lunes, 26 de octubre de 2009

Montserrat del Amo, primera figura de la Literatura Infantil y Juvenil

Julia Sáez-Angulo

Montserrat del Amo (Madrid, 1927) ha escrito, durante medio siglo, sesenta libros de literatura infantil y juvenil de amplio eco y reconocimiento entre los niños y jóvenes de habla española, es la primera figura de la literatura infantil española. Muchos de sus lectores han seguido sus títulos con fidelidad y devoción, hasta el punto de que algunos escolares han pedido a las editoriales que reediten sus títulos cuando éstas los daban por descatalogados.

Montserrat del Amo fue objeto de un gran homenaje y una exposición en el Museo de la Ciudad de Madrid, con motivo de su 80 cumpleaños. Han sido numerosas las ediciones de sus libros, por lo que se trata de una educadora que ha nutrido el conocimiento, la sensibilidad y el lenguaje de miles de lectores jóvenes en el ámbito de la lengua española, por un lado, y también foráneas al haber sido traducida a las principales lenguas extranjeras. Cuenta con los primeros premios de Literatura Infantil y Juvenil como el Nacional y el Lazarillo.

Licenciada en Filosofía y Letras, especialidad de Literatura Hispánica, en la Universidad Complutense de Madrid en 1976, Montserrat del Amo se dedicó a la enseñanza de la Lengua y Literatura hasta que en 1985 dejó la docencia para dedicarse de pleno a la creación literaria. Un reto y un riesgo que asumió, por vocación, con valentía y que le permitió entregarse por completo al trabajo de la escritura que ha dado sus frutos y le ha permitido vivir de ellos.

Sesenta títulos en su quehacer literario


En Narrativa y Teatro son 60 los títulos que se cuentan en su haber; dos en Historia; dos en Biografía; 2 de Ensayo y dos piezas discográficas. Actualmente prepara un amplio Estudio sobre la lectura oral de los cuentos, actividad que ella estimula y practica con maestría, diferenciándola del cuenta-cuentos, más dedicado al espectáculo. Entre los títulos narrativos más emblemáticos se encuentra: La cometa verde; Zuecos y naranjas (tres ediciones); Velero de tierra y mar (cuatro ediciones) o Rastro de Dios (veintidós ediciones). La editorial Castalia publicó en el 2005 un libro antológico titulado Cuentos.

Cuenta con una docena de premios en su trayectoria, entre los que se encuentran el Nacional de Literatura (1978); el CCEI al Mejor Libro del Año (1991); el dela Complutense de Literatura Infantil y Juvenil (1993); el Lazarillo (1960), etc. Ha sido nominada al premio Internacional Hans Christian Andersen y figura en su Lista de Honor por su título Patio de Corredor.
Propuesta a la Real Academia de la Lengua


Tiene obras traducidas al ingles, francés, portugués, catalán, gallego, etc. Su obra ha sido objeto de dos tesis doctorales en las Universidades de Madrid y Sevilla, así como de varios estudios literarios ensayísticos como el de Rosario Hiriart, Montserrat del Amo: Vocación y Oficio (208 pags) Editorial Anaya, Madrid 2000. Los críticos de literatura infantil más conspicuos han comentado su obra.

La Asociación de Amigos del Libro Infantil y Juvenil propuso el nombre de Montserrat del Amo para su ingreso en la Real Academia de la Lengua Española. Su deseo es que figure algún representante de la Literatura Infantil y Juvenil en la noble institución y Montserrat del Amo sería su figura más señera.

Ernestina de Champourcin, Recuerdos de una poeta que crece con el tiempo



Por Julia Sáez-Angulo

         26.10.09 .- Madrid .- Le encantaban las tertulias literarias. Voy a poner una día a la semana para recibir en casa, como hacíamos antes. Es lo más cómodo; el que pueda que venga y el que no, que no venga. ¿No te parece?, me decía cada cierto tiempo. Echaba de menos el ambiente de tertulias madrileñas de antes de su exilio en México. Solía asistir con frecuencia a las del poeta Juan Ramón Jimenez en la calle Lista (hoy José Ortega y Gasset). 

Le gustaba la compañía y la conversación. Ernestina de Champourcín y yo hemos pasado varias tardes juntas en su casa del Paseo de la Habana en Madrid hablando de mil cosas, pero sobre todo de literatura y de escritores si es que no es lo mismo. El poeta y editor Arturo del Villar –su editor- nos acompañaba con frecuencia y disfrutábamos los tres con la palabra porque nos interesaban las mismas cosas y nos movíamos en el mismo campo de la cultura y la literatura.La escritora preparaba un té aromático con pastas, muy bien servido en bonita bandeja, tazas de porcelana y pequeñas servilletas de tela. El té nos espabilaba y ayudaba a sostener la conversación más fluida.

Conocí a Ernestina de Champourcín (Vitoria, 1905 - Madrid, 1999) en los años 70, al hacerle una entrevista para el diario Arriba en el que yo dirigía el suplemento cultural. El fotógrafo del periódico le hizo una buena sesión de fotos, algunas conmigo, que conservo con aprecio en mi álbum; son todas de gran formato (13 x 18 cm). También guardo otra pequeña foto junto a Ernestina y el poeta académico José García Nieto, ya fallecido; si no recuerdo mal fue en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, con motivo de la entrega de un Premio Cervantes.

