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lunes, 12 de octubre de 2020

El Museo Reina Sofía presenta una nueva exposición sobre arte sonoro: Audiosfera. Experimentación sonora 1980-2020



L.M.A.

    12/10/20 .- Madrid .- "Audiosfera. Experimentación sonora 1980-2020", es una exposición sin objetos ni imágenes que presenta más de 700 obras sonoras de unos 800 creadores de todo el mundo. La muestra se presenta en el Museo Nacional Reina Sofía.

    La muestra, comisariada por Francisco López, pretende cubrir un vacío histórico y cultural sobre los cambios más recientes en la concepción artística del audio experimental y podrá ser visitada por el público entre el 14 octubre de este año y el 11 enero de 2021.

    El Museo ha configurado un diseño expositivo especial de las salas que invita a una escucha atenta y profunda de creaciones como las concebidas por Anne Gillis, Barbara Ellison, Eric LaCasa, James Webb, Juan Crek, Alva Noto, Víctor Nubla, Esplendor Geométrico o, entre otros, Ryoji Ikeda.

    Para la audición de las obras, se facilitarán un dispositivo con una aplicación móvil desarrollada específicamente para la ocasión y unos auriculares que permiten la audición en alta definición y que, por prevención higiénico-sanitaria, serán debidamente tratados después de cada uso.


martes, 28 de noviembre de 2017

CHARLOTTE MOORMAN en Madrid. Música de acción [1975]



(30 noviembre 2017 – 14 enero 2018)




28.11.17 .- MADRID .- Tras la gran exposición que sobre el Arte Sonoro en España (1961-2017) ha celebrado recientemente la Fundación March, la Galería José de la Mano presenta ahora su nuevo proyecto con el que pretende rescatar la memoria de una performance trascendental y olvidada de la España de mediados de los setenta. La muestra, titulada Charlotte Moorman en Madrid. Música de acción [1975], saca a la luz un vídeo inédito que documentó la actuación que la artista estadounidense Charlotte Moorman celebró en la madrileña Galería Vandrés, en dos jornadas, en el mes de junio de 1975.

A la edad de diez años, Charlotte Moorman (Little Rock, Estados Unidos, 1933 - Nueva York, 1991) cogió por primera vez el violonchelo y no lo volvió a soltar en toda su vida. Para esta artista de Arkansas, nacida en una época en la que los efectos devastadores de la Gran Depresión estaban aún lejos de ser una reminiscencia, el instrumento se convirtió en la prolongación de su cuerpo y su intelecto. En cómplice y voz de su expresión artística. Como prueba, la fotografía de 1975 que da la bienvenida a la galería y se sitúa en la antesala de la pieza central de esta exposición: un vídeo en el que se reproduce la primera de las dos actuaciones de Moorman en la galería Vandrés en junio de 1975.

No es la primera vez que José de la Mano presenta fondos del transgresor espacio dirigido por Fernando Vijande, pionero en traer a España las prácticas artísticas del videoarte y la performance. En febrero de este mismo año pudieron contemplarse en esta galería varios proyectos de Antoni Muntadas de la década de los 70. Precisamente, fue la exposición que Vijande le dedicó a este artista en 1971 la primera vez que se mostraron piezas de videoarte en un país maniatado por la censura de la dictadura –además, en 1973, la policía clausuró una de sus muestras por incluir un maniquí desnudo obra de Alfredo Alcaín y solo la pudo volver a abrir tras ponerle unas bragas-. Conociendo esta anécdota resulta aún más atrevido y significativo que, en junio de 1975, invitara a Allan Kaprow para realizar el happening Comfort Zones -al que el pasado mes de octubre el CA2M le dedicó una muestra- y también, en esas mismas fechas, a Moorman para interpretar un provocador programa de doce partituras en dos días.

