jueves, 20 de agosto de 2026

LA COLECCIONISTA DE CONCHAS MARINAS. Mil quinientas piezas catalogadas, con final inesperado

Thacheria mirabilis y nautilus pompilius.
Escalera del Museo Guggenheim. Nueva York.

Julia Sáez-Angulo

20/8/26.- El Escorial.- Dicen que coleccionar es propio de los géminis, pero se dicen tantas cosas… Mi amiga Palmira Elías, que es Leo y actualmente pinta sedas, tuvo una pasión anterior que le llevó a recorrer el mundo para conseguir conchas marinas “recién cogidas, con los bichos dentro, para que sirva en la colección. No sirven las conchas rodadas en la arena, porque están gastadas y pierden propiedades”, me explica la coleccionista de conchas marinas, que llegó a reunir más de mil quinientas catalogadas y otras muchas repetidas.

“Era una verdadera pasión recoger conchas personalmente viajando y buceando en las costas de Noruega, Bali, el Caribe…, comprando o intercambiando ejemplares, conversando con otros coleccionistas… sobre todo con uno de Chile y otro de Oviedo. Éste último estuvo comiendo en casa y conoció mi colección de conchas”, cuenta la coleccionista.

    A los coleccionistas y estudiosos de las conchas se les llama conquiliólogos, y a su afición o ciencia se le conoce como conquiliología (una rama de la malacología, que es el estudio de los moluscos).

    “Yo he llegado a pagar diez mil pesetas por el ejemplar de una concha marina y hasta veinte mil, por un libro especializado en el tema, procedente de los Estados Unidos. Era una locura, una obsesión que lleva pasión, interés, conocimiento … Yo visitaba con frecuencia el Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid, para chequear algunas piezas o re-catalogar algunas conchas, dato que figuraba en las distintas fichas (especie, autor, localidad…) que yo almacenaba en exhaustivo proceso de datos. Algunos ejemplares tenían hasta tres catalogaciones, si no distintas, no siempre iguales”, sigue explicándome la coleccionista con renovada pasión.

    La coleccionista de conchas marinas saca libros de un anaquel, con una bibliografía extensa sobre la materia y muestra las imágenes de preciosos ejemplares, en los que ella destaca el brillo exterior, la porcelana o el preciado nácar interno de ejemplares utilizados para camafeos, botones y otros elementos ornamentales. Incluso una concha enorme, utilizada como benditera o pila bautismal en muchas iglesias. No se olvida de los cauris para hacerse collares, o de los que sirvieron como monedas en algunas civilizaciones de la humanidad. El campo de estudio es infinito.

    Me habla de moluscos vivos, de cefalópodos, gasterópodos, bivalvos, estrombos, trompos o peonzas, caracoles, túrridos, conos, piramidélidos, olivas, del nautilus… me aturdo. Creo que mezclo géneros con especies, pero ella los distingue muy bien. Me señala una rapana venenosa, en las que, una vez vacías y llevadas a la oreja “se escucha el mar. “Si le cortas el otro extremo sirve de instrumento de llamada a modo de cuerno”.

    La coleccionista de conchas marinas se detiene especialmente en la thatcheria mirabilis, la concha en la que el arquitecto del Museo Guggenheim de Nueva York se inspiró, para diseñar la célebre escalera en rampa. La naturaleza siempre es fuente de inspiración para los artistas.

    El arquitecto del Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York fue el estadounidense Frank Lloyd Wright. El diseñó el icónico edificio en forma de espiral en 1943 y se inauguró en octubre de 1959.

    No olvida la coleccionista, la sabrosa carne de muchos de los moluscos encerrados en las conchas marinas, que ella ha comido cruda y directamente del orificio a la boca. “Algunos son más sabrosos que las ostras”.

    Vuelve para señalarme los murex troscheli, con largas patas, espinas o costillas, que le ayudan a caminar a saltos sobre la arena y evitar ser sepultado por ella. “Es espectacular verlos moverse”. La coleccionista me explica el valor de las rádulas para alimentarse o de los opérculos de diversos moluscos para protegerse.

    La entrevista, casi conferencia, duró dos horas. Y el final no pudo ser más desconcertante. La colección le fue robada en su día “por un malababa que quiso vengarse y que, seguramente, la destruyó para que no lo pillasen con ella”.

