lunes, 9 de abril de 2012

EL CASTILLO DE PEÑÍSCOLA Y LA ACTUAL EXPOSICIÓN SOBRE LOS TEMPLARIOS













M. DOLORES GALLARDO LÓPEZ

Cuando el viajero llega a Peñíscola se ve seducido por la impresionante mole de su castillo y las murallas que lo rodean. El castillo está situado en la parte más elevada de la colina, el conjunto de las murallas en un recinto inferior. En seguida le hablan del papa Luna (Benedicto XIII) que habitó el castillo, cuya propaganda impregna todo.

Luego, para acceder al recinto amurallado, pasa por el portal de Sant Pere, se le dice que fue mandado construir por el Papa y, además, ve como encima del portal campea el escudo papal. El viajero con frecuencia lanza su imaginación al vuelo. Sin embargo lo que ve es, naturalmente, muy diferente, de lo que existía en época de Benedicto XIII, el anciano Papa de origen aragonés, que llegó desde Aviñón.

En ese peñón existió una antigua fortaleza árabe -de la que se desconoce incluso el trazado- rodeada de un recinto amurallado, del cual tampoco han quedado restos materiales. Peñíscola fue tomada a los a los sarracenos por Jaime I en 1223. El actual castillo, situado en la zona más elevada del peñón, fue construido por los caballeros templarios entre 1294 y 1307 sobre los restos de la alcazaba árabe: como señal de ello sobre la puerta de acceso al castillo, en arco de medio punto y flanqueada por dos torres, campea una faja de sillares que tiene esculpida en el centro una cruz (símbolo de la orden) y a los lados los emblemas heráldicos de fray Berenguer de Cardona, maestre del Temple en Aragón y Cataluña (unos cardos) y del comendador de Peñíscola, Arnaldo de Banylus (unas fajas).

Es un castillo de tipo románico, construido con características similares a los que los caballeros del Temple habían edificado en tierra Santa y en Cataluña tiempo atrás. Se parece con el castillo de Miravent, construido 150 años antes, así pues, en cierta medida el castillo de Peñiscola fue una obra anacrónica.

Muy poco disfrutaron del castillo los templarios: en Francia, en octubre de 1307, por orden del rey Felipe IV el Hermoso, los bienes de la orden fueron confiscados, gran parte de sus miembros -incluido el gran maestre, Jacobo de Molay- acusados de herejía, idolatría y sodomía; encarcelados; torturados y condenados a la hoguera. El papa Clemente V decidió que si los templarios estaban acusados, la Iglesia debía controlar el proceso, así pues ordenó la detención de los caballeros del Temple en la bula Pastoralis praeminentiae y la puesta de sus bienes bajo tutela de la Iglesia. Antes de la bula papal ya los templarios habían sido acusados y encarcelados en otros reinos cristianos.

El rey de Aragón Jaime II, que no creyó nada de las acusaciones que se hacían a los caballeros del Temple, el 1 de diciembre ordenó el encarcelamiento de los templarios del reino de Valencia, se impuso la razón de Estado: los templarios poseían magníficos castillos que el rey quiere tener.

Fuertemente presionado por el rey de Francia, Clemente V, un papa débil, enfermo e indeciso, disolvió la orden en el concilio de Vienne el 22 de marzo de 1312 (poco después, el 20 de abril moría Clemente V y el 29 de diciembre Felipe IV el Hermoso).

La orden de los hospitalarios recibió la mayor parte de los bienes que habían pertenecido a los templarios. Sin embargo en el reino de Aragón, por deseo de su rey Jaime II, las posesiones de los templarios, junto con las de los hospitalarios, pasaron a una orden de caballería de nueva creación - ya no internacional como fueron la del Temple o la de los hospitalarios, sino de corte local- similar a otras ya existentes en la Península, que siguiera siendo útil en la lucha contra los musulmanes en España: la orden de Santamaría de Montesa, creada en Aviñón en 1317 por Juan XXII. Esta nueva orden ocupó en el castillo de Peñíscola a partir de 1319.