Los orígenes de la formación musical de Moorman se remontan al año 1951, cuando ganó una beca que le permitió estudiar en el Centenary College (Shreveport, Luisiana), donde se licenció en 1955. Después, recibió su MA de la Universidad de Texas en Austin y, en 1957, se trasladó a Nueva York para continuar sus estudios de postgrado en la prestigiosa Escuela Juilliard de la Gran Manzana, donde recibió las inspiradoras clases de experimentación de jazz, que la motivaron a emprender su propio camino. Pocas eran las mujeres que en aquella época lograban formarse, y menos aún, llegar a consolidar una carrera en solitario en el mundo de la música clásica. Porque Moorman no se conformó con formar parte de una orquesta (a pesar de tocar durante tres temporadas bajo la dirección de Leopold Stokowski en la Orquesta Sinfónica Americana), ni con deleitar al público en las salas de conciertos tradicionales. Ella prefirió demostrar hasta dónde podían llegar sus cuerdas.

Moorman fue una de las precursoras de la escena musical más radical de los 60. En 1963, fundó el Festival Anual de Arte de Vanguardia en la ciudad de Nueva York, que llamó la atención de miles de artistas de todo el mundo. A lo largo de quince ediciones celebradas en diversas localizaciones y espacios al aire libre, se dieron a conocer al gran público obras de los artistas más agitadores y sirvió como punto de encuentro para la discusión y puesta en marcha de las ideas más transgresoras. De este modo una aventura que comenzó en los lofts neoyorquinos salió a la calle en forma de desfile y conquistó lugares como el World Trade Center, la cubierta del ferry de Staten Island, la Grand Central Station o el ya demolido Shea Stadium del barrio de Queens, donde tuvo lugar la última celebración del festival en el año 1982.

La repercusión de las obras y las interpretaciones de Moorman han llevado a situarla hoy en día en el epicentro de la disciplina performativa y el Fluxus, movimiento que desde sus inicios se incubó al calor de la música, floreciendo en célebres piezas de poesía sonora, acciones o conciertos. Las obras que hoy en día se categorizan como parte del Fluxus bebieron, entre otras fuentes, de la inspiración de la poesía sonora del Dadá y del Futurismo, de ese 'arte del ruido', que ya reivindicó Luigi Russolo a principios del siglo XX, por el que el ruido se convertiría en el elemento de representación de un tiempo nuevo. El Fluxus era una oda a la vitalidad, con notas de provocación e inconformismo. Igual que Moorman.

La artista es internacionalmente conocida por tocar desnuda y la improvisación fue siempre su mejor aliada. Entabló amistad e interpretó en numerosas ocasiones las nuevas obras de célebres artistas (a veces incluso más que ellos mismos), como John Cage, Joseph Beuys, Wolf Vostell, Yoko Ono, Carolee Schneemann, Earle Brown, Sylvano Bussotti, Giuseppe Chiari, Jim McWilliams, Karlheinz Stockhausen o Nam June Paik. Con este último compositor, pianista y videoartista coreano, dio la vuelta al mundo realizando actuaciones y un variado repertorio de trabajos en colaboración: artículos, ensayos, diccionarios y antologías sobre el arte de vanguardia.

También desafiaron a la ley: en 1967 Moorman fue detenida por exhibicionismo al interpretar desnuda en la filmoteca de Nueva York la Opera Sextronique que él había compuesto. Varios policías irrumpieron en la presentación privada y la sacaron rápidamente del local envuelta en un abrigo. Pasó la noche en prisión y fue obligada a declarar ante el juez. El caso fue archivado debido al carácter artístico del evento, convirtiéndose en un hecho sin precedentes en la jurisprudencia estadounidense, que indujo a la revisión de los límites de la censura artística. Sin embargo, el escándalo afectó de manera determinante a su imagen pública: extendió su fama, pero la encorsetó bajo el apodo "Topless Cellist", cosificando su trabajo como artista. Una década después del acontecimiento, Moorman y Paik volvieron a recrear la representación original y el arresto bajo el título La gente del estado de Nueva York contra Charlotte Moorman, aunque en esta ocasión los policías fueron actores.

