En la Biblioteca Nacional se conservan numerosos manuscritos con fórmulas
para fabricar tinta negra
L.M.A.
2016.- Entre los fondos de manuscritos e impresos de la
Biblioteca Nacional se conservan numerosas fórmulas para fabricar tintas,
engrudos, ceras, sisas y otros materiales para escribir, miniar, dibujar y
hacer grabados. Aunque existió una fecunda literatura impresa, también pueden
encontrarse recetas anotadas para hacer tinta negra entre las páginas de
sermonarios, libros de derecho o entre
los papeles de personajes relacionados con el mundo del libro. Ello parece
reforzar la idea de que, desde la Edad Media a finales del siglo XIX, notarios
y escribanos, religiosos, maestros, escritores y artistas preparaban su propia
tinta para escribir y dibujar.
Los procedimientos de fabricación y los ingredientes utilizados
variaban con frecuencia, por lo que las propiedades y características de la
tinta también lo hacían. Encontramos recetas para escribir sobre pergamino o papel;
en polvos para guardar y usar en el momento; tintas para ser borradas sin dejar
rastro o permanentes; color verde para iluminar, colorado para dibujar o negro
para aguadas; secretos para hacer letras de oro sin oro y de plata sin plata;
tintas moradas y rojas, verdes, amarillas, más blancas que el papel e, incluso,
las que permitían leer lo escrito sin luz.
Gracias a la gran cantidad de recetas conservadas en manuscritos de la
época y a las numerosas fuentes impresas, es posible hacerse una idea de qué
tintas utilizó Cervantes a lo largo de su vida para escribir. Probablemente
estaba familiarizado con su elaboración, pues su padre y su abuelo eran hombres
de letras (cirujano, el primero, y letrado, el segundo) que hacían, a menudo,
uso de ellas.
El estudio de las fuentes escritas sobre la elaboración de tintas es
indispensable para entender las peculiaridades de los manuscritos e impresos
conservados en nuestras bibliotecas, sus modos de producción, su estado de
conservación o, incluso, su deterioro. Escondidas entre tratados de medicina,
libros de alquimia, recetarios de cocina o anotadas entre textos de cualquier
materia, la Biblioteca Nacional conserva un buen número de recetas de tinta del
Siglo de Oro. Alguna pudo haber sido utilizada por nuestro autor.