lunes, 8 de octubre de 2018

RETRATOS .-Irene Iribarren, Valencia, Barcelona, Madrid, retratista de la familia real y la clase política y diplomática


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 Retrato de Don Felipe VI (2018)


Julia Sáez-Angulo

            09/10/18 .- MADRID .- Es habitual verla en las fiestas nacionales y saraos de las embajadas en Madrid. La conocen todos los diplomáticos, y ya se sabe, esos personajes, según el dicho: no son tan elegantes, cultos o inteligentes como parecen, aunque haberlos haylos. Eso explica que la pintora cuente entre su largo elenco de modelos para retratar a embajadores, secretarios de embajada y consejeros de los distintos ramos (incluidos algunos espías, es un decir.) Hasta posó para ella el Nuncio Apostólico de Su Santidad en su día, monseñor Monteiro –portugués que iba a casar por lo eclesiástico a Linda de Sousa y Juan Jiménez- y, anda ahora convaleciente en Roma. Dos retratos hizo de este cardenal, uno para la Nunciatura y otro para la Fundación que preside.

            A Irene Iribarren López-Rubio (Valencia, 1948) se la suele ver en estos besamanos diplomáticos en compañía de Eduardo Gauylupo, el mochica más elegante de la Villa y Corte, que hace las mejores crónicas de sociedad para el periódico La Razón. Salir en las negritas de Guaylupo, es casi tan importante como salir en uno de los retratos/perfiles  de Julia Sáez-Angulo en La Mirada Actual. Irene Iribarren se pasea sonriente y escrutadora por los salones, de donde seguro brotará un nuevo modelo para pintar otro retrato. Irene es simpática y se mueve bien entre diplomáticos, esos seres que primero piensan dos veces y después no dicen nada, otro de los malos chistes sobre el ramo.

            El estilo pictórico de la pintora es realista, colorista y plano en materia. Se ayuda de la fotografía tras las primeras sesiones y, en su caso, la identificación del cuadro con el modelo no admite riesgo alguno. El estudio/taller lo tiene en su casa desde donde se divisa la ribera del Manzanares y la nueva fauna avícola que ha enriquecido la zona, desde que se limpió y canalizó el río madrileño exaltado por el escritor Alessandro Manzoni, autor de la célebre novela Los novios, cumbre de la literatura italiana. De vez en cuando, la pintora cita en su casa a grupos de intelectuales o amigos (les dejo a ustedes libres para pensar en qué grupo me cita a mí) para presentarnos uno de sus retratos recién terminados.

            La pintora ha retratado al Rey Emérito y a su esposa Doña Sofía, al hijo: el rey Felipe VI, al presidente Busch padre  -lo que le acarreó fama y clientes- a la Infanta Leonor, hoy princesa de Asturias, a numerosos ministros, entre ellos al astuto Rubalcaba, al papa Benedicto XVI, e incluso a Santa Teresa de Jesús (170 x 140 cm), para el castillo de Caslinuovo en Segovia. No sé si la santa de Ávila habrá posado para ella en sueños… Los ministerios e instituciones españolas están llenos de retratos pintados por Iribarren. Recientemente ha terminado un retrato más de los realizados a Don Felipe VI para el ministerio de Defensa. La pintora asegura que le “ha quedado muy bien en el lienzo, pero es mucho más guapo en la realidad”. ¡Las mujeres y la belleza de los hombres!

            De familia itinerante como buena hija de militar, tres ciudades: Valencia, Barcelona y Madrid, han marcado la trayectoria de Irene Iribarren: la primera por su nacimiento, la segunda por sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Jordi y la tercera, por la residencia y desarrollo de su carrera artística. En la capital de España se casó con un húngaro y tuvo un hijo muy guapo que le ha dado nietos también guapos. 

            En 2014 Irene Iribarren recibió el Master de Oro del Real Forum de Alta Dirección en el Palacio del Duque de Pastrana, donde pernoctó en su día Napoleón Bonaparte y el cortejo del ambicioso y codicioso emperador francés, depredador número de arte en Europa. Una extraña gloria nacional, que algunos comparamos con el genocida alemán (la afrancesada prohibió a los madrileños llevar una navaja en el bolsillo, algo necesario y habitual para comer simplemente). La entrega del trofeo a la pintora fue en una fiesta memorable en el palacio de Pastrana, que se repetiría cuando Mayte Spínola, fundadora del Grupo pro Arte y Cultura, PAC, recibió el mismo galardón al año siguiente.

