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martes, 9 de abril de 2019

RETRATO Ginés Liébana entre ángeles, bestias y acorde de duende surerralista onírico


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 Ginés Liébana. Autorretrato juvenil


 GINÉS LIÉBANA (2019)



Julia Sáez-Angulo
 Fotos Peter Wall

            9/4/19 .- Madrid .- Ha recibido recientemente la Medalla de Oro Mayte Spínola y a continuación el Museo de la Casa de la Moneda le ha ofrecido una exposición de su obra a sus 98 años. Una muestra que es como el traslado de su casa barroco/abigarrada a dos salas del museo, con sus cuadros de pequeño y mediano formato, que es la manera en la él trabaja desde sus comienzos en la ilustración en la revista Cántico.

            Dibujos, oleos, collages, acrílicos... Ginés Liébana (Torredonjimeno. Jaén, 1921) está feliz por este tardío reconocimiento, cuando su trayectoria artística ha sido larga y fecunda en la ilustración y la pintura sui generis, fuera de moda y de temporada, en las ciudades artísticas de Roma, Venecia, París, Río de Janeiro... de su trabajo plástico han salido ángeles, bestias, mujeres de largos cabellos arrastradas en el aire por su cabellos y retratos de Federico García Lorca, Antonio López, Nuria Spert, Lucía Dominguín, Lucía Bosé, Francisco Umbral... y su propio autorretrato de joven apuesto que utiliza en el catálogo reciente, más bien un libro atemporal sin biografía alguna del artista, para desesperación del lector que quiere saber.

            Su casa situada en el norte de Madrid tiene ese aire enriquecido y espeso de los viejos palacios, conventos y tabernas de la vieja Córdoba –como él describe-, ciudad que él adoptó como suya y que la ciudad a su vez hizo lo mismo, al nombrarlo hijo adoptivo. Córdoba, Villar del Rio y Torredonjimeno han tenido su presencia y representación en la exposición de la Casa de la Moneda, con Toni Lara a la cabeza.

            En su casa han tenido lugar tertulias prolongadas, interminables, por donde desfilaban escritores, periodistas, pintores, escultores, diletantes... Francisco Umbral  era uno de los habituales, al igual que Antonio López el pintor, o mujeres como la actriz Nuria Spert o la modelo Lucía Bosé... También pintores emergentes como Pedro García Molano...

        El pintor recuerda con simpatía al periodista don Juan Aparicio, que siendo joven y sin conocerlo le dio trabajo en Madrid, después de ver una de sus ilustraciones.

            Muy suyo él, Ginés Liébana tiene un aire de viejo chivo con barbas, que se ríe y tiene humor para sus carcajadas, que habla y se interpreta a sí mismo sin intervención ajena alguna en la película que abrió la inauguración. La comisaria de la muestra Mónica Ede lo dijo muy claro: “no siempre ha sido un placer preparar la exposición con Ginés Liébana”. El tour de force fue un hecho.

            Los ángeles pintados o llevados a la escultura de Liébana son bellos, extraños, suspendidos, voladores... al igual que sus bestias, contrapuntos de aquellos. San Rafael con el pez como atributo se repite, es una constante de su iconografía surrealista, onírica más que conceptual. Cromatismo matizado, imágenes que se doran, envuelven y empastan. Mujeres hermosas e irreales al mismo tiempo. Grato de ver, intemporal como su catálogo.

            Ginés gusta de la belleza decadente de los prerrafaelitas y el eco de aquella resuena en su obra, Suyo y maniático detesta los plurales y los adjetivos, sobran. Las cosas son como son y eso basta.

            NOTA BENE .-Trescientos ciudadanos tuvieron que esperar más de media hora a que comenzara la inauguración, porque en la Casa de la Moneda apareció una vicepresidenta de Gobierno egabrense, que quería ver la exposición y saludar al maestro Ginés ella sola; tenía otro acto a continuación. ¡El resto que espere! Ya se sabe que estamos en campaña electoral. ¿pero cómo se puede tolerar esa pérdida de tiempo de los ciudadanos -150 horas en total-, por un baranda que aparezca a deshora? La ex vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría no tenía inconveniente en que el pueblo soberano la siguiera en la comitiva por las salas de exposiciones a una breve distancia. Hemos bajado enteros. 

La puntualidad es la cortesía de los grandes; una asignatura pendiente Solo la Fundación March y la Universidad de Deusto la cumplen a rajatabla en sus actos, con cortesía y respeto como los suizos., algo que agradecemos los que seguimos eventos culturales. Lo demás: ¡puntualidad andaluza!


