martes, 11 de agosto de 2026
Diario Escurialense XVIII. LOS HABITANTES DE "PRADO DEL MOLINO" EN TIERRA, AGUA Y AIRE. Desde el águila calzada, cárabos, milanos... hasta conejos, sapos o topos
Pilar Engelmo en Prado del Molino
Adelfas y dondiegos de noche (Mirabilis jalapa)
Julia Sáez-Angulo
Fotos: J.S.A.
11/8/26.- El Escorial.- Me gusta cumplir con el ritual de visitar cada verano a las Pilares, madre e hija pintoras, en su finca llamada Prado del Molino, junto al Tamajón, pradera de la dehesa, la Hípica... son varias fincas unidas. Todas ellas están dentro de la conocida Cerca de Felipe II, el territorio de caza del monarca creador del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Una Cerca con exigente normativa de preservación del territorio, que impide poner placas solares en los tejados.
Es una costumbre, la de visitarlas, que se ha ido convirtiendo con los años en una de esas pequeñas ceremonias de la vida que uno espera con ilusión, porque hay lugares a los que no se va solamente para estar, sino para reencontrarse.
Prado del Molino es una dehesa, no un bosque, recalca Pilar Engelmo, tiene sus propios habitantes. No son únicamente las personas que viven o pasan allí durante el verano junto a las anfitrionas. Son también los árboles, los animales, los pájaros, los reptiles, los insectos… Y, por supuesto, las vacas, cercadas en una de las fincas anexas, pastoreadas por un diligente y simpático vaquero. Y los caballos de la hípica, cuando está en funcionamiento.
Y cinco habitantes excepcionales: los mastines: Martín, Dardo, Trem (de Tremendo), Lía y Lavanda. Durmientes durante el día y vigilantes audaces y ladradores en la noche.
Los fresnos son quizá los árboles que primero llaman la atención. Hay también encinas, recias y austeras, acostumbradas a la sequedad de Castilla; robles que dan al paisaje una cierta solemnidad, ailantos y otros árboles más humildes que completan esa comunidad vegetal que hace de Prado del Molino un lugar singular.
Uno puede sentarse allí y tener la sensación de que el campo habla. Pero hay que saber escucharlo, advierte Pilar Suja, "ornitóloga" de conocimientos, frente a Pilar Engelmo, que es sabia en botánica.
Al amanecer comienzan los pájaros. Primero se oye alguno escondido entre las ramas y después se va levantando una verdadera conversación. Cada especie tiene su voz y su hora, como si todos conocieran perfectamente el papel que les corresponde representar.
Por encima de todos aparece habitual el águila calzada, majestuosa, cruzando el cielo con ese vuelo que parece no necesitar esfuerzo. Su presencia es siempre bien contemplada. Uno levanta la cabeza y la sigue con la mirada hasta que se pierde en la distancia.
Más difícil es descubrir al cárabo, que pertenece a la noche y al misterio. Su voz puede escucharse cuando ya ha desaparecido la luz, y entonces la dehesa adquiere otra dimensión. El autillo, pequeño y discreto, también forma parte de ese concierto nocturno. Y están el búho común y el milano, cada uno dueño de una parte del cielo y del paisaje. Pilar los distingue perfectamente y los contrasta con los registrados digitalmente.
Más cercanos: oropéndolas, golondrinas, urracas, gorriones...
“Así, Prado del Molino tiene una vida que continúa cuando nosotros nos acostamos”.
Durante el día, los pájaros y los insectos parecen ocupar el espacio; al caer la tarde comienzan a aparecer otros habitantes. Hubo un tiempo en que hubo unos lagartos, “comestibles en algunos lugares de Extremadura”, me cuenta Pilar, y hasta una serpiente de unos dos metros, no venenosa ciertamente, pero su picadura no hubiera sido precisamente una caricia. Están también los conejos, liebres, sapos, topos, cigarras, avispas... (El Urbasón está cerca, por si llegara la picadura)
“Vinieron dos guardas de SEPRONA para verla y hacerse cargo, pero, astuta como una serpiente, se escondió entre las rocas y no hubo manera de contemplarla bien”.
