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viernes, 7 de abril de 2017

Espido Freire, Talento y escritura para narrar la novela “Llamadme Alejandra” , sobre la última zarina






 Espido Freire


Julia Sáez-Angulo


            No se le ha ido el aire de niña lista, algo resabiada, a Espido Freire, que tiene talento y bella escritura para narrar la novela Llamadme Alejandra, premio Azorín 2017, fallado en Alicante. Novela que narra la vida de la última zarina en Rusia. Una narración bien documentada y llevada a buen ritmo, donde la autora entra de lleno en el personaje y su época para contar la historia interior y exterior del personaje protagonista.

            La novela, publicada por la editorial Planeta, fue presentada en Madrid, en medio de un dialogo intenso del escritor Javier Sierra con la escritora,  que tiene verbo y comunicación para abrumar a cualquiera. Espido Freire (Bilbao, 1974) llevaba unos cuantos años sin presentar novela, afectada por cierta depresión, pero “sin dejar de trabajar en otras cosas durante este tiempo”, declaró.

            Durante la presentación resaltó el dolor de la zarina Alejandra, por la hemofilia de su hijo, heredero del zar, sus buenas virtudes domésticas como madre y esposa, no siempre valoradas por la opinión masculina o la opinión pública exterior de Rusia que no la amaba  y culpaba de muchas cosas en tiempos difíciles del anarquismo, que obligaba a los zares a vivir en sus “jaulas de oro”.

            La autora de Llamadme Alejandra –el título es muy común- dice que sabe del dolor y del sentido de la violencia, porque ha vivido en el País Vasco, donde esta última era habitual en la vida cotidiana y había que hacerse a convivir con ella, sabiendo que la misma vida podía irse en el segundo siguiente por un atentado.

            Preguntada por si algún día narraría esa vida de violencia de ETA en el País Vasco que ella bien conoció, declaró que no lo descarta en un futuro, si bien se ve joven y necesitaría un poco más de distancia para hacerlo. 

            El personaje de Rasputín es clave igualmente en la vida de la zarina Alejandra, un eremita del siglo XX con gran poder psicológico y sanador, casi mágico, capaz de dominar la corte de los zares. Personaje muy potente, capaz de acaparar él solo una novela, pero Espido Freire quiso concentrarse en la protagonista Alejandra, que tuvo gran influencia en su esposo el zar Nicolás, un buen hombre, pero incapaz de gobernar un imperio.

            El destino parece planear sobre la familia de los Romanov, que la escritora vasca ha investigado a fondo, introduciéndose en los palacios rusos sin haberlos visitado para no dejarse llevar por el contraste de la realidad actual y el mito del pasado.


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            Los ejércitos Banco y Rojo de la Rusia de primeros del XX manejaron los últimos días de la familia de los zares. Alejandra y Nicolás fueron fusilados por los revolucionarios en una crimen que dejó un capítulo sangriento inolvidable en la historia. Alejandra, descendiente de la reina Victoria de Inglaterra siguió ese destino implacable de los zares y su vida ha dado lugar a biografías, novelas y películas.


EL LIBRO

Antes de la Revolución
Julio de 1918. Hace ocho meses que los bolcheviques han tomado el poder en Rusia. Pero su revolución no está consolidada. El mes anterior ha comenzado una guerra civil entre los revolucionarios y los llamados rusos blancos, los partidarios del viejo régimen. Estos, de momento, les van ganando terreno a los rojos. El zar Nicolás II, que, forzado por las circunstancias, abdicó en marzo del año anterior, es prisionero de los bolcheviques, junto con su familia, su mujer y sus cinco hijos. La familia imperial no sabe qué destino les aguarda. Sueñan con que les dejen instalarse en algún lugar, dentro o fuera de Rusia, en el que vivir tranquila y modestamente; pero la violencia con que se está conduciendo la revolución ensombrece esa esperanza. Un día les ordenan que recojan sus pertenencias a toda prisa porque van a ser trasladados.

