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miércoles, 9 de octubre de 2019

Santiago Calatrava expone “Esculturas, cerámicas y dibujos” en la galería Marlborough de Madrid, comisariada por Kosme Barañano





 Escultura de Santiago Calatrava


L.M.A.

            9/10/19 .- Madrid .- La exposición muestra una faceta distinta, y quizá más libre, de uno de los grandes nombres internacionales de la arquitectura a través de 18 esculturas realizadas en diversos materiales como bronce, mármol, acero inoxidable o ébano, alrededor de más de una docena de piezas de cerámica (terracotas y mayólicas) y un conjunto de acuarelas.

            La primera exposición exclusivamente dedicada a la escultura de Santiago Calatrava se celebró en el IVAM en el año 2001. Desde entonces se han sucedido otras en instituciones internacionales como la celebrada en 2005 el Metropolitan Museum de Nueva York que le abrió sus puertas en el Wallace Wing mostrando 24 esculturas en mármol y bronce, dibujos y 12 maquetas de arquitectura. En el 2012 la sala Nikoláyevski del museo del Hermitage de San Petersburgo albergó la exposición titulada La búsqueda del movimiento, y en el 2013 la exposición The Metamorphosis of Space se celebró en el Museo del Vaticano en Roma.

            La inspiración en la naturaleza, las formas orgánicas y el diálogo con el arte actual de sus obras arquitectónicas repartidas por todo el mundo, están presentes en la escultura de Calatrava de una manera perfectamente reconocible. En palabras de Kosme de Barañano, comisario de la exposición y autor del texto que acompaña al catálogo:
            “La arquitectura y la escultura en Calatrava son dos actividades que corporeizan dos acercamientos a la realidad creativa diferentes. Hay elementos en su arquitectura que juegan un gran papel escultórico, de ordenación y confrontación espacial. Por ejemplo en la forma general del aeropuerto de Bilbao y de su torre de control. Su estructura formal y edilicia, rozando la imagen fácil de la paloma abierta o del buitre cerrado en la torre de control, resulta inolvidable y se fija a la retina del pasajero como memoria construida firmemente. O en el intercambiador de transporte en la Zona Cero de Nueva York (el Path Terminal y el Transportation Hub del World Trade Center), con un proyecto realmente catedralicio y acogedor”.

            Pero el paso previo a toda construcción escultórica o arquitectónica son los dibujos, que en esta exposición juegan un papel esencial y se articulan alrededor de dos temáticas: los toros y los árboles. En los primeros el protagonista es el movimiento, el dinamismo de los animales hacia una dirección. El artista usa los cuernos como focos de luz blanca sobre una imprimación gris o negra. En el caso de los árboles, este movimiento es vertical, de ramificaciones y fractales que recuerdan a las sinapsis neuronales, la estructura biológica que subyace bajo todo pensamiento y toda creación.

            La cerámica, como medio de expresión, ha sido importante en la vida de Calatrava desde su formación más temprana en los veranos pasados en Manises.            En su obra estos referentes se mezclan con las tradiciones griega y celtíbera. De nuevo el movimiento está presente, como explica Kosme de Barañano:
            “En su personal cerámica Calatrava dibuja con el pincel y con la incisión en la tierra húmeda, con el esgrafiado, y juega con los esmaltes. Pero sobre todo juega con el dinamismo de la representación. No son tanto las figuras (la representación, la iconografía) las que ornamentan y dinamizan los vasos sino el sentido del movimiento, la tensión entre las formas y su entrelazarse (la realización de esa iconografía atemporal), lo que les da fuerza, lo que atrae y cautiva a nuestra mirada”.

