sábado, 3 de octubre de 2026

MAITE FONOLLOSA, EMPRESARIA, CUMPLE 80 AÑOS. La primera mujer que dirigió una fábrica: Fundiciones Cercós, en Rubí, cuando falleció su padre el gran industrial Gabriel Moliné

 

Castelldefels


Carmen Valero Espinosa

2/10/26.- Castelldefels (Barcelona).- La empresaria Maite Fonollosa Cercós (Terrassa, 1946)  ha cumplido 80 años tras una vida plena de estudio, trabajo y familia. Sus dos hijos Eric y Marta -ambos médicos-, más seis nietos: Alba, Adriana, Guillem, Berta y Clara, junto a algunos amigos, entre los que me encuentro, celebramos su trayectoria vital, familiar y profesional en el restaurante….
    Educada en Barcelona, Suiza e Inglaterra, poliglota, ella ha sido la primera mujer que dirigió la empresa de fundición en Rubí, al fallecimiento de su padre Gabriel Fonollosa Moliné, que también contaba con la empresa Moliné, que fabricaba maquinaria textil en Terrassa.

Los Fonollosa: Una escuela de aprendizaje mercantil
    A mi amiga Maite Fonollosa la conocí en los años 70-80 el Mount Carmel de Wimbledon, regido por las Hermanas Carmelitas de la Caridad. Cuando los padres de Maite viajaban a Inglaterra, nos invitaban a comer a las amigas de su hija con ellos, en el célebre restaurante español Martínez que se encontraba en la calle Swalow, al lado de Picadilly Circus. Era el único restaurante español conocido.

    En verano, Maite Fonollosa venía a Villacastín un mes de vacaciones con mi familia y yo otro mes con la suya a Comaruga. Mi hermana Cuqui me acompañó a la costa catalana algunos veranos. Dado este trato familiar, Gabriel Fonollosa, que me denominaba su “hija de Madrid” y me llamaba Carmeta, me llevaba a sus empresas y visitas de trabajo. Yo era entonces estudiante de Derecho. Con él aprendí mucha práctica en las empresas, porque las veía en su compañía y él me explicaba las características y el funcionamiento. Me llevaba incluso a los consejos de administración y me sentaba a su lado; me decía antes de empezar: “Carmeta, si ves, algo que no se deba hacer, me haces una seña o me das una patada debajo de la mesa”. Cuando yo lo hacía, el comentaba en voz alta: esto hay que preguntárselo a la abogada. Yo daba mi opinión jurídica, a punto de licenciarme y especializarme en Derecho en la Universidad Complutense. 
        Gabriel Fonollosa era un emigrante de Castellón listísimo, hombre admirable hecho a sí mismo. Así empecé a colaborar con los Fonollosa y como él tenía muchas empresas –era un emprendedor nato- me pidió que las visitáse todas y que le diera mi opinión. Entre sus empresas, una gran fundición de acero inoxidable, Fundiciones Cercós, en Rubí, tomando el apellido de su mujer María Cercós, excelente colaboradora en todos sus emprendimientos, desde el inicio de los mismos. Otra trabajadora nata. El secreto del tener no era otro que el de trabajar mucho para vivir bien. En aquel momento las gestorías hacían actas de reuniones inexistentes de consejo, que daban a firmar a los accionistas. Le avisé de esta mala práctica y dio orden de que se rectificase. A partir de entonces se vio con más claridad la remuneración de las acciones, haciéndose efectivas en las juntas de accionistas.

    Gabriel Fonollosa tenía buen humor; era muy simpático y buen comercial. Los viajes internacionales los hacía acompañado de su hija Maite que hablaba tres idiomas: inglés, francés y español, además de catalán. En cierta ocasión que viajaron a Ciudad El Cabo, donde Gabriel esperaba encontrar buenos contactos empresariales, lo que vio fue muy decepcionante. Cuando regresó a España y le preguntaban qué tal en Sudáfrica, él respondía humorísticamente: “Los negros sólo sirven para bailar”. Fue así. La frase se hizo eco entre los comerciantes y amigos. No era políticamente correcta, pero Fonollosa hablaba sin censura alguna. Le gustaba llamar a las cosas por lo que pensaba que eran. A su hija Maite que le acompañó a Sudáfrica como traductora, le compró un diamante del tamaño de un garbanzo gigante.