Así empieza esta novela, narrada en primera persona por la última zarina de Rusia, la princesa Alix, nieta de la reina Victoria, que en Rusia, al casarse con Nicolás, ha tomado el nombre de Alejandra Feodorovna:


“Nos han despertado en mitad de la noche a gritos porque nos espera un nuevo viaje. Nicolás se ha levantado, ha abierto la puerta y a través de ella, semicerrada (yo aún en camisón, el Nene asustado y confuso), ha hablado con el comisario Yurovski.

sábado, 1 de junio de 2013




Ángeles Mastretta y Luis Alberto de Cuenca entre los firmantes de la Feria del Libro




L.M.A.


Una agradable temperatura y un día luminoso han acompañado a los visitantes de la Feria en este primer sábado, que han abarrotado el Paseo de Coches durante toda la jornada. Los más jóvenes estaban de enhorabuena: han tenido al alcance de su mano, aunque después de esperar larguísimas colas, a escritores como Laura Gallego, Cornelia Funke, Blue Jeans y los autores de los libros deportivos Antoni Daimiel (El sueño de mi desvelo) o José Antonio Martín (El fútbol tiene música). También los aficionados a la cocina, con los presentadores del consurso Masterchef y Alberto Chicote, popular por Pesadilla en la cocina.

Muchísimos escritores en las casetas. Luis Goytisolo, Almudena Grandes, Julio Llamazares, Ildefonso Falcones, María Dueñas, Lorenzo Silva, Rosa Montero, Espido Freire, Ian Gibson, Javier Reverte, Manuel Rivas, José Ovejero, Luis García Montero, Fernando García de Cortázar, Ángeles Mastretta, Dolores Redondo y Luis Alberto de Cuenca, entre otros muchos. Políticos como Toni Cantó, Joaquín Leguina, Jorge Vestringe o el expresidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Y músicos como Santiago Auserón y Loquillo.

Mario y Fernando Tascón han estado firmando ejemplares, digitales y en papel, de la Biblia bastarda. Según el mismo Mario escribía esta mañana, 4 digitales y 38 en edición de papel.

Fieles a su tradición, los blogeros literarios han acudido a su cita anual del primer sábado de la Feria. En su tercera quedada se han reunido más de 260 jóvenes de toda España.


Objetivo: tarta perfecta

La  conocida como “reina del cupcake”, Alma Obregón, ha presentado su nuevo Objetivo: tarta perfecta en el Pabellón de Actividades Banco Sabadell rodeada de lectores, reposteros aficionados, que han esperado pacientemente que concluyera el montaje que El País Aguilar, que edita el libro, había preparado para que ella esta tarde pudiera hacer la demostración de la cobertura de una tarta.

Objetivo: Tarta perfecta reúne 50 recetas originales, profusamente ilustradas, con toda la información sobre ingredientes, herramientas, técnicas de decoración y cremas básicas que se han de conocer y utilizar para conseguir unas tartas irresistibles.

Alma Obregón consigue convencer de que hornear la tarta perfecta es, no solo posible, sino fácil. Recetas para todo tipo de celebraciones (cumpleaños, bodas, fiestas, postres). Y para todos los paladares, desde las de clásico bizcocho hasta las de originales y atrevidos diseños gracias al fondant. “Alma ha pensado en todos”, ha querido señalar su editora, Maite Suñer. Celíacos, diabéticos y veganos también pueden encontrar la receta adecuada sin tener que renunciar a las preciosas presentaciones de su repostería creativa.

Alma ha desvelado que su tarta favorita es la de cheesecake con oreo. “También me gusta la de zanahoria; y a mi madre le encanta la de calabaza; otra que sé que gusta mucho es la de Baileys”. Para veganos, ha ideado una tarta con cobertura de glaseado de aguacate. “Mi chico nunca la hubiera probado si yo lo hubiera avisado de que esa tarta verde lleva aguacate, pero le encantó porque está brutal”, contó la autora, divertida.

