Mostrando entradas con la etiqueta La Lonja de Zaragoza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Lonja de Zaragoza. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de octubre de 2016

Iris Lázaro, exposición “Retrospectiva 1977-2016” en la Lonja de Zaragoza









Iris Lázaro, pintora



Julia Sáez-Angulo


            11.10.16.- Zaragoza .- La pintora Iris Lázaro, muestra una exposición “Retrospectiva 1977 – 2016” en La Lonja de Zaragoza hasta el 31 de diciembre de 2016. Un hermoso catálogo con textos de Rafael Ordóñez Fernández y Fermín Herrero acogen la bella iconografía de la artista soriana residente en Zaragoza, casada con el pintor Eduardo Laborda.

            Entre las obras expuestas por Iris Lázaro Martínez (Trébago, Soria, 1952) caben destacar sus oníricos y suntuosos textiles que la autora titula “El hueco del silencio” (¿para cuando una exposición en el Museo del Traje?); “Pinturas sobre la piel del muro”, serie en la que representa los vestigios del tiempo en el exterior de las paredes con fragmentos de viejas escrituras o anuncios de tiendas o inscripciones del pasado.



            “Jardines fronterizos”  es otro de los apartados de la exposición en el que muestra los frondosos pasajes de la naturaleza, que la pintora ha seleccionado previamente con el ojo. Una primavera domesticada e idealizada en el jardín.

            “Del árbol caído” es otro de los apartados de la muestra, en el que da fe de unos troncos de árbol fragmentados y en soñados, que a veces se asemejan a osamentas animales.

            En la pintura de Iris Lázaro cabe destacar en primer lugar su dominio del dibujo, que sustenta la arquitectura de las formas; su particular cromatismo al óleo como materia untuosa y aterciopelada; y su visión onírica y a veces fantástica de las cosas que mira y observa con ojos de pintora absorta y ensimismada en la visión plástica que selecciona.

            Aragonesa de adopción, Iris Lázaro es una artista buscada por los coleccionistas que gustan de su particular manera de ver las cosas e interpretar el mundo dentro del arte.
           

           



            

sábado, 5 de octubre de 2013

Eduardo Laborda, exposición “Retrospectiva 1972-2013” en la Lonja de Zaragoza






L.M.A.

            05.10.13 .- El pintor Eduardo Laborda ha inaugurado la exposición “Retrospectiva 1972-2013” en la Lonja de Zaragoza. La muestra permanecerá abierta hasta finales del próximo mes de noviembre. La ciudad de Zaragoza es una de las imágenes más contempladas a lo largo de la trayectoria del pintor y la crítica de arte Julia Sáez-Angulo ha escrito al respecto en el catálogo:
         “Se sabe que el amor a una ciudad o a una casa se puede vivir con más pasión que a un ser humano. No sé si este será el caso del pintor Eduardo Laborda, pero lo que sí es cierto es que su amor y pasión por la ciudad de Zaragoza resulta notable en sus palabras, evidente en los hechos y visible en su pintura. Los cuadros que tienen como tema a la capital aragonesa, creados por los pinceles en sus manos, constituyen una serie importante, decisiva, dentro de su trabajo plástico.

         Cualquier espectador imagina al autor de esta obra artística como atento paseante citadino, mirando con ojo de pintor las avenidas y las calles, subiendo a los áticos, terrazas y terrados, como el personaje de la novela “El diablo Cojuelo” de Luis Vélez de Guevara (Écija. Sevilla, 1579 – Madrid, 1644), donde el protagonista, contempla desde la altura de los tejados las casas, la vida y las andanzas de los ciudadanos escondidos dentro de los muros.
         Eduardo Laborda no es un pícaro interesado en las vidas ajenas, sino un espectador cualificado, un artista que atisba la ciudad desde lo alto y se deja invadir por ella, por su luz, por la morfología de sus edificios, torres, pináculos, espadañas, cúpulas cerámicas policromadas o chimeneas, por sus ruinas, huecos, solares y bardales, como muelas ahuecadas a la espera de su reconstrucción, así como por sus edificios fabriles excéntricos y en decadencia. Después de la mirada llega el pensamiento, la emoción, el sentimiento y el deseo de pintar. Me viene a la memoria el pasaje evangélico en el que Cristo miró a Jerusalén desde lo alto, la ciudad que amaba y admiraba, y no pudo por menos que emocionarse y llorar, a sabiendas de la destrucción que la aguardaba muy pronto junto a su templo, en el año 73, por las tropas romanas de Tito). 

