miércoles, 26 de agosto de 2026

“HERE COMES THE SUN” (AQUÍ LLEGA EL SOL). La última oportunidad para el clima y un cambio para la civilización

La energía solar y la eólica ya son más baratas que los combustibles fósiles. El principal obstáculo para la transición es político: quienes han construido su riqueza sobre el control de la "escasez" se sienten amenazados y usan su poder para proteger sus intereses.

* Here comes the sun. (Aquí llega el sol). La última oportunidad para el clima y un cambio para la civilización, del activista y ambientalista estadounidense Bill McKibben.


        L.M.A.

        26.08.2026.- "Here comes the sun" es un ensayo sobre un cambio de época: la transición desde una civilización basada en los combustibles fósiles y el control de la «escasez» hacia un sistema energético sustentado en la abundancia de fuentes renovables, más distribuido, democrático y justo. EL libro ha sido editado por Capitán Swing.

    McKibben sostiene que la energía solar y eólica ya son la opción más barata del mercado, y que la tecnología necesaria para un sistema energético limpio existe. El principal freno no es técnico, sino político, marcado por los intereses de la industria fósil.

    El libro plantea esta transición como una oportunidad histórica para limitar los peores efectos del cambio climático, con profundas implicaciones económicas, sociales y geopolíticas.

    Sinopsis.- Cada dieciocho horas, el mundo instala paneles solares equivalentes a la potencia de una central nuclear. Al mismo tiempo, la combustión sigue derritiendo nuestros polos, envenenando nuestros cuerpos, agravando la desigualdad global. Y ya no es necesario: sabemos cómo convertir en energía los rayos del sol. Aunque nuestro clima y nuestra democracia se están desmoronando, McKibben insiste en que este momento también está lleno de posibilidades. La energía solar y la eólica se han convertido en las más baratas del planeta y están creciendo más rápido que cualquier otra fuente de energía en la historia; si logramos seguir el ritmo, podremos limitar los daños del cambio climático y reordenar el mundo sobre bases más sensatas y humanas. No se puede acaparar la energía solar ni mantenerla en reservas: debe estar al alcance de todos. Here comes the sun cuenta el auge de estas energías y la lucha desesperada de la industria de los combustibles fósiles y sus políticos por restringirlas. Desde los ciudadanos que, en un año, instalaron paneles solares equivalentes a un tercio de la red eléctrica de Pakistán hasta la sexta economía más grande del mundo —California—, que ha reducido casi a la mitad su uso de gas natural en los últimos dos años, McKibben traza la llegada de una energía solar abundante y barata. La esperanza de una nueva civilización que mire al sol como la estrella que alimenta nuestro mundo

        Bill McKibben.- Palo Alto (EE. UU.), 1960.- Ambientalista y activista estadounidense. Autor de más de veinte libros, entre los que se encuentra el éxito El fin de la naturaleza, publica artículos en revistas como The New Yorker o Rolling Stone. Cofundador de Third Act, un proyecto que moviliza a personas mayores de sesenta años en favor de un cambio progresista, para que actúen por el clima y la justicia. Es miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias y profesor distinguido Schumann de Estudios Ambientales en el Middlebury College, donde también dirige las Becas Middlebury en Periodismo Ambiental. Ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Premio Gandhi de la Paz y el Premio Right Livelihood, también conocido como el «Nobel alternativo», además de títulos honoríficos de veinte facultades y universidades. Foreign Policy lo incluyó en su lista inaugural de los cien pensadores globales más importantes del mundo. McKibben lideró la organización ambientalista 350.org, que ha organizado protestas en todos los continentes, incluida la Antártida, en favor de la acción climática. Desempeñó un papel destacado en el lanzamiento de la oposición a grandes proyectos de oleoductos como el Keystone XL, y en la campaña de desinversión en combustibles fósiles. Vive con su esposa, la escritora Sue Halpern. En 2014, el mundo de la biología le rindió homenaje bautizando una nueva especie de mosquito de bosque en su honor.