            He escuchado a Irene Iribarren hablar de su pintura en una conferencia ante los Rotarios en Madrid. Bien estructurada, la pintora expuso las distintas etapas y géneros que interpreta, desde cabezas femeninas de imaginación–muy abundantes- a paisajes, bodegones y floreros al óleo, acrílico, pastel o acuarela. El pasado año expuso su trabajo artístico en el Ateneo de Madrid bajo el título “El mundo que me rodea”. En 2012 lo hizo en el Centro Cultural Coreano en Madrid, con una serie oriental muy sugerente. Irene Iribarren es como el rayo que no cesa y siempre que te ve, te habla de sus últimos triunfos. Irene vive de, con, por y para el arte.

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 Retrato presidente Busch





“Eduardo Aunós, su vida y misterios” de Rafael García Contreras, publicado por Almuzara







L.M.A.

08/10/18 .- MADRID .- El ministro de Primo de Rivera y de Franco que fue protector del medio ambiente, del mundo animal, amante del esoterismo y defensor de la justicia social2 de octubre de 2018.- Eduardo Aunós, su vida y misterios es el título de la nueva biografía que acaba de publicar la editorial Almuzara, obra de  Rafael García Contreras quien desgrana la singular vida de un hombre “que lo fue casi todo”.



Llegó a ser jurista, músico, escritor, editor, productor de cine, amante del esoterismo y precursor de la ecología, y lo fue siendo, igualmente, ministro en dos dictaduras –la de Primo de Rivera, la de Franco-, diputado, embajador, Consejero Nacional del Movimiento, Presidente del Tribunal de Cuentas, Presidente del Círculo de Bellas Artes y Presidente del Colegio de Doctores.

Y es que la trayectoria vital de Eduardo Aunós (Lérida 1894-Lausanne 1967), tal y como se narra en esta biografía, fue la de una persona que rompió moldes por su paradójica vida; fue conservador al tiempo que regeneracionista, católico heterodoxo con inclinaciones esotéricas y defensor de la justicia social y de los derechos de las clases vulnerables, así como precursor de los derechos medioambientales, en una época de la historia de España en la que buena parte de estos ideales no fueron adoptados por el régimen.

Así, y como titular de la cartera de Trabajo con Primo de Rivera, según narra el autor, Aunós consiguió que su mandato registrara el menor número de huelgas de la época, y cuando ocupó el ministerio de Justicia con Franco decretó la excarcelación de 200.000 presos de la Guerra Civil.

“Ideólogo del Estado Corporativo, admirador de José Antonio y monárquico”, según cuenta Rafael García Contreras, Aunós tuvo tiempo para convertirse en editor de la colección El Grifón donde publicaría a escritores falangistas y católicos, así como a autores nada adeptos al régimen.

Como gran defensor de los animales fue quien obligó por ley a  que los caballos llevaran peto en las corridas, y publicó el primer libro sobre el perro, un hecho que le animó a abrir una línea sobre la temática animal en su sello editorial.

J. Rafael García Contreras (Madrid 1957). Realizó estudios (inconclusos) de Derecho así como de Ciencias Políticas y Sociología.

En los achos ochenta participó en fanzines, performances  y periódicos musicales. Junto al escritor Leopoldo Alas escribió y dirigió la pieza teatral Cabaret Voltaire (1981) y fue director de la revista Bip Bop (1985).

Ha sido promotor cultural en numerosos proyectos y eventos y colaborador literario en RNE y Onda Cero, así como en revistas de poesía y otros medios de comunicación. Fue director de la revista pionera digital de cultura y músicas del mundo Eon Magazine (2000-2005).


domingo, 7 de octubre de 2018

Lina Bo Bardi en Lina Bo Bardi: "tupi or not tupí". Brasil, 1946-1992



Arquitectura brasileña



L.M.A.


07/10/18 .- MADRID .- Es la primera exposición en España sobre Lina Bo Bardi (1914-1992), arquitecta, museógrafa, diseñadora, escritora y activista cultural de origen italiano que llegó a Brasil en 1946 y articuló de manera fascinante la modernidad, la tradición y la cultura popular de su país de elección.

