Mostrando entradas con la etiqueta Fundación Casa de Alba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fundación Casa de Alba. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de febrero de 2026

DE CÓMO QUEDÉ SEDUCIDA POR JESÚS AGUIRRE, DUQUE DE ALBA

Jesús Aguirre, Duque de Alba

Julia Sáez-Angulo

Al celebrar el centenario de Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII Duquesa de Alba, Grande de España (1926-2014), aristócrata con 40 títulos nobiliarios, una de las nobles y con más títulos del mundo, yo he recordado automáticamente a Jesús Aguirre, su segundo marido. Así le conocí:

Llegaron los periodistas de la Televisión francesa para entrevistar al ministro de Cultura, Jorge Semprún, y seguidamente habían quedado con Jesús Aguirre Duque de Alba en el Palacio de Liria, donde se albergaban algunos de los cuadros que iban a estar presentes en la gran exposición de Pintura Española en el Petit Palais de París, exposición que tendría lugar algunos meses más tarde. Entre las piezas relevantes, obras de Goya, incluyendo a la XIII Duquesa de Alba, Fra Angelico, Tiziano o Rubens. 

Trabajaba entonces en el Gabinete de Prensa del Ministerio de Cultura y Juby Bustamante me dijo, que como yo sabía francés, que acompañara a los periodistas, para presentarlos a Jesús Aguirre, Duque de Alba. Era mi trabajo y no podía decir que no, pese a la antipatía visceral que yo profesaba a Jesús Aguirre, no por nada personal, sino por su trayectoria vital y profesional, que se me antojaba de lo más arribista y deleznable.

Jesús Aguirre había sido jesuita, había colgado los hábitos, había propiciado el diálogo inútil de cristianos y marxista, había sido nombrado académico sin méritos propios aparentes, se había casado, en 1978, con la Duquesa Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII Duquesa de Alba, la más noble del Gotha europeo y había presumido de Duque de Alba, cuando no era más que un simple consorte con mal de altura.

Al poco de casarse, Jesús Aguirre, dijo que nunca iría de Duque de Alba por la vida, pero le faltó el tiempo para firmar con frecuencia la codiciada página tercera del ABC, firmando de modo, casi lapidario: EL DUQUE DE ALBA. Así, con mayúsculas. ¡Un parvenu, un advenedizo!, que además hablaba, entre bromas y veras como "Nosotros los Alba".

Todavía recordaba yo la crítica cáustica que de Jesús Aguirre hizo el escritor y académico Camilo José Cela, cuando una terna de colegas de la Academia de la Lengua lo propuso como académico, nada menos que Dámaso Alonso, Fernando Lázaro Carreter y Rafael Lapesa. ¿Pero qué méritos tiene este señor? ¿Qué ha escrito en su vida, aparte de prólogos para la editorial Taurus? ¡Es un simple escritor de prólogos! Jesús Aguirre habla cinco idiomas perfectamente, objetó un periodista. “ Se puede ser analfabeto en varias lenguas, lo que no quiere decir que don Jesús Aguirre lo sea”, replicó el académico. “Porque nadie esperará que por ser Duque de Alba tenga que entrar en la Docta Casa, por mucha tradición que lo sustente”, se oyó de Camilo.

  Pues allí esta él, Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate, ya Duque De Alba y Conde Monterrey, tan pimpante en la Docta Casa, desde 1983, ocupando el sillón ”i”. Su discurso de ingreso no llegaría hasta 1986 con el tema “El Conde Aranda y la reforma de espectáculo en el siglo XVIII”, una disertación sobre el papel ilustrado de Pedro Pablo Abarca de Bolea en la reforma cultural. El profesor Fernando Lázaro Carreter le dio la réplica

Mi antipatía por Jesús Aguirre aumentaba al recordar todo esto y más. Una aversión, que casi me provocaba animosidad máxima. Esto puede acabar mal, pensé.

Todo  me venía paulatinamente a la memoria, cuando los periodistas y yo nos acercábamos, dentro del coche de incidencias del Ministerio, al palacio de Liria, donde residía el próximo entrevistado. 