    El padre de Maite era un español convencido de la unidad de España. Era un hombre que se había hecho a sí mismo y había llegado a tener empresas de maquinaria textil y una fundición de acero inoxidable, que fue la primera, que se hizo en Cataluña. Yo lo admiraba mucho y ambos nos caímos muy bien desde el primer momento.
    Gabriel Fonollosa tenía buen humor; era muy simpático y buen comercial. Los viajes internacionales los hacía acompañado de su hija Maite que hablaba tres idiomas: inglés, francés y español, además de catalán. En cierta ocasión que viajaron a Ciudad El Cabo, donde Gabriel esperaba encontrar buenos contactos empresariales, lo que vio fue muy decepcionante. Cuando regresó a España y le preguntaban qué tal en Sudáfrica, él respondía con humor: “Los negros sólo sirven para bailar”. Fue así. La frase se hizo eco entre los comerciantes y amigos. No era políticamente correcta, pero Fonollosa hablaba sin censura alguna. Le gustaba llamar a las cosas por lo que pensaba que eran. A su hija Maite que le acompañó a Sudáfrica como traductora, le compró un diamante del tamaño de un garbanzo gigante, digamos que en pago a su compañía y trabajo.

    Con las catalanas que estaban en la residencia de Wimbledon, me fui informando de la cuestión catalana. Eran personas bien situadas, porque sus padres eran directivos de firmas textiles de altura o de granjas poderosas, como la del alcalde de Tortosa, dueño de Industrias Fabra. Ellos comercializaron los primeros pavos en España. Era 1964. Al mismo tiempo, conocí al padre de Maite, el singular empresario Gabriel Fonollosa, que era un español convencido de la unidad de España. Era un hombre que se había hecho a sí mismo y había llegado a tener empresas de maquinaria textil y una fundición de acero inoxidable, que fue la primera, que se hizo en Cataluña. Trabajaba, entre otros, con Industrias Barreiros de Automoción; de ahí mi amistad con Eduardo Barreiros que me prestaba sus pistas para correr durante los fines de semana. Yo admiraba muchoa Gabriel Fonollosa y ambos nos caímos muy bien desde el primer momento.

                UN COMPLICADO CASO MERCANTIL 
                EN EL PORTUGAL DE LOS CLAVELES
    Cuando yo estaba en quinto curso de Derecho, Gabriel Fonollosa Moliné, , me encargó un asunto, que lo habían perdido en el despacho del abogado Cuatrecasas. Gabriel quería recuperar una máquina de tintura textil de la empresa Moliné S.A. que se había perdido durante la revolución portuguesa de los claveles en 1974. Era una máquina de 10 x 20 x 5 metros. Frente al trabajo sedentario habitual en los despachos de abogado, mi método fue acudir primero a Lisboa y posteriormente a Oporto, reconstruyendo el itinerario de la máquina. 
    Residí durante diez días en Vigo, porque no podía quedarme en Oporto, ya que los españoles eran mal vistos y mal tratados en ese momento revolucionario portugués, así me lo aconsejó el representante luso de Moliné. En aquellos momentos revolucionarios, detenían los trenes en la frontera y la policía examinaba a las personas con mucho detenimiento, uno por uno. Yo no tenía miedo. Al fin logré que el cliente que no había pagado la máquina, aprovechando el desorden político-social, la devolviera a Tarrasa (Barcelona). La operación se consideró un éxito en Moliné y entre los empresarios del textil. Después de esta operación me llegaron diversos clientes, aún sin terminar mis estudios de Derecho. Yo era persistente y ejecutiva. Empecé a llevar diversos asuntos de empresarios catalanes en Madrid, con claro éxito.
Antes de ir a Portugal, advertí a los profesores García Villaverde y Joaquín Azcárraga, que iban a examinarnos de final de carrera, la licenciatura, que yo pensaba volver para hacer los ejercicios finales. Medio en broma, les dije si querían algo y me pidieron unas botellas de Oporto. Yo se las traje y cuando nos llamaban en la puerta para pasar al aula de ese examen final, Rafael gritó tres veces: Carmen Valero Oporto (él tenía mucho sentido del humor, yo entonces, no tanto). Crucé la puerta de entrada al aula, muerta de vergüenza. Quería desaparecer. Lo cierto es que García Villaverde estaba admirado del caso que yo había resuelto en Oporto y me hizo explicarlo en clases prácticas a los alumnos de los cursos siguientes.
Gabriel Fonollosa me decía con humor: Carmeta estoy seguro de que después de morir el Abuelo (se refería a Franco), los políticos se van a comer el cordero que les ha dejado y después ¿a ver qué hacen?, porque el país se endeuda cada vez más. Él era un hombre cabal de los que recibía el Rey don Juan Carlos, cuando iba en una representación de empresarios catalanes al palacio de La Zarzuela. Su hija Maite lo acompañaba con frecuencia, sobre todo a viajes y ferias comerciales, pues era una intérprete extraordinaria.
La esposa de Fonollosa, María Cercós Vizcarra, fue una mujer que trabajó mucho en la sombra de la familia y de la empresa. Una colaboradora estupenda para su marido, al igual que su hijo Pedro. El matrimonio se llevaba muy bien. A mí me consideraban una más de la familia. En 1975, Fonollosa padre fue un día a la Renault y compró dos R. 5., modelo muy en boga, uno para su mujer y otro para mí, por haber terminado la carrera de Derecho. Su hija Maite, ya tenía un coche deportivo precioso. Yo había hecho viajes a Barcelona en Vespino, y con el R.5, él quería que yo hiciera los viajes en coche. Fue el primer coche que estrené, pues hasta entonces yo solo manejaba el de mi padre, primero un Gordini y después un Seat 124.
Con Maite Fonollosa Cercós, ahora octogenaria como yo, sigo teniendo la misma amistad. Cuando me operan, ella se presenta de inmediato en Madrid para cuidarme y eso me llena de orgullo. Voy con frecuencia a su casa de Sabadell y desde allí me gusta percibir la situación política y social de Cataluña, tan preocupante en los recientes años. Adoro Cataluña y amo de veras a los catalanes, amigos y clientes inmejorables, con los que no he tenido problemas mercantiles de pago jamás. 
Los Fonollosa, padres e hijos, han sido y son para mí como mi familia. Los Fonollosa han sido muy importantes en mi vida. Una escuela de amistad, humor, buenos ratos y aprendizaje mercantil.