LA CUMBRE MUNDIAL DE LOS VALORES UNIVERSALES RECONOCERÁ A MAYTE SPÍNOLA POR SU TRAYECTORIA EN EL MECENAZGO Y LA PROMOCIÓN CULTURAL

* Les Valeurs du Monde Unis distinguirá el próximo 25 de septiembre en Madrid a la pintora y mecenas Mayte Spínola por una trayectoria dedicada a acercar el arte a la sociedad, apoyar a creadores y convertir la cultura en un espacio de encuentro, cooperación y solidaridad. 

Mayte Spínola, pintora y mecenas.

        L.M.A.

        Madrid, agosto de 2026. — La Cumbre Mundial de los Valores Universales, que se celebrará en Madrid los días 24 y 25 de septiembre, reconocerá a Mayte Spínola, fundadora del Grupo Pro Arte y Cultura, con el Award for the Value of Artistic Patronage and Cultural Promotion, dedicado al valor del mecenazgo artístico y la promoción cultural. El reconocimiento será entregado durante la jornada del 25 de septiembre, dedicada a la Concordia Humanista, dentro de la ceremonia internacional de distinciones promovida por Les Valeurs du Monde Unis, organización presidida por H.R.H. Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani

    La elección de Mayte Spínola responde a una concepción de la cultura que atraviesa el espíritu de la convocatoria: el arte no únicamente como expresión individual, sino también como espacio de encuentro, transmisión, solidaridad y construcción de vínculos entre personas y sociedades. 

    Esta idea conecta con uno de los principios que inspiran la iniciativa promovida por Les Valeurs du Monde Unis y con el legado del Emir Abd al-Qadir al-Jaza’iri, figura histórica situada en el centro conceptual de las jornadas de Madrid. Su ejemplo de respeto hacia el otro y de responsabilidad más allá de las diferencias culturales y religiosas sirve como referencia para una noción de humanismo que no busca borrar la diversidad, sino encontrar en ella un espacio de reconocimiento mutuo. 

    En ese marco, la trayectoria de Mayte Spínola representa otra expresión del mismo principio: la cultura como territorio capaz de reunir procedencias, sensibilidades y generaciones diferentes. Una vida dedicada a crear y ayudar Pintora y mecenas, Mayte Spínola ha desarrollado durante décadas una trayectoria estrechamente vinculada a la creación artística y al apoyo a otros creadores. En 1990 fundó el Grupo Pro Arte y Cultura, una iniciativa que reunió a artistas visuales, escritores, músicos, críticos, historiadores y otras figuras relacionadas con el mundo cultural bajo un lema que sintetiza buena parte de su filosofía: “Crear y Ayudar”. 

    Desde su creación, el grupo ha impulsado exposiciones, proyectos culturales, donaciones de obras, acciones solidarias y la creación o desarrollo de colecciones y espacios de arte contemporáneo en distintos países. Su labor ha permitido conectar artistas, instituciones y sociedad civil, favoreciendo que numerosas obras y proyectos culturales encontraran nuevos espacios de difusión y permanencia. La trayectoria de Spínola constituye así un ejemplo de mecenazgo entendido no únicamente como apoyo económico, sino como capacidad para identificar talento, construir redes, movilizar voluntades y abrir espacios para la creación. 

            El mecenazgo como responsabilidad cultural 

    Ese concepto constituye uno de los fundamentos del reconocimiento concedido por Les Valeurs du Monde Unis. A lo largo de la historia, el mecenazgo ha desempeñado un papel decisivo en la conservación, producción y difusión de la cultura. En el caso de Mayte Spínola, esa tradición ha adquirido una dimensión contemporánea vinculada a la cooperación entre artistas, instituciones y sociedad. Su actividad se ha caracterizado especialmente por la mediación: conectar creadores con espacios culturales, facilitar exposiciones, impulsar colecciones y contribuir a que proyectos artísticos puedan desarrollarse y alcanzar nuevos públicos. 