*****

Nos recibió el propio Jesús Aguirre, Duque de Alba, a la entrada, en la escalinata, con la mejor de sus sonrisas. Llevé a cabo las consiguientes presentaciones, con un apretón de manos, dentro de un protocolo cordial algo impostado y comprobé que el acento francés del anfitrión, al hablar con los periodistas, era excelente. 

    Pasamos a uno de los salones, después de atravesar tres o cuatro y nos detuvimos ante uno de los cuadros relevantes que iban a ser expuestos en París, delante del cual iba a ser entrevistado Jesús Aguirre. 

    Mientras manipulaban los cables los enchufes, las luces, micrófonos y otros adminículos necesarios para la grabación, Jesús Aguirre se puso a hablar conmigo de modo privado, casi confidencial, como si nos conociéramos de toda la vida. Se me antojó simpático, agradable. “Vamos a ver qué les decimos a estos gabachos”, me confió entre otras cosas y comentarios de humor, que me iban haciendo su cómplice y llevándome a su terreno.

    Comenzó la grabación y a los cinco minutos de hacerlo, el técnico y el periodista franceses se miraron, intercambiaron gestos y el periodista le dijo a Jesús:

    -Disculpe, Señor Duque, pero esto no ha grabado bien. Tendremos que volver a empezar.

    Nueva manipulación de la intendencia televisiva, mientras Jesús Aguirre seguía haciéndome confidencias y bromas sobre los gabachos y la técnica televisiva francesa manifiestamente mejorable. Tenía buen humor.

    Recomenzó la grabación de la entrevista a Jesús Aguirre y entre otras preguntas:

    -¿Por qué no se han prestado para esta exposición en París, los dos paisajes de Ribera del Palacio de Monterrey, que tienen los Duques de Alba en Salamanca?

    -Porque esos cuadros han viajado ya bastante durante los últimos años y hay un principio de conservación de la pintura que dice: “tres traslados equivalen a un incendio. La pintura necesita reposar un tiempo, para que siga adherida al soporte. Es lo que nos ha dicho nuestro conservador de arte. Y..., en este caso, París no vale una misa. dijo el ex cura con humor.

    De nuevo, el técnico y el periodista se miran se dirigen gestos y hablan de que no se ha grabado bien la voz. Así se lo hacen saber a Jesús Aguirre y este con un simpático suspiro dijo:

    -Jèsus tomba par la troisième fois. Neuvième station.

    Se me antojó una salida irónica graciosa, propia del ex jesuita, que no sé si los franceses llegaron a captar.

    A la tercera fue la vencida y finalmente la entrevista se desarrolló con normalidad y no más incidentes. Las preguntas continuaban desde lo artístico a lo financiero, sobre el coste de mantenimiento del palacio del Liria y los impuestos que gravitaban del mismo ante el Estado. Jesús Aguirre hablaba con seguridad y autoridad, como si fuera propietario de Liria de toda la vida. La lengua francesa en boca de Jesús Aguirre sonaba con la firme cadencia del teatro de Molière.

    Mientras recogían los instrumentos y adminículos televisivos, Jesús Aguirre me confesó en un aparte: “Claro que tenemos problemas para pagar a la voraz Hacienda, Pública, pero no se los voy a contar precisamente estos vecinos del norte”.

    Fuimos seguidamente a recorrer las distintas estancias y salones del palacio, con obras de arte de todo género, pintura, escultura, artes suntuarias, armaduras históricas, panoplias, habitaciones privadas donde había residido la emperatriz francesa de origen español, Eugenia de Montijo, el archivo y la biblioteca, donde parecía disfrutar Jesús Aguirre mostrando a los periodistas ejemplares singulares. De todo ello iban filmando los franceses y preguntando al Sr. Duque por aquí y al señor Duque por allá, como si les encantara subrayar la vieja nobleza que ellos perdieron en su día por regicidas en 1789.

