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jueves, 9 de marzo de 2017

“Suárez Acoso y Derribo”, libro de historia reciente por el periodista Emilio Contreras, presentado en el MAST de Cebreros. Ávila







Julia Sáez-Angulo
Fotos: Adriana Zapisek

            Madrid, 10.03.17 .- Suárez Acoso y Derribo, es el título del libro de historia reciente, escritor por el periodista Emilio Contreras, y que ha sido presentado en el Museo Adolfo Suarez y la Transición, MAST, de Cebreros, la localidad natal del primer presidente de la democracia, en la provincia de Ávila.  El libro ha sido publicado por la editorial Espasa.

            El autor fue presentado por el alcalde de Cebreros y Eduardo Duque, diputado por Ávila. Al acto acudieron diversos políticos y artistas de la exposición Arte en Contexto, comisariada por Julio Mendoza, que se inauguró en el Torreón de los Guzmanes, después de hacerlo anteriormente en el MAST, dirigido por Cristina Blanco.

           
            Adolfo Suárez González (1932 – 2014), el primer presidente de nuestra democracia, fue sometido a todo tipo de conspiraciones y traiciones que intentaron y, finalmente, consiguieron acabar con su mandato. Este libro por fin desvela quiénes y por qué intrigaron contra él. Para ello, Emilio Contreras ha recabado los testimonios hasta ahora inéditos de los colaboradores más directos de Suárez, desde su director de Gabinete y su jefe de Secretaría a varios ministros y altos cargos del gobierno de UCD, pasando, en el plano más humano, por sus hermanos, su abogado o los amigos de infancia y juventud. Aquellos que trataron al hombre y al político relatan lo que vieron y oyeron para reconstruir con fidelidad los últimos meses de su mandato en los que el presidente fue sometido a un implacable acoso y derribo.

Destacan las novedades relativas al 23-F, contado por el jefe de los servicios de información de la Guardia Civil, el general Casinello, y el director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína; el ajustado retrato de algunas figuras no siempre bien conocidas, como Carmen Díez de Rivera o Fernando Abril; la explicación del doble juego de Fernández Ordóñez y otros personajes ambivalentes; el papel desempeñado por la banca en la caída de Suárez; o el implacable azote de la prensa. Esta es una obra imprescindible para quien quiera conocer mejor un capítulo ocultado de nuestro pasado reciente.

Deslealtades cercanas

            Emilio Contreras hizo una exposición sobre la vida política de Adolfo Suárez, sus aciertos y errores y se detuvo especialmente en los factores que contribuyeron al derribo del político abulense: Señaló en primer lugar las deslealtades de Carmen Díez de Rivera y Fernando Abril Martorel, seguido más adelante por Francisco Fernández Ordóñez, Miguel Herrero de Miñón y Oscar Alzaga. También Torcuato Fernández Miranda dejó de creer en Suarez, ya que pensó que iba a ser “un muñeco en sus manos”.

            También señaló al Valery Giscard d´Estaigne, al que calificó de auténtico bellaco, por pactar con ETA y ofrecer a sus miembros estatuto de refugiados, a cambio de que no actuara en el país vasco-francés. El terrorismo de ETA, que fue más contra la democracia española que otra cosa, también minó la situación del presidente Suarez en el Gobierno.

            Al Ejército español lo calificó de dividido en cuanto a su posición de estar a la contra por el reconocimiento del Partido Comunista. Y señaló al rey Don Juan Carlos como factor clave para desactivar el asalto del 23 F a las Cortes.

            La Banca, que iba perdiendo sus privilegios también hizo tambalearse a Suárez, al tenerla en contra. Solo Sánchez Asiasín, del BBV estuvo más cerca de Suarez. Los medios informativos, por su parte también se unieron para atacarlo y derribarlo, primero los periódicos de derechas como El Alcázar y El imparcial, y finalmente todos con la oposición a la cabeza en contra.


            El autor de Suárez Acoso y Derribo señaló también el hecho de que Adolfo Suarez fuera un gran negociador, pero no un buen mitinero o parlamentario. Su presencia era recibida con aplausos, pero sus palabras no encendían. Dejó el Parlamento y el partido en otras manos,  lo que fue minando su firmeza política.