Ernestina era una mujer acogedora, con sentido del humor y acentos de ironía. Debido a los libros que Arturo del Villar preparaba sobre Juan Ramón Jiménez, hablábamos mucho de él y de Zenobia, buenos amigos suyos. Ernestina conservaba cartas de ambos en su archivo personal y a veces nos las mostraba para corroborar lo que nos decía, que el poeta de Moguer tenía una escritura de rasgos rúnicos. Algunas de esas cartas las vendió más tarde a la Biblioteca Nacional. La escritora nos contaba anécdotas de su encuentro con el matrimonio Juan Ramón -Zenobia en Nueva York, cuando ella era traductora en la ciudad norteamericana.

Arturo del Villar y yo le decíamos que convendría poner una placa memorial en la casa de la calle Serrano de Madrid, donde vivió Juan José Domenchina, esposo de Ernestina. A ella le parecía bien, así que iniciamos las gestiones con un escrito y documentación en el Ayuntamiento madrileño. El editor fue el encargado de entregar la documentación, pero desgraciadamente no se consiguió nada. El mutismo fue total y nos quedamos desencantados.

Cuando comuniqué a Ernestina la noticia de mi boda en 1983 se alegró y me hizo varios comentarios de todo tipo sobre el matrimonio, serios, humorísticos, irónicos... Solo recuerdo uno a modo de conclusión que me pareció reflejaba su propia experiencia: “El matrimonio es difícil pero interesante”. Cuando en 1985 nació mi hija Cristina y la invité a su bautizo, me ofreció para ella el regalo de una joya suya envuelta en un saquito de terciopelina azul. “Para cuando sea mayor”, me dijo. Se trataba de un anillo de plata con numerosos hilos con pequeñas turquesas engarzadas, anudados por un pasador. Seguramente Ernestina lo adquirió cuando residía en México.
Fue feliz en su estancia mexicana


Del país azteca contaba muchas cosas. Reconocía que fue feliz allí. A diferencia de su marido, que echaba continuamente en falta a su Madrid natal, ella se adaptó por completo a la ciudad americana donde contaba con amigas muy queridas a las que citaba con cariño. Le gustaba relatar una anécdota que a mí me hizo particular gracia. Al poco de instalarse en la ciudad de México, contrató a una muchacha india para que le ayudara en las tareas domésticas. Ella le hablaba en su tono habitual y le daba las indicaciones precisas sobre qué limpiar o qué hacer en la casa, pero la muchacha se le plantó y con cierta dignidad ofendida, le dijo:
-Señora, si me habla golpeao, yo la despido.

Seguidamente comparaba el tono seco de los españoles, sobre todo castellanos, con el más dulcificado de los latinoamericanos. Ella misma trató de moderar su tono en el país azteza.

En cierta ocasión le dije que yo escribía relatos y se echó a reír.“Hoy todo el mundo escribe relatos”, me dijo. Me quedé seria y le dije algo histriónica: “Ernestina, me has ofendido”. “No, no. No era mi intención hacerlo”, insistía después preocupada.

Arturo del Villar le editó un par de libros y los tres los celebramos en su casa comentando y analizando la publicación.

Comencé a hacer una colección de poesías manuscritas por sus autores y le pedí una a ella. En realidad fue de los primeros poemas manuscritos guardados. Me preguntó cual quería, pero le dije que lo dejaba a su elección. No tardó muchos días en entregármelo. Había elegido un poema dedicado al pintor Van Gogh “en consideración a que tú eres crítica de arte”, me dijo. Muchas veces habíamos comentado el retrato de perfil que le hizo Bernardino de Pantorba, y que tenía colgado en su salón. Era una bella cabeza, un buen dibujo ligeramente coloreado que representaba un rostro joven que guardaba bastante fielmente el parecido con la mujer madura que era en los 70.

Ernestina era una mujer muy independiente y de carácter. Hablaba de Carmen Conde y de su marido a quienes había tratado. También de las hermanas Pedroso y Sturdza, sobre todo de Lolita y Margarita, a quienes conoció en los años 30 en la casa de Juan Ramón Jiménez. Eran las niñas jovencitas que alegraban la vida del poeta, esas que le hacían decir a Zenobia cuando llegaban: “Juan Ramón, aquí están tus niñas”. Eran muchachas muy guapas, hijas del conde de San Esteban de Cañongo y de la princesa rumana María de Sturdza. Juan Ramón anduvo platónicamente enamorado de Margarita a la que dedicó algunos poemas.

Amiga de poetas y artistas

También nos hablaba –porque yo le preguntaba- de María Roësset, la escultora que se enamoró de Juan Ramón y acabó suicidándose porque su amor era imposible al estar él casado. Fue un episodio muy doloroso que los conmocionó a todos los que estaban cerca del poeta que llegaría a premio Nobel.

Quise conocer a Margarita de Pedroso y la entrevisté para el suplemento del ABC, titulado Blanco y Negro, bajo el título “Margarita de Pedroso, el amor platónico de Juan Ramón”. Ernestina me había facilitado su teléfono. Margarita me recibió en su casa de la calle Serrano que hacía esquina y desde su ventanal en rotonda se divisaba ampliamente la calle Juan Bravo. Cuando le dije que sus datos me los había facilitado Ernestina de Champourcín, quiso volver a verla e invité a ambas en mi casa para reunirlas. A partir de entonces siguieron viéndose y conversando a solas en casa de Ernestina.