En el castillo de Peñíscola Benedicto XIII, (Pedro Martínez de Luna), realizó algunas reformas y mandó construir el portal de S. Pedro para proporcionar a la ciudad un nuevo acceso desde el mar, alterando el cinturón de murallas medievales y creando un embarcadero que funcionó hasta el siglo XVIII. Por motivos militares el lugar fue terraplenado y el portal cegado, de manera que el Portal de S. Pedro que hoy día traspasa el visitante y sobre el cual ve que campea el escudo papal (obra de Filibert Bertalla) nada tiene que ver con el que mandó construir el Papa Luna. Ese nuevo portal de S. Pedro fue abierto muy posteriormente y, además, al construirse puerto actual, quedó convertido en entrada terrestre a la fortaleza, no marítima como la ideó el Papa Luna.

El Papa desvinculó el castillo de la orden de Montesa, realizó algunas reformas y lo habitó junto con su exigua corte papal. Le dio, por tanto carácter de palacio pontificio. Roma, Aviñón y Peñíscola son, pues, las únicas ciudades con categoría de Sede Pontificia que han existido.

¿Quién fue el Papa Luna? D. Pedro Martínez de Luna, de noble familia aragonesa, se dedicó a la vida religiosa, gran parte de esta vida fue coetánea del llamado cisma de occidente o cisma de Aviñón, que dividió a la iglesia católica: hubo un papado en Roma y otro en Aviñon.

D. Pedro Martínez de Luna siendo cardenal fue durante 16 años legado del Papa ClementeVII, que residía en Aviñón. A la muerte de Clemente VII fue elegido Papa en 1394 y tomó el nombre de Benedicto XIII. Francia se opuso a este nuevo papa de Aviñón que había mostrado no ser tan manejable como sus antecesores. En 1398 Francia retiró su apoyo político y financiero a la sede papal de Aviñón y se presionó a Benedicto XIII para que renunciara. Tras un bloqueo militar de los franceses sobre el palacio papal en Aviñón, Benedicto XIII logró huir de la ciudad en 1403; después de diversas peripecias llegó a Peñíscola en 1411. Tenía avanzada edad y prácticamente estaba abandonado por todos.

Por cuestiones políticas gozaba de la protección de la corona de Aragón, pero carecía de influencia en el resto de Europa. Murió en Peñíscola en 1423 a los 96 años, mantuvo siempre que él era el Papa legítimo dado que había sido elegido cardenal antes de que se produjese el Cisma de Occidente.

Sucesor suyo fue elegido Clemente VIII, justamente en la sala donde hoy se exhibe la exposición sobre los templarios. Pocos años después, en 1229, Clemente VIII abdicó a favor de del nuevo pontífice surgido en el concilio de Constanza (Martín V), contentándose con ser nombrado obispo de Mallorca. Con ello acabó con el cisma de occidente o cisma de Aviñón y también el período en que Peñíscola fue Sede pontificia. El Papa Martín V devolvió Peñíscola a la autoridad del rey de Aragón.

Desaparecido el Cisma y con ello el motivo que propició la segregación del castillo de la orden de Montesa, la orden lo reclamó de nuevo y lo obtuvo en 1441, previo pago de 150.000 sueldos. 47 años después Fernando el Católico, rey de Aragón, lo recuperó para la corona pagando exactamente la misma cantidad a la orden de Montesa.

La documentación cartográfica más antigua de la fortaleza de Peñíscola es de 1578. Tampoco hay restos materiales del recinto amurallado musulmán. Las obras medievales que perduran en la actualidad están datadas entre los siglos XIII y XV: a saber el castillo y parte de las murallas de las caras sur y este. El recinto medieval fue más pequeño de que contemplamos hoy día; las murallas sobre el acantilado sur se elevaban 9 metros sobre el nivel del mar y formaban un muro sobre las rocas con trazado poligonal y torreones cúbicos.

Las murallas que hoy vemos fueron construidas en el siglo XVI y son un importante ejemplo de la arquitectura militar de la época. Fueron proyectadas por J. B. Antonelli, a quien se las encargó Felipe II. Antonelli actualizó las defensas de Peñíscola y construyó la muralla renacentista, prácticamente como la conocemos hoy. El proyecto incluyó un nuevo portal de acceso: el portal Fosc (portal oscuro).

Las fortificaciones de la cara este, que son las defensas sobre el acantilado, están formadas por lienzos de muralla que se acoplan a las rocas; se conserva parte de las construcciones que se llevaron a cabo en la Edad Media. También en las fortificaciones de la cara sur hay restos de la muralla medieval.