    Ginés y Carmen Valero



Lucia Bosé


 Retrato de Érica, por Ginés Liébana

 Pinturas de Ginés Liébana



lunes, 8 de abril de 2019

Museo Casa de la Moneda: Exposición “Acorde de Duende. El Imaginario de Ginés Liébana”


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Madrid, 08 de abril de 2019 .- 


El Presidente-Director de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre-Real Casa de la Moneda, el Presidente de la Diputación de Córdoba y el Alcalde de Villa del Río inauguran el martes 9 de abril a las 19:00 horas en el Museo Casa de la Moneda la exposición “Acorde de Duende. El Imaginario de Ginés Liébana”, que estará abierta al público hasta el 10 de junio de 2019.
Comisariada por Érika Ede, reúne más de un centenar de obras del autor entre óleos, dibujos y pequeñas esculturas expuestas en un ambiente que recrea el del propio estudio del autor. La colección hace un recorrido por todas las épocas artísticas y vitales del autor, que incluye una numerosa colección de sus obras más recientes y su selección se debe a un criterio puramente personal cuya mayoría ha sido tomada de la colección propia del autor.
Acrílico sobre papel, “collages”, los dibujos forman parte de su última producción y se mezclan con retratos más antiguos como el de García Lorca o “Erica. 1980”. También hay representantes de su periodo en Brasil de los años cincuenta como “Rio de Janeiro”, en un estilo que contrasta con el onirismo de buena parte de su obra. La exposición incluye, además, dos vitrinas con sus publicaciones literarias.

Ginés Liébana
Nació en 1921 en Torredonjimeno, Jaén, es el último miembro vivo del Grupo poético “Cántico”. Medalla de oro al mérito de las Bellas Artes 2005. Pintor, poeta y dramaturgo su obra está al margen de las modas estéticas del momento. Sus retratos de mujer, figurativos, se enlazan con el paisaje por medio del cabello, que se enraíza con formas vegetales en el fondo del cuadro donde, entre ángeles y bestias, forman parte de una narración fantástica de connotaciones surrealistas.
Hijo adoptivo de Córdoba, sus dibujos crecen paralelos a los poemas de Pablo García Baena.  Ambos reciben la influencia del poeta Juan Bernier, que les conduce a la biblioteca de la Diputación y les muestra, al tiempo la “Summa Artis” y las “canciones de Bilitis” de Pierre Louÿs. De todo ello nacerá la revista de poesía “Cántico” de la que Ginés Liébana será Ilustrador.
Trabaja en el “Diario de Córdoba” y en 1941 parte para Madrid donde trabajará en “El Español” con las grandes firmas de la época. Tras un periplo internacional de aprendizaje que le lleva a las grandes ciudades del arte: Venecia, Roma, París; y también Rio de Janeiro, donde reside varios años, regresa a Madrid en 1961 y su casa se convierte en el lugar de reunión de personajes como Francisco Umbral, Paco Nieva, Gloria Fuertes, Luis Antonio de Villena o Antonio López, en cuyas tertulias se mezclan los nombres de la sociedad con los del arte.
Su quehacer artístico ha sido ampliamente glosado por críticos y grandes plumas del periodismo español a todo lo largo de la segunda mitad del siglo veinte, desde César González Ruano a Francisco Umbral, acreditando la actualidad continua que su obra sigue teniendo hoy, avanzado el siglo veintiuno con esta exposición “Acorde de Duende, El imaginario de Ginés Liébana”, en el Museo Casa de la Moneda, que ha contado con el apoyo de la Diputación de Córdoba y los ayuntamientos de Villa del Rio y Torredonjimeno.

lunes, 18 de junio de 2012

Ginés Liébana, pintor y poeta: “La pintura siempre es literaria"






Ginés Liébana



Julia Sáez-Angulo


Ama el Barroco con todas sus fuerzas, está convencido de que es el período de mayor esplendor del arte en España, por eso el pintor y poeta Ginés Liébana (Torredonjimeno, Jaén, 1921) –cordobés de educación y corazón- respeta y continúa aquel espíritu en su pintura del siglo XXI.

“He mantenido el Barroco y su liturgia; donde no existe la tradición todo es copia. Me gusta sorprender y huir el tópico. Juego con el absurdo porque me aburre el tópico”, dice el artista.

