domingo, 6 de septiembre de 2026
"CINCO MIRADAS. UNA SAGA" y la participación de Magui Rebollo y Ula Villagrán, en Art Gallery VRSA
MIGUEL TUGORES. Casi dos décadas al frente de la Fundación y Palacio Ducal de Medinaceli. Soria
Paula Tejedor, Miguel Tugores, Julia Sáez-Angulo y Antonia Lázaro, pintora
ROSA ESCALONA, PINTORA. Exposición e instalaciones en el Palacio Ducal de Medinaceli. Inauguración oficial por el Concejal de Cultura y el director de la Fundación DEARTE. Fiesta del Romanticismo.
Julia Sáez-Angulo
Fotos: Luis Magán
6/9/26.- Medinaceli (Soria).- El Concejal de Cultura de Medinaceli (Soria), Enrique Riosalido y el director de la Fundación DEARTE, Miguel Tugores, Han inaugurado la exposición e instalaciones de la artista visual Rosa Escalona, en el célebre palacio de Medinaceli, situado en una elevación de “Villa histórica” -así les gusta llamarla-, a 1200 m. sobre el nivel del mar, justo el doble que Madrid.
La asociación de Vecinos de Medinaceli ha participado de modo especial en el evento, revestida con trajes románticos blancos y de color, pamelas, flores, mangas colgantes, capelinas… La inauguración ha sido una gran fiesta local y foránea, que terminó con cava y bombones ene el amplio patio cubierto del Palacio Ducal.
Entre los presentes, personas del mundo del arte como Pilar García Orgaz o Lola Tejedor.
El Palacio Ducal de Medinaceli (Soria) es un lugar concebido hoy para recibir las artes plásticas, musicales, literarias... Entre sus piedras antiguas, cargadas de historia, Rosa Escalona presenta una exposición que es, en sí misma, un viaje: un viaje por el tiempo, por la memoria, por el paisaje y, sobre todo, por las emociones.
La artista, polifacética e incansable investigadora de materiales y formas, muestra en el Espacio de Arte del Palacio, dirigido por Miguel Tugores, dos series que resumen buena parte de sus últimas preocupaciones creativas: «Viaje en el tiempo» y «El romanticismo». Pintura, collage, instalaciones y una concepción abierta de la obra se dan cita en unas salas donde el pasado del edificio establece un curioso diálogo con la contemporaneidad de su propuesta.
En «Viaje en el tiempo», Rosa Escalona despliega una sucesión de cuadros, tapices y materiales que parecen guardar la huella de distintas experiencias vitales. La naturaleza ocupa un lugar esencial: grutas, cascadas, barrancos, accidentes del paisaje que la artista transforma y recrea mediante una mirada que no pretende simplemente reproducirlos, sino penetrar en aquello que esconden.
Entre esas imágenes aparece el recuerdo del barranco del Poyo, escenario de la DANA que azotó Valencia y que estuvo a punto de atrapar a Rosa Escalona y a su marido, Santiago Falcón. El paisaje deja entonces de ser una simple referencia exterior para convertirse en memoria personal. La naturaleza puede ser hermosa, pero también terrible; puede acoger al hombre y, de pronto, enfrentarlo con su propia fragilidad.
Es ahí donde la exposición adquiere una dimensión especialmente emotiva. Porque el tiempo no solo transforma la materia. También transforma los lugares y, con ellos, nuestra manera de recordarlos.
Podríamos pensar en aquella hermosa concepción de Marguerite Yourcenar, para quien el tiempo es escultor. El tiempo esculpe las piedras, erosiona los paisajes, modifica los rostros y, de una manera más invisible, va modelando también nuestras emociones. Rosa Escalona parece trabajar precisamente sobre esa materia fugitiva: aquello que queda cuando una experiencia ya ha pasado, pero permanece en la memoria.
Frente a esta serie, «El romanticismo» introduce otro registro. Aquí la artista se sirve de las instalaciones y de una cierta dimensión performativa para construir un universo más lúdico, participativo y teatral. Y en esta ocasión Medinaceli no es solamente el lugar que acoge la exposición: sus propios habitantes pasan a formar parte de ella.
Mujeres, hombres y niños de la Asociación de vecinos de Medinaceli han participado en algunas de estas acciones, incorporándose a las instalaciones y proporcionando al conjunto una visión romántica, animada y colectiva. El arte abandona así por un momento la solemnidad del museo y recupera algo de su antigua condición de celebración compartida.
Hay algo particularmente hermoso en que una exposición contemporánea se abra a los habitantes del lugar. Los vecinos dejan de ser espectadores para convertirse en parte de la obra. Y el Palacio Ducal, con su arquitectura y su memoria, termina siendo también un personaje más de esta representación.
Rosa Escalona (Madrid, 1947) es una artista de trayectoria larga y diversa. Su obra se encuentra en permanente movimiento, como corresponde a una creadora que nunca ha dejado de investigar. Pintura, dibujo, grabado calcográfico, collage, escultura e instalaciones forman parte de un recorrido de más de treinta años que se ha desarrollado en diferentes ciudades, entre ellas Zaragoza, Bilbao y Madrid.