viernes, 2 de octubre de 2026

COMIENZA LA DELEGACIÓN DE CULTURA DE LA ARCHIDIÓCESIS DE MADRID, EN LA RENACENTISTA CAPILLA DEL OBISPO. Dirigida por Manuel M. Bru.

• Diálogo entre Iglesia y cultura. Intervención del cardenal Cobo. Exposición de Hanoos y documental de Armiñán

Cardenal José Cobo
Manuel Bru, director de la Delegación de Cultura

Julia Sáez-Angulo
Fotos: Luis Magán y Lola Casanova

3/10/26 .- Madrid .- La Capilla del Obispo es un local que a partir de hoy «está al servicio del diálogo entre la Iglesia y la cultura contemporánea», en palabras de la directora de Alfa y Omega, Cristina Sánchez Aguilar, presentadora del acto de presentación de la Delegación de Cultura de la Archidiócesis de Madrid, en la renacentista Capilla del Obispo, situada en la madrileña plaza de la Paja, número 5. Como la presentadora decía, estamos ante «un programa que está abierto, en construcción».
La presentación constituyó un gran evento, al que asistieron, además del cardenal Cobo, Manuel Bru y otros sacerdotes, diversos escritores, artistas visuales, directores de museos, cineastas, músicos, fotógrafos… entre ellos Hanoos Hanoos, Eduardo Armiñán, Ignacio Gómez de Liaño, Luis Magán, Fermín Cebolla, Lola R. Casanova, Susana Arregui…
    La Delegación quiere ser espacio de discernimiento, guía y empuje en el ámbito cultural, haciendo posible estar en la vanguardia de la misión con los alejados y lejanos de la Iglesia. Un espacio que pretende ser “areópago de la cultura”, en palabras de San Juan Pablo II, “atrio de los gentiles”, que decía Benedicto XVI, “periferia del pensamiento”, según el papa Francisco, y “un lugar para liberar las conciencias”, que ha señalado León XIV.
    «Intentar hacer un mundo no solo mejor y más justo, sino también más bello» es el deseo que está detrás de todo diálogo fe y cultura. Así lo hacía ver el delegado episcopal de Cultura de la archidiócesis de Madrid, Manuel María Bru, en su intervención ante los presentes. La importancia de la cultura radica en que en ella la gente busca «una tabla de salvación para sus vidas». Para ello nada mejor que mirar y dialogar con el hombre de hoy, estilo de ser Iglesia en Madrid.
                    Alcemos la mirada
    De ahí la invitación que Bru hacía para que «¡Alcemos juntos la mirada! Para promover la cultura del encuentro», a través de un diálogo con el pensamiento contemporáneo; de un verdadero interculturalismo que reconoce y cuida a las minorías y los bienes de cada cultura como parte valiosa de la diversidad; para juntos descubrir, a través de las distintas artes, caminos comunes de reflexión y de escucha, de asombro y de contemplación; para buscar como Iglesia, junto a los artistas contemporáneos, lugares de encuentro, espacios de diálogo e intercambio. 

