Mostrando entradas con la etiqueta Víctor Morales lezcano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Víctor Morales lezcano. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de enero de 2025

DEBATE FALLIDO SOBRE MARRUECOS-ESPAÑA EN EL ATENEO DE MADRID

Ponentes y moderadora
Embajador de Marruecos y profesor Víctor Morales


Julia Sáez-Angulo

Fotos: Adriana Zapisek


17/1/25 .- Madrid.- La Sección de Ciencias Históricas del Ateneo convocó a mesa redonda sobre “Relaciones entre Marruecos y España: claves históricas y retos actuales”.

    Abrió la sesión Karima Benyaich, embajadora de Marruecos en España. Intervinieron seguidamente Víctor Morales Lezcano, profesor emérito de la UNED y Hassan Arabi, profesor de la Universidad de Nador. Presentó y moderó Hajar El Mansouri Abdoun, ateneísta y graduada en la Universidad de Girona. Francisco Cánovas, presidente de la Sección, supervisaba de cerca.

La mesa resultaba claramente asimétrica o mal diseñada en cuanto a número de personas de uno y otro país, tiempo empleado por cada uno de ellos y temas asignados. Los marroquíes el presente, su actualidad, y el español, el pasado, la literatura y la historia.

La embajadora marroquí, muy empoderada en Madrid, impartió una larga conferencia de tres cuartos de hora, sobre las bondades y poderes de Marruecos -país mediterráneo y atlántico-, que, pese a no tener petróleo, tiene fortaleza en sol y fosfatos, señaló entre otras cosas. Ilustró con estadísticas las buenas cifras de su país y señaló igualdad lograda entre hombres y mujeres, su espectacular desarrollo y su riqueza demográfica de jóvenes. Más de un millón y medio de marroquíes están en España…Palabras bellas, elogiosas de su país, diplomáticas y aladas. Muy bien en su papel. Yo me atendré al mío de periodista.

    Víctor Morales hizo análisis histórico de las relaciones entre España y Marruecos a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Seguidamente, entró en la obra literaria Aita Tettauen de Galdós y recordó la independencia de Marruecos en 1956.

    Hassan Arabi analizó aspectos que inciden en las relaciones hispano-marroquíes como los temas territoriales, su país “fue descuartizado por las políticas coloniales”, denunció. Señaló que los tópicos sobre "el moro", que se tienen sobre los marroquíes van, desde el pueblo a la cumbre, al decir de un presidente español… (los tópicos siempre encierran una parte de verdad y acogen cierto inconsciente colectivo) y acabó señalando al Registro Civil para comprobar que son numerosos los matrimonios entre marroquíes y españolas (no se citó las edades ni el sexo, ni los intereses por medio). Un marroquí se siente siempre marroquí y eso le honra, pero debe saberlo todo español. Acabó Arabi con una cita de Confucio sobre el amor, las armas y la confianza.

    No se habló de migraciones, del tráfico ilícito de seres y bienes, del terrorismo y del crimen organizado y cuya resolución demanda una política firme…Era lo previsto.

    La primera norma de las relaciones exteriores es llevarse bien con el país vecino, se estudia en Derecho Internacional. Se habló de respeto mutuo y confianza, pero no de relaciones de igualdad y reciprocidad. De juego limpio.

    Después de hora y media de intervenciones y antes del coloquio anunciado, la embajadora marroquí se despidió, porque tenía prisa debido a un compromiso. Se concedió un descanso de cinco minutos y se habló de un coloquio posterior de solo veinte minutos. No valía la pena esperar. El público aprovechó para irse en su mayoría, dado el largo tiempo transcurrido y la farsa de un coloquio mínimo. Nos despedimos de los amigos. Pasamos por el servicio y, al bajar, vimos a la embajadora marroquí en la puerta de salida, conversando tranquilamente con unos amigos. Nos sorprendió, dadas las prisas alegadas. Estas cosas pasan.

    Sentí perderme la exposición del profesor Riesgo en el mínimo coloquio, si le permitieron hablar. Él me contará.

    Regresé a casa pensando en la Marcha Verde, organizada por Hassan II, en momentos críticos para españoles, cuando nuestro futuro inmediato podía ser un polvorín… en el incidente de la isla de Perejil…en la apertura o cierre de fronteras según intereses creados…en los imanes marroquíes adoctrinadores en Cataluña… en los actores del 11 S…en la entrega del Sáhara y sus fosfatos sin saber por qué ni la oposición, ni el pueblo soberano… en el secreto del caso Pegassus... en los matrimonios mixtos comprados, para obtener la nacionalidad española… en los conflictivos menas… en los numerosísimos  espías del otro lado, que se esparcen por la península… en los políticos galardonados y comprados a buen precio… en los productos agrícolas sin las exigencias de la Comunidad Europea... Demasiados sustos, disgustos, ambigüedades y dudas. Los tópicos siempre tienen un fundamento.

    Esperanza sí, pero también transparencia, coherencia, reciprocidad, juego limpio… tras las malas experiencias . Los tópicos se tejen con los hechos. No se puede ir en esta vida con palabras aladas o con un lirio en la mano.

    Ya lo dijo, en su día, el presidente Felipe González: "Marruecos es un país de patriotas que tiene al Rey como fleje".  

miércoles, 18 de septiembre de 2024

Migraciones: las rutas permanentes de la humanidad



    por Víctor Morales Lezcano

18.9.2024,- Madrid.- Los flujos migratorios humanos, sabido es, son tan antiguos como el homo sapiens, no importa dónde se produzcan y se movilicen sus perpetuos integrantes por un solapamiento de factores convergentes. Factores que alcanzan un cénit en su desarrollo, antes de llegar a una curva descendente en el transcurso de su milenaria trayectoria.

Quien sea persona de asidua inclinación lectora u ocasionalmente motivable por el fenómeno migratorio considerado en sus múltiples manifestaciones diacrónicas podrá observar cómo España fue, durante su trayectoria plurisecular, país de emigrantes, en dirección al Nuevo Mundo de las Américas; y, más tarde, y en cierta medida, ha sido España también país de perfil inmigratorio, particularmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Ello permitiría hablar cabalmente de los “nuevos españoles” a Rosa Aparicio y Alejandro Portes, entre otros autores migrantólogos. O expresado explícitamente, cómo y por qué se produjo la incorporación de los newcomers en la península ibérica y, años después, la de los hijos descendientes de aquellos inmigrantes en sectores laborales primarios y, con posterioridad, en otros sectores de trabajo y empleo más cualificados que los ofrecidos por el mercado laboral de las sociedades avanzadas en su desarrollo económico interno.

No hay que olvidar que, si a la dinámica migratoria española, se suma el hecho de que la geografía y la historia han favorecido las oleadas migratorias/inmigratorias, detectables (y ya analizadas por una respetable nómina de migrantólogos españoles), con una raigambre oriunda de la sedicente plataforma latinoamericana, más tarde se sumó el componente humano inmigratorio de raigambre magrebí, con neto predominio marroquí. Ya entrado el siglo XXI, habría, además, que tener en cuenta las aportaciones sensu stricto subsaharianas. De tal modo que no solo son inmigrantes marroquíes los que aumentan su escapatoria hacia España, sino que, como está ocurriendo en estos dos últimos años en Canarias, llegan contingentes migratorios erráticos de procedencia territorial evidente de la denominada África negra; bastantes de ellos, a propósito, no han alcanzado aún la mayoría de edad.

Finalmente, no puede dejar de señalarse en este enteco apunte sobre el tema de marras que los contingentes migratorios (sean mauritanos, senegaleses, guineanos, exempli gratia) que huyen de condiciones de supervivencia crueles han de procurarse a duras penas salvamento y socorro para hacer la travesía azarosa de las aguas del océano que les separa de un supuesto El Dorado trasatlántico insular que, en siglos atrás, se supuso que era localizable en el idílico paradero de las Islas Afortunadas. Con este ejemplo, por medio, solo se pretende, en estas escuetas líneas, no dejar de mencionar la deletérea función mediadora que tanto ayer como hoy en día parece que constituyen las enigmáticas “mafias” de rigor en la trama de una película que por ahora no tiene fin, pero que sí contabiliza en su haber innumerables y sucesivas víctimas de las rutas migratorias, ya sean terrestres o marítimas.

viernes, 16 de junio de 2023

VICTOR MORALES LEZCANO. “La otra España vista por un autor marroquí”



J.S.A.

