Mostrando entradas con la etiqueta monte Abantos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta monte Abantos. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de agosto de 2023

Crónicas Escurialenses 2023: RUBENS y VELÁZQUEZ. Monte Abantos, Pico del Fraile, Machotas y la Horizontal

Vista del Real Monasterio desde el monte Abantos

Vista del Real Monasterio desde la Casita del Infante Don Gabriel


Julia Sáez-Angulo
Fotos: Patricia Larrea y Adriana Zapisek

6/8/23.- El Escorial.-  Se me caían las lágrimas cuando en agosto de 1999 las coníferas del escurialense monte Abantos ardían por los cuatro costados y yo lo contemplaba de frente, desde la cristalera de mi terraza. Gobernaba Alberto Ruiz Gallardón en Madrid y prometió que no se construiría casa alguna en la falda del monte carbonizado, pero los chalets siguieron rampando por sus laderas.         
    Afortunadamente ya pasó el fuego, la Escuela de Ingenieros de Montes repobló el bosque, que hoy verdea con las hojas aciculares y perennes de los árboles y los amigos han podido pasear por él. Las laderas del Abantos, desde mi terraza acristalada, parecen el lomo y la cola de un animal prehistórico durante el día y una muralla inexpugnable en la noche.
            El Abantos, con sus 1753 metros de altura, es casi una montaña sagrada para los escurialenses y montañeros visitantes, surcado de senderos y rutas geográficas, botánicas, históricas… desde la que pronto podremos contemplar como en ningún otro sitio, junto a los nefelibatas,  las perseidas o lágrimas de San Lorenzo, las estrellas fugaces que vuelan de un punto a otro del firmamento. Junto al Abantos el monte de San Benito, el Pico del Fraile, las Machotas, Cuelgamuros... otras montañas que lo prolongan en la cordillera del Guadarrama, estribaciones del macizo Central, que divide en dos la península ibérica.
El Abantos junto al bosque de la Herrería, es uno de los nueve espacios protegidos de la Comunidad de Madrid, CAM, de valor ecológico; sus lomas están tapizadas por espesos pinares, hayedos, quejigos, fresnos, cedros, pinsapos… muchos de ellos centenarios. También alberga una notable población de mariposas apolo e isabelina, especies protegidas por la CAM. Y no faltan los neveros y arquetas de agua.
    San Lorenzo de El Escorial ya ha comenzado sus fiestas patronales en honor de su diácono martirizado en una parrilla, objeto que da símbolo y presencia al Real Monasterio que lleva nombre del santo oscense. Los romeros del municipio, con dulzainas y tambores, hicieron un sonoro pasacalles por la calle Floridablanca, repleta siempre de animación en verano. 
    Mis amigos, las artistas visuales Adriana Zapisek, Patricia Larrea, junto a sus respectivos maridos, Mario Saslovsky y Antonio de la Cuerda, se mezclaronn de lleno en el pasacalles, después de aparcar el coche. Una visita, primero a la exposición de éxito, de la acuarelista Ana Grasset, donde las artistas intercambiaron información, y seguidamente a la exposición de esculturas de Héctor Delgado, Luciano y Miguel González en el Centro Cultural del Ayuntamiento. 
    Primero el arte, y después, la gastronomía en el restaurante Horizontal, situado en la explanada última del Abantos a la que se puede ascender en automóvil. Flor de alcachofas, cochinillo, solomillo y caldereta de rape, fueron los platos elegidos por los comensales. La cerveza sin alcohol se avino bien, para refrescar y cumplir con el precepto de no alcohol para conducir el coche.
