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viernes, 28 de diciembre de 2012




María Huidobro,  poeta magistral en el arte  del haiku

 


Julia Sáez-Angulo

         Profesora de Lengua y Literatura Francesa, la poetisa María Huidobro (Burgos) residente en Madrid, es una consumada maestra en el arte poético el haiku, al que ha dedicado varios libros de su docta bibliografía, entre ellos “La magia de las flores”, “Tallos de bambú” o “En el país del Sol Naciente”. Sus libros pueden adquirirse en la Casa del Libro vía Internet.

         El haiku es la composición poética tradicional y habitual en Japón, de la misma manera que el romance lo es en castellano; ambos están intrínsecamente imbricados en las respectivas lenguas. El haiku es una estrofa que generalmente se compone de tres versos con cinco, siete y cinco sílabas cada uno de ellos.

Naturalidad y sencillez son sus notas no exentas de belleza y profundidad. Matsuo Basho y Onitsura (siglo XVII) han sido las grandes figuras del haiku japonés. Ambos, traducidos al castellano, consideran al haiku una vía espiritual, además de estética.

 La naturaleza es su fundamental fuente de inspiración. El poeta sigue el curso de las estaciones con asombro poético. La luna, el cerezo, el jardín, el té, el agua… son elementos recurrentes en el haiku, que se introdujo en España a primeros del sigo XX. La poetisa española Ernestina de Champourcín fue una de sus mejores cultivadoras. El poeta extremeño José María Bermejo, residente en Madrid sostuvo durante un tiempo una escuela de recitales y aprendizaje del haiku en Guadalajara.

“Novias del viento/las flores del almendro/vuelan sin alas”, dice un haiku de María Huidobro, hoy la gran representante del haiku en España. Otro: “Son esas flores/ heraldos silenciosos/ de primavera”.

María Huidobro, que ha participado en numerosos recitales y congresos sobre haikus dice que las flores por su belleza, colores, perfume y poder simbólico, se prestan como nada,  a ser motivo poético de los haikus.



“Es la Artemisa/ símbolo de la dicha/ más duradera”, dice otros de sus haikus que se completa con el siguiente: “Con esta planta/ se coronan las testas/ que anhelan dicha”. Recordemos que la artemisa es una flor blanca con centro amarillo que toma su nombre de una divinidad griega. Artemisa era hija de Zeus y de Leto, y fue asimilada por los romanos a la diosa itálica Diana.




lunes, 21 de diciembre de 2009

María Huidobro publica un bello poemario sobre los Niños



ninos timidos y extrovertidos

Niños, la más pura expresión de lo adorable
María Huidobro
Madrid, 2009




Julia Sáez-Angulo

Escritora fecunda y poeta versátil, María Huidobro (Burgos) nos sorprende ahora con un libro de poemas insólito titulado “Niños, la más pura expresión de lo adorable”, un homenaje a los más pequeños por la vía del verso, del asombro, de la admiración y del amor a los más pequeños.

“Un niño es un amor hecho visible” decía Novalis. María Huidobro, profesora de lenguas, suscribe los versos de Luzmaría Jiménez Faro: “Niño, sueño perfecto/ de todo lo creado”, que abre el poemario. El libro lo escribió durante una convalecencia y es una reflexión sobre un período muy concreto del hombre, el de su inicio.

Los poemas de Huidobro son una mirada a la infancia desde la atalaya de madurez, una exaltación de la pureza y la espontaneidad de los primeros años de la vida donde está todo por hacer y marcar. La mirada de la poeta es de inmensa ternura y conocimiento al mismo tiempo.

Los tiempos fabulosos de la vida

El libro se estructura en nueve partes: “Niños, alada levedad de vuelo angélico”; “El maravilloso mundo de los niños; “Infancia, mágica palabra”; “Ojos que ven lo invisible”; “El corazón del niño es un tesoro”, “Tierno jazmín, el alma de los niños”; “La condición humana de los niños”; “El sueño de los niños tiene magia” y “Desvelo”.

“Entre ángeles y niños” titula la presentación del poemario el editor Basilio Rodríguez Cañada, que lo describe como “un homenaje a los tiempos fabulosos de la vida, como los definía Leopardi, una exaltación de la pureza y autenticidad de los primeros años de nuestra existencia. Una obra que transmite el inmenso amor que profesa su autora a quienes tienen el divino poder de sumergirnos en las ilusiones”.

“Todos los niños llevan en los ojos/ una huella de Dios, inconfundible, / un reflejo divino de lo excelso,/ y la luz celestial del brillo eterno”, dice en uno de sus poemas. Después de los bellos haikus escritos en libros anteriores, sorprende esta visión y atención a la infancia.