         Frente a la mirada del artista en su etapa anterior sobre la estatuaria mitológica o alegórica de monumentos zaragozanos, la contemplación más reciente del pintor se ha hecho quizás más atenta, reflexiva, melancólica, ensimismada, a veces ligeramente romántica, casi onírica –que no surrealista- por el vacío humano de los espacios, por su soledad. Una mirada que en sus últimos cuadros cobra una visión cinematográfica, como de elección de escenarios para filmar una película, para recrear su estética, para testimoniar unas presencias y ausencias de arquitecturas que van conformando el perfil del lugar, el sky line, la línea que bordea los edificios y define su contorno. En suma, el dibujo como base de la pintura, que revela la ciudad como una extraña y asombrosa construcción de los hombres a lo largo de la historia. Una ciudad erguida de altura y modernidad, al tiempo que herida por las presencias y ausencias del pasado y el presente, que borra o diluye la definición de los espacios.
         El propio artista manifestó en una entrevista su interés por el suelo de su ciudad: “Zaragoza es la ciudad herida. Estos escorchones hablan de una batalla estética entre lo que ha sido la ciudad y lo que va a ser”. De aquí que aparezcan en sus obras, escombros, maquinetas, artefactos en desuso, un solo coche, y que haya un cierto aire de catástrofe. “Nunca sabes si el desastre ha sucedido ya o está a punto de suceder. En una de esas casas estaba la sirena que avisaba de los bombardeos o quizás de las plagas”, concluye Laborda al hablar de su reciente cuadro Iris del Coso alto (2012), en el que aparece la vía urbana desolada, brumosa, solitaria y en obras como una constante, en este caso sin artilugios.
         Al pintor no le interesa el realismo per sé, el calco del modelo real, sino su significación simbólica y artística, de ahí que su pintura cobre tintes de alegoría o metáfora. Una interpretación que trasciende la ciudad. Recordemos que la definición de alegoría en el DRAE, en su tercera acepción referida al arte dice: representación simbólica de ideas abstractas por medio de figuras, grupos de estas o atributos.

         Además de la Alegoría de Zaragoza, dentro de la trilogía de Aragón, Eduardo Laborda concibió la idea de crear tres grandes panorámicas de Zaragoza: la primera la más antigua, al modo en que concebían los grandes de la pintura orientalista, apartado en el que estaría La ciudad de las mil torres (2010) o Calle Mayor con la torre de la iglesia de La Magdalena como eje o Santiago; la segunda, con la parte moderna de la ciudad, que es la visión opuesta, es el caso de los cuadros Estación norte o ciertos edificios fabriles y en la tercera, el Coso, como la vía fundamental más viva de la urbe en el cuadro Iris del Coso alto (2012).

 Se me antoja que es sobre todo en el gran cuadro titulado Iris del Coso alto, composición bella y audaz que mide 150 x 275 cm., donde parece cristalizar por antonomasia como en ningún otro cuadro, la visión poética, afectiva, simbolista y cinematográfica, –tal vez barroca, señala Antón Castro- del autor. Hay que recordar que Eduardo Laborda es también director de cine, por lo que su ojo está igualmente conformado en esta dirección de la imagen.



Iris del Coso alto es una obra ambiciosa, excepcional -obra maestra me atrevería a decir- dentro de la producción pictórica de Eduardo Laborda, con la que habrá que contar siempre para plasmar Zaragoza de modo artístico y real al mismo tiempo. Iris del Coso alto supuso casi ocho meses de intensa concentración y paciente trabajo para el pintor, pero la obra ha valido la pena y el esfuerzo; será siempre señalada como una joya dentro de su repertorio iconográfico de la ciudad. Una pieza que siempre será citada como culmen del logro artístico del autor.
         El Coso es una vía clave de Zaragoza, un lugar donde se siente el pálpito del corazón de la ciudad, como diría el sabio arquitecto italiano Giulio Carlo Argán (Turín, 1909 – Roma, 1992) –el que fuera alcalde de Roma. Cuando los ciudadanos o visitantes llegan al centro u ombligo de la urbe se sienten importantes, algo así como arrebatados al mismo protagonismo de la historia de la ciudad. El ciudadano necesita visitar periódicamente el núcleo original y principal de la ciudad, para mejor integrarse en ella, señala Argán con intuición y acierto. En el caso de Zaragoza, ese corazón late junto al Coso.
         Para Eduardo Laborda, el Coso alto es “el lugar arquitectónico que mejor define la ciudad, aquí estuvo el Coso romano donde se celebraron las grandes fiestas báquicas. Aquí están los ecos de la Zaragoza antigua y renacentista y están algunos edificios eclécticos. El Casino Mercantil es como un buque insignia de la cultura del último siglo en Aragón: allí expusieron clásicos y modernos. Por ahí pasó Einstein, se hicieron los salones de humoristas…”.




