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sábado, 26 de abril de 2025

El “Privilegio del blanco” de las Reinas Católicas en la Santa Sede

SS MM. Reyes Doña Sofía y Don Juan Carlos 



26.04-2025.- Madrid

El “Privilegio del blanco” (Privilegio di bianco en italiano) es un derecho muy antiguo y muy especial que concede el Papa a algunas reinas y princesas católicas (y muy pocas mujeres más) para vestir de blanco —en vez del tradicional negro— en presencia del Papa, especialmente en audiencias privadas o ceremonias solemnes en el Vaticano.

Normalmente, en la tradición vaticana, las mujeres deben vestir:

vestido o traje negro

mantilla negra en la cabeza

en señal de luto, respeto y humildad ante el Papa.

Pero algunas pocas mujeres privilegiadas pueden vestir de blanco como símbolo de:

pureza

monarquía católica

lealtad especial al Papa.

¿Quiénes tienen el privilegio del blanco?

Actualmente, lo tienen solo reinas y consortes de monarquías católicas tradicionales. Ejemplos:

Reina de España

Reina de Bélgica

Gran Duquesa de Luxemburgo

Princesa de Mónaco

Princesa de Nápoles (Casa Real de las Dos Sicilias)

(También en el pasado la emperatriz de Austria-Hungría lo tenía.)

Ojo: No todas las reinas tienen este privilegio. Por ejemplo, la reina de Inglaterra o de Dinamarca no lo tienen, porque sus países no son confesionalmente católicos.

¿Desde cuándo existe?

Orígenes medievales: No hay una fecha oficial de institución, pero el uso se documenta en la Edad Media, cuando los monarcas católicos defendían y protegían al papado.

Se formalizó más en los siglos XVII y XVIII, cuando se empezaron a regular estrictamente las etiquetas vaticanas.

Es un honor honorífico, no un derecho legal estricto, y se mantiene por cortesía y tradición.

Un dato curioso:

Cuando las reinas usan el privilegio del blanco en audiencias, suelen vestir de:

Vestido blanco largo

Mantilla blanca (a veces de encaje)

Peineta blanca (opcional)

Solo en ocasiones muy formales.

En visitas normales, pueden vestirse “de calle” respetando un estilo discreto.

  • Actualmente solo pueden disfrutar 8 mujeres en todo el mundo. La reina Letizia y Charléne de Mónaco están entre las mujeres que forman este selecto y reducido grupo.

viernes, 29 de marzo de 2013

"Álvaro del Portillo, Un hombre fiel”, libro de Javier Medina Bayo





Julia Sáez-Angulo

         Continuador en la prelatura del fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer, el sacerdote Álvaro del Portillo (Madrid, 1914 – Roma, 1994) fue un hombre clave en la vida del santo y la citada institución. Su fidelidad, su presencia eficaz y silenciosa, su trabajo en los asuntos del Concilio Vaticano II de la Santa Sede son dignos de destacar. Javier Medina Bayo escribe su biografía publicada por la editorial Rialp bajo el título de “Álvaro del Portillo. Un hombre fiel”. Es el adjetivo que mejor cuadra al personaje.

         Una buena serie fotográfica, en blanco y negro y color da cuenta de los hitos más importantes en la vida de don Álvaro, lo que permite una secuencia visual coherente de su desarrollo. La cronología, un índice de nombres y lugares, un apéndice documental y una bibliografía completan la visión del biografiado.

         Los capítulos del libros nos van llevando desde la vida de los padres del pequeño Álvaro: Ramón del Portillo y Pardo y Clementina Díez de Sollano, matrimonio que constituyó una familia cristiana y unida, donde habría de nacer y crecer Álvaro del Portillo.

         El personaje protagonista de la biografía acudió al colegio del Pilar y estudió después Ingeniería de Caminos. El encuentro con el joven sacerdote monseñor José María Esrivá de Balaguer y Albás, el Padre, que ejercía su ministerio en Madrid, iba a cambiar su vida, por una dedicación intensa a Dios, a los más desfavorecidos y a servir al Opus Deí, la Obra, desde los primeros tiempos.
         La guerra civil española 1936-39 le hizo pasar momentos duros en la capital de España y tuvo que refugiarse en la legación de Honduras, hasta que decidieron –el Padre y otros miembros del Opus Dei- pasar el frete de guerra para huir, a través de los Pirineos, a Andorra, donde sus vidas estaban seguras frente a la persecución implacable contra ellos.