En 1968, Moorman y Paik recorrieron Inglaterra y Alemania cosechando un gran éxito, y la artista protagonizaría un gran número de espectáculos a principios de la década de los 70 en distintos países de Europa, visitando España en 1975. A modo de pequeño resumen: en 1970, la artista tocó Fluxus and Happening en la Kunstverein de Colonia; en 1972 interpretó en la galería Richard Demarco de Edimburgo la mítica pieza TV Bra for Living Sculpture, compuesta por Paik en 1969, en la que dos pequeñas pantallas cubrían sus pechos y el violonchelo el resto del cuerpo sin ropa; en 1973 tocó TV Cello en la Internationale Funkausstellung en Berlín; en 1974 hizo una edición con Paik para los archivos del coleccionista Francesco Conz en Asolo (Italia), que se presentó en Art Basel en 1975. Ese mismo año Moorman tuvo dos actuaciones en la galería Vandrés de Madrid. El miércoles 4 de junio y el sábado 7. El programa fue distinto. Aunque ambos días interpretó 26' 1.1499'' para concertista de cuerda de John Cage y TV Bra de Nam June Paik.


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Otra de las míticas obras que se pudo admirar fue Pieza para cortar de Yoko Ono, en la que los espectadores cortaban las vestimentas de la violonchelista hasta dejarla completamente desnuda. Jim McWilliams, Darío Villalba, Joseph Beuys y Takehisa Kosugi completan el listado de compositores de las piezas que interpretó en esta galería ubicada en plano dentro del barrio de Salamanca. En el vídeo se puede ver cómo el público va tomando asiento en el local y sus reacciones ante el espectáculo. En primera fila, se distinguen los rostros de los artistas españoles Darío Villalba (1939), Rafael Canogar (1935), Enrique Gran (1928-1999), y de los más jóvenes, Nacho Criado (1943-2010), Joaquín Mouliáa (1944), Rafael Pérez Mínguez (1949-1999) o Zush (1946). También aparece de refilón el rostro con bigote de un jovencísimo Pedro Almodóvar. Cuatro años después de este evento a Moorman le diagnosticaron cáncer de mama. Falleció prematuramente en Nueva York en 1991, a la edad de 57 años, tras librar durante doce de batalla ejemplar contra la enfermedad en la que nunca abandonó su actividad artística. Veintiséis años después, su incuestionable talento e ingenio han permitido que la importancia de su legado aún resuene en nuestros oídos.



domingo, 16 de octubre de 2016

“Escuchar con los ojos. Arte sonoro en España 1961-2016” en la Fundación Juan March



Del 14 de octubre de 2016 al 15 de enero de 2017



obra de LUGAN 


L.M.A,

·      Se  ha inaugurado en la Fundación Juan March la exposición “Arte Sonoro. La cara B” , que asume el reto de exhibir el sonido en espacios diseñados para obras visuales.
·      Es la primera exposición dedicada a presentar las raíces y las trayectorias del arte sonoro en nuestro país, desde los años sesenta hasta hoy. Representado por 343 obras de 162 artistas, 15 instalaciones sonoras y 45 audios en 15 puntos de escucha.
·      La Fundación había presentado una selección de estas obras en sendas exposiciones en 2016 en el Museu Fundación Juan March (Palma) y el Museo de Arte Abstracto Español (Cuenca), ocupando la totalidad de los espacios y conviviendo con las obras –pinturas y esculturas– de la colección.
·      Paralelamente a la exposición, la Fundación organiza un ciclo de conferencias y un ciclo de cine experimental, que incluirá una nueva performance fílmica de Sin Film, de Javier Aguirre, con los autores en directo.
·      Se ha editado un completo libro-catálogo de 350 páginas que incluye un lector MP3 (con 45 obras sonoras). Este libro-catálogo está articulado con un portal específico en http://www.march.es/arte/madrid/exposiciones/arte-sonoro/?l=1 con más contenidos complementarios.
·      El acto inaugural fue una "velada sonora":  una acción dramatizada que combinará piezas de música experimental, performances, intervenciones de artistas sonoros, extractos de piezas radiofónicas, fragmentos de obras sonoras y cine experimental e instalaciones sonoras. Conducido por Manuel Fontán del Junco (Director de Museos y Exposiciones de la Fundación Juan March) y los comisarios invitados José Iges y José Luis Maire.