    “Sentí y lloré más, mucho más, la pérdida de esta colección, que el robo de mi cofre de joyas en otra etapa de mi vida. No volví a coleccionar más conchas marinas”, se lamenta la coleccionista de conchas marinas.

angaria vicdani
phasianella australis


Lingua Ignota, el primer idioma artificial de la Historia, creado en el siglo XII



        L.M.A.

        20.08.2026.- La Lingua Ignota está considerado el primer idioma artificial de la Historia, creado por Hildegarda de Bingen en el siglo XII, aunque se desconoce su propósito. 

Quizá las lenguas artificiales más famosas hoy en día son el Esperanto y la Interlingua, ambas con un considerable número de hablantes y estudiosos. De cerca le siguen las lenguas inventadas por escritores como Tolkien, o aquellas creadas expresamente para series de televisión y películas, cuyo ejemplo más popular sería el Klingon de Star Trek y, más recientemente, las lenguas que aparecen en la serie Juego de Tronos.

    Pero a lo largo de toda la Historia ha habido intentos de crear idiomas por diferentes motivos, tanto estéticos, artísticos, funcionales o simplemente lúdicos. La primera lengua construída artificialmente de la que se tiene documentación es la Lingua Ignota (en latín lenguaje desconocido), y fue creada por Hildegarda de Bingen en Alemania en el siglo XII.

    Esta Hildegarda, hoy santa de la Iglesia Católica, no era una mujer corriente. Fue monja y abadesa del Monasterio de Rupertsberg, donde murió en 1179. Tras de sí dejó una amplia obra musical, científica y literaria. En el aspecto musical compuso hasta 78 obras, incluyendo un prototipo de oratorio, una composición que no se inventaría hasta cinco siglos más tarde, y un auto sacramental llamado Ordo Virtutum, que algunos consideran como la primera ópera de la historia. Desde 1979 se han publicado más de 35 discos con interpretaciones de sus canciones, e incluso en 2001 la película Una mente maravillosa incluyó una en su banda sonora.

    Escribió obras sobre medicina, política y teología que hoy se conservan en numerosos códices copiados y transmitidos por los monjes de diferentes monasterios. En su tiempo fue conocida como la sibila del Rin y también como la profetisa teutónica, llegando a ser una de las mujeres más influyentes de la Baja Edad Media en Europa.

    Su invención de la Lingua Ignota le valió ser adoptada como patrona por los esperantistas. Este idioma artificial se recoge en su obra Ignota Lingua per simplicem hominem Hildegardem prolata, como un listado de 1.011 palabras con su significado equivalente en alemán, junto con las Litterae ignotae (letras desconocidas), 23 letras de su creación que conforman un nuevo alfabeto completamente diferente de los conocidos hasta entonces.

    Es con este alfabeto con el que Hildegarda escribía su nueva lengua, cuyo propósito ha sido objeto de debate a lo largo de los siglos sin llegar a conclusiones claras. Unos piensan que tenía un carácter eminentemente científico, y otros que se relaciona primordialmente con el misticismo.

    Formalmente parece utilizar parcialmente la gramática latina, sustituyendo algunas palabras por las de nueva creación, tal y como se deduce del único texto conservado escrito en Lingua Ignota:

    O orzchis Ecclesia, armis divinis praecincta, et hyacinto ornata, tu es caldemia stigmatum loifolum et urbs scienciarum. O, o tu es etiam crizanta in alto sono, et es chorzta gemma (Oh inconmensurable Iglesia, armada de la mano divina, y embellecida por jacintos, tú eres el bálsamo de las heridas de las naciones y de la ciudad de las ciencias. Oh, o tú eres también adornada en música sublime, y eres una gema brillante, traducción propuesta por Newman en 1987)

Este texo está escrito mezclando el latín con cinco palabras nuevas, de las cuales solo una, loifoi/loifolum (pueblos o naciones), aparece en el listado conservado en los códices. Ello parece indicar que en realidad el vocabulario era mucho más amplio que esas 1.011 palabras.