    Y así fue como Jesús Aguirre Duque de Alba me sedujo en su favor, durante las tres horas y media que duró la entrevista y el recorrido por el palacio de Liria. Al despedirnos dio la mano a los franceses y, ante mi sorpresa, a mí me distinguió con dos besos en las mejillas, como a pocos he tolerado. 

    Ha sido un milagro de transformación mental, pensé al regresar al ministerio. Mi antipatía por Jesús Aguirre había desaparecido por completo. Todos mis prejuicios previos cayeron al suelo. Me pareció un hombre culto, erudito, amable, cordial, encantador, charmant…Ya no me sorprendía que Cayetana de Alba se hubiera fijado de él. Resultaba un hombre adorable por su cultura, erudición, talante, buen humor, saber estar o dominio de lenguas.

    A partir de entonces, todo lo que leía y sabía de Jesús Aguirre, Duque de Alba, o, al menos, lo que retenía en la memoria, era siempre positivo. Él modernizó la administración de la Fundación Casa de Alba, por lo que evitó o dificultó para un futuro la posible dispersión de su patrimonio histórico artístico, al tiempo que logró rebajar los excesivos impuestos, como hasta entonces, había pagado la Casa de Alba. Podría decirse que la cristalizó para evitar su destrucción.

    Y otra de las cosas que más me gustó de Jesús Aguirre fue la conferencia histórica que, en 1986, impartió en Bélgica, después de uno de sus numerosos viajes a Alemania, país donde él había estudiado Teología en Múnich, donde se vinculó a los intelectuales de la Escuela de Frankfurt. El título de la disertación fue “El Gran duque de Alba”, y tuvo lugar en la Universidad de Lovaina. Lejos quedaba la Grand Place de Bruselas, donde todavía cuelgan marionetas que representan y recuerdan a flamencos ahorcados por los Tercios Españoles en Flandes, en represalia por la rebelión contra Carlos I. En Lovaina, el Duque de Alba realizó una destacada intervención oral, en febrero de 1986, para aclarar los hechos y sus circunstancias. Una conferencia destinada “a desmontar la "leyenda negra de mi antecesor, Don Fernando Álvarez de Toledo (1507-1582), III Duque de Alba, conocido como el "Gran Duque de Alba". 

    Jesús Aguirre subrayó el humanismo de Don Fernando Álvarez de Toledo y desdramatizó el paso de la figura histórica en Flandes, a menudo demonizada por la sesgada tradición belga y holandesa sobre el Gran Duque de Alba, debido a la represión, durante la revuelta de los Países Bajos en el siglo XVI. Destacó, que la intervención española del momento buscaba una reconciliación histórica y un acercamiento cultural, que no pudo ser y concluyó más o menos diciendo, que si los flamencos -belgas y holandeses- guardaban todavía alguna obsesión o problema de comprensión histórica, sobre el personaje del III Duque de Alba, era su problema, tendrían que profundizar más y mejor en el estudio del personaje y mirar hacia sus adentros para acabar de entenderlo.

    "El duque de Alba vuelve a Flandes, 'sin pica, pero con palma académica', escribió, en su día, la periodista Soledad Gállego-Díaz en el diario "El País". 

    Sin embargo, yo imagine a Jesús Aguirre, al terminar de leer su intervención en Lovaina, en un arrebato onírico, en un contexto de hidalguía y caballerosidad, que, quitándose el chambergo y haciendo con él una reverencia, ante una dama flamenca, le dijo: "España y yo somos así señora", emulando al capitán de los Tercios Españoles en la obra teatral “En Flandes se ha puesto el sol”, de Eduardo Marquina.

*****

    Una noche, en una de esas cenas de parejas y matrimonios amigos en Madrid, hablando de prejuicios, conté con todo lujo de detalles, que pese a los acendrados prejuicios que yo tenía contra Jesús Aguirre, Duque de Alba, él me había seducido por completo al conocerlo. La historia despertó más interés de lo que pensaba, pues no imaginaban que un caso semejante pudiera darse en mi persona. 

