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jueves, 6 de diciembre de 2012




Adonis, poeta de “Sombra para el deseo del sol”

 




Julia Sáez-Angulo


         Adonis (Siria, 1930) es uno de los poetas árabes más relevantes de nuestro tiempo hasta el punto de que su nombre suena continuamente para el premio Nobel. “Sombra para el deseo del sol” es el título del libro publicado por la editorial Vaso Roto, que incluye unas hermosas páginas con la caligrafía árabe. El singular dibujo de la cubierta es de Víctor Ramírez.

         La escritora, también poeta, Clara Janés (Barcelona, 1940), ha sido la traductora del poemario de Adonis en colaboración con el mismo autor. La poetisa escribe un bello párrafo sobre Adonis, seudónimo del nombre sirio Ali Ahmad Said Esber:

         “Hay distintas puertas, pero él cruza las puertas de Damasco, sigue las insinuaciones del incienso, pasea por los jardines de Zenobia, elige baños y ungüentos, y perfuma la palabra en cada una de sus letras y sus acciones. En alfombras de arena lleva la vida. Olvido-no olvido, para la historia, que mezcla la cabeza de san Juan Bautista con las orejas de Tamerlán, los bazares con las murallas o las mezquitas”.

        Clara Janés
En el lugar del primer alfabeto

Los poemas de “Sombra para el deseo del sol” proceden de plaquetes o de libros colectivos llevados a cabo con motivos diversos. Su conjunto, sin embargo, arroja un resultado de gran unidad e intensidad debido, sin duda, a una ubicación muy especial: están situados en torno a Oriente Medio, en un área que incluye el lugar donde el poeta nació, que es el mismo donde surgió el primer alfabeto, lo que permitió fijar por primera vez la civilización.

         “Montañas de chispas/viajan en nubes de arena./ ¿Son ellas los vientos que soplarán/ en mi desierto?/ “n mi desierto,/ el sol no deja de llorar”, dicen unos versos de Adonis.

         Hablando del poeta, Clara Janés escribe: “Dice que un rayo le mostró el camino. Es un rayo que respeta el templo de Artemisa, pero el rayo se convierte en cálamo sobre las piedras de Petra o es la piedra misma la que dibuja la órbita celeste, círculos y líneas que dan la bienvenida a los yinns y al agua secreta, y a los animales, y a la letra antes de que cobre significado primordial”.


         

domingo, 24 de junio de 2012




Mercedes Roffé, poeta singular en el libro “La ópera fantasma”




Julia Sáez-Angulo

         La poetisa argentina Mercedes Roffe (Buenos Aires, 1954) ha publicado el poemario “La ópera fantasma” en la editorial Vaso Roto. El título, tomado de la “Ghost Opera” del compositor chino Tan Dun sirve de punto de partida para explorar el territorio del poema de modo muy particular, en el sentido etimológico.

         La autora es profesora y traductora radicada entre Nueva York y Buenos Aires. En cu trayectoria como poeta cuenta con títulos como “El tapiz” (1983), “Cámara baja” (1987), Memorial de agravios” (202) y “Las linternas flotantes” (2009).

         Mercedes Roffe fue merecedora de la beca en poesía de la Fundación John Simon Guggenheim y su obra poética ha sido traducida al inglés, francés e italiano.

         “La ópera fantasma” es una suerte de periplo por la historia de la música y la pintura, desde Juan Sebastián Bach a Arvö Part, pasando por Gorecki o Hildegard von Bingen; del simbolista Odilon Redon a la surrealista Remedios Varo, pasando por los Nabis o “profetas”, movimiento decimonónico de la pintura francesa.

         “Teoría de los colores” y “El pájaro de fuego” son dos partes muy definidas en el libro “La ópera fantasma”. El bello dibujo de la cubierta del libro pertenece a Víctor Ramírez.

         “Paso al acecho/ alerta/ El silencio te asista./ Detrás de tu dolor ensaya/ la parodia/ gestos obscenos/ (El silencio de asista).” Dice el poema titulado “Chances Are”.

         La poesía de Mercedes Roffé también pasa por la etnología y el ritual, como lo entendía Antonin Artaud hasta encontrarse con la poesía en camino libre de modas y broza retórica. Una poesía en suma de ritmo entrecortado, sugerente, musical, hecha de pálpitos de pensamiento, de palabras entrecortadas que avivan la mente del lector al que la autora hace partícipe de su alma creativa, de su erudición sentida y emocionada, de su admiración puntual y profunda. Erudita, cosmopolita.

         Después de la cita de M. Levinas: “La Conference des oiseaux”, la poeta escribe: “ópera/ como agua/ como pulirse de rocas/ pebbles; cailloux:/ piedrecitas/ unas con otras/ --contra otras/ y un/ narrador/ como aquel cuando chicos/ -Pedro y el lobo—que tanto miedo nos daba/ -no el lobo: el narrador”.