Seguramente son muchos los recuerdos que yo tenga de Ernestina de Champourcín, pero, por ahora, son sólo estos los que afloran. Cuando se vive sin pensar en que un día todo será sólo memoria, una no trata de atesorar con usura lo vivido, sino que deja deslizar las cosas suavemente sin atraparlas con la fuerza en la escritura. Irán viniendo más cosas al pensamiento, porque la memoria es caprichosa, pero se podrán añadir como escolios.


Isabel San Sebasián narra en "Astur" la presencia visigoda en España

Astur
Isabel San Sebastián
La Esfera de los Libros (485 pags)
Madrid


Julia Sáez-Angulo

A falta de una buena enseñanza institucional de la Historia en los manuales educativos, tanto en cantidad como en calidad, el interés por la novela histórica parece querer suplir el deseo de conocer el pasado por parte de los lectores. Isabel San Sebastián fabula en este libro sobre un guerrero visigodo y una mujer, la última de su estirpe, con una profecía por medio que marca sus destinos. No es la primea vez que la autora aborda el género, ya lo hizo recientemente con una novela de éxito titulada La visigoda (2006), ganadora del premio Ciudad de Cartagena 2007, que se mantuvo un tiempo en las listas de los libros más vendidos. En realidad esta novela viene a ser la primera parte de la obra citada.

Isabel San Sebastián (Chile, 1959) es una periodista combativa a la que no le falta el gusto por escribir narrativa y lo hace muy bien. Todo es literatura, el periodismo como género y la novela como tal; cada cual tiene sus normas y atenerse a ellas es la clave del acierto a la hora de escribir. Como bien señala el académico Luís María Anson, hablar de “periodista y escritor” no deja de ser una repetición o enfatización inútil. El caso de Isabel San Sebastián, una mujer inteligente, es ilustrador de lo dicho: una excelente escritora en ambos géneros.

Astur se centra en el siglo VIII y tiene como protagonistas a Huma e Ickila, sacerdotisa y guerrero respectivamente, que, hasta su encuentro, habitan geografías diversas en las montañas de Asturias o en Recópolis (hoy Guadalajara) la ciudad fundada por Leovigildo al borde del río Tajo que le sirve de foso natural contra el ocupante islámico. Una ciudad que todavía conserva en soberbias ruinas elocuentes y que vale la pena visitar junto a la localidad de Zorita de los Canes, lugar de hermoso castillo y nefanda central nuclear obsoleta. El príncipe Alfonso es otro personaje cristiano implicado en Astur. El pulso narrativo se sostiene en medio de una aterradora profecía, que a la usanza griega, predetermina el hado o destino de la protagonista.

El libro, bellamente editado con pastas duras, publica al final dos capítulos de nombres: “Dramatis personae” y “Topónimos”, que aleccionan e informan al lector sobre los personajes y los lugares citados. Un mapa de España en el interior de las cubiertas ilustra igualmente sobre los lugares más relevantes de la península en la baja Edad Media, período histórico en el que se desarrollan los hechos narrados.



Madeleine Vionnet, Exposición en París de su refinada moda


Madeleine Vionnet
Purista de la Moda
Musée d´Arts Decoratives.
París. Del 24 de junio al 31 de enero de 2010



Gema Piñana

Fue una innovadora tanto en el campo de la alta costura como en el social. Liberó el cuerpo de la mujer con una indumentaria que dejaba a la vista las formas naturales de sus silueta, con un refinamiento sumo. Madeleine Vionnet (1876 – 1975) es un paradigma de la historia de la moda del siglo XX, una diseñadora que supo ver la importancia de la creatividad en el arte del vestir y que donó al parisino Museo de Artes Decorativas de París buena parte de su patrimonio, consciente de que debía ser conservado, por eso la institución le ofrece ahora un homenaje con las mismas piezas que donó.

Vionnet hacía desfilar a su maniquíes sin corsé y con los pies desnudos para que mostraran la gracilidad de la figura femenina y recuperar sus formas naturales. En este sentido fue revolucionaria, así como en la atención a sus empleadas de talleres en los veinte talleres de que disponía, pues les ofreció el servicio de dentista y de ginecología. La diseñadora revolucionó también el mundo de los bordados al pedir a los profesionales una nueva manera de llevarlos a cabo para embellecer sus piezas. Se decía que Madame Vionnet fue con su investigación en la moda tan lejos como los cubistas en la pintura.
Clientela cosmopolita de entreguerras


Nada menos que 122 vestidos, 750 piezas de telas y patrones, 75 álbumes fotográficos de copyrights, dibujos originales, libros de cuentas y libros de su biblioteca personal constituyeron la fabulosa donación de Madeleine Vionnet, la modista que trabajó intensamente en la capital francesa para una clientela cosmopolita en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales de 1914 y 1939. De hecho dejó de trabajar el año en que estalló esta última. A partir de este momento se dedicó a dar cursos de diseño a las nuevas generaciones.


Se la ha llamado “Modista de modistos” porque Vionnet gusta a muchos de los creadores más recientes y audaces en el refinamiento como son John Galliano, Issey Miyake, Yophji Yamamoto, Azzedine Alaia. Ella aprendió con las hermanas Caillot y con Jacques Doucet. Su establecimiento decorado al estilo Decó tuvo lugar, primero en la Rue Rivoli y después en la Avenida Montaigne donde iba la clientela más distinguida.

La exposición es una amplia retrospectiva con obras bien conservadas y restauradas, en las que como cartel rojo sobre el que luce un hermoso vestido negro ajustado al cuerpo sobre el que se superpone otro transparente de organza con lorzas que oculta y potencia al mismo tiempo la silueta del primero.








