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martes, 16 de febrero de 2016

Antonio Saura y Miquel Navarro en Arco 2016, Galería Fernández Braso








L.M.A.

La galería de arte Fernández-Braso ha reunido para su presentación en Arco 2016 a dos destacados artistas de la vanguardia clásica y del arte contemporáneo español: Antonio Saura (Huesca, 1930-Cuenca, 1998) y Miquel Navarro (Valencia, 1945). El punto de unión de este diálogo es un texto1, titulado Sin lugar y sin nombre: ocho notas para Miquel Navarro, que Saura escribió con motivo de una exposición del escultor en la Sala de Exposiciones de la Diputación de Huesca en 1992.

Artistas formalmente muy diferentes, les unía en cambio su fascinación por el análisis y la introspección del ser humano en particular y de la sociedad a la que pertenece en general, implicándose ambos desde posiciones artísticas que resaltaban los aspectos físicos, emocionales y poéticos de las obras de arte.

Saura representa al artista total (pintor, escenógrafo, crítico, comisario y agitador cultural), quien partiendo del surrealismo y avanzando a través del informalismo y del expresionismo abstracto, llega a concebir un lenguaje original y plenamente reconocible basado en la figuración a partir del gesto. Influenciado por la corriente existencialista de los cincuenta, en sus obras el ser humano es deformado y metamorfoseado hasta convertirlo en pura tensión dramática, en un nuevo ser generador de sensaciones inquietantes y desasosegantes. De Saura presentaremos, básicamente, dos grupos de obras: una serie de telas de gran formato de los años cincuenta y un grupo de obras sobre papel en las que destaca un conjunto de pinturas dedicadas a una de sus series más reconocidas, las crucifixiones.

Miquel Navarro pertenece al grupo de la“Nueva Escultura Española” surgida en la década de los setenta, el cual se desarrolla a partir de los hallazgos del nuevo lenguaje dominante en la década anterior: el minimal-art. Las conocidas ciudades de Miquel Navarro siguen los preceptos de aquel movimiento: la fragmentación, la modulación y la extensión sobre el espacio. 

El resultado es una obra híbrida -entre la escultura, la pintura y la arquitectura- que se despliega sobre el terreno a modo de instalación y que recurre a una iconografía que hace referencia tanto a un mundo industrial y mecánico como a un patrimonio arquitectónico local y tradicional. La ciudad de Miquel Navarro, más que una ciudad ideal, es la construcción de una ciudad metafórica, llena de símbolos y significados que sintetizan la ciudad real. 

El propio artista Miquel Nvarro ha declarado que están concebidas de una manera orgánica, como si fueran la proyección de un cuerpo humano, que es real, palpitante, pleno de deseos y, por tanto, en constante transformación. De Miquel Navarro presentaremos una ciudad de mediados de los ochenta, realizada en zinc, y un grupo destacado de esculturas realizadas en las últimas décadas.








1ANTONIO SAURA. Sobre artistas, Pág. 323-338, Ediciones Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2001.

lunes, 15 de abril de 2013




SAURA
VISIONES Y OBSESIONES
OBRAS DE 1956 A 1993




LA GALERÍA DE ARTE FERNÁNDEZ-BRASO HOMENAJEA A ANTONIO SAURA EN EL DECIMOQUINTO ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO A TRAVÉS DE UNA EXPOSICION RETROSPECTIVA DE OBRAS CLAVE DEL AUTOR.

El próximo 22 de julio se cumplirán 15 años del fallecimiento de Antonio Saura (Huesca, 1930-Cuenca, 1998), artista clave en la renovación artística española de la segunda mitad de siglo XX y uno de los actuales autores españoles más admirados a nivel internacional.

Bajo el título de Visiones y Obsesiones la exposición ofrece un recorrido por las diferentes etapas del artista desde sus comienzos a finales de los años cincuenta como mítico fundador del Grupo El Paso hasta los noventa, cuando ya estaba considerado un artista plenamente internacional.  