         Terminada la guerra llegaría el viaje a Roma donde, vestido del uniforme de Ingeniería, Álvaro del Portillo habría de presentar al Papa Pio XII en 1943 la nueva realidad eclesial del Opus Dei. Después hizo estudios eclesiásticos y se preparó para el sacerdocio. A partir de entonces vivió para su ministerio, ejercido fundamentalmente en Roma junto al Padre hasta 1975 en que falleció el fundador en la sede central de la Obra. Álvaro del Portillo se doctoró en el Angelicum; sus servicios a la Curia Romana fueron notables.

Beato Don Alvaro del Portillo, retrato por María Pilar Venegas 

         Tres años antes de morir, en 1991, don Álvaro fue ordenado obispo por el papa Juan Pablo II con el que tuvo una gran amistad, de hecho el Pontífice quiso ir a orar ante el cuerpo presente de Don Álvaro en la sede central del Opus Dei en Roma en 1994.    
    
         La fama de santidad y los favores atribuidos a la intercesión de Don Álvaro, lo llevaron pronto al proceso de beatificación que se sigue actualmente en la Santa Sede.

         En suma, una biografía amena, bien documentada históricamente que recuerda el dicho del libro de los Proverbios: Vir fidelis multum laudabitur. El varón fiel será alabado.

         El autor de la biografía, Javier Medina bayo (Vizcaya, 1950), es doctor en Ciencias de la Educación y licenciado en Filosofía, por la Universidad de Navarra. Se trasladó a Roma en 1970 y se hizo sacerdote en 1975. Allí trató al fundador de la Obra y a monseñor Álvaro de Portillo hasta su fallecimiento en 1994.




        
                   

miércoles, 31 de octubre de 2012





500 años de “El Juicio Final” de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina

 Capilla Sixtina


L.M.A.

Este miércoles 31 de octubre Benedicto XVI preside el canto de las vísperas en la Capilla Sixtina, allí donde en otra celebración lo hizo hace medio siglo atrás el papa Julio II, al descubrir los frescos realizados por Miguel Angel Buonarrotti.vA las vísperas participan además del papa, cardenales, obispos y diversas autoridades. El oficio es cantado por el coro de la Capilla Pontificia Musical Sixtina y será transmitida en directa por el Centro Televisivo Vaticano, informa H. Sergio Mora en “Zenit”.

La capilla palatina del Palacio Apostólico fue reconstruida por iniciativa del papa Sixto IV, Fancesco della Rovere, de quien tomó el nombre a partir del proyecto presentado en 1473 y concluido en el 1481, siendo dedicada a María Asunta en los Cielos. Contiene una serie de frescos de famosos artistas del Renacimiento, como Pietro Perugino, Pinturicchio, Domenico Ghirlandaio, Luca Signorelli, Piero di Cosimo y Sandro Botticelli.

Entretanto los más famosos de los 1.100 metros cuadrados de frescos son los diversos que se encuentran en la bóveda y en particular sobre el altar “El del Juicio Final”, considerado una visualización de la teológica Divina Comedia, del poeta florentino Dante Alighieri. Otro papa della Rovere, Julio II, le comisionó a Miguel Ángel la obra realizada entre 1508 y 1512, a pesar de la resistencia del artista que era fundamentalmente escultor.

No faltaron polémicas por los desnudos pintados por Miguel Ángel, no sólo en esa época, sino a través de los siglos. Fue un discípulo suyo Daniele da Volterra, a quien le comisionaron pintar algunos paños que cubrieran los particulares más discutidos.

Entre las novedades que coinciden con este aniversario referente a la Capilla Sixtina, figura una visita virtual tipo 3D que se puede realizar entrando en la página web del Vaticano, con músicas polifónicas que allí canta el coro pontificio de dicha capilla y que merece ser visto.


Un trabajo que seguramente puede ser calificado como un modelo de comunicación de lo sacro, ayudándose con las nuevas tecnologías, tema que ha sido muy retomado en el reciente sínodo sobre la nueva evangelización.

La animación 3D fue realizada durante dos años por estudiantes y profesores de la Universidad Villanova de Estados Unidos a quienes se les concedió un permiso durante cinco noches para registrar las diversas obras de la Sixtina.

La Capilla está ubicada en el recorrido de los Museos Vaticanos, y cada año pasan por allí cinco millones de personas, con días pico que reciben hasta treinta mil turistas. Por lo que el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci en entrevista al diario italiano La Repubblica ó que “la presencia masiva de visitantes podría provocar daños a causa del polvo, de la presión antrópica, del anhídrido carbónico y de la temperatura excesiva que amenazan el microclima de la Capilla Sixtina".

