mujer que", un monólogo "interesante e insuficiente" de Josefina Sabaté.

Pero a Chiapas se viene también a ver "ruinas mayas". Y no una, ni dos ni tres, sino cuatro. ¡Así somos!

Para "abrir boca" nos fuimos a Ocosingo, un pueblito a medio camino entre las calurosas tierras bajas de la jungla hacia las que nos dirigimos (Palenque) y el frío altiplano de San Cristóbal que hemos dejado atrás. A mil metros de altitud, Ocosingo se distingue por ser "muy indígena y zapatista" y ya, al pasear, se nota que los lugareños no han olvidado la feroz lucha que tuvo lugar aquí en 1994, en la que el ejercito mató a unos 50 rebeldes. Dormimos en un hotel al lado de la plaza central y, al día siguiente, nos marchamos a ver las ruinas de Toniná (a 14 km) en una "combi". Nos aguardaba una sorpresa a la entrada: la taquilla estaba cerrada y, al preguntar, nos dijeron que "se habían agotado los boletos y que podíamos pasar sin pagar". Firmamos en el libro de registro (éramos los primeros visitantes ese día) y contratamos a un guía maya que se acercó a que "valoráramos sus servicios". Las ruinas de Toniná (significa "La Casa de Piedra") están fuera del circuito turístico y por eso son escasos los visitantes que se acercan por aquí, lo que es una lástima porque es una excursión muy agradable. A Toniná se la conoce como "El Lugar de los Cautivos Celestiales" ya que doblegó militarmente al poderoso Palenque en el s. VII y se convirtió en el "reino de los prisioneros" que pagaban el tributo correspondiente o eran decapitados. Sus ruinas tienen dos espacios constructivos bien definidos: la gran plataforma de la entrada y la gran Pirámide. Después de una buena caminata de medio kilómetro y de cruzar un riachuelo llegamos pues a la Gran Plaza y a los pies de la hermosa Gran Pirámide o Acrópolis, con 80 m de altura, 7 plataformas, 13 templetes y una gran escalinata central. Subimos por ella, nos metimos en los laberintos del Palacio del Inframundo, seguimos subiendo hasta el Palacio de las Grecas y el Templo de la Guerra, el guía nos explicó el famoso Mural de las Cuatro Eras, vimos dos tumbas, subimos todavía más al Altar del Monstruo de la Tierra (que se come al sol y renace otra vez a la vida), al Templo de la Agricultura y al Templo de los Prisioneros. Llegamos a lo más alto, probamos la acústica del lugar con el guía, y éste se despidió de nosotros. Aprovechamos para quedarnos allí un buen rato disfrutando de unas vistas ¡¡espectaculares!! y de nuestra soledad. Al bajar, una media hora después, vimos que subían por la pirámide cuatro chicos mejicanos que, nos dijeron, estudiaban Computación en la cercana Universidad Tecnológica de la Selva.

Al día siguiente tocaba visitar una auténtica maravilla: la zona arqueológica de Palenque.
¡Ay Palanque, Palanque! ¡Qué bellas son tus ruinas! Lo son Chichén, Tikal y Copán, pero en majestuosidad, grandeza constructiva y ubicación en el corazón de la selva Palenque (la eterna ciudad blanca de los mayas) les gana a todas.

Para llegar a Palanque pueblo tardamos casi 3 horas desde Ocosingo en una furgoneta de esas que, en cuanto ven a un extranjero con maletas, sus propietarios te las quitan de las manos, las meten en la baca y te sientan en la furgoneta, que sale normalmente cuando se llena. Palanque, a casi nivel del mar, es como Madrid en agosto. Aquí se suda de lo lindo. Buscamos un buen hotel y, a la mañana siguiente temprano, desayunamos bien y cogimos una "combi" para estar a las 8 en punto (que es cuando abren) en la puerta. Primero pagamos la entrada al parque del que forman parte las ruinas (27 pesos) y luego, 5 km más adelante, la entrada a las ruinas (57 pesos). Aquí es donde te dejan las "combis".
Descartamos los guías que se nos ofrecían y nos fuimos detrás de un grupo de "franchutes" con guía propio. Se dice que en Palanque entran unos mil turistas de promedio diario pero nosotros, que estuvimos allí hasta las 4 de la tarde, no vimos ni siquiera la mitad.