Alma Obregón (Bilbao, 1984) se aficionó a los cupcakes cuando estudiaba el doctorado en Alemania. Los había conocido en Inglaterra, durante unas vacaciones, “y como en Alemania hacía muy mal tiempo y no conocía a casi nadie, ¡empecé a hornear! Los cupcakes me alegraban y yo me pasaba las tardes subiendo fotos al blog...”. De ahí a convertirse en el referente español de los cupcakes. “Es un honor para mí saber que, quizá, próximamente alguna de mis tartas pase a formar parte de los recuerdos de un día muy especial para vosotros”.


Araña Editorial

Bajo el lema “El renacimiento del arte, la poesía y la literatura humanista” se ha presentado en el Pabellón de Actividades Banco Sabadell Araña Editorial, proyecto nacido en Valencia “de la necesidad imperiosa de canalizar una serie de inquietudes y actividades artísticas”. Julia de la Rúa, editora y poeta, autora de Dragoste y los finales y los sueños, estuvo acompañada por Manuel Lacarta, que leyó algunos poemas de Margot en la plaza de Castilla; Vicente Clavero, autor de Yo soy el hijo de Franco, una novela sobre un periodista venido a menos que conoce a alguien que le asegura ser hijo del Caudillo, en lo que ve una oportunidad de rehabilitación profesional; Javier del Rey, quien habló de Las alegres noches de la Provenza, “escrita en tono humorístico”; Susana Medina e Isabel del Río, autoras de Red Tales. Cuentos Rojos y Zero Negative. Cero Negativo.


sábado, 1 de octubre de 2011

KRISTINA DE NORUEGA

Campanario de S. Olav, Covarrubias. Foto Juan Jiménez

Sepulcro de la infanta Kristina, Colegiata de Covarrubias (Burgos)



Estatua de Alfonso X, Biblioteca Nacional Madrid. J. Alcoverro, 1882


M. Dolores Gallardo López





El pasado día 19 en este blog Julia comentaba ampliamente la inauguración de la capilla de S. Olav, patrono de Noruega, que tuvo lugar el día 18 en la villa de Covarrubias, promovida por la Junta de Castilla y León y la Fundación Princesa Kristina de Noruega.

A S. Olav y al “Camino de S. Olav” dedicaremos otro artículo, estas líneas de hoy tienen por objeto ubicar, para aquellos que no conozcan los hechos, a la princesa en el tablero de la diplomacia de la época de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León. Una consecuencia de esa política fue la venida –y muerte- de Kristina en tierras hispanas.

En el año 1958 al ser estudiados los sepulcros de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias en uno de ellos se encontraron los restos de una mujer adornada con magníficas joyas y vestida con suntuosos ropajes con bordados de oro y pedrería. Su altura era bastante superior a la habitual para las mujeres castellanas del siglo XIII, pero normal en las mujeres del norte de Europa. Fue identificada como la princesa Kristina de Noruega.

EL TABLERO POLÍTICO
El rey Alfonso X, es bien conocido por el gran público por su intervención en la Reconquista y por su labor literaria y científica, por el impulso que dio a la Escuela de Traductores de Toledo –de ahí el sobrenombre de “Sabio”- y por las composiciones líricas conocidas como Cantigas a Santa María, escritas en galaico-portugués: como justo homenaje una estatua que lo representa, realizada en 1892 por J. Alcoverro, está ubicada en la entrada de la Biblioteca Nacional de Madrid.
Menos conocida para el gran público es su aspiración a convertirse en emperador del Sacro Imperio romano germánico.

No fue Alfonso X el primer rey castellano que decidió emparentar a su familia con una casa real de países nórdicos. Bastante antes lo hizo Alfonso VII rey de Castilla y León, también Fernando III, padre de Alfonso X.