16/6/23.- Madrid.- “La otra España vista por un autor marroquí” ¿Para  cuándo el otro Marruecos desde la óptica española? es el título del libro de Víctor Morales Lezcano, publicado por Diwan Mayrit. 

Seguidor y admirador de la obra del marroquí Mohamed Larbi Messari (1936-2015), el historiador Víctor Morales Lezcano (Las Palmas, 1943) ha llevado a cabo una “recopilación de textos para establecer un reencuentro con el autor marroquí y la España de los humanistas, de los intelectuales y estudiosos, que han dejado huella y un legado de conocimiento y cultura para el entendimiento entre los pueblos y en particular de España y Marruecos”.

El autor se refiere también en perspectiva histórica y literaria a los “conflictos más señalados en el marco de las relaciones hispano-marroquíes así como a cuestiones internacionales que planean en el horizonte actual. La composición de este cuaderno invita, a partir de los hechos, a reflexiones enjundiosas sobre el pasado y el presente y culmina con un documento testimonial que plasma la entrevista realizada y grabada al señor Larbi Messari en 1999 en Rabat, por el profesor Morales Lezcano, autor de la obra de investigación “Diálogos ribereños. Conversaciones con miembros de la élite marroquí (Ed. UNED, 2002) de donde procede la transcripción de dicha entrevista”.

Para el profesor Morales Lezcano “Messari fue muy pronto un adelantado de la causa hispano-marroquí tan necesitada de lucidez ayer como hoy mismo. Es decir del cultivo de unas relaciones entre España y Marruecos fecundas y, en la medida de lo posible, liberada de las asperezas que genera la condición fronteriza existente entre las dos orillas del estrecho de Gibraltar y las aguas del océano Atlántico que bañan las costas de Canarias y del Sáhara Occidental”.

“De aquí que “La otra España” traducida al castellano constituya una preciosa oportunidad de subrayar con equidad la tarea personal (e histórica) de Mohamed Larbi Messari, en la larga marcha emprendida “desde el sur de Tarifa y al norte de Cabo Espartel” por los pueblos de Marruecos y España desde hace siglos”.

sábado, 4 de febrero de 2023


1 Anuario de Estudios AtlánticosISSN 2386-5571, Las Palmas de Gran Canaria. España (2023), núm. 69: 069-015, pp. 1-11


REFLEJOS LITERARIOS ESPAÑOLES DE LOS CONFLICTOS HISPANO-MARROQUÍES (1859-1930)

CONFLICTS BETWEEN SPAIN AND MOROCCO (1859-1930). ITS LITERARY HIGHLIGHTS Víctor Morales Lezcano

∗Fecha de Recepción: 28 de octubre de 2021Fecha de Aceptación: 31 de mayo de 2022

Cómo citar este artículo/Citation:Víctor  Morales  Lezcano  (2023).  Reflejos  literarios  españoles de los conflictos hispano-marroquíes (1859-1930). Anuario de Estudios Atlánticos; nº 69: 069-  015.https://revistas.grancanaria.com/index.php/aea/article/view/10820/aeaISSN 2386-5571. https://doi.org/10.36980/10820/aea

Resumen: Este artículo pone de relieve el impacto literario que los conflictos (bélicos o no) entre los reinos de  España  y  Marruecos  tuvieron  en  destacados  escritores  como  Pérez  Galdós  y  Ramón  J. Sender,  entre  otros.

Palabras clave: Conflictos, España, Marruecos, repercusiones literarias. Abstract: This  paper  cast  some  light  on  the  literary  impact  arisen  by  several  conflicts  (military,  or  not)  held by the kingdoms of Spain and Morocco in notorious writers like Pérez Galdós, Ramón J. Sender and several others.Keywords: Conflicts, Spain, Morocco, literary repercussions. 

UN OBJETIVO DEFINIDO

Unas pocas líneas, a título de introducción, pretenden enmarcar los términos principales del siguiente ensayo histórico.  Conocido es el axioma de que la historia (en el caso que aquí se aborda y en casi todos) viene frecuentemente «determinada» por la geografía concreta en que aquella transcurre. 

La historia de las  relaciones  entre  los  Estados  y  los  países  de  España  y  Marruecos  obedece  con  mucho  al  principio que recoge tal axioma. Obsérvese en cualquier atlas al uso de visu lo que se acaba de exponer.  Y,  si  es  cierto  que  la  discontinuidad  fronteriza  que  caracteriza  el  posicionamiento  territorial  y  marítimo  de  ambos  países  ayuda  a  entender  el  leitmotiv de  esta  reflexión,  podría  formularse, acto seguido, otro principio. 

Otro principio que, tentativamente, puede contribuir a esclarecer el  estado  de  conflictividad  cíclicaque  viene  gobernando  las  relaciones  hispano-marroquíes desde hace aproximadamente un par de siglos. 

Puesto que de lo que se trata, aquí y ahora, es del esclarecimiento de las causas, los agentes en juego y el decurso diacrónico de dicha conflictividad cíclica, como sucede también con cierta frecuencia, y valga el paralelismo, en el ámbito y los círculos familiares entre dos o más de los miembros de su espacio doméstico.

Con vistas a delimitar una zona de fechas, sea más corta, a veces, o más prolongada, otras, se han acotado en este ensayo los cuatro principales conflictos geopolíticos registrados en la historia de  España  y  Marruecos  durante  el  periodo  intersecular  de  1859-1930.  Se  trata  de  un  marco  ∗  Historiador, profesor emérito de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). C/ Drácena, 27. 28016. Madrid. España. Teléfono: +34660690786; correo electrónico: caidvml@geo.uned.es© 2023Cabildo de Gran Canaria. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

VÍCTOR MORALES LEZCANO2 Anuario de Estudios AtlánticosISSN 2386-5571, Las Palmas de Gran Canaria. España (2023), núm. 69: 069-015, pp. 1-11cronológico que no parece ser ni desmesurado ni tampoco muy ceñido a un lapso temporal corto. Somos del criterio de que, con este método aproximativo al tema, escalonado en orden de sucesión histórica,  puede  servirse  con  más  plenitud  al  objetivo  confeso  de  este  ensayo: esclarecer  la  conflictividad cíclica registrable en las relaciones hispano-marroquíes entre 1859 y 1930.

DESPEGUE DE LA CONFLICTIVIDAD

No en vano, hemos recordado en diversas ocasiones que el Mediterráneo es un mar de mares, de penínsulas y de archipiélagos1. La cuenca occidental no lo es menos que la oriental, aunque en los  estrechos  de  Dardanelos,  Bósforo,  Mesina  y  Gibraltar  (y  también  en  el  canal  de  Suez)  se  agudiza toda su compleja naturaleza histórica, llena de solapamientos que traducen la fusión, el distanciamiento,  la  convivencia  y  la  hostilidad  existente,  desde  hace  un  par  de  milenios,  entre  ambas orillas del Mare Nostrum. Así como se ha impuesto con frecuencia la voluntad de respetar un statu quotácita o expresamente convenido por los países que bañan sus costas en las aguas de entre  mares,  no  menos  cierto  es  que  el  Mediterráneo  está  expuesto  también  a  la  irrupción  del  conflicto y de la guerra entre los vecinos ribereños a través de los siglos. En ocasiones, el ajuste entre  dos  países  ribereños  puede  convertirse  en  un  ménage  à  trois,  como  ocurrió   y  no  ha  transcurrido tanto tiempo desde entonces en torno a las aguas del británico peñón de Gibraltar, a la española ciudad de Ceuta e, incluso, al puerto y al litoral mismo de la ciudad marroquí de Tánger antes y después del estatuto internacional que la gobernó entre 1923 y 1956.

La primera relación conflictiva entre las naciones de España y Marruecos en pleno siglo XIX alcanzó una cima histórica y notoriaal declararse, entre sus Gobiernos, la guerra de África, así llamada en la historiografía contemporaneísta, guerra mantenida entre noviembre de 1859 y abril de 1860 por ambos vecinos2.

Este enfrentamiento vino precedido de un equívoco diplomático y político-militar,  como  suele  suceder  frecuentemente  cuando  no  se  resuelve  a  tiempo  la  crisis  relacional de turno, agudizándose, en consecuencia, los términos discrepantes de la negociación y  creciendo,  consecuentemente,  los  riesgos  de  un  choque  de  intereses  o  de  percepciones  discordantes y de resultados imprevisibles entre las potencias en liza.