            Sus esculturas realizadas en mármol, ébano o acero inoxidable, funcionan como muchas de sus arquitecturas, usando como referentes dinámicos el movimiento de las manos, el de las alas de las aves o el de las hojas, el ritmo constante de la naturaleza. En palabras del propio Santiago Calatrava: “mi parte de escultor me hace buscar en las formas, estar atento a los tamaños con los que trabajo constantemente. Me obsesiona que en esta búsqueda surja algo personal, minimamente coherente. Me preocupan de manera especial los cambios de forma, el lenguaje, la transformación. Los materiales son muy usuales como el acero o el hormigón. Pero además de esta indagación es necesario realizar una gran actividad todos los días de taller a través de dibujos, bocetos u otros estudios”.

            Entre sus últimas exposiciones cabe destacar: Santiago Calatrava: Arte y Arquitectura, Prague City Gallery, Praga, República Checa (2018); Santiago Calatrava: Obras recientes, Marlborough Gallery, Nueva York (2017); Santiago Calatrava: Explorando el arte de la construcción, Georgia Institute of Technology, Atlanta, Estados Unidos (2016); Santiago Calatrava, Art Dubai, Dubai (2016); Esculturas, Cerámicas y Pinturas, Marlborough Gallery, Nueva York (2014); Santiago Calatrava. Las metamorfosis del espacio, Braccio di Carlo Magno, exposición organizada por los Museos Vaticanos y el Consejo Pontificio de Cultura, Ciudad del Vaticano, Roma.



martes, 9 de enero de 2018

La galería Marlborough presenta la exposición Watashi no kankyô (Dentro y fuera), de Tadanori Yamaguchi


 Tanadori Yamaguchi



L.M.A.

La galería Marlborough presenta la exposición Watashi no kankyô (Dentro y fuera), de Tadanori Yamaguchi. La exposición Watashi no kankyô (Dentro y fuera) reúne unas 23 obras entre esculturas de mármol o granito y dibujos.

La muestra, además, forma parte de los actos culturales que conmemoran el 150 aniversario de las relaciones diplomáticas entre España y Japón. Tadanori Yamaguchi (Nagoya, Japón, 1970) vive y trabaja en Pravia (Asturias), rodeado de manzanos, robles, ríos, su realidad está íntimamente conectada con la tradición de observación de la naturaleza del arte japonés. En Watashi no kankyô, el escultor explora sus lugares, entendidos como su contexto interior y exterior.

En sus esculturas, traslada a la forma esférica mapas de ríos de su hogar, del lugar en el que nació su hijo, el gráfico formado por su ritmo cardiaco o la frecuencia de su voz. Cada parte de lo que le rodea es importante: una libélula muere en su taller, las hormigas la devoran dejando solo sus alas, y el artista traslada el dibujo de esos restos efímeros al mármol duradero. La esfera es una forma sin límites ni aristas, en constante movimiento.

         Watashi no kankyô actúa como una especie de autorretrato expandido, como dice Pilar Cabañas Moreno en el texto que introduce el catálogo: Kankyō es un término japonés que podría traducirse como “entorno”. Sin embargo, al intentar traducirlo al castellano pierde cantidad de matices. La palabra japonesa está compuesta por dos ideogramas El primero aporta el significado de círculo, anillo, mientras que el segundo nos habla de un territorio, de una frontera, pero implica también, de un modo menos tangible, un estado mental, un algo que nos rodea, perceptible a través de nuestros sentidos o nuestra razón. Por tanto, la riqueza de su significado es mayor, y engloba lo ajeno a nosotros, lo externo, pero incluyendo también lo que sentimos y percibimos, lo que late dentro de nosotros.

         Watashi no kankyô, son las palabras que mejor expresan la reflexión que Yamaguchi nos propone a través de esta exposición, a partir de la configuración de lo que podríamos llamar un autorretrato expandido. Un autorretrato que cobra forma por adición, tras la suma de realidades de las diferentes esferas, células de nuestro entorno y nuestro propio yo. Licenciado en la Universidad de Arte Creativo, en Kioto (Japón), su primera exposición colectiva en Japón tiene lugar en 1996, en el Museo Municipal de Kioto. Un año después, tras varias intervenciones en espacios públicos y colaboraciones con arquitectos, se produce el momento clave en su carrera, y que le guiará a España.