    En la conversación, durante la comida, se habló de apellidos y procedencias, así como la distinta inscripción de los Registros para un mismo apellido.     Salió a colación el hecho de que a la escultora ecuatoriana Patricia Larrea, le encargaron en su día la estatua de José María Mejía Lequerica, diputado por Quito en las Cortes de Cádiz de 1912. Hoy el busto del diputado y orador, inaugurado en 2011, luce en el parque de la gaditana plaza de España.
    Al terminar de comer, Mario Saslovsky se empeñó en que paseáramos por unos senderos del monte Abantos, que el conoce, desde donde se contempla muy bien las torres del Real Monasterio, y mis amigas artistas se apresuraron a disparar los objetivos de las cámaras de sus móviles.
    “Si seguimos caminando llegaremos al Mirador Cruz de Rubens. El pintor flamenco ascendió y contempló desde allí el célebre monasterio de Felipe II, acompañado por el pintor español Velázquez. En aquel lugar, el flamenco pintó un bello cuadro sobre el Real Monasterio filipino, que desafortunadamente ha desaparecido, si bien, quedan reproducciones del mismo”, informé al grupo.
    -¿Eso es verdad o leyenda?, osó preguntar Adriana, desconfiada o científica, sobre los relatos de la historia.
    Es tan verdad, que Rubens, pintor favorito de Felipe IV, dejó testimonio escrito de aquella excursión por el Abantos: «En la cima existe una gran cruz de madera que se descubre fácilmente desde Madrid, y a su lado una pequeña iglesia dedicada a San Juan, que no se ha podido representar en este cuadro, porque quedaba a nuestra espalda y donde mora un ermitaño que se ve aquí con su borrico. No hay necesidad de decir que abajo se encuentra el soberbio edificio de San Lorenzo de El Escorial con su pueblo y sus alamedas de árboles, con la Fresneda y sus dos estanques y el camino de Madrid que aparece en lo alto».
    El crecimiento de las coníferas impide actualmente la panorámica del Real Monasterio, tal y como la contemplara Rubens, pero ya sabemos, por Marguerite Yourcenar, que el “tiempo escultor”, lo modifica todo.
    Pedro Pablo Rubens , pintor y diplomático, viajó a Madrid en 1648, para mediar en un tratado de paz con Inglaterra. Hizo amistad con su colega pintor Diego Silva y Velázquez, durante su estancia de nueve meses en la capital de la Monarquía Hispánica y, se da por hecho -esto sí puede ser leyenda- que Velázquez acompañó a Rubens en esta escapada a El Escorial y, por ende, a la cima del monte Abantos desde donde el flamenco hizo su pintura.
    Hoy, las vedute del Monasterio de El Escorial desde el Abantos son infinitas, sobre todo de los acuarelistas. El Museo del Prado conserva algunas de estas pinturas, en su colección sobre la serie Sitios Reales.
    Después de este paseo por el Abantos, aterrizamos en la Casita del Infante Don Gabriel y disfrutamos de sus jardines, nenúfares y cedros centenarios. El aparcamiento de media luna, situado enfrente de la fachada, está presidido por un busto diminuto de Carlos III -regalo del Ayuntamiento- que resulta enano y ridículo, por no guardar la proporción que requiere el espacio regio.
    La jornada dominguera en El Escorial resultó magnífica, porque el Real Sitio es espléndido, nunca defrauda y crea adicción, a juzgar por la repetición de visitas de mis amigos al lugar elegido por Felipe II. Echamos de menos los cisnes de antaño, en los estanques, que dan realce a los Reales Sitios. En Patrimonio Nacional deben de estar de ahorro.
Monte Abantos (2024). Foto Juan Diego Roldán
Pasacalles de dulzainas y tambores en la calle Floridablanca
Antonio, Julia, Adriana, Héctor y Patricia