    El desafío es tejer redes, desde un diálogo sincero, sin prejuicios ideológicos y trincheras anacrónicas, que busca la verdad desde las humanidades y la belleza. Y hacerlo desde la Capilla del Obispo, expresión del mejor gótico isabelino de Madrid, y sus dependencias, «espacios de diálogo reflexivo con la cultura contemporánea, y de diálogo contemplativo con el mundo de las artes».
    Para ello está el equipo «Espacios para el Diálogo», que pretende favorecer el encuentro con artistas sin distinción de estilos o ideas, con especial atención a ambientes no eclesiales, convencidos de que el arte es un lugar privilegiado de encuentro con Dios. También el equipo «Atrio de los Gentiles», con la convicción de promover iniciativas que permitan a la Iglesia conversar con los diversos ámbitos del pensamiento y en una cultura del enfrentamiento, apostar por la cultura del encuentro.
    Redes que se están tejiendo desde el primer momento, como muestra la exposición de pintura “De Babel a Sherezade”, del pintor iraquí, musulmán, Hannos Hanoos, muestra de diálogo pictórico interreligioso, y el documental del director de cine Eduardo Armiñan titulado “El niño de las dos culturas”. Del mismo modo, la música clásica interpretada por la Capella Matricensis, que nos trasladaba en el tiempo y hacía disfrutar a los presentes en una capilla en las que las notas nos elevan.
            Aprender el lenguaje de la plaza
    Una Delegación que inicia su andadura en un templo que el arzobispo de Madrid definió como una pequeña joya, que «nos ayuda a mirar más allá, a tener horizonte», y que quiere «escuchar qué es lo que pasa en la plaza» y ser «una llamada de la Iglesia de Madrid para contar quiénes somos». Se trata de «aprender el lenguaje de la plaza», desde el diálogo, desde la Iglesia, que tiene la convicción de que «la fe necesita hacerse cultura», plantear horizontes y provocar el encuentro y el diálogo.
    Ante las tentativas de construir la Torre de Babel, la delegación de cultura apuesta por hacer realidad la Ciudad de Dios, la ciudad de la armonía, la ciudad de la paciencia, la ciudad de los sueños, y así tejer redes. El arzobispo recordaba el testimonio ante el papa Leòn XIV de uno de los artistas más internacionales, Antonio Banderas, «donde reflejaba su itinerario de acercamiento también a Dios».  
    Por los pasos dados en el camino de preparación, ha agradecido «a todos los locos que os habéis apuntado a esta historia», que quiere ser «Iglesia en medio de una plaza en medio de su pueblo, que quiere seguir siendo un lugar del pueblo y un lugar para aprender a edificar una nueva ciudad, donde todo el mundo tenga sitio».
    Más información
Hanoos Hanoos, pintor iraquí en Madrid
Eduardo Armiñán, cineasta
Capella Matricensis, al fondo
Renacentista Capilla del Obismo, con retablo y dos cenotafios de alabastro
Cardenal Cobo con asistentes

jueves, 1 de octubre de 2026

“ESCRIBIR MICRORRELATOS”, manual de minificción, libro de Ginés S. Cutillas, editado por Páginas de Espuma

Ginés S. Cutillas, escritor


L.M.A.