         Es en 1997 cuando llega a España a investigar en el campo de la escultura; y comienza a realizar proyectos de intervención en el medio natural, como el Proyecto Candás. Desde sus orígenes trabaja con lo que el artista denomina hatsuru, dotando de un proceso casi ritual a la ejecución de la pieza; siempre es un proceso lento que requiere gran destreza y que tiene casi más importancia que el resultado final.

         A partir de entonces su producción artística se ve reforzada por varias exposiciones site-specific, que le valen la consecución de galardones en arquitectura, diseño y arte público. Asimismo, va introduciendo nuevos materiales, y muestra una vez más su afán investigador tanto en la ejecución de las piezas como en temática y dimensiones. El granito negro indio, el mármol de Carrara y, últimamente, la piedra de Calatorao, formada hace cien millones de años, son materiales que utiliza con asiduidad. Tadanori, cuando ejecuta las piezas, “realiza una reflexión en torno a la materia, en torno a la energía asociada a la misma y, en definitiva, en torno a la existencia”. Su obra se encuentra en diversos museos y fundaciones entre los que destacan el Museo de Bellas Artes de Asturias, la Fundación Antonino y Cinia, Cerezales del Condado, León, el Parque Científico-Tecnológico de Gijón, la Universidad Laboral, UNED, Gijón, el Templo Minume, Kobe (Japón) o el Parque Municipal de Kasama ( Japón.) Entre sus exposiciones individuales cabe destacar la realizada en el Museo de Bellas Artes de Asturias (Oviedo), en 2014; en 2013, la realizada en el Castillo de Valdés, en Salas (Asturias), y la del XLIII Certamen Nacional de Arte de Luarca, en el 2012 en la Galería Cornión en Gijón, realizada un año antes, en 2012; en el año 2009 expone en La Galería, Barcelona; en el 2008 en la Galería Guillermina Caicoya (Asturias); en el 2008 en la Galería Ármaga (León) y en Espacio Líquido, Gijón; en el 2007 lo hace en el Museo Juan Barjola, Gijón; en el 2004 en la Galería Amaga, Avilés (Asturias). Entre las becas y premios recibidos cabe destacar el Primer Premio en el IX Certamen Nacional de Pintura Casimiro Baragaña, del año 2013; en el 2012 fue premiado en el XLIII Certamen Nacional de Arte de Luarca. En 2007 recibió el Primer Premio de la V Beca del Museo Barjola. Un año antes, en el 2006, fue becado por el diario El Comercio, del programa Becas AlNorte de Asturias. En el 2004 recibió el Primer Premio en el Concurso de proyectos de intervención artística “Madrid Abierto 2005”, y en el 2003 fue premiado en el concurso de ideas para la Autovía minera del Principado de Asturias; asimismo en el 2000 fue premiado en el concurso ADVAN de imaginación arquitectónica de Tokio.


GALERÍA MARLBOROUGH Orfila, 5 28010 Madrid t. (+34) 91.319.1414 / f. (+34) 91.308.43.45 www.galeriamarlborough.com




domingo, 13 de noviembre de 2016

Juan Navarro Baldeweg expone "Dos por dos" en la galería Marlborough





L.M.A.

            La Galería Marlborough se complace en presentar una nueva exposición con obra pictórica reciente de Juan Navarro Baldeweg (Santander, 1939).

            “Dos por dos” reúne más de una veintena de pinturas en formato cuadrado (la mayoría de 200 x 200 cm; también en 150 x 150 cm) y un par de piezas en formato mayor de 200 x 250 cm.

            Como explica el propio artista en el texto introductorio del catálogo: “esta exposición presenta unas pinturas en un mismo formato cuadrado, dos por dos metros, y con similares procesos empleados en su realización.

