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martes, 17 de junio de 2014

FELIPE VI Y EL FUNDAMENTALISMO LAICISTA

           

L.M.A.

17.06.14 .- Madrid .- El laicismo gana terreno. Unas veces en los hospitales que retiran los crucifijos porque dicen que molestan y otras en las tomas de posesión de los cargos, del rey abajo ninguno, porque así lo requiere el reciente editorial del rotativo que quizás dictó jesús-del gran-poder desde la tumba.
El nuevo rey irá derecho desde el parlamento a palacio, en coche cerrado y blindado, sin parada alguna en la catedral donde se casó, ni siquiera para un Te Deum, catedral donde se ha manifestado la intención de cerrar pronto el día 19 de junio, porque no se la convoca y no está dispuesta a que entren los laicistas para refugiarse cuando vayan a abuchear al nuevo rey y hay una descarga de la policía.

“París bien vale una misa”, dijo el primer Borbón que hizo dinastía. Madrid bien vale una ceremonia laica, parece pensar el nuevo Rey de España, para contentar a los laicistas y republicanos que se quieren echar a la calle no precisamente para aplaudirle.
Los no laicistas se quedarán en casa y no pondrán colgaduras para agasajar al nuevo rey de los laicos, que bien pudiera aprender de los Estados Unidos, donde los primeros mandatarios hablan de Dios sin complejos e invitan a los ciudadanos a orar, cada uno en sus creencias –incluida la laicista- para que Dios derrame sus bendiciones en el tiempo que viene. No ha sido así en las otras monarquías que han abdicado. La monarquía española era católica por tradición, pero no parece importarle ahora demasiado.

Hasta la moneda norteamericana habla de Dios sin complejos: In God we trust. La vieja Europa de las logias, cada día más laicista, con una Constitución que reniega de sus raíces cristianas, no ha sido aprobada por los ciudadanos o cuando lo ha sido, fue con menos del 50% de los votos.
Parece que nuestro futuro Rey se ha sumado a la dinámica de los laicistas, algo que produce cierto estupor y desconsuelo a los que somos creyentes y nos gustaría ver a un Rey valiente al manifestar sus creencias trascendentes respetando a su vez todas las de los ciudadanos. Un Te Deum, aunque sea en la capilla de palacio real, no estaría de más. Siempre se ha comentado que el más religioso de la familia real era el Príncipe; no parece que vaya a demostrarlo en esta ocasión.

Si el fundamento histórico de la monarquía ERA que venía de Derecho Divino, está claro que ahora las cosas no parecen verse por ese lado, dada la visión parlamentaria y la presión de los laicistas, más fundamentalistas y beligerantes que nadie. La monarquía parlamentaria debería meditar el valor de la tradición y de la historia al respecto.
Los católicos, al menos los de Madrid, por indicación del cardenal Rouco Varela, llevamos varios días rezando por el futuro Felipe VI en todas las misas, pidiendo que su tarea se encamine al bien común de los españoles. Seguiremos haciéndolo, desde luego, pero nos gustaría ver al futuro Felipe VI más presente en su fe.


domingo, 1 de mayo de 2011

“El poder de la Religión en la esfera pública” de Jürgen Habermas y otros autores


“El poder de la Religión en la esfera pública”
Jürgen Habermas y otros autores
Edición Eduardo Mendieta y Jonathan Vananwerpen
Editorial Trotta
Madrid, 2011 (145 pags)




Julia Sáez-Angulo



Ni la vida pública es lo estrictamente racional, ni la religión irracional y privada. Solo posiciones intransigentes pueden atenerse a ello y sancionar o demonizar las incursiones de una en otra u otra en una, máxime cuando así no suele constar en las Cartas Magnas. El libro “El poder de la Religión en la esfera pública” de Jürgen Habermas y otros autores como Charles Taylor, Judith Bustler y Cornel West abordan el tema en sendos ensayos o ponencia de un coloquio.

Cuatro posiciones intelectuales de interés que despiertan el debate y la confrontación de miradas. El libro, publicado por Trotta, termina con una conversación entre Jürgen Haberlas y Eduardo Mendieta sobre la relevancia filosófica de la conciencia postsecular y la sociedad mundial multicultural.

En el contenido del libro se recogen capítulos como el “Diálogo entre Jürgen Haberlas y Charles Taylor”; “¿El judaísmo es sionismo?”, de Judith Butler; Religión profética y futuro de la civilización capitalista”, de Cornel West; “Diálogo entre Judith Butler y Cornel West; Debate final entre todos los autores y un epílogo de Craig Calhom.

“En el estudio de la esfera pública fue precursora la provocativa e incisiva “Historia y crítica de la opinión pública” de Jürgen Habermas, y los actuales debates sobre lo “público” y sus categorías relacionadas siguen estando estrechamente unidos a esta obra pionera elaborada hace más de cuarenta años”(...) “En esta obra Habermas no prestó suficiente atención a la religión, sin embargo en los últimos años el escritor se ha ocupado cada vez de las cuestiones religiosas, se dice en la introducción del libro.

Redefinición del secularismo


Charles Taylor se ocupa de que “necesitamos una redefinición del secularismo” y señala que el estado no puede estar oficialmente vinculado a ninguna confesión religiosa, a no ser en sentido residual y en buena parte simbólico, como en Inglaterra o Escandinavia. Pero el secularismo exige algo más. El pluralismo de la sociedad requiere que exista una neutralidad o “distancia por principio” (principled distance), por utilizar la expresión de Rajeev Bhargava.

“Si uno dice que se opondría a cualquier Estado que limitara la plena ciudadanía a un grupo religioso o étnico a costa de las poblaciones nativas y de todos los demás cohabitantes, podría fácilmente ser acusado de no entender el carácter excepcional y singular del Estado de Israel y, sobre todo, las razones históricas para mantener esa excepción”, escribe Judith Butler, que habla de la postura liberal sobre los principios clásicos de ciudadanía, que pudieran llevar a un genocidio.

El ultimo capitulo del libro habla de la sociedad post-estructural y multicultural, ante la que algunos políticos como Cameron o Sarcozy sienten que ha fracasado, ante imposiciones de unos al no querer arrostrar la democracia occidental con todos sus derechos humanos.

La “demonización” del laicismo liberal a todo lo que huela a religión, laicismo sectario y beligerante sobre el sentido de la trascendencia de los ciudadanos, es dificultad dolorosa y obstáculo de buena vecindad para muchos ciudadanos creyentes.

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