    El Ayuntamiento de Madrid reconoció esta labor en 2015 cuando el Grupo Pro Arte y Cultura recibió el I Premio Iberoamericano de Mecenazgo, en una edición que puso en valor el papel de la colaboración y del apoyo privado a la cultura. Aquel reconocimiento consolidó una trayectoria que ya entonces llevaba décadas promoviendo el arte como patrimonio compartido. Una red cultural con vocación internacional El Grupo Pro Arte y Cultura ha desarrollado proyectos y colaboraciones en diferentes ciudades y países, contribuyendo a la creación y promoción de colecciones y espacios vinculados al arte contemporáneo. 

    Entre las iniciativas asociadas al Grupo figuran proyectos en España, Bulgaria, Argentina, Alemania, Austria y Suecia, junto con numerosas exposiciones y acciones solidarias. Esta dimensión internacional conecta especialmente con la vocación de la Cumbre Mundial de los Valores Universales: crear espacios donde culturas, instituciones y personas puedan encontrarse a través de lenguajes compartidos. Cultura y solidaridad La trayectoria de Mayte Spínola ha mantenido además una dimensión solidaria constante. 

    El Grupo Pro Arte y Cultura ha promovido exposiciones y acciones vinculadas a distintas causas sociales y humanitarias, reforzando una idea que forma parte de su identidad desde su nacimiento: que la creación artística puede convivir con una responsabilidad concreta hacia la sociedad. Spínola ha desarrollado también durante su trayectoria diferentes iniciativas solidarias y colaboraciones humanitarias, dimensión que contribuye a explicar por qué su reconocimiento trasciende estrictamente el ámbito artístico. 

    La Cumbre distingue, de este modo, no solamente una carrera dedicada a la pintura o al coleccionismo, sino una forma particular de entender el papel de la cultura: crear y, al mismo tiempo, ayudar. Una distinción dentro de una iniciativa internacional El reconocimiento forma parte del programa impulsado por H.R.H. Emir Lahouari Benarba Ben Mahiedinne Al Hassani, presidente de Les Valeurs du Monde Unis, en torno a la Cumbre Mundial de los Valores Universales y a la iniciativa internacional por la Concordia Humanista. 

    La convocatoria busca reunir trayectorias procedentes de ámbitos diversos para identificar expresiones concretas de valores compartidos: dignidad, servicio, cooperación, cultura, inclusión, diálogo y responsabilidad. Dentro de ese recorrido, Mayte Spínola representa el valor del mecenazgo como servicio a la cultura y de la cultura como instrumento de encuentro. 

    El reconocimiento será entregado durante la Gala Internacional y Ceremonia de Reconocimientos del 25 de septiembre en Madrid, en el marco de la Cumbre Mundial de los Valores Universales. MAYTE SPÍNOLA Award for the Value of Artistic Patronage and Cultural Promotion Reconocimiento al Valor del Mecenazgo Artístico y la Promoción Cultural 25 de septiembre de 2026 .


martes, 25 de agosto de 2026

GISELA SCAREL, LA TEJEDORA DE “BENDITA PAUSA". El 12 de junio, Día Mundial de Tejer en Público

Gisela Scarel, directora de "Bendita Pausa"

Toldo de lanas de colores y ganchillo en el Callejón del Repeso. San Lorenzo de El Escorial.

        Julia Sáez-Angulo

        25.08.2026.- El Escorial.- A Penélope, la paciente esposa de Ulises, le habría encantado conocer esta tienda de lanas, hilos, agujas y todos esos pequeños adminículos que acompañan el oficio de tejer. Está en la calle del Rey, de San Lorenzo de El Escorial y se llama Bendita Pausa. El nombre parece hecho a propósito para un lugar donde el tiempo adquiere otra velocidad y las manos recuperan una sabiduría antigua.

    Al frente está Gisela Scarel, argentina, que se hizo cargo de la tienda hace apenas un año. Pero su relación con las lanas viene de mucho antes. Empezó a tejer a los cinco años, cuando su madre trabajaba en una fábrica de lanas, y desde entonces ha ido acumulando conocimientos que hoy parecen casi enciclopédicos: sabe de fibras, de hilaturas, de tintes, de mezclas y de las infinitas posibilidades que ofrece ese mundo aparentemente humilde de la lana.