         El Casino Mercantil con que arranca el cuadro, guarda también una colección de paisajes y florestas pintadas en plafones y paneles por Iris Lázaro (Soria, 1952), la compañera de Eduardo Laborda, a la que el pintor incorpora como personaje del cuadro y en el mismo título: Iris del Coso alto, jugando con una ambigüedad calculada. La imagen de la pintora aparece tras el reflejo de los cristales en una esquina de la obra, con la mano derecha elevada como si estuviera pintado, ya que su brazo izquierdo se apoya en la cadera a modo de contrapeso y su mirada se dirige a lo alto de un supuesto panel. ¿Es así? Hay que respetar siempre el misterio de un cuadro, nos enseña la acendrada crítica de arte.
         Iris del Coso alto abarca, entre otros edificios, el Casino Mercantil, del arquitecto aragonés Francisco Albiñana (Zaragoza, 1887 – 1936), frente al palacio de Sástago, hasta la casa que fue el antiguo cine Ena Victoria, luego Restaurante Savoy,  La Adriática o La Droga Alfonso, donde residió la familia de Luis Buñuel. Los reflejos del ventanal revelan de modo sutil la cercana plaza de España.
                  Eduardo Laborda confiesa que Iris del Coso alto “es un cuadro cinematográfico. Hay muchas películas dentro y homenajes explícitos. A Iris y a Francisco Pradilla, que fue rechazado para pintar en el palacio de Sástago”. Un reconocido homenaje del pintor a su compañera, lo que indica que su claro amor por la ciudad no resta el deseado reconocimiento y homenaje a Iris Lázaro que también es pintora.

Defensa del patrimonio histórico-artístico

El pintor e Iris han ha sido siempre sensibles y activos en la defensa del patrimonio histórico artístico de Zaragoza y de todo Aragón, tarea en la que han empeñado energía y esfuerzos, y que no siempre ha encontrado el respeto o la comprensión deseada, ni se ha logrado el objetivo buscado. Los intereses creados pesan siempre en la gran urbe. Ambos artistas son miembros fundadores de la Asociación Pública para la defensa del Patrimonio Aragonés. APUDERA, que otorga galardones de reconocimiento o denuncia ante la actitud o conducta sobre la riqueza histórico-artística de la Comunidad. Son muy conscientes de que la sociedad civil ha de velar por el patrimonio histórico y artístico frente a los abusos, la desidia, desmanes o especulación de los distintos poderes que dominan en la sociedad; dejarlo solo en manos de regidores, políticos, urbanistas y empresarios es muy arriesgado, acabarían con  la ciudad Zaragoza o el Aragón que hay que proteger.

Todo esto queda dicho para entender mejor el concepto y la factura de muchos de los cuadros del pintor aragonés. Él va más allí del “se ama y se canta lo que se pierde”. No le gusta quedarse de  brazos cruzados, aunque en su pintura pueda parecer que se deja mecer en la melancolía.
Eduardo Laborda, versátil y proteico en sus actividades, sería -es- un animador cultural en la calificación de la Unesco, por la capacidad de trabajo en diversos aspectos siempre dentro de la cultura y el patrimonio que son “lo suyo”. Es coleccionista de antigüedades y vejerías, tertuliano animado, realizador cinematográfico o director de las revistas como Pasarela  o La Avispa…, en todo ello ha dejado constancia de todas sus inquietudes en el campo del patrimonio, la pintura, el dibujo, la arquitectura, la ciudad, el urbanismo, el cine… El artista siente una curiosidad universal por todos los referentes en las artes plásticas y visuales. Algún crítico como Armando Serrano lo ha calificado de “cazador de sueños”.




miércoles, 19 de diciembre de 2012



 Maestros del paisaje nórdico en La Lonja de Zaragoza 


LMA

El Museo del Prado, la Obra Social “la Caixa” y el Ayuntamiento de Zaragoza presentan en la capital aragonesa la exposición “Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado” formada por 43 pinturas de los más destacados maestros del género que atesora el Museo. Se trata de la segunda exposición de fondos del Museo del Prado que se celebra en Zaragoza.