La selección de obras repasa los diferentes temas que Saura abordó una y otra vez a lo largo de su trayectoria -como son las crucifixiones, los retratos, los autorretratos, las damas, los caballeros, las acumulaciones- mostrando así su particular visión y análisis de la sociedad que le rodeaba y, muy en particular, de la referida a la historia y costumbres españolas.

La exposición consta de diez pinturas sobre tela de gran formato y de más de veinte obras sobre papel, percibiéndose la evolución plástica del artista desde unas primeras obras gestuales dotadas de gran tensión dramática realizadas en blanco y negro hasta las más formalistas y menos sobrias del último periodo.

Newsletter Saura Inauguracion




lunes, 10 de diciembre de 2012

Albano Hernández expone su serie pictórica “Pásalo” en la galería Antonio Prates de Lisboa



Galeria António Prates
Rua Alexandre Herculano, 39A
1250-009 Lisboa
Del 6 de mayo al 4 de junio de 2011





L.M.A.



El joven pintor Albano Hernández (Ávila, 1988) , en cuarto curso de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, es uno de los artitas más premiado en los diferentes concursos que se celebran en España. Actualmente expone en Portugal. El crítico de arte Juan Manuel Bonet califica su pintura de “pura, luminosa, esencial” y escribe en su catálogo:

“Albano ha visto su obra seleccionada en numerosísimos certámenes, se ha alzado con algunos galardones de prestigio, ha obtenido una beca tan relevante como la que lleva el nombre del siempre recordado Mario Antolín y que otorga el jurado del Premio BMW, ha celebrado alguna individual –la más importante, en 2007, en la madrileña Galería Alfama, fundada precisamente por Antolín-, ha sido becario de grabado en el Taller del Prado, ha participado en cursos impartidos por artistas como Venancio Blanco, Antonio López García o José María Rueda, ha asistido a otros de carácter teórico…”

“Aunque desde hace unos años reside en Madrid, casi a la sombra de la mole de la Telefónica, lo principal de la obra de Albano, ha salido del estudio que ocupa durante los fines de semana, y durante los veranos, un estudio amplio, ubicado en el sótano de la casa paterna en las afueras de Ávila, en una aldea de una cincuentena de habitantes, llamada Berrocalejo de Aragona –¡los maravillosos nombres castellanos!-, y desde la cual ya se divisa el alfoz de la ciudad de Santa Teresa y de La gloria de Don Ramiro. Camino de esa casa, una placa nos informa de que cruzamos la Calle de las Tinieblas, un nombre como para apropiárselo y titular con él un libro de poemas.
Ninguna tiniebla en el estudio de Albano, sino los testimonios de su fervoroso culto de la pintura, una pintura que inicialmente practicó en clave figurativa, pero que hoy se le ha tornado abstracta y lírica.”

“Albano alcanzó una primera madurez feliz con cuadros, a menudo de gran formato, en los cuales dijo jardines, huertos, árboles, anchos cielos, paisajes despojados como el que se contempla desde esta casa de la meseta castellana, las propias murallas de Ávila siempre en el pensamiento –como reza el título de una de sus visiones de las mismas-, el río Adaja, el monasterio de Arenas de San Pedro, el soriano Cañón del Río Lobos, el melancólico parque madrileño del Retiro con sus estatuas, sábanas y desiertos africanos (África, un sueño se tituló su individual de 2009 en la Galería Calir, de Ávila), la tierra vista desde el aire gracias a “Google Earth” o una manera de seguir haciendo figuración –una figuración con algo de cartográfico- con la ayuda de las nuevas tecnologías… Cuadros que hemos ido viendo en orden disperso, especialmente en certámenes por toda la geografía nacional. Un color, el verde, poco a poco ha ido adquiriendo más y más protagonismo, hasta convertirse en su color favorito, un verde poblado de matices, un verde difícil de adjetivar, y en ese sentido lo mejor es hablar, como lo ha hecho en 2010 Tomás Paredes –uno de los descubridores del pintor-, en un artículo en Tendencias del mercado del arte, de… “verde Albano”.