            Sobre una sencilla base común, sin embargo, la apariencia de cada una de ellas difiere y eso es algo que he perseguido con deliberación. El interés por la creación de una serie de obras heterogéneas, dentro, sin embargo, de una horma constitutiva compartida, me ha hecho volver a un programa productivo parecido al que desarrollé hace ya muchos años. Me refiero, por ejemplo, a la serie de cuatro cuadros realizados a principios de los años sesenta que evidencian el propósito de ser dispares y, a la vez, de complementarse como conjunto. Esos cuadros, como los que ahora presento en la galería Marlborough de Madrid, tienen una estructura laminar o de estratos que acusan los pasos diversos y sucesivos de su ejecución”.

        Desde los cuadros abstractos de la década de los sesenta, a las series temáticas de los ochenta, o sus inconfundibles dragones chinos o los paisajes que realiza en los últimos años, la pintura de Navarro Baldeweg refleja esa constancia investigadora con referencias claras a la historia del arte y, sobre todo, a la cultura, entendida como una fuente de inspiración.



Como el propio Navarro Baldeweg explica: “las obras de esta exposición están conformadas por una combinación de procesos azarosos y deliberados. Lo azaroso, lo incontrolado, tiene un valor figurativo extremo: pocas cosas tan ostentosamente concretas, únicas, como las manchas provocadas por los vuelcos directos de la pintura sobre el lienzo. Junto a lo azaroso está lo deliberado de unos esquemas abstractos que se repiten en la serie y que, en general, fijan un margen más estrecho de libertad en su posible combinatoria. Cada capa de pintura tiene una génesis formal propia y esas capas se presentan superpuestas en puridad, sin mezclarse.

La imagen final es, sobre todo, acumulativa: un nivel cubre a otro anterior y, como si se tratara de una formación geológica, se visualiza una variedad de estratos y también el orden temporal en el que se realizaron los depósitos. Lo que se exhibe son las huellas de unas acciones en el interior del cuadro y también en torno a él. Son apreciables los sedimentos y el ritual de su realización: un antes y un después. Sucede algo similar a las formaciones pétreas, en las que se acusan vetas y señales indicativas de procesos de compactación o solidificación.

            En todo esto se han originado flujos y resistencias, movimientos ligeros u otros insistentes que dan pie a percepciones singulares o combinadas: una dinámica de acciones y flujos que llegan a sentirse como un baile de vitalidad abstracta y que pueden estimular, por ejemplo, efectos sinestésicos que traducen lo visual en una secuencia de impactos y éstos en sonidos virtuales de fluidos en variable animación y consistencia: borboteos, discurrir caudaloso, goteos, percusión reiterada como un doblar de campana o con la viveza de un cascabel y roces como susurros o chirridos”.

            Y continúa: “En las obras que ahora se exponen, los vertidos de pintura suponen también una actividad externa indicativa de las posiciones del cuadro en el espacio del estudio durante el proceso de su realización. Al contar las imágenes obtenidas con los efectos de la gravedad, se puede deducir lo que fue arrojado desde lo alto, como lluvia de pintura sobre el lienzo en el suelo, o también los sucesivos volteos del cuadro que, al alterar lo que es arriba y abajo, quedan registrados en las huellas de los caminos de los hilos y cintas de la pintura al deslizarse por el lienzo así como el orden de las superposiciones.

            Esto supone unas manipulaciones del objeto-cuadro y un correlativo programa de situaciones del pintor en su trabajo ante el lienzo. Una geometría virtual circunda el cuadro.

GALERÍA MARLBOROUGH Orfila, 5 28010 Madrid t. (+34) 91.319.1414 / f. (+34) 91.308.43.45 www.galeriamarlborough.com


miércoles, 18 de noviembre de 2015

“Manuel Franquelo. Cosas en una habitación: una etnografía de lo insignificante” en la galería Marlborough





Del 26 de noviembre-9 de enero


L.M.A.


“Nuevas obras de Manuel Franquelo difuminan la distinción entre realidad y representación, en ambos sentidos, intelectuales y viscerales. Las obras de esta exposición son naturalezas muertas. Son de tamaño natural, imágenes estáticas y planas que percibimos como de tres dimensiones.

