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miércoles, 29 de enero de 2025

FINA DE CALDERÓN (1927-2010). Recuerdo-homenaje, coordinado por Giovanna de Calderón y Miguel Losada en el Ateneo de Madrid

Luis Alberto de Cuenca, Giovanna de Calderón y Miguel Losada
Giovanna de Calderón y los intervinientes en el homenaje



Julia Sáez-Angulo
Fotos: Adriana Zapisek

29/1/25.- Madrid.- “Fina de Calderón. Rompiendo moldes” ha sido el título del recuerdo homenaje a la poeta madrileña que dirigió en su día “Los miércoles de la Poesía”. El acto, que ha tenido lugar en la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, fue coordinado por Giovanna de Calderón, hija de la poeta, y el poeta Miguel Losada, que hablaron ampliamente sobre la vida y obra de la escritora, quien fue socia del Ateneo durante 35 años. La velada fue ilustrada y amena, con un público entregado a la escritora, en el que figuraban numerosos poetas.
    Seguidamente intervinieron con sus recuerdos y elogios de la autora, los poetas Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Fanny Rubio y Javier Lostalé. Todos ellos leyeron, al final, poemas de Fina de Calderón (Josefina de Attard y Tello. Madrid, 1927-2010).
    Miguel Losada habló con gran simpatía de Fina, a la que conoció y trató, una mujer culta, avanzada y decidida con grandes dotes de sociabilidad en todos los ámbitos de la sociedad, tanto aristocrática como intelectual o popular. Sabía tocar el violín y compuso ballets y más de 200 canciones populares. Fue una buena letrista. Compuso una opereta y puso música a los cuentos infantiles que escribió la reina Fabiola de los belgas. Fina conoció y trató a numerosos escritores franceses,como Colette, Malraux, Cocteau, Montherland… ya que estudió en París, y recibió en su Cigarral del Ángel en Toledo a numerosos escritores. Leyó el poema de Fina “A un ciprés”.
Giovanna de Calderón contó anécdotas divertidas de su madre, a la que describió con “la fuerza de la pasión” siempre entre la literatura y la música. Fue una mujer valiente en medio de sus dificultades físicas de movilidad. Fina, que conoció de niña a Federico García Lorca, recordó siempre su poema sobre las muletas, cuando la niña se negaba a usarlas “son alas para las niñas buenas”. Contó la visita de la escritora a Rafael Alberti y María Teresa León en Roma. Y recordó cuando Fina decía: La poesía se cuela en la rendija del alma para todo aquel que se para a admirarla”. Losada leyó el poema “Compraventa”.
Luis Alberto de Cuenca, buen amigo de Fina, recordó que él la llamaba Shirley, como la joven actriz norteamericana y a ella le gustaba. Resaltó la importancia de “Los miércoles de la poesía”, tertulia que creó en el Centro Cultural de la Villa, a la que todos los alcaldes, desde Tierno Galván respetaron. Se llenaba la sala y allí recitaba el actor Paco Valladares. Preguntó por el Archivo de sus documentos y se dijo, que buena parte de él se donó a la institución Matritense y otras cosas como dibujos y libros dedicados, se subastaron. Fina recibió la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, siendo Luis Alberto de Cuenca, Secretario General de Cultura. Luis Alberto leyó el poema “Un abrigo gris”.
Jaime Siles, profesor, que llegó ex profeso de Valencia para el homenaje, que también trató de cerca a Fina, habló de ella con mucho afecto y recordaba que con frecuencia recibía ella en la cama, a las personas con las que tenía más confianza, a la manera de las damas francesas del XII. “Fina desplazaba cultura como un portaaviones”, dijo y resaltó su cultura francesa y sus contactos con escritores galos como Sartre, François Mauriac, Montherland o con figuras de la canción como Edith Piaf o Maurice Chevalier. Fue brillante conferenciante y “siempre soñó con la Casa de la Poesía en Madrid”. Ojalá se logre algún día (la casa de Vicente Aleixandre se barajó como ideal para ello). Siles leyó el poema dedicado a Luis Felipe Vivanco.
Fanny Rubio recordó las frecuentes llamadas de teléfono de Fina y sus conversaciones, así como el hecho de enviarle una alumna paraguaya, que le ayudó a ordenar su Archivo. Era una mujer de la burguesía madrileña, que tenía un gran conocimiento e instinto por las luces, en sentido de ilustrada. Para ella, la poesía era el eje regenerativo. Fina quiso volar  e irse a las alturas, de ahí sus libros y versos, cuyos títulos abundan en ese sentido, como “la muletas son alas/ para las niñas buenas”, que le dedicó Lorca siendo niña. Hizo de las alas su método. Tenía una gran capacidad para recuperar emociones. Amó los espacios de Toledo, Madrid y Andalucía. Juan Manuel de Prada señaló en el prólogo de uno de sus libros, que Fina pertenecía a la tercera España del diálogo y la no confrontación. Leyó el poema “A Claudio Rodríguez”.
-Javier Lostalé, finalmente, subrayó la gran capacidad creativa de la autora, así como la de generar lazos de amistad entre los escritores. Era una mujer que vivía con las voces de los otros. Su tertulia “Los miércoles de la Poesía” y la de Rafael Montesinos, fueron las más importantes del siglo XX en Madrid. Recordó que su antología “Plural” era magnífica, pero ya era hora de publicar sus Obras Completas. Y comentó algunas de las afirmaciones del prólogo de Jaime Siles para la citada antología.
Para terminar, se estimó la conveniencia de que figurase el retrato de Fina de Calderón, ahora que el Ateneo está recobrando rostros de mujeres socias en el pasado, dentro de su galería de retratos, en la que faltan también los de Josefina de la Torre y Acacia Uceta, entre otros. 