Tras su exhibición en Valencia, la presentación en tierras aragonesas de esta importante selección de paisajes es una nueva colaboración entre el Prado y la Obra Social “la Caixa” a partir de los fondos del museo. Ambas instituciones firmaron un acuerdo de colaboración el pasado año por el que la entidad financiera se convirtió en Benefactor de la pinacoteca.

19 de diciembre de 2012.- Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado” (Zaragoza, 19 de diciembre de 2012-24 de febrero de 2013), coorganizada por el Museo del Prado, la Obra Social “la Caixa” y el Ayuntamiento de Zaragoza, es una exposición de gran importancia, tanto por la extraordinaria calidad de las obras que la componen y la categoría de los maestros que las realizaron, como por la aproximación que plantea a las diferentes tipologías del paisaje que surgieron a lo largo del siglo XVII en Flandes y Holanda.

Se trata de la tercera exposición coproducida entre el Museo del Prado y la Obra Social “la Caixa” –tras “Goya. Luces y Sombras” celebrada en CaixaForum Barcelona y la primera sede de las itinerancias de esta muestra  en Valencia clausurada el pasado 2 de diciembre-. Con Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado”, el Museo del Prado regresa a Zaragoza para presentar una nueva muestra itinerante compuesta íntegramente por sus fondos, después de la dedicada al bodegón español en 2008.

Ruiz de Alarcón, 23
28014 Madrid. España

T: +34 913 30 28 60 / 23 73
F: +34 913 30 28 58





 
Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado” constituye una oportunidad excepcional para disfrutar de un recorrido por el evocador mundo del paisaje nórdico apreciando la maestría con la que los pintores representaron con fidelidad montañas, bosques, campiñas, ríos, mares, parajes cubiertos de nieve o canales helados, inmersos en una luz naturalista.

Durante la Edad Moderna, los italianos llamaron “nórdicos” a los pintores de las tierras que estaban más allá de los Alpes y fundamentalmente a los de los Países Bajos. Allí, el contexto social y cultural hizo que, a lo largo del siglo XVII, pintores y coleccionistas se apartaran en gran medida de los temas heroicos propios de la pintura de historia en favor de asuntos cotidianos, pero igualmente aptos para la pintura. Entre ellos estaba el paisaje, que pasó a convertirse en un género pictórico independiente en el que el asunto representado se relega a un segundo plano y se convierte en pretexto para representar con fidelidad los elementos de la naturaleza.

Comisariada por Teresa Posada Kubissa, Conservadora de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte (hasta 1700), la muestra está compuesta por 43 obras y entre los pintores que integran esta exposición figuran los más destacados maestros del género, con obras tan representativas como Paisaje alpino de Tobias Verhaecht, uno de los maestros de Rubens; La vida campesina, La Abundancia y los Cuatro Elementos y Boda campestre de Jan Brueghel el Viejo, además de La visión de san Huberto que pintó en colaboración con Rubens o Mercado y lavadero en Flandes en colaboración con Joos de Momper el Joven; Paisaje con gitanos y Tiro con arco de David Teniers o los dramáticos Asedio de Aire-sur-a-Lys de Peeter Snayers y Bosque de Simon de Vlieger.
Las dos tipologías más características del paisaje nórdico –el paisaje de invierno y el paisaje de agua– están representadas con obras tan delicadas como El puerto de Ámsterdam en invierno de Hendrick Jacobsz Dubbels o Paisaje con patinadores de Joos de Momper el Joven; y por pinturas como Playa con pescadores de Adam Willaerts y Embarcando en una playa de Bonaventura Peeters, que unen el paisaje con la escena de género. Un puerto de mar y Paisaje con desembarco de holandeses en tierras de Brasil de Jan Peeters aluden a las lejanas tierras a las que las rutas comerciales llevaron a los holandeses. Y, por último, está Rubens, el gran maestro flamenco, cuyos paisajes constituyen la parte más íntima, más personal de su producción. De ellos se expone el soberbio Atalanta y Meleagro cazando el jabalí de Caledonia, una de las obras cumbres del paisaje nórdico. La exposición concluye con algunos de los paisajes encargados por el monarca español Felipe IV para decorar el palacio del Buen Retiro de Madrid a Claudio de Lorena, Jan Both y Herman van Swanevelt, los jóvenes pintores nórdicos que iniciaron en Roma el llamado “paisaje italianizante” que en Holanda contó con numerosos seguidores. El más destacado fue Philips Wouwerman, que se especializo en la representación de cacerías como Parada en la venta y Partida de caza y pescadores que adelantan ya el gusto rococó.
Ruiz de Alarcón, 23
28014 Madrid. España