Héctor y Julia

Cedro del Líbano en los jardines de la Casita del Infante
Adriana y Mario junto a una escultura de Héctor

Monumento a Mejía Lequerica en Cádiz

Monumento a Carlos III frente a la Casita del Infante. 

martes, 26 de julio de 2022

CRÓNICAS ESCURIALENSES IX. Julia Sáez-Angulo: Entre el monte Abantos y la casa fosilizada en los años 50 y 60. (I)


Monte Abantos. El Escorial
La autora ante el ordenador y el monte Abantos


L.M.A.

Fotos: Mercedes Marcos

26/7/22.- Madrid.- Contemplo el monte Abantos cada vez que levanto la vista del ordenador. De tanto escribir, pensar, coser, cantar, escuchar música y rezar ante él, se me antoja un monte sagrado como los de la Biblia. Es el más querido y citado de los montes escurialenses, a los que acompañan el pico de San Benito y las montañas gemelas a la que llaman, llamamos, las Machotas. En 1999 el monte sufrió un incendio y nuestra angustia fue terrible. Lamentablemente, y como de costumbre, los políticos malevos -provocadores- prometieron que no se construiría más, pero todo es cuestión de que los releven otros amorales más que inmorales. De momento, una urbanización de tejados rojos asciende al pie de su falda y se dijo que no subirían más. Somos tan escépticos que pensamos que llegarán nuevos malevos, que harán buenos a los anteriores.

Llevo varias décadas veraneando casi tres meses en El Escorial -incluso cuando iba al trabajo durante dos meses estivales-y aquí me siento como una reina, por algo se trata de un Real Sitio. Mi casa está en la urbanización de Parque Real, al lado de la llamada Prado Real y no lejos de la denominada Tres Reyes, porque aquí somos todos muy monárquicos, mientras no se demuestre lo contrario, y siempre que podemos llamamos real a nuestros lugares. Real en el sentido regio y no con la ignorancia de aquel diputado republicano que pidió en las Cortes que se dejara de llamar “derechos reales” a los impuestos sobre las cosas (el res- rei de los latinos), creyendo que eran derechos del rey exiliado. La ignorancia es atrevida.

Lo malo del asunto es que, los taxistas y las ambulancias se lían a veces con tantas urbanizaciones reales.

En el XIX se separó el Real Sitio en dos municipios: El Escorial y San Lorenzo-, unidos sin solución de continuidad; craso error que ahora resulta difícil de enmendar. En el habla coloquial los de El Escorial llaman gurriatos (crías de gorriones, porque viven en lo alto) a los de arriba, y los de San Lorenzo, llaman caciques a los de abajo (porque, aparte de los serranos, vivían los caciques que compraron, a bajo precio, las tierras de la desamortización de monasterios y tierras a los frailes). La Desamortización fue una legislacion con buen fin: acabar con las llamadas "manos muertas", es decir tierras que no podían enajenarse, pero con consecuencias nefastas, por no tener en cuenta la situación social de España, porque solo los nobles y caciques podían comprar esas tierras a buen precio. En resumen, pasaron de los frailes a los caciques. Yo vivo en la línea fronteriza, donde se encuentra la urbanización de Los Escoriales, porque una parte pertenece a lo que comúnmente se llama es El Escorial de Arriba y la otra a El Escorial de Abajo.

Conviene aclarar que El Escorial es un pueblo con pasado neolítico (lugar de la Silla de Felipe II) y bosques ancestrales que lindan con la provincia de Ávila. San Lorenzo de El Escorial es el sitio del monasterio soñado por Felipe II y que el arquitecto Juan de Herrera le dio forma de parrilla -instrumento de tortura para san Lorenzo mártir- con dieciséis patios en sus trazas. La basílica es una construcción que quiso emular al templo de Salomón, según el sabio jesuita Villalpando (1552-1608) por lo que el Ministerio de Cultura, cuando yo trabajaba en él, organizó una preciosa exposición en 1991, con toda clase de planos y explicaciones, titulada “Dios arquitecto. Juan Bautista Villalpando y el templo de Salomón”, porque fue la divinidad quien inspiró el templo de Jerusalén, pues los otros lugares de oración de los judíos son sencillas sinagogas. El catálogo de la muestra es una joya y vale la pena releerlo, para ver cómo Villalpando asesoraba al rey de España para emular al templo de Salomón. Destruido el templo de Jerusalén por el romano emperador Tito el año 70 de nuestra era, solo nos queda la basílica de El Escorial como tal. 

En El Escorial todo supura grandeza. Todo es regio, incluidas la Casita del Príncipe Don Carlos y la Casita del Infante don Gabriel, más conocidas por la Casita de Abajo y la de Arriba respectivamente, al igual que los Escoriales.