“La dehesa cambia de voz y de ritmo, según las horas. Me gusta pensar que todos estos animales estaban allí antes de que nosotros llegáramos y seguirán estando cuando nosotros nos hayamos ido. Son la vida y riqueza de la Naturaleza”, comenta la anfitriona.
Las Pilares conocen bien ese mundo. Han vivido tantos años en la finca que saben distinguir muchos de sus sonidos animales o astrales, y reconocer los cambios del campo. Para quien llega de la ciudad, Prado del Molino puede parecer simplemente una dehesa hermosa. Para ellas es mucho más: es una casa, un paisaje y también una historia. Y quizá por eso gusta tanto volver.
Generosas de verdad, Prado del Molino cuenta con frecuencia con presencia de amigos invitados que pasan con ellas varios días. María, la empleada hondureña, también está muy fundida y encantada con Prado del Molino, al igual que los vaqueros.
Cada verano encuentro lo mismo en Prado del Molino y, al mismo tiempo, algo diferente, por eso vuelvo. Los fresnos siguen allí, la encina continúa resistiendo el calor, los robles cambian lentamente con las estaciones…Pero nosotros no somos exactamente los mismos. Los años pasan por las personas mucho más deprisa que por los árboles, que casi todos sobrepasan el centenario.
Uno puede contemplar un roble y preguntarse cuántas generaciones habrá visto pasar bajo sus ramas. Cuántas conversaciones, cuántas despedidas, cuántos niños convertidos en adultos. Quizá los árboles sean los verdaderos testigos de la historia de Prado del Molino, porque son más longevos que nosotros. El Real Monasterio, el monte Abantos y las mellizas Machotas ponen fondo y telón a Prado del Molino y a la Cerca de Felipe II.
Y luego están las aves. Me gusta imaginar que cada una de ellas conoce su territorio mejor que nosotros. El águila calzada conoce el cielo; el milano, las corrientes de aire; el cárabo y el autillo, la noche; el búho, las sombras. Nosotros apenas somos visitantes en un mundo que ellos habitan de verdad. Por eso llamo a este relato Los habitantes de Prado del Molino. Nosotros somos pasajeros y ellos permanecen.
Y después del paseo por la dehesa, un buen baño en la piscina de sal, que no de cloro, para paliar el calor de la meseta castellana, a más de 600 metros de altura.
Las dos Pilares, pintoras, de compras.
Mastines durante el día.
Camino hacia la piscina de sal.
"La mano de Buda", cítrico en maceta de la terraza.
Etiquetas:
Diario Escurialense XVIII,
mastinez,
PIlar Engelmo,
Pilar Suja,
Prado del Molino
lunes, 10 de agosto de 2026
EL MUSEO DEL PRADO A LA LUZ DEL ECLIPSE. Un sutil juego para mostrar la importancia de la iluminación en la pintura
"El Prado a la luz del eclipse" La pradera de san Isidro. Goya
L.M.A.
Lunes, 10 de agosto de 2026.- El Museo Nacional del Prado publica una pieza audiovisual que juega con sutileza con la llegada del eclipse solar y cómo serían estas obras con esa iluminación diferente. El vídeo invita al público a redescubrir estas pinturas a través de nuevas atmósferas, matices y contrastes visuales.
La propuesta combina técnicas de creación digital, inteligencia artificial e intervención gráfica para explorar el papel de la luz en la experiencia artística. El proyecto ha sido concebido como una herramienta de divulgación que busca acercar las colecciones del museo a nuevos públicos.
El Museo Nacional del Prado presenta una pieza audiovisual que propone una nueva mirada sobre algunas de sus obras maestras a través de un fenómeno excepcional: un eclipse solar. Mediante una transformación progresiva de la luz, el vídeo muestra cómo pequeños cambios en la iluminación pueden modificar la percepción de los colores, las formas y la atmósfera de los cuadros.