        Por otro lado, se señaló en el coloquio, algunos piensan que Adolfo Suarez, mintió o engañó a determinadas personas, entre otras, del ejército o del periodismo para ganar tiempo y esto también le pasó factura.

            
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jueves, 27 de marzo de 2014

ADOLFO SUAREZ Y LA BUENA GENTE





Carmen Valero

Todo lo que ha sucedido con motivo de la muerte de Adolfo Suarez, hacia reflexionar sobre todos los acontecimientos que hemos vivido los españoles desde la muerte de Franco. Empezando por el nombramiento que hizo el Rey Don Juan Carlos, para que condujese al país a la tan ansiada democracia que todos disfrutamos.


El altzeimer, le hizo olvidarse de quien era, pero la buena gente no olvidó quien era él.

 Lo expresaron de formas diversas, y concretamente  haciendo colas de casi cuatro kilómetros en las calles de Madrid, para pasar delante del  féretro, inclinar la cabeza, o santiguarse, y cada uno le daría su recuerdo personal de agradecimiento, o de reconocimiento a ese trabajo ingente que duró casi dos años, para dar cambio a leyes y situaciones que solo apreciaban individualmente esas personas, esas familias, esos condenados políticos, y que ni siquiera reconocieron en las votaciones del partido que fundó .

Son la buena gente que recuerdan el bien que hizo a su paso por la política, y que después de hacerlo, con las mismas virtudes que cualquier otro, tuvo la honradez de dimitir, en un país donde nadie dimite, y llevar una vida digna entre los suyos, con muchas dificultades por las enfermedades primero la de su hija Marian, y después la de su esposa Amparo. Situaciones que tuvieron que pasar, como cualquier otra familia. Lo llevó con  elegancia, y con esa sonrisa que repartía a su paso por las calles,  que le llevaba a hablar con todo el mundo, y ser accesible a todos.

La ley de Reforma política, aprobada en las Cortes, se reflejaba en las  tomas  televisivas  de esos momentos,  en especial en la cara de Suarez, que sonreía,  con un gesto de descanso cuando la votaron  y veía en el futuro, el diseño que habían preparado para el cambio tan necesario en paz, y que seguimos disfrutando.
La Constitución Española de 1978, fue la base de convivencia para todos.

El sentimiento profundo de muchos de los que aguardaban tres y cuatro horas de cola, se transmitía en las conversaciones entabladas entre ellos durante la espera,  porque el pueblo no se siente tan cerca de los políticos como se sentían con Suarez. Cuando les ponían las alcachofas de televisión decían:    ”Estoy aquí porque no olvido lo que hizo”, “porque le quiero”, “porque mis padres me han explicado lo que hizo”, “porque era muy guapo”, “me sacó de la cárcel por ser preso político”.

Me recordaba el entierro del Padre Silla, misionero valenciano en la República Dominicana, que cuando falleció la gente gritaba ante el féretro: “hemos perdido la voz, ya nadie nos escucha”, y cientos de personas le acompañaron andando durante dos kilómetros al cementerio de San Francisco de Macorís. Suarez fue un “rara avis” en la política, quizás un misionero, en su misión tan especial de como conducirnos a la democracia.  

Dormido en la memoria de los españoles, como su enfermedad, con su muerte han despertado un montón de añoranzas en las personas, de una forma de hacer política, que es la que entienden, trabajar mucho, sin egoísmo y con generosidad, mirando al otro, y olvidarse de sus intereses tanto personales como de partido.  Así iríamos todos mucho mejor. En la buena gente,  los políticos piensan muy poco.


 “La concordia fue posible”, reza en su epitafio de la tumba en el claustro de la Catedral de Avila, donde descansa junto a su esposa Amparo  Illana.

martes, 25 de marzo de 2014

ADOLFO SUÁREZ

Sepulcro de Adolfo Súarez y su esposa, con la inscripción  La concordia fue posible
Adolfo Suárez llega por última vez al Congreso de los Diputados

M. Dolores Gallardo López


Ayer, acompañado por el triste y sobrio  redoble de un solo y único tambor, entró por última vez Adolfo Suárez en el Congreso de los Diputados por la puerta de los leones que, en su honor,  se abrió. El féretro, desde el sencillo coche fúnebre en el que llegó a las puertas del Congreso, lo trasladaba un piquete de sólo diez soldados del Ejército de Tierra y  enfrente  había una pequeña  compañía de la Guardia Real. Eso era todo.