También está el Monasterio de Prestado, antiguo convento de los Jerónimos, después fábrica de vidrio y hoy fundación germana reservada y con opacidad, sin posible visita alguna, pues todo son silencios. Este año no tiene ni siquiera un teléfono en la puerta (al que en años anteriores nadie respondía, por más que yo lo hice y dejé mis teléfonos de contacto). Felipe II lo visitaba mientras se construía el monasterio laurentino de arriba, si bien se alojaba en las dependencias parroquiales de la iglesia de San Bernabé, construida por el arquitecto Francisco de Mora. Este vetusto monasterio, se encuentra frente al Ayuntamiento de El Escorial, Consistorio flanqueado por dos encinas, aesculum en latín y ésculos en el viejo castellano, como apunta un vetusto diccionario que opera en mi poder: el “Diccionario completo de la Lengua” Española” de Rodríguez Navas, editado por Saturnino Calleja en 1905. Un tesoro de la lengua.

    El Escorial está rodeado de bosques, principalmente de ésculos, carvajos (robles) y quejigos (robles carrasqueños o rebollos), a los que se han sumado las coníferas de pinos, abetos,  sequoyas, sabinas protegidas (una de estas se salvó al construir el Auditorio (2006) al tener que construir un patio específico para preservarla).  

Un episodio histórico deplorable: Napoleón

Hay un episodio histórico relacionado con El Escorial que me encocora: la invasión depredadora de las tropas de Napoleón, para despojar las riquezas del monasterio filipino. Los gabachos venían con un listado de objetos de arte y bibliofilia escrito desde Paris, para afanar a los monjes y por ende a la riqueza patrimonial del pueblo y de los españoles. Afortunadamente, estalló el levantamiento del 8 de mayo en la Puerta del Sol de Madrid y las carretas con el botín escurialense trincado para los mariscales y los murcios napoleónicos, tuvo que regresar al monasterio. Todo se inventarió antes de salir, por lo que se constató que se perdieron algunos objetos entre las uñas de los rapaces gabachos. 

        Los escurialenses lucharon muy bravos contra los franceses y muchos de aquellos murieron. Un monumento en la Plaza del Ayuntamiento conmemora la victoria definitiva contra Napoleón, en una fuente que representa una águila imperial boca a arriba, sujetas sus alas por las garras de dos leones. 

    En las caballerizas del monasterio filipino tuvo lugar una gran exposición sobre el vergonzoso paso de las tropas napoleónicas por El Escorial en 2008, en la que se nos refrescó la memoria sobre el despreciable acontecimiento bélico en estas latitudes. Todos los años, el 2 de mayo, se celebra la fiesta de la independencia con distintos actos y una representación de la Historia, donde no faltan las vestimentas evocadoras de los habitantes.

Detesto a Napoleón como el gran depredador de Europa, por más que tenga sus defensores como buen estratega, porque creara el Derecho napoleónico o el sistema de pesas y medidas para toda Europa. Esperanza Aguirre, ministra de Cultura, fue más dura en la conmemoración del bicentenario en 2008; calificó la invasión napoleónica de genocida, pues los madrileños no podían llevar ni siquiera una navaja en el bolsillo, útil necesario para comer, pues el tenedor era muy sofisticado para el pueblo. Por supuesto, el embajador de Francia no acudió a las conmemoraciones de aquel bicentenario en España. La familia de Esperanza Aguirre tiene asentamientos en El Escorial.

  Napoleón Bonaparte fue un corso que despreciaba al resto de los pueblos y tradiciones que no olieran a queso Camemberg. Lo pagó caro, porque fue un neo-emperador que no murió en el trono, sino exiliado dos veces en una isla perdida. No supo conservar el Imperio en una sola vida. Estoy convencida de que se debe, en parte a la maldición de Tutankamon, por profanar su tumba, quedándose una noche entera en la pirámide egipcia que la albergaba. Así lo sostengo en mi libro “Historias y personajes del Norte de África II” (2021).

    Las tropas napoleónicas, junto a la guerra civil de 1936-39 y la Desamortizaciones de los bienes eclesiásticos, han sido los tres peores azotes del  Patrimonio nacional histórico-artístico de España. Tema para una conferencia.

