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sábado, 2 de noviembre de 2024

ANTONIO SOLER esculpe el monumento al héroe mestizo Agustín Agualongo, fusilado por Bolívar. Suscripción popular

Monumento al héroe mestizo Agustín Agualongo, fusilado por Bolívar

El escultor Antonio Soler junto a la escultura

L.M.A.

2/11/24 .- Madrid.- El escultor murciano, residente en Madrid, Antonio Soler, ha terminado prácticamente la escultura de Agustín Agualongo Cisneros, que fue fusilado por el caudillo independentista Simón Bolívar y murió gritando: “¡Viva el Rey de España y viva la Religión Católica!”. Tras su muerte le llegó el ascenso a general.

    Una preciosa y monumental escultura en piedra, en talla directa y sin modelo alguno, puesto que no se dispone de retrato alguno del indio patriota de España. La obra artística se está finalizando en Granada, y será expuesta en el Parque del Oeste de Madrid, donde también se encuentra la estatua de Bolívar. Por la escultura se ha pagado 9500 euros, y se ha pagado por suscripción popular entre hispanistas. El propio escultor ha contribuido generosamente a su realización.

    "La escultura ha sido esculpida totalmente a mano", explica el escultor Antonio L. Soler (Lorca, 1969). "En talla directa,sin modelos ni modelados previos y sin información historia,imágenes, etc".

El mármol de Macael es un mármol difícil, comparado con él de Carrara. Está cargado de cuarzo  y de grano grueso ,muy difícil para los detalles y ha requerido de mucha destreza para entender y dar forma a este tipo de material.

    "Para hacer un símil en madera, es como tallar pino común, frente a otras maderas preciadas para la imaginería (cerezo, cedro, nogal...).Le he quitado a mano tres toneladas de la piedra inicial. También decir que he renunciado a todo pago que no sean los gastos básicos, porque debía dar un paso al frente, en bien de la verdad y la Hispanidad, como amante de nuestra historia", explica Soler.

    "Han sido tres meses en total de trabajo, selección del bloque con pocos recursos y opciones, traslados, materiales y alquileres de locales. No he tenido ningún tipo de ayuda y el diseño es completamente mío. La Asociación me ha dado plena libertad para trabajar y que la obra fuera libre y de inspiración propia", concluye el autor .

Juan Agustín Agualongo Cisneros (Nueva Granada -hoy Colombia, 1780-1824), fue un comandante del ejército real español, caudillo mestizo que actuó contra los independentistas, durante la guerra en Nueva Granada (hoy Colombia).  Algunos lo califican de «ídolo de un pueblo aguerrido y exaltado, es hoy símbolo de esperanza de un pueblo defraudado». Durante trece años hizo férrea oposición armada a los ejércitos republicanos en los territorios del sur de Colombia y Ecuador y sus fuerzas se batieron con las de Simón Bolívar (1783-1830), en la cruenta batalla de Ibarra, en 1823.

La Asociación Cultural Héroes de Cavite, de numerosos hispanistas, junto con la Asociación Renacer Hispanoamericano y el Ayuntamiento de Arenas del Rey (Granada), decidió erigir en dicho municipio una estatua dedicada a Agustín Agualongo, por su defensa de la Corona española y de la religión católica. 

La estatua está realizada en mármol y es el primero de muchos homenajes recordar a al héroe caído en el olvido, como tantos otros, en favor de España. La dedicación de la estatua ha sido el evento central de un ciclo de conferencias en Granada, que ha marcado el 200 aniversario de la muerte de Agustín Agualongo.

Más información

https://www.eldebate.com/historia/20240927/heroe-colombiano-fusilado-bolivar-murio-gritando-viva-rey-espana-viva-religion-catolica_230776.html

https://lamiradaactual.blogspot.com/2022/07/antonio-soler-la-escultura-como-pasion.html

https://www.facebook.com/100064089460823/posts/881827950630179/?mibextid=rS40aB7S9Ucbxw6v

viernes, 22 de julio de 2022

ANTONIO SOLER, la escultura como pasión y consagración en la vida del artista

 
"Torero", escultura de Antonio Soler

Antonio Soler, escultor



Julia Sáez-Angulo

21/7/22.- Madrid.- Hijo y nieto de pintores, Antonio Soler (Lorca. Murcia, 1969) optó por la tercera dimensión en el arte y se consagró a la escultura desde muy niño. Con una vocación acendrada, ha ido dando forma a los diversos materiales, barro, madera, piedra, mármol y es este último, el mármol, el que prefiere porque disfruta cuando lo toca, lo acaricia y lo huele. “No hay nada como la sensación, la grandeza y el poder que te ofrece la piedra para trabajar. De esto sabe también Héctor Delgado (el escultor que nos acompaña en la entrevista)”. Su estilo principal es el expresionismo contenido, pero también cultiva el realismo en los encargos, sobre todo en retratos. La experiencia le permite trabajar en la talla directa, sin boceto, sabiendo que un error en el cincel puede arruinar la pieza. “He vivido siempre de la escultura” dice con naturalidad y satisfacción al mismo tiempo.

