martes, 25 de marzo de 2025
«El amor ha sido mi única culpa» libro de relatos de Małgorzata Nocuń sobre las mujeres de la Unión Soviética
lunes, 24 de marzo de 2025
IOANA ZLOTESCU. "De Ramón Gómez de la Serna, Ramón, queda mucho por investigar"
Texto y foto: Julia Sáez-Angulo
24/3/25.- Madrid.- Cuando se conversa con la hispanista rumano/española Ioana Zlotescu, tarde o temprano, se acaba hablando de Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), Ramón por antonomasia. A finales de 2024, la hispanista recibió un merecido homenaje organizado por la Asociación Internacional Ramón, aiR, por todo su trabajo investigador en pro de escritor madrileño, autor de las “Greguerías”, aunque este libro no es precisamente el preferido de Ioana.
“De Ramón queda todavía mucho por estudiar e investigar, sobre todo dos aspectos a los que yo les sigo dando vueltas, como es la “literatura de la mismidad”, que no es lo mismo que la literatura personal, es la búsqueda y la indagación de sí mismo, del deseo de conocerse a través de la escritura, y el “realismo lateral” con el que él contempla la vida”, porque Ramón no la mira de frente. Ramón no es vanguardista, es “realista lateral”. Lamentablemente yo no puedo abordarlo ahora como quisiera”.
Curiosamente Ramón no era, en principio, el escritor preferido por la hispanista rumana, que llegó a España en los años 70, fue el el académico Alonso Zamora Vicente quien se lo señaló y ella siguió sus indicaciones. No se arrepiente ni mucho menos, pero recuerda que Ramón es un escritor imparable, de corrido, abundoso, complicado, inagotable… que “puede resultar cansino”.
“Ramón escribía sin control, tiene escritas miles de greguerías, y las hay geniales, buenas y mediocres… filosóficas, con metáforas increíbles”. Ioana recuerda con placer algunas de ellas: “El búho es un gato emplumado” o “Las violetas son ojeras del jardín”. Las obras que más me interesan de él son las de su última época. “El libro mudo” (1911), uno de los primeros también es interesante, complejo, difícil y hay que tener paciencia para leerlo con calma. Ramón se adelanta al futuro, es un porvenirista. “El hombre perdido” (1947) es otro título que me interesa especialmente de Ramón, por sus reflexiones.
Ramón escribió casi un centenar de libros y miles de artículos.
Hablar de su agradecimiento a España, o más en concreto a los españoles que han jalonado su vida es también materia grata para la hispanista. “Estoy muy agradecida a España y a los españoles, porque me han tratado siempre muy bien, desde Carmen Llorca, mi mentora inicial, que se empeñó en que hiciera oposiciones al Estado, como Técnico de Administración Civil, cosa que no me apetecía en absoluto. Ser funcionaria, me sonaba mal. Después se lo he agradecido toda la vida. He trabajado en el Ministerio de Cultura, en Palacio Real con las “Jornadas de Poesía”, he dirigido el Instituto Cervantes en Bucarest, por nombramiento de mi querido Fernando Rodríguez de la Fuente, una experiencia única poder volver así, a mi país natal…”
Ioana Zlotescu menciona nombres sin parar a los que quiere y ha tratado en distintos momentos de su vida: “Soledad Ortega, Clara Janés, Vintila Horia, Rosa Chacel, Camilo José Cela, ("está entre los autores que he traducido al rumano, como a Unamuno"), Juan Manuel Bonet y Antonio Saura -ambos me propusieron como directora de las Obras Completas de Ramón, para Galaxia Gutenberg-, Rogelio Blanco, Jorge Semprún, Enrique Badosa, profesores Manuel Alvar, José Varela, Blecua padre e hijo , José María Merino.... Joaquín Garrigós, Cesar Antonio Molina, Javier Tussel, Dionisio Hernández Gil, Raúl Carlos Maicas… tú misma, querida Julia…
"He conocido y tratado con gusto a las élites culturales e intelectuales y eso no se olvida. En la vida se necesita trabajo y amor… a mí no me ha faltado. Que alguien te necesite es clave. Recientemente he perdido a Pisuca, (gatita en rumano), después de 20 años junto a ella y me ha resultado muy doloroso. Era natural de Bucarest, como yo. Tuve que hacerle todos los papeles para poder traerla a España. Perderla ha sido un gran vacío. He comprobado hasta qué punto se le puede querer tanto a un animal. Hoy me falta la compañía de mi gatita, cuenta Ioana".
"Ahora estoy en otra etapa de la vida. No me quejo, no me quiero quejar, pero siento que nadie me necesita. No tengo depresión, sino lucidez", concluye la hispanista.
Más información
https://lamiradaactual.blogspot.com/2024/10/ioana-zlotescu-homenaje-la-hispanista.html
“TURIA”. Presentación de la revista cultural, monográfico sobre Juan Benet, en el Instituto Cervantes
domingo, 23 de marzo de 2025
PILAR AROCA, poeta, autora de los sonetos "Trilogía del Jerte"
Madrid, 23,03.2025
I
EL JERTE Y EL FRÍO EN SUS CEREZOS
La noche se desgarra con la aurora
y, el Jerte ya se viste de amarillo.
Lejos y arrinconado, llora un trillo
bajo la araña astuta y tejedora.
Pasa un ave de paso y se enamora
del perezoso aroma de un membrillo,
y balando, persigue, un cabritillo,
la flor de nata de su paridora.
Ha llegado Diciembre en el otoño,
y un cuchillo, en el aire, corta tanto
que, tiritan, desnudos, los cerezos.
Ya duerme el valle, su feliz retoño
que brotará por Marzo, y, entretanto,
rompe el silencio el grajo con sus rezos.
II
EL JERTE Y SUS CEREZOS EN FLOR
Hoy ha escampado por los pedregales.
Marzo se despereza, y sus bostezos
hacen brotar las jaras y los brezos,
y refulgir de luz los manantiales.
Un milagro de Marzo en los frutales
y, arde la nieve sobre los cerezos.
Van trinando los pájaros sus rezos
y resuenan sus silbos celestiales.
El Jerte ya rebrota y reverdece;
el sol levanta tras lejana bruma
y se trasiega por la sementera.
Repunta una caléndula y florece
y, el aire se recrea y se perfuma.
¡Mágica y trascendida primavera!
III
EL JERTE Y LOS CORAZONES DE SUS CEREZOS
El sol se adueña de los matorrales.
Y Junio, casi Julio, resplandece.
El campo se eterniza y se florece,
perfumando sus puntos cardinales.
Trabajan las abejas sus panales
y, el agua de los ríos relentece;
mueve el aire los juncos, y los mece,
y cantan sus amores los zorzales.
Asoma la cabeza alguna ardilla;
ya la espiga del trigo cabecea
cargada de zarcillos y aderezos.
Y para completar tal maravilla,
otra vez más, el Jerte milagrea
y se encienden y laten los cerezos.
Pilar Aroca