El arte sonoro

La entrada del así llamado "arte sonoro" en los museos ha supuesto una novedad en espacios que se habían mantenido más o menos inalterados –en términos visuales– hasta casi los años 60 del pasado siglo. Y, al igual que en el caso de la musealización del videoarte, también el sonido y su exposición han presentado verdaderos retos para los ámbitos tradicionales del arte, que han debido plantearse cómo "afinar" (parafraseando el célebre The Tuning of the World de R. Murray Schafer) sus espacios de colección y exposición. Porque cuando aquello a exponer es el sonido como tal (y no simplemente la instalación con sonido, la música interpretada o la música experimental), tanto la determinación y elección de las obras como el tratamiento de los espacios donde tienen lugar las prácticas sonoras deben fundamentarse en un concepto del sonido distinto al definido por la ciencia acústica o por la musicología.

En las tres últimas décadas, el sonido presentado, usado, evocado o articulado en el medio artístico ha confluido en el aglutinante anglosajón Sound Art (y también en el alemán Klangkunst, con un significado algo distinto), y el así llamado arte sonoro ha ido consolidándose casi como una nueva categoría artística, gracias a exposiciones monográficas en museos y galerías, a la aparición de bibliografía especializada, el desarrollo de estudios específicos en el ámbito académico y la aparición de nuevas disciplinas relacionadas con el arte sonoro, como los llamados Sound Studies, la réplica sonora a los relativamente recientes Visual Studies.

En proporción, la atención que se le ha prestado al arte sonoro en España y en todo el mundo, tanto desde el punto de vista del coleccionismo como desde el de las exposiciones, es aún escasa. A pesar de que acontecimientos centrales (e históricos) para el arte sonoro en nuestro país como Los Encuentros de Pamplona de 1972, de algunas exposiciones recientes o de fenómenos como el pionero programa de radio Ars Sonora, dirigido hasta 2008 por José Iges o publicaciones como MASE (en sus ediciones de 2006 y 2014) o La mosca tras la oreja, de Llorenç Barber, testimonian el interés por el sonido en el arte, es obvio que la plástica e incluso el arte conceptual y el videoarte han ganado más rápida y fácilmente el favor de las instituciones.

El Arte Sonoro en España y la Fundación Juan March: exposiciones en Palma, Cuenca y Madrid

La exposición Escuchar con los ojos. Arte sonoro en España, 1961-2016 pretende mostrar los orígenes, la diversidad de trayectorias y la vitalidad del arte sonoro realizado en nuestro país desde 1961 hasta nuestros días. Mediante la amplitud y variedad de las obras escogidas y un extenso material documental, la exposición quiere hacer visible (y sobre todo audible) el sonido organizado con criterios artísticos en nuestro país, incluso en unos tiempos (las décadas de los 60 y los 70) en los que el propio término "arte sonoro" no había sido aún enunciado como tal.

Durante 2016, esta exposición, que cuenta con José Iges y José Luis Maire como comisarios invitados y con la colaboración de muchos otros artistas y expertos, ha presentado, a su paso por los dos museos de la Fundación Juan March y en su versión –ampliada– en los espacios de la Fundación en Madrid, en la exposición que aquí presentamos, más de una veintena de instalaciones sonoras, esculturas, vídeo-instalaciones y obras de encargo (en Madrid, Francisco López ha realizado una fonografía del edificio de la Fundación Juan March), además de una cuidada selección documental que incluye objetos, ediciones, vinilos, casetes y una variada documentación impresa y fotográfica.

Tanto en el Museu Fundación Juan March de Palma como en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, la exposición tuvo la peculiaridad de que las obras sonoras, piezas, instalaciones y la documentación audiovisual e impresa que la componían no se presentaban en espacios expositivos aislados (como los habitualmente dedicados a muestras temporales), sino que se insertaban primero en los espacios de los museos ocupados habitualmente por las obras de la colección de arte contemporáneo de la Fundación Juan March, con las que han convivido temporalmente. Ambas exposiciones quisieron mostrar así la práctica artística sonora de autores que fueron en muchos casos estrictamente contemporáneos a los artistas representados en ambas colecciones, así como la obra sonora, poco conocida, de alguno de estos últimos, y también la de creadores de las generaciones más recientes.