 Escaso  fue el protocolo con el que se recibió al principal artífice de la Democracia española, al hombre que el 23 F, en ese mismo lugar,  dio un ejemplo sin igual de valentía y que  allí mismo permaneció largas horas encerrado en una oscura habitación esperando, sin duda, ser fusilado.

   Dentro del Congreso los restos mortales de Suárez recibieron grandes honores, incluida la entrega de la Gran Cruz de Carlos III que el Consejo de Ministros le ha concedido.  En el exterior el pueblo de Madrid se agolpó desde muy temprano para dar su adiós al Presidente de la Democracia: una hora antes de que el público pudiera acceder al interior del salón “de los pasos perdidos”,  donde estaba la capilla  ardiente, la cola, que se iniciaba en  las puertas del Congreso, pasaba por delante   del Museo Tyssen,  continuaba zigzageante por diversas calles  laterales y alcanzaba  ya más de dos kilómetros de longitud.

  La capilla se cerró ayer pasadas las dos de la madrugada y fue abierta esta mañana una hora antes de lo previsto para que más personas pudieran dar su adiós al Presidente. 

  Es de destacar el magnífico comportamiento del actual  Presidente del Senado que hasta altas horas permaneció en su puesto saludando a los madrileños y españoles que, venidos de otros lugares del país,  hasta allí llegaban; y el de la familia Suárez que, pese al cansancio acumulado en los tristes y últimos días, decidió permanecer al lado del féretro  en la capilla ardiente hasta que, en palabras del hijo mayor de Suárez,  “hubiera un español que se acercara a dar el adiós a su padre”.

  Según fuentes oficiales más de 32.000 personas han pasado por allí. Muchísimas se han quedado sin poder hacerlo.

 Afortunadamente,  hoy el Presidente de Gobierno ha reparado el triste protocolo de ayer  y Adolfo Suárez  ha recibido los honores militares que, sin duda, el país  y todos nosotros le debíamos:  a la salida de su féretro del Congreso  representantes de los tres ejércitos -Tierra, Mar y Aire-, la Guardia Civil y bandas de música  han acompañado sus restos mortales, depositados  esta vez sobre un armón de artillería  tirado por cuatro caballos, hasta la plaza de Cibeles en una emocionante  procesión, entre aplausos de los españoles congregados en esa zona.

 No menos emocionante ha sido la llegada a la Catedral de Ávila y la multitudinaria misa allí celebrada, a la que han tenido el acierto de asistir el ex-Presidente Aznar y el Presidente Rajoy, entre otras muchas autoridades, entre ellas el Presidente de la Junta Castilla-León, Juan Vicente Herrera, ubicado durante la misa entre el ex-Presidente Aznar y Mariano Rajoy.

 Pese a que  en un principio se dijo que en Ávila se celebraría una ceremonia   y un entierro con pocas personas, casi en  privado, la misa ha sido concelebrada por cincuenta oficiantes al frente de los cuales estaba el  Obispo de Ávila, que ha destacado las cualidades cristianas de Adolfo Suárez desde su juventud, su puesta en marcha en aquel entonces del movimiento “De joven a joven” y  como esa Fe profunda lo ha acompañado a lo largo de su vida; ha hablado se su entrega y generosidad en la vida política, de su ejemplar dedicación en la dura y mortal enfermedad de su esposa e hija,  de su soledad. Emocionante semblanza, en verdad.

Finalmente el Obispo ha leído un mensaje enviado por su Santidad el Papa.

En el claustro  de la Catedral de Ávila descansan desde hace escasamente dos horas (cuando escribo estas líneas) los restos mortales de Adolfo Suárez  junto a los de su esposa, Dña Amparo Illana  que ayer  fue trasladada al claustro. 

  Allí reposaran definitivamente a escasos metros del sepulcro de otro Presidente: Don Claudio Sánchez de Albornoz, último Presidente de la República en el exilio y gran historiador.

  La lápida sepulcral de granito de los duques de Suárez lleva esta inscripción: La Concordia fue posible.


Adolfo Suárez y Claudio Sánchez de Albornoz