La propuesta explora cómo un eclipse puede transformar la forma de observar una imagen y cómo la luz afecta a la experiencia estética y emocional de quienes la contemplan.
La producción ha sido desarrollada por AMB Piensa mediante la combinación de inteligencia artificial, creación digital e intervención gráfica tradicional. Para ello se utilizaron modelos de generación de vídeo que recrean profundidad, movimientos de cámara y simulan el avance del eclipse sobre las escenas representadas en las obras.
Las herramientas de inteligencia artificial sirvieron para diseñar y perfeccionar instrucciones visuales complejas, definir aspectos como la evolución de la luz, la aparición de sombras y reflejos o el efecto sobre personajes, paisajes y elementos arquitectónicos. Posteriormente, cada secuencia fue revisada y ajustada manualmente para mantener la composición, la técnica pictórica y el carácter original de las pinturas.
Con esta iniciativa, el museo reafirma su compromiso con la innovación y la difusión cultural, proponiendo proyectos que combinan arte y tecnología para acercar sus colecciones a un público más amplio y ofrecer nuevas vías de interpretación de sus colecciones.
Otras actuaciones
Diario Escurialense XVII.- “CAMPO A TRAVÉS”. HELADOS Y YOGURES DE LECHE DE CABRA EN SAN LORENZO. Un rebaño en Las Navas del Marqués.
Paula López Montero y Mariluz Villegas
Julia Sáez-Angulo
Fotos: J.S.A.
“Campo a Través” es una innovadora micro heladería trashumante situada en San Lorenzo de El Escorial (calle San Agustín, 2) fundada por Paula López Montero y Mariluz Villegas. El establecimiento elabora de forma artesanal helados y yogures con leche de cabra de raza Guadarrama en peligro de extinción. Estas cabras dan menos leche que otras, pero su calidad es excelente.
Fabrican en pequeñas cantidades (alrededor de 50 litros diarios) con recetas de temporada que cambian según la estación. Ofrecen distintos y exóticos sabores de campo. Helado artesanal preparado con leche de cabra de pastoreo e ingredientes como frutas de temporada, miel de encina, flores, menta, albahaca, pimentón, higos, además de los clásicos melocotón pera, manzana fresa, limón naranja...
“Campo a Través” funciona además como despensa y punto de venta de quesos locales igualmente artesanos y productos de proximidad.
Paula y Mariluz decidieron dejar sus respectivas carreras de bibliotecaria y fisioterapeuta para montar un negocio sabroso, de moda y acierto. Está de moda.
La leche de cabra proviene de un rebaño de unas 250 cabras, que las pastorea Mario, en el vecino pueblo abulense de Las Navas del Marqués.
Todo comenzó hace dos años y el éxito ha sido tan grande que les han venido propuestas de capital de distintas procedencias, para ampliar negocio y aumentar la difusión de la marca “Campo a través”.
Paula y Mariluz no han querido cambiar y ampliar, porque dicen que, a veces, el gigantismo y la industrialización rebaja la calidad de un producto artesanal, así como su prestigio. Prefieren seguir con ese régimen controlado, artesanal, donde no se escapa un solo detalle.
Además del servicio individual en la tienda, venden sobre todo sus helados y yogures en tarrinas de cristal, que se conservan muy bien en la nevera y que rotulan con etiquetas igualmente sencillas y artesanas.
Fui a conocer a sus creadoras y probar sus helados con las pintoras Pilar Engelmo y Pilar Suja, habituales clientas de “Campo a través”. “Aquí vimos un día al fotógrafo Luis Magán con su mujer, buenos degustadores del buen helado”, me cuanta Pilar Engelmo.
No hay nada con dar en la diana con un negocio nuevo, imaginativo, artesano… Se pone rápidamente de moda. Paula y Mariluz lo han conseguido y son capaces de vender todo lo que producen cada día, sin ambición, al menos por el momento, de ampliar el negocio.