La exposición en Madrid, por su parte, ocupa los espacios de la sala de exposiciones de la Fundación, en la que se muestra una selección más amplia de autores y de obras que en las ediciones anteriores.

Así, podemos ver varias obras de Juan Navarro Baldeweg; El artilugio, de Manuel Calvo; Ambiente de participación táctil-sonoro, de Enrique Salamanca; Observatory / Lisa Joy W [Observatorio / Lisa Joy W], 2014-2016, de Barbara Held y Benton C. Bainbridge; Every Man and Woman is a Star [Cada hombre y cada mujer es una estrella], 2007, de Arash Moori y Esther Mañas; Diafragma dodecafónico 8.916.100.448.256, opus 14, 2010, de José María Cruz Novillo; 3DsoundPrinter_Can [Impresora de sonidos 3D_lata], 2015, de Hugo Martínez-Tormo; Sin título, 2016, de Pablo Sanz; Untitled # 346 [Sin título nº 346], 2016, (fonografía del edificio de la Fundación Juan March), de Francisco López; a excepción de las obras de Juan Navarro Baldeweg, todas ellas son instalaciones.

Si, en ciertos casos, el uso del sonido estuvo presente en la obra de algunos de los artistas de la colección de la Fundación Juan March, como Ferran García Sevilla (en el contexto del arte conceptual), en otros hubo una relación clara con la vanguardia musical experimental (como sucede con algunas obras de Martín Chirino o con los Artefactos para la paz de Manuel Millares, expuestos en una muestra compartida con el grupo ZAJ en el año 1965). Por lo demás, otros casos, como los de Eusebio Sempere o José Luis Alexanco son paradigmáticos entre aquellos artistas de las décadas de los 60 y los 70 que, sin ser "artistas sonoros", han formado parte no obstante de la historia del sonido y su relación con las artes en España. Ellos iniciaron los primeros tanteos interdisciplinares con otras propuestas experimentales y, con el tiempo, posibilitaron el hábito y la comprensión del arte sonoro en el contexto de las instituciones y colecciones de arte contemporáneo, una línea en la que cabe incluir también algunos de los trabajos de Juan Navarro Baldeweg o Enrique Salamanca.

Así, no pocas de las obras seleccionadas acentuaron, interfirieron o se relacionaron con las obras exhibidas en ambos museos y con sus respectivos espacios. Como ejemplo, cabe destacar la presencia de numerosos artistas de las generaciones de los ochenta y noventa (como José Luis Alexanco, Elena Asins o Eva Lootz, entre otros), cuya relación con el arte sonoro o sus antecedentes ha sido rastreada para esta muestra. En este contexto, la exposición se ocupa también de la labor de programación y difusión que ejercieron los programas, ciclos y conciertos del Departamento de Música de la Fundación y su Centro de Documentación de la Música Española Contemporánea desde su creación en 1983, principalmente en lo que respecta a la música experimental y la música electrónica.

En este contexto, la exposición se ocupa también de la labor de programación y difusión que ejercieron los programas, ciclos y conciertos del Departamento de Música de la Fundación y su Centro de Documentación de la Música Española Contemporánea desde su creación en 1983, principalmente en lo que respecta a la música experimental y la música electrónica.

Por supuesto, más allá de los límites de la colección de la Fundación Juan March, la muestra atiende a la especial relevancia de artistas como el grupo ZAJ, Isidoro Valcárcel Medina o LUGAN, pioneros que con trabajos experimentales y transversales han sido verdaderos precursores del arte sonoro, e incluirá, junto a los ya mencionados, obras de Walter Marchetti, Francisco López, José Antonio Orts, Fernando Millán, Esther Ferrer, Bartolomé Ferrando, Juan Hidalgo, Wolf Vostell, Javier Aguirre, Nacho Criado, José Maldonado, Hugo Martínez-Tormo, Alfredo Costa Monteiro o Barbara Held, entre otros.



jueves, 9 de junio de 2016

EXPOSICIÓN: “ARTE SONORO EN ESPAÑA (1961-2016)”, en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca




JOSÉ IGES Y JOSÉ LUIS MAIRE, COMISARIOS
 [Del 16 de junio al 18 de septiembre]


L.M.A.