El lenguaje de Ginés Liébana es la figuración, en la que aparecen figuras aladas y personajes singulares, peces... dentro de paisajes, celajes y arquitecturas fantásticas. “Para los cordobeses San Rafael y los ángeles son algo muy querido, explica el pintor, al tiempo que muestra la continuidad de unos cuadros con otros, “algo curioso y casual, no buscado, que me sugiera la idea de exponerlos todos juntos para contemplar esa coincidencia”.

El autor se ríe cuando lee que su pintura es literaria. “Toda la pintura es literaria y eso lo explicó muy bien Cesar González Ruano, al que hice tres retratos y yo llevaba en mi coche a Cuenca donde pasaba el verano. La abstracción siempre necesita más literatura que la figuración para explicarse”.

“En los años 60 y 70, cuando el grupo El Paso y la abstracción reinaba, resultaba muy duro mantenerse en la figuración, pero yo estuve firme en mis propósitos, aunque me ignorasen los manchegos (se refiere a Antonio Gala y a Francisco Nieva).

Retratos de González Ruano y Federico García Lorca

El capítulo de retratos constituye una buena galería en su estudio, dentro de su residencia madrileña, y allí se pueden contemplar los rostros de un joven Antonio López, César González Ruano, Federico García Lorca; Sara Montiel... “De vez en cuando acepto encargos, pero los tomo con calma y a veces tardo más de dos años”, dice Liébana.

Trabaja en varios cuadros al mismo tiempo, porque a veces le gusta detenerse y pasar a otro. “Hay cuadros que me hago de una tacada de cuatro horas, como ese rostro que hice el otro día”.

Se confiesa un trabajador empedernido que pinta sin cesar y que cuando descansa va a su cuaderno de notas, reflexiones y poemas, donde vierte sus conceptos y juegos de lenguaje. Ginés Liébana tiene en su haber más de quince libros que acogen teatro y poesía fundamentalmente.

Hombre sociable y de larga trayectoria h merecido las medallas de Oro de Andalucía y de Córdoba, y le sorprende un tanto la desatención institucional en Madrid, ciudad donde vive. Su casa, no lejos de la Plaza de Castilla, ha sido sede de encuentros y tertulias culturales donde se hablaba de arte, literatura, teatro, música... “de humanismo”, concluye Liébana.

Por esos encuentros han pasado Carmen Laffon, Antonio López, Lucía Bosé, Francisco Umbral, Eduardo Haro Tecleen, Rafael Alberti, Luís Rosales... Recuerda como Umbral llegaba y succionaba energía de inmediato. “He retratado a algunos de ellos y guardo unos ciertos retratos”.

Personaje singular, Ginés Liébana se admira de que España haya dado dos genios tan grandes en la pintura del siglo XX: Picasso y Dalí. “España es un país que da grandes figuras individualistas como Velázquez, Goya o Buñuel”.

Poeta de buenos registros

Como poeta reconoce que leyó mucho a Juan Ramón Jiménez siendo niño y que ha bebido del flamenco. Recita algunos poemas inéditos y de ellos se escapan versos como “el cielo no daña el amarillo de la hoja” o “el olor asesino muestra su desamparo”.

“Tuve suerte al nacer en 1921, porque conocí Andalucía y, sobre todo Córdoba, con una belleza sobrecogedora. El desarrollo y el turismo han roto aquella estampa”. El pintor asegura que la fonética andaluza es mejor y más suave que la castellana, “la acerca al italiano y al francés”.

Ginés Liébana sigue leyendo versos: “Arranca el aguijón de la tristeza/ que es manjar pastueño” o “Duele la dureza del carazo que hay en ti/ y debo defenderme”. Otros poemas hablan de un “pájaro parado” o de “sombras tostadas”. Algunos de sus versos resuenan como aforismos o greguerías. El humor no está ausente de muchos de ellos.

El artista andaluz pinta, escribe y saborea la vida. Trabaja la pintura en formatos medianos y pequeños porque desea que llegue a todo el mundo y “no sólo a los museos o a los millonarios que llenan sus casas con grandes formatos”.

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viernes, 9 de septiembre de 2011

Ginés Liébana, pintor y poeta: “La pintura siempre es literaria"





Ginés Liébana


Julia Sáez-Angulo



Ama el Barroco con todas sus fuerzas, está convencido de que es el período de mayor esplendor del arte en España, por eso el pintor y poeta Ginés Liébana (Torredonjimeno, Jaén, 1921) –cordobés de educación y corazón- respeta y continúa aquel espíritu en su pintura del siglo XXI.