    Al despedirnos y ponernos los abrigos en el guardarropa, se me acercó Ramiro, el más pícaro del grupo, y en un aparte de mi marido me preguntó: “He sentido la curiosidad de si Jesús Aguirre te sedujo de tal manera que... ¿te hubieras ido a la cama con él?".

    -Mira Ramiro, esto no va de camas.

    Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2026/02/cayetana-grande-de-espana-en-el-palacio.html


miércoles, 30 de noviembre de 2022

El Palacio de Liria estrena un nuevo espacio expositivo con “Alba y Carter: 100 años descubriendo a Tutankamón”

  • La Fundación Casa de Alba muestra en una nueva exposición temporal la implicación del XVII duque de Alba en la difusión del descubrimiento arqueológico en nuestro país, como promotor de las cuatro conferencias que Carter dio en España en 1924 y 1928.
  • Una mirada multidisciplinar que acoge un centenar de piezas entre objetos personales, cartas, fotografías, esculturas, documentos y cuadros, en la nueva sala expositiva de Liria: el recién remodelado Gabinete del duque de Alba.
  • La visita a la exposición es libre y podrá combinarse con la visita a Palacio de Liria o bien de manera independiente. Es una visita que permitirá a los visitantes comprender la fascinación que despertó el importante acontecimiento arqueológico del que se cumple su primer centenario.


 L.M.A.
 
Madrid, 30 de noviembre de 2022. A partir de mañana, 1 de diciembre, el Palacio de Liria amplía su oferta cultural con una doble inauguración: por un lado, la residencia madrileña del duque de Alba amplía su espacio expositivo, abriendo las puertas de la sala del Gabinete del duque de Alba, y, por otro lado, presenta una nueva exposición temporal conmemorativa del centenario del descubrimiento arqueológico: “Alba y Carter: 100 años descubriendo a Tutankamón”.
 
 
El 4 de noviembre de 1922, Howard Carter desenterraba en el Valle de los Reyes, el primer peldaño de la tumba del célebre faraón egipcio, iniciando así lo que se consolidaría como uno de los grandes hitos de la arqueología.
 
 
El descubrimiento no tardó en convertirse en noticia internacional, motivo que llevó a Carter a celebrar conferencias mundiales sobre sus trabajos de excavación. Cuatro de ellas, en 1924 y 1928, se celebraron en Madrid, impulsadas por D. Jacobo Fitz-James, XVII duque de Alba y abuelo del actual duque de Alba.
 
D. Jacobo fue un conocido intelectual en su época, amante de la cultura y presidente del Comité hispano-inglés. Fue el responsable de que el arqueólogo británico viniese a España, alojándolo en su residencia de Madrid, el Palacio de Liria. Desde ese momento comenzaría una relación de amistad entre ambos, que se mantuvo durante el tiempo.
 
 
Hasta el 30 de abril de 2023, los amantes de esta leyenda histórica, podrán disfrutar de esta muestra temporal en el Palacio de Liria donde podrá no sólo conocer los grandes personajes involucrados: Tutankamón, Howard Carter o Lord Carnarvon, si no también entender el importante papel que desempeñó el Duque de Alba en la difusión del descubrimiento en España, la amistad con Howard Carter y la íntima relación de la Casa de Alba con Egipto desde la época de la Emperatriz Eugenia hasta la actualidad.
 
 
Un itinerario expositivo dividido en seis bloques temáticos; la figura de Tutankamón, Howard Carter, Lord Carnarvon y el descubrimiento de la tumba, El duque de Alba promotor de la arqueología española y la Cultura, Las dos conferencias de Howard Carter en Madrid:1924 y 1928, el duque de Alba y el Comité Hispano-Inglés, Alba y la fascinación de Egipto; con más de 100 piezas que incluyen documentos originales y objetos artísticos de la colección y archivo de Casa de Alba.