Lugán: arte sonoro

La entrada del así llamado “arte sonoro” en los museos ha supuesto la llegada de una novedad en espacios que se habían mantenido más o menos inalterados –en términos visuales– hasta casi los años 60 del pasado siglo. Y, al igual que en el caso de la musealización del videoarte, también el sonido y su exposición han presentado verdaderos retos para los espacios del arte, que han debido plantearse cómo “afinar” (parafraseando el célebre “The Tuning of the World” de R. Murray Schafer) sus espacios de colección y exposición. Porque cuando aquello a exponer es el sonido como tal (y no simplemente la instalación con sonido, la música interpretada o la música experimental), tanto la determinación y elección de las obras como el tratamiento de los espacios donde tienen lugar las prácticas sonoras deben fundamentarse en un concepto del sonido distinto al definido por la ciencia acústica o por la musicología.

En las tres últimas décadas, el sonido presentado, usado, evocado o articulado en el medio artístico ha confluido en el aglutinante anglosajón “Sound Art” (y también en el alemán “Klangkunst”, con un significado algo distinto), y el así llamado “arte sonoro” ha ido consolidándose casi como una nueva categoría artística, gracias a exposiciones monográficas en museos y galerías, a la aparición de bibliografía especializada, el desarrollo de estudios específicos en el ámbito académico y la aparición de nuevas disciplinas relacionadas con el arte sonoro, como los llamados Sound Studies, la réplica sonora a los relativamente recientes Visual Studies.

En proporción, la atención que se le ha prestado al arte sonoro en España y en todo el mundo, tanto desde el punto de vista del coleccionismo como desde el de las exposiciones, es aún escasa. A pesar de que acontecimientos centrales (e históricos) para el arte sonoro en nuestro país como Los Encuentros de Pamplona de 1972, de algunas exposiciones recientes o de fenómenos como el pionero programa de radio Ars Sonora, dirigido hasta 2008 por José Iges o publicaciones como MASE (en sus ediciones de 2006 y 2014) o La mosca tras la oreja, de Llorenç Barber, testimonian el interés por el sonido en el arte, es obvio que la plástica e incluso el arte conceptual y el videoarte han ganado más rápida y fácilmente el favor de las instituciones.


Los espacios de la exposición: Palma, Cuenca, Madrid

La exposición Arte sonoro en España (1961-2016) pretende mostrar los orígenes, la diversidad de trayectorias y la vitalidad del arte sonoro realizado en nuestro país desde 1961 hasta nuestros días. Mediante una amplia variedad de obras y un extenso material documental, la exposición quiere hacer visible (y sobre todo audible) el sonido organizado con criterios artísticos en nuestro país, incluso en unos tiempos (las décadas de los 60 y los 70) en los que el propio término “arte sonoro” no había sido aún enunciado como tal.

Durante 2016, Arte sonoro en España (1961-2016), que cuenta con José Iges y José Luis Maire como comisarios invitados, presentará, en su paso por los dos museos de la Fundación Juan March y en su versión –ampliada– en los espacios de la Fundación en Madrid el próximo mes de octubre, más de una veintena de instalaciones sonoras, esculturas, vídeo-instalaciones y obras de encargo (de Xabier Erkizia y Juanjo Palacios, quienes realizarán sendas “fonografías” en Palma y Cuenca, respectivamente), junto a una cuidada selección documental que incluirá objetos, ediciones, vinilos, casetes y una variada documentación impresa y fotográfica.