El castillo está emplazado en la parte más alta del peñón, el conjunto alcanza una altura de 64 metros sobre el nivel del mar. En sí mismo el castillo tiene un perímetro de 230 metros cuadrados y una altura media de 20 metro.

LA EXPOSICIÓN

Ya hemos comentado como el castillo de Peñíscola fue construido por los templarios. Desde hace algún tiempo en la llamada “Sala del Cónclave”, donde fue elegido el último Papa del cisma de Aviñón, Clemente VIII, y en lo que fueron las mazmorras se exhibe la exposición llamada Templarios. Caballeros del Temple.

Tras la primera cruzada un grupo de caballeros franceses, liderados por Hugo de Payens creo la organización de monjes soldados Pauperes commilitones Christi Templique Solomonici es decir “Soldados pobres de Cristo y del templo de Salomón”. Dado que los iniciadores fueron caballeros franceses y “templo” en francés es temple, se les conoció como “Caballeros del Templo” o “templarios”. Fue una orden internacional y estaba bajo el mandato del papa.

Esta orden militar y religiosa fue una original institución que representó de manera permanente el modelo de la caballería de Cristo; una orden que concilió lo aparentemente inconciliable: las funciones de monje y de soldado en una misma persona. En ella se consideraban miembros de la orden quienes pronunciaban votos que los comprometían para toda la vida, también era posible alistarse por un tiempo limitado (Fratres ad termimum) pero no tenían la consideración de miembros de la orden.

Desde su inicio los templarios tuvieron como cometido proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a los santos lugares de Jerusalén, una vez que fue conquistada por los cristianos, y luchar contra los infieles. El patriarca de Jerusalén los reconoció oficialmente y después también la iglesia católica, en 1129. Su distintivo era un manto blanco adornado con una gran cruz roja en el centro.

La orden creció rápidamente, construyeron fortificaciones en Tierra Santa y el Mediterráneo; alcanzó gran poder y considerable riqueza. La orden del Temple representaba la permanencia de la cruzada y estaba obligada a combatir a los infieles para proteger la Tierra Santa. Pronto se planteó el problema de si en otros lugares podía combatir a los infieles. Muy pronto, en 1146, con la aquiescencia del papa, el Temple se comprometió a luchar contra los musulmanes en la Península ibérica. Por eso desde el momento de su implantación en España combaten a los musulmanes: en el sitio de Tortosa en 1147, en la toma de Lérida en 1149; en el reino de Castilla participaron en los combates contra los almohades, en el sitio de Cáceres (1184) en la famosa batalla de las Navas de Tolosa (1212). Después vemos a los templarios en Mallorca en 1228, en Valencia en 1238. En Portugal su ayuda fue importantísima para para la toma de Lisboa, Santarem, Badajoz: la provincia templaria de Portugal estuvo mucho tiempo unida a la de Castilla-León.

La acción de los templarios en España se situó en dos planos: la participación en las guerras y la defensa permanente de las fronteras. Las órdenes se comprometían a poblar y revalorizar esas zonas devastadas: Los magníficos castillos que erigían aseguraban esas tareas.

Los reyes de la Península hicieron importantes donaciones a las órdenes militares de sus reinos, a cambió las órdenes tenían que defender los territorios conquistados.

Internacionalmente la historia de los templarios estuvo vinculada a las cruzadas, cuando se perdió de nuevo Tierra Santa la orden decayó bastante. Ya hemos mencionado más arriba como el rey Felipe IV de Francia consiguió acabar con ella presionando al débil papa Clemente V. La orden se mantuvo activa algo menos de dos siglos. Sin embargo las especiales circunstancias que contribuyeron a su disolución la han rodeado de leyendas y han hecho que su nombre se mantenga vivo en la imaginación popular hasta hoy día.

La exposición del castillo de Peñíscola, muy didáctica, a través de numerosos paneles realiza un detallado recorrido por la historia de esta orden religiosa y militar desde su nacimiento hasta su disolución. En la exposición están reproducidos con maniquíes, vestidos y armados cada uno como les corresponde, los distintos cargos y estamentos que integraban la orden de los caballeros del Temple. Estará abierta hasta finales de diciembre de este año.