Alfonso VII se casó en segundas nupcias con la princesa Richilda, llamada simplemente Rica en algunas fuentes. Richilda era hija de hija del rey Ladislao de Polonia y de Agnes Babemberg (una nieta del emperador del Sacro imperio romano germánico Enrique IV). Así pues la princesa Richilda, biznieta del emperador Enrique IV, estaba emparentada con la casa de los Staufer de Noruega y con la de los Babemberg de Austria.

Por la importancia que tuvo vale la pena recordar quién fue Enrique IV (Goslar, 1050–Lieja, 1106): rey germánico desde 1056 y emperador del Sacro Imperio romano germánico desde 1084, hasta su abdicación en el año 1105. Es conocido sobe todo por su enfrentamiento con el papa Gregorio VII, que finalmente lo excomulgó. Enrique hábilmente preparó una jugada política: durante tres días, vestido con ropas harapientas (también, según la tradición, descalzo y sin comer), rogó el perdón papal ante el castillo de Canossa. Su voluntaria humillación resultó efectiva: el Papa tuvo que retirarle la excomunión y relegitimarlo bajo una serie de condiciones, que Enrique pronto volvió a olvidar.

Alfonso VII de Castilla y León con su segundo matrimonio con la princesa Richilda emparentó con el linaje imperial y entró en el ámbito germano- eslavo de casas reales. Así se iniciaron las relaciones políticas de Castilla y León con monarcas alemanes, relaciones que continuaron en el siglo XII y XIII por vía de alianzas matrimoniales.

De la unión que acabamos de indicar provino años después la candidatura de Alfonso X al trono imperial alemán y los cuantiosos gastos que soportó Castilla por la implicación de su rey en las luchas entre el Papado y el Imperio.

Alfonso X era hijo de Fernando III (rey que unificó definitivamente los reinos de Castilla y León dado que Alfonso VII dejó como heredero de Castilla a su hijo Sancho y como heredero de León a su hijo Fernando) y de Beatriz Isabel de Suabia.
Beatriz de Suavia era hija del duque Felipe de Suabia y tras la muerte de su padre permaneció bajo la tutela de Federico II, emperador del Sacro Imperio romano germánico, que fue quien dio el visto bueno para su matrimonio con Fernando III.

En 1250 murió el emperador Federico II (enfrentado al Papa Inocencio IV, éste lo había depuesto unos años antes) y en 1254 el Papa Inocencio IV. Se creó una especie de vacío de poder y en ese ámbito de mueve el deseo de Alfonso X de Castilla y León -que fue reconocido legítimo heredero de la dinastía de los Staufer por la comuna de Pisa (en 1256 recibió una legación de la república d Pisa)- de llegar a ser proclamado emperador del Sacro Imperio.

En 1258 Alfonso X, que estaba casado con Dña Violante, hija del rey D. Jaime de Aragón, se convirtió en pretendiente oficial al trono imperial: lo apoyaban además de la Comuna de Pisa, el rey Luis IX de Francia, el rey Bela IV de Hungría y su suegro, el rey Jaime I de Aragón. Alfonso X había hecho todo lo posible por alcanzar sus deseos. En este marco se encuadra la alianza matrimonial que en 1256 se había gestado entre las casas reales de Noruega y Castilla.

Era rey de Noruega Hakon Hakonsson IV (1204-1263), considerado hijo ilegítimo de Haakon III y de una campesina llamada Inga de Varteig. Nació en una sociedad plagada de discordias civiles que databan desde 1130 y murió siendo el gobernante indiscutible de un reino grande y respetado internacionalmente. Su reinado (1217-1263) puso fin a las discordias civiles noruegas, la parte final se caracterizó por la paz interna y por una prosperidad nunca antes vista en Noruega. El rey Haakon, que en sus comienzos había sido rechazado por la Iglesia por ser hijo ilegítimo, en 1247 obtuvo finalmente el reconocimiento del papa Inocencio IV, quien envió al cardenal Guillermo de Módena a Bergen para celebrar la coronación. Fue el comienzo de lo que se conoce como la edad de oro del reino noruego medieval. La fuente más importante de la biografía de este rey es la Hákonar saga Hákonarsonar o Saga de Hakon Hakonsson, escrita en la década de 1260, pocos años después de la muerte del rey, por Sturla Tordsson muy posiblemente por petición de Magnus, hijo y sucesor en el trono de Noruega de Hakon Hakonsson IV.

