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miércoles, 17 de agosto de 2011
Monseñor José Ignacio Munilla: “La secularización está siendo un gran tsunami en la cultura”
L.M.A.
Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, asegura que el contacto de la iglesia con el joven tiene que ser más directo, a causa del impacto profundo en la persona del proceso de secularización, informa la revista ZENIT.
“Sería ridículo decir que las cosas van bien en la transmisión de la fe. Nos preocupa mucho la evangelización en el tiempo en el que la secularización está siendo un gran tsunami”, afirmó el prelado vasco durante su intervención en el curso de verano “Los jóvenes y la Iglesia” en la Universidad Rey Juan Carlos.
“La evangelización de los jóvenes se hace desde un gran respeto y cariño, pero nunca hay que idolatrar a la juventud, pues tenemos que tener a la madurez como meta, no a la juventud permanente”, subrayó Munilla.
Con estas palabras, el prelado abordó la realidad cultural española, donde “el contexto de la iglesia con el joven tiene que ser más directo, porque todo el proceso de secularización ha afectado profundamente el interior de la persona”.
Aseguró que “la emergencia educativa es mayor en España que en otras partes del mundo. Nuestra situación es especial, hemos vivido sin cuidar lo esencial.”, añadiendo que “se ha robado el alma cristiana de nuestra nación”.
“La influencia social ha sido brutal, se ha ido creando una desafección hacia la Iglesia católica”, subrayó, destacando que aún así, son muchos los que caminan con la Iglesia.
El obispo de San Sebastián ha manifestado que “la ideología de género es como una metástasis del marxismo. La impresión que nos da es que el marxismo, aunque ha caído como modelo económico, sigue queriendo ser modelo antropológico”
Ante la cuestión sobre qué ofrece la Iglesia a los Jóvenes, Munilla ha dicho que “su deseo de felicidad entronca con el deseo de Cristo de contestar sus preguntas, presentar la propuesta, mensaje de salvación, de felicidad.” Para ello, “el acompañamiento personal es fundamental. En esto nos jugamos el fruto debido de respuesta madura, porque el joven necesita curar sus heridas, afectivas, intelectuales y psicológicas.”
El responsable en la Conferencia Episcopal Española de la Pastoral de la Juventud ha añadido que “necesitamos presentar un proyecto coherente con un sentido ético que no deje de lado la dimensión afectiva. El Evangelio para los jóvenes es acompañar también a otros en el mundo del dolor y del sufrimiento, en contra del narcisismo imperante que nos invade, olvidándose de sí mismo para poder ser seguidor de Cristo”.
También ha dicho que “los espacios de encuentro son necesarios como lugares alternativos para poder presentar el proyecto y vivir desde la fe”.
El obispo vasco ha propuesto tres modelos para sumar a la pastoral juvenil: la experiencia San Juan Bosco, centrada en compartir el tiempo con los jóvenes; ser testigo y referente, como hiciera Juan Pablo II, y ayudarles a tener capacidad crítica ante el relativismo, como está haciendo Benedicto XVI .
Finalmente se ha referido a la Jornada Mundial de la Juventud como “la llamada del Papa y el encuentro de jóvenes que se encuentran con otros jóvenes ampliando el horizonte, donde necesariamente el acompañamiento de los sacerdotes les dará hondura y profundidad, y conciencia de paternidad y maternidad de la Iglesia”, diferenciándola del paternalismo.
En su conclusión, destacó la importancia de que “Benedicto XVI va a poner a los jóvenes del mundo ante la presencia de Jesús, hermano, amigo y redentor del mundo, pidiendo que puedan tener siempre el corazón de Cristo a su lado”.
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Monseñor José Ignacio Munilla
sábado, 29 de enero de 2011
"De dioses y hombres", película en favor de la libertad religiosa
"De dioses y hombres"
Director: Xavier Beauvois
Producción: Francia
L.M.A.
El éxito de la película "De dioses y hombres" en Francia, no solo se debe a que es una producción francesa, sino sobre todo a las inquietudes que plantea el tema de la libertad religiosa, tan cuestionada últimamente para los cristianos en países como Iraq, Egipto, Sudad y los del Magreb, como sucede en este caso histórico relatado en el filme, que está sacuediendo las conciencias.
Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, comenta al respecto:
"A estas alturas ya nadie duda de que el cine no es, ni puede serlo, un arte aséptico en lo que se refiere a los valores o contravalores que transmite. La proliferación de películas de marcado acento anticatólico ha sido muy notoria en los últimos años, pero gracias a Dios, cada vez son más los que, poniendo en práctica el conocido refrán "más vale encender una luz que maldecir las tinieblas", tienen la osadía de realizar un cine de marcada inspiración cristiana. Se trata de producciones generalmente modestas en su presupuesto, pero que tienen el acierto de trasladar a la pantalla, con notable éxito, testimonios reales y concretos, que contrastan con la abundancia de leyendas negras difundidas en la filmografía sobre la vida e historia de la Iglesia.