 De algunas cartas se deduce también que la existencia de la Lingua ignota era conocida por allegados y terceras personas, aunque no se sabe si fue empleada más que por su creadora y, en última instancia, no parece que nadie se preocupase de hablarla o estudiarla más allá de su muerte. Algunos expertos opinan que su uso primordial era musical, ya que algunas de las palabras han podido rastrearse en las canciones que compuso.

Entre las palabras listadas en el glosario encontramos términos religiosos (Aigonz / Diós, Diueliz / diablo, Zuuenz / santo), relativos a los seres humanos (Inimois / ser humano, Iur / hombre, Vanix / mujer, Peueriz / padre, Maiz / madre), pero también científicos y artísticos (Pruiuanz / ánfora, Dioranz / arco, Lauziminiza / Tierra, Spartoliz / investigador)

Desde el siglo XIX se han publicado numerosas ediciones del curioso lenguaje inventado por Hildegarda, una de ellas realizada por los famosos hermanos Grimm en 1848. El listado completo de las palabras con su significado en castellano puede consultarse en la edición en PDF de la web Hildegardiana.

Fuentes: Hildegard of Bingen: An Integrated Vision (Anne H. King-Lenzmeier) / Modernité au Moyen Age: le défi du passé (Brigitte Cazelles,Charles Méla) / Hildegard of Bingen's Unknown Language: An Edition, Translation, and Discussion (S. Higley) / Lenguaje Secreto De Hildegard Von Bingen (Verónica Martínez Lira ) / Wikipedia

Guillermo Carvajal

National Geographic España

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1.Página del Risencodex con el alfabeto Litterae ignotae

2.Hildegarda

3.Lingua ignota

     ( Biblioteca Gonzalo de Berceo )



EL MUSEO MEADOWS INAUGURA TEMPORADA CON EL ESTRENO MUNDIAL DE ESPECTÁCULOS DE PODER Y FE: ARTE COLONIAL SUDAMERICANO DE LA FUNDACIÓN THOMA



        L.M.A.

        20.08. 2026.- En su estreno mundial en el Museo Meadows de la Universidad Metodista del Sur (SMU), Espectáculos de poder y fe: arte colonial sudamericano de la Fundación Thoma se reúnen 63 extraordinarias pinturas que revelan la riqueza visual y la complejidad cultural de la Latinoamérica colonial. Muchas de las obras expuestas —desde grandes lienzos devocionales y retratos hasta pinturas sobre cobre ejecutadas con gran detalle— son adquisiciones recientes que se exhiben, se estudian y se publican por primera vez.

    Integrada por piezas procedentes de la Colección de Arte de las Américas Españolas de la Fundación Thoma, reunida por los mecenas de las artes de Dallas Carl y Marilynn Thoma, la exposición permanecerá abierta al público del 23 de agosto de 2026 al 24 de enero de 2027.

Comisariada por Adam Jasienski y Verónica Muñoz-Nájar, conservadora asociada de Arte de las Américas Españolas en la Fundación Thoma, Espectáculos de poder y fe: arte colonial sudamericano de la Fundación Thoma viajará, tras su clausura en Dallas, al Princeton University Art Museum (27 de febrero–1 de agosto de 2027) y al Raclin Murphy Museum of Art de la Universidad de Notre Dame (24 de agosto–19 de diciembre de 2027).

    Las obras reunidas, creadas entre 1600 y 1850 en los territorios que hoy corresponden a Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela y Ecuador, dan testimonio del poder político del Imperio español y del papel central que desempeñó la Iglesia católica en la región. Al mismo tiempo, reflejan la creatividad experimental de artistas indígenas, europeos y africanos que trabajaron en los cosmopolitas centros urbanos de Sudamérica, dando lugar a algunas de las imágenes más impactantes producidas durante la temprana Edad Moderna.

    “Esta exposición acerca la tradición artística de América Latina en la temprana Edad Moderna —tan rica visualmente como estimulante desde el punto de vista intelectual— a una institución reconocida por su incomparable colección de arte español peninsular”, afirmó Amanda W. Dotseth, directora Linda P. y William A. Custard del Museo Meadows y titular de la Cátedra del Centenario en la Escuela de Artes Meadows de SMU. “La Fundación Carl & Marilynn Thoma es verdaderamente excepcional; y  agradecemos profundamente que ahora forme parte de la dinámica comunidad artística de Dallas. Para el Museo Meadows es un honor presentar por primera vez la Colección de Arte de las Américas Españolas en la SMU y en el norte de Texas”.