Dado que el rey Alfonso X de Castilla y León ya estaba casado, como ha quedado dicho, con Dña Violante, hija del rey D. Jaime de Aragón (ya tenían una hija pequeña, Dña Berenguela), en 1256 pidió la mano de de la princesa Kristina, hija del rey Hakon Hakonsson IV, para uno de sus hermanos, los infantes.

Al año siguiente, en 1257, la princesa, con una magnífica dote, emprendió por mar un largo viaje desde Tønsberg, cerca de Oslo, hacia Castilla, haciendo escala en Francia y otros lugares. La Saga de Hakon Hakonsson, mencionada más arriba, dedica varios capítulos al tema del viaje y la boda de la princesa Kristina.

El matrimonio con el infante D. Felipe, hermano de Alfonso X, se celebró el 31 de marzo de 1258 en la Colegiata de Valladolid y se convirtió en infanta de España. Los esposos residieron en Sevilla y allí, 4 años después, en 1262 murió Kristina sin descendencia. Fue enterrada en Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias.

Desafortunadamente toda esta urdimbre política no sirvió para nada: Alfonso X, tras casi 20 años de esfuerzos y de desembolsar grandes sumas de dinero para sufragar los gastos y para apoyar política y militarmente a quienes sustentaban su candidatura, no consiguió su sueño imperial: En 1275 el papa Gregorio X desestimó sus derechos y pretensiones y favoreció a Rodolfo de Hasburgo. Kristina, flor noruega trasplantada y agostada muy lejos de su país de origen y de su entorno familiar, fue sólo una víctima del ajedrez de la diplomacia medieval, como tantas jóvenes princesas.

Quienes estén interesados en más datos sobre estos hechos, pueden consultar entre otros, La princesa Kristina de Noruega en la corte del rey Alfonso X de Castilla y León de Ángel Gordo Molina e Historia de Campo Florido, traducción del islandés antiguo, introducción y notas de Mariano González Campo.

COVARRUBIAS Y LA FUNDACIÓN PRINCESA KRISTINA DE NORUEGA

La ciudad noruega de Tønsberg, lugar donde se inició el viaje de la princesa hacia Castilla, se hermanó con la villa de Covarrubias y en abril de 1978 donó a la población castellana la estilizada estatua de la princesa que está ubicada frente a la portada de la Colegiata. Al acto asistieron diversas personalidades noruegas y la Banda Municipal de Tønsberg.

Los contactos oficiales entre el gobierno noruego y la villa de Covarrubias se han sucedido estos años y como culminación de ellos surgió en 1992 la fundación Princesa Kristina de Noruega, cuyo domicilio definitivo estará en Covarrubias. Actualmente está presidida por D. Javier Hernáez. Su objetivo es fomentar y promover actividades culturales y de cualquier otra naturaleza que contribuyan a mejorar las relaciones entre España y Noruega.

La última actuación en la que ha intervenido la Fundación ha sido la construcción de una ermita dedicada a S. Olav, ubicada a unos tres kilómetros de Covarrubias, realizada en acero y madera laminada, e inaugurada el pasado 18 de septiembre por el Presidente de la Junta de Castilla y León, D. Juan Vicente Herrera, y la Sra Ministra noruega de Cultura, Dña Anniken Huitfeldt, junto con otras personalidades. Quiere la leyenda de la princesa nórdica que ésta pidiera a su esposo, el infante D. Felipe, la edificación de una ermita en honor a S. Olav, que no llegó a realizarse. De ahí la construcción actual ermita. A este santo y al "Camino de S. Olav" dedicaremos otro artículo.