Entre las alternativas figuraría una casi imposible: limitar el número de visitantes, si bien la instalación de un nuevo sistema climatizador no más tarde del 2013, podrá resolver el problema.

La capilla ha tenido diversas restauraciones, la última concluida en 1999 le devolvió el color a una obra que había quedado casi en blanco y negro. El director de los Museos precisó que por el momento no es necesaria otra restauración puesto que "las obras dirigidas por el maestro Gianluigi Colalucci fueron impecables”.

En la ocasión Tv2000 transmite a las 13,05 y a las 23.05 horas de Italia, un documental exclusivo en el que explican los frescos de Miguel Ángel, el director de los Museos, Paolucci; el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura; el restaurador de los frescos, Colalucci, y el autor del documental, Nino Criscenti.



sábado, 13 de octubre de 2012




“La Crucifixión de Pedro” de Miguel Ángel en la Capilla Paulina vaticana




L.M.A.

 “Margherita Guarducci fue la arqueóloga que entre los años 1940 y 1950 guió la segunda campaña de excavaciones para el descubrimiento de la tumba de san Pedro en la Necrópolis Vaticana. A través de la comparación de varias fuentes historicas, llegó a la conclusión de que Pedro fue crucificado en el circo del Emperador Nerón en el Vaticano el 13 de octubre del año 64 d.C. Apoyándose en esta hipótesis, la estudiosa resalta que el 13 de octubre del año 64 d.C., transcurrían diez años del reino del emperador Nerón, y por tradición para celebrar tal aniversario, se ofrecían al pueblo espectáculos crueles, en los cuales asesinaban a los enemigos del imperio. Para el decenal de Nerón, probablemente fue derramada la sangre de los cristianos y de su jefe Pedro, crucificado con la cabeza hacia abajo”, escribe la Hna Agnese Scaveta en "Zenith".


La tradición festeja el nacimiento al cielo --dies natalis--, del apóstol Pedro junto con el apóstol Pablo el 29 de junio. Fue el día en el cual Roma, la ciudad pagana, festejaba a sus fundadores: los legendarios hermanos Rómulo y Remo.


A través de la visión de la pintura que representa la Crucifixión de Pedro, realizada por Miguel Ángel en la Capilla Paulina del Palacio Vaticano, también nosotros nos convertimos en testigos del dies natalis de Pedro.


En 1542 el papa Pablo III Farnese, encargó a Miguel Ángel Buonarroti de pintar las paredes de la Capilla Paulina, lugar de oración reservado todavía hoy al papa y a la familia pontifícia y, por esto considerada la capilla “parva” (pequeña) del pontífice. Esta se encuentra a pocos metros de la capilla Sixtina, la capilla “magna” (grande), reservada para las solemnes celebraciones pontificias y de la elección del papa.


Pablo III, antes de ser elegido papa se llamaba Alessandro Farnese. Había sido un hombre poderoso y ambicioso, pero cuando subió al trono de Pedro se sintió “aferrado” de la gracia divina, y decidió de no anteponer sus intereses a los de Dios y de la Iglesia. Escogió el nombre del apóstol Pablo, primer perseguidor de los cristianos y después incansable servidor de Cristo.


El sumo pontífice Pablo III abrió el Concilio de Trento (1545-1563), mediante el cual se obtuvo una profunda renovación espiritual en la Iglesia, desgarrada por la inmoralidad y el protestantismo. En 1550, Miguel Ángel, ya anciano y enfermo, terminó después de ocho años de trabajo, sus dos últimas pinturas. Estas se encuentran de frente en las paredes laterales de la Capilla Paulina, la Conversión de san Pablo y la Crucifixión de san Pedro.


El primer papa está representado en el momento en el cual su cruz invertida se izó. Su mirada penetrante y terrible se esfuerza en buscar algo o alguno en la hora terrible de la muerte. En los ojos de las personas en torno a la cruz, se entrelazan miradas inquietas, pero también de profunda participación al evento, como aquella del hombre de la barba larga con los brazos cruzados, colocado en primer plano al lado derecho, que quizás se trata de un autorretrato de Miguel Ángel ya anciano.


Las figuras están colocadas en un espacio sin prospectivas; el artista para dar el sentido de profundidad, varía las medidas y proporciones, y algunas figuras son más marcadas, otras más esfumadas. A la derecha del crucificado, un hombre se inclina a tierra para medir la profundidad del pozo apenas excavado sobre la colina vaticana.