La exposición reúne 348 obras – dibujos, pinturas, fotografías, objetos, esculturas, documentos y piezas de artesanía– no solo de Lina Bo Bardi sino también de artistas internacionales como Max Bill, Alexander Calder o Saul Steinberg, de artistas brasileños como Cícero Dias, Lygia Pape, Lygia Clark o Hélio Oiticica y de artistas populares y no eruditos, así como arte indígena.

Con esta exposición se completa una panorámica del Brasil del siglo XX
iniciada cuando en 2009 la Fundación dedicó otra exposición a Tarsila do
Amaral (1886-1973), que presentaba no solo a la emblemática artista del
modernismo brasileño sino, a través de ella, el Brasil de los años veinte y
treinta del siglo pasado.
La exposición, comisariada por Mara Sánchez Llorens, Manuel Fontán
del Junco y María Toledo, se complementa con una mesa redonda
(“La exposición explicada”) y sendos ciclos de conferencias (“Pioneras de
la arquitectura”) y conciertos (“Tropicália. Ritmos de Brasil”), así como
una serie de propuestas didácticas alrededor de La Gran Vaca mecánica,
obra de Bo Bardi reconstruida por la Fundación a partir de sus planos
originales.

En el año 2009 la Fundación Juan March inauguró una serie de exposiciones dedicadas a Latinoamérica –convertida entretanto en parte de su línea de programación– con una dedicada a Tarsila do Amaral. Aquella muestra quiso presentar  no solo a la emblemática artista del modernismo brasileño, sino, a través de ella, el Brasil de los años veinte y treinta del siglo pasado.

Ahora, casi diez años después, aquel deseo de relatar la realidad cultural y las artes
de un país a través de una de sus protagonistas vuelve a hacerse real de la mano de
otra mujer y de otra exposición: Lina Bo Bardi: tupí or not tupí. Brasil, 1946-1992.
La Fundación Juan March inaugura el 5 de octubre (hasta el 13 de enero de 2009)
la primera exposición celebrada en España dedicada a la sugestiva figura de Lina
Bo Bardi (1914-1992), quien, formada como arquitecta en la Italia de los años
treinta, fue protagonista destacada de la renovación de las artes en Brasil, trabajando
como arquitecta, museógrafa, diseñadora, escritora y activista cultural,
aunando el arte de vanguardia y el arte popular.
La exposición ha contado con la estrecha colaboración y el apoyo del Instituto
Bardi/Casa de Vidrio.
Lina Bo Bardi, tupí or not tupí