Arte sonoro en España (1961-2016) tiene una peculiaridad: el hecho de que las obras sonoras, piezas, instalaciones y documentación audiovisual e impresa que la componen no se presentarán en espacios expositivos aislados, como los habitualmente dedicados a muestras temporales, sino que se insertarán primero en los espacios de los museos de Palma y ahora en Cuenca ocupados habitualmente por la presentación de las obras de la colección de arte contemporáneo de la Fundación Juan March, con las que convivirán temporalmente. La exposición quiere mostrar así la práctica artística sonora de autores que fueron estrictamente contemporáneos a los artistas representados en ambas colecciones, así como la obra sonora, poco conocida, de alguno de estos últimos, y también la de creadores de las generaciones más recientes.

Si, en ciertos casos, el uso del sonido fue habitual en la obra de algunos de los artistas de la colección de la Fundación Juan March (en el contexto del arte conceptual), en otros hubo una relación con la vanguardia musical experimental (como es el caso de algunas obras de Martín Chirino o de los artefactos de Manuel Millares, expuestos en su día en una muestra compartida con el grupo ZAJ en el año 1965). Por lo demás, otros casos, como los de Eusebio Sempere o José Luis Alexanco son paradigmáticos entre aquellos artistas de las décadas de los 60 y los 70 que, no entendiéndose como sonoros, sin embargo, forman parte de la historia del sonido y su relación con las artes en España. Ellos iniciaron los primeros tanteos interdisciplinares con otras propuestas experimentales y, con el tiempo, posibilitaron el hábito y la comprensión del arte sonoro en el contexto de las instituciones y colecciones de arte contemporáneo, una línea en la que cabe incluir también algunos de los trabajos de Juan Navarro Baldeweg o Enrique Salamanca.

Así, no pocas de las obras seleccionadas acentuarán, interferirán o se relacionarán con las obras exhibidas en ambos museos y con sus respectivos espacios. Como ejemplo, cabe destacar la presencia en ambos museos de numerosos artistas de las generaciones de los ochenta y noventa (como José Luis Alexanco, Elena Asins o Eva Lootz, entre otros), cuya relación con el arte sonoro o sus antecedentes ha sido rastreada para esta muestra. En el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, que celebra su cincuentenario durante 2016, la muestra atiende además a las iniciativas en torno al arte sonoro de dos instituciones conquenses: el Gabinete de Música Electroacústica (en el que ya en los años ochenta se componía y experimentaba con un Synthi 100, uno de los instrumentos de composición electrónica y de procesamiento del sonido más avanzados y relevantes de la historia de la música electroacústica) y la Facultad de Bellas Artes (que cumple sus primeros veinticinco años).

En este contexto, la exposición se ocupará también de la labor de programación y difusión que ejercieron los programas, ciclos y conciertos del Departamento de Música de la Fundación y su Centro de Documentación de la Música Española Contemporánea desde su creación en 1983, principalmente en lo que respecta a la música experimental y la música electrónica.

Por supuesto, más allá de los límites de la colección de la Fundación, la muestra atenderá a la especial relevancia de artistas como el grupo ZAJ, Isidoro Valcárcel Medina o LUGAN, pioneros que con trabajos experimentales y transversales han sido verdaderos precursores del arte sonoro, e incluirá, junto a los ya mencionados, obras de Walter Marchetti, Francisco López, José Antonio Orts, Eduardo Polonio, Fernando Millán, Esther Ferrer, Bartolomé Ferrando, Juan Hidalgo, Wolf Vostell Javier Aguirre, Nacho Criado, José Maldonado, entre otros.


Exhibir el sonido en los espacios visuales

La exposición Arte sonoro en España (1961-2016) asume el reto de “exhibir” el sonido enfatizando todos sus aspectos artísticos mediante su amplia selección de obras: así, de la resonancia del espacio sonoro y su relación con la arquitectura hablan Mirlitones, de Bosch & Simons (2012) y L’Isla des Neumas de Ramón González-Arroyo (2008); del silencio y del límite de lo audible, la Pieza escuchando la pared (1992) de Juan Muñoz, o la Música ZAJ (ca. 1999) de Esther Ferrer; Luci: sin nombre y sin memoria, de Josep Manuel Berenguer (2008), tematiza la asincronía y los procesos rítmicos sonoros de la vida a partir del estudio del comportamiento bioluminiscente de las luciérnagas, mientras que de la insistencia vibratoria del sonido y su sentir en el cuerpo se ocupa *.WAV, de Mikel Arce (2004). Inventario (1992-1998), de José Iges y Concha Jerez tematiza la obsolescencia de la tecnología y su relación con la memoria colectiva.

