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martes, 21 de mayo de 2013

Luis Hernández del Pozo, Homenaje de poetas y artistas en el Aula de Poesía “A Orillas de Ávila”



Julia Sáez-Angulo

         21.05.13 .- Madrid .- El poeta y crítico de arte Luis Hernández del Pozo (Ciudad Rodrigo, Salamanca, 1932) ha sido objeto de un homenaje en el Aula de Poesía “Orillas de Ávila”, dirigida por José Félix Olalla. El acto tuvo lugar en la Casa de Ávila y estuvo muy concurrido de poetas, artistas, familiares y público en general en reconocimiento al vate octogenario.

         Agapito Rodríguez Añel, presidente y anfitrión de la Casa de Ávila abrió el acto para reconocer la generosidad del homenajeado a lo largo de su trayectoria profesional. Hernández del Pozo dirigió varios años la misma tertulia en la que ahora ha sido objeto del homenaje.

         El poeta Emilio Parra hizo la presentación del homenajeado y señaló que como hijo de militar nació en Ciudad Rodrigo, pero era especialmente de Granada por afecto a la ciudad donde residió y viaja con frecuencia. Destacó su característica de militar y de poeta fecundo y galardonado. Se recordó a su amigo el poeta Luis López Anglada.


         José Félix Olalla comenzó leyendo el poema “Puente de Alcántara” de Hernández del Pozo, referido a la ciudad de Toledo, a la que tiene dedicada el libro Toledo en el recuerdo”.

         El recital de poemas corrió a cargo del vate homenajeado y los citados presentadores. Se leyeron versos de los libros Al calor de la piedra, De viajes y violaciones o de Paisajes en el valle del Cauca. Fue muy aplaudido cuando el autor leyó el poema: Golondrinas, mis manos en tu albura”, “Los silencios compartidos” o el “Yo no vengo a pedir”.

            Entre los asistentes al acto: Benito de Diego, José Benito de Lucas, Alberto Infante, Teodoro Rubio, Juan Carlos Búrdalo, Linda de Sousa, Juan Jiménez, Franca López Figueroa y Maribel Torrecañeque.

lunes, 24 de mayo de 2010

Franca López Figueroa, conferencia sobre los lugares de Isabel I de Castilla




Julia Sáez-Angulo

En un recorrido lírico y geográfico, Franca López Figueroa, Dama del Capítulo de Isabel la Católica, dio una conferencia en el Hogar de Ávila de Madrid sobre la ruta de lugares vinculados a la Reina de Castilla, bajo cuyos auspicios se unieron los diversos reinos de la península ibérica, se descubrió América o se editó la primera Gramática de la Lengua Española. Ávila, Valladolid, Sevilla, Barcelona, Toledo... fueron algunos de los lugares comentados.

Con amenidad y pasión, Franca López Figueroa habló de Madrigal de las Altas Torres en Ávila, lugar de nacimiento de Isabel, donde se habla de ella con respeto y veneración. También en Arévalo, capital de la Moraña abulense. Las figuras de su hermano, Enrique IV; su abuela, Isabel de Barcelós; su fiel y sincera amiga Beatriz de Bobadilla se engarzan en esta geografía.

Un hermano, Alfonso, con 14 años, llegó a reinar –como un Alfonso XII- durante muy poco tiempo. Jorge Manrique lo lloró en sus coplas, el poeta que murió por la Reina en el palacio de Garcimuñoz.

Los toros de Guisando, bestiario del siglo II antes de Cristo, en la Edad del Hierro, justamente en El Tiemblo, fueron testigos de aquellos que juraron a Isabel como Princesa de Asturias.

En Valladolid tuvieron lugar las bodas reales de Isabel y Fernando, en espera de la bula de dispensa papal de Sixto IV porque eran primos segundos y llevaban la misma sangre. Todo en el palacio de Juan Vivero. Con ambos personajes reales quedaban Castilla, León y Aragón unidos. “Tanto monta, monta tanto”.

Muere el rey Enrique IV e Isabel asiste enlutada a las exequias, pero de inmediato deja el luto para acudir a la proclamación como Reina de Castilla. Inteligente y hábil sabía que no había que perder tiempo. Segovia vio la coronación y el como la Reina desplegó su tacto político.

En 1477 entra en Toledo y oye misa en la catedral. Allí morirá su hija Isabel. Ordena la construcción de San Juan de los Reyes, un hermoso monasterio franciscano en el que aparece el águila de San Juan. La gran joya del gótico hispano, aunque de entrada a la Reina le pareciera poco y dijera “es una monada”.

En Sevilla se deslumbró con la belleza de la ciudad y el recibiendo de sus súbditos. Allí Isabel y Fernando holgaron tanto que la Reina quedó embarazada. Ávila, “recatada y sumisa doncella” ha conocido a dos santas: la carmelita Teresa de Jesús e Isabel I de Castilla, si bien su beatificación se ha pospuesto en la Santa Sede por el papa Juan Pablo II, a la espera de mejores circunstancias de tiempo y oportunidad.

El monasterio de Guadalupe fue otro lugar isabelino muy amado por la Reina, en el que estuvo doscientos días de su vida en diferentes viajes al mismo. Allí está enterrado Enrique IV. Barcelona, floreciente y grata para Isabel, fue el lugar donde se encontró con Colón y seis indios venidos de América, además de seis pájaros multicolores y numerosos frutos desconocidos.

Santa Fe, pueblo castellano en Andalucía, con calles rectilíneas, se dilató en su conquista. Entre tanto funda un convento en la Zubia... En el castillo de La Mota de Medina del Campo dictará su testamento –el artista Rosales pintará un hermoso cuadro con la escena en el XIX- y morirá como mujer, como reina, como santa...

La biografía de Isabel I de Castilla, Reina Católica es rica en fundaciones y episodios, todos ellos respaldados por lugares que hizo históricos con su sola presencia
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