    Si bien muchas de las pinturas fueron creadas para iglesias y espacios de devoción —incluidas representaciones icónicas de la Virgen María, santos de gran veneración como San Francisco de Asís y diversas narraciones bíblicas—, la exposición también presenta retratos que ofrecen una mirada a la vida secular en la América colonial. Entre las obras más cautivadoras destaca un pequeño retrato de una joven caraqueña llamada Petronila Méndez, pintado en 1763 por Diego Antonio de Landaeta, un artista afrodescendiente libre que desarrolló una exitosa carrera como retratista de la sociedad de su época. La pintura constituye un valioso testimonio de la diversidad social y cultural de la Venezuela colonial, además de poner de relieve la presencia y el talento de artistas afrodescendientes en el ámbito artístico de la América Española.



martes, 18 de agosto de 2026

"JORGE JUAN. ESPÍA AL SERVICIO DE LA CORONA". Conferencia de Letizia Arbeteta en Sigüenza


Diario Escurialense XXII. MI AHIJADA AINHOA Y EL GATO TORPÓN. Pérdidas lacrimosas. Un susto morrocotudo


Ainhoa Julia Sáez, empresaria.

Torres gemelas de la catedral de Santa María la Real de la Redonda (Logroño).    


Julia Sáez-Angulo 

18.08.2026 .- El Escorial

    Ainhoa es mi ahijada y también la hija de mi hermano Luis. Es, sin duda, la muchacha de la familia con la sonrisa más dulce y la cara más bonita. Madrileña, riojana de origen, vino a Madrid para estudiar y se alojó en mi casa de la colonia de casas unifamiliares en la Guindalera.

Ainhoa Julia Sáez adoraba los gatos, de modo que no tardó en presentarse con una gatita a la que había puesto el curioso nombre de Calamares. Era un animalito tierno y gris que encontraba refugio en las piernas o en los brazos de su dueña. A mí aquella presencia me gustaba. Ainhoa era dulce y cariñosa y el gato parecía completar su carácter.

También le vino muy bien a mi hija Cristina, que por entonces estudiaba Medicina. En Navidad venía a casa Gema Piñana, desde París, para pasar un mes con nosotras, y se encontraba feliz al ver la casa con un gato. Gema adoraba también a estos animales y, según decía, por eso, su personaje favorito había sido siempre Benedicto XVI: le constaba que, cuando era cardenal, alimentaba a los gatos de su barrio romano y les llevaba comida todos los días.

Como a Ainhoa le gustaban tanto los gatos, un día apareció con otro. Lo llamó Gordito. Era, efectivamente, un gato blanco y negro, redondo y rellenito. Pero además de gordito era torpe. Tan torpe que yo acabé llamándolo Torpón.

Torpón se subía a los muebles y tiraba cuanto encontraba a su paso. No respetaba nada. Cuando instalábamos el belén de Navidad, tuvo la osadía de tirar al suelo la figura del Niño Jesús, cosa que me pareció de muy mal gusto. Y, para afilarse las uñas, había elegido mis escaleras, las que comunicaban el salón del principal con los dormitorios de arriba. Las utilizaba como si fueran un gigantesco rascador, dejando las marcas de sus uñas por todas partes.

A veces Torpón desaparecía y las lágrimas de Ainhoa eran inconsolables. En una ocasión llegamos a empapelar toda la Guindalera con fotografías del gato, reclamando su rescate y ofreciendo una recompensa. Pero nadie nos lo devolvió. Fue él mismo quien decidió regresar, porque una mañana apareció tranquilamente en casa, para alivio de todos y, sobre todo, de Ainhoa.

Mi hija Cristina y Ainhoa se llevaban de maravilla. Las dos eran dos bombones de veinte años que pasaban los fines de semana inclinadas sobre los libros, estudiando para salir adelante en la vida. Mientras tanto, yo, ya entrada en años, aprovechaba los sábados y domingos para salir: teatro, comidas, cenas con amigos... ¡Qué injusta es a veces la vida! Ellas, jóvenes, estudiando y yo, divirtiéndome.