La delimitación cronológica que encontramos más adecuada para desarrollar la relación conflictiva entre las dos naciones de turno (España y Marruecos3), permite detectar los cuatro conflictos geopolíticos y geoestratégicos registrados durante el período antes acotado.

DE LA GUERRA DE ÁFRICA

Si  por  un  momento  avanzamos  en  el  tiempo,  desde  la  guerra  de  África  (el  primero  de  los  conflictos hispano-marroquíes referidos), y nos situamos en 1893, recuérdese que en esta fecha se volvió a generar una nueva edición de la conflictividad cíclica hispano-marroquí. 

El conflicto, resultante de las demarcaciones defensivas españolas en torno a la fortaleza de Melilla (garrison town, según la nomenclatura topográfica de los británicos), alcanzó su cima en las confrontaciones sucedidas entre las tropas españolas y las de la confederación tribal de los guelayas durante los meses de octubre y noviembre de 1893. Fue entonces, una vez más, cuando las tropas españolas hubieron  de  repeler  las  frecuentes  incursiones  rifeñas,  a  través  de  diferentes  puntos  defensivos  perimetrales construidos para garantizar la seguridad del casco antiguo de Melilla; burlándose, en consecuencia, los términos, los convenios y tratados hispano-marroquíes, suscritos en agosto de 1859,  relativos  a  la  posesión  melillense,  bastión  hispano  aislado  en  El  Rif4  oriental  desde  illo tempore (1497), como también ocurría con los islotes de las Chafarinas y poblamientos limítrofes en la costa de la Mar Chica.         Las tribus rifeñas venían amenazando la toma de la plaza militar y presidio de Melilla, alegando que los habitantes de esta plaza estaban ensanchando el cauce del presidio  hacia  los  yacimientos  mineros  descubiertos  en  los  alrededores  de  la  ciudad-fortaleza 

1   CALDERWOOD (2019).2   MORALES (2020).3   MORALES (2006).4   MOULIÉRAS (2012). Clásica descripción de El Rif en el siglo XIX. 

REFLEJOS LITERARIOS ESPAÑOLES DE LOS CONFLICTOS HISPANO-MARROQUÍES... 3 Anuario de Estudios AtlánticosISSN 2386-5571, Las Palmas de Gran Canaria. España (2023), núm. 69: 069-015, pp. 1-11española. 

Como es de rigor subrayar ahora, se había ido registrando un desplazamiento geográfico de los escenarios marroquíes en los que se venían ventilando las discrepancias entre los yeblíes al oeste y las tribus rifeñas tanto desobedientes al sultán de Fez como resistentes a la presencia5militar  foránea  en  la  zona.  Es  decir,  que  las  desavenencias  entre  las  dos  potencias  ribereñas  arrancaban en la boca del estrecho de Gibraltar y en las estribaciones occidentales de la Yebala marroquí hasta alcanzar Alhucemas y el cabo de Tres Forcas. O sea, en dirección a Melilla-Nador y el retropaís de El Rif oriental, limítrofe este, a su vez, con la frontera fluvial franco-argelina del río Muluya6.

 En rigor, en la atmósfera expansionista colonial de aquellos años del siglo XIX, y los venideros del siglo XX, detectamos el designio hispano de mantener y reforzar la fortaleza de Ceuta y, en particular,  la  de  Melilla,  para  su  mantenimiento  a  salvo  de  cercos  eventuales  y  ocasionales  refriegas con bandas de rifeños en estado de rebeldía intermitente, incluso contra el sultán, que era  entonces  Hassan  I  (1873-1894). 

 La  coyuntura  del  93  fue  abocando  a  la  repetición  de  la  conflictividad cíclica entre las tropas peninsulares y las harkas rifeñas, dos hitos en la trayectoria cronológica que se viene siguiendo en estas páginas.La necesidad de reforzar la tropa española destacada en África para contrarrestar los nuevos asedios de las harkas rifeñas al bastión melillense había desembocado en el combate encarnizado que tuvo como escenario el barranco del Lobo. 

La decisión gubernamental de enviar a Marruecos nuevas tropas españolas, pero de reserva y reclutadas en gran parte entre las clases obreras dio lugar en la ciudad de Barcelona a la llamada Semana Trágica (26 de julio-2 de agosto de 1909), que no solo vino a «incendiar» la capital de Cataluña, sino que provocó una seria crisis política en  toda  España.  Fue  justo  aquella  la  que  llevó  al  Gobierno  de  Antonio  Maura  adecretar  la  suspensión  de  las  garantías  constitucionales  de  la  Restauración.  El  sistema  político  de  la  Restauración comenzó entonces a dar señales de quiebra. En rigor, la cuestión de Marruecos fue una  de  las  causas  que  contribuyeron  al  desmoronamiento  de  aquel  régimen  constitucional.  

En  futuras  ocasiones,  la  repercusión  de  los  conflictos  norteafricanos  engendró  desequilibrios  de  relieve y rebrote en la metrópoli peninsular: esta es evidencia historiográficamente refrendada.

DEL HORIZONTE DE COMBATE TETUANÍ AL MELILLENSEMientras el Viejo Mundo se precipitaba entre 1912-1914 hacia la debacle, es decir, la Primera Guerra  Mundial,  el  sultanato  de  Marruecos  experimentó  entonces  la  implantación  de  un  protectorado franco-español dividido en dos zonas territoriales, llevándose la República francesa la parte del león de la fábula (zona sur con capital en Rabat), correspondiéndole a España, por el contrario, la agreste zona norte (con sede capitalina en Tetuán).Más allá de matizaciones jurídicas y administrativas europeas de naturaleza colonial en las que no  debemos  introducirnos  ahora,  el  Protectorado  franco-español,  que  se  implantó  en  el  «carcomido» imperio   de   los   cherifes,   hubo   de   enfrentarse   a   múltiples   insurrecciones   norteafricanas   contra   el   tándem   metropolitano   de   París-Madrid;   este   tándem   europeo   desempeñaba la función de gestor y tutor del decaído imperio de los cherifes. 

Y así como Tetuán y su extrarradio montañoso (yeblí, decíamos antes) estuvieron en el punto neurálgico de la guerra de  África  (1859-1860),  la  impresionante  cadena  de  El  Rif  central  y  oriental  se  convirtió  en  el  marco  geográfico  de  otro  gran  conflicto  armado  hispano-marroquí  en  la  primera  posguerra  europea del siglo XX. Nos referimos, esta vez, a la campaña y guerra de El Rif (junio de 1921-mayo  de  1926).  

Un  conflicto  entre  tres  contendientes:  por  una  parte,  el  pueblo  rifeño,  que  encarnaba por antonomasia el caid Abd el-Krim el-Jattabi y, por otra, los ejércitos coloniales de las dos potencias europeas designadas protectoras de Marruecos, no exentas ambas (Francia, en particular) de ínfulas coloniales. 5 Presencia encargada de velar por los intereses mineros extractivos de España, Francia, e incluso, Alemania; cuyo afán de controlar los tentadores yacimientos de piritas de hierro que circunvalaban la ciudad de Melilla era un secreto a voces en los medios internacionales que ambicionaban su explotación. 

6   MADARIAGA (1999).


sábado, 11 de junio de 2022

“HISTORIA DE MARRUECOS”. De los orígenes tribales y las poblaciones nómadas a la independencia y monarquía actual, libro del historiador Morales Lezcano

Marruecos (Foto: National Geografic)


Julia Sáez-Angulo

11/6/22.- Madrid.- El historiador, profesor emérito de la Universidad a Distancia, Víctor Morales Lezcano, es uno de los mejores conocedores del país vecino del sur, Marruecos. Justo antes de la Feria del Libro de Madrid 2022 ha aparecido una nueva “Historia de Marruecos. De los orígenes tribales y las poblaciones nómadas a la independencia y monarquía actual”, una edición revisada y al día, de la que el autor publicó en 2006, en La Esfera de los Libros, en esta ocasión publicada por la editorial Diwan Mayrit.

El libro va dedicado al embajador “don Alfonso de la Serna, amigo dilecto”. Una nota preliminar y una introducción centran al lector para abordar el libro, realmente exhaustivo, desde la geografía, la antropología, la historia y la política en 300 páginas, con un breve apéndice gráfico.

“Esta obra esencialmente es una historia de Marruecos y de sus relaciones con España y Francia y los entornos fronterizos del antiguo Imperio de los cherifes con el oeste argelino, el Sáhara Occidental y Mauritania, sensu lato con Bilad-al-Sudán”, explica el autor. “

“Algunas exigencias empresariales provenientes de Diwan Mayrit y el asentimiento del autor han obligado en esta ocasión, a la reducción del voluminoso ejemplar que se plasmó en otros tiempos”, añade Morales Lezcano.