    En Bendita Pausa pueden encontrarse lanas de oveja merina, cachemir, angora, alpaca, seda y otras diversas fibras naturales. También mezclas sorprendentes, con bambú o flor de loto, que demuestran hasta qué punto el universo del tejido puede ser inagotable. Y detrás de Gisela ha ido creciendo una legión de aficionados: mujeres, naturalmente, pero también hombres que han descubierto en las agujas y en los hilos una forma de creación, de paciencia y quizá también de sosiego.

    Porque Bendita Pausa no es simplemente una tienda. Es una pequeña boutique artesanal en la que lo natural constituye una especie de declaración de principios. Allí no tiene cabida una fibra de nylon. Todo lo que entra responde a una filosofía de respeto por las materias y tintes naturales y por las manos que las trabajan.

    Por eso hasta allí llegan clientes y alumnas de toda la Sierra Oeste de Madrid, e incluso de la capital, Madrid. Vienen atraídos no solamente por la calidad de los materiales, sino por el prestigio de quienes enseñan en la boutique. Marta, Ana, Martina, Olga o Jimena son algunas de las profesoras que han convertido el establecimiento en una verdadera academia libre del tejido.

    Todas conocen el oficio en sus distintas etapas. Saben tejer y saben también teñir. Y el teñido natural tiene allí una importancia especial: palo de Campeche, quebracho, primeras capas de cebolla, índigo, té, café, aguacate o diversas cortezas de árboles, que sirven para obtener colores que parecen venir directamente de la tierra. El hilo deja entonces de ser una materia anónima para convertirse en algo vivo, teñido por procedimientos que tienen mucho de alquimia doméstica.

    Hay clases de afieltrado y de distintas técnicas de tejido con agujas rectas o redondas, ganchillos, tazones para ovillos, cuentavueltas…Se trabaja para hacer jerseys, abrigos, chales, calcetines, cuyo talón o punta exigen una especial destreza por las tensiones y resistencias que deben soportar. Cada puntada encierra una pequeña dificultad y cada dificultad, una posibilidad de aprendizaje.

    Pero quizá lo más interesante Bendita Pausa sea que funciona también como lugar de encuentro. Cualquiera puede entrar, preguntar, mirar, tocar y dejarse aconsejar. Los artesanos de distintas partes del mundo hacen llegar allí sus productos y, de algún modo, todos ellos convergen en esta pequeña tienda de San Lorenzo de El Escorial.

    No hay allí lugar para la fabricación industrial ni para la prisa. Hay lanas peinadas, cardadas, sedas, fibras delicadas y manos que conocen su secreto. Hay personas que enseñan a otras personas un oficio antiguo y, sobre todo, hay una comunidad que parece haber comprendido algo que nuestra época suele olvidar: que hacer algo lentamente no significa perder el tiempo.

Quizá por eso el nombre resulta tan exacto: Bendita Pausa

    Una pausa para las manos, para los ojos y para el espíritu. Una pequeña resistencia frente a la velocidad del mundo. Y Gisela, la tejedora argentina, parece estar en el centro de todo ello como una Penélope moderna: no espera a Ulises, sino que teje para que el tiempo, mientras tanto, no se pierda.

    El 12 de junio, Día Mundial de Tejer en público, no faltaron a su cita las mujeres y hombres que disfrutan y trabajan en torno a Bendita Pausa. Coordinadas por Gisela, se reunieron en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial para compartir agujas, lanas, conversaciones y esa paciente alegría que solo conocen quienes construyen belleza punto a punto.

    Allí elaboraron los llamados grannies squares , esos tradicionales cuadrados de ganchillo compuestos por infinitas combinaciones de lanas y colores que, unidos unos a otros, terminan formando un gran mosaico textil para colchas, cortinas y vestimenta.

    El fruto de aquel trabajo colectivo se convirtió en una de las imágenes más hermosas de las fiestas de San Lorenzo: el 10 de agosto se inauguró un singular toldo tejido que cubría el Callejón del Repeso del municipio, como una bóveda de color suspendida entre las piedras y el cielo.

    Y la obra no ha terminado. El próximo año volverán a reunirse para seguir agrandando ese magnífico dosel de tejido y de luz, una inmensa labor de Penélopes contemporáneas que, en lugar de destejer por la noche, prefieren seguir tejiendo la amistad, la memoria y la belleza.