Una galería que promociona artistas españoles

“La tercera individual de Albano, titulada Pásalo, por el Pass It de Bob Marley, va a tener por marco la galería de António Prates, que tanto ha hecho por dar a conocer en Portugal a nuestros artistas, desde veteranos como Eduardo Arroyo, Rafael Canogar, Luis Feito, Antonio Saura, Antonio Suárez o Manuel Viola, hasta jóvenes como Andrés Alcántara, Hilario Bravo, José Manuel Ciria, Xurxo Oro Claro, Esther Pizarro o Alberto Reguera. En una nueva vuelta de tuerca, la obra que va a enseñar es una obra sustancialmente abstracta, aunque tras esa abstracción, lata un sentimiento del paisaje.
En efecto sigue Albano manifestando, en estos cuadros que esta misma tarde, tras mi visita a su estudio, van a marchar para la capital portuguesa, ese sentimiento de la naturaleza que de siempre se ha manifestado con fuerza en su pintura. Si en otros momentos esta ha dicho explícitamente el río, el ciprés, el seto, la nube, las murallas o –detalle prosaísta- los cables del teléfono, hoy todo eso sigue ahí, por debajo.

El abulense lleva ya algún tiempo navegando por aguas abstractas líricas, y concediéndole gran importancia a la extensión, y al vacío, activado por ciertas zonas o núcleos matéricos, a veces con algo de islotes en la inmensidad del océano”.

“Aguas abstractas líricas: lo que hoy hace Albano, y que él mismo relaciona con la teoría de los “no-lugares” de Marc Augé, ha de ser contemplado en el ámbito de la herencia de las poéticas “fifties”. Si a propósito de sus dibujos, Tomás Paredes pudo citar, pertinentemente, al poeta-pintor Henri Michaux, veo conexiones entre el trabajo actual del abulense, y el de Zao Wou-Ki, el chino de París y gran amigo del anterior; y el de Sam Francis, Joan Mitchell y otros norteamericanos afrancesados; y muy especialmente el del Olivier Debré que en su estudio a orillas del Loire, estudio que frecuentemente trasladaba… al césped, pintaba cuadros inmensos, e impregnados de sentimiento de la naturaleza. Como todos ellos, a varios de los cuales efectivamente admira, Albano practica una pintura en expansión, una pintura “all over”, una pintura de respiración ancha. Algo especialmente palpable, dentro de esta exposición, en los cuadros horizontales, de formato por así decirlo panorámico. Cuadros despojados, entre los cuales me parecen especialmente afortunados los seis del ciclo El afuera: gran extensión de verde, con un tratamiento muy pictoricista de la superficie, y muchos matices, y una zona, en los bordes, más definida, en la cual se concentra la acción y se precisan (algo) las (leves) referencias paisajísticas, con toques de amarillo o de rojo... Referencias a un paisaje no concreto, sino genérico, aunque de repente encontremos un cuadro también panorámico, Diálogo entre valkirias, en el cual su autor ha querido sintetizar sus recientes andanzas por Arizona, tierra desértica, de horizontes sin fin, y de cactáceas…".



domingo, 31 de enero de 2010

Carlos Boix, la Pintura como sedimentación del Mundo



pintura de Carlos Boix


Julia Sáez-Angulo

Reside en Madrid desde hace siete meses, después de un recorrido de cubano errante por diversos países del norte de África y de Europa. Carlos Boix (La Habana, 1949) es un pintor de trayectoria sólida con importantes exposiciones en París, Estocolmo o Ginebra. De su obra han escrito, entre otros, Fernando Arrabal, Régis Debray y Jose Pièrre.