T: +34 913 30 28 60 / 23 73
F: +34 913 30 28 58 





 
 

Catálogo
Como es habitual, la exposición contará con su correspondiente catálogo, editado por el Museo del Prado y a cargo de su comisaria Teresa Posada Kubissa, que se podrá adquirir en la Lonja al precio de 25 euros.


Secciones de la exposición
Esta exposición propone un breve recorrido, a través de nueve secciones, por las distintas tipologías de paisaje que surgieron a lo largo del siglo XVII en Flandes y Holanda:

1. La montaña: cruce de caminos, cruce de viajeros
Una de las cuestiones más sugestivas de la pintura nórdica es el éxito del paisaje de montañas entre pintores, tratadistas y coleccionistas de unas tierras eminentemente llanas. En la actualidad estos paisajes han sido interpretados como una temprana manifestación del concepto estético de “lo sublime” que triunfaría en el siglo XVIII o han sido relacionados con la disputa teológica en torno a la creación de las montañas planteada por los Padres de la Iglesia y vigente hasta el siglo XVII también entre los teólogos protestantes. Sin embargo, en torno a 1600 parece haber prevalecido una interpretación moralizante, derivada de la tradición alegórica de la montaña como símbolo del arduo paso por la vida para entrar en el Templo de la Virtud. Pero también es cierto que su éxito pudo ser debido simplemente al mismo interés por lo raro, lo inusual que subyace a los “gabinetes de maravillas” (Wunderkammer), de moda en aquella época.

2. El bosque como escenario: La vida en el bosque, El bosque bíblico y El bosque encantado
Desde la última década del siglo XVI, Paul Bril (1553/54-1626), Gillis van Coninxloo (1544-1606) y Jan Brueghel el Viejo enfrentan al espectador con el bosque, invitándole a explorarlo.

El bosque de los pintores nórdicos es un lugar real, aunque idealizado, pintado para emocionarlo. Es el bosque que el pintor conoce, que vive y que desea que el espectador también conozca y viva. Por ello le obliga a adentrarse en su espesura para descubrir la vida que acontece en él.

Además, este bosque naturalista es también el escenario de dos narraciones bíblicas concretas, Adán y Eva en el Jardín del Edén (Génesis 2) y la entrada de los animales en el Arca de Noé (Génesis 7), o el escenario de asuntos mitológicos, un “bosque encantado”.

Ruiz de Alarcón, 23
28014 Madrid. España

T: +34 913 30 28 60 / 23 73
F: +34 913 30 28 58





 
El “bosque bíblico” es un canto a la Creación y una invitación al goce estético de la belleza sensual del hombre, del mundo animal y vegetal. El “bosque encantado” es, por el contrario, una celebración del goce estético que produce la belleza sensual del desnudo. Como era práctica habitual en los Países Bajos, muchos de estos bosques son obra de colaboración entre dos pintores, uno especializado en paisaje y otro en figuras.

3. Rubens
Rubens, reconocido por sus coetáneos como el pintor más destacado de su época, fue también coleccionista, erudito, humanista y, además, diplomático al servicio de los archiduques de los Países Bajos, Alberto e Isabel Clara Eugenia, del rey Felipe IV y otros gobernantes de la época. Pero, ante todo, fue un artista fiel a sus propias convicciones y a su libertad creativa.

Aunque la fama le llegó como pintor de historia, no dejó de lado el paisaje. Es más, fue el único género que cultivó durante sus últimos años, y que guardara para sí más de la mitad de los cerca de 30 que pintó y regalara el resto a sus amigos y patronos más allegados parecen indicar que los consideraba la parcela más personal de su producción y son, por tanto, la parte más entrañable de su obra.