Consuelo Sierra, Exposición de Joyas alusivas al vino




Julia Sáez-Angulo

La diseñadora de joyas Consuelo Sierra presentó en su establecimiento de Moda Shoping de Madrid, una singular exposición de joyas alusivas al vino, bien sea por su color o el diseño de sus formas, con hojas de parra, pámpanos, racimos de uvas o representación de fábulas como la de la zorra y las uvas de Esopo. Junto a las joyas, distintas botellas y copas de cristal con vino servido de Rioja, Rivera del Duero, La Mancha, Jerez o Cava, para poner de manifiesto la asombrosa equivalencia del color entre las piedras preciosas o nobles, con los distintos caldos del país.

Consuelo Sierra explica que lleva unos cuantos años haciendo esta colección tan singular de relación entre las joyas y el vino, con la idea de presentarla en el 2009, vigésimo aniversario de su firma.

Entre las piezas más singulares se encuentran los pendientes con racimos de uvas a base de aljófar del XIX procedentes por su estilo del Levante mediterráneo, Salamanca o Zamora. Sorprendente el gran broche con la citada fábula de Esopo de primeros del XX. “Es una pieza que me la han querido comprar varias veces pero que me he resistido a venderla para no empobrecer la colección”, dice la diseñadora. No muy lejos un bolso de los años 20 bordado con hojas de parra en acero facetado, que imita muy bien el brillo de los antiguos diamantes.

Si nos acercamos al color veremos joyas con brillantes color champagne, o brunos como los vinos de Jerez. La equivalencia de los tintos con los rubíes o granates es total; de los rosados y claretes con las turmalinas y el berilo morganita es exacta, así como las esmeraldas y aguamarinas en tono rosa. Otro parecido asombroso es de la turmalina con el vidrio verde de las botellas. “En suma, puede haber una piedra, una gema, para cada vino”, explica Consuelo Sierra, al tiempo que describe la tipología de cada una de las joyas antiguas, de época o vanguardistas que componen la muestra.

“La joya es probablemente la forma artística que mejor puede representar los valores de las uvas y el vino: las calidades de colores y texturas; la intensidad y la saturación de los tonos que recuerdan directamente al sabor de los mejores caldos”, concluye Consuelo Sierra.







domingo, 25 de octubre de 2009

Trinidad Romero, Pintura y exposición de Homenaje a los Maestros del Arte



Julia Sáez-Angulo

Estudió Bellas Artes en Sevilla, donde hizo igualmente arte dramático. Para ella las artes van unidas como un ramo de cerezas y en todas hay, tiene que haber, armonía, poesía, ritmo, música... en definitiva, belleza.
Como artista polifacética, en la pintura ha practicado la figuración, el realismo, el surrealismo, el hiperrealismo y la abstracción... "Todo es cuestión de indagación y búsqueda, de diversas etapas por las que transcurre una trayectoria artística. Lo más reciente en su trabajo es una especie de apropiacionismo icónico con las imágenes referentes más conocidas de la Historia del Arte, que expuso en la Casa de a Entrevista de Alcalá de Henares.
El poeta Luis Alberto de Cuenca escribió en uno de los catálogos: "Sutileza es la primera palabra que me viene a la mente cuando pienso en la obra de Trinidad Romero". "Formas que se diluyen en otras: arena que se hace mar, mar que se torna cielo, cielo que busca la arena... Y, luego, los objetos puestos ahí para desvelar la dimensión metafísica del cuadro". Cosas aisladas que parecen objetos perdidos... Objetos que capturan nuestra atención y no la abandonan”.

¿Cómo fueron sus inicios en el arte?

Una maestra que yo tuve, que se llamaba Ángela, tendría yo 8 ó 9 años, llamó a mi madre y le dijo que yo dibujaba muy bien y desde aquel entonces empecé a dar clases con ella y a dibujar con lápiz, carboncillo, manchas de acuarela terminadas con lápices o carboncillo, lo que ahora se conoce como técnica mixta, más adelante con óleo…

¿Cuándo y cómo adquirió su lenguaje o propio estilo?

El estilo se va desarrollando como se desarrolla la personalidad. En la antigüedad un pintor desarrollaba su estilo dentro de un camino, sin muchos cambios que no fueran ir perfeccionando sus técnicas a lo largo del tiempo, que cambiaba poco durante su vida. El pintor de hoy, como testigo de los tiempos, que son muy cambiantes, tiene que asimilarlos, fagocitarlos, digerirlos, para que su lenguaje se vaya adaptando a ellos.
El ejemplo más clásico es el de Picasso.


Mi sensibilidad y mi deseo de investigar y de aprender se han ido adaptando al tiempo en el que vivo. Pero siempre, en las obras de las diferentes etapas se mantienen las constantes de mi sensibilidad e, incluso, de mi paleta. Todos los días salen cosas nuevas, materiales, etc, que el pintor debe conocer y servirse de ellas si así se comunica mejor con el espectador de su obra

¿Quiénes ha sido sus maestros fundamentales?

Depende de las diferentes etapas de mi vida. Pero, indudablemente, como sevillana, me ha influido los grandes pintores de mi tierra y mujeres contemporáneas tan olvidadas como María Blanchar, la mejor pastelista que yo conozco o Remedios Varo, por el mundo tan especial que recrea.



“El jardín de las delicias” de El Bosco me impactó



¿Que obras de museo le impactaron?

