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jueves, 10 de marzo de 2011

Emma Reyes, Alberto Arboleda, Pedro Alcántara y Darío Jiménez: Artistas colombianos, pilares de la Fundación Otero Herrera




Julia Sáez-Angulo

Los artistas colombianos, Emma Reyes, Alberto Arboleda, Pedro Alcántara Herrán y Darío Jiménez, constituyen los grandes pilares de la colección Fundación Arte Vivo Otero Herrera, creada por el empresario colombiano Alberto Otero, que reside a caballo entre Málaga y Cali, así como su colección de arte latinoamericano repartida entre España, Colombia y Guatemala.

La Colección Otero Herrera, sita en una mansión de Benalmádena (Málaga), cuenta con tres grandes salas monográficas sobre Emma Reyes, Alberto Arboleda y Pedro Alcántara, así como diversos espacios con las obras de los demás artistas latinoamericanos. Alberto Otero ha dirigido la empresa Distrimedics en Colombia y su Colección ha ido creciendo en paralelo a la empresa; colección con la que confiesa ha disfrutado mucho a lo largo del tiempo.

Recientemente tuvo lugar una importante exposición de la colección Otero Herrera en la Universidad de Málaga. La Fundación Otero Herrera tiene sede en Cali y próxima delegación en España, donde aspira a hacerse más presente cada día, con actividades de exposiciones y publicaciones. “A partir del mes de abril próximo se podrán contemplar tres de nuestras obras en la exposición de la Biblioteca Nacional de España con motivo del Bicentenario de la Independencia en América”, informa el director Camilo Otero.

“La colección consta de mil trescientas obras, de las que 300 adquirimos a Emma Reyes (1919 – 2003); 150, a Pedro Alcántara (Cali, 1942); 90, a la familia de Darío Jiménez (Ibagué, 1919 – 80) y 80, a Alberto Arboleda (Popayán, 1925 - Bruselas, Bélgica 2011). En algún caso fue una manera de ayudar al artista en un momento determinado de sus vidas. De todos ellos guardamos excelente documentación que nos facilitaron y que estamos ordenando en archivos”, declara Camilo Otero Herrera, director de la Fundación y continuador generacional de la familia. “Mi padre, está siempre cerca y figura como presidente de Arte Vivo”.

El número de artistas colombianos en la colección continua con nombres como Fernando Botero con tres piezas; Débora Arango, con una excelente “Maternidad”; Luís Caballero con tres obras, dos de ellas magistrales; Enrique Grau, con siete obras; Manuel Hernández; Darío Morales; Edgar Negret, con tres esculturas; Alejandro Obregón; Eduardo Ramírez Villamizar; Omar Rayo; Leopoldo Richter, nacido en Alemania, pero con vida activa en Colombia; Carlos Rojas; y Hernando Tejada. La Colección está abierta a especialistas y grupos, previa cita. En Guatemala se albergan unas 90 piezas y en Calí el resto, donde sufrió un robo reciente de 80 obras. “Allí tenemos una escultura monumental soberbia de Grau, difícil para traer a España”, explica el fundador de la Colección.

Realmente Alberto Otero merece una medalla por su tarea de apoyo y reconocimiento al arte de su país. “Hemos hecho la colección paulatinamente, con esfuerzo y algunas renuncias. Nunca hemos vendido una sola pieza artística de las adquiridas ni siquiera en momentos críticos”, señala.

Cuatro generaciones de artistas colombianos

“Siempre hemos estado atentos al arte colombiano y, sobre todo, a sus artistas, porque es un país que ha generado buenos nombres”, explica Alberto Otero. “Contamos en realidad con cuatro generaciones de artistas colombianos en la Colección: la primera estaría formada por Andrés de Santa María y la segunda, por los Ricardos: Ricardo Gómez Campuzano; Ricardo Borrero Álvarez, Ricardo Acebedo Bernal; Ricardo Moros Urbina; Jesús María Zamora; Francisco Antonio Cano; Débora Arango; Ramírez Villamizar; Ignacio Gómez Jaramillo, Omar Rayo y Emma Reyes”.

“La tercera generación la formarían: Alcántara, Botero, Carlos Rojas, Manuel Hernández, Ana Mercedes Hoyos; María Paz Jaramillo y Luís Caballero, y la cuarta la integrarían: Ricardo Valbuena, Danilo Dueñas; Daniela Mejía; Luciano Jaramillo; Alberto Sojo y Gustavo Vejarano”.

“Como la Colección Otero Herrera pretende abarcar todo el ámbito latinoamericano para completar el discurso, también hay muchas más obras del argentino Miguel Carini; los cubanos Ever Fonseca; Cundo Bermúndez...; los mexicanos José Luís Cuevas o Juan Soriano ; el peruano Alberto Dávila; los brasileños como Antonio Enrique Amaral o María Teresa Negreiros que residió en Colombia; los guatemaltecos Juan Francisco Yoc o Rodolfo Abularach... Alicia Viteri, Beatriz González...serían muchos para mencionarlos a todos”, explica Camilo Otero.

“Queremos completar períodos, nombres y movimientos en la colección, pero todo lo haremos poco a poco para no precipitarnos en la elección de las obras”, señala el director, un hombre joven, lleno de energía y proyectos. “En familia también contamos con obras de artistas españoles, pero que no forman parte de la Colección porque ésta se ha definido como de arte latinoamericano”.

Con Camilo Otero Herrera a la cabeza no se hará cierta la irónica definición de que “una colección es la pasión de un hombre que se disuelve en una testamentaría”.



viernes, 28 de enero de 2011

Fundación Otero Herrera, Importante colección de Arte Latinoamericano en España




Julia Sáez-Angulo


La Fundación Otero Herrera, especializada en arte latinoamericano ha llevado a cabo una interesante exposición con los fondos de sus colecciones en la Universidad de Málaga, provincia en la que está situada. Una muestra hermosa a la que sólo hay que ponerle una objeción: sólo un nombre de mujer, lo que la hacía coja e incompleta. Un fallo a subsanar en el futuro, máxime cuando los nombres femeninos cuentan mucho hoy en el circuito de las artes plásticas y visuales.

“Arte Vivo” se denominaba esta exposición en la que participaban los nombres de Rodolfo Abularach (Guatemala, 1933); Pedro Alcántara (Colombia, 1942); Luis Caballero (Colombia, 1943- 1995); Miguel Ángel Carini (Argentina, 1948); José Luís Cuevas (México, 1934); Alberto Dávila (Perú, 1912 – 1988); Ever Fonseca (Cuba, 1938); Enrique Grau (Colombia, 1920 – 2004); Manuel Hernández (Colombia, 1928); Darío Jiménez (Colombia, 1919 – 1980); Wifredo Lam (Cuba, 1902 – 1982); Armando Morales (Nicaragua, 1927); Darío Morales, (Colombia, 1944 - 1988); Luís Moscoso (Ecuador, 1915); Edgard Negret (Colombia, 1920); Alejandro Obregón (Barcelona. España, 1920 – Colombia, 1992); Miguel Ocampo (Argentina, 1922); René Portocarrero (Cuba, 1912 -1985); Eduardo Ramírez Villamizar (Colombia, 1923 – 2004); Domingo Ramos (Cuba, 1897 – 1957); Omar Rayo (Colombia, 1928 -2010); Emma Reyes (Colombia, 1919); Leopoldo Richter (Alemania, 1896 –Colombia, 1984); Carlos Rojas (Colombia, 1933 – 1997); Elmar Rojas (Guatemala, 1937) y Hermann Schmidlin (Chile, 1965).

La colección adolece de mayor número de artistas de Colombia, lo que se explica porque su creador es de aquel país. Camilo Otero Herrera, director de la exposición explica el criterio seleccionador de la muestra: “Pretendimos establecer un juego con los elementos que componían las obras, con el trasfondo de su historia y su producción. Estábamos seleccionando piezas de un rompecabezas, instrumentos con los que posteriormente teníamos que contar una historia, armar un relato. Este tenía dos elementos principales: El Ser Humano y el Espacio”.



Arte ligado al contexto socio-político

Para Otero Herrera, “las artes en América Latina han estado íntimamente ligadas a su contexto social, histórico y político, así como a un legado ancestral que puede rastrearse hasta los comienzos de los primeros pobladores del continente. Uno de los rasgos principales de los que José Martí llamó “Nuestra América Mestiza” es precisamente la mezcla de tres grandes bloques étnicos, que desde hace más de cinco años comenzaron a convivir: las comunidades amerindias, nativas de las distintas regiones del continente, los conquistadores europeos y las migraciones forzadas del África negra”.

“Fue a mediados del siglo XIX que la búsqueda identitaria americana tomó un rumbo distinto al que llevaba (...) Fueron el siglo XX y sus revoluciones”, los que consiguieron despertar e impulsar la necesidad de encontrar una identidad propia, mostrando un modo particular de estar en el mundo”, continua Otero Herrera, que se explaya en algunos movimientos como el muralismo mexicano.

“Si Botero es mundialmente conocido por sus volúmenes desorbitados y el retrato irónico de una sociedad llena de tabúes y doble moral, Wifredo Lam lo ha sido por ofrecernos un mundo mitológico lleno de mujeres caballo o guerreros con cabeza de pájaro, en el que el barroquismo y la festividad de su “Jungla”, dan fe de la imaginación desbordante del Caribe”, añade el director de la Fundación.