 Engañar a los sentidos y forzar una re-evaluación fundamental con el espacio que habitamos. La relación entre lo representado y lo real  es el resultado del riguroso proceso fotográfico único y altamente refinado,  propia creación de Franquelo. 

El artista diseñó, construyó y programó un escáner láser 3D con el fin de capturar las múltiples superficies en relieve de una imagen fotográfica. Sus obras nos permiten acercarnos a su particular mundo del pensamiento,  de la experiencia y  de la expresión estética a través de la tecnología”. 

Cosas en una habitación: una etnografía de lo insignificante”  refleja el análisis de lo cotidiano,  a través de una minuciosa observación y selección de objetos. Realiza una “etnografía de lo insignificante”, lo insignificante al quedar reflejado, plasmado, elegido en su obra se transforma en parte de la historia personal del artista. 

Comienza un proceso de analítica poética, se produce el cambio de lo insignificante que pasa a ser trascendente. El trasfondo filosófico y poético de una obra rigurosamente ejecutada deja atrapado al espectador que se sitúa ante una imagen más real que la propia realidad.

Galería Marlborough
Orfila, 5
28010 Madrid

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Luis Gordillo expone en la galería Marlborough de Madrid




L.M.A.

Luis Gordillo, unos de los artistas más significativos del panorama nacional, con una dilatada trayectoria pictórica y de investigación en el medio pictórico-visual, presenta su sexta exposición con la Galería Marlborough. 

Indiscutiblemente uno de los grandes artistas del s. XX-XXI nos ofrece en TANCERCATANLEJOS una veintena de piezas que nos permiten acercarnos a su particular mundo del pensamiento, de la experiencia y de la expresión estética. 

La trayectoria de Luis Gordillo, siempre marcada por la experimentación continua así como por el cambio de registros en su producción, ha sido enmarcada dentro de la abstracción; una definición que encorseta un trabajo que va más allá en un afán de descubrimiento de nuevos horizontes plásticos. 

En esta nueva exposición TANCERCATANLEJOS otra vuelta de tuerca sobre la ironía, el humor y la inquietud, al tiempo que a estados del alma. Mantiene su investigación en nuevos procedimientos y técnicas, trabajando con métodos digitales a la vanguardia pero también continúa con la pintura como soporte siempre presente en sus composiciones. Muestra de la importancia de su trabajo son los premios recibidos a lo largo de todos los años de su trayectoria profesional. 

Entre estos múltiples premios caben destacar el Premio Velázquez a las Artes Plásticas (2007),su nombramiento como Hijo Predilecto de Andalucía ( 2012 ), Premio Nacional de Arte Gráfico ( 2012 ), Premio Villa de Madrid “Lucio Muñoz” de Arte Gráfico ( 2011 ),su nombramiento como Doctor Honoris Causa por la Facultad de Bellas Artes de Cuenca (2008), la Medalla de Oro de las Bellas Artes de Madrid (2004), el Premio Aragón-Goya de Pintura (2003), el Premi Ciutat de Barcelona d’Arts Plastiques (2000),el Premio Tomás Francisco Prieto de la Casa de la Moneda (1999), la Medalla del Honor al Mérito en las Bellas Artes (1996), El Premio CEOE a las Artes Plásticas (1992), El Premio Andalucía de las Artes Plásticas (1991), y el Premio Nacional de Artes Plásticas (1981). 

Sus obras se encuentran en importantes colecciones públicas: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid, España), Museo de Bellas Artes de Bilbao, IVAM (Valencia, España), Fundación La Caixa (Barcelona, España), Patio Herreriano (Valladolid, España), MACBA (Barcelona, España), ARTIUM (Vitoria, España), Fundación Juan March (Madrid, España), CAAC (Sevilla, España), Caja Madrid (Madrid, España), Fundación Aena, Museum Folkwang (Essen, Alemania), entre otras. IMAGEN: Mirada araña, 2015, acrílico sobre lienzo, 180 x 124 cm NEW YORK | LONDON | MADRID | BARCELONA Ante, con, desde, en, entre, según, sobre, tras Gordillo Ángel Antonio Rodríguez. 

