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lunes, 8 de febrero de 2021

“Relatos faunescos”, por Fernando Mansilla, ilustrados por José Luis Ágreda



Julia Sáez-Angulo

9/2/21.- Madrid.- Más de uno olvida que los hombres y mujeres pertenecemos al reino animal y eso aflora cada dos por tres en cada jornada. Fernando Mansilla nos lo volvió a recordar en su libro “Relatos faunescos”, publicado por la editorial Barret, con ilustraciones del sevillano José Luis Ágreda. 

    El libro lleva una presentación de Alex O´Dogherty en la que describe así al autor: “Fernando Mansilla: m. Hombre silla que sirve en Hombre de Piedra/ Señor con gabardina y sombrero/ Dibujante con palabras/ Rapero atípico/ Poeta no maldito. (…) Fernando Mansilla pinta cuando escribe. Su manera de escribir es describiendo.

    “Ahora hay menos olores, huele mucho menos, está todo domesticado”, se lee en el libro. Con todo, la escritura de Mansilla, nos lleva al lado salvajes de todos nosotros.

    El libro, al que extrañamente le falta un índice, lleva títulos como La dorada, La mosca I, II y III, Lindo gatito, El ángel del pavo, Aventura con un guepardo, 999 camellos, o, El tigre de Malasia.

Fernando Mansilla (Barcelona, 1956 – Sevilla, 2019) fue escritor, músico y dramaturgo de la escena independiente de Sevilla. Un hombre singular que nos dejó estos peculiares relatos faunescos con los que trata de representar la condición humana, a través de los animales como arquetipos de todos nosotros. Fue su primer libro de relatos publicado en 2017.


domingo, 3 de enero de 2021

“Mansilla Street View 1984-2019”, libro de Fernando Mansilla, en edición de David Montero, publicado por Barrett




Julia Sáez-Angulo

4/1/21.- Madrid.- “Mansilla Street View 1984-2019” es el libro de Fernando Mansilla, en una selección de textos de David Montero, publicado por la editorial Barrett. La mayor parte de los textos son inéditos y contienen muestras de todos los géneros que el autor cultivó. El libro lleva una buena alternancia de páginas en blanco y en negro.

Fernando Mansilla (1956-2019) era barcelonés llegado a Sevilla en los primeros 80, fue testigo y cronista de lo que iba pasando por las calles de lo que se convirtió en su ciudad: desde los estragos de la heroína hasta la tabula rasa del 92 y la gentrificación de la segunda década del XXI. Era poeta y dramaturgo, novelista y rapsoda, músico y paseante, personaje y persona, explica David Montero.

Su poesía fue recogida en Poemas para la no posteridad (Cangrejo pistolero) y en los discos Literatura de baile, Dejad que los colgados se acerquen a mí y Lucy (todos junto a Mansilla y los espías), sus piezas teatrales (una de las cuales fue nominada a los Premios Maz) fueron estrenadas regularmente desde los primeros noventa y su narrativa se inició con la novela Canijo (El Rancho Editorial) y prosiguió con Relatos faunescos y Matar cabrones (publicada póstumamente, ambas ya con la editorial Barrett. Falleció en junio de 2019 mientras descansaba “en el puto sofá”.

Por su parte, el editor David Montero (Sevilla, 1973) estudió Periodismo y Arte Dramático. Últimamente se define como inventor y ejecutor escénico, escritor y agitador. Ha sido galardonado con el premio Carlos Arniches, el accésit del premio Miguel Romero Esteo y el Premio de la Crítica Festival de Jerez. Conoció a Fernando Mansilla en 2005 y compartió con él giras, cervezas, paseos y lecturas. 

“Mansilla Street View” está escrito desde la observación, porque como dice David Montero: “Hay dos formas de escribir: como quien caza o como quien pesca. El cazador sale al encuentro de las palabras, las ideas, los personajes. Hay algo violento en su escritura y parece inevitable porque escribir es nombra, es decir separar lo que nombramos del resto de la realidad”

Fernando Mansilla no partía de la prisa ni de las modas “él prefería quedarse fuera fumando y mirándolo por la ventana. Y mientras todos bailaban él estaba quieto y se decía: por esta vez pase, por esta vez, vale la pena al lado de los monstruos. Así, fue adquiriendo la sabiduría del pescador: lo importante no es lo que se pesca, sino disfrutar de la quietud mientras se sostiene la caña y se mira a la superficie del agua”.