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domingo, 13 de mayo de 2018

“Sobre Padres e hijos”, teatro en Guindalera basado en la novela de Turgéniev sobre el conflicto generacional, adaptada por Juan Pastor


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Julia Sáez-Angulo

            13/05/18 .- MADRID .- “Sobre Padres e hijos” se ha estrenado en el teatro Guindalera, obra basada en la novela de Turgéniev con el mismo título. Dirigida por Juan Pastor, la pieza teatral pone de relieve las diferencias y choques entre las distintas generaciones.

            El propio Juan Pastor es autor de esta pieza teatral, que sigue en cierto modo el paralelismo de la extensa novela rusa para traerla a nuestros días y encastrarla en la actualidad. Un buen trabajo y puesta en escena.

            Hay que dar de nuevo la bienvenida a la compañía Guindalera que reaparece dentro del festival SURGE de teatro, que tiene lugar del 10 de mayo al 3 de junio de 2018.

            Margarita Lascoiti, José Maya, María Pastor, Jorge Tejedor y Antonio Lafuente son los autores, bien caracterizados, que dan vida a la obra, con caracteres bien perfilados en cada uno de ellos.

            Son diversas las cuestiones, temas y valores que se ponen en pie y cuestionan en esta pieza teatral: desde la intolerancia de las nuevas generaciones ante la tradición y lo conseguido, al conformismo e inercia de la generación anterior; desde el maximalismo destructor y revolucionario de los jóvenes, al cronificado estilo de vida, que la obra muestra en la metáfora del duelo, algo obsoleto donde lo haya.

            Entre tanto están los temas universales y eternos del amor, del cariño mostrado y del respeto manifestado que requieren los mayores, los padres que suspiran por una caricia o un cumplido del hijo. El sentimiento amoroso en todas sus manifestaciones que clama por su necesidad, por su ansia, por sus derechos.

            Emocionante la escena de la coversación de los padres más humildes con el amigo del hijo, para sonsacarle y saber algo de aquel. El lenguaje, la ansiedad de los gestos y la palabra que urge ponen la situación en vivo.

            Dos generaciones, dos casas: de pobre y de rico, y una mujer clarividente, avanzada y realista que trata de poner las cosas en su sitio, al menos equidistante entre la prepotencia juvenil y comodidad de la generación mayor. Todo ello con libertad e independencia, pero con la necesidad perentoria de pactar en muchos casos, como el propio.

            El autor a través de Ana (María Pastor) narra de vez en cuando en voz alta, para situar o matizar los espacios y el tiempo. Aquí la dependencia de la novela rusa se hace patente.

            Los personajes aparecen desde el principio con sus claras propuestas: los jóvenes parten de una arrogancia y autosuficiencia que junto a su discurso, traen a la mente la actuación populista y neo-revolucionaria de la actualidad, postura que en la obra y la realidad se va apagando en su propia dinámica y contradicciones. Las palabras grandilocuentes son embebidas por el desarrollo de los hechos en una tradición conservadora que también cuenta, algo que lleva a un nuevo statu quo, que habrá de ser cuestionado por la generación siguiente.

            Oportuna esta obra, traída de manos de un maestro como Juan Pastor, que ha sabido parafrasear con acierto al ruso Turgéniev.


domingo, 26 de junio de 2016

“Fuga Mundi”, obra final ante el inminente cierre del Teatro Guindalera




 María Pastor y Anaïs Bleda


Julia Sáez-Angulo

            Fuga Mundi,  la autora Mar Gómez Glez, es la última obra dramática de en el Teatro Guindalera, que ha anunciado su cierre hasta que cambien las difíciles condiciones en que se han movido en los últimos tiempos. La última función del Teatro Guindalera como sala de programación será el próximo 17 de julio. Hasta ese día, Fuga mundi estará en cartel los jueves, viernes y sábados, a las 21h. y los domingos, a las 20h.

            Juan Pastor Millet, director, dice en la carta: El Teatro Guindalera nació como centro de creación teatral con la voluntad de ser un servicio público, un servicio público para la ciudad de Madrid, con un espacio físico para la creación y difusión de sus producciones. Durante estos trece años y en ese espacio concreto hemos intentado crear un estilo propio, con unas características específicas, que son el sello de nuestras producciones.