Finalmente reseñar que la infanta castellano-leonesa nacida en Noruega, convertida hace tiempo en personaje de leyenda, ha entrado en la Literatura española contemporánea como protagonista de novelas (María Jesús Montiel, Sol entre la bruma, Juan Arroyo Conde, Kristina la flor de Noruega; Jesús Maeso de la Torre, La cúpula del Mundo, segundo premio Caja de Granada de novela histórica; Cristina Sanchez-Andrade, Los escarpines de Kristina de Noruega y La flor del Norte debida a Espido Freire) y una reciente obra teatral debida al dramaturgo murciano Manuel Muñoz Hidalgo, Kristina de Noruega. La flor partida.

jueves, 20 de enero de 2011

Espido Freire novela la vida y el viaje de la princesa vikinga Cristina de Noruega a España



“La flor del norte”
Espido Freire
Editorial Planeta
Barcelona, 2011 (361 pags)




Julia Sáez-Angulo


Es un personaje medieval nostálgico y perdido en la bruma de la historia, Una princesa vikinga, Cristina de Noruega, que viajó a España para casarse con un príncipe y tuvo una vida corta e intensa entre su país natal y las ciudades de Valladolid, Sevilla y Covarrubias (Burgos) donde permanece enterrada, en el sepulcro de un claustro donde ondea de manera permanente la bandera de su país de origen.

La escritora Espido Freire (Bilbao, 1974) narra con pluma maestra esta vida de Cristina de Noruega (1234 – 1262), mujer que paso del frío intenso del norte a un país meridional de Europa, que se casó con el Infante don Felipe, hermano del rey don Alfonso X el Sabio. La Corte de Castilla iba a ser dura y difícil para ella, con un marido ausente y de cacería continua.

Su viaje desde las costas de Noruega hasta Castilla, donde llegaría a ser Infanta fue narrado en una hermosa saga medieval, cien años más tarde y esa obra figura como clave medieval de la literatura noruega. Una historia que fue llevada igualmente a unos tapices hermosos art nouveau en los años 20 del siglo pasado y que fueron destruidos por un bombardeo de la segunda guerra mundial.

Alianzas del Sacro Imperio Romano Germánico

Nacida en Bergen, Cristina era hija de los reyes Haakon IV de Noruega y de Margarita Skules datter, quienes, dentro de las alianzas del Sacro Imperio Romano Germánico, concertaron el matrimonio de la princesa con un hermano del rey de Castilla para ampliar sus horizontes comerciales. Después de casarse en Valladolid, el matrimonio se estableció en Sevilla, donde la princesa murió porque no pudo adaptarse al clima de la ciudad.

Felipe de Casilla (1231-1274) quiso enterrar a su esposa en la colegiata de Covarrubias, de la que había sido abad, no sin antes prometerle que construiría una capilla a san Olav, patrón de Noruega, promesa que no pudo cumplir y que hoy se está en ello por voluntad de la Fundación Christina de Noruega, la embajada del citado país, la localidad de Covarrubias y la comunidad castellano-leonesa.
Todos los años se celebra en Covarrubias un festival de hermandad entre noruegos y españoles, con actividades culturales y mercado medieval de salmón noruego. En 1978 se abrió su sepulcro y todavía se mantenía su cabello rubio, sus uñas rosadas y sus dientes blancos.

Espido Freire ha escrito una buena novela histórica de esta vida tan pronto truncada, en la que refiere todos los personajes familiares de la princesa Cristina, entre ellos los hermanos Cecilia y Sirgud, así como la abuela Inga y el abuelo Haakon III.

Resulta curioso como la idea de flor se repite en los títulos de otros autores que ha escrito sobre el personaje: “Cristina de Noruega, la flor partida”, una breve obra de teatro del dramaturgo Manuel Muñoz Hidalgo (editorial Ñaque) y “Kristina, la flor de Noruega”, de Juan Arroyo Alcalde.