Su obra figura en colecciones y museos como los Museos de Bellas Artes de Vitoria, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Museo del Dibujo de Castilla-Lares, el Museo del Grabado Español Contemporáneo, el Museo de la Iglesia Románica de Sotosalbos, en Segovia, el Museo de Arte Contemporáneo de Toledo —en la Sinagoga del Tránsito—, el Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente, el Museo de La Celestina, el Museo de Goya de Fuendetodos, así como en otras instituciones y colecciones de España y Portugal, entre ellas el Museo Nacional de Oporto.
Pero quizá lo más característico de Rosa Escalona no sea la diversidad de técnicas que utiliza, sino la necesidad de continuar buscando. Su obra es una obra en marcha. Cada material parece llevarla hacia otro material; cada paisaje, hacia otro paisaje; cada experiencia, hacia una nueva forma de expresión.
Actualmente reside en Jávea, donde mantiene su estudio y taller y continúa desarrollando su actividad artística. Se llama “El Rincón de Rosa”, un escaparete de su trabajo artístico.
En Medinaceli, entretanto, dos tiempos parecen encontrarse. Está el tiempo remoto del Palacio Ducal, el de sus piedras, sus linajes y su historia. Y está el tiempo personal de Rosa Escalona, hecho de paisajes vividos, materiales transformados, recuerdos y emociones.
Quizá por eso «Viaje en el tiempo» sea un título tan apropiado. Porque visitar esta exposición supone también comprobar que el tiempo no desaparece del todo. Se queda en los lugares, en las cosas y en la memoria.
Y el arte, a veces, no hace otra cosa que detenerlo un instante.
Las dos series, «Viaje en el tiempo» y «El romanticismo», tienen prevista su presentación posterior en distintos foros artísticos, prolongando así este diálogo entre materia, memoria, paisaje y emoción que Rosa Escalona ha abierto ahora en el Palacio Ducal de Medinaceli.
Más información
https://lamiradaactual.blogspot.com/2024/12/rosa-escalona-textiles-pigmentos-y.html
NOTA BENE.- Fue un gusto disfrutar de la exposición en este gran Palacio Ducal, después de conocer con pena el derrumbamiento de una buena parte del palacio renacentista de Almazán (Soria), cuyo hundimiento ha de hacer sonrojar a las autoridades locales, por muy privado que sea el palacio.
La historiadora de Dolores Tejedor, ya emprendió en su día una recogida de firmas pidiendo su restauración, que no sirvió para el objetivo oficial que se buscaba.
Fachada del Palacio Ducal de Medinaceli. En el centro Rosa Escalona y Santiago Falcón.
La artista y su marido en la Gran Plaza Mayor de Medinaceli, junto a las damas vestidas de época.
Rosa Escalona y su esposo Santiago Falcón (izda) brindan junto a un invitado.
AMINA, MI EMPLEADA MAGREBÍ. Relato
viernes, 4 de septiembre de 2026
jueves, 3 de septiembre de 2026
"HIDALGO. La última aventura de Don Quijote", libro de Sergio Gil Torrijos
Castilla, comienzos del siglo XVII. Cuando todos creían que el viejo hidalgo había llegado al final del camino, descubrió la única verdad capaz de devolverlo a la aventura: Dulcinea existe.
L.M.A.
03.09.2026.- Castilla, siglo XVII. Alonso Quijano creía haber dejado atrás las gestas, los sueños y las heridas de una vida gastada entre caminos y desengaños. Hasta que un encuentro cambia el orden del mundo: Dulcinea existe.
Y apenas un instante después, desaparece. Secuestrada por una organización tan discreta como despiadada, la Rosa Negra, la mujer que durante años fue un nombre, un ideal y una sombra imposible es arrancada de su camino por hombres que obedecen órdenes venidas de lugares donde el poder no deja huellas.
Junto a su fiel Sancho Panza y a cuatro veteranos de los tercios —hombres endurecidos por Flandes, el barro y la muerte—, Alonso emprenderá una persecución que atravesará Castilla, mares y fronteras, enfrentándose a conspiraciones, secretos y enemigos que prefieren actuar desde las sombras.
Sergio Gil Torrijos desarrolla su carrera profesional en el ámbito industrial, donde trabaja como moldista, un oficio de precisión y paciencia que compagina con una de sus grandes pasiones: la escritura. Gran lector, curioso y apasionado por la historia, siempre se ha sentido atraído por los relatos de aventuras, los personajes con sentido del honor y las narraciones en las que la lealtad y la amistad ocupan un lugar esencial. Esa vocación como lector y creador cristaliza ahora en Hidalgo, una novela que recupera el pulso de la narrativa clásica de aventuras y lo combina con una mirada propia sobre el valor, la pérdida y la fidelidad a aquello en lo que se cree.
Con esta obra, Sergio Gil Torrijos se adentra en la narrativa histórica con una propuesta marcada por la acción, la emoción y el placer de contar.