“Esta “Historia de Marruecos” pretende ser -con sus omisiones involuntarias (como sucede con la dimensión artística, monumental y literaria del país, objeto de la síntesis abordada en otra cita editorial) y con sus carencias que son las del autor- una guía para españoles adultos y profesores de Historia a lo largo y ancho del país”. 

    Continúa el autor: Si hubiese algún lector o profesor marroquí que se sumara a este club de lectores, tanto mejor”. La recepción de la obra en Marruecos, por crítica que sea, no hará sino bien a nuestras relaciones históricas de vecindad, pues los dos países vecinos coexistimos a pesar de nuestras fronteras, de nuestras percepciones entrecruzadas y de nuestras copiosas interpretaciones historiográficas”.

Los epígrafes de los capítulos son sugerentes, veamos algunos del final: Atrapados en el Rif; El final del Protectorado entre 1945 y 1956; La contrarréplica al colonialismo europeo por parte del nacionalismo magrebí; El “embrollo” del camino hacia la Independencia, la Constitución y la Democracia en Marruecos; El largo reinado de Hassan II; A título de conclusión: entre el estancamiento económico y la fractura social, y, España y Marruecos. Mil y una noches después.

jueves, 20 de mayo de 2021

Julia Sáez-Angulo y Víctor Morales Lezcano firman ejemplares en la Feria del Libro de Vallecas. Madrid




Julia Sáez-Angulo

20/5/21.- Madrid.- Los escritores Julia Sáez-Angulo y Víctor Morales Lezcano firman ejemplares en la caseta de la editorial Diwan en la Feria del Libro de Vallecas,. La primera, firmará esta tarde jueves 20, de 18 a 20,30 horas y, el segundo, el día 30 de mayo, de 12 a 14,30 horas.

    La caseta de Diwan es la numero 3, en el Bulevard de Peña Gorbea. Metro Puente de Vallecas. Madrid

Julia Sáez-Angulo firmará, entre otros ejemplares, su último libro “Historias y personajes del Norte de África”, publicado por la editorial Espacio Cultura.

Víctor Morales Lezcano firmará ejemplares de su libro "Incursión norteafricana de Pérez Galdós. Descifrando Aita Tettauen".






miércoles, 18 de noviembre de 2020

Víctor Morales Lezcano: Incursión norteafricana de Pérez Galdós. Descifrando la novela "Aita Tettauen"

Víctor Morales Lezcano, Incursión norteafricana de Pérez Galdós. Descifrando a Aita Tettauen, Madrid, Diwan Mayrit, 2020, 103 pp.

  




por Francisco Manuel Pastor Garrigues

    18.11.2020.- Madrid.- Las guerras que España sostuvo en el norte de África durante los siglos XIX y XX hicieron correr ríos de sangre y tinta. De hecho, la literatura hispana siempre ha estado presente en todos los conflictos africanos: como homenaje al supuesto romanticismo y gloria del combate o, por el contrario, como la conciencia insobornable que denunciaba la barbarie de la guerra y quienes medraban con ella. 

La campaña militar librada contra el Sultanato de Marruecos entre 1859 y 1860 a iniciativa del gobierno de la Unión Liberal dio pie, entre otras varias obras, a una novela histórica de B. Pérez Galdós, Aita Tettauen, inserta en la cuarta serie de los Episodios Nacionales. El leitmotiv de esta obra viene a ser una percepción intimista e identitaria (con un reconocimiento explícito de los valores no sólo del mundo islámico, sino también de las improntas cristiana y hebrea, o sea, de las tres culturas o componentes medievales de los reinos ibéricos, Castilla, Aragón y Portugal que Galdós encontró redivivos en el norte de Marruecos) de los lazos que han unido y, en ocasiones, fracturado las sociedades ibero-magrebíes desde hace siglos.   La Guerra de África le facilitó, en este sentido, a Galdós una novedosa incursión cultural e histórica, cuyo protagonista es un “converso” soldado español que proclama la alternativa del sacerdocio laico frente al cíclico enfrentamiento entres las naciones y sus pueblos. 

El autor del presente ensayo que analiza esta novela de Galdós es el historiador Morales Lezcano, una autoridad académica reconocida desde hace más de treinta años, en las relaciones entre España y Marruecos y, por extensión, en los temas relacionados con el mundo islámico. 

Aita Tettauen no le resultó una obra de fácil redacción a Galdós. El profesor Morales Lezcano desnuda la carpintería y quebraderos de cabeza que le causó al narrador la búsqueda de fuentes fidedignas, contrastadas, casi en lo que se podría asimilar con la labor de un minucioso investigador. Leyendo el trabajo del profesor Morales, tanto por su capacidad de conjugar y rastrear las características narrativas de Galdós como por su lucidez en cuanto a la forma de tratar esas mismas características, nos damos cuenta del valor de su estudio. El historiador no se ha contentado en su trabajo investigativo con el fácil recorrido por los hechos inmediatos de la vida del autor canario, o por contextualizar históricamente la trama de la novela, sino que parte de un cuestionarse esas características desde un variado prisma de posibilidades esclarecedoras. Todos los datos, que en esta obra se nos muestran como resultado de una metódica búsqueda son analizados en profundidad, dotándolos de una carga de humanidad que no desequilibra el contenido estrictamente científico que impera a lo largo del estudio.  Así, por ejemplo, se nos insiste en como resuelta por el escritor canario, la tarea de la acumulación de información, para lo que se valió del asesoramiento literario y lingüístico del africanista Ricardo Ruiz Orsatti, quien le facilitó incluso documentación marroquí, soslayando la crónica de las gestas y triunfos coloniales en “tierra de moros”, Galdós,  como bien demuestra Morales Lezcano, desplegó su andamiaje literario para pergeñar lo que se podría calificar como un texto de connotaciones decoloniales. De hecho, tras descartar críticamente los aspectos militaristas y colonialistas del enfrentamiento, la contemplación que ofrece Galdós de la guerra de África no es sólo bifronte, marroquí por un lado, hispana por otro, sino que incorpora también la perspectiva, la visión, la entidad de los sefardíes o hebreos de origen ibérico, asentados en Marruecos tras la expulsión de  los reinos peninsulares a partir de 1492. Aita Tettauen, al igual que ocurre con sus novelas, sorprende por los giros que aplica a los personajes, aparte de utilizar el sugerente contexto norteafricano, plenamente interracial, para poner de manifiesto las preocupaciones religiosas del autor, o la compleja existencia de un amor marcado por los prejuicios de las creencias, el amor que mueve al soldado español, Santiuste y a la bella Yohar, hija del personaje judeoespañol llamado Riomesta, un sentimiento víctima del antagonismo religioso, remoto, que se opone a la superación de los prejuicios enraizados en los credos religiosos monoteistas. Con todo, esta obra de Galdós aun manteniendo la tónica habitual de los Episodios Nacionales, es decir, mezclando la literatura y la crónica de los hechos, asumiendo el orillar y deshacer la fábula folclórica del país, se distancia de los pertenecientes a  las dos primeras series, escritas por un autor juvenil, y  que se adhería a las proposiciones liberales que representaban Gabriel Araceli o el afrancesado Santorcaz. Eran aquellos episodios en los que destacaba una clara propensión al reformismo, se desechaba el ideario extranjerizante y se buscaba un plano testimonial que autentificara los valores del pueblo español en su lucha patriótica. Galdós, hombre liberal, voluntarioso y bien intencionado creía en el progreso cuyos objetivos finales serían la libertad, el trabajo y la ciencia. Estas ideas venían ligadas a una ideología que el autor sostenía en todas sus novelas como incontestables tesis a partir de las cuales una vida mejor aguardaba a todos. Este mundo de tesis liberales era sostenido por Galdós como fundamento de la Historia de España del siglo XIX. Y en esta tesitura, los Episodios Nacionales no eran sino la gratificación del héroe burgués frente a las tendencias reaccionarias equivocadas e interesadas como las que sustentaban legitimistas y apostólicos. Galdós entendía pues que las virtudes del honor, el valor, el sacrificio y la lucha eran propias, rasgo inherente de todo el pueblo español. Ahora bien, no podían ir sino encauzadas por una clase dirigente que buscase el progreso y dirigiese correctamente ese cúmulo de cualidades. Era evidente que asistíamos a un embellecimiento más de la Historia de España, en tanto que estos Episodios Nacionales eran, como las novelas de tesis del Galdós juvenil, la realidad colectiva deformada por la ideología.