Estas empresarias bien merecen un reconocimiento institucional por su innovación y calidad de productos.
Pilar Engelmo y Pilar Suja, pintoras ante la tienda "Campo a través".
Las pintoras con Paula López Montero
Etiquetas:
Campo a Través,
Mariluz Villegas,
Paula López Montero
Diario Escurialense XVII. “MI CUÑADA MARI”. TEST EN LAS BODAS DE FAMILIA. Complicidades de la Naturaleza
Uruñuela (La Rioja)
Julia Sáez-Angulo
El Escorial, 10.08.2026
A mi cuñada Mari no le asignó nadie oficialmente ninguna misión dentro de la familia. Y, sin embargo, desde hacía años ejercía una función tan precisa como silenciosa: la de vigilar la calidad humana de la sangre que iba incorporándose a nuestro árbol genealógico.
No lo hacía con solemnidad, ni con aire de autoridad. Lo hacía como hacen las personas que han entendido su papel en el mundo sin necesidad de que nadie se lo explique.
En cada boda de nuestros sobrinos, Mari se movía entre los invitados con una naturalidad casi invisible. Hasta que, de pronto, se detenía junto a la madre del novio o de la novia —según correspondiera— y, con una sonrisa que no delataba intención alguna, lanzaba su frase:
—¡Vaya chico que se lleva tu hija!
O bien:
—¡Vaya chica que se lleva tu hijo!
No había juicio explícito en la pregunta, pero sí una especie de examen encubierto. Mari no escuchaba solo la respuesta: la descomponía. Observaba el gesto, la mirada, la rapidez de la réplica, el tono. En ese instante, sin que nadie lo supiera, la familia política quedaba ya clasificada en su memoria.
Decía que prefería dirigirse a las mujeres porque eran más espontáneas, menos preparadas para disimular. Los hombres, en cambio, requerían más tiempo, más rodeos, porque son más retorcidos. Pero al final, todos pasaban por su particular aduana emocional.
Cuando nuestro sobrino Pedro se casó en Gijón con una asturiana, Mari cumplió su ritual nada más llegar al banquete. Se acercó a la madre de la novia y le dijo, con su habitual desparpajo:
—¡Vaya chico que se lleva tu hija!
La mujer, quizá sorprendida por la familiaridad de la frase, respondió con cierta rigidez:
—Pues ella no es manca.
Mari no sonrió. No hizo falta. Tomó nota, como quien archiva un dato importante.
—Poco sentido del humor —dictaminó después, con la serenidad de quien ya ha cerrado un expediente.
Y la familia quedó, desde ese instante, catalogada.
En otra boda, la de nuestra sobrina Piluca con un profesor de León, Mari repitió el procedimiento. Se dirigió a la madre del novio:
—¡Vaya chica que se lleva tu hijo!
La respuesta fue inmediata, casi defensiva:
—Pues éste tiene dos carreras universitarias.
Había en aquella frase una necesidad de equilibrio, como si la vida matrimonial pudiera medirse en títulos académicos.
Mari lo pensó un momento, apenas un parpadeo, y concluyó:
—Estos valoran la inteligencia.
Y con eso le bastó.
Pero quizá la respuesta que más le divirtió fue la que recibió en la boda de nuestro sobrino Juan, casado con una joven madrileña de buena presencia y familia acomodada. Mari, fiel a su costumbre, se acercó a la madre:
—¡Vaya chico que se lleva tu hija!
La mujer respondió sin dudar:
—Pues ésta cuenta con un buen patrimonio.
Mari no añadió nada. No era necesario. La frase lo explicaba todo. La joven no destacaba por su trayectoria académica ni profesional, pero la familia tenía patrimonio. Y eso, en ciertos mundos, también era una forma de explicación.
En esta boda, Mari criticó que los novioss había ofrecido un generoso cóctel en el Hotel Palace, pero a los parientes riojanos, lo que de verdad les gusta es verse ante una buena mesa, sentados ante un plato, con cuchillo y tenedor y un buen filetón. Nada de chuminadas mano/boca de un cóctel.