Ante la pintura (la buena pintura) hallamos imágenes que hablan del interior de uno mismo, más allá de apariencias efímeras, para reivindicar otros universos posibles; imágenes que relatan un tiempo detenido, en la estela de la tradición propia o ajena, en la obsesión del rincón íntimo, en la batalla cotidiana de la experiencia, como crónicas directas de una época o reflejos indirectos de un mañana; imágenes que traducen guiños cómplices y cuentan historias o, simplemente, sitúan nuestras miradas en un punto medio entre el artista y el mundo, tan cerca, tan lejos, comprometidas con la esencia de las cosas. Con esas perspectivas hallamos expresiones capaces de hacer bailar las sombras que reproducen el lujo de estar vivos y desechan la idea de una memoria banal. 

En el caso de Luis Gordillo, la imagen es pura porque es obra y la obra es pura porque es imagen. Siempre ha sido así, al margen de cada instante, cada serie, cada etapa o cada exposición, porque su maestría fluye con coherencia extrema fruto de esa trampa temporal que supone el acto de pintar, «una manera de controlar el tiempo y de gastarlo, de gastarlo con humor preestablecido y maníaco», como afirmó hace ya varios años este pintor poco amigo de los encasillamientos y las estructuras cronológicas, que concibe cada muestra como un espacio habitable, terreno de acciones-reacciones válidas para generar prácticas donde lo histórico rejuvenece en contacto con lo reciente, yuxtaponiendo opuestos. 

Hoy, en el hermoso estudio madrileño de Gordillo se acumulan piezas paridas en largas sesiones de trabajo que patentan esa porosidad de mutuas influencias, cambios de registro y rituales donde la hibridación alterna realidad, abstracción, simbolismo o narratividad sin engorros, dogmas ni amaneramientos. Desde los años cincuenta cada proyecto de Gordillo late como una emoción mutua artista-público, que ha inspirado también esta exposición 2015 de Marlborough Madrid. Una vez más, la ética antecede a la estética porque su mar de  fondo se nutre del espíritu de la preposición, ese nexo invariable capaz de introducir adjuntos, complementos, sintagmas, nombres o verbos, uniendo significados y significantes para denotar curiosas relaciones. Gordillo ha vivido ocho décadas, ha inventado muchas preposiciones, consciente de que los elementos sismográficos («la transmisión fidelísima al papel o al lienzo de movimientos del alma») y la racionalización («el tiempo es una imagen móvil de la eternidad») son claves para el nuevo envite, que aborda con la ilusión de un niño, manejando múltiples parámetros, viajando del pasado hacia el futuro sin detenerse en ninguna estación y configurando esa enorme amalgama de recursos plásticos. Preposiciones gordillistas; construcciones elaboradas entre la realidad y la ficción; situaciones inusuales, tensiones, dramas, evocaciones ambiguas, escenografías que trascienden la geografía del autor mediante un sinfín de alegorías, juegos visuales y secretos que invitan a la contemplación pausada. En estas búsquedas recientes el pintor ha venido jugando (y conjugando) la imagen y el color para reclamar la física de la pintura, el conflicto personal y la autonomía de cada idea. Son obras repletas de tensiones y motivos recurrentes para distribuir esa enérgica dialéctica entre lo positivo y lo negativo. Un resumen, «un todo en evolución que muta permanentemente», como apuntó en otro catálogo David Pagel, núcleo de secuencias que reconstruyen la nostalgia convirtiéndola en un conjunto de temporalidades y experiencias cruzadas. Entre esos elementos subyacen también las teorías psicoanalíticas, ese «espacio de emergencia del sujeto reflejado» que advirtió Fernando Castro concluyendo que la trayectoria de Gordillo se podría articular «como una búsqueda siempre abierta de claves, dispositivos o registros que nos permiten saltar a ese otro lado que habitualmente no vemos». De ahí la importancia de ciertas piezas paradigmáticas, como las de esta sugerente exposición madrileña. 