          Sin embargo, a partir de 1889, Galdós lo que escribió fueron novelas psicológicas. Y aquí se inscribiría Aita Tettauen. Un tipo de obra, resultado de un paso de la realidad colectiva a progresivas interiorizaciones individuales. La acción se reduce, estiliza, toma un ritmo más pausado y sobre todo se interioriza, es decir, pasa a ocurrir dentro de los personajes que cobran mayor fuerza por sí mismos. El mundo de Juan Santiuste, Confusio, el protagonista principal de este Episodio Nacional supera la mirada social que le resulta ya manifiestamente insuficiente para desvelar la realidad; Galdós funde aquí lo social con lo psicológico en una novelística cuya exigencia de veracidad no puede elidir un plano de pasión interna, incluso mística que se escabulle de la llamada realidad. Algo que entronca con otro de los motores del Episodio Nacional dedicado a la guerra de África: la insistencia del novelista sobre la idea adelantada del pacifismo (p. 36). Morales Lezcano se explaya explicándonos cómo  Santiuste es un  personaje que va dejando atrás las ingenuas convicciones patrióticas y la equívoca exaltación romántica y lírica de la grandeza nacional y las loas a  la guerra que perfilaba un Pedro Antonio de Alarcón (pp. 46-47), llega a admitir incluso que los marroquíes sólo pelean en legítima defensa al ser invadidos por una potencia extraña (p. 55) y al modo de un adelantado predecesor del hemingwayano Frederick Henry, el protagonista de  la antibelicista novela “Adiós a las armas”, va tomando conciencia de los horrores de las guerras, del sufrimiento de las gentes en ellas, y se va desvinculando del contexto imperialista del conflicto, aprendiendo a vivir con el dolor de las heridas, morales y físicas que le aquejan, y haciendo de manera unilateral una paz separada, ajena al contexto patriotero (pp. 48-49-50) y al delirio militar (p. 55). 

Galdós focalizó así su interés sobre un asunto que, religiosa, política y humanamente le atraía mucho. Galdós defendía el ideal de la conversión a un sacerdocio laico, que fusionaba con su llamamiento al imperativo universal de la paz entre las naciones y las religiones más militantes de su credo. No hay que olvidar que, a partir de 1870 en adelante, el autor canario empezó a percibir el perfil belicista de la Europa industrial (e imperialista) de entonces y la necesidad de invocar el eterno tema de la religión de la paz y el repudio de la guerra entre pueblos y naciones (p. 60). 

Morales Lezcano llega a formular la hipótesis de de que Galdós se alineó a principios del siglo XX, momento de redacción de esta novela, con el movimiento pacifista internacional a favor de la paz, contra la carrera armamentística y el militarismo en general, muy consciente de que en ellos momentos la expansión colonial había dado origen a un nuevo tipo de imperialismo en consonancia con los intereses y las expectativas de la nueva era industrial, un imperialismo por tanto muy diferente del imperialismo “mercantilista” de la primera oleada (anterior a 1815) de la expansión europea, y que mezclado con el nacionalismo de estado y en compañía de los viejos prejuicios racistas, a los que el darwinismo social pretendía conferir un aire moderno y “científico”, y de la creencia en la desigualdad y en la jerarquía “natural”, produjo una combinación cada vez más peligrosa en la Europa del momento, suscitando en ocasiones fuertes tensiones internacionales. 

Este movimiento pacifista que contó con la participación de no pocos e insignes escritores de la época como el libertario cristiano León Tolstoi, Thomas Mann y tuvo su más marcada representante en la baronesa Bertha von Suttner, la autora de la escalofriante novela Die Waffen nieder (¡Abajo las armas¡), publicada en 1889 en Alemania y traducida a numerosos idiomas, ejerció una notable influencia sobre la opinión pública con sus escritos de denuncia del coste humano de la guerra y los peligros del militarismo.

          Con este trabajo, en suma,  Víctor Morales nos ha entregado como en un caleidoscopio una sucesión de hechos vitales, históricos que van recomponiéndonos el proceso creador de una novela a la vez que un cuadro minuciosamente dibujado de toda una época. La indudable validez de este estudio radica en su tratamiento de la realidad histórica; un  mirar lleno de ternura y (a la vez) preocupación científica que nos va devolviendo un universo cargado de humanidad y del cual aún no hemos completado su exacta y auténtica mensura. Pocos estudios históricos suelen, como éste, aunar en un todo la frialdad de unos datos y la estremecida ternura por el hecho vital que los generó.

             Francisco Manuel Pastor Garrigues

           IES “Sanchis Guarner” de Silla (Valencia)


lunes, 26 de octubre de 2020

Incursión norteafricana de Pérez Galdós. Descifrando “Aita Tettauen”, ensayo del historiador africanista Víctor Morales Lezcano

 



Julia Sáez-Angulo

    25/10/20.- Madrid.- Terminamos ya el año del centenario Galdós, cuando el historiador africanista, Víctor Morales Lezcano nos ofrece un interesante ensayo titulado Incursión norteafricana de Pérez Galdós. Descifrando “Aita Tettauen”, publicado por la editorial Diwan, en el que se pone de manifiesto el carácter pionero de un Episodio Nacional del escritor, que abrió una senda marroquista en la novela histórica española que se cultivó en el siglo XX, con nombres señeros como Ernesto Giménez Caballero, Ramón J. Sender, Arturo Barea, Ángel Vázquez, Juan Goytisolo y en la actualidad, María Dueñas. El apéndice documental que Morales Lezcano añade a su ensayo es muy oportuno.

Una soberbia escultura de Victorio Macho para el monumento a Galdós para Las Palmas de Gran Canaria se muestra en la portada. En el interior algunas imágenes en blanco y negro de grabados de antiguas  portadas o ilustraciones de libros galdosianos.

El ensayo del profesor Morales se abre con una cita de María Zambrano: “Galdós, el descubridor del secreto de la íntima estructura de España” y el índice recoge apartados como: La incubación de un episodio nacional sui generis; Un cronista romántico en el fragor de una guerra colonial; Un náufrago literario encuentra a un informante providencial; El “salto” a la otra orilla de Gibraltar consuma la incursión marroquista de Pérez Galdós, y, Se advierte que los preparativos están ahora dispuestos para contar con un Episodio Nacional.

Al igual que don Benito Pérez Galdós, Víctor Morales Lezcano es canario-madrileño-santanderino, me explico: nació en Canarias, reside en Madrid y veranea en Santander. Precisamente en esta última ciudad cantábrica, donde Galdós mandó construir el palacete de San Quintín -tristemente demolido en su día- fue donde el historiador decidió escribir el ensayo Incursión norteafricana de Pérez Galdós. Descifrando “Aita Tettauen”.

“No puede extrañar que Galdós consagrara un Episodio en la cuarta serie al conflicto armado habido entre España y Marruecos durante 1859-60. Un conflicto que ha pasado a la nomenclatura historiográfica de España como Guerra de África. Parece que Galdós obedece a este peculiar episodio a una superviviente tradición literaria de raíz mudéjar, percepción que Juan Goytisolo captó en “Vicisitudes del mudejarismo: Juan Ruiz, Cervantes, Galdós”, escribe el profesor Morales Lezcano en el prólogo.

Un mudejarismo que entra en la literatura española desde la Baja Edad Media hasta el XIX, y que ha dado obra como las Cartas Marruecas de José Cadalso en el XVIII o Alfonso de la Serna en Al sur de Tarifa y que continuó Galdós con su novela Aita Tettauen.

    Pérez Galdós está siendo reconocido y ensalzado como bien merece en este centenario de su muerte y el aspecto norteafricano de su escritura no podía quedar fuera. El profesor Morales Lezcano lo ha hecho muy oportunamente como historiador, con un título de la rica bibliografía galdosiana como es el libro de Aita Tettauen, no de los más conocidos y difícil de retener por muchos. África del Norte, nuestro territorio vecino y en especial Marruecos ha sido motivo de nuestra historia reciente por proximidad y diferencias, según los momentos; “vecindad azarosa”, lo denomina Goytisolo. El escritor canario-madrileño-santanderino Galdós no lo olvidó, máxime la cercanía del asunto a su vida y su viaje al norte de África invitado por sefarditas, creando con Aita Tettauen una cabeza de fila de una narrativa que habría de enriquecer el conocimiento norteafricano y la narrativa española.