Luis Alberto de Cuenca, poeta
Luis Alberto de Cuenca, poeta
Fanny Rubio, poeta
Javier Lostalé, poeta
Giovanna de Calderón y Adriana Zapisek

Jaime Siles y Julia Sáez-Angulo
 
Luis Alberto de Cuenca y Julia Sáez-Angulo
Dolores y Adriana

jueves, 18 de mayo de 2023

FINA DE CALDERÓN. Homenaje en la Real Sociedad Económica Matritense y recepción de sus archivos, donados por los herederos

Fina de Calderón, compositora y escritora

Ponentes e hijos de Fina de Calderón

Julia Sáez-Angulo

Fotos: Carmen Palomero

        19/5/23.- Madrid.- La Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País ha rendido un homenaje a la desaparecida Fina de Calderón, autora, compositora y benefactora de la cultura. Durante este acto de homenaje, la Matritense recibió la donación por sus herederos del archivo documental de la escritora -sus tres hijos: Mariola, José Rafael y Giovanna-, siendo a partir de ese momento responsable de la custodia y encargada de la difusión de tan importante legado cultural.

Presididos por Manuel Rodríguez Alcayna, cabeza de la Matritentse, actuaron como ponentes del acto: el ex alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, el académico Luis Alberto de Cuenca, la catedrática de Arpa María Rosa Calvo Manzano, que elogiaron la vida y obra de la homenajeada, e intervinieron como rapsodas de los versos de Fina de Calderón: Enrique Trinidad y Soledad Serrano. 

        Luis Alberto subrayó que Fina de Calderón representaba a la tercera España, que nunca le importó si los poetas era de izquierdas o de derechas.

    Seguidamente se leyó una carta de Emiliano García Page, presidente de la comunidad de Castilla-La Mancha, recordando a Fina de Calderón como hija adoptiva de Toledo, donde sostuvo el cigarral del Santo Ángel -donde estuvo en su día el fraile y literato Tirso de Molina-, en el que convocó a numerosos escritores a lo largo de su vida.

    José Rafael Gutiérrez de Calderón, hijo de Fina, quiso recordar también a su padre, Fernando, pues si su madre era la escritora, su padre siempre actuó con ella como “tramoyista”.

    Los ponentes recordaron especialmente la creación por parte de Fina, de los conocidos “Miércoles de la Poesía” en el Centro Cultural de la Villa, por donde pasaron numerosos poetas, porque la homenajeada decía que ella tenía como propósito “servir a la Poesía”. Se recordó igualmente su faceta de compositora musical de ballets, textos clásicos y de música ligera. Se puso también de manifiesto la faceta de luchadora de Fina frente a la adversidad de su enfermedad, una coxalgia, así como su amistad con todos los escritores, sin sectarismo cultural o político alguno, y entre ellos los franceses Colette o Jean Cocteau. Fina recibió distintas condecoraciones, entre otras, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, el Lazo de Isabel la Católica o el nombramiento de académica de Bellas Artes de Toledo.

En el acto, que tuvo lugar en la Torre de los Lujanes, estuvo la Infanta Doña Margarita de Borbón y su esposo Don Carlos Zurita, duques de Soria, Fernando Martínez de Irujo, marqués de San Vicente del Barco y numerosos escritores y amigos hasta completar la sala, entre ellos: Javier Lostalé, Montserrat Cano Guitarte, Emilio Porta, Rogelio Sánchez Molero, Angelina Lamelas, Carmen Valero Espinosa, Alberto Martín Baró, Juan Ignacio Vecino, Jaime Lamo de Espinosa, Cristina Alberdi, Elena Kirby, Floker, Carmen de Rocamora, promotora del acto…

Josefina de Attard y Tello (Madrid,1927-2010) dejó, además de las composiciones musicales, diversos libros de poemas y unas memorias que recrean su vida. 

    Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2020/12/mi-amiga-fina-de-calderon-amo-y.html


Fina de Calderón y Buero Vallejo (c. 1970)


viernes, 11 de diciembre de 2020

MI AMIGA FINA DE CALDERÓN QUE "AMÓ Y DEFENDIÓ LA POESÍA"

Fina de Calderón, escritora



    Julia Sáez-Angulo

    Madrid, 12.11.2020.- “Amó y defendió la poesía” este fue el epitafio que Fina de Calderón (Madrid, 1927-2010) quiso para sí y doy fe de que así fue en vida, después de que yo la tratara intensamente durante los últimos diez años en nuestros numerosos encuentros de fin de semana en su casa para dictarme sus memorias, que publicó bajo el expresivo título Los pasos que no regresan (2004). Eran nuestras tardes de sábado o domingo, o ambas, en las que trabajábamos, hablábamos, nos reíamos con anécdotas pasadas o nos parecía conspirar, cuando hablábamos en voz más baja -como si quisiéramos aplicar la discreción- al hablar de situaciones o sucesos sabrosos de los colegas escritores, conocidos políticos, nobles sin nobleza de corazón… y hasta de la realeza. 

Polo (Apolonia) era su doncella de toda la vida, ruda, directa y espabilada, que la atendía, cuando le pedía un analgésico y un vaso de agua, porque no podía soportar más el dolor de su cuerpo dañado en sus piernas desde niña o cuando le solicitaba la merienda para ambas o cuando le pedía que le ayudara a encontrar un papel en su océano de papeles, porque Polo, pese a ser analfabeta, tenía el don de encontrarlo con más facilidad, por las indicaciones descriptivas que le daba Fina. A la segunda o tercera vez de mostrarle alguno, Polo acertaba.

Era un placer estar y conversar con la escritora Fina de Calderón, una mujer guapa, lista, inteligente, astuta, coqueta, seductora y amante de la poesía, hasta entregarle su vida y generosidad en los eventos poéticos que organizaba y llevaba a cabo en los Miércoles de la Poesía, recital poético mensual todos los meses en el Centro Cultural de la Villa, para los que preparaba con cuidado su disertación previa sobre el poeta o el grupo poético homenajeado, así como en los cocidos o comidas anuales en su cigarral de Toledo, Santo Ángel Custodio, adquirido a mediados del XX, cuando convocaba a los vates en primavera. El Ayuntamiento de la capital imperial nombró a Fina de Calderón hija adoptiva en 1986. Se lo merecía. Su obra póstuma se titula Toledario y abre con la cita de los célebres versos de Garcilaso de la Vega: Cerca del Tajo, en soledad amena/ de verdes sauces, hay una espesura…. En este libro están también los versos de Fina: Entre Toledo y yo, sólo Toledo y yo. Y también aquellos en los que dicen en su libro "La sed que dura" (2002): Tengo miedo a morir, al renunciar al pájaro, a la fuente, a las altas campanas, espadañas y torres, al Tajo rumoroso.

    Yo le ayudaba recogiendo en mi ordenador sus indicaciones verbales o buscando puntualmente algún dato en sus libros y diccionarios para insertarlos. Con ella se aprendía como de una maestra, al tiempo que se dejaba decir o aconsejar sobre algún punto literario. Se podía discrepar en asuntos literarios, porque las dos éramos prudentes y diplomáticas.

Los Miércoles de la Poesía se los facilitó el alcalde Enrique Tierno Galván, cuando en 1984 ella le pidió un día al mes para la poesía en el Centro Cultural de la Villa, un lugar céntrico, casi ombligo de Madrid, que facilitaría la llegada del público. El alcalde le advirtió que los miércoles era el día de partidos de fútbol en los estadios y en la televisión, por lo que le iba a ser difícil encontrar público. Pero Fina de Calderón se vino arriba y le dijo que ese era precisamente el día que ella quería para demostrar que la poesía y sus poetas tienen un público generalmente fiel y distinto al de los futboleros, salvo en su día Dámaso Alonso al que gustaba el futbol, pero no lo confesaba porque no estaba bien visto en aquellos tiempos primeros de Dictadura. Así fueron, pues, sus Miércoles de la Poesía, siempre concurridos de gente y algunos de ellos hasta rebosar. A Fina le gustaban mucho los poetas de la Generación del 27, en especial Federico García Lorca y Rafael Alberti, al que había tratado durante el exilio del poeta en Roma junto a su esposa María Teresa León. Tenía tal pasión por Alberti, que en uno de sus Miércoles de la Poesía lo defendió frente al poeta Luis Antonio de Villena, que acababa de calificar de poeta menor al gaditano en su intervención previa.