1/10/26.- Madrid.- El manual de referencia para aprender a escribir minificción es «Escribir microrrelato», escrito por Ginés S. Cutillas y coeditado en septiembre de 2026 por la Editorial Páginas de Espuma junto a la Escuela de Escritores.
Dinámico, fascinante y disruptivo, el microrrelato es el gran desafío de la narrativa contemporánea. Su naturaleza sintética, exigente de un lector cómplice, demanda herramientas precisas que transformarán la forma de leer y escribir ficción hiperbreve.
    Este manual ofrece un recorrido integral por el género: desde su evolución histórica y la delimitación de sus fronteras, hasta el tratamiento del conflicto, la dosificación del clímax y la dialéctica entre texto y subtexto. Además, analiza su estructura fundamental (título, obertura, cuerpo y cierre) y detalla técnicas avanzadas de concisión lingüística para erradicar la sobre-explicación y optimizar el peso semántico de cada palabra.
    A través de un riguroso marco teórico-práctico, el escritor Ginés S. Cutillas presenta una obra de referencia indispensable para investigadores, estudiantes de teoría de la literatura, docentes de talleres de escritura creativa y autores decididos a dominar las leyes estéticas del ya instaurado cuarto género narrativo.
    Ginés S. Cutillas nació en Valencia, España, en 1973. Es Ingeniero informático por la Universidad Politécnica de Valencia y licenciado en Documentación por la Universidad de Granada. Trabajó como crítico literario en La Opinión de Granada. Es colaborador de las revistas: Prometheus, Caleidoscopio, Spejismos, En sentido figurado, Kafka, Papeles de humo, EntreRíos, Casquivana, Excodra, Paralelo Sur, TLR (The Literary Review) o The Moth. Actualmente forma parte del Consejo de Redacción de Quimera.
          En 2007 publicó su primer libro de relatos La biblioteca de la vida, en 2010 el de microrrelatos Un koala en el armario, que fue finalista en el premio Setenil. En 2013 la novela La sociedad del duelo, al cabo de dos años 2015 Los sempiternos y en 2016 el ensayo Lo bueno, si breve, etc. Decálogo práctico del microrrelato. Ese mismo año Vosotros, los muertos y en 2019 el ensayo-ficción Mil rusos muertos. Una visita a Una habitación propia.
        Ha antologado Los pescadores de Perlas (2019), una panorámica actual del microrrelato en el ámbito hispánico, y ha formado parte de las antologías: Ficción sur (2008), A contrarreloj II (2008), Por favor, sea breve 2 (2009), Sólo cuento II (2010), Velas al viento (2010), Mar de pirañas (2012) o Antología del microrrelato español (1906-2011) (2012).
          Ha obtenido los galardones: Premio Internacional de Minicuento El Dinosaurio 2007 (Feria del libro de La Habana), Premio la Feria del libro de Granada 2006, Premio de relatos de la Fundación Drac 2007 y el microrrelatos Literatura Comprimida 2006.
      Es miembro del Institutum Pataphysicum Granatensis (organismo dependiente e independiente del Colegio de Patafísica) y creador de La Increíble Máquina Aforística.© Escritores.org. Contenido protegido. 
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TOM COWSERT, pintor. Meninas y escenas de la ciudad y la música. Obra reciente


Tom Cowsert, pintor

L.M.A.

    02.10.2026.- Madrid.- Cowsert nació en Mississipi - EE.UU. Pinta desde pequeño de forma autodidacta, y se ha ido perfeccionando en su trayectoria. Era bancario hasta que se decidió a dejar esa ocupación y su país natal para pintar. Reside en Madrid desde hace dos décadas.

    Sus lienzos en óleo reflejan influencias de Matisse, Picasso y Juan Gris con su apreciación al cubismo.  Su pintura presta atención a la figura femenina,  paisajes como los de Madrid, Toledo, Venecia y Nueva York, bodegones y retratos que realiza por encargo. Tiene versiones de obras conocidas como el  “ Jardín de las Delicias” de El Bosco, “Las Meninas” de Velázquez, “La Tempestad” de Giorgione y  “El Gernika”  de Picasso.

Su obra ha recorrido diferentes países como EEUU, Italia, Francia, Irlanda y España. Ha expuesto en distintas galerías de Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca, Marbella, Granada, Málaga, Toledo y Vigo.

La pintura de Tom Cowsert se encuentra también en diversas colecciones privadas como la de La Duquesa de Alba, los actuales Reyes de España, Txiki Benegas, Carmen Sevilla, Ortega Cano, Pedro Serra o David Mora entre otros. Algunas instituciones como Castle Leslie Irlanda, Presbyterian College, Instituto de Cervantes de Nueva York, Caja Rural, CajaMar, Casa de Canarias y la Ayuntamiento de Sitges cuentan también con la obra de este artista.












EDUARDO ORTEGA Y GASSET. Presentación de su biografía y la Asociación Cultural que lleva su nombre



        por Carlos Sánchez Tárrago

        02.10.2026.- Madrid.- El próximo miércoles, 7 de octubre de 2026, tendrá lugar en la Fundación Ortega-Marañón, calle Fortuny, 53, de Madrid, un acto dedicado a la figura de Eduardo Ortega y Gasset, en el que se dará a conocer su biografía y se presentará la Asociación Cultural Eduardo Ortega y Gasset, que lleva su nombre.

La biografía nace de la tesis doctoral que defendí en la Universidad de Alicante el 12 de septiembre de 2025, después de varios años de investigación en archivos, bibliotecas y hemerotecas.

Pero, más allá de la propia biografía, lo que me ha llevado a dedicar tantos años al estudio de Eduardo ha sido la convicción de que estamos ante una figura cuya importancia merece ser recuperada.

Eduardo Ortega y Gasset (1882), hermano mayor de José, Rafaela y Manuel, no fue un personaje secundario de su tiempo. Periodista, abogado, político y escritor, estuvo presente, desde distintas responsabilidades, en algunos de los acontecimientos que marcaron la historia de España durante la primera mitad del siglo XX.