    El autor del ensayo, profesor Morales Lezcano, nos sitúa históricamente: “Corrían las últimas semanas del verano de 1904 cuando Benito Pérez Galdós (1843-1920), su entorno familiar y parte de la servidumbre que atendía la residencia del novelista en Santander -situada enfrente de la península de la Magdalena- iniciaron los preparativos para el regreso a Madrid (…) Dos años antes, Galdós había comenzado la redacción de la cuarta serie de los Episodios Nacionales…

    El argumento de Aita Tettauen tiene como protagonista al español Santiuste, que entre sus avatares bélicos norteafricanos llega a enamorarse de una sefardita en Marruecos. Galdós termina el libro con un soliloquio del mismo. “Como si un anhelo de superación lo guiara a un inicio de su conversión al sacerdocio laico. Al terminar la lectura del Episodio, le toca al lector preguntarse hacia donde se dirige Santiuste; pero, por lo pronto, le quedará claro que el personaje central de la obra se encamina con entrega al credo de la paz y al repudio de la guerra entre los pueblos y países del universo mundo”, nos advierte el profesor Morales. La misma posición pacífica que adoptó Pío Baroja en sus escritos sobre el norte de África y España, otro autor y otro aspecto que queda por estudiar en un futuro. 


martes, 25 de agosto de 2020

Víctor Morales Lezcano presenta “Historias y personajes del Norte de África” de Julia Sáez-Angulo en San Lorenzo de El Escorial.


Prof. Víctor Morales Lezcano

Víctor Morales Lezcano y Julia Sáez-Angulo


L.M.A.
Fotos: Adriana Zapisek

            26/08/20.- San Lorenzo de Escorial. Madrid.- Víctor Morales Lezcano, historiador y profesor emérito de la Universidad a Distancia, presentó el libro Historias y personajes del Norte de África, de Julia Sáez-Angulo en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial. El acto fue organizado por el Ateneo Escurialense y fue presentado por Pilar Rodríguez, coordinadora del área de Literatura.
            El libro, ilustrado por Juan Jiménez, ha sido publicado por la editorial EspacioCultura , dirigida por José Luis Pardo Caeiro.
            El profesor Morales recorrió los episodios mas sobresalientes de la Historia de España en relación de con Marruecos, como telón de fondo de los relatos del libro presentado y señaló la narrativa de otros escritores narradores que se detuvieron en el norte de África como Galdós, Arturo Barea o Ramón J. Sender.
Destacó el prólogo del historiador Francisco Manuel Pastor Garrigues, antiguo alumno suyo, y se detuvo a comentar diversos relatos con protagonista femenino, en especial Carmen Laforet, en su visita a Tánger como ciudad internacional junto a Emilio Sanz de Soto; Juanita Narboni en la novela de Ángel Vázquez Molina; Fátima Ufkir durante el tiempo de Mohamed II o Bárbara Hutton, reina de la medina de Tánger

            Julia Sáez- Angulo recordó que “el próximo año 2021 se conmemora el Desastre de Annual, un acontecimiento histórico en el Norte de Marruecos en 1921, que se llevó por delante a más de ocho mil hombres, entre soldados y oficiales españoles, y dejó muertos a otros cinco mil del bando contrario, el marroquí. Es de esperar que se hable y escriba mucho de estos acontecimientos bélicos inscritos en las llamadas Guerras de África, que fueron cuatro en total y desangraron de manera dramática a España durante los siglos XIX y XX. Y digo que se va a conmemorar la fecha, que no a celebrar, porque fue una terrible tragedia. Una carnicería.".

            "El Norte de África, es decir, Marruecos, Túnez y Argelia fundamentalmente, -también Libia y Egipto, aunque quedan un poco más lejos- constituyen nuestros vecinos del sur, ribereños del Mediterráneo y con estos países o más exactamente con sus pueblos hemos tenido diversos contactos en la Historia. De los tres países citados es sobre todo Marruecos el que más protagonismo ha tenido junto a España, por cuanto nuestro país se estableció allí como un Protectorado desde 1912 a 1956. En el denominado Marruecos español, una figura jurídica internacional aplicada a una serie de territorios del sultanato alauí en primer momento, reino de Marruecos, a partir de 1957. El Desastre de Annual de 1921 entra por tanto dentro del periodo del Protectorado español, en paralelo con el Protectorado francés en Marruecos sur".

            "Tres escritores españoles importantes, Arturo Barea, Benito Pérez Galdós y Ramón J. Sénder -Pío Baroja en menor medida- con su pupila observadora y su retina poderosa en los ojos y en la mente, estuvieron presentes en las denominadas Guerras de África, que tanta desazón, sufrimiento y muerte causaron entre españoles y magrebíes principalmente, hombres y mujeres a uno y otro lado del Estrecho. Muchas madres, esposas, hermanas o novias se quedaron sin maridos, hermanos o novios".
“Habría que hablar al menos de cuatro Guerras de África: primera, la de 1859-1860, que terminó con el tratado de Wad Ras, tras la batalla en la explanada de los Castillejos ; segunda, la guerra de Melilla de 1893-1894, que es menos conocida; tercera, la campaña de 1909, que se libró en el Rif, en una región contigua a Melilla y se debió al apoyo del gobierno español a unas prospecciones mineras en territorio rifeño, a las que se oponían los cabileños, celosos de las injerencias extranjeras en su territorio, y, cuarta, la guerra del Rif de 1921, que comenzó con el denominado Desastre de Annual, en la que cayeron casi ocho mil españoles, a cuyo frente estaba el general Silvestre, militar que desapareció en aquel infierno de lucha encarnecida, sin que su cuerpo apareciera nunca y esa desaparición ha permanecido como una leyenda, si bien algunas versiones hablan de suicidio. Lo cierto es que la torpeza e incompetencia de los mandos llevó a los soldados españoles en África a tamaña matanza. Una sangría como pocas se había conocido de aquella magnitud. Un ejército –carne de cañón- desmoralizado por la incompetencia de los mandos”.
Podría hablarse de una quinta guerra de África, con la guerra de Ifni en 1957-58.

Protectorado Español durante la I Guerra Mundial

            “Europa y el norte de África, donde España tenía el Protectorado de Marruecos desde 1912, eran un hervidero de espías. España no entró en la guerra de 1914, porque así lo decidieron los sucesivos gobiernos de la Restauración –pese a la querencia íntima de Alfonso XIII para contar entre la grandes potencias, si bien el ejército español no estaba adecuadamente preparado para una guerra como aquella-, lo cierto es que en la península ibérica y el norte de África los espías alemanes y agentes enemigos se movían por todos los lados inspeccionando costas, buques y asesorando la acción de los submarinos principalmente. La neutralidad de España fue pura filfa; su soberanía nacional, una entelequia; sus comunicaciones, incluidas las del rey, estaban totalmente interceptadas por los servicios secretos ajenos al país”.

“Todo esto, en cuanto a la base histórica de las Guerras de África, unas guerras que en mi opinión trajeron ese resentimiento reciente frente al “moro”, más allá de la expulsión musulmana que tuvo lugar en 1492 con los Reyes Católicos y que ya queda muy lejos o la expulsión de los moriscos con Felipe III entre 1609 y 1613, por sus sublevaciones y espionaje a favor del Imperio Otomano".
            "Pues bien, en esta geografía del Norte de África se han dado variopintos personajes que yo he querido entresacar para poder narrar y acogerlos en un relato. No me he apartado un ápice de la Historia, quiero decir que son 24 relatos históricos que se han dado y que he situado en el sitio y fecha en que tuvieron lugar. Van por orden cronológico vienen a ser la intrahistoria que diría Miguel de Unamuno, dentro de la Historia con mayúsculas que determina el poder político y militar principalmente. En algunos de estos relatos dejo que sea la corriente de conciencia de un personaje, la que narre la visión de los hechos. Paso a comentar y resumir algunos de los relatos".

            24 relatos en el libro
            "Así,  “La Institutriz y el jerife de Wazzan” es el relato de una joven británica, descendiente de uno de los reformadores anglicanos, que casó, sin convertirse al islamismo, con el importante jerife de Wazzan y en este relato se van poniendo de manifiesto actividades y costumbres muy particulares de esos jerifes que eran auténticos dueños del territorio disputando su influencia al sultán. Curiosas son las zagüias, cofradías en lugares donde se ofrecía condumio a los pobres".
       