Muchas. De pequeña hice varias copias de El Greco, de fotos. De adulta, busqué con especial interés un cuadro de Jesucristo, con la Cruz y la mirada hacia arriba ¡Cómo me gustaba a mí el brillo de esos ojos¡ Y no lo encontré ni en el Prado ni en Toledo. Lo encontré inesperadamente en la colección Fritz de N. York y me conmovió de tal manera que me eché a llorar. El jardín de las delicias lo recuerdo muy especialmente de mi primera visita a El Prado y también allí me sorprendió profundamente la evolución del lenguaje pictórico de Goya de su época cortesana a la de las pinturas negras. En Gante me conmovió El Cordero Místico, de Huberto y Juan van Eyck


¿Qué opina de la proliferación de museos de arte contemporáneo?

Tiene una parte buena: que acerca el arte a pequeños núcleos de población, pero por otro lado parece que lo que interesa es cumplir con llenar un espacio. Muchas de las muestras son demasiado frívolas y esnobistas, no transmiten nada al espectador. Es sintomático ver…) cómo los visitantes pasan sin detenerse delante de las obras, porque, simplemente, no les llama la atención, no les conmueven, no se establece ninguna comunicación

¿Que definición o reflexión del arte le interesa mas?

Para mí el arte es la confluencia de un espíritu creativo innato, desarrollado con técnicas, que permite dar forma a una obra capaz de despertar emoción, reflexión o las dos cosas a la vez, y entablar una comunicación.

¿Que pretendió en la serie de su última exposición ?

El título de la muestra era “A la manera de... Síntesis Pictórica". Era mi humilde homenaje a los pintores que me han enseñado y/o me han conmovido. Era un homenaje como yo entiendo un homenaje: a su pincelada, pues estudié y tracé sus pinceladas; a su dibujo, pues estudié las proporciones y trazos del mismo, busqué la mezcla más exacta de los colores que usaron…todo ello con las capacidades de que soy capaz. No ha sido fácil, pero por la crítica, los comentarios y la gran afluencia de gente, me dejó muy contenta con la exposición, porque pensé que no iba a ser entendido el proyecto. Además es una exposición de un gran valor didáctico.


El dibujo es la estrucurra, como los cimientos de una casa

Sus dibujos son muy sugerentes y uno de ellos figura en la Biblioteca Nacional ¿que es para ud. el dibujo? ¿Haría una exposición de sólo dibujos?

El dibujo es la estructura, como los cimientos de una casa. Siempre le he dicho eso a mis alumnos. Con un buen dibujo (y entiéndase así también la estructura interna de un cuadro abstracto), el cuadro no se cae. Tiene solidez, armonía y belleza que se trasluce al exterior.¡Claro que haría una exposición solo de dibujos¡. Sería un placer para mí. Pero no tiene aceptación entre los galeristas. ¡Qué le vamos a hacer¡

¿No le ha tentado la escultura?

Muchas veces pero no he tenido tiempo. He hecho pequeñas cosas, pero el tiempo es un recurso siempre escaso.



Libros clave “De lo espiritual en el arte” y “Punto y línea sobre el plano”



¿Que libro de arte le ha interesado más?

¡Tantos…!. Pero hay uno que yo le recomiendo a mis alumnos:”Técnicas de los grandes pintores” de H. Blume Ediciones. También dos pequeños libros de Kandinsky que siempre tengo a mano: De lo espiritual en el arte y Punto y línea sobre el plano

¿Viajar le motiva para su arte? ¿En que medida? ¿Que experiencias ha tenido?

¡Como no me va a motivar viajar¡ ¡Viajar es vivir y el arte es vida¡ La experiencia más profunda que tuve fue encontrarme en el MoMA de N. York con tantos viejos conocidos, contemplados y estudiados en las páginas de los libros, verlos allí juntos.. Fue la chispa que encendió la idea de hacer un homenaje a los pintores.

Ud. vive en Alcalá de Henares ¿que destacaría de su patrimonio artístico?

El Cristo de los Doctrinos, realizado por un discípulo de Miguel Ángel, un escultor llamado Beltrán; la Universidad Cisneriana, etc, pero lo que más me ha emocionado siempre fue la gesta de la Sociedad de Condueños, que rescató el edificio de la Universidad de la demolición y hoy podemos disfrutarlo y admirarlo.

Como actriz en su juventud ¿que decorados o escenografías le han llamado la atención? ¿Le gustaría hacer algunos decorados?

Recuerdo muy especialmente la escenografía de una Yerma dirigida por Víctor García.
Sí, sería bonito poder realizar un proyecto así. Recordaría algunos de los que hice en Sevilla en el T.E.U., y sería como volver a un primer amor.

¿Qué proyecto tiene entre manos?

Estoy terminando unas ilustraciones sobre El Quijote. También tengo el cabo del principio del ovillo para una serie pictórica, pero todavía tiene que madurar.

¿Cómo imagina a un coleccionista de arte ideal?

Enamorado del arte. Conocedor de estilos y técnicas. Con personalidad para hacer sus propias elecciones sin dejarse llevar por “genios”, que lo son más del marketing que del arte.

¿Qué cuadros suyos guarda para su colección particular?

Siguiendo los consejos de una buena galerista, Mª Rose Duce, algunos de mis distintas etapas pictóricas. También bocetos.

Jorge Rando, La Pintura sobre la condición humana




Julia Sáez-Angulo

         25.10.09. Málaga .- El arte deriva del misterio de lo sagrado. Esta afirmación que se ha hecho con más frecuencia referida al origen de la escultura –tótem, menhir, dolmen y cromlench-, también cabe aplicarla a la pintura, cuando ésta jugó un papel de representación en el campo del icono, en la primera escuela de Bizancio o en Italia, patria de la perspectiva y de la gran pintura, durante el Renacimiento, con su múltiple representación de Madonnas y diferentes personajes bíblicos. Algo similar cabe decir de las culturas y las artes orientales.

