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lunes, 11 de noviembre de 2019

Frutos María: Exposición de escultura y pintura en la Universidad de Alicante







        Alicante. 11.11.19.-  El artista visual Frutos María expone su obra, escultura y pintura en la Universidad de Alicante. La exposición está comisariada por Julia Sáez-Angulo y cuenta con un catálogo en el que escriben varios críticos de arte. El próximo viernes 15 de noviembre, a las 19,00 horas tendrá lugar la inauguración de la muestra, que permanecerá abierta durante un mes.


martes, 21 de noviembre de 2017

Manuel Muñoz Hidalgo en el IV Congreso Internacional "Miguel Hernández. Poeta en el mundo"




 Manuel Muñoz Hidalgo

Congreso internacional sobre Miguel Hernández.  Universidad de Alicante



     L.M.A.

22/11/17 .- ALICANTE.- El pasado 17 culminó en la Sede Ciudad de Alicante de la UA  con una mesa redonda de los biógrafos de Miguel Hernández: José Luis Ferris, Juan Cano Ballesta y Manuel Muñoz Hidalgo.  Moderador: Aitor Larrabide. 

     Los tres biógrafos  descubrieron algunas de las claves utilizadas para mostrar al poeta de Orihuela con el máximo respeto e imparcialidad , a pesar de los testimonios contradictorios y manipulados que se encontraron durante su investigación.

     Tras la ponencia de los autores ,se provocó una expectación entre el público al conocer por vez primera  algunas anécdotas      desconocidas de Miguel Hernández ,como salvar la vida del    novelista y académico  Ricardo León y Román, pidiendo el favor a Pedro Gálvez, jefe de una de las checas de la FAI en Madrid. El testimonio es del propio José María de Cossío  a su secretario en el Ateneo de Madrid, Luis López Anglada, poeta y militar, recogido  directamente por M. Muñoz Hidalgo del  propio Anglada, entre otras más.

     Manuel Muñoz Hidalgo subrayó  la contrariedad y vehemencia que hicieron al poeta,amigo de su padre ,más tolerante,más humano sin perder su integridad. Dijo: "A través  de una mirada sincera y cercana...

     La vida de  Miguel Hernández sigue llena de interrogantes. La compleja      transformación que sufrió en los pocos años de vida,murió con sólo 31     años, tiene mucho que ver con su biografía en la que destaca su complicidad en interés por el pueblo, uno de los poetas españoles del Siglo XX  mejor dotado para el verso, la voz del pueblo más comprometida cuya poesía refleja los diferentes períodos de su vida dentro de su evolucionismo con las dudas propias de un ser complejo, poeta de continua formación que anduvo por los campos de la poesía católica y la poesía popular a favor de las ideas republicanas...Padeció las consecuencias de aquella sociedad dividida, en que las diferencias de clase ponían límite al acercamiento de propósitos comunes.

            Su vida tuvo las contradicciones propias de un espíritu vehemente. Su poesía es apasionada, llena de ardor y sensaciones que no deja indiferente... Miguel estuvo inmerso, influenciado, como   la mayoría de los de su época por las doctrinas más semejantes en cuanto  a contenidos y más dispares en su forma: El Cristianismo y el Marxismo...

     Hace setenta y cinco años le dejaron morir desatendido y sin los cuidados que su enfermedad requería en la cárcel Reformatorio de Adultos, aquí en Alicante,pero su obra no ha muerto, no ha perdido el frescor y la inocencia del descubrimiento, gracias a una vida tan breve pero tan llena de amor y de vehemencia."


martes, 5 de agosto de 2014

José Carlos Rovira escribe sobre los cuatro cuentos infantiles de Miguel Hernández (Manuscrito último)





L.M.A.



José Carlos Rovira, Catedrático de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Alicante, ha escrito sobre los cuentos infantiles adquiridos por la Biblioteca Nacional de España:


     "El documento que los contiene son seis pequeñas hojas de 12x15 cm., escritas y con dibujos, cosidas en la parte superior por un hilo de color ocre y tienen los bordes envejecidos e irregulares. Por el tamaño y la descripción son hojitas de papel higiénico con las que se formó un pequeño cuaderno que tiene al final varias hojas en blanco. El texto está formado por cuatro relatos infantiles y tienen por su cronología posible la condición de ser los últimos escritos del poeta, que había llegado al Reformatorio de Adultos de Alicante, desde el penal de Ocaña, a fines de junio de 1941. Es el último viaje de Miguel Hernández quien, en sus cartas de este período, tiene dos obsesiones claras: el reencuentro con su mujer y poder ver a su hijo Manuel Miguel a quien, con dos años y medio, lleva un año y medio sin haber podido abrazar.