Boix está encantado de vivir en la capital de España. “Es el primer país en el que me reencuentro con mi lengua, después de treinta y tres años que salí de Cuba”, explica. Tiene la nacionalidad sueca, sin perder la cubana. “Hay que tener varias nacionalidades para no tener que tomar leche en polvo, decía con humor Roberto Matta, el pintor chileno, que me honró con su amistad”. Se refería a que la gente del tercer mundo acababa por tomar leche en polvo.

Boix se plantea la posibilidad de solicitar la nacionalidad española porque sus abuelos eran catalanes. “Mi bisabuelo fue mecenas de Gaudí”, dice el pintor con orgullo. “Mi lenguaje es la pintura, pero también estoy recuperando el español, mi lengua materna”, añade.

La pintura de Carlos Boix se desenvuelve mayormente en grandes formatos, lo que le permiten hacer sucesivas capas de pintura con presencias y alusiones diferentes, de modo que el espacio y el tiempo se funden sin solución de continuidad en el trasunto pictórico rico y acumulativo.


Pintura de Carlos Boix


Un artista que viene del Pop

“No se olvide que yo vengo del pop y asumo la vida cotidiana en un ritmo frenético con el humor y la ironía que capaz. Soy un urbanita confeso y necesito la velocidad, el ruido, los cafés y la vida en las calles para nutrirme y nutrir mi pintura”, declara Boix, que ha instalado su taller en un amplio apartamento de techos altos, en la céntrica calle Mayor madrileña, a pocos metros de la Puerta del Sol.

Colorista y dibujante, ambos aspectos se funden con inteligencia en sus grandes lienzos. “De vez en cuando me gusta sentir la madera y la utilizo también como soporte”, explica el pintor.

El “Agua” es el tema de una larga serie de obras en las que aparecen, desde el hermoso edificio del Canal de Isabel II, icono arquitectónico del agua en Madrid a conducciones mecanicistas del agua, grifos, duchas, lluvia, tormentas... El agua como valor precioso más allá del petróleo.

En la pared pueden verse grandes dibujos, bocetos de sus cuadros; dibujos que se superponen, realizados con pigmento, al ya trabajado soporte del cuadro; dibujos que a su vez admiten otros dibujos en un plano o visión más cercana.

Coches, aviones, personajes femeninos, perros, gatos, arquitecturas, letras, palabras en castellano e inglés, números... un controlado “totum revolutum” con títulos irónicos como “Car wash” en el que hay lavado de automóviles y de genitales.

Vampiros literarios y políticos
Su última serie va de “Vampiros” literarios y políticos... Una versión renovada de Drácula, personaje de permanente actualidad. En la recámara del taller, el pintor guarda otra serie titulada “Fidel”, referida al mandatario cubano, pintada curiosamente sobre palés de madera, reciclados como soporte de su pigmento. El personaje aparece con puro habano, con micrófono o de mil formas... Fidel como repetición de icono, casi tan pop como el Ché Guevara. “Él tiene cuadros míos, de cuando yo vivía en La Habana”, cuenta Boix.

Recuerda con frecuencia a Matta, aunque Boix advierte que con quien aprendió pintura fue con el pintor cubano René Portocarrero. “Conocí a Matta a través de Antonio Saura durante un almuerzo en un hotel de La Habana. Querían aparecer juntos en una publicación y yo les llevé a la revista “El Caimán Barbudo”, que entonces tenía prestigio. Desde aquel día yo también empecé a colaborar en la revista como ilustrador de la misma.

Boix se confiesa trabajador empedernido y por eso tiene tanta obra en su taller. “La pintura no se hace en el bar y yo trabajo incluso en los fines de semana”. Confiesa que necesita la luz para vivir y por eso dejó Suecia, donde “los inviernos son demasiado largos; me fui a Ginebra donde conservo todavía mi estudio, pero ahora es el tiempo de Madrid.”