Ahora, en la obra pictórica de Jorge Rando, no se trata de hablar de su arte religioso, referido a la representación de los protagonistas del Evangelio (no excesivas piezas en relación a su extensa obra), sino de analizar su mirada ascética hacia el hombre y el mundo, en el conjunto de su pintura. Una mirada atenta y compasiva sobre el ser humano, una contemplación piadosa y de respeto hacia el hombre y muy especialmente sobre los personajes asociales, marginados, outsiders y dolientes que pueblan el repertorio de sus cuadros.

En la mirada ascética que vamos a analizar en este texto sobre la trayectoria artística de Jorge Rando, convendría hacer tres grandes apartados en referencia a sus series pictóricas: “La Pasión en la Pintura de Rando”, inaugurada recientemente e el Palacio Arzobispal de Málaga; “La pasión de Käthe Kollwitz”, recogida en el libro Rando ¡Más luz! y, un tercer y más amplio campo sobre las series: “Maternidades; Infortunios; El odio, la guerra y Prostitución”, que bien podría merecer capítulos diferenciados cada una de ellas. En suma una reflexión conceptual y humana del artista a través de su expresionismo ético, a través de la pintura como lenguaje de impacto visual y tan universal como la música.

Sin perder un ápice de interés por el acto creador y el gesto de pintar, por la indagación matérica en la aplicación del pigmento, por la combinación del color que va definiendo su cromatismo, Jorge Rando va dejándo un diario de sus inquietudes temáticas, un repertorio de temas, una alcancía de argumentos queridos para sus diferentes series pictóricas. “Hay un tiempo para todo”, reza el sentencioso Eclesiastés. De la misma manera que en la obra de Rando hay ciertos momentos gozosos para “correr” con sus magníficos ciclistas en tensión a la carrera; de admiración ante los hermosos paisajes de la naturaleza abierta; de nostalgia afectiva por los animales domésticos de su infancia; de experimentar el gesto automático y libre en sus Pintarradas..., de igual modo, hay otros momentos en los que el pintor siente la necesidad de plasmar la tristeza, la tragedia o la aflicción, ante situaciones padecidas por el hombre, un ser sagrado porque, como narra el Génesis, fue creado a imagen y semejanza de Dios. Esa es la mirada que merece llamarse acética en la pintura de Rando.


La Pasión en la Pintura de Rando (2005 –2007)


“Mi Pasión... quiere salir de las tinieblas y entrar en la Luz de la Esperanza, en la Luz de la Resurrección, en la Luz de la Felicidad, en la Luz de las Luces, que es la Luz del Amor”. Estas son declaraciones de Rando ante una serie ambiciosa como es la representación de la Pasión de Cristo; declaraciones reveladoras de un artista que hace profesión de fe en las virtudes teologales, en la idea salvífica del Cristo como Hombre/Dios único capaz de representar con toda grandeza y dignidad al género humano.

Con el verde, el magenta y el negro –colores por antonomasia del pintor- junto a toques de amarillos, rojos y azules, la Pasión según Rando revela a un Cristo, Varón de dolores, sumiso, prendido, ultrajado, rendido, aparentemente vencido ante los sayones –representantes de las fuerzas del mal, de la maldad universal- que le arrastran como oveja al matadero, que humillan a la Víctima, al Cordero universal, que se mofan de quien ya no muestra hermosura, que vendan los ojos al Inocente y atan las manos de Sanador de los caminos de Israel. Un Cristo doliente que representa al género humano, con los ojos entornados en una mirada interior, la de la aceptación y la entrega. Impresiona el cuadro titulado “Tercera caída” en la que el Hombre es ya un guiñapo sin rostro y apenas sin forma. ¿Dónde están los apóstoles? Ya todos han huido y le han dejado solo. ¿Dónde, la solidaridad humana? El Cristo despreciado y abandonado iba a ser la imagen por antonomasia de muchos otros hombres que han padecido injusticias en los avatares de la historia.
En el cuadro titulado “Tercera caída”, el expresionismo del lenguaje se hace más elocuente. Un hombre caído en tierra, desplomado y desfigurado, apenas sin fuerzas ni facciones reconocibles, intuye ya su final. Con los brazos abiertos se entrega por entero a sus verdugos. Aquí la mirada del pintor revela al hombre vencido por completo, sin más dignidad que aquella que le niega su prójimo.
La serie de la Pasión es exhaustiva en la meditación ascética del artista. Las escenas recogidas en los cuadros van desde “La última cena” a “Getsemaní”, “La traición de Judas”, el “Prendimiento”, los “Ultrajes”, la “Coronación de espinas”, el “Ecce Homo”, “Camino del Calvario” o “La Crucifixión”.

Pero la Pasión en la pintura de Rando, como en los versos de Antonio Machado, no se queda en el Jesús del madero sino que llega al “Resucitado”, “Luz de la Esperanza y del Amor”, en una representación singular. Frente al icono al uso del Resucitado, en el que, al tercer día, sale triunfante del sepulcro, el pintor malagueño ha querido mostrar a Cristo resucitado en un óleo emocionante, como el Salvador, como el Sacerdote eterno, que cobija y abraza a la humanidad entera al mostrarlo con los brazos rodeando su cuerpo. Pigmento y collage son los materiales utilizados para este cuadro en los que la figura de Cristo, sin perder su rostro humilde manifiesta el perdón y el amor a un tiempo.