           “Los hermanos Montes en Marruecos” fue un episodio dramático de unos niños, hijos de colonos españoles, cuya desaparición tuvo una gran repercusión en la prensa nacional española y en el Parlamento en tiempos de Sagasta. A punto estuvo de estallar un grave incidente diplomático ente España y Marruecos, por el secuestro y desaparición de esos niños."
 “Perdicaris y el águila de Zinat” es otro episodio rocambolesco, de grave incidencia diplomática entre los Estados Unidos y Marruecos, transmutado por completo en la película “El viento y el león”, protagonizada por Sean Connery y Candice Bergen. El presidente Theodore Roosevelt lanzó nada menos que la proclama “Perdicaris vivo o Raisuni muerto”.
"Recordemos también que Estados Unidos estuvo tentado de invadir y ocupar algún punto del norte de África, com base cuando sintió que su flota tenía dificultades para navegar por el Mediterráneo, debido a los ataques berberiscos a sus barcos, pero todas las cancillerías europeas, incluida la del Reino Unido, estaban de acuerdo en la réplica a la doctrina Monroe expuesta por el presidente norteamericano James Monroe en el Congreso en 1823, doctrina que estableció el lema de América para los americanos. Los cancilleres europeos, en réplica hicieron saber a la diplomacia estadounidense, que ellos establecían la misma máxima que Monroe en sus propias latitudes, es decir: ¡África para los europeos!"
            Aquella afirmación de ¡África para los europeos! no parecía parangonarse bien con la de Monroe, pero al mirar el mapa se ve que Europa es un continente pequeño, ridículo, en comparación con los Estados Unidos, en realidad, una coda de Asia, continente que merece llamarse Eurasia, por eso los europeos “necesitaban” expandirse hacia el sur, para obtener las materias primas necesarias y establecer colonias en África, que al decir de los libros es el continente madre de todos los habitantes del planeta. La brillante cultura europea serviría para civilizar a este continente todavía atrasado, se decía a la hora del reparto”.
“Marthe Béraud, espiritista en Argelia”, introdujo esa curiosa afición europea del momento en África. El espiritismo, al calor de los veladores fue fundado por el francés Allan Kardec (1804-1869), enterrado en el célebre cementerio parisino Père Lachaise"...
La autora del libro Historias y personajes del Norte de África agradeció el oportuno prólogo del historiador Pastor Garrigues y las ilustraciones de Juan Jiménez, presente en el acto, que se desarrolló con las medidas de seguridad exigidas: distancia y mascarillas. El auditorio solo admitía un tercio del aforo, por lo que algunos asistentes tuvieron que quedarse fuera.






Julia Sáez-Angulo

Victor Morales y Julia Sáez-Angulo

Juan Jimenez, Ilustrador y fotógrafo

 Marios Saslovsky, Víctor Morales Lezcano y Adriana Zapisek
Julia Sáaez-Angulo

Víctor Morales

Juan Jiménez y Víctor Morales Lezcano

martes, 11 de agosto de 2020

ANEXO. VIÑETAS DE LONDRES


11.08.2020.-Madrid                           


A la ciudad que me enseñó tanto

  Este anexo a los recuerdos de algunos de mis viajes y estancias mediterráneos lleva por título Viñetas de Londres. Se trata solamente de tres, de casi un total de diez, que han sobrevivido a los cincuenta años que han transcurrido desde que empecé a pergeñarlas sobre la marcha. Valga adelantar que fueron varias mis estancias en aquella capital del mundo (Welthauptstadt), metrópolis y palimpsesto viviente de una época de marcado cuño europeo, como lo fue la acotable entre 1789 y 1918.
Se trata de apuntes de corte algo naif, ligeramente revisados de estilo, y motivados por tres aspectos notables de la ciudad del Támesis: Greenwich, los museos y los parques; aunque de los museos me haya limitado a uno que no guarda punto de comparación con el British Museum o la National Gallery. No está, sin embargo, desprovisto de “gancho”, ni de interés en el ámbito de la historia internacional contemporánea.
Las viñetas que siguen van dedicadas a la ciudad que tantos horizontes me abrió durante mi primera juventud y están dedicadas especialmente a la figura de Salvador de Madariaga (1886-1978) y a su hija Isabel (1919-2014), con la que compartí varias veladas y reuniones londinenses[1].                                       

I
GREENWICH

                    A María José Lorente (+ 2012), criatura imposible de olvidar

Años ha, un vaporetto bastante maltratado por el uso y con capacidad para unos setenta y cinco viajeros solía hacer periódicamente la travesía del Támesis entre Westminster y Greenwich. La nave surcaba lentamente las aguas marrones del Támesis pasando bajo los puentes tendidos sobre el río: Charing Cross, Waterloo, Blackfriars, Tower Bridge y unos cuantos hitos más. A un lado u otro de su caudal, la ciudad de Londres iba brindando al viajero la silueta edilicia de su milenaria personalidad histórica: el Big Ben, Somerset House, la señera cúpula de San Pablo, la fortaleza carcelaria de la Torre y algunos monótonos rascacielos que se erigían donde los bombardeos de la última guerra mundial lograron impactar, repetidas veces, la vasta superficie londinense. Luego, cuando el recorrido de la travesía fluvial alcanzaba la mitad del tiempo previsto, el perfil de la silueta de la City se desvanecía en lontananza, para dar paso a los wharves de Londres, viejos y destartalados muelles y almacenes que imprimían al este de la ciudad aquel ambiente de “sucia incomodidad” del que hablaba William Morris (1834-1896).
Mientras el vaporetto avanzaba Támesis abajo, un mundo de leyenda podía atravesar furtivamente la memoria del pasajero: navíos piráticos de sir Walter Raleigh, goletas marineras, bergantines de la East India Company y gabarras carboneras de la Gran Bretaña industrial. Cuando la imaginación histórica se había ido despertando al filo de la contemplación, el vaporetto enfilaba ya, decididamente, el último tramo del río. Con su proa rumbo a Greenwich.
                           ***
Greenwich es una pequeña aglomeración urbana, situada al sur de Londres. A su entrada por vía fluvial, ofrece al visitante la impecable fachada del Royal Naval College (antiguo hospital de marineros) y el juego de mástiles del famoso clipper [2]Cutty Sark. Luego, al iniciarse el ascenso hacia la colina, a cuyos pies reside la ciudad, todo el entorno se convierte en una sucesión de incentivos marítimos y náuticos. Y, aunque no se sea un lobo de mar, el ojo avizor advierte la sede del inenarrable Museo Marítimo Nacional, primero; la colina del Observatorio (donde se ha fijado el arranque del meridiano de referencia longitudinal de la esfera terrestre), y. por último, el bonito parque que corona la colina.
La visita detenida de los tesoros y curiosidades que pueblan las salas del Museo Marítimo Nacional de Greenwich merece una dedicación de varias horas; todas son pocas aquí, cuenta tenida de la tradición ultramarina de las islas británicas, a veces pirática (William Blake), a veces bélica (Horace Nelson). No es infrecuente que el tiempo pase inadvertido en Greenwich y que el visitante se prometa volver en otra ocasión, justo para deleite de su capacidad de instrucción marítima.
Al terminar la visita a Greenwich, cuando se pone el sol, uno no puede substraerse a la contemplación de Londres desde aquel punto de mira, uno de los pocos altozanos que permite dominar el considerable panorama del octopus londinense. Si la visibilidad ayuda, un horizonte de chimeneas, grúas, agujas de iglesias, “jorobas” de puentes sobre el Támesis, y la inconfundible Torre de Londres se agolpan ante la mirada del espectador. Entonces, cuando la ciudad empieza a encenderse, el viajero, gratamente cansado, pero satisfecho de las impresiones evocadoras que ha experimentado tanto a lo largo del trayecto como durante el recorrido de los museos, emprende lentamente el descenso al pequeño casco urbano de Greenwich. Las tabernas han abierto sus puertas; un rumor de voces concomitantes y un vapor de lúpulo llegan al visitante, al que ya espera el vaporetto desde su muelle de atraque, para devolverlo a la City of London.