    Los jardines del monasterio y las Casitas de Arriba y de Abajo cuentan con árboles singulares traídos de América como las araucarias, que se han adaptado a estos montes divinamente. Encinas y coníferas se alternan pacíficamente en los jardines reales, que cuentan a su vez con recintos de tierra reservados para huertos con árboles frutales como perales, manzanos o membrillos. Una fuente con nenúfares, un estanque de aguas verdosas con peces y ranas, junto a un laberinto de boj permiten pasear y jugar al escondite en el jardín de la Casita de Abajo que es otro punto interesante del lugar. De los bosques de la Herrería y el alto de la silla de Felipe II, mejor visitarlo en las cuatro estaciones del año, pues su atractivo es singular en cada una de ella. Yo recomiendo la primavera cuando florecen los piornos amarillos y nos regalan su aroma campestre.

    ¡Ah! En El Escorial se come muy bien, con las buenas carnes de las propias dehesas y de las vecinas abulenses. El chuletón de Avila no falta en la carta.

** Mañana: CRÓNICAS ESCURIALENSES. Julia Sáez-Angulo: Entre el monte Abantos y la casa fosilizada en los años 50 y 60.  (y II)

Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2021/09/el-monasterio-de-prestado-un-monumento.html

https://www.youtube.com/watch?v=vm3a9gKMpI0&ab_channel=AteneoEscurialense

Julia Sáez-Angulo ante el Real Monasterio de San Lorenzo

Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (2022)

Diccionario Rodríguez Navas (Edit. Saturnino Calleja (1905)

Bosque de la Herrería. El Escorial

Fresnos del bosque de la Herrería

Monumento contra la invasión napoleónica.
El águila del imperio francés bajo las garras de los leones

Ayuntamiento de El Escorial entre dos ésculos o encinas

viernes, 2 de agosto de 2019

“Montes del Escorial. Historia de una repoblación”, libro de José Javier Ramírez Altozano


-->




Julia Sáez-Angulo


            2/8/19 .- Madrid .- Cuando observamos las fotografías del Escorial del siglo XIX, enseguida llama la atención el panorama de desolación que presentaban sus montes, ni un árbol ni un mísero arbusto ofrecían su sombra protectora”, se dice en la introducción al libro Montes del Escorial. Historia de una repoblación, publicado por Visión Libros. “Era un paisaje más propio del satélite lunar que de nuestro planeta tierra, el resultado de años y años de explotación abusiva, de no establecer límites efectivos al diente del ganado y al haza del leñador”.

            “No siempre fue así, y afortunadamente, por lo menos en este aspecto, ahora tampoco el paisaje es el de antaño. Cualquiera que se acerque al Escorial podrá contemplar la espléndida arquitectura de su afamado monasterio, envuelta por un denso pinar que trepa hasta las alturas del Abantos. Este manto verde es la obra de un grupo de técnicos, los ingenieros de Montes y de la Escuela que los formó, instalada precisamente en las antiguas casas de oficios monacales, al pie mismo de esa sierra que con tanto esfuerzo consiguieron repoblar”.
            El libro lleva fotografías y mapas que ilustran el tema al lector.

            Realmente el Real Monasterio del Escorial merece ese manto verde que le da una capa de belleza y dignidad, la d la Naturaleza fértil. Miles de visitantes y turistas llegan a ese monasterio, para algunos la octava maravilla del mundo, para otros la mayor mole en piedra, obra del arquitecto Juan de Herrera en el siglo XVI, verdadero joyel de obras artísticas en pintura, escultura, artes decorativas...

            El libro Montes del Escorial. Historia de una repoblación abarca toda la historia del paraje: Los montes del Escorial antes de la construcción del Monasterio; El Escorial Bosque Real; Montes ingenieros, Graells y la repoblación del Guadarrama, o,  La repoblación del Monte Abantos.
            El epílogo recuerda: “Y para conservar los bosques, puede servirnos de inspiración el principio contenido en el viejo adagio “el monte protege al monte”, esta especie de solidaridad montuna, debidamente adaptada al obrar humano, “esta acción fecunda” puede constituir uno de los rasgos más salientes de la economía forestal de las montañas”.