La dualidad, la sensación de caos, las redes celulares, los laberintos, las plantillas, el control de estructuras, las acotaciones, los sistemas que se devoran unos a otros; líneas que se desestabilizan y vuelven a armonizarse en una galaxia infinita de experiencias vitales y sensoriales. Según Gordillo hay dos métodos básicos en su trabajo, como ha explicado en varias ocasiones. El modo vertical, donde el pintor se enfrenta al ritmo cotidiano intuitivamente, derrochando gestos, sin bocetos previos, como ocurre aquí en ese gran políptico central que preside la exposición (“Aclimatación de plantas nocivas”), al fondo de la sala, configurando el discurso múltiple del conjunto. Y el modo horizontal, donde unas obras se retroalimentan del contacto con otras en un continuo casi eterno, como ocurre en sus conocidas composiciones con base de impresión digital, como la serie “Contraespejos”, o en las series fotográficas “Hipergerminación” y “A corazón abierto”. Patrones enfrentados, irregularidades, rupturas de escalas, fragmentos mediáticos o permutaciones que a veces trascienden la bidimensionalidad aprovechando nuevos soportes, como las cajas de metacrilato de la edición “Sexteto digital”. Métodos automáticos de reproducción y transformación que el artista usa desde hace décadas para apartarse de las gamas tradicionales y huir de la «pulsionalidad extrema del espacio-color que a niveles subjetivos me eran difícilmente soportables».

Enigmáticos lienzos como el titulado “La isla Cabeza de Hombre”, que acaso ha borrado los ojos miopes de “No sabe-no contesta” o los que se incluyen en “La manzana de Eva”. Una y otra vez, la variación de formatos y técnicas origina miradas heterogéneas fieles a ese pensamiento existencialista, arando campos tan irónicos como dramáticos que originan novedosos estadios a partir de un lenguaje escéptico con respecto al discurso consciente e impiden la formulación voluntaria de estilos, estableciendo conexiones entre lo espontáneo y lo reflexivo, lo manifiesto o lo latente. 

Sobre gustos hay mucho escrito, por eso, en las exposiciones de Gordillo es difícil señalar preferencias. David Barro ha indicado la importancia de esa tendencia del artista a generar documentos fotografiando toda la vida de cada cuadro y empleando fotografías que permiten «deconstruir el resultado para derivar en una suerte de fractal capaz de revelar cada paso, cada pensamiento y avance». Inalienable, Gordillo ansía la fricción, el diálogo, el encuentro, engendrando itinerarios de lo visible o lo invisible, con una sobria red de significados imprevistos. En uno de los cuadros se pregunta “¿Es esto el futuro?”, quizás, porque si algo define lo contemporáneo es la perenne mutación, el mestizaje, la reorganización de fronteras, la sucesión de valores aparentemente antagónicos. Tras la pista de Gordillo todo son sorpresas. 

Ese «dinamismo incontestable» que apuntaba Juan Francisco Rueda en la reciente antológica organizada por el Artium nos permite entender dónde, cómo, cuándo y de qué manera el pintor aglutina la libertad, la concentración, la entropía, la seriación, la evolución de los motivos y otras dialécticas para conjugar verticalidad y horizontalidad. El pintor posee una tendencia innata para generar emblemas con carga emocional expresando la primacía relacional de la vida y desvinculándola del exterior para ofrecérsela a la psique del observador sensible. Y lo hace debatiéndose en algo tan complejo y seductor como la pintura, tan lógico y dinámico como la fotografía, tan grato y anárquico como esa nebulosa que nace entre ambas mientras suena en el taller la música colorista de Messiaen. Porque la integridad, como dijo Camus, no precisa de reglas.