     Desde Junio de 1941 al 28 de marzo de 1942, cuando muere, pasan casi ocho meses en los que sabemos que a fines de noviembre inicia Hernández un combate final e imposible por la supervivencia, alojado en la enfermería de la cárcel, con tuberculosis. En esta situación, el poeta ya no escribe, su estado físico lo mantiene postrado en una cama y, sin embargo, prepara con la ayuda de alguien un libro de cuentos para su hijo. Lo anticipa en una carta sin fecha, que supongo de diciembre de 1941 o enero de 1942, donde tras pedirle a su mujer que le haga llegar alimentos –éste es el sentido principal de la correspondencia última de un hombre que sabe que está muy enfermo- le dice: “Si hace mal día no vengas, que el médico me ha dicho ayer que debiera esperar dos o tres días. Pero yo quiero ver a mi hijo y a mi hija y dar al primero un caballo y un libro con dos cuentos que le he traducido del inglés. Bueno, nena, hasta luego. Está haciéndose de día, y creo que hará sol. Besos para mi niño. Te abraza, Miguel”.

     Josefina Manresa contó el mismo episodio en sus Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández:

Transcurrió un mes así hasta que por fin lo pude ver. Lo sacaban entre dos personas, que no sé si serían presos, cogido del brazo y lo dejaron agarrado a la reja. Llevaba un libro en la mano, eran dos cuentos para su hijo que él había
traducido del inglés. Al terminarse la comunicación quiso darle él por su mano el libro al niño y no lo dejaron, como era su deseo. Así me lo decía en una esquela. Un guardia se lo tomó y me lo dio a mí.

     Edité en facsímil aquellos cuentos en 1988, hace 26 años por tanto. Los acompañaba un pequeño volumen en donde, entre otras reflexiones, supuse la paternidad hernandiana de la confección material del libro, mediando su relación con el dibujo a lo largo de su obra. La caligrafía se me resistía por lo que dejé abiertas varias posibilidades. Supe en 2009 que me equivoqué en 1988. Primero, en algo que hoy me parece obvio: Hernández estaba lo suficientemente enfermo para que no pudiera hacer un trabajo que es muy bello en su factura material, una encuadernación y unos dibujos. Lo hizo un compañero que estaba en la enfermería, alguien llamado Eusebio Oca Pérez, maestro nacional y buen dibujante que, por aquellos días, preparaba un volumen similar, con otros relatos, para su hijo llamado Julio Oca que tenía un mes menos que Manuel Miguel, el hijo de Hernández.

     La prueba me la mostró Julio Oca en 2009: el primer relato de los que había editado, “El potro Obscuro”, con sus dibujos y su letra, y un librito “Petete Pintor” que se diferencia del otro en que los dibujos están repetidos para ser coloreados, pero el trazo, los personajes y sobre todo la letra los hacen producto de la misma mano. Eusebio Oca Pérez construyó aquel libro y recibió en regalo aquel humilde conjunto de hojas que contenían los dos cuentos que convirtió en un librito, titulados “El potro obscuro” y “El conejillo”, más otros dos que están en el conjunto de hojas manuscritas y se titulan “Un hogar en el árbol” y “La gatita Mancha”.

     Son cuentos infantiles muy sencillos. Cuando edité los dos primeros anoté que Hernández lo había llenado de versos infantiles, como en el primero en el que dos niños, un perro blanco, una gatita negra y una ardilla gris, quieren ir a lomos del potro obscuro a “La gran ciudad del sueño”, y le dicen cosas como:

Llévame caballo pequeño
a la gran ciudad del sueño;

hasta que, al final del cuento, “Todos estaban dormidos al llegar el potro obscuro a la gran ciudad del sueño” por lo que, aparte de cuento para dormir a un niño, había en esa ciudad un espacio liberador que se acrecentaba en la metáfora del otro relato, donde un conejito se metía en un cercado, se hartaba de comer hortalizas, al engordar el estómago, no podía ya salir del encierro y era amenazado por un perro hasta que conseguía salir por otro agujero mayor.

     Los dos textos nuevos que he mencionado cuentan dos historias que coinciden en algo con los primeros: “Un hogar en el árbol” es la historia de una familia de pájaros observada por dos niños, desde la incubación hasta que nacen cuatro pequeñuelos, que quieren volar muy pronto y caen al suelo, de donde los salvan los niños, hasta que ya mayores mamá y papá pájaro se los llevan a volar, mientras los niños les despiden gritando:

Hasta la vuelta, pequeñuelos
Y que no os vayáis a perder
en las estrellas de los cielos.
Venid siempre al atardecer.

“La gatita Mancha” es una traviesa gatita que se mete en un costurero donde ha visto un “ovillo muy grande y muy rojo”, y cae al suelo con el costurero y se enreda con el ovillo cada vez más al intentarse liberar de él, hasta que la familia en cuya casa está, tras reír porque cada vez se enreda más,  la libera, y sale corriendo asustada, hasta que una moraleja, versillo con el que recrea un refrán, cierra el relato:

Porque el gato más valiente,
si sale escaldado un día,
huye del agua caliente,
pero también de la fría.

     Por tanto, hay metáforas de encierro y libertad en los cuatro breves relatos como juegos para su hijo en los que ha querido plasmar una metáfora de liberación, una metáfora infantil de libertad, y esa es la trascendencia de esta última escritura de Miguel Hernández".