Su trayectoria atraviesa la Monarquía, la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, la Guerra Civil y el exilio. Fue diputado durante siete legislaturas, ocupó diferentes responsabilidades públicas, ejerció como Fiscal General de la República y desarrolló una intensa actividad periodística y política hasta su muerte en Caracas, en 1965.

Por eso considero que difícilmente pueden comprenderse en toda su dimensión algunas de aquellas etapas de nuestra historia sin conocer también el papel que desempeñó Eduardo Ortega y Gasset. Recuperar su figura no significa únicamente rescatar del olvido a un miembro de una conocida familia, sino incorporar a nuestra memoria histórica a un protagonista que tuvo voz, actividad y responsabilidades en momentos especialmente decisivos de nuestro país.

El acto será presentado por el Dr. Juan Pablo Fusi, profesor e historiador y antiguo director de la Biblioteca Nacional, y contará con la intervención del Dr. José Varela Ortega, historiador, profesor y fundador, junto a su madre, Soledad, de la Fundación Ortega-Marañón. José Varela Ortega asistió a la defensa de mi tesis y figuraba como suplente en el tribunal.

Será también un acto especialmente emotivo por la presencia de descendientes de los tres hermanos Ortega y Gasset. Un nieto de cada uno de ellos intervendrá en representación de sus respectivas familias, y una bisnieta de Eduardo lo hará en representación de todos los bisnietos, como testimonio de continuidad y relevo generacional.

Asimismo, se presentará oficialmente la Asociación Cultural Eduardo Ortega y Gasset, inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones por resolución de 22 de septiembre de 2026, y de la que tengo el honor de ser presidente.

Con motivo de este acto he preparado también una edición limitada de la biografía, publicada por mí, que recoge el resultado de esta investigación. No se trata de una publicación comercial ni de un libro destinado a una distribución amplia, sino de una edición muy limitada, pensada fundamentalmente para dejar constancia de este trabajo y para que pueda llegar a algunas personas e instituciones especialmente vinculadas con Eduardo y con su memoria.

Al mismo tiempo, continúo trabajando en la investigación y siguen apareciendo documentos y testimonios de gran interés que permiten completar y descubrir nuevos aspectos de su trayectoria. La intención es que, en el futuro, y a la espera de que alguna de las editoriales que se han interesado por el proyecto pueda publicarlo, exista una edición más amplia de la biografía que incorpore también el resultado de estas nuevas investigaciones.

Por todo ello, el acto del 7 de octubre supone para mí algo más que la presentación de un libro.

Es, sobre todo, la culminación de un compromiso personal con la memoria de Eduardo Ortega y Gasset y el comienzo de una nueva etapa para que su figura, su pensamiento y su trayectoria vuelvan a ser conocidos.

Pero el acto quiere tener también otro significado: reivindicar la importancia y la continuidad de una estirpe, la de los Ortega y Gasset, que tuvo una enorme presencia e influencia en la España del siglo XX, y celebrar al mismo tiempo el reencuentro de una familia que quedó separada por la Guerra Civil.

A pesar de aquella separación, los vínculos familiares nunca desaparecieron. Se mantuvieron el afecto, el respeto y la relación entre las distintas ramas de la familia, y esos lazos continúan estrechándose hoy entre sus descendientes. Una familia en la que las diferencias y las discrepancias ideológicas nunca estuvieron por encima del respeto, la convivencia y el sentido de pertenencia a una misma familia.

Quizá este reencuentro tenga también un significado que trasciende a la propia familia: recordar que, por encima de nuestras diferencias, siempre deberían prevalecer el respeto, la convivencia y la voluntad de entendernos. Que nunca volvamos a cometer los errores que llevaron a aquella fractura y que las generaciones futuras puedan contemplar aquella historia como una lección de la que aprender.

Y hacerlo además acompañados por miembros de las distintas ramas de la familia y por una nueva generación representada por sus bisnietos convierte este día en un momento especialmente significativo.

El 7 de octubre será, por tanto, un día para recordar a Eduardo, recuperar su memoria, celebrar el reencuentro de una familia y abrir el camino para que esa memoria continúe.

Para quienes no podáis acompañarnos presencialmente, el acto podrá seguirse también por streaming a través del canal de la propia Fundación Ortega-Marañón.

Espero poder compartir este momento tan especial con todos aquellos que queráis acompañarnos.

Y quizá no haya mejor manera de cerrar este día que recordando unas palabras del propio Eduardo Ortega y Gasset:

«Hay que recordar siempre las cosas buenas que hicieron los malos y las cosas malas que hicieron los buenos».

Una frase que, tantos años después, sigue siendo una magnífica invitación a mirar nuestra historia con memoria, pero también con respeto, sentido crítico y sin sectarismos.