Antonio Soler estudió música (toca el clarinete) y artes marciales, sin abandonar en ningún momento la escultura. Tiene cuatro hijos de los que se siente orgulloso y hoy está casado con la pintora Laura de la Cierva . Se considera un “artista domesticado”. Su bohemia es contenida. “No me atreví a lucir un pendiente en la oreja hasta que murió mi padre”.

El escultor acaba de instalar la escultura “El heraldo” en Novelda (Alicante) y un escudo para una casa solariega en El Casar, pueblo de Guadalajara. Le acaban de encargar otro y no quiere de momento seguir esculpiendo escudos. Sabe que la escultura es arte y oficio y a ella se entrega, porque está claramente convencido de que es su destino. Su padre, catedrático, le advirtió sobre la vida dura del escultor, pero él siguió adelante en su empeño.

Antonio Soler explica que trabaja el gran formato monumental al aire libre y el mediano o pequeño formato para exposiciones y ferias, al tiempo que va mostrando y acaricia en su amplio taller de Cobeña (Madrid) sus trabajos en mármol de Macael, negro africano, belga, piedra de Calatorao, alabastro, caliza, jaspe, ónix, madera, bronce… pero prefiere el mármol de Carrara, que “es como azúcar, como nieve, con su blanco impoluto” que deslumbra hasta el punto de quemarle en una ocasión las retinas, por trabajar con él al aire libre en el patio de su taller. 

“Cuando mojas la pieza de mármol de Carrera, parece porcelana”, dice, y recuerda con agrado su estancia en la gran cantera de mármol blanco en Carrara, Italia, en un viaje que hizo para elegir un bloque adecuado para un trabajo. “Era emocionante verte tan pequeño en aquella excavación gigante de la cantera en la montaña, más alta que una catedral. Carrara es un sitio que evoca a Miguel Ángel Buonarroti, allí se conserva su casa y allí esculpió su célebre pieza el Moisés. Los italianos me trataron muy bien y ese recuerdo siempre será grato”. 

“Carrara es modelo de cantera y atención a los escultores, del que debían de tomar modelo las canteras españolas. Su buen gusto y trato, así como los talleres para niños son un ejemplo. Hay otro mármol blanco de Carrara, el estatuario, que lleva algunos puntos y vetas en negro”. “En Carrara hay mucho cantero enterrado”, añade, como equilibrio a sus elogios del lugar. Allí hubo mucho trabajo y esfuerzo. “La escultura es una tarea dura y son bastantes los profesionales que acaban con algunos dedos del pie aplastados y de ello dio fe el propio Miguel Ángel en uno de los pies de su Moisés, donde quiso reflejarlo”.

Le pregunto si su maestro es Miguel Ángel y dice que lo reconoce como uno de los grandes, pero su máxima admiración va hacia el posterior Bernini (1598-1680) más versátil y proteico. “Bernini es tierno, dramático, señorial… Es capaz de todo”.

Soler dice que cuando ve un trozo de mármol, adivina de inmediato la figura que lleva dentro. “Hay que aprovechar la forma y las vetas con todas sus posibilidades. Sus ángulos, color, vetas o grietas me van marcando el camino”. A veces, es escultor rescata piedras hermosas de una escombrera, o restos de una gran escultura para hacer otras piezas. El resultado es asombroso.

La serie de trabajos escultóricos de Antonio Soler es amplia y variada. Ha llevado a cabo las esculturas del iconostasio de la iglesia ortodoxa de Madrid, por encargo del padre Andréy, que aprecia mucho su escultura. “Fue un trabajo soberbio, al que añadimos jaspe rojo para cuatro columnas. El relicario en ónix parecía madera. La escultura de la Virgen pesaba 1500 kilos. El iconostasio es un lugar al que no pueden pasar las mujeres”, me explica. 

La vida del escultor es azarosa y llena de anécdotas, como la de tantos artistas. Se reciben encargos que a veces no se cobran o se tardan en cobrar, pero también hay satisfacciones como la de contar, en su caso, con dos coleccionistas entregados a su trabajo, que le han adquirido pieza tras pieza con entusiasmo. ”A veces, termino una obra por mi cuenta y pienso que le va a gustar a uno de ellos y, cuando viene el primero dice que le gusta pero no la adquiere. Me encarga otra pieza. Él es coleccionista principalmente de encargos”.

Soler muestra orgulloso la imagen de la escultura de un retrato por encargo de un hombre joven con su perro. “Admiraba a Egon Schiele y quería que la pieza fuera en su estilo expresionista. Fue así como comencé con el expresionismo. El retrato quedó espléndido, el cliente, muy satisfecho y me cuenta que son muchos los amigos y conocidos que le piden ir a ver la escultura, lo que me llena de satisfacción también a mí. No me gustan los retratos suaves o dulces, prefiero plasmar en ellos los sentimientos, emociones o fantasmas que todos llevamos dentro”.