    No faltaba la música al final de los recitales de poesía, sobre todo el piano, también violín o canto. Digna de recordar la actuación de Felipe Campuzano vestido con un precioso traje de seda blanco o las de la arpista María Rosa Calvo Manzano.

Después del recital en los Miércoles de la Poesía, precedido siempre de una amplia alocución de Fina y otra ponencia de un experto invitado sobre el poeta a recitar, algunos elegidos íbamos al salón burgués de Fina en el paseo de Martínez Campos, a tomar una copa y conversar.

Por los Miércoles de la Poesía pasaron los aedos más relevantes del momento como José Hierro, Claudio Rodríguez, Jaime Siles, Luis Alberto de Cuenca, José María Muñoz Quirós, Guillermo Carnero, Joaquín Benito de Lucas, Antonio Colinas, Santiago Castelo y otros muchos. Pasar por estos homenajes era deseo de muchos poetas. Pocas mujeres lo hacían y yo se lo reprochaba, le decía que era por ser ella coqueta y preferir a los hombres. Se sonreía y no desdeñaba mi comentario. Por sus recitales, recuerdo que pasara Pilar Aroca, que tiene muy a gala esa elección de Fina y pocas más. Algunas como Ana María Navales viajaba periódicamente a los recitales o iba a los cocidos anuales del cigarral toledano, pero no logró recitar en los Miércoles de la Poesía. Por aquellos eventos culturales iban siempre dos sobrinas de Antonio Machado, a las que Fina distinguía con su aprecio. 

Recuerdo algunos comentarios suyos sobre poetas, uno sobre Luis Alberto de Cuenca, a quien quería muchísimo, al igual que a Alicia Mariño, su mujer, pero la poesía del primero le desconcertaba, le resultaba demasiado moderna quizás para su sensibilidad y gusto. Tanto Luis Alberto como Fina eran dos personas relacionadas con la música pop o ligera, como composiciones de la misma. Fina componía canciones, letra y música. Fue compositora de música para ballets, algunos de ellos como Cancela o El Greco figuraban en la Compañía Nacional de Danza y fueron estrenados en el Bolshoi de Moscú. Varias de sus composiciones de música ligera participaron o ganaron los festivales de la canción de Mallorca o Benidorm en los años 60. La canción Caracola fue al festival de Eurovisión con los TNT en 1964. Sus canciones las han interpretado artistas como Víctor Manuel (Primer plano) o, en francés, los cantantes Maurice Chevalier (Nous de Paris) o Edith Piaf (Pouvoir). Fina también compuso canciones infantiles. Luis Alberto de Cuenca, por su parte, ha escrito letras o poemas llevados a la canción por algunos grupos jóvenes o cantantes como Javier Gurruchaga.

Tampoco se entusiasmaba con la poesía de Clara Janés. "A ti te gusta?, me preguntaba. A ella le gustaba José María Pemán y escribió un estudio titulado “Pemanerías”. Respecto a Carlos Murciano, premio nacional de Poesía, Fina apreciaba mucho su obra y admiraba su facilidad versificadora, pero a él lo consideraba muy mandón, incluso atrevido y excesivo a la hora de tratar corregirle algunos poemas.

    La tarea de Fina de Calderón como conferenciante no fue desdeñable. Como buena ateneísta, allí habló del humor en la poesía y doy fe de que ella preparaba a conciencia todas sus intervenciones. Quizás quede por publicar una selección de todas sus presentaciones y ponencias, así como de sus pregones en distintos municipios como el de Consuegra (Toledo) en 1964.

Afrancesada, mimosa, tolerante, cordial, generosa

Fina de Calderón (nacida Josefina de Attard y Tello), tomó el apellido de su marido para funcionar en la vida y la literatura. Su nombre artístico. Quizás porque es lo que se hace en Francia y a ella, muy española, le gustaba mucho lo francés, empezando por la lengua gala, que la consideraba muy suya, pues fue la lengua de su bachillerato durante su larga estancia en Berck Plage, en la costa del norte del Paso de Calais, donde trataba de recuperarse de una coxalgia que le contagió una niñera nodriza siendo muy niña. De vez en cuando, Fina y yo, juguetonas y snobs, hablábamos en francés o trufábamos el español de citas francesas para divertirnos. Algunos personajes del Instituto Francés acudían a visitar a Fina y con ellos alternaba la lengua francesa y española. Fina publicó un libro de poemas bilingüe, francés español, bajo el título de Pluriels (Plurales) en 2006.