Como “verso suelto” que somos en la profesión, hemos buscado la independencia, la dignidad artística, técnica y laboral, así como el equilibrio entre lo que nos interesa a nosotros y a nuestra sociedad, entre la elección de textos sólidos y el deseo de renovación, además del entretenimiento y la búsqueda de temas que hablen de la condición humana y planteen nuevos interrogantes sobre el ser humano en el universo.

Nos interesa fundamentalmente el actor como centro de la experiencia teatral y sus procesos creativos, al tiempo que nos alejamos del “efecto teatral”, en la búsqueda de la esencia del arte escénico. Buscamos la magia del juego sin estridencias circenses ni trucos escondidos bajo la manga. En nuestros montajes damos prioridad a la cercanía con el espectador, que siente la proximidad de las emociones desnudas de nuestros actores.

La sala, situada en el número 20 de la calle Martínez Izquierdo, fundamentalmente ha sido ese espacio físico que ha propiciado que el proyecto se desarrollara adecuadamente; un lugar donde poder elaborar y mostrar nuestra propia producción teatral, enriquecida con la aportación de otros espectáculos cercanos a nuestra forma de concebir el arte escénico. De esta forma, el Teatro Guindalera se ha convertido con los años en un espacio de culto con un público fiel, en un referente por la calidad artística y por su modelo de gestión independiente (se paga un precio muy alto por la independencia), en algo que, como servicio público muy localizable, sin los presupuestos de los teatros “oficiales”, enriquece a la sociedad a la que pertenecemos.

Es también un lugar que, por sus características, propicia intimidad y cercanía –que se amplía con el licor de guindas que comparten espectadores y actores en al hall al final del espectáculo, como excusa para intercambiar comentarios sobre la obra, o en pequeños debates programados–.


Sin embargo, después de remontar muchas situaciones críticas -que nos llevaban durante varios años a un posible cierre-, nos vemos finalmente en la obligación, definitivamente, de cerrar la sala como centro de exhibición, por la única razón de una total imposibilidad económica para su mantenimiento.

El Teatro Guindalera se convierte así en un lugar donde únicamente se ensayarán nuestros espectáculos -que deberán exhibirse en otros teatros-, o se llevarán a cabo otros proyectos de investigación teatral. No podemos seguir manteniéndonos como sala de teatro con una programación estable. Es verdad que una posible solución para evitar el cierre sería la de renunciar al centro de creación para convertirnos en sala multiprogramación, programando incluso varios espectáculos diarios o exigiendo un porcentaje superior a las compañías. Pero, por razones que nos alejan de nuestros objetivos anteriormente expuestos o, simplemente, por dignidad profesional, nos negamos a ello. No buscamos la supervivencia a través de un servicio comercial.

Por tanto, después de muchos años buscando soluciones cada vez mas ingeniosas, llega el momento en el que en la balanza pesa más la desesperación del presente (el 21% del IVA es solo un matiz más) que la esperanza de un futuro mejor -en el que siempre habíamos creído-, especialmente porque llegamos a la conclusión de que nuestras administraciones no sólo son incapaces, sino que no tienen interés en proyectos como el nuestro.

Hay que añadir que las instituciones apenas ayudan a las salas de creación, pero se vuelcan con festivales que todo el mundo difunde y de los que se sienten muy orgullosos (FRINGE, TALENT, SURGE...), que no miran por la calidad de la programación ni por la profesionalidad o legalidad de las personas que participan.

¡Nadie premia ni destaca que los artistas estén contratados! La cuestión es ganar dinero o servir de imagen, y no crear un proyecto de calidad y un equipo de trabajo estable... Por otro lado, el teatro profesional tiene que ser cosa de profesionales con la estabilidad necesaria para su desarrollo profesional, y si no están al servicio de las
necesidades del mercado, mejor.

Debemos agradecer a todos los ángeles que han desfilado por Guindalera, que han sido multitud, espectadores, colaboradores, artistas y, porqué no, a algún demonio que quiso hacernos daño -aprovechándose de nuestra ingenuidad-, pero que nos abrió los ojos un poco más a la realidad. Nos vamos con la alegría y satisfacción de haber
sido fieles a nuestros postulados y con la tristeza de comprobar que el país no puede permitirse proyectos como el de GUINDALERA o, simplemente, no le interesan.

¡Ojo! Tenemos que cerrar la sala, ¡pero Guindalera seguirá dando que hablar en sus producciones! Seguimos con nuestro montaje de Tres hermanas de Chéjov que en octubre iniciará su gira, y en noviembre El año del pensamiento mágico estará programado en el Teatro de la Abadía.