Pues bien, entre la amplia oferta que la cartelera cinematográfica nos ofrece en estos días, podemos disfrutar de la producción francesa "De dioses y hombres" del director Xavier Beauvois. En ella se narra lo acontecido en el monasterio cisterciense del Monte Atlas (Argelia) a mediados de 1996, cuando siete monjes fueron secuestrados y finalmente decapitados por la facción radical del GIA (Grupo Islámico Armado). El guión de esta película recoge con fidelidad la buena armonía de estos monjes cristianos con los pobladores musulmanes de aquella región, al mismo tiempo que la irrupción repentina del fundamentalismo islámico, que cambia por completo el escenario de pacífica convivencia. Lejos de ser una película que tome pie del fundamentalismo para satanizar al conjunto del Islam, refleja de forma sobresaliente el ideal del diálogo interreligioso propugnado por la Iglesia en el Concilio Vaticano II.
Este filme alcanza especial relevancia y actualidad, por el hecho de que su llegada a España ha coincidido con un momento de notable recrudecimiento de la persecución y el exterminio de las minorías cristianas de tradición milenaria, en países de mayoría musulmana e hindú. El destino de estos cristianos, tanto en Oriente Medio como en Oriente, se torna cada vez más dramático e incierto, a raíz de la confluencia de tres circunstancias: el resurgimiento de los fundamentalismos, el error y fracaso de la guerra de Irak, y el olvido de las raíces cristianas en Occidente. Los cristianos árabes se encuentran en medio de un peligroso "sandwich": sospechosos de complicidad con Estados Unidos, por el mero hecho de ser cristianos; y al mismo tiempo ignorados por un Occidente laicista que se avergüenza de sus raíces.
Recientemente, el sociólogo Massimo Introvigne denunciaba que el fundamentalismo islámico y el laicismo, son dos caras de la misma moneda. Sin pretender comparar lo que ocurre en Oriente y en Occidente, es un hecho que la libertad religiosa no es respetada ni por unos ni por otros. En el fondo se trata de un desequilibrio entre fe y razón: El laicismo de Occidente difunde un racionalismo antirreligioso, mientras que los fundamentalismos de Oriente impulsan una religiosidad irracional. En Occidente existe una dictadura del relativismo, mientras que desde Oriente emergen los fanatismos intolerantes.
El desarrollo de los acontecimientos está demostrando que, en nuestros días, el diálogo interreligioso entre una cultura cristiana y otra musulmana o hindú es perfectamente viable. El verdadero choque de trenes se produce en el encuentro del laicismo, por un lado, y el fundamentalismo, por el otro, que se retroalimentan, hasta el exterminio. Lo malo es que, como dice el refrán, "cuando dos elefantes pelean, sufre la hierba". Y en este caso, los principales perjudicados de esta situación están siendo las minorías cristianas en países de mayoría musulmana e hindú. Tanto en Occidente como en Oriente, el antisemitismo del siglo XX está siendo sustituido en el siglo XXI por un modo de cristianofobia.
El Papa Benedicto XVI dirigió un mensaje al mundo el primer día de este año, Jornada de la Paz, con el título de "La Libertad religiosa, camino par la paz", en el que recordaba aquellas palabras del Concilio Vaticano II: "La libertad religiosa es condición para la búsqueda de la verdad. La verdad no se impone con la violencia sino por la fuerza de la misma verdad" (Dignitatis Humanae 1).
Como conclusión y ejemplo práctico, es emocionante escuchar en la escena final de esta bella película "De dioses y hombres", el testamento que el superior de aquella abadía cisterciense dejaba escrito antes de su martirio:
«He vivido lo suficiente como para saberme cómplice del mal que parece prevalecer en el mundo; incluso del que podría golpearme ciegamente. (...) Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los habitantes de este país tratándolos globalmente. Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo (...) Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón a los que me han tratado de ingenuo o de idealista. Pero estos deben saber que, por fin, seré liberado de mi más punzante curiosidad, y que podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre, para contemplar con Él a sus hijos del Islam, tal como Él los ve.
En este "gracias" en el que está dicho todo sobre mi vida, os incluyo, por supuesto, a amigos de ayer y de hoy... Y a ti también, "amigo del último instante", que no habrás sabido lo que hacías. ¡Sí!, para ti también quiero este "gracias" y este "a-Dios", en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío. Amén. ¡Inshalá!»
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