Nada más entrar te encuentras, a tu derecha, con el "Corredor Funerario", una serie de imponentes edificios en medio de la jungla: El Templo XI, el Templo de la Calavera (donde se aprecia un relieve de estuco en forma de cráneo de conejo decorando su fachada), el Templo XIII o el de la Reina Roja (así llamado por el mineral de cinabrio rojo con que fue cubierta) al que subimos para ver su sarcófago, y el Templo de las Inscripciones, construido sobre ocho niveles. Fue en este último templo, al que ya no se puede subir, donde se descubrió, en 1952, la famosa tumba, con un sarcófago bellamente tallado y el ajuar funerario de Pakal (el más famoso gobernante de Palanque que vivió ¡80 años en el siglo VII!) y de la que vimos una réplica, después, en el museo.

Pero lo más bello estaba por llegar. Es indudablemente el conjunto que forman el Palacio y el Grupo de las Cruces, es decir "el corazón de la ciudad". Subimos por el Palacio y llegamos a sus galerías exteriores e interiores este y oeste viendo los relieves de las paredes que muestran a los gobernantes ataviados como dioses y celebrando distintos rituales (en la primera y quinta pilastra se ve a los nobles decapitando a sus víctimas). Bajamos después al patio central interior -el Patio de los Cautivos, con relieves de piedra caliza bastante deteriorados-, nos metimos por los sótanos, vimos unas cuantas tumbas y salimos otra vez al patio central. Cruzamos un riachuelo y nos fuimos al Grupo de las Cruces, tres bellas pirámides rodeadas de selva. Es el espacio ritual más importante de Palanque, concebido como la imagen del Universo y en donde los templos simbolizaban los lugares míticos donde los dioses habían nacido. Subimos primero al Templo de la Cruz, el más alto, grande y elegante de los tres, teniendo cuidado con pisar bien (especialmente al bajar) sus casi 70 inclinados escalones. Arriba del todo se encuentra representado el Dios fumando y a su izquierda Pakal (llamado el Señor Serpiente Jaguar II) ricamente ataviado. Hay más relieves, llenos a veces de moho negro y muy deteriorados. Eso sí, ahí arriba, sentados en una esquina, nos quedamos descansando media hora, extasiados ante las magníficas vistas de todas las construcciones y la enorme y frondosa vegetación circundante totalmente "verde clorofila". ¡Oooh, quééé hermoooso!

Subimos también al Templo de la Cruz Foliada para ver sus tableros esculpidos en piedra, pero no al Templo del Sol, al que dejamos para más tarde (lamentablemente, ya no volvimos). Digamos que el Templo de la Cruz representa al Dios Celeste, el Templo de la Cruz Foliada al dios patrono de la agricultura y del linaje gobernante, y el Templo del Sol al "Escudo del Señor del Rostro Solar", que personificaba al sol en su trayecto nocturno por el inframundo.

Vimos que la Acrópolis Sur y sus templos anexos estaban cerrados al público "por restauración", así que seguimos hacia el norte, pasamos por la parte posterior del Palacio y por el pequeño y birrioso Juego de la Pelota, nos sentamos a descansar y a comer un bocata a la sombra de un árbol enorme, nos encontramos con una maestra asturiana joven que hacía turismo (un mes por Méjico) y pasamos por los cinco templos del Grupo Norte, en especial por el Templo del Conde, así llamado porque aquí, en su cima, vivió dos años entre 1831 y 1833 el excéntrico alemán Conde de Waldeck. Eran ya las 12 y hacía mucho calor, así que nos adentramos por el camino de la selva atravesando el arroyo Otulum. Vimos que el Grupo C estaba también cerrado al público, bajamos a lo largo del arroyo hacia la Cascada del Murciélago y el Baño de la Reina, divisamos más zonas residenciales (el Grupo B, el Grupo de los Murciélagos) y cruzamos el Puente colgante. Todos estos bellos parajes, en los que encontrábamos a veces turistas subiendo y bajando, están en el camino que conduce al museo y en un profundo barranco que nos costó bastante bajar. Las escaleras son empinadas aunque el itinerario está bien señalizado y a veces se ve algún que otro guardia de seguridad. Lo último que vimos, subiendo un poco, fueron los Grupos 1 y 2, que constituían las "soluciones habitacionales" de los mayas en las zonas residenciales del pueblo llano de entonces. Quince minutos después estábamos ya viendo el museo, magnífico también, y en cuya librería vi un libro fantástico: "Las Ciudades Perdidas de los Mayas. Vida, obra y descubrimientos de Frederick Catherwood", con sus grabados originales en color de 1841, editado por Artes de México. Lástima que valga 500 pesos, sea grande y pese sus buenos dos kilos para acarrearlo. A ver si algún día me hago con él. Llegaba la hora de decir adiós a las ruinas. Hacia las cinco de la tarde ya estábamos comiendo en el pueblo.