En las épocas de celo de los gatos, la colonia de la Guindalera es una gatomaquia tremenda, y me río yo de las berreas. No hay quien duerma.

*****

Cuando Ainhoa terminó sus estudios de diseñadora de joyas, regresó a La Rioja y empezó a trabajar en una relojería. Las monjas del convento que había junto al establecimiento la adoraban. Ainhoa tenía siempre una sonrisa preparada y una paciencia infinita para ponerles los relojes en hora, sobre todo cuando había que cambiar la hora oficial. Un día, una de las religiosas le preguntó:

—¿Cuánto le debo?

—Nada —contestó Ainhoa.

Y aquello fue su perdición. Desde entonces, las monjas fueron desfilando por la relojería para que Ainhoa les pusiera los relojes en hora sin cobrarles un céntimo. Ella lo hacía encantada.

    Muy pronto, Ainhoa dejó la joyería  y se dedicó, a instancias de su padre, a empresaria inmobiliaria. En la amplia casa de mis padres, huerta y jardín, estableció cuatro viviendas rurales de alquiler. Si mis padres levantaran la cabeza, quedarían perplejos.

Ya instalada en La Rioja y acompañada por sus dos gatos, Calamares y Torpón, Ainhoa vivía feliz en su bonito apartamento desde el que se veían perfectamente las torres gemelas de Santa María la Real de la Redonda. Hasta que un día decidió acuchillar el parqué de su casa.

Los operarios llegaron con sus máquinas. Y aquellas máquinas eran tan ruidosas que el pobre Torpón se volvió loco. Saltaba de un sitio a otro, tiraba más adornos que nunca y buscaba desesperadamente una salida de aquel espacio lleno de chirridos infernales. Parecía que una máquina del demonio hubiera entrado en la casa.

La terraza fue su escapatoria.

*****

    De pronto, sonó el teléfono de mi hermano Luis, periodista, en su despacho del diario “La Rioja”. Él, adjunto a la dirección.

Era su hija Ainhoa, llorando y fuera de sí:

—¡Ay, madre! ¡Que se  me ha matado! ¡Ay, madre, que se ha suicidado! ¡Que se ha tirado a la calle!¡Ay madre, que se ha matado! Papá, por favor, ven.

El padre salió disparado hacia la casa de su hija. Por lo que le había contado, entendía que la madre de Ainhoa se había suicidado y acudió con el corazón encogido, dispuesto a enfrentarse a la peor noticia de su vida.

Cuando llegó a la calle, vio a dos policías del cuartel próximo, situado frente de la casa de Ainhoa en la calle Calvo Sotelo. Los agentes y algunos vecinos rodeaban un bulto y trataban de consolar a Ainhoa.

Luis se acercó con palpitaciones en el pecho. Entonces descubrió la verdad. El bulto era Tortón. El pobre gato yacía despanzurrado en medio de la calle.

Al comprender el equívoco, Luis soltó una carcajada. Una de esas carcajadas terribles que nacen del alivio después de haber imaginado una desgracia infinitamente mayor.

Ainhoa lo miró con una mezcla de indignación y dolor.

—Papá...

Él sacó inmediatamente el móvil y llamó a la redacción del periódico para aclarar la noticia:

—No se ha suicidado nadie. Ha sido el gato. Se ha caído de la terraza.

La explicación entre sollozos de Ainhoa, a todos los que le escuchaban, era  que los chillidos de las máquinas de los operarios habían vuelto loco a Torpón. En su desesperación, habría intentado saltar desde la propia terraza a la de al lado. Y, como era torpe —eso nadie podía discutirlo—, calculó mal el salto y cayó desde el sexto piso.

No fue, ciertamente, un final feliz para Torpón, ni para Ainhoa.

Pero al menos el susto morrocotudo de Luis había pasado. Y aquella historia, que durante unos minutos había parecido una tragedia familiar, terminó convertida en una de esas historias absurdas y dolorosas que, con el tiempo, solo pueden recordarse entre sonrisas y lágrimas.

    Más información

https://lamiradaactual.blogspot.com/2025/08/encuentros-amigables.html

Ainhoa Sáez, empresaria.