II
LOS MUSEOS: IMPERIAL WAR MUSEUM

            A Teresa Pereira,
ad maiorem Dei gloriam

Los domingos de verano pueden ser días idóneos para visitar algunos museos de Londres. Así ocurría, al menos, cuando yo vivía allí o visitaba esporádicamente aquella ciudad. Solían estar abiertos entre las dos y las seis de la tarde, con libre acceso. En una ocasión dejé para el final de mi estancia, por si el tiempo y la resistencia física me lo permitían, el Jardín Botánico en Kew Gardens, la Galería Nacional y el “complejo” museístico de South Kensington, mientras fui viendo aquellos museos que, generalmente, no se visitan; o que, por lo menos, no habían atraído mi curiosidad en estancias anteriores. Tal fue el caso del Imperial War Museum, situado en el distrito de Lambeth, al sur de la ciudad, e instalado en un edificio que, como otros tantos de Londres, no posee particular atractivo edilicio. Alberga, empero, una interesante colección de “máquinas infernales” con las que los europeos han solventado sus recurrentes pleitos internacionales, a través de los siglos.
En el Imperial War Museum, todo el despliegue ambiental (reconstrucción de batallas, mapas y datos que hacen al caso), previo a la aparición de la guerra eminentemente mecanizada entre 1870 y 1918, se resiente de su marcado didactismo escolar, lo que no resta ni un ápice de interés y valor al museo. Cuando se alcanza el período de 1870-1945, las piezas que alberga el Imperial War son auténticos carros de combate, primicias de la aviación, obuses, y hasta un cohete o misil precoz (V2), que transportan al visitante a los días de la détente[3]. Es decir, se trata del despliegue de una colección de ingenios bélicos que introducen de lleno en el mundo de la guerra, inventados por la humanidad para resolver los conflictos entre las partes, una vez agotadas vías previas a la declaración de hostilidades, como la negociación diplomática.
Ciñéndonos al siglo XX, procede recordar aquí, que, cuando las guerras se “estancan”, la espiral de los inventos destructivos del enemigo se acrecienta, como ocurrió en la guerra de posiciones de 1915-1916 entre Alemania y Francia. El empantanamiento bélico produjo el invento del Big Willie, prototipo de tanque pesado inglés, construido por la industria de guerra británica con sede en Birminghan y potenciado durante los años 20 por el tándem industrial Vickers & Armstrong. El museo refleja también otros tipos de guerra: por ejemplo, la guerra relámpago de 1939-1940, cuando las divisiones acorazadas del general Guderian dieron el flamante triunfo al Tercer Reich alemán en Polonia y en el frente francés; o las guerras acaecidas en el desierto libio (Rommel versus Montgomery) y en la jungla, como el duelo entre Japón y Estados Unidos, que mi generación recuerda a través de viejas películas americanas. Guerras, en suma, en las que el camuflaje, la adaptación al reñidero de turno, la supervivencia à bout de souffle y el aprovisionamiento debido contribuyeron a dirimir el resultado final del combate, tanto como la potencia de fuego, la consolidación de las líneas de comunicación y el recurso estratégico a las fuerzas aeronavales combinadas.
El Imperial War Museum, con un título algo “rimbombante” a la altura de los días que corren en Europa y, en particular, en Gran Bretaña, cuando los imperios comenzaron a desmoronarse, sumerge al visitante de sus salas en el ambiente de las guerras mecanizadas. Falta, quizá, una recuperación de otros aspectos: la guerra y su impacto sobre la población civil, la guerra y la escasez de aprovisionamiento, y un breve etcétera polemológico. En suma, el recorrido de las salas del museo no dejará de “avivar el recuerdo”, alentar el ánimo y satisfacer la curiosidad, por aquello de que la guerra, paradójicamente, según comentaba Ortega y Gasset, es un “hecho de civilización”, factor no menos poderoso que el derecho internacional de las gentes de todo el mundo a vivir resolviendo sus conflictos con un grado prudencial de forcejeo, y no a través de la violencia organizada, de la violencia revestida de su coraza siderúrgica e inexorable capacidad de destrucción del enemigo.
En rigor, el cambio de mi elección museística de aquella plácida tarde de domingo abrió un paréntesis de distracción insólita de contemplar; salvo que se habite en países, ciudades y civilizaciones que lucharon a muerte con sus antagonistas, para obtener finalmente la victoria, aunque fuese, como siempre ocurre, una victoria amarga. Caso que ha sido el de Gran Bretaña y su ex-imperio el poder, la gloria y la inexorable decadencia.
El londinense Imperial War Museum no solo distrae e ilustra, sino que puede invitar a reflexionar sobre el tolstoyano binomio de Guerra y Paz.   


III
LOS PARQUES

A Beatriz Sala Lezcano,
querida prima (de riesgo)

            Hay una evidencia estridente en el paisaje inglés: el color verde predomina mucho en sus ciudades; y, durante el verano, este color acentúa más aún su predominio. Con la excepción de algunos islotes paisajísticos más ásperos, Gran Bretaña es, en puridad, una isla verde que en las Tierras Altas de Escocia experimenta una intensificación de ese color.
            Así como la retina meridional puede pasar del encanto óptico al hastío ante el predominio verde del paisaje inglés, aquella no puede hacer menos que deponer sus armas cuando entra en el vasto recinto de los parques; a no confundir, a propósito, con los bosques (woods) que pueblan el entorno y el corazón de muchas ciudades insulares, como si quisieran reocupar el espacio perdido de la época de ¡Qué verde era entonces mi valle! Los parques son otra cosa. Me encuentro siempre a gusto en los parques ingleses o en los de Escocia y Gales, a pesar de que pueda invadirme cierta ensoñación, o a causa de esta, quizá. Los parques son un pulmón para la ciudad, como dicen actualmente los ecologistas; son, también, una válvula de escape para el ciudadano solitario, o filocanino, que lleve a su Troilo de turno a disfrutar de las delicias de un césped siempre húmedo y vigoroso. Aquellos permiten a los deportistas solazarse a gusto y, ¡ah!, a los enamorados dispensarse a su albedrío el cariño que gobierna por momentos sus inclinaciones sentimentales.
            Los parques de Inglaterra son una delicia de refugio personal al aire libre. Y, como ocurre en muchos sitios de Londres, hay, en aquellos, puestos de servicio de refrigeración, cuando no de la habitual cup of tea, quioscos de música, teatrillos a la intemperie (que, incluso en verano, no pueden funcionar con normalidad por la inclemencia meteorológica de la vieja Albión) y, por haber, hay hasta un enclave tan variopinto como el de Speakers’ Corner de Hyde Park, tribuna crítica para descontentos de todo pelaje. Me pregunto qué más se puede pedir a un país tan castigado por la revolución industrial y la alta densidad de superficie construida en su no muy espacioso territorio insular.
            Siempre me gustaba permanecer, tiempo y tiempo, en los parques de Londres; por eso mismo, había para mí un momento que me llenaba de congoja. Era justo cuando los vigilantes del recinto en el que pienso ahora, y que alberga una “joya botánica” (Kew Gardens), anunciaban a través de sus megáfonos, con monótona cadencia, que había llegado la hora de cierre: Closing down! Closing down!, se oía advertir desde diferentes altavoces instalados en varios puntos del recinto. Solía ser algo temprano en invierno cuando esto ocurría; pero, incluso, en verano, cuando el sol septentrional sonreía algo más a través de la bóveda discontinua de nubes, yo no podía hacer menos que experimentar un sentimiento de expulsión, de habitante devuelto sin conmiseración alguna a su punto de origen, la jungla de asfalto. En este caso, claro, se trataba de un decente suburbio londinense donde yo habitaba, pero en el que la simetría de las edificaciones insultaba la vista, mientras reinaba en sus calles un difuso olor a carbonilla. Eso, sí, débilmente contrarrestado por el vapor de lúpulo que salía de todas las tabernas a partir de las seis y tantas de la tarde. Esa era la hora en que comenzaban a abrirse los public places, y se empezaba a consumir cerveza sin prisa, pero sin pausa, hasta que hacia las diez de la noche otra llamada de atención hacía saber al respetable que se avecinaba la ingrata hora del cierre paulatino de aquellos recintos: We are closing down! 

Víctor Morales Lezcano
Historiador 


[1] Véanse unas líneas consagradas por mí a Isabel de Madariaga en El Imparcial (26 de octubre de 2014).
[2]  Clipper: buque de vela, ligero y de mucho aguante.
[3]  Esta viñeta, como las que componen este anexo, datan de los años 80 del siglo XX. De ahí, la referencia a la détente, o coexistencia pacífica entre Washington y Moscú, configurada por dos regímenes antagónicos a partir de la crisis de los misiles en Cuba (1962).