Mari fue construyendo, boda tras boda, una especie de cartografía íntima de las familias políticas: las que respondían con humor, las que se defendían con títulos, las que se justificaban con dinero y las que simplemente no entendían el juego.
Tenía un sentido muy profundo —y muy suyo— de la familia como continuidad, como linaje, como territorio. Le importaba saber quién entraba, de dónde venía y qué traía consigo, aunque nunca lo dijera en voz alta.
Pero Mari no era solo una observadora de familias. También tenía una relación intensa, casi filosófica, con los animales.Hablaba con frecuencia de Pecos, un labrador enorme, de esos perros que ocupan más espacio emocional que físico. Mari estaba convencida de que los labradores eran los canes más inteligentes de la tierra. Lo alimentaba, lo cuidaba, lo mimaba con una dedicación absoluta.
Sin embargo, Pecos tenía su propio criterio. Y su criterio era claro: el único amo era su marido, que lo sacaba a pasear. Pecos le profesaba una admiración y afecto increíble. Mari no lo entendía.
—¡Después de todo lo que hago por él! —decía, indignada, como si el perro hubiera firmado un contrato de lealtad mal interpretado.
Y remataba su teoría con una sentencia que parecía nacida de una sociología improvisada:
—Esto es complicidad y solidaridad entre machos, dentro del reino animal.
También tenía un gato de angora, elegante y silencioso, que había adoptado la costumbre de instalarse en su regazo cada vez que Mari se sentaba a ver la televisión. Era su lugar en el mundo, sin discusión. Hasta que una noche de tormenta todo cambió.
Los truenos comenzaron a estallar con una violencia inusual. Mari tenía al gato en brazos cuando un trueno especialmente fuerte sacudió la casa. El animal, asustado, saltó de golpe… y en el movimiento le clavó las uñas en la cara. Después huyó.
Mari se quedó allí, inmóvil, con el rostro arañado, como si la tormenta hubiera dejado su firma en ella. Pasó el verano entero con aquellas marcas, que ella misma describía como las de un santo Cristo en Semana Santa.
Podrían contarse de Mari muchas más historias. Probablemente infinitas. Porque Mari ha sido, sin proponérselo, una de esas presencias que sostienen a las familias sin hacer ruido. Aunque es mi cuñada, hace tiempo que dejó de ser solo eso. Es parte del paisaje emocional de todos nosotros: está en las bodas y en los entierros, en las comidas largas y en las discusiones pequeñas, en las celebraciones y en los silencios. Y, por supuesto, está también en el Día de Todos los Santos.
Ese día Mari se encarga personalmente de que en el panteón de nuestros padres y abuelos haya un ramo de flores digno. Lo encarga a Interflora, sin reparar demasiado en el precio, y después reparte el gasto entre los hermanos. Una vez, uno de ellos protestó:
—Oye, Mari, ¿no te parece un poco caro el ramo?
Ella lo miró con calma, como quien explica una evidencia:
—Claro que podríamos poner unas flores más sencillas. Pero somos los importantes del pueblo. Si pusiéramos un ramo barato, nos criticarían todos por tacaños. Y eso no puede ser. Perderíamos categoría.
Así era Mari. Con sus códigos, sus intuiciones, sus clasificaciones silenciosas, sus animales, sus flores y su manera muy particular de entender la dignidad familiar. A ella le correspondía, sin que nadie se lo pidiera, vigilar que la sangre nueva que entraba en la familia tuviera, al menos, una cualidad imprescindible: un poco de sentido del humor.
Y si no lo tenía, Mari lo descubría en la primera frase.
Etiquetas:
Bodas,
Diario Escurialense XVII,
Mi cuñada Mari
sábado, 8 de agosto de 2026
Diario Escurialense XVI. “TODOS SOMOS GRIEGOS EN EL EXILIO”, DIJO BORGES. “LOCOS POR LOS CLÁSICOS”, LIBRO DE EMILIO DEL RÍO
Escultura con la barca de Caronte, de Isabela Lleo, junto a la alcadesa de San Lorenzo y la presidenta de MTG.