Es muy difícil establecer su cronología ya que no están fechados, no se han encontrado documentos de encargo y Rubens apenas los menciona en su abundante correspondencia. Asimismo, las referencias a estos paisajes en escritos contemporáneos son muy escasas puesto que, a excepción de los pocos que mandó grabar a Boetius Bolswert (1580-1633), apenas se conocieron hasta la muerte del pintor y la consiguiente venta de su colección.

4. La vida en el campo
El 9 de abril de 1609 se firmaba la Tregua de los Doce Años entre España y las Provincias Bajas del Norte, las protestantes, que se constituyeron en una nación independiente y pasaron a ser las Provincias Unidas. Mientras tanto, las Provincias Bajas del Sur, las católicas, permanecieron bajo la soberanía española.

En las Provincias Bajas, los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia iniciaron una política de recuperación económica y cultural encaminada a la consecución de un sueño: la reunificación final de todas las provincias, católicas y protestantes, en una nación soberana y tolerante. Por su parte, la burguesía mercantil transformó las siete Provincias Unidas en una de las principales potencias europeas del siglo XVII.

Ruiz de Alarcón, 23
28014 Madrid. España

T: +34 913 30 28 60 / 23 73
F: +34 913 30 28 58





 
Unos y otros se sirvieron de la pintura como propaganda. Los primeros, para difundir la imagen de un nuevo orden social, armónico y feliz. Los segundos, para mostrarse como una nación flamante y poderosa. Puesto que para la reconstrucción de las Provincias Bajas la colaboración del campesinado era fundamental, los archiduques consideraron que la representación de la vida campesina en su entorno natural era la temática más apropiada para las pinturas. A pesar de tratarse de representaciones propagandísticas y, por tanto, idealizadas, estos paisajes con escenas de la vida campesina son documentos de primera mano para conocer la recuperación del país tras las penurias de la guerra.

5. En el jardín de palacio
Un aspecto específico de la tradición paisajística nórdica es la representación del jardín cortesano. En esa tradición se inscriben las vistas de los tres palacios reales flamencos –Coudenberg, Tervuren y Mariemont– y sus respectivos parques, encargadas por los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia. Pero estas vistas tenían, además, una finalidad propagandística. Por un lado, al hacerse representar paseando por los jardines de esos palacios construidos y habitados durante un tiempo por el emperador Carlos V y su hermana María de Hungría, los archiduques reafirmaban sus derechos dinásticos como príncipes soberanos y como miembros de la Casa de Austria, vinculando así su propia soberanía a la de sus ilustres antecesores. De ese modo reafirmaban su legitimidad como gobernantes ante unos súbditos que les habían recibido como unos príncipes extranjeros impuestos por el rey Felipe II. Por otra parte, los archiduques encargaron las vistas para enviarlas a distintas cortes europeas a modo de tarjeta de presentación como príncipes soberanos de los Países Bajos.

Hoy tienen un interés añadido, ya que la exacta reproducción de los edificios y de su entorno las convierte en documentos fundamentales para el estudio de la evolución arquitectónica de las construcciones. En el caso de Mariemont y de Tervuren son, además, las únicas imágenes conocidas de esos palacios luego destruidos.

6. Paisaje de hielo y nieve
Las vistas de canales helados con gentes ocupadas en sus tareas o disfrutando de su tiempo libre son, sin duda, los paisajes más específicamente nórdicos. Su origen se remonta a la miniatura que ilustra el mes febrero en el libro Las muy ricas horas del Duque de Berry (1411-16). Sin embargo, fue Pieter Brueghel el Viejo (h.1525-1569) quien los popularizó y los pintores holandeses quienes los consolidaron como un género independiente al desvincularlos de la representación de los meses del año o de las escenas de Navidad. Desde el punto de vista artístico, el invierno proporcionaba la ocasión de estudiar y reproducir los especiales juegos de luces y reflejos sobre el hielo y la nieve y las consiguientes tonalidades delicadas de azules y rosas; desde el punto de vista iconográfico, era el pretexto para representar escenas de género sobre el hielo. Por ello, estas vistas son un documento de primera mano para conocer el transcurso de la vida diaria durante esos largos inviernos y ratifican lo narrado por numerosos viajeros de la época sobre la capacidad de aquellas gentes para disfrutar de su país aun en condiciones extremas, pero también son imágenes de la dureza de los enfrentamientos militares durante el invierno. A finales del siglo XVII el género había pasado de moda.