La pandemia del covid-19 y después la guerra de Ucrania han interrumpido diversos trabajos y proyectos para el escultor -al igual que para otros artistas-, como el de la restauración del monumento a los rusos muertos en un naufragio en Baleares en el siglo XVIII. “Hubo un centenar de muertos, y los cadáveres se recogieron en la costa balear. Rusia pagó el monumento, que se arruinó durante la guerra civil española de 1936 y, por iniciativa del padre Andréy, se iba a rehacer con otro. Ahora, por la situación bélica, las cosas tienen que esperar”, explica Soler.

En el taller se expone una bella pieza “Los sueños de Brancusi” en mármol africano, una escultura para la ONCE, una maternidad de mujer encinta, varios bustos, toreros, dos Meninas, desnudos femeninos… Pero llama la atención un gran árbol esculpido en marcha, “El fauno”. “Es un olivo que rescaté en un campo que estaban desarbolando y al ver el ejemplar lo quise comprar. Lo pagué a precio de leña. La madera es muy dura, eterna, y lo voy trabajando poco a poco con una serie de figuras alusivas a distintas situaciones”.

Antonio Soler es un hombre tranquilo, que dejó su Murcia natal para trabajar en Madrid. “Renuncié a un taller/estudio mucho más grande que este, cuando me casé, pero no me quejo. Aquí estoy muy a gusto.

Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/search?q=Antonio+Soler

Esculturas de Antonio Soler

Obras de Antonio Soler


Julia Sáez-Angulo y Antonio Soler


Rafael Soler y Héctor Delgado, escultores

lunes, 18 de marzo de 2013




EVA DÍAZ PÉREZ, GANADORA DEL PREMIO MÁLAGA DE NOVELA POR SU OBRA "ADRIÁTICO" 


Es uno de los galardones literarios más importantes de Andalucía y está dotado con 18.000 euros



L.M.A.

 La periodista Eva Díaz Pérez, por su obra titulada “Adriático”, ha sido la ganadora del VII Premio Málaga de Novela, convocado por el Instituto Municipal del Libro en colaboración con la Fundación José Manuel Lara, que publicará la novela galardonada. El premio ha sido dado a conocer hoy por el  alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, acompañado por el concejal de Cultura, Damián Caneda; el director del Instituto Municipal del Libro, Alfredo Taján, y miembros del jurado. Se trata de la séptima edición de un galardón, dotado con 18.000 euros, y que ha contado entre los miembros del jurado con Lourdes Ortiz, Antonio Soler, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Orejudo, Ignacio F. Garmendia, y Alfredo Taján.

El jurado ha propuesto la obra de Eva Díaz Pérez, que ya ganó la III edición del Premio de Periodismo Ciudad de Málaga, “por su estilo esmerado y preciosista, estilo literario pero fluido, que recorre las edades de Venecia a partir de un linaje familiar pero también a través de los restos conservados a lo largo de su historia, en una prosa sensual que evoca la idea de la decadencia pero que es capaz de tomar distancia del esteticismo vacuo para recrear un motivo clásico con gran fuerza y personalidad”.

EVA DÍAZ PÉREZ
Eva Díaz Pérez (Sevilla, 1971) es periodista y licenciada en Ciencias de la Información. Trabaja en el diario El Mundo en Sevilla, labor por la que ha ganado el
premio de periodismo Ciudad de Málaga, Universidad de Sevilla y Ciudad de Huelva. Su primer libro fue El Polvo del camino. El libro maldito del rocío (2001), al que siguió su primera novela, Memoria de cenizas, publicada por la Fundación José Manuel Lara en 2005. También ha publicado Hijos del mediodía (2006) y El Club de la memoria, que fue finalista del Premio Nadal en 2008. Ha publicado  Sevilla, un retrato literario. Su última obra editada es El sonámbulo del Verdún. Columnista de opinión, está especializada en los temas de cultura y la crítica teatral.

PREMIO DE NOVELA
El Premio Málaga de Novela, en su séptima edición respectivamente, ha batido este año su récord de participación, al presentarse 262 originales. Es la edición con mayor número de obras presentadas, lo que da idea de la consolidación  a nivel nacional e internacional de la convocatoria,  impulsada por el Ayuntamiento de Málaga a través del Instituto Municipal del Libro, en colaboración con la Fundación Lara. Entre los trabajos presentados hay un número importante de obras procedentes de países americanos – Argentina, Uruguay, Chile, México y Estados Unidos-.

La obra ganadora del Premio Málaga de Novela se publica en la colección de narrativa de la prestigiosa Fundación José Manuel Lara, que repite este año. En la primera edición resultó ganador el periodista Miguel Mena, con Días sin tregua; en la segunda edición se alzó con el premio el narrador malagueño Pablo Aranda con Ucrania, los dos títulos editados por Destino; la tercera edición, ya con Fundación Lara, fue para Pregúntale a la noche del poeta y narrador de Palma de Mallorca, Eduardo Jordá;  en la cuarta edición el ganador fue José Ángel Cilleruelo, narrador, ensayista, traductor y poeta, con Al oeste de Varsovia; en la quinta edición el premio fue para el alicantino José Luis Ferris por su obra El sueño de Whitman; y en la sexta edición la escritora Sara Mesa se alzó con el galardón con su perturbadora novela Un incendio Invisible, donde retrata lo absurdo de la sociedad contemporánea.