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jueves, 4 de diciembre de 2014

“El Retrato en las Colecciones Reales” junto a retratos del Rey Juan Carlos



"La familia de Juan Carlos I", retrato por Antonio López



Julia Sáez-Angulo

         Vaya por delante que se trata de una exposición espléndida la que puede contemplarse en el Palacio Real de Madrid bajo el título El Retrato en las Colecciones Reales. De Juan de Flandes a Antonio López, que permanecerá abierta hasta el 19 de abril de 2015. Un total de 117 obras entre las que se encuentran Velázquez, Ribera y Goya.

         Dicho esto la pregunta sobrevolaba en el ambiente de espectadores: ¿Se ha hecho esta exposición para “obligar” a terminar el retrato de “La familia de Juan Carlos I”, pintado por Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) durante veinte años, exactamente de 1994 a 2014? A más de uno, se lo parecía.

         Ciertamente ese cuadro era la novedad máxima y todos iban a contemplarlo con máxima curiosidad. No era ni mucho menos el parto de los montes, es un buen cuadro, muy luminoso, aunque no todos sus aspectos convencen. La visión compositiva, figuras en arco, es casi de instantánea fotográfica y la posición de cuerpo entero lleva a la contemplación de pies no siempre protocolariamente juntos o bien posicionados, así como los zapatos fuera de actualidad o no favorecedores. Quizás un corte imperial al retrato le hubiera venido mejor; algunos medios informativos lo publican así y evitan el tamaño natural.

La elección de los trajes de las tres damas, Reina Sofía e Infantas, no parece bien entonada: corto y gracioso el de la infanta Elena, midis disparejos los de la reina y la infanta Cristina. Los atributos de abanico y flores para las manos de las infantas resultan un tanto convencionales y “femeninos”, poco modernos. La mejor, la reina Doña Sofía; el rey aparece centrado un poco gris en su indumentaria seria y deslavazada. Pasa el brazo por el hombro de su primogénita –se dice que su preferida- que tiene un ligero rictus despectivo suyo, pero no favorecedor. El entonces príncipe Felipe, un tanto apartado del grupo, sobresale en talla dentro del retrato. Todos tienen veinte años menos, el del comienzo de la pintura. Ciertamente chocante.

Cuadro en una posición anterior

         Los supuestos avatares de este cuadro le han conferido leyenda de la que tanto gusta el pintor autor. Cambió de fotos, de trajes, prolongación en el tiempo… Antonio López es listo y un buen e hiper valorado pintor. El cuadro fue encargo de Patrimonio Nacional -50 millones de pesetas de 1994-, institución que no ha encargado de momento otro para el nuevo rey.

         La exposición que lleva el claro título de “El Retrato en las Colecciones Reales”, se abre con dos retratos desiguales en tamaño –más grande el de la reina Sofía- , éste de la Fundación Albéniz y el del rey, propiedad particular de Don Juan Carlos, algo que produce cierta perplejidad porque ninguno de los dos retratos de apertura pertenecen a las Colecciones Reales. Son de Hernán Cortés.

         Hay otros cuadros propiedad del rey Juan Carlos, como son el de su propio retrato firmado por Dalí o los dos Laszlo con los retratos de sus padres, que según Doña María de Borbón al entrevistador Javier González de Vega, nunca sacaría de Palacio Real.

         No parece muy acertada en la exposición esta mezcla de cuadros de las colecciones de Patrimonio Nacional con los de propiedad privativa del rey.  Ya no hay monarquía patrimonial. Confunde y crea preguntas sobre  los regalos al rey o al Jefe del Estado, que conviene deslindar. Quizás fuera un buen momento para altruismos de magnánimo donante; Hacienda desgrava por ello.

         Los comisarios de la exposición son Carmen García Frías, conservadora de Pintura Antigua de Patrimonio Nacional y Javier Jordán de Urríes, conservador de pintura del siglo XVIII de Patrionio Nacional. La primera se encargó de los cuadros de las dinastías de los Trastámara y de los Austrias; el segundo de la de los Borbones. Tanto José Bonaparte como Amadeo de Saboya han quedado relegados; “no había buenos retratos”, se explicó en la rueda de prensa. En total, 117 retratos, no todos reales; algunos de figuras cortesanas y ad latere.

         José Rodríguez Spiteri –cercano a su jubilación-, con su dudosa diplomacia, habló de los detalles en la última fase de realización del cuadro (300 x 339 cm), el más grande pintado por su autor) en palacio real, de la entrevista de López con su tío (de Spiteri) Pablo Palazuelo, así como de las complicadas y largas conversaciones con el Museo del Prado sobre ciertos cuadros en depósito de Patrimonio Nacional. “Conversaciones más largas que las de Gibraltar o las eléctricas con Francia”.

En la sala de mayordomía, para encuentros con los periodistas, se encontraban la foto oficial de los reyes  Felipe VI y Leticia, por Daniel Virgili. Una buena foto de contrastes cromáticos. Seguramente basta.





        


         

miércoles, 19 de junio de 2013



“Isabel de Habsburgo, Reina de Dinamarca”, por Yolanda Scheuber







Julia Sáez-Angulo


         Hermana del emperador Carlos V, hija de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, la princesa Isabel de Austria o Isabel de Habsburgo fue destinada por su abuelo el emperador Maximiliano a casarse con Christian II, “el sanguinario” rey de Dinamarca, Noruega y Suecia. La vida de Isabel de Habsburgo ha sido novelada por Yolanda Scheuber (Argentina, 1953), que le da voz con gran viveza. El libro ha sido publicado por la editorial Nowtilus.

         La vida novelada de este personaje femenino histórico ha sido narrada con gran rigor y amenidad, en una prosa descriptiva e introspectiva de gran acierto por pare de la autora Yolanda Scheuber, licenciada en Políticas y profunda conocedora de la historia del XVI en Europa.

Isabel de Habsburgo partió en un barco cuando solo tenía catorce años y su vida fue complicada ante un marido que la abandonaba por una amante. Sin embargo Isabel lo siguió siempre con grandes renuncias, aún en tiempos de infortunio. Estaba educada para obedecer a la dinastía y en pro del imperio de la familia. Una disciplina que hoy ya no se conoce.

El libro ofrece los árboles genealógicos de las familias reales de Europa para situar al lector ante una posible duda de nombres y descendencias. La autora dedica el libro, entre otros, a las princesas de Austria, luego reinas todas ellas: Leonor, Isabel, María y Catalina de Habsburgo. También a la profesora Carmen Vaquero Serrano, que desde Toledo le ayudó en la recolección de datos.


Entre las familias y personajes que figura se encuentran los Trastámara de España; los Avis, de Portugal; los Valois, de Francia, la Casa de Borgoña; los Oldemburgo de Dinamarca o la Casa de Jagellón de Hungría y Bohemia, así como Isabel de Castilla y Fernando de Aragón; Juana I de Castilla; Juan de Trastámara, Isabel y María Trastámara, Catalina de Aragón, Maximiliano de Habsburgo, María de Borgoña, Felipe de Habsburgo…

“Al igual que sus hermanas Leonor y María, Isabel de Austria, protagonista del libro, fue educada dentro de la suntuosa corte de Malinas, al amparo de su tía Margarita de Austria y bajo la atenta mirada de su abuelo, el emperador Maximiliano I”, recuerda la autora en el prólogo. Después de esta infancia lujosa, vendría otra vida más compleja y difícil que tuvo que abordar con coraje.