“He mantenido el Barroco y su liturgia; donde no existe la tradición todo es copia. Me gusta sorprender y huir el tópico. Juego con el absurdo porque me aburre el tópico”, dice el artista.

El lenguaje de Ginés Liébana es la figuración, en la que aparecen figuras aladas y personajes singulares, peces... dentro de paisajes, celajes y arquitecturas fantásticas. “Para los cordobeses San Rafael y los ángeles son algo muy querido, explica el pintor, al tiempo que muestra la continuidad de unos cuadros con otros, “algo curioso y casual, no buscado, que me sugiera la idea de exponerlos todos juntos para contemplar esa coincidencia”.

El autor se ríe cuando lee que su pintura es literaria. “Toda la pintura es literaria y eso lo explicó muy bien Cesar González Ruano, al que hice tres retratos y yo llevaba en mi coche a Cuenca donde pasaba el verano. La abstracción siempre necesita más literatura que la figuración para explicarse”.

“En los años 60 y 70, cuando el grupo El Paso y la abstracción reinaba, resultaba muy duro mantenerse en la figuración, pero yo estuve firme en mis propósitos, aunque me ignorasen los manchegos (se refiere a Antonio Gala y a Francisco Nieva).

Retratos de González Ruano y Federico García Lorca

El capítulo de retratos constituye una buena galería en su estudio, dentro de su residencia madrileña, y allí se pueden contemplar los rostros de un joven Antonio López, César González Ruano, Federico García Lorca; Sara Montiel... “De vez en cuando acepto encargos, pero los tomo con calma y a veces tardo más de dos años”, dice Liébana.

Trabaja en varios cuadros al mismo tiempo, porque a veces le gusta detenerse y pasar a otro. “Hay cuadros que me hago de una tacada de cuatro horas, como ese rostro que hice el otro día”.

Se confiesa un trabajador empedernido que pinta sin cesar y que cuando descansa va a su cuaderno de notas, reflexiones y poemas, donde vierte sus conceptos y juegos de lenguaje. Ginés Liébana tiene en su haber más de quince libros que acogen teatro y poesía fundamentalmente.

Hombre sociable y de larga trayectoria h merecido las medallas de Oro de Andalucía y de Córdoba, y le sorprende un tanto la desatención institucional en Madrid, ciudad donde vive. Su casa, no lejos de la Plaza de Castilla, ha sido sede de encuentros y tertulias culturales donde se hablaba de arte, literatura, teatro, música... “de humanismo”, concluye Liébana.

Por esos encuentros han pasado Carmen Laffon, Antonio López, Lucía Bosé, Francisco Umbral, Eduardo Haro Tecleen, Rafael Alberti, Luís Rosales... Recuerda como Umbral llegaba y succionaba energía de inmediato. “He retratado a algunos de ellos y guardo unos ciertos retratos”.

Personaje singular, Ginés Liébana se admira de que España haya dado dos genios tan grandes en la pintura del siglo XX: Picasso y Dalí. “España es un país que da grandes figuras individualistas como Velázquez, Goya o Buñuel”.

Poeta de buenos registros

Como poeta reconoce que leyó mucho a Juan Ramón Jiménez siendo niño y que ha bebido del flamenco. Recita algunos poemas inéditos y de ellos se escapan versos como “el cielo no daña el amarillo de la hoja” o “el olor asesino muestra su desamparo”.

“Tuve suerte al nacer en 1921, porque conocí Andalucía y, sobre todo Córdoba, con una belleza sobrecogedora. El desarrollo y el turismo han roto aquella estampa”. El pintor asegura que la fonética andaluza es mejor y más suave que la castellana, “la acerca al italiano y al francés”.

Ginés Liébana sigue leyendo versos: “Arranca el aguijón de la tristeza/ que es manjar pastueño” o “Duele la dureza del carazo que hay en ti/ y debo defenderme”. Otros poemas hablan de un “pájaro parado” o de “sombras tostadas”. Algunos de sus versos resuenan como aforismos o greguerías. El humor no está ausente de muchos de ellos.

El artista andaluz pinta, escribe y saborea la vida. Trabaja la pintura en formatos medianos y pequeños porque desea que llegue a todo el mundo y “no sólo a los museos o a los millonarios que llenan sus casas con grandes formatos”.

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