    Le gustaba vestir colores claros que la favorecían, aunque también la he visto elegante de traje negro animada siempre con collares de perlas y sus labios rojos de rouge intenso. Lucía un bastón transparente, según Cuchi de Osma para que pasara desapercibido, dada su coquetería simpática innata.

A veces Fina organizaba comidas o cenas en su casa para conocer mejor a alguien. Ya se sabe -los masones lo hacen muy bien- que el ágape ayuda a confraternizar en las tenues blanches-. Su marido, José Fernando Gutiérrez de Calderón y Scapardini-Andreu, marqués de Mozobamba del Pozo, -Fernando para su esposa Fina- algo cansado con tanta charla de poetas, no asistía en algunas ocasiones y Fina lo excusaba con elegancia, al comprender que el hombre estaba ahíto de versos. En una ocasión organizó un almuerzo a tres para Juan Manuel de Prada, ella y yo, con ánimo de conocer y conversar con el escritor largo y tendido, que yo le había presentado. Se cayeron muy bien y se trataron después. Juan Manuel de la Prada le dedicó a Fina, en uno de sus artículos en ABC, el más hermoso obituario que comenzaba diciendo: 

“Tenía sus ramalazos de afrancesada hasta el tuétano y sus ráfagas de castiza impenitente, tenía sus achaques de viejita que oculta coquetamente su edad y sus exultaciones de muchacha apenas núbil; y siempre, siempre, siempre, era una criatura de una generosidad desbordante, codiciosa de exprimir las delicias del arte y la vida y de regalarlas jubilosamente al primero que se tropezara en su camino. Así era Fina de Calderón, la mujer más espléndida, sensible, simpática y ávida de belleza que jamás me haya tropezado; y también la más dotada y derrochona de talentos. Se nos ha muerto como un pajarillo, nonagenaria y recién nacida (…). Fina ya habrá organizado su salón literario en el cielo.”

Fina de Calderón encarnaba el espíritu de la tolerancia y la concordia de la Transición avant la letre. Lo suyo era la música y la poesía, que son lo mismo, y no paraba mientes en derechas o izquierdas, dando por sentado que eso era arcaico y propio de tiempos pasados cainitas. Lo suyo eran los personajes cruzados. En su infancia había conocido en su propia casa, a diversos escritores invitados por su padre, a Federico García Lorca, quien animó a la niña Fina, postrada en cama que se negaba a andar con muletas: 

-Las muletas son alas de palo para los ángeles y las niñas buenas. 

-Y tú ¿por qué no las llevas si te gustan tanto?

-Son escaleras traidoras, contestó el poeta.

-Y las gomas que están en la punta, ¿como para borrar los pasos?, preguntó la niña al poeta.

-Los pasos no se borran nunca, aunque así lo parezca, le respondió el poeta.

    A Fina le gustaba recordar estas palabras del escritor granadino. 

    Juan Ramón Jiménez, los hermanos Antonio y Manuel Machado, Miguel de Unamuno y Ramón del Valle Inclán, entre otros, también pasaron por la casa paterna, que ella vivió y heredó en alquiler y siguió viviendo en ella hasta su muerte.

    La escritora disfrutaba escribiendo y trabajando sobre asuntos literarios, por eso dedicaba igualmente sus fines de semanas a leer, escribir y preparar conferencias en su casa, casi siempre acompañada de distintos escritores de todo tipo y pelaje, con los que cambiaba impresiones, opiniones, risas y meriendas. No le gustaba estar sola. Su casa era un salón como el de Madame Recamier, puesto que ella también aparecía reclinada en su cama y a su lado había unos sillones bajos, casi descalzaderas, junto a una mesa igualmente baja para las visitas habituales de poetas y no poetas. A Fina de Calderón le gustaba recibir en su habitación y a todos nos parecía lo más natural del mundo. Su biblioteca junto al salón guardaba celosa un inconmensurable número de libros dedicados, uno de ellos, del académico José Alcalá Zamora me lo regaló porque lo tenía repetido con distintas dedicatorias. Un poemario erótico y políticamente incorrecto, muy comentado.

    El amor de su vida era su padre, al que citaba con frecuencia como una Electra herida. Quedó huérfana de madre muy pronto -una mujer venezolana de la que venía la gran fortuna de su familia- y el padre se volcó con ella para formarla intelectualmente y tratar de curar su coxalgia que le hacía cojear progresivamente de modo más doloroso y notorio. El otro gran amor de su vida era su nieto Antonio de Campos Calderón, marqués de Iznate, al que prácticamente crió y mimó hasta el final de su vida, diciendo que era el ser más cariñoso y adorable que pisaba el planeta. “Siempre está con una sonrisa en los labios y cuando le reñimos Polo o yo, por algún asunto doméstico, nos dedica una sonrisa tal que nos desarma. Afortunadamente es una gran persona”, me repetía. Antonio, hoy doctor en Medicina, fue mi ahijado en la Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo, a la que también pertenecía Fina. Un muchacho magnífico, como no podía ser menos, nacido del alma de Fina.