Las conferencias de Carter en Madrid
 
Howard Carter inició su andadura profesional en Egipto como dibujante hasta que fue nombrado inspector general de Monumentos del Alto Egipto en 1900, llevando a término notables labores en diversas tumbas de la necrópolis tebana.
 
En 1907 conoció a Lord Carnarvon, quién financió sus labores arqueológicas. Tras varias campañas fallidas, convencido de que aún quedaba una Tumba real en el Valle de los Reyes, el día 4 de noviembre de 1922 Carter localizó la tumba de Tutankamón.
 
Al importante hallazgo le siguieron años de trabajos para inventariar, restaurar y extraer los tesoros hallados. Tareas que el arqueólogo británico compaginó con conferencias y viajes por todo el mundo, entre las cuales incluyó Madrid en dos ocasiones para impartir cuatro conferencias sobre sus trabajos en la tumba del faraón Tutankamón.
 
Las conferencias, celebradas en 1924 y 1928, tuvieron gran éxito y repercusión, como reflejan los recortes de prensa de la época, algunos de los cuales pueden observarse en la exposición de Palacio de Liria.

El duque de Alba y la Cultura
 
El XVII duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart (1878-1953), destacó como promotor y figura activa de numerosos proyectos culturales. Fue miembro de las tres Reales Academias y mostró gran entusiasmo por la Historia.
 
Como gran impulsor de la arqueología española, se interesó por los grandes proyectos del momento y su puesto de presidente del Comité Hispano-Inglés, fue fundamental para atraer a grandes figuras como Howard Carter a España.
 
Su afición por la Historia y hacia la cultura egipcia queda manifiesta a través de sus libros, cartas y fotografías, algunas de las cuales se destacan en la exposición.
 
Visitas exposición

La exposición temporal Alba y Carter: 100 años descubriendo a Tutankamón, convivirá con la visita regular al Palacio, teniendo lugar todos los días en diversos horarios hasta el 30 de abril del próximo año. Las visitas estarán disponibles en tres idiomas: castellano, inglés y francés.
 
Desde su apertura al público en septiembre de 2019, el Palacio de Liria se ha convertido en uno de los grandes atractivos turísticos de Madrid, manteniéndose abierto al público desde abril de 2020 tras readaptarse a los nuevos protocolos sanitarios. La colección artística de Fundación Casa de Alba es una de las más importantes de Europa, incluyendo una destacada pinacoteca de más de 400 obras, además de tapices, artes decorativas y un importante fondo documental con más de 18.000 volúmenes.
 
La nueva muestra temporal Alba y Carter: 100 años descubriendo a Tutankamón cuenta con el apoyo de Mastercard tras el acuerdo de colaboración firmado entre la Fundación Casa de Alba y la compañía tecnológica de pagos, en su compromiso con la difusión de la cultura y experiencias de alta calidad.


INFORMACIÓN PRÁCTICA DE INTERÉS
 
Más información sobre horarios y venta de entradas en la web oficial del espacio (www.palaciodeliria.com) y en las taquillas situadas en la entrada del edificio.
 
El precio de la entrada a la exposición temporal es 7€.
 
Además, Liria ofrece una modalidad de visita combinada al Palacio y la exposición temporal a un precio de 18€.
 
Sobre la Fundación Casa de Alba
 
La Fundación Casa de Alba, presidida por el XIX duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, y con apoyo de sus dos hijos como patronos, Fernando, duque de Huéscar y Carlos, Conde de Osorno, ha dedicado grandes esfuerzos a la difusión y a la apertura de la colección Casa de Alba junto con sus palacios, residencias actuales del duque, para ofrecer la posibilidad de disfrutar y conocer su legado. El duque de Alba defiende una política de apertura y cercanía de la Casa de Alba con la ciudadanía de Madrid, de España y de cualquier visitante movido por inquietudes culturales. La Fundación fue creada tras varios años de trabajo en 1973 por sus padres, los XVIII duques de Alba, D. Luis y Dña. Cayetana, quienes iniciaron con este paso la labor de conservación y difusión de las colecciones histórico-artísticas.

Más información: