Julia Sáez-Angulo
7/8/26.- Madrid.- “Todos somos griegos en el exilio” dijo el escritor Borges y lo recordaba, el escritor y periodista José María Bermejo en su “Cuaderno griego” (1992), libro mío de cabecera durante largo tiempo. Es el reconocimiento claro de los que amamos la cultura clásica greco-latina y greco-romana, porque la hemos estudiado, nos captó, nos marcó y forma parte de nuestro imaginario personal. Afortunadamente no soy la única persona entusiasta de ese mundo clásico, que es cuna de nuestro lenguaje y nuestra cultura.
Actualmente estoy leyendo y disfrutando el libro de divulgación “Locos por los clásicos” (Todo lo que debes saber sobre los grandes autores de Grecia y Roma), (Planeta, 2022) de Emilio del Río (Logroño, La Rioja, 1963), profesor en la Universidad Complutense, que reaviva el recuerdo de nuestro conocimiento y amor por su cultura. El libro recoge los textos de los podcast del autor en el programa “No es un día cualquiera” de RNE, bajo el rótulo de “Verba volant”, las palabras vuelan.
¡Bien por esa divulgación de los autores clásicos griegos y latinos! Por sus páginas desfilan mitos, historias y escritores, que han marcado la historia y literatura posterior mucho más de lo que creamos a primera vista. ¿Cómo no vamos a estar locos por los clásicos?, se pregunta Emilio del Río en el prólogo: “Hay un momento mágico de la historia de la humanidad en el que se crean las bases de nuestra democracia, de nuestra civilización, de nuestra cultura. Ese momento es el de las culturas griega y romana, hace miles de años”.
Entre los autores que del Río nombra con citas claves de su obra, se encuentran: Virgilio, Catulo, Tucídides, Séneca, Platón, Plutarco, Homero, Plauto, Sófocles, Luciano, Cicerón, Esopo, Tibulo, Eurípides, Ovidio, Safo, Heródoto, Apuleyo, Marcial, Lucrecio, Aristófanes, Esquilo, Epícteto, Supicia, Tito Livio, Propercio, Suetonio, Horacio… Solo dos mujeres, Safo y Sulpicia, griega y latina respectivamente, yo diría que demasiado en dos culturas ciertamente patriarcal y orilladoras de los derechos de la mujer, si bien dándole papeles en la vida, como lo demuestran las tragedias de Sófocles o Eurípides.
No hay arquetipos literarios femeninos más rotundos y hermosos que los de las tragedias griegas. Aparte de las diosas: Antígona, Ismene, Electra, Medea, Clitemnestra, Ifigenia, Hécuba, Helena, Andrómaca, Casandra… ¡Que contradicción sus vidas, con los derechos que les otorgaban! Ellas, más que nadie, cristalizaron las conductas humanas. De todas ellas preparé una conferencia para la Feria del Libro de Santo Domingo (Rep. Dominicana) en 2020, pero la pandemia del covid-19, impidió pronunciarla.
Pero volviendo a los autores, voy a referirme, por cuestión de espacio a solo dos autores, la primera de Platón en “La República”, donde con sus célebres diálogos, el autor nos enseña filosofía a base de cuentos y relatos como parábolas: por ejemplo, el del anillo de Giges, que lo hace invisible y el comportamiento del ciudadano con o sin ese anillo. O el mito de la caverna, aquellos hombres amarrados en la oscuridad que solo conocen el exterior por las sombras que proyecta y creen que eso es la realidad, al tiempo que temen el exterior porque descabalga su falsa seguridad. “La ciudad toma su origen de la impotencia de cada uno de nosotros para bastarse por sí mismo”, escribe Platón.
De Ovidio vale la pena destacar su vis poética, ciertamente hermosa, cuando narra los amores de la reina Dido y Eneas en una gruta, donde se han refugiado por los truenos y rayos de una tormenta. Sin detenerse en la supuesta cópula de los amantes cierra su fábula con un verso que dice: “Y allá en lo más alto ulularon las ninfas”.
“Nihil novum sub sole”. No hay nada nuevo bajo el sol, dan ganas de decir después de leer los clásicos, siempre renovados y presentes. Un ejemplo: en la reciente exposición de “Mínimo Tamaño Grande. MTG.”, la escultora Isabel Lleo muestra una sugerente barca de Caronte, o Patricia Larrea titula en latín “Umbra”, a su escultura para la exposición “Eclipse”.
Clásico quiere decir permanente. Eterno.
Barca de Caronte (madera y alabastro) de Isabela Lleo.