La italiana Lina Bo Bardi (Roma, 1914-São Paulo, 1992), formada como arquitecta
en la Italia de los años treinta, llegó a Brasil en 1946 junto a su marido, el crítico
y coleccionista de arte Pietro Maria Bardi, y se entusiasmó pronto con su país
de acogida. Con un dinamismo multifacético –como arquitecta, museógrafa, diseñadora,
escritora y activista cultural– hizo rotar muy productivamente el eje
de las complejas relaciones entre la modernidad y la tradición, la creación de
vanguardia y las costumbres populares, la individualidad del artista moderno y
el trabajo colectivo del pueblo.
Es esta una de las primeras exposiciones sobre Lina Bo Bardi que no se limita a
su faceta de arquitecta. Lleva por subtítulo parte del eslogan (“Tupí or not tupí.
That is the question”) del Manifiesto antropófago, escrito en 1928 por Oswald de
Andrade e ilustrado por Tarsila, todo un ejemplo de apropiación “caníbal” de la
famosa cita shakesperiana. Y es que si la “antropofagia” brasileña de los años
veinte –quizá la revolución estético-ideológica más original de las vanguardias
latinoamericanas– pretendió la asimilación y el replanteamiento de la cultura
europea, la europea Lina Bo Bardi encarnó durante toda su vida en el país que
eligió una suerte de antropofagia a la inversa: también el Viejo Mundo, del que
ella procedía, debía ser transformado por el Nuevo Mundo, en el que vivía, para
dar paso a una “aristocracia del pueblo”, mezcla del europeo, el indio, el negro y
el nativo del nordeste del país, cargada de sueños para un futuro mejor.
Una exposición coral
La exposición reúne 348 obras entre dibujos, pinturas, fotografías, objetos, esculturas,
documentos y piezas de artesanía (muchas de ellas nunca vistas fuera
de su país de origen), que invitan a descubrir las analogías de la obra de Lina
Bo Bardi con la antropofagia de los años veinte y el tropicalismo de los años
sesenta. Asimismo, ofrece una aproximación inédita a su figura y descubre su
concepción y su práctica museográfica, su interés por el teatro y el circo, por lo
participativo, lo colectivo y lo popular así como la universalidad y la obvia actualidad
de muchas de las realidades a las que aplicó su talento.
En la exposición, las obras de Lina Bo Bardi conviven y conversan con obras de
artistas europeos que más influyeron en el Brasil de la época, como La unidad
tripartita, de Max Bill (Gran Premio de escultura de la Bienal de São Paulo, 1951);
también con obras de arte indígena (plumaria, cerámicas), con obras de arte popular
(utensilios, herramientas, abanicos) y obras de artistas brasileños coetáneos
como Cícero Dias, Lygia Pape; Lygia Clark, Hélio Oiticica, Roberto Burle
Marx o Macaparana. .
Durante la exposición también se proyectarán, en sesión continua, una selección
de materiales audiovisuales que muestran testimonios recogidos por la
Fundación de personas que trataron a Lina, como Caetano Veloso, unos documentales
del arquitecto chileno Felipe de Ferrari y un conjunto de fotografías de
José Manuel Ballester (Premio Nacional de Fotografía 2010). Para la exposición,
la Fundación Juan March ha realizado el encargo a José Manuel Ballester de fotografiar
tres proyectos arquitectónicos de Lina Bo Bardi, expuestos en distintos
espacios de la Fundación.
Las obras de la muestra proceden de 20 coleccionistas particulares y de 28 instituciones,
como el Instituto Bardi, el Museu de Arte de São Paulo (MASP), la Pinacoteca
do Estado de São Paulo, el Museu de Arte Contemporãnea da Universidad
de São Paulo (MAC-USP), el Museu Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro y el
Museu de Arte do Rio (MAR), entre otras.
La Gran Vaca Mecánica
Para esta exposición, la Fundación Juan March ha reconstruido la Gran Vaca Mecánica,
diseñada por Lina Bo Bardi en 1988 para el Museo de Arte de São Paulo
(MASP) —fundado por la propia Lina en 1947—. La Gran Vaca Mecánica es un
contenedor expositivo, un objeto temporal museístico que se expone a sí mismo
y expone los objetos que para ella son la esencia del ser humano: la artesanía.
Fue concebida mediante planos precisos para ser formada en chapa de hierro,
con el color limitado a la cabeza, los cuernos y las ubres, (bermellón, dorado y
azul arara respectivamente) y un cuerpo que pudiera compartimentarse e incorporar
elementos tecnológicos, como una radio, antenas, un motor térmico y un
circuito eléctrico que garantizase su funcionamiento. La propuesta de Lina era
que la vaca incentivara la participación de los usuarios dándoles la bienvenida al
MASP, exhibiendo objetos populares recolectados por ella misma en Salvador de
Bahía y conformando así un espacio lúdico o playground. Realizada por primera
vez en Venecia con motivo de la exposición Lina Bo Bardi, arquitecto (2003).
La Gran Vaca Mecánica se ha realizado con la colaboración de la Bienal “Miradas
de Mujeres”. Tras su creación la Fundación Juan March realizó una acción urbana
el pasado 28 de junio para trasladar la Gran Vaca Mecánica a la Fundación desde
el taller donde se reconstruyó, con paradas en la Casa do Brasil y la Embajada
de Brasil en Madrid. Aquí se puede ver un vídeo de la acción.
El catálogo
El catálogo pretende convertirse en una fuente de referencia sobre la artista, y
contiene veinte ensayos de los principales especialistas en Lina Bo Bardi y en el

Brasil del momento, además de una antología de textos de Lina Bo Bardi y sobre
Lina Bo Bardi. También incluye una entrevista, celebrada en SESC Pompéia, de
los tres comisarios de la exposición (Mara Sánchez Llorens, Manuel Fontán del
Junco y María Toledo) a Marcelo Ferraz, Marcelo Suzuki, André Vainer, Giancarlo
Latorraca y Victor Nosek, los cinco principales colaboradores de Lina durante los
años 80 y 90.