    El recuerdo de Fina del escritor francés André Malraux, intelectual y aventurero, era uno de los más gratos para ella. Sostuvieron una buena amistad que algunos imaginaron como una liaison y que ella dejaba en el aire. Del escritor, tradujo al español su célebre novela La condición humana (1933). También recordaba con agradecimiento y admiración a la escritora francesa Colette, que se fijó en sus poemas cuando solo era una niña de once años y los divulgó por foros literarios y artísticos.

    Las hermosas memorias de Fina de Calderón Los pasos que no regresan -tomado el título de las palabras de García Lorca- lo cuentan todo muy bien de sí misma y de sus circunstancias. Yo solo quiero dejar por escrito unas pinceladas de mi paso por su vida y su alma. Me contaba de sus viajes a Estoril a visitar a don Juan de Borbón y a doña María. Una vez les llevaron un cuadro con el retrato de Alfonso XIII y les interrogaron en la frontera de Portugal, ella contestó sin inmutarse que se trataba del retrato de un ancestro, para regalar a otro pariente. La respuesta funcionó.

    Tenía mucho cariño al rey Don Juan Carlos y todos años Fina le enviaba por Navidad una bonita corbata con una tarjeta en la que le decía con humor: “Majestad cuando le vea lucir esta corbata, me haré la ilusión de que lo tengo abrazado por el cuello”.

    Fina decía que su mejor amiga fue la reina Giovanna de Bulgaria, a la que conoció en el Hotel Miranda de San Lorenzo de El Escorial, donde ambas veraneaban con su familia. "Era muy italiana", decía Fina. La amistad fue tal que la poeta puso el nombre de Giovanna a su hija menor, que hoy dirige la asociación Mujeres para el Diálogo. Cuando Simeón de Bulgaria, hijo de la reina Giovanna, se casó por el rito ortodoxo con la madrileña Margarita Gómez-Acebo, Fina intervino ante el gobierno de Franco, ante la posibilidad de que los expulsaran de España. La reina Giovanna, tras el matrimonio de su hijo en Madrid, se retiró discretamente a Portugal y nunca perdió el contacto con Fina, su marido y tres hijos: José Rafael, Mariola y Giovanna.

    La poeta también me contó la anécdota de la perdida de un anillo que le había regalado su esposo Fernando de Calderón, y encomendó su encuentro al famoso fraile franciscano padre Pío -Pío de Pietrelcina (1887-1968)- que tenía fama de santidad en vida y padecía los estigmas de la Pasión. Estaba tan agradecida por el hallazgo de la joya, que decidió viajar a Italia con su marido para darle las gracias personalmente al padre Pío y pidieron una audiencia con él. Nada más encontrarse ante el célebre fraile, éste le preguntó:  l´hay trovato? ¿Lo encontraste?

    Otra anécdota que me hizo reír fue la de Polo en Marbella, en cierta ocasión que Fina quedó en con un personaje de la farándula marbellí durante un caluroso verano. Cuando este se presentó en la puerta, Polo lo retuvo allí hasta consultar previamente, porque no le parecía que iba vestido adecuadamente con una chilaba blanca transparente. 

-Señora, abajo hay un hombre, vestido con una sotana blanca que le transparenta los colgajos. Dice que ha quedado con usted.

Fina veraneaba en Marbella donde adquirió un apartamento, comprado después de vender un cuadro de Sorolla.

*****

    Al funeral de Fina de Calderón en la madrileña basílica de la Milagrosa, acudieron el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano y su esposa, la reina Margarita de Bulgaria, la Infanta Doña Pilar,  la Infanta Elena, Leandro de Borbón, Myriam de Ungría, Carla Royo Villanueva,  la condesa de Montarco... y no faltaron numerosísimos escritores, especialmente poetas y artistas del cine y el teatro como Victoria Vera o Raúl Sénder. Ella lo merecía, al igual que la calle que lleva su nombre en la zona de Valdebebas de Madrid.

    A los diez años de la muerte de Fina, en 2020, la asociación Mujeres para el Diálogo y la Educación organizó un homenaje a esta Dama de la Poesía, en la que prestaron sus voces para la laudatio: Luis Alberto de Cuenca, Juan Manuel de Prada, Jaime Siles, Jorge del Arco, Sol Durini, Luis Antonio de Villena, Pepe Elgarresta, Angelina Lamelas, Enrique Gracia Trinidad, Emilio Porta, Javier Lostalé, Manuel López Azorín, Antonio Hernández, Miguel Losada, Carlos Murciano, María Antonia Ortega, Jorge Urrutia o Fanny Rubio entre otros. La pandemia del covid-19 aplazó este homenaje desde abril a sine die, si bien Giovanna de Calderón confía en hacerlo en abril de 2021.