ALFREDO GÓMEZ GIL presenta su libro en el Real Casino de Madrid

 


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SAVERIO UNGHERI: UN VISIONARIO DEL ARTE


Saverio Ungheri :100 años de futuro

Arte contemporaneo

28 de septiembre de 2026•8 min read



Por Claudio Fiorentini


Si consultamos la red para saber qué es la creatividad artística, encontraremos a menudo referencias a las emociones. Pues bien, creo que esto es una limitación, porque el arte, que parte de una vocación, es, precisamente, evocación, es decir, la acción de traer a la mente algo que normalmente se esconde en lo más profundo, convirtiéndose casi en un ritual instantáneo que permite que nuestros demonios y nuestros ángeles vuelvan a mostrarse tal como son: esa parte de nosotros mismos que a menudo rechazamos o que, sencillamente, descuidamos.

El trabajo del artista consiste principalmente en esto: e-vocar, sacar la voz hacia fuera, fijar la atención en la llamada del alma, es decir, de aquello que nos anima.

El arte tiene, por tanto, un sentido mágico, quizá metafísico, a veces incluso religioso; con toda seguridad es un activador de dinámicas interiores que nace de un acto desordenadamente meditativo o contemplativo, y puede incluirse entre aquellas disciplinas, hoy vulgarizadas por la new age, que trazan un camino destinado a vivir la experiencia mística.

La creatividad artística es también capacidad para resolver enigmas, pero la solución solo puede representarse a través del propio arte, donde la obra tiene la función de transmitirse como solución sin exponer el problema que, por tanto, permanece envuelto en el misterio, pero que, una vez e-vocado, retrata el enigma común, es decir, la pregunta primordial, común a toda la humanidad, que se pregunta cuál es el sentido de la vida.

El viaje por la creatividad del artista no implica solamente recorrer de nuevo la historia personal que narran sus obras; más bien consiste en descubrir que esa historia es patrimonio común y que, si el artista ha afrontado su misterio logrando plasmar su danza, el espectador, situado ante la solución del enigma, ve el enigma que lleva dentro y se relaciona con la obra de arte reencontrando esa inquietud universal que, precisamente por serlo, nos hermana, porque el arte es lenguaje de humanidad.

No debe sorprender que muchos artistas hayan vivido en la locura, o al menos en la visión de un mundo diferente, en la exploración del espacio onírico o en la convicción de que la «realidad» oculta de las cosas es su propia alma, porque para el artista la realidad debe ser desnudada: el artista explora aquello que la realidad oculta.


Pero he aquí las palabras clave: visión, exploración y… locura.

El artista es un loco: lo que hace es inútil y lo hace sin saber por qué.

El artista es un explorador que, aun sabiendo que su búsqueda solo da sentido a su propia búsqueda, busca el sentido del ser.

El artista es un visionario que no acepta que su tiempo sea su límite y sueña con un mundo mejor o, al menos, diferente.

Y es desde aquí que partimos para hablar de la obra de Saverio Ungheri, que ya en 2024 fue ennoblecida por una exposición en el Palazzo Merulana y que hasta el 11 de octubre de 2026 puede descubrirse en una exposición antológica instalada en las dependencias del antiguo matadero de Roma.

Como todo artista que pueda considerarse artista, Saverio Ungheri pasó por distintas fases, abandonando lo consolidado para explorar nuevos caminos.

Así, aunque partió de la academia, dejó una huella en el arte matérico y en el arte conceptual, dio vida a tres manifiestos, inventó nuevos lenguajes y, armado de cultura, herramientas, habilidad manual, ingenio y voluntad desobediente, inventó nuevas maneras de hacer arte.

La voluntad desobediente es un elemento fundamental en la vida de un artista. Esta desobediencia conduce a la ruptura de los cánones, a la rebelión creativa, motor de cualquier innovación artística, y Saverio Ungheri lo demostró más que muchos de sus contemporáneos.

De la desobediencia nace lo nuevo y, con la voluntad creativa, se puede plasmar. Un acto de valentía necesario en el mundo del arte, porque lo «nuevo» molesta, desestabiliza e inquieta; lo «nuevo» no tranquiliza, razón por la cual muchos artistas renuncian a ello y permanecen en lo consolidado, mientras que quienes lo exploran a menudo son obstaculizados por sus contemporáneos, para ser reevaluados, por desgracia, demasiado tarde.