7. Paisaje de agua: marinas, playas, puertos y ríos
Ruiz de Alarcón, 23
28014 Madrid. España

T: +34 913 30 28 60 / 23 73
F: +34 913 30 28 58





 
El paisaje en que el agua y el cielo ocupan casi la totalidad de la superficie pictórica, con navíos o barcas de pescadores como elemento narrativo insustituible es, junto con el de invierno, el más característico de los Países Bajos. Es lógico, pues el agua –mar, canales, ríos– baña aquellas tierras, en especial las septentrionales donde gran parte del terreno había sido –y sigue siendo– ganado al mar por medio de diques, canales y bombas de drenaje accionadas por molinos de viento.

Al igual que el paisaje invernal, el punto de partida son las miniaturas para los libros de horas y, en concreto, las del llamado Horas de Turín-Milán atribuidas a Jan van Eyck (1370/1400 -1441), pero el interés en la representación naturalista del mar lo impondrán Pieter Brueghel el Viejo y sus seguidores, si bien como escenografía para determinados asuntos bíblicos o pasajes inspirados en las obras de Homero, Virgilio y Ovidio aptos para ser interpretados desde la ética cristiana.

Al comenzar el siglo XVII, el paisaje de agua –marinas (barcos en alta mar o en desembocaduras de ríos), vistas de puertos, playas o entornos fluviales– estaba generalizado en los Países Bajos y, a lo largo de ese siglo, los holandeses lo desarrollaron como género pictórico independiente, liberándolo de todo contenido religioso o alegórico.

8. Paisajes exóticos, tierras lejanas

A lo largo del siglo XVII, el interés de los pintores nórdicos por la pintura de paisaje tuvo un ámbito de desarrollo muy peculiar como es la representación de las tierras lejanas, a las que el fabuloso desarrollo comercial impulsado por Holanda llevó a sus comerciantes, algo que no deja por menos de sorprender habida cuenta de que, con la excepción de Frans Post (1612-1680) y Albert Eckhout (1600/20-1663/67), que viajaron por Brasil; o Michiel Sweerts (1624-1664), que se estableció en Goa, esos pintores apenas salieron de los Países Bajos y menos aún se aventuraron hasta aquellos remotos lugares.

Desde muy pronto las narraciones de los marineros despertaron interés por esas tierras y, en consecuencia, los paisajes americanos, africanos y orientales se pusieron de moda en los Países Bajos. Pero como los pintores no contaban con otra fuente que los más o menos fidedignos libros de viajes, representaban paisajes imaginarios que, en el caso de los paisajes americanos y africanos, convertían en exóticos al incluir palmeras, edificaciones primitivas, animales fantásticos y figuras de indígenas semidesnudos y adornados con plumas, todo ello tomado de los grabados que ilustraban esos libros. En el caso de los paisajes orientales, esos elementos eran sustituidos por ruinas clásicas y edificios conocidos a través de grabados y personajes con turbante y ropajes exóticos.

9. … y en Italia pintan la luz
Ruiz de Alarcón, 23
28014 Madrid. Esp




 
Por “paisaje italianizante” se entiende un tipo de vistas de la campiña romana cuya máxima pretensión era captar los efectos lumínicos del amanecer o del atardecer mientras servían de escenario para la representación de escenas religiosas, mitológicas y bucólicas. Su origen se encuentra en Roma a finales de la década de 1620 por el holandés Herman van Swanevelt y el francés Claudio de Lorena. Pronto se les unieron dos holandeses más jóvenes, Jan Both y Jan Asselijn, pero también Nicolas Poussin (1594-1665), el gran maestro clasicista instalado en Roma desde 1624, y el grupo de jóvenes compatriotas que trabajaban en su entorno y que se orientaron hacia ese nuevo tipo de paisaje que transformó radicalmente el género. Por ello, el rey Felipe IV les encargó entre 1634 y 1635 una serie de paisajes para la decoración del recién construido palacio del Buen Retiro, en Madrid, ya que quiso que fuera decorado principalmente con pintura moderna. El encargo incluía unos 50 paisajes con ermitaños o con escenas religiosas o bucólicas que, además de ser la tipología de moda en Italia, era la adecuada para la decoración de un palacio en un entorno natural como era el del Buen Retiro, situado en los terrenos del antiguo convento de los jerónimos.