Haciendo mía la frase de Ruz L'Huiller diría que: "En el momento de recordar las ruinas de Palenque, tengo la extraña sensación de penetrar de nuevo en el tiempo, en un tiempo que ya se había detenido mil años antes".

No podíamos irnos de aquí sin ir, al día siguiente, a Yaxchilán y Bonampak, otras dos zonas arqueológicas mayas que se encuentran a 173 y 120 km de Palanque. Son también muy hermosas, aunque más pequeñas. El problema es que están lejos y las carreteras en muy mal estado, por lo que tardas mucho. Queríamos hacerlas por nuestra cuenta pero vimos que no merecía la pena.Te cuesta más dinero y tardas mucho más tiempo. Así que contratamos un tour de 600 pesos (una enormidad aquí) todo incluido (entradas, desayuno y comida) que duró unas ¡15 horas!

Yaxchilán (significa "Lugar de Piedras Verdes) "se encuentra inmerso en un espeso manto de bosques tropicales a orillas del sagrado río Usumacinta". Para ir allí, salimos de Palenque a las 6 de la mañana con otros diez turistas y, por la Carretera Fronteriza, llegamos a Crucero Corozal y de ahí al embarcadero. Eran ya las 10 y media. Tardamos tanto porque la gran cantidad de baches y topes que hay en la carretera hace imposible ir más rápido, y también por los 40 minutos que habíamos parado a desayunar. La navegación por las tranquilas y verdosas aguas del Usumacinta nos llevó una hora en lancha.

¡Riqueza natural y cultural,
¡Orgullo nacional!
¡Puedes disfrutarlo, debes conservarlo!

Así te recibe Yaxchilán, cuyas ruinas forman tres conjuntos bien definidos: La Gran Plaza ubicada en la parte baja y paralela al río, la Gran Acrópolis y sus templos circundantes y la pequeña Acrópolis. El tour dedica dos horas a Yaxchilán, por lo que, con un guía contratado por todo el grupo, recorrimos sólo los dos primeros conjuntos. Subimos y nos adentramos en la profunda Selva Lacandona. Calor asfixiante y repelente inmediato porque ya nos habían picado los mosquitos. El guía nos dijo que las mejores piezas de estas ruinas están en el British Museum londinense (¡vaya usted a saber si es verdad!) y que sólo se ha explorado el 30% de todas ellas.

Entramos por El Laberinto, unos 40 metros ayudados por la linterna del guía y con murciélagos en el techo (¡no se preocupen, no comen carne humana!) y salimos, llegamos a la bella Gran Plaza con sus 6 ó 7 edificaciones, al juego de la pelota, al edificio 17 (un baño de vapor de la época), seguimos por el Edificio de la Lluvia, avanzamos hacia las estelas y, por una "subidita muy accesible" alcanzamos el Edificio 20 con grabados del rey Pájaro Jaguar II en el dintel de las puertas de entrada. Seguimos lateralmente por otros edificios y ¡subimos al imponente Palacio! ¡Ooooh Dios, qué subidita! A unos 50 metros sobre la Gran Plaza y después de haber sufrido sus seis tramos de escalinatas hasta llegar al interior de la crujía superior cubierta con una bóveda. En su interior vimos un relieve del Pájaro Jaguar IV con el cuerpo decapitado y su cabeza al lado, y una recámara donde había un altar. ¡Las vistas de la jungla y de la plaza central eran, alguien lo duda, espectaculares! ¡Y nosotros sudando! ¡Y el guía apresurándonos ya para bajar!