Miguel Ángel representa el cuerpo de Pedro, cargado de una gran fuerza interior, su mirada penetra en los ojos del espectador hasta el punto de escuchar su advertencia: “...Les hemos dado a conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad” (2P 1,16).



viernes, 12 de octubre de 2012

Retrato del Papa Benedicto XVI por la pintora Nati Cañada




Nati Cañada



Julia Sáez-Angulo


         La pintora Nati Cañada residente en Madrid ha realizado un hermoso retrato del Papa Benedicto XVI para la sede de la Conferencia Episcopal Española en la madrileña calle Añastro, donde se alojó el pontífice en su último viaje para estar con los jóvenes en la capital de España en la JMJ.

El cuadro realizado al óleo tiene las medidas de 180 por 85 cm. en el cromatismo de ocres y blancos que caracteriza a la pintora, quien trabaja el pigmento con gran sutileza, a base de poca materia y sucesivas veladuras.

         “He puesto mucha paciencia y amor en este retrato del Papa y recé para hacer bien el cuadro diciendo “Dios mío iluminame”, declara la autora.

         Sobre un fondo marmorizado, el retrato muestra al Papa de frente, en pie, con su hermosa e inteligente mirada azul, sotana y solideo blancos por el que asoma su cabello cano, banda con el escudo de la Santa Sede y zapatos rojos que él ha vuelto a utilizar en la vestimenta papal siguiendo una tradición. Su actitud, con leve sonrisa, en la que asoman un poco los dientes –una audacia en el retrato- reflejan una mirada atenta y de escucha al interlocutor, en este caso el espectador de la obra.

Lo más destacado o significativo de la representación pictórica es las manos, una sobre la otra, de la que sobresale un dedo índice apoyado, todo un símbolo de que lo que él indica es la buena doctrina de la fe.

         Nati Cañada Peña (Oliete, Teruel, 1946) se siente satisfecha de mostrarme el retrato justo el día de apertura del Año de la Fe por el Papa, el 11 de octubre de 2012. “Benedicto XVI es un hombre de gran personalidad y el mejor teólogo del mundo, dicho por todos”, recuerda la pintora.

“Estuve saludando a Benedicto XVI antes de hacer el retrato, pero el Papa no posa para nadie, por lo que le pedí una serie de fotos de encargo al fotógrafo de la Santa Sede, explicándole como quería ver su efigie para pintarla”, explica Cañada. ”Él lo ha hecho con gran diligencia”.

La pintora viajará en breve a Roma para mostrar el retrato a Su Santidad y entregarle un pequeño retrato de Pontífice como regalo.

Nati Cañada, coleccionista de pequeñas esculturas de arte sacro latinoamericano, se prepara para hacer una Virgen de gran tamaño, por encargo y quiere tomar como punto de partida o referencia al cuadro de Zurbarán sobre la Inmaculada que se encuentra en el Museo Diocesano de Sigüenza (Guadalajara), porque le parece espléndido.





         

viernes, 20 de mayo de 2011

Mosaico de la Virgen, Madre de la Iglesia, en la Santa Sede



L.M.A.





"Días después del treinta aniversario del atentado que Juan Pablo II sufrió el 13 de mayo de 1981, fiesta de la Virgen de Fátima, el prefecto emérito de la Congregación para los Obispos, el cardenal Giovanni Battista Re, explica la asombrosa historia de la colocación, en la plaza de San Pedro, de un mosaico que representa a la Virgen Mater Ecclesiae –Madre de la Iglesia- como muestra de agradecimiento del papa polaco por la protección de María", informa Zenit.

"La imagen, de más de 2,5 metros, fue instalada en una fachada del Palacio apostólico situado a la derecha de la Basílica de San Pedro entre noviembre y diciembre de 1981, unos seis meses después del atentado.

En la base de este mosaico de la Virgen con el Niño, que millones de personas vieron por televisión el pasado 1 de mayo durante la transmisión de la beatificación del papa, se representó el escudo de Juan Pablo II con su lema Totus tuus.

“Cuando Juan Pablo II regresó al Vaticano tras su primera hospitalización en el políclínico Gemelli, los responsables del Gobernatorato evaluaron la posibilidad de colocar un signo visible en la plaza de San Pedro, en el lugar donde el papa recibió el disparo, para recordar una página dolorosa de la historia de la Iglesia pero también para testimoniar un signo de protección celestial”, explica el cardenal Re.

Juan Pablo II expresó inmediatamente su intención: “en recuerdo del atentado, deseó que se colocara una imagen de la Virgen en un lugar bien visible”.

“Estaba convencido de que la Virgen María lo había protegido –añade el cardenal Re-. No tenía, pues, mejor manera de recordar ese 13 de mayo”.