Con esta Pasión resuelta en cuadros de gran formato, Rando se inscribe en esa larga serie de grandes artistas que han sabido ilustrar sin recelos iconoclastas el último tramo de la vida de Cristo sobre la tierra, siguiendo las pautas de los Evangelios sinópticos más que el de San Juan. Con esta obra expresionista, Rando –sin ser un imaginero- se inscribe en la larga saga occdental de grandes maestros del arte que se han adentrado en el misterio del Crucificado: Grunnewald, Velázquez, Goya, Ribera, El Greco... y más recientemente Rouault, Ensor, Guayasamín, Guillermo Pérez Villalta, Luis Berrutti, Claudio Bravo, José Luis Olea ... Sin hacer un Via Crucis en sentido estricto, la mirada ascética de Rando sobre la Pasión y Muerte del Cristo será una de las que perduren en la memoria de aquellos que la contemplan.

La pasión de Käthe Kollwitz, una mujer doliente

         Su nombre de soltera era el Käthe Schmidt y su trabajo plástico se desenvolvió fundamentalmente en el dibujo, la escultura y la obra gráfica. Mujer culta y liberal ha dejado un trabajo artístico asombroso y sobrecogedor que captó la atención y el interés de Jorge Rando en Alemania. Käte Kollwitz (1867 – 1945) vivió junto a su marido Karl Kollwitz en un barrio obrero de Berlín, donde la gente vivía en unas condiciones infrahumanas, lo que le llevó a representar en sus grabados el gran sufrimiento de los niños y sus madres empobrecidas. Fue la primera mujer elegida miembro de la Academia Prusiana de las Artes
Entre sus series de aguafuertes y xilografías que narraban la devastación de los cuatro jinetes del Apocalipsis –pobreza, hambre, guerra y muerte-, destacó “La rebelión de los tejedores”, inspirada en la obra dramática de Gerhart Hautman, serie que le llevó a la fama. Artista comprometida, denunció las injusticias sociales y mostró una gran valentía y solidaridad por los pobres, marginados y víctimas de las contiendas bélicas. “La guerra de los campesinos” fue otra serie inspirada en el texto del historiador y teólogo Wilhelm Zimmernann, que narraba las revoluciones campesinas entre 1522 y 1525. Su naturalismo inicial se fue haciendo cada vez más expresionista, siguiendo el grito de su rebeldía. Con trazo maestro, Kollwitz dibuja escenas desgarradoras del sentimiento de dolor, sufrimiento, impotencia y sacrificio de un pueblo y una comunidad que le rodea. Su arte se hace cada día más comprometido y en 1927 viaja a Moscú para celebrar el décimo aniversario de la Revolución de 1917.

Al ascender el partido nazi al gobierno de Alemania, los grabados de Kolwitz fueron declarados “arte degenerado” y a ella se la expulsa de la Academia Prusiana de las Artes y se le prohíbe de facto exponer su obra. Obligada a vivir en un exilio interior, la artista se refugia en la escultura y en la docencia en su taller junto a un grupo de jóvenes artistas. Durante la II Guerra Mundial mueren su marido y su hijo menor. Los bombardeos aéreos sobre Berlín destruyeron su casa y su estudio con la mayor parte de sus obras. El príncipe Ernst Heinrich de Sajonia le ofreció alojamiento en su palacio de Moritzburgo, cercano a Dresde, donde falleció al cabo de un año. Una potente escultura de esta mujer se muestra hoy en Berlín.
       Esta notable artista de vida dramática es el personaje seleccionado por Jorge Rando para su serie “La pasión de Käthe Kollwitz”, una de las más duras y expresionistas de su pintura, en la que el cromatismo se repliega en turquesas, verdes, blancos, negros –fundamentalmente para dibujar el planteamiento de la figura- con algunos toques rojizos. El resultado es de un patetismo sobrecogedor. Un homenaje conjunto a la artista y a la mujer marcada por el sufrimiento. El cuerpo de la alemana aparece inerme en su desnudez, contorsionado y doliente sobre una cruz dibujada. Cuadros de gran formato que muestran de modo sucesivo a la mujer que sufre, que llora, que muestra a su hijo abatido en lo alto, que abraza y que, finalmente, vencida, se entrega a la muerte. Kollwitz no aparece crucificada como Cristo, sino derrumbada tras su valiente resistencia.
     Cinco grandes lienzos de más de metro y medio de altura y longitud, pintados en el 2004, que reflejan la solidaridad, la mirada ascética y solidaria del pintor malagueño con la escultora alemana, imagen femenina maltratada por la vida, representante de una generación castigada por la segunda y terrible guerra civil europea, pues no otra cosa fueron las Guerra Mundiales de la primera mitad del XX.
     Para un tema tan dramático como el de Käthe Kollwitz, sólo cabía el expresionismo como lenguaje de la pintura de Rando. Expresionismo de trazo grueso para gritar las ideas y subrayar los conceptos con la línea y el color. Expresionismo como estilo por antonomasia para denunciar éticamente la dureza del mundo y de la historia hacia tantas vidas, para manifestar con fuerza el constante padecimiento de la humanidad, la crueldad de las fuerzas del mal y la presencia de víctimas inocentes.