Con cliente de "Bendita Pausa".

Clases de tejido. Ante tazones de ovillos de lana.


lunes, 24 de agosto de 2026

"CINCO MIRADAS. UNA SAGA". Siete pintoras del grupo. Exponen en Portugal en la galería VRSA de la pintora Nuria Fuentes. Coincidiendo con las fiestas de Ayamonte.


EL MISTERIO DE LAS DOS REINAS MUERTAS EN VILLACASTÍN

Supuesto casa-palacio en la plaza de Arriba en Villacastín.
Antiguo parador de Villacastín. Casa de Señor Conde de Campo Alanje.

Julia Sáez-Angulo

        24 de agosto de 2026.- Villacastín.- Habían nacido hermanas, hijas de Fernando I de Aragón y Leonor de Albuquerque, pero el destino las había llevado por caminos distintos, entre coronas, matrimonios y reinos enfrentados. Leonor de Aragón, reina viuda de Portugal, había regresado a España tras la muerte de su esposo y se había refugiado en Toledo. Allí llevaba ya varios meses sin noticias ciertas de su hermana María de Aragón, reina de Castilla por su matrimonio con Juan I.

La incertidumbre terminó imponiéndose a la prudencia. Leonor decidió ir a verla a Villacastín.

El encuentro tuvo algo de regreso a la infancia. Las dos hermanas se abrazaron largamente, como si en aquel abrazo pudieran borrarse los años, las distancias y las desgracias. Después hablaron durante horas. Recordaron a la familia, evocaron los días de juventud y conversaron sobre los reinos que les había tocado gobernar desde la sombra de sus matrimonios.

María le contó a Leonor las dificultades que atravesaba Castilla. El enfrentamiento entre su esposo, Juan II, y los infantes de Aragón había alcanzado extremos que parecían inconcebibles. Ella había tomado partido por sus hermanos los Infantes. Esto agravó la situación. El rey Juan II había sido hecho prisionero y encerrado en una torre, aunque finalmente había logrado escapar de su cautiverio en el castillo de Portillo (Valladolid).

    Eran tiempos turbios. La corte vivía rodeada de sospechas, intrigas y silencios.

Doña María atribuía buena parte de aquellas desgracias a la influencia del privado del rey, el bastardo don Álvaro de Luna, hombre poderoso cuya voluntad pesaba sobre los asuntos del reino y cuya sombra parecía alargarse sobre cada decisión.

    Durante los primeros días, sin embargo, las dos mujeres lograron apartarse de la política. El recoleto palacio de Villacastín les ofreció un breve refugio de intimidad. Conversaban junto al fuego, recordaban el pasado y quizá se preguntaban qué habría sido de sus vidas si el destino no las hubiera colocado tan cerca de los tronos.

    Pero al cuarto día Leonor comenzó a sentirse mal.

    Primero llegó un dolor de cabeza intenso, profundo, como si algo le oprimiera las sienes. Después aparecieron las dificultades para respirar y unas extrañas manchas cárdenas sobre la piel. María, alarmada, permaneció junto a ella sin separarse de su lecho.

    El 18 de febrero de 1445, Leonor de Aragón, reina viuda de Portugal, murió en el palacio de su hermana, en Villacastín. No hubo tiempo para comprender aquella muerte.

    Al día siguiente, María comenzó a padecer los mismos síntomas. También ella sufrió fuertes dolores de cabeza, dificultad respiratoria y aquellas inquietantes manchas que habían cubierto el cuerpo de Leonor. La enfermedad que había llevado a su hermana a la tumba parecía haber elegido ahora a la otra reina. María de Aragón murió al día siguiente.

    Dos hermanas. Dos reinas. Dos muertes separadas apenas por unas horas.

    La imaginación de la época no necesitó muchas pruebas para encontrar un culpable. Pronto comenzó a hablarse de envenenamiento. Se decía que las habían matado con hierbas; otros señalaban a los enemigos políticos de la corte. Y, como sucede tantas veces cuando la muerte llega envuelta en misterio, los rumores fueron creciendo hasta convertirse en una historia.