En Ungheri, la desobediencia toma forma primero con el Astralismo Romano, movimiento que fundó en 1959 junto a Sante Monachesi, Sandro Trotti, Claudio Del Sole y David Grazioso (los mejor informados cuentan que el manifiesto fue escrito sobre un mantel de papel de una pizzería romana), y después en el Arte Bionika, donde una serie de esculturas conceptuales cobran vida a través del movimiento y la luz porque están animadas por un elemento fundamental de la vida cotidiana, la energía eléctrica, que aquí se convierte en herramienta de trabajo, como lo son el martillo y el cincel.

¿La energía eléctrica como si fuera un pincel? Una intuición genial para aquellos años: las esculturas se mueven, murmuran, se iluminan, poseen un ritmo expresivo que trasciende la contemplación pasiva y se integra en la obra, donde la mecánica tiene su propia sangre que pulsa por las venas de los materiales que la componen. Pero no solo movimiento, porque los materiales, a menudo de desecho, renacen en una escultura, como por ejemplo en «La Mantide», donde la cabeza es el depósito de combustible de un ciclomotor, los ojos que se iluminan son las carcasas de los intermitentes de un Fiat 500 y las alas, que se entrecierran como si palpitaran, se asemejan a aspas de ventiladores en polipropileno, un material que por entonces acababa de entrar en nuestras vidas.

Más allá de los aspectos puramente mecánicos y de realización de las obras, sin embargo, existe un aspecto metafísico, porque la escultura trasciende a sí misma y se convierte en manifestación del espíritu de la ciencia. No hay que olvidar que la ciencia, en los años sesenta, era admirada, respetada, temida y observada, y algunos artistas tomaron una parte de ella para incorporarla a su lenguaje creativo; por tanto, no se limitaron a padecerla, sino que la animaron y la representaron, elogiándola en la fusión entre arte, estudio e investigación.

En la visión de Ungheri, la ciencia no era solo un campo de estudio, sino que formaba parte de la vida, y sabía que pronto se convertiría en protagonista. La ciencia que nos llevó al espacio, sin embargo, es la misma que nos ha llevado a llenar el océano de plástico; por tanto, no solo ciencia, sino también una alarma ante el ecosistema que, víctima de las fechorías humanas, se encuentra en grave peligro, como narran algunas instalaciones del artista, visibles en su espacio-museo de Roma.

Pero Ungheri nunca se limitó a ser artista; su intuición más disruptiva la encontramos precisamente en Roma, y es el centro de promoción de la cultura y de las artes llamado «Polmone Pulsante», que encontramos en Salita del Grillo 21 y que, durante casi medio siglo, fue uno de los principales centros de promoción artística y cultural, permaneciendo fiel, incluso después de la muerte del artista y gracias a la incansable labor de su hijo Andrea, a su filosofía: arte y ciencia, pero también metafísica, espiritualidad, búsqueda del ser y del más allá que todos llevamos dentro.

Y es precisamente el Polmone Pulsante la mayor de las obras de Ungheri, porque es signo de apertura y de compartir, valores amenazados ya desde los años sesenta (otra intuición del artista), porque un lugar de convivencia se convierte en obra de arte, pero sobre todo porque es allí donde su propia vida se transformó en obra de arte. En definitiva, el «capolavoro vivente», resultado de las diversas transformaciones del lenguaje artístico de Ungheri, está precisamente allí, en Roma, donde todavía se puede visitar su estudio, donde se puede asistir y participar en eventos culturales y donde, provistos de luces de emergencia y casco, se pueden visitar los 180 metros cuadrados de espacio subterráneo que, además de ser un fragmento de la historia de la ciudad, alberga el museo personal de Saverio Ungheri.

Incluso Ernesto Pérez Zuñiga, uno de los mayores escritores españoles contemporáneos, quedó fascinado por su visita al Polmone Pulsante y, durante el viaje de regreso, decidió ambientar precisamente en Roma su última novela, «Veníamos de la noche» (Galaxia Gutenberg), con algunas escenas cruciales ambientadas en el Polmone Pulsante.

Resumiendo el recorrido, vamos de la academia al astralismo, del astralismo al arte bionika y del arte bionika al «capolavoro vivente», el Polmone Pulsante. Todo ello es metáfora de un proceso que va del estudio a la observación de lo desconocido, que se transforma en energía como elemento de la escultura para abrirse al mundo en un centro que experimenta y comparte. La semilla que se abre (academia), el brote que se lanza hacia el espacio exterior (astralismo), la planta que crece (arte bionika) y el fruto que se ofrece al mundo (Polmone Pulsante).

Pero todo parte de la inspiración cósmica, algo muy diferente de la inspiración de la que se habla a menudo, porque lo que mueve al artista es la intuición de la grandeza que llevamos dentro, reflejada en la grandeza que percibimos cuando levantamos la mirada hacia el firmamento, ¡y el alma se nos llena de asombro!