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miércoles, 9 de febrero de 2022

Apuleyo Soto, autor del libro de poemas “Sonetos celestiales y terrenales”

Apuleyo Soto, escritor y cronista


Julia Sáez-Angulo

9/2/22.- Madrid.- El escritor Apuleyo Soto es el autor del libro de poemas “Sonetos celestiales y terrenales”, que lleva un interesante prólogo estudio de Pedro Crespo Refoyo. El libro ha sido editado por Vitruvio.

Apuleyo Soto Pajares (Cozuelos de Fuentidueña, Segovia, 1942)es maestro jubilado, escritor de 20 cuentos de niños y varios libros de poemas, y cronista oficial de Braojos de la Sierra y La Acebeda (Madrid).

Tres son grosso modo, los temas que encontramos en este libro: religioso, mitológico greco-romano y poesía lúdica. Apuleyo es hombre de inquietud intelectual, erudito y humorista, todo ello se refleja en su obra y en este caso en el codiciado soneto, como forma sublime de la poesía.


GUADARRAMA 

Sentado frente al monte Guadarram,

Tinto la pluma en la azotea altiva

Y le place a mi mente estar cautiva

De la arboleda verde que le enrrama.


Lanzo la vista lejos… y derrama 

Sus ojos cristalinos de ascua viva

Por doquier la ginebra tan lasciva

Que su potencia alcohólica proclama.


Lo contemplo absorbido un montón de horas

Doradas, jubilosas, juvenales…

Para nada del mundo adormidoras.


Y entonces, ¡oh placer!, todos mis males

Desaparecen en los matorrales

Por donde el agua se desplaza y llora.


Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2020/08/apuleyo-soto-autor-de-el-cega-ciego-un.html 

viernes, 28 de agosto de 2020

Apuleyo Soto, autor de “El Cega ciego”, un recorrido por el río segoviano “con vocación de cartujo”




Apuleyo Soto Pajares, escritor 



Julia Sáez-Angulo

            27/8/2020.- Madrid.- El escritor Apuleyo Soto es el autor del libro El Cega ciego, publicado por  Oportet Editores. Se trata de un recorrido geográfico, literario, poético y humano sobre el curso del curso del Cega, rio segoviano “con vocación de cartujo”, al decir del autor, que nace en la sierra de Guadarrama y entrega sus aguas al Duero en la provincia de Valladolid.

            Una gran pinada acompaña a este río singular, que se esconde entre la arena que lo ciega y que lucha por salir hacia sus orillas y hace caer pinos, en ese combate entre los árboles y la arena.
            Ignacio Sanz es el prologuista y Fermín de los Reyes Gómez escribe el epílogo. Entre medias una serie de capítulos seductores que nos ponen de manifiesto un paisaje singular castellano, que pasa por Navafría, El Chorro y El Martinete, La Velilla, Torreval de San Pedro, Pedraza, Turégano, Castilnovo, Vega el Carracillo, Cantalejo, Cabezuela-Lastras, Aguilafuente, el pico del Nevero, Cuellar, Fuentepiñel y Frumales, Cogeces, Melleces, Vallelado…
            Una excursión por el río Cega, junto a este libro de Apuleyo Soto Pajares (Cozuelos de Fuentidueña, Segovia, 1942) es una fuente de placer y conocimiento al mismo tiempo. El autor ha dedicado muchos de sus poemas romance a este territorio que tan bien conoce. Aunque anduviera en Madrid, / no me llaméis forastero, escribió esta maestro y periodista al que Buero Vallejo definió como “niño duendey poeta con barba y pipa”, que mereció el Premio Nacional de Difusión Cultural 1983 y Premio Tierra de Segovia 2006.
            “A Madrid, como metáfora de la diáspora, nos hemos ido todos. O casi todos. Algunos tuvimos la suerte de regresar, pero los que no pueden regresar, los que andan desorientados tratando de buscar una brújula, se van a encontrar en estos romances que jalonan el río la música de la tierra”, escribe el prologuista.
           
            Es hermoso amar el territorio y muy satisfactorio escribir sobre él. Esto es lo que le sucede al poeta Apuleyo Soto con el libro El Cega Ciego, donde se adivina conocimiento y placer por la mirada, el paseo, la excursión, el recorrido… La mirada nutre, la reflexión sugiere, la letra impresa, manifiesta y hace compartir a otros lo descubierto.
            El Cega Ciego termina con una auto-entrevista en la que Apuleyo Soto dice: “La conversación, amigo, es para mí placer de dioses, como lo fue para Platón, pero a la vez, sepa que me reservo más de lo que expreso, porque este hombre que habla solo, espera hablar con Dios un día, tal cual solía hacerlo al atardecer -esa hora en laque nos examinan de esa asignatura pendiente del amor- el caminante catedrático de francés, don Antonio Machado, por los campos de Soria pura o la Alameda del Parral-verde segoviana, donde se funden el Eresma y el Clamores, corrientes espirituales para San Juan de la Cruz y Teresa de Cepeda y Ahumada, no digo del brazo, sino de corazón a corazón y de alma a alma”