Bajamos con rapidez del Palacio, cruzamos la plaza hacia la salida, nos embarcamos de nuevo en la lancha, navegamos otra hora, vimos un cocodrilo de 3 metros de largo, enorme el cabroncete y que movía la cabeza un poco (el guía paró la lancha para que lo viéramos mejor) y... a comer.
A la vuelta, y antes de llegar a Bonampak, tuvimos una avería. Un fuerte ruido, un montón de humo, salimos todos, pensamos que era una rueda pinchada, mucho calor, todos a la sombra, sacan el gato y la rueda de repuesto, el conductor tirado debajo de la furgoneta, pues señor la rueda de repuesto no sirve porque está desinflada, que no que no, que ha sido la manguera del radiador del agua, llamadas de móviles y... media hora después, otra furgoneta de Transportadora Lacanjá vino a recogernos con guía incluido del sitio. El guía se disculpó por lo del accidente y "nos ofreció sus servicios", asegurándonos que las ruinas todavía estarían abiertas cuando llegáramos.

Bonampak significa "Muros Pintados" ya que sus pinturas en color son el tesoro más preciado de estas ruinas, y allí llegamos a punto casi de cerrar. Nos dijeron que teníamos media hora para recorrerlo. ¡Dénse prisa que van a cerrar las pinturas murales, ir allí lo primero!

Nos apresuramos, dejamos atrás al guía, casi corriendo llegamos a la Gran Plaza rectangular, a sus estelas de gran tamaño y a su magnífica Acrópolis. Allí a la derecha estaba el Templo de las Pinturas (del 790 d.C. y descubiertas en 1946). Sí, nos dejaron entrar, sin mochilas y sin usar flash para no dañarlas. No hacía falta. ¡Qué desilusión! ¿Son estos los murales mayas más hermosos descubiertos hasta la fecha? Excepto unos cuantos hermosos frescos que todavía aguantan el peso de los tiempos, lo demás está muy deteriorado, así que hay que adivinar su contenido, a saber:

1) la presentación de los herederos (en el cuarto 1)
2) la guerra, captura y sacrificio de los prisioneros (en el cuarto 2)
y 3) la ceremonia del sacrificio y la danza sobre el Gran Basamento (en el cuarto 3)
Y, para colmo, en este último cuarto hay, en los frescos, caras (unos 10 o más de ellas) vandalizadas. Algún tarado, recientemente porque las marcas son claras, ha desprendido el estuco y ha dejado unos horrorosos huecos blancos en las caras.
Me imagino que se pueden ver mejor por internet en mesoweb.com ó bien inah.gov.mx. Nosotros las vimos sin apenas luz.
Antes de que cerraran nos encaramamos a lo alto de la Acrópolis, que tiene tres niveles de edificación: el primero con los edificios de mayor tamaño como el Templo de las Pinturas y los edificios 1 a 3; el segundo, con los edificios 4 a 8 y el 9 detrás; y el tercero, en la cima, con 5 pequeñas estructuras y la Gran Estela 1 que representa el momento de auge del gobernante Chaan Muan II.
Allí sentados descansando, ¡oooh, qué vistas de la plaza, de las cordilleras, de la selva, de las estelas, de todo!
Eeeh, oiga, que hay que bajar, que cierran.
¡Adiooos ruinas, qué bellas fuísteis, sois y seréis!

Había que despedirse de Chiapas, así que nos fuimos a descansar dos días a la capital: Tutxla Gutierrez. Aquí nos encontramos que era fin de semana (22-24 de febrero) y que celebraban el carnaval, con desfiles de carrozas, charanga, bailes regionales en la plaza y hasta marimba y baile todas las tardes en el Jardín de la Marimba. Así que descansamos bien, ¿no os parece?
Ayer 26 llegamos a Oaxaca después de dos largos viajes de seis horas cada día (haciendo noche en Tehuantepec). Asi que ¡adios a los chiapanecos! y ¡hola a los oaxacueños!