De Fina nos queda sus seis libros de poesía, y otros de teatro, prosa y canciones. De los primeros destacaría: La cicatriz de arena (1983) y Las raíces del alba (1988), Glorieta de la melancolía (1998) ... Y quienes la tratamos, guardamos con agrado su espíritu sonriente, grato y cordial.

    El sueño de Fina de Calderón era lograr para Madrid, lo que era decir para toda España, de una Casa de la Poesía, donde hubiera a diario el recital de un autor, donde se conocieran y reunieran los poetas, donde se presentaran y vendieran todos los libros de poemas del mundo… La soñaba como al Casa de la Poesía en París, incluso mucho mejor. “podría instalarse en un palacete o algo así en la calle Alfonso XII”, decía, al tiempo que soñaba con un mecenas privado a falta de iniciativa oficial al respecto. De este asunto le habló más de una vez a la Reina Sofía, con la que sostenía un buen trato y con otras autoridades, pero ya se sabe que la poesía se vende mal.

Ahora cuando a mí me duele la rodilla, me acuerdo de Fina de Calderón y sus insoportables dolores de pierna que exigían infiltraciones de vez en cuando, al tiempo que compruebo como escribiendo o leyendo se mitiga u olvida ese dolor, porque la literatura sirve también para esto, además de para mostrarnos la realidad de la vida humana con formato estético.


URGENCIA

Es tiempo ya, Señor, que hable contigo,
que no rebaje nuestro encuentro a solas,
que amen tu arena mis rebeldes olas
y vea en Ti no al juez sin o al amigo

Es tiempo ya, Señor, que pruebe el trigo
que alegre nace y crece entre amapolas,
y que te abra mi alma sus corolas
y al frío del invierno des tu abrigo.

Es tiempo de olvidar vanos amores,
las sensuales, venenosas flores
que nos dejan amargas dependencias

Tiempo es de huir quimeras caprichosas
-girándulas, bengalas engañosas-
y no temer la luz de tu presencia.

Fina de Calderón


Fina de Calderón junto a la ministra de Cultura Pilar del Castillo y el Secretario Genral de Cultura, Luis Alberto de Cuenca


Fina de Calderón con Emiliano Page


URGENCIA

Es tiempo ya, Señor, que hable contigo,
que no rebaje nuestro encuentro a solas,
que amen tu arena mis rebeledes olas
y vea en Ti no al juez sin oal amigo

Es tiempo ya, Señor, que pruebe el trigo
que alegre nace y crece entre amapolas,
y que te abra mi alma sus corolas
y al frío del invierno des tu abrigo.

Es tiempo de olvidar vanos amores,
las sensuales, venenosas flores
que nos dejan amargas dependencias

Tiempo es de huir quimeras caprichosas
-girándulas, bengalas engañosas-
y no temer la luz de tu presencia.

Fina de Calderón




domingo, 7 de marzo de 2010

Carlos Marzal publica el poemario “Ánima Mía”



Ánima Mía”
Carlos Marzal
Tusquets Editores (14 Euros)
Barcelona (144 pags)




Julia Sáez-Angulo

Es uno de los poetas españoles actuales más reconocido por premios como el Nacional de Literatura, el de la Crítica Literaria o la Fundación Loëwe. Carlos Marzal (Valencia, 1961) es filólogo y hombre de letras como lo muestran sus libros que recorren la poesía, el ensayo y la novela.

La recientemente desaparecida Fina de Calderón, dedicó su último homenaje en su cigarral de El Santo Ángel de Toledo a Carlos Marzal, en medio de un gran recital poético en el que intervinieron autores como Jesús Riosalido, Pilar Aroca, Javier Lostalé, Carmina Casala, Emilio López Parra o Julia Sáez-Angulo.

El último poemario de Marzal titulado “Ánima Mía”, que se abre con una cita del filósofo español Santayana, aparece cinco años después de su libro anterior, “Fuera de mí”. Se estructura en cinco partes tituladas: Lintena mágica; Fluir; Planeta tuyo; Disciplina, y Lo de adentro del cantao.

“Mañanas de colgar/ las hacendosas/ mañanas de uno mismo,/ con la obra siempre en marcha, laborando/ en ordenar el mundo/ y no se ordena.”, dicen algunos de sus versos.