La exposición incluirá también un gran número de grabaciones, instalaciones, esculturas sonoras o prácticas sonoras que se presentaron alejadas del formato del concierto o plantean el soporte de grabación como medio artístico, como las de José Luis Castillejo, Francisco Felipe, Eva Lootz, Llorenç Barber, Francisco López, Javier Maderuelo, Pedro G. Romero, Mikel R. Nieto u Oscar Abril Ascaso, entre otras. También incluirá documentos y materiales que, temáticamente, permiten trazar un panorama de actividades que van desde los Encuentros de Pamplona en el año 1972 hasta las exposiciones colectivas celebradas en los últimos años, y pondrá énfasis tanto en los distintos soportes históricos del sonido como en los trabajos que los cuestionan, sin olvidar la incorporación de obras representativas de la poesía sonora, el arte de acción, el videoarte o el arte radiofónico.

Arte sonoro en España (1961-2016) constituye un auténtico reto curatorial: el de mostrar el sonido en espacios que son eminentemente visuales. En efecto: los espacios habitados de las salas de los museos, y mucho más los espacios diáfanos de las salas de exposición, desnudos, diseñados conforme a una lógica de la mirada perpendicular, se convierten en entornos extraños o incluso agresivos desde el punto de vista de la acústica. Unos y otros devienen, por una parte, cámaras reverberantes en las que el sonido invade el resto de las salas (y al resto de las obras expuestas), convirtiendo el trayecto del visitante en un paseo por un espacio cacofónico. En el otro extremo, la construcción de espacios aislados y cámaras insonorizadas puede cambiar de manera determinante la experiencia de los visitantes de la exposición y hacer imposible cualquier relato con cierta unidad de sentido.

En Arte sonoro en España, 1961-2016, estas dificultades se han pensado junto al deseo –que es el de esta exposición–  de que las obras “sonoras” convivan con las “visuales”, atendiendo tanto a las maneras en las que el sonido pone en cuestión el espacio expositivo tradicional como a las formas en que su exhibición puede resolverse, presentándolo mediante técnicas que permiten ordenar el espacio de la exposición para que no se produzcan colisiones en la escucha, salvando aquellas que forman, de hecho, parte integrante de las propias obras sonoras.


Publicaciones y archivos sonoros

Las muestras en Palma y Cuenca están acompañadas de un amplio y documentado programa de mano. Para la exposición en Madrid se publicará un libro-catálogo con un amplio registro fotográfico, además de ensayos, debates sobre el  estado de la cuestión  en esta disciplina artística y textos sobre temas como el del uso y la aceptación del término  arte sonoro  por artistas e instituciones del arte (colecciones, museos y galerías) en España, dentro del marco temporal propuesto por la exposición; sobre las dos principales aproximaciones históricas al arte sonoro: el alemán  Klangkunst  (con sus diferentes formas de arte intermedia), y el anglosajón "Sound Art" (con fronteras que se reescriben continuamente para dar cuenta de una gran variedad de prácticas sonoras); o sobre la historia del arte sonoro en España; además, incluirá la catalogación de las obras y de la documentación expuesta y contará con la bibliografía y discografía más actualizada. La publicación estará articulada con un portal sito en www.march.es.

También está en marcha un proyecto de historia oral con entrevistas a los artistas y debates entre éstos, comisarios, historiadores y otros especialistas, cuyas grabaciones serán transcritas y publicadas, tanto impresas como en archivos de audio, en la web de la Fundación Juan March.


LA EXPOSICIÓN VIAJARÁ DESPUÉS A:  Fundación Juan March, Madrid
(del 14 de octubre de 2016 al 15 de enero de 2017)