El papa Juan Pablo II confesó también que él ya había observado esta “falta” en la plaza de San Pedro, donde la estatua de Cristo estaba rodeada de los apóstoles y de numerosos santos diseminados por la columnata pero “no había ninguna imagen de la Virgen”.

En realidad, sí que hay una imagen de la Virgen, informa el cardenal Re, pero se encuentra encima de la puerta de bronce y por eso no es visible para todos.

El cardenal Re, entonces asesor de la Secretaría de Estado, explica que él fue encargado de trabajar en ello con el presidente de la Comisión permanente para la protección de los monumentos históricos y artísticos de la Santa Sede, monseñor Giovanni Fallani, y con el director de los Museos del Vaticano, Carlo Pietrangeli.

Monseñor Fallani encontró una solución: colocar el mosaico en una ventana que ya existía, una propuesta que les pareció a todos “viable”, dado “un complejo arquitectónico que muchos han considerado intocable”.

“Pero sobre todo el proyecto complació al papa, que nos exhortó a seguir adelante”, prosigue el purpurado.

Después llegó la elección del mosaico: “Juan Pablo II hizo saber que le gustaría mucho una representación de la Virgen como Madre de la Iglesia” porque la Virgen “siempre ha estado unida a la Iglesia” y “especialmente cercana en los momentos difíciles de su historia”.

Juan Pablo II dijo que “estaba personalmente convencido de que el 13 de mayo, la Virgen María había estado presente en la plaza de San Pedro para salvar la vida del papa”.

La representación de una Virgen con el Niño situada en la Basílica de San Pedro y titulada Mater Ecclesiae sirvió de modelo para este mosaico.

Se hicieron, sin embargo “algunos retoques” en la representación del Niño Jesús, así como en el color, “para que fuera más visible a larga distancia”.

El 8 de diciembre de 1981, fiesta de la Inmaculada Concepción, Juan Pablo II “antes de recitar el Ángelus, bendijo la imagen mariana, signo de protección celestial al soberano pontífice, a la Iglesia y a quien se encuentre en la plaza de San Pedro”.

Y el cardenal Re concluye: “Después, en el pavimento de la plaza, una placa de mármol con el escudo del papa” se colocó en el “lugar preciso” donde fue alcanzado por la bala.

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viernes, 25 de febrero de 2011

Marco Augusto Dueñas, escultor español de la estatua en mármol de San Marón para la Santa Sede




L.M.A.


El Papa Benedicto XVI bendijo ayer una estatua de san Marón, que ha sido colocada en un nicho exterior de la Basílica de San Pedro, unos momentos antes de dar comienzo a la Audiencia General en el Aula Pablo VI.Este monje, que vivió entre los siglos IV y V como ermitaño en las montañas del Tauro, en los alrededores de Cirro, una antigua ciudad de la Siria septentrional, se ganó la fama de taumaturgo y gozó de una gran reputación como director espiritual, informa Zenit.

Por su estilo de vida ascético y por sus curaciones físicas y espirituales, san Marón atrajo en seguida a su eremitorio a muchos seguidores, que constituyeron el primer núcleo de la Iglesia maronita, comunidad sui iuris en el seno de la Iglesia Católica -siempre en comunión con Roma aunque si mantienen una liturgia y un calendario propios- presente en Líbano, Siria, Egipto, Tierra Santa y en los países de la diáspora.La estatua, de más de cinco metros de altura y de 20 toneladas de peso, fue encargada por la Iglesia católica maronita con ocasión del jubileo -inaugurado el 14 de febrero de 2010- por los 1600 años de la muerte de san Marón.

La estatua es obra del escultor español Marco Augusto Dueñas, que la ha tallado de un único bloque de mármol de Carrara. La obra representa al santo ofreciendo al mundo una pequeña iglesia de estilo maronita, colocada en el hueco de la mano izquierda. San Marón viste una larga estola escrita en sirio y sostiene en la mano derecha un báculo.

Estaban presentes en la ceremonia el cardenal Nasrallah Pierre Sfeir, patriarca de Antioquía de los Maronitas, el presidente del Líbano, Michel Suleiman, con su consorte – que hoy han sido recibidos en el Vaticano por el Papa Benedicto XVI – un grupo de ministros libaneses de todas las confesiones, además de los cardenales Tarcisio Bertone, secretario del Estado Vaticano, Angelo Comastri, arcipreste de la Basílica de San Pedro, Leonardo Sandri, Prefecto de las Congregación para las Iglesias Orientales, Ignace Moussa i Daoud, Prefecto emérito de la misma Congregación, y Jean-Louis Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

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