"Poesía a contratiempo"

Son varios los poemas del libro que van dedicado a distintos nombres, entre ellos varios escritores: Sergio Barrera,, Jaime Cussac, Manuel Vilas, María Ángeles Naval, Gema García, Cesar Simón “In memoriam”...

Marzal ha publicado su reflexión poética en “Poesía a contratiempo” (202) y sus escritos de arte en “El cuaderno del polizón” (2007).

“La sed que me sació es esta sed/ de estarme siempre sediento,/ y sin buscar qué beber”, dice en el poema “Cosa que la mar no tiene”.

"La poesía proporciona refugio para lo inexplicable del mundo", ha declarado Marzal.

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miércoles, 13 de enero de 2010

Fina de Calderón, gran poeta, ha fallecido a los 90 años en Madrid


Fina de Calderón, escritora


Julia Sáez-Angulo

    13.01.10.- Madrid.- La poetisa Fina de Calderón, creadora de “Los miércoles de la Poesía” en Madrid, ha fallecido en Madrid a los 90 años. Su legado poético y musical es muy notable y su trabajo y entusiasmo en pro de los poetas y la poesía digno de todo encomio. Condecorada con los máximos galardones del Estado para la cultura, no ha visto realizado su sueño de ver una “Casa de la Poesía”, donde se llevarían a cabo de manera habitual recitales, presentaciones de libros y otras actividades siempre relacionados con la poesía.

En su antiguo cigarral de Toledo “Santo Ángel Custodio” –donde escribiera Tirso de Molina “Los cigarrales de Toledo”- ha llevado a cabo durante años hasta que lo vendió en subasta, encuentros anuales de poetas y diplomáticos, que reconocían la meritoria tarea de esta mujer literata en pro de la poesía. El Ayuntamiento de la capital imperial la nombró hija adoptiva. Su obra póstuma, a punto de aparecer se titula precisamente “Toledario”, según informó su nieto Antonio Campos Calderón.

Creadora polifacética, Fina de Calderón (nacida Josefina de Attard y Tello) era poeta, dramaturga, compositora musical y, además, animadora de la vida poética a través de sus “Miércoles de la Poesía”, recital mensual en el Centro de la Villa, desde  hacía más de veinte años. Por allí pasaron los vates más relevantes como José Hierro, Claudio Rodríguez, Jaime Siles, Luis Alberto de Cuenca, José María Muñoz Quirós, Guillermo Carnero, Joaquín Benito de Lucas, Antonio Colinas, Santiago Castelo y otros.

Pluriels” es uno de sus poemarios, bilingüe en francés y español, que recoge uno de los último trabajos de la poeta finada. Está dividido en nueve partes con los epígrafes: Amores; Ausencias; Toledo; Geografías; Inteligencias; Escrituras; Artistas y poetas; Villancico y Álbum. Este último presenta una serie de fotografías en las que aparece la niña Fina junto a Federico García Lorca; con el Rey de España; la reina; doña Mercedes de Borbón; Mingote; Doña Irene de Grecia, José Bergamín; Dámaso Alonso y otros muchos poetas.

Dispuso su epitafio: "Amó y defendió la poesía”.

Fina de Calderón nació en Madrid, antes de la guerra civil de 1936 y se educó en Francia, donde hizo el bachillerato al tiempo que se reponía de una coxalgia en una de sus piernas en Berk Plage. “Mi lengua del bachillerato es el francés, aunque me siento poeta española”, decía la escritora que cuenta con los más altos galardones de la cultura en España y Francia, entre ellos la gran Cruz de Alfonso X el Sabio del Ministerio de Cultura.

La autora escribió sus memorias bajo el título de “Los pasos que no regresan” (editorial Huerga y Fierro), en ellas se pone de manifiesto el hecho de que esta mujer se ha desenvuelto por igual entre la bohemia de los escritores y el Gotha de la nobleza. Su gran amiga fue la reina Giovanna de Bulgaria, nacida Saboya, y a su hija menor le puso ese nonmbre.

Fina de Calderón intercedió ante el Nuncio de la Santa Sede en España, para evitar que en tiempos de Franco se expulsara al rey Simeón de Bulgaria, al casarse con Margarita Gómez-Acebo por la iglesia ortodoxa. La poeta guarda inmejorables relaciones con el rey Simeón y todos sus hijos.

Compositora de música para ballets, algunos de ellos figuran en la Compañía Nacional de Danza y fueron estrenados en el Bolshoi de Moscú. Varias de sus composiciones de música ligera ganaron los festivales de la canción de Benidorm en los años 60. Pero su vocación más íntima es la poesía, según propia declaración y así desea que figure en su epitafio: “Amó y defendió la poesía”.

Su funeral se celebrará el lunes, 18 de enero, a las 20 horas en la basílica de la Milagrosa en Madrid.