Julia Sáez-Angulo
7/8/26.- Madrid.- “Todos somos griegos en el exilio” dijo el escritor Borges y lo recordaba, el escritor y periodista José María Bermejo en su “Cuaderno griego” (1992), libro mío de cabecera durante largo tiempo. Es el reconocimiento claro de los que amamos la cultura clásica greco-latina y greco-romana, porque la hemos estudiado, nos captó, nos marcó y forma parte de nuestro imaginario personal. Afortunadamente no soy la única persona entusiasta de ese mundo clásico, que es cuna de nuestro lenguaje y nuestra cultura.
Actualmente estoy leyendo y disfrutando el libro de divulgación “Locos por los clásicos” (Todo lo que debes saber sobre los grandes autores de Grecia y Roma), (Planeta, 2022) de Emilio del Río (Logroño, La Rioja, 1963), profesor en la Universidad Complutense, que reaviva el recuerdo de nuestro conocimiento y amor por su cultura. El libro recoge los textos de los podcast del autor en el programa “No es un día cualquiera” de RNE, bajo el rótulo de “Verba volant”, las palabras vuelan.
¡Bien por esa divulgación de los autores clásicos griegos y latinos! Por sus páginas desfilan mitos, historias y escritores, que han marcado la historia y literatura posterior mucho más de lo que creamos a primera vista. ¿Cómo no vamos a estar locos por los clásicos?, se pregunta Emilio del Río en el prólogo: “Hay un momento mágico de la historia de la humanidad en el que se crean las bases de nuestra democracia, de nuestra civilización, de nuestra cultura. Ese momento es el de las culturas griega y romana, hace miles de años”.
Entre los autores que del Río nombra con citas claves de su obra, se encuentran: Virgilio, Catulo, Tucídides, Séneca, Platón, Plutarco, Homero, Plauto, Sófocles, Luciano, Cicerón, Esopo, Tibulo, Eurípides, Ovidio, Safo, Heródoto, Apuleyo, Marcial, Lucrecio, Aristófanes, Esquilo, Epícteto, Supicia, Tito Livio, Propercio, Suetonio, Horacio… Solo dos mujeres, Safo y Sulpicia, griega y latina respectivamente, yo diría que demasiado en dos culturas ciertamente patriarcal y orilladoras de los derechos de la mujer, si bien dándole papeles en la vida, como lo demuestran las tragedias de Sófocles o Eurípides.
No hay arquetipos literarios femeninos más rotundos y hermosos que los de las tragedias griegas. Aparte de las diosas: Antígona, Ismene, Electra, Medea, Clitemnestra, Ifigenia, Hécuba, Helena, Andrómaca, Casandra… ¡Que contradicción sus vidas, con los derechos que les otorgaban! Ellas, más que nadie, cristalizaron las conductas humanas. De todas ellas preparé una conferencia para la Feria del Libro de Santo Domingo (Rep. Dominicana) en 2020, pero la pandemia del covid-19, impidió pronunciarla.
Pero volviendo a los autores, voy a referirme, por cuestión de espacio a solo dos autores, la primera de Platón en “La República”, donde con sus célebres diálogos, el autor nos enseña filosofía a base de cuentos y relatos como parábolas: por ejemplo, el del anillo de Giges, que lo hace invisible y el comportamiento del ciudadano con o sin ese anillo. O el mito de la caverna, aquellos hombres amarrados en la oscuridad que solo conocen el exterior por las sombras que proyecta y creen que eso es la realidad, al tiempo que temen el exterior porque descabalga su falsa seguridad. “La ciudad toma su origen de la impotencia de cada uno de nosotros para bastarse por sí mismo”, escribe Platón.