           
           
           

lunes, 16 de agosto de 2010

Felipe Hernán Segovia, próxima jubilación de un gran restaurador especializado en setas



Julia Sáez-Angulo

Nacido en El Escorial, Felipe Hernán Segovia, después de 42 años en el negocio de la restauración, siempre con la especialidad máxima en la búsqueda y preparación de setas, se dispone sin prisa hacia su próxima jubilación. En el restaurante de la cafetería de la Casita del Príncipe en El Escorial, Hernán Segovia es un chef cotizado y apreciado por sus clientes, en su mayoría fieles que aprecian su cocina. Su esposa María García Indias ha sido junto a él, una espléndida cocinera, a la que se deben algunas de las sabrosas especialidades del establecimiento.

El "Variado de setas" es el plato estrella de Hernán Segovia en medio de una oferta que pasa por soberbias raciones de croquetas gigantes de jamón y huevo; pimientos con ventresca, bacalo, rabo de toro, calabacín rebozado, chorizo; morcilla… El "Variado de setas" lleva toda clase de ejemplares y por ende de texturas al paladar y al diente: tricholomas terreum y tricholomas potentarius; agaricus campestre (champiñón silvestre), lactarius deliciosus, (níscalos), descastel y fimosus, boletus edulis (seta de calabaza), cantarellus cibarium (ciantarella)…

Las montañas que rodean El Escorial son buenos viveros de setas: el monte Abantos, San Benito, las Machotas… sobre todo cera de la zona de Peguerinos, lindando con Ávila… Hernán Segovia los recorre, principalmente en primavera y otoño, aunque ha de proveerse también de los buenos mercados para atender a toda su clientela.

La Comunidad Autónoma de Madrid, principalmente con el consejero Carlos Mayor Oreja, se ocupó notablemente de la inauguración de cada campaña de setas en la CAM. La Diputación de Ávila, por su parte, ha organizado cursos para conocer bien las variedades de hongos de la zona y detectar con acierto las comestibles.

La afición a las setas se convierte paulatinamente un una pasión por lo que tiene de disfrute en el paseo, recorrido y búsqueda de ejemplares por los sitios umbríos, así como la gastronomía específica que de ello se deriva. Hay que respetar las esporas. De eso sabe mucho el restaurador Hernán Segovia, dispuesto siempre a explicar con naturalidad lo que sabe y lo que hace en su cocina.

A la sombra de los castaños del parque de la Casita del Príncipe

Tomar un buen plato de setas a la sombra de los castaños que circundan la Casita del Príncipe de El Escorial es un placer de dioses. Hernan Segovia no recomienda las setas liofilizadas “porque al ponerlas en agua pierden buen parte de sus propiedades”. Es preferible cocinarlas bien y congelarlas con el aceite que hace de conservante perfecto para cuando deseen consumirse en el tiempo en que no se pueden encontrar frescas en el suelo.

“Dentro de España, catalanes y vascos son más aficionados y entendidos a las setas que el resto; entre ellos hay buenos micólogos que disfrutan de la búsqueda tanto o más que del consumo –explica Felipe Hernán- pero los buenos gourmets de setas aumentan cada día por todas partes” y saben donde se sirven a gusto, porque las respalda una buena cocina como junto a la Casita del Príncipe.

En Madrid se encuentra el establecimiento Danubio Azul, con aire de vieja tasca, en la calle Augusto Figueroa, y Hernán Segovia dice conocerlo bien, al igual que a su dueño con el que conversa de vez en cuando sobre el dulce manjar y placer de las setas. Los mismos intereses unen.

No hay mejor excursión que la de visitar el histórico monasterio de El Escorial (1563-84) y sus jardines, con sus dieciséis patios, sus tres cúpulas o sus variadas torres y pináculos, para terminar en el parque de la Casita del Príncipe y solazarse con un buen plato de setas variadas, sobre todo antes de que se jubile Felipe Hernán Segovia.

El cierre del restaurante de la Casita del Principe en El Escorial, a finales de septiembre, no sólo implicará la fubilización de Felipe Hernán, sino también el cierre del establecimiento que, según fuentes bien informamdas recuperará Patrimonio Nacional para ampliar el espacio expositivo de la Casita. Una pérdida para la ciudadanía, ya que restaurar fuerzas al aire libre bajo los árboles es un gozo y un placer.