Maternidades. Prostitución. Infortunios. El odio, la guerra

     La mirada compasiva, solidaria y ascética de Jorge Rando se extiende en definitiva a toda su pintura. Cuando observamos las series tituladas Infortunios. Maternidades. Prostitución, Infortunios o El odio, la guerra. La elección de los temas por el pintor malagueño no es baladí. Contrasta su visión de la madre junto al hijo con el de la prostituta dedicada al comercio de su carne. Hay enorme respeto, ternura y compasión en la interpretación de las Maternidades (1997 – 2006), serie que tuvo una amplia exposición monográfica en la Fundación Unicaja para recoger toda su creación en este campo durante una década.
El repertorio icónico va recorriendo la maternidad desde la casi sacralidad de la Teotocos o Madre de Dios, hasta el grupo familiar de la madre de espaldas, sin rostro, que protege a los hijos y les ayuda a seguir adelante, pasando por maternidades más adustas en las que la mujer aparece más dura o envejecida porque sus circunstancias no son precisamente gratas o favorables en la existencia. El pintor ha dado aquí sobrada muestra de variedad de situaciones y formas, de dibujo y color, de composición en suma. Ha resuelto con acierto maternidades serenas, serias, tristes o esperanzadas. El color, con su poder evocador, ha ido definiendo el pathos de cada una de ellas y sorprende en ocasiones, alguna representación monocromática en verdes, subrayada por la fuerza dibujística del negro y los trazos blancos que matizan el espacio y la escena.

En la serie Prostitución, el pintor malagueño representa a las mujeres en su apagado y monótono comercio carnal. Mujeres de bocas jugosas en el rojo intenso que indefectiblemente señala sus labios. Solas o acompañadas de “respetables” hombres de traje y sombrero, antagonistas y clientes pagadores en la transacción del placer. El expresionismo se hace en ocasiones radical, a base de rotundas y amplias pinceladas –más que manchas- de color. Otras veces deja que sea la línea del dibujo en trazos sueltos de distinto grosor y factura, el que predomine por encima del cromatismo, reservado al rojo de los labios y a la bebida como contrapunto compositivo. De vez en cuando se intuye el “azar controlado” a la hora de trabajar. Mujeres de anatomías generosas, pubis señalados, senos y piernas al aire... siempre dibujadas en una contención de trazos, lo que las expone discretas, nunca impúdicas o procaces. Rando muestra sin condenar, señala sin herir, lamenta sin escandalizar esa vieja lacra de la prostitución que se ceba por antonomasia en la mujer.

En la serie Infortunios descubrimos, por un lado, cabezas humanas, fundamentalmente masculinas, con mirada circunspecta, rostros en primer plano..., y, por otro, animales solitarios y ateridos, en una metáfora de soledad y abandono. Figuras construidas básicamente por el color para exaltar luces o provocar sombras. Hay algo de lamento en algunos de estos personajes representados. Figuras con la mano en la sien, como si sujetara su preocupación o sus pensamientos; figuras que esconden el rostro ante un personaje que les acecha; efigies de infinito cansancio; ancianos desencantados; viejos que han visto demasiadas miserias... Una vez más la humanidad doliente que avanza con su cortejo de sombras como señala el libro de Job: Nosotros somos de ayer y no sabemos nada, porque nuestros días son una sombra sobre la tierra.

Por último El odio, la guerra, como azotes de la vida. Se dice que la primera victima de la guerra es la verdad. En ella todo se manipula para buscar razones, que no razón; para justificar lo injustificable; para aplacar culpas... El resultado lo muestra el pintor en esta serie de niños huérfanos, famélicos, muertos; madres impotentes, grupos de refugiados, rostros fatigados y abatidos por la insensibilidad del prójimo y sus necesidades perentorias. El artista recurre en ocasiones a las palabras para incorporarlas en collages al soporte del cuadro: Sudán, avalancha, refugiados, exiliados... Son pinturas como carteles de llamada, gritos en la pared. De nuevo la mirada ascética y compasiva del pintor se posa en el hombre y lo refleja en los cuadros. Una mirada abarcadora que en ocasiones parece interrogar al espectador: Tú y yo ¿qué hacemos ante todo esto?

Jorge Rando es un artista comprometido desde lo más profundo. Su pintura no siempre es grata y placentera a los ojos, en lo que a temas se refiere. No es pintura fácil para el cuarto de estar sino para grandes espacios e instituciones que llegue al gran público. El pintor interpela y sacude las conciencias al mostrarnos una galería de personajes y retratos en los que no se ahorra la visión del dolor de la vida.

La creación artística tiene sus enigmas y misterios. Con frecuencia se necesita ese estado o rapto de inspiración del que hablaban los clásicos -cuando no rendían pleitesía a las musas- aunque haya que dar la razón a Baudelaire y trabajar para facilitar que la inspiración llegue en plena tarea. La actitud fundamental del artista es la de procurar entrar en el trance de creación y mantenerse allí el tiempo necesario para completar la obra deseada, la que va a merecer y trascender al espectador.
El arte no es únicamente un fenómeno estético sino una forma de conocimiento, un medio que influye en nuestra visión, carácter y destino. La mirada compasiva y ascética de la pintura de Jorge Rando se transmite por contagio de retinas y de pensamiento a todos aquellos que miran sus cuadros. Su repertorio de imágenes nos lleva a ver e interpretar de nuevo la Pasión de Cristo, la pasión de Käthe Kollwitz, la maternidad, la prostitución, el infortunio, el odio y la guerra de otra manera. Una reflexión plástica y ética que trasciende más allá de la mirada.