De Ovidio vale la pena destacar su vis poética, ciertamente hermosa, cuando narra los amores de la reina Dido y Eneas en una gruta, donde se han refugiado por los truenos y rayos de una tormenta. Sin detenerse en la supuesta cópula de los amantes cierra su fábula con un verso que dice: “Y allá en lo más alto ulularon las ninfas”.
“Nihil novum sub sole”. No hay nada nuevo bajo el sol, dan ganas de decir después de leer los clásicos, siempre renovados y presentes. Un ejemplo: en la reciente exposición de “Mínimo Tamaño Grande. MTG.”, la escultora Isabel Lleo muestra una sugerente barca de Caronte, o Patricia Larrea titula en latín “Umbra”, a su escultura para la exposición “Eclipse”.
Clásico quiere decir permanente. Eterno.
Barca de Caronte (madera y alabastro) de Isabela Lleo.
viernes, 7 de agosto de 2026
Diario Escurialense XVI.- CARLOTA LÓPEZ ESTEBAN, ALCALDESA DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL, INAUGURA LA EXPOSICIÓN "MÍNIMO TAMAÑO GRANDE, MTG": 40 artistas y más de medio centenar de esculturas en torno al "Eclipse".
La alcaldesa inaugura la muestra después de da las gracias a artistas y visitante. Junto a ella, la concejala de Cultura, Myriam Contreras y la comisaria de la exposición Elena Blanch.
Grupo de artistas participantes en MTG, XXVIII edición.
Julia Sáez-Angulo
Fotos: Mercedes Marcos
El Escorial.- 8/8/26.- La alcaldesa de San Lorenzo de El Escorial, Carlota López Esteban, ha inaugurado la exposición de esculturas “Mínimo Tamaño Grande, MTG, en su XXVIII edición, muestra que tiene lugar todos los años en el municipio, coincidiendo con las fiestas de San Lorenzo del 10 de agosto. Junto a la alcaldesa, la concejala de Cultura, Myriam Contreras y la presidenta de MTG, Elena Blanch.
Más de medio centena esculturas de 40 artistas se despliegan en el interior de la sala Manuel Andújar y el patio de la Casa de la Cultura, hasta el 12 de septiembre. En esta convocatoria, el tema iba relacionado con el eclipse de sol, que tendrá lugar el próximo día 12 de agosto.
La inauguración estuvo amenizada por una actuación musical y numeroso público, entre los que se encontraban artistas como Mercedes Ballesteros, Viviane Brickmanne, Patricia Larrea, Czili, Rafa Hernández, Isabella Lleo, Ubaldo Sedano… e invitados ilustres como el escultor Juan Moral, Julio Ovejero, Diego Canogar, Pablo Reviriego, Antonio Calderón, Antonio de la Cuerda, Susana Blanco…
Bello Montaje el de esta exposición con obras de diversos materiales: madera, hierro, alabastro, tierras, collage, barro, poliester, metal, piedra de calatorao, objetos encontrados, chapa, land-art...
También de distintos lenguajes y estilos: figuración, realismo, abstracción, instalación, arte póvera...
Más información
Patricia Larrea junto a su escultura.
Juan Moral, escultor, entre dos amigos.
Ana Muñoz, pintora y Mercedes Ballesteros.
Vivianne y su esposo, profesor López Soldado, Patricia Larrea y Carmen

Rafa, Elena, alcaldesa y concejala de San Lorenzo.
Czili, escultora, junto a Julia y Susana.
Juan Moral y Mercedes Ballesteros, junto a la obra de la segunda
Pablo Reviriego, Julia Sáez-Angulo y Héctor Delgado.Juan Moral, escultor, entre dos amigos.
Ana Muñoz, pintora y Mercedes Ballesteros.
Vivianne y su esposo, profesor López Soldado, Patricia Larrea y Carmen
Escultura de alabastro de Isabella Lleo.
Pablo Reviriego y Juan Moral: conversaciones de futuro homenaje al escultor de Torrelodones.
Rafa, Elena, alcaldesa y concejala de San Lorenzo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)