    El nombre de don Álvaro de Luna comenzó a circular insistentemente. Para unos, era el autor moral de la tragedia; para otros, el hombre que había desencadenado aquel desastre desde las oscuridades del poder. Su figura, ya temida y discutida en vida, quedó atrapada en la leyenda de las dos reinas muertas.

    El rey Juan, que se encontraba en El Espinar, a unos veinte kilómetros de Villacastín, recibió la noticia de la muerte de ambas mujeres. Sin embargo, no se presentó en la villa. Quizás temía a los Infantes de Aragón y desconfiaba de aquellos hombres cuyo comportamiento, según se decía, no inspiraba precisamente confianza. Se a San Martín de Valdeiglesias, sin ofrecer exequias reales a su esposa Doña María.

    Mientras tanto, María de Aragón recibió sepultura en la antigua iglesia de Villacastín. Pero aquella no era su última voluntad. Había expresado en su testamento su deseo de descansar finalmente en el monasterio extremeño de Guadalupe, lugar al que había acudido años atrás junto a su esposo y donde había encontrado el recogimiento de los monjes jerónimos.

    Su hijo, Enrique IV de Castilla, heredero de la Corona, prometió cumplir aquella última voluntad. Y la cumplió nueve años después.

    Con el paso del tiempo, la historia de las dos hermanas fue entrando en ese territorio incierto donde la memoria y la leyenda terminan por confundirse. Sus muertes simultáneas alimentaron durante siglos la sospecha de un crimen. El supuesto envenenamiento encontró defensores y detractores, y el nombre de don Álvaro de Luna quedó ligado para siempre a aquella tragedia.

    Muchos años después, los restos de las reinas fueron objeto de estudios y análisis que apuntaron hacia una explicación médica para aquellas muertes. La enfermedad contagiosa aparecía así, como una posibilidad mucho más prosaica y, quizá por eso mismo, más terrible que el veneno imaginado por sus contemporáneos.

    Pero la duda no desapareció del todo.

    La historia deja a veces una puerta entreabierta, y por ella entra la leyenda.

Hoy, la casa palaciega de Villacastín permanece silencioso. Sus paredes, heridas por el tiempo, parecen guardar todavía el eco de aquellas dos mujeres que llegaron allí para reencontrarse y que no salieron con vida. Cuatro paredes desnudas esperan una mano generosa que las restaure.

    Quizá ningún monumento sea más elocuente que una ruina cuando conserva una historia. Y aquellas piedras conservan una de las más extrañas: la de dos hermanas que fueron reinas, que se encontraron después de una larga separación y que, en apenas dos días, murieron una junto a la otra.

    Desde entonces, Villacastín guarda su secreto en el la casa palaciega, hoy medio derruida, de las dos reinas muertas.


domingo, 23 de agosto de 2026

Diario Escurialense XXVI.-PUEBLOS DE CASTILLA EN ÁVILA Y SEGOVIA: Villacastín, Maello, Labajos, Muñopedro, Peromingo, Aldeavieja…“Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”

Balsas junto al parador. Villacastín

Cuqui Valero y Julia Sáez-Angulo bajo las arcadas de la plaza del Ayuntamiento. Villacastín.


Julia Sáez-Angulo

23/8/26.- Coto de Puente Viejo (Ávila).- Moverse por algunos pueblos de Ávila y Segovia, provincias acendradas de la Vieja Castilla, es una experiencia de historias, sucesos, anécdotas, comunidades, toque artísticos, leyendas… Nada que ver con residencia en la ciudad, donde el anonimato diluye las vidas y dispersa los intereses.

Residir o vivir en un pueblo acerca enseguida a las personas con nombre y apellidos, a los vecinos, a la gente. Castilla no parece rica, pero emana la dignidad que le confiere su historia. A la memoria me viene esas frases intercambiadas y matizadas entre dos intelectuales españoles: 

    “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”, del historiador abulense Claudio Sánchez-Albornoz, quien la pronunció en 1931 como respuesta a una idea previa de José Ortega y Gasset: "Castilla hizo a España y la deshizo".

    Algunos de estos pueblos de alrededor del Coto de Puenteviejo donde me encuentro: Villacastín, Maello, Labajos, Muñopedro, Peromingo,  Aldeavieja… muestran casas unifamiliares o chalets estupendos y me aclaran mis anfitrionas: “Muchas de estas buenas casas son de los que, vaciando los pueblos, se fueron a la ciudad, ahorraron y, jubilados, regresan al pueblo al final de sus días, como los antiguos indianos que iban a América”.

    Viajamos de Villacastín a Labajos para oír misa y el pueblo celebra la fiesta y procesión del Santo Cristo de la Agonía, una imagen barroca en la iglesia del XVI. Me llama la atención un rico tornavoz sobre el púlpito. 

    Fiestas en Labajos y Villacastín. Banderas de España por todas partes. "Yo no la pongo porque los de izquierdas me tachas de facha", oigo a mi lado.

    A la salida de Labajos, observamos el monumento a Onésimo Redondo, un monolito con una cruz de piedra situado a las afueras del pueblo. Se erigió en el lugar donde el dirigente y fundador de las JONS fue abatido el 24 de julio de 1936, por “los Hunos”, incapaces de entenderse con “los Hotros” y viceversa. Y siguen igual, con pintadas guerra-civilistas unos contra otros. Intransigencia y odio, sembrados siempre desde los malos políticos y gobernantes.

    Regresamos hacia Villacastín, para tomar el aperitivo. Vemos unas “granjas de gallinas felices”, al decir de Cuqui Valero, porque tienen instalaciones nuevas, cómodas, limpias, donde pueden comer, beber y picotear por una gran extensión de campo, como solicita la exigente normativa europea. Hemos cenado de estos huevos y son exquisitos.

    En Villacastín, municipio de “esplendor hidalgo”, las hermanas Valero me muestran la gran casa noble de los Pérez de la Concha, con escudo de la plaza del Ayuntamiento, donde ellas y su familia veranearon durante veinte años, antes de trasladarse a Puenteviejo. La casa tenía catorce habitaciones y una capilla. Esta casa pasó a los Pérez, de la célebre Casa Labra en Madrid.

    Cuqui me pone en antecedentes de un acontecimiento histórico tremendo, al pasar por un derruido palacio de las dos reinas en Villacastín, en 1945: Doña Leonor de Aragón, reina viuda de Portugal y su hermana Doña María de Aragón, reina de Castilla, que murieron con un día de diferencia. Todos sospecharon de envenenamiento con hierbas, dados los síntomas idénticos de dolores fuertes de cabeza, dificultades respiratorias y manchas cárdenas en la piel… Estudios realizados posteriormente dicen que murieron, ambas contagiadas de meningitis meningocócica (mortal si no hay tratamiento).  ¡Vaya usted a saber! Don Álvaro de Luna, ilustre bastardo, tenía entonces mucha influencia como privado de Juan II. Y es que “la historia sucede allí donde no se mira”, como recuerda Rafael Álvarez, cronista oficial de Villacastín. (Hablaaremos de aquellas más adelante).

    Al pasar por el término municipal de Muñopedro, alguien menciona que por allí va mucho la Infanta Elena y se la puede ver algunas veces en la misa dominical de la parroquia o tomando el aperitivo en uno de sus bares. Hay por allí una rica miel que se llama “La Infanta”, yo la he probado y no está nada mal.

Llegamos al Coto de Puenteviejo, pero antes quisimos dar un largo paseo por las pueblas, con sus dehesas y toros albinos o rubios, que llegan hasta Maello. Atravesamos las urbanizaciones de Prado Encinas, El Monte y el Pinar de Puenteviejo. Los campos son rastrojos dorados y abundosas nubes blancas bajo el azul del cielo. Castilla es una gran tierra bajo el firmamento.

Tornavoz del púlpito en la iglesia de Labajos

Roquedales en las dehesas.
Toros albinos y rubios. Maello.
Paseo. Coto de Puenteviejo.


ROMERAL EXPONE "LA ATMÓSFERA DE LA MEMORIA" EN TALAVERA DE LA REINA