jueves, 1 de octubre de 2026
“ESCRIBIR MICRORRELATOS”, manual de minificción, libro de Ginés S. Cutillas, editado por Páginas de Espuma
TOM COWSERT, pintor. Meninas y escenas de la ciudad y la música. Obra reciente
Sus lienzos en óleo reflejan influencias de Matisse, Picasso y Juan Gris con su apreciación al cubismo. Su pintura presta atención a la figura femenina, paisajes como los de Madrid, Toledo, Venecia y Nueva York, bodegones y retratos que realiza por encargo. Tiene versiones de obras conocidas como el “ Jardín de las Delicias” de El Bosco, “Las Meninas” de Velázquez, “La Tempestad” de Giorgione y “El Gernika” de Picasso.
Su obra ha recorrido diferentes países como EEUU, Italia, Francia, Irlanda y España. Ha expuesto en distintas galerías de Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca, Marbella, Granada, Málaga, Toledo y Vigo.
La pintura de Tom Cowsert se encuentra también en diversas colecciones privadas como la de La Duquesa de Alba, los actuales Reyes de España, Txiki Benegas, Carmen Sevilla, Ortega Cano, Pedro Serra o David Mora entre otros. Algunas instituciones como Castle Leslie Irlanda, Presbyterian College, Instituto de Cervantes de Nueva York, Caja Rural, CajaMar, Casa de Canarias y la Ayuntamiento de Sitges cuentan también con la obra de este artista.
EDUARDO ORTEGA Y GASSET. Presentación de su biografía y la Asociación Cultural que lleva su nombre
por Carlos Sánchez Tárrago
02.10.2026.- Madrid.- El próximo miércoles, 7 de octubre de 2026, tendrá lugar en la Fundación Ortega-Marañón, calle Fortuny, 53, de Madrid, un acto dedicado a la figura de Eduardo Ortega y Gasset, en el que se dará a conocer su biografía y se presentará la Asociación Cultural Eduardo Ortega y Gasset, que lleva su nombre.
La biografía nace de la tesis doctoral que defendí en la Universidad de Alicante el 12 de septiembre de 2025, después de varios años de investigación en archivos, bibliotecas y hemerotecas.
Pero, más allá de la propia biografía, lo que me ha llevado a dedicar tantos años al estudio de Eduardo ha sido la convicción de que estamos ante una figura cuya importancia merece ser recuperada.
Eduardo Ortega y Gasset (1882), hermano mayor de José, Rafaela y Manuel, no fue un personaje secundario de su tiempo. Periodista, abogado, político y escritor, estuvo presente, desde distintas responsabilidades, en algunos de los acontecimientos que marcaron la historia de España durante la primera mitad del siglo XX.
Su trayectoria atraviesa la Monarquía, la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, la Guerra Civil y el exilio. Fue diputado durante siete legislaturas, ocupó diferentes responsabilidades públicas, ejerció como Fiscal General de la República y desarrolló una intensa actividad periodística y política hasta su muerte en Caracas, en 1965.
Por eso considero que difícilmente pueden comprenderse en toda su dimensión algunas de aquellas etapas de nuestra historia sin conocer también el papel que desempeñó Eduardo Ortega y Gasset. Recuperar su figura no significa únicamente rescatar del olvido a un miembro de una conocida familia, sino incorporar a nuestra memoria histórica a un protagonista que tuvo voz, actividad y responsabilidades en momentos especialmente decisivos de nuestro país.
El acto será presentado por el Dr. Juan Pablo Fusi, profesor e historiador y antiguo director de la Biblioteca Nacional, y contará con la intervención del Dr. José Varela Ortega, historiador, profesor y fundador, junto a su madre, Soledad, de la Fundación Ortega-Marañón. José Varela Ortega asistió a la defensa de mi tesis y figuraba como suplente en el tribunal.
Será también un acto especialmente emotivo por la presencia de descendientes de los tres hermanos Ortega y Gasset. Un nieto de cada uno de ellos intervendrá en representación de sus respectivas familias, y una bisnieta de Eduardo lo hará en representación de todos los bisnietos, como testimonio de continuidad y relevo generacional.
Asimismo, se presentará oficialmente la Asociación Cultural Eduardo Ortega y Gasset, inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones por resolución de 22 de septiembre de 2026, y de la que tengo el honor de ser presidente.
Con motivo de este acto he preparado también una edición limitada de la biografía, publicada por mí, que recoge el resultado de esta investigación. No se trata de una publicación comercial ni de un libro destinado a una distribución amplia, sino de una edición muy limitada, pensada fundamentalmente para dejar constancia de este trabajo y para que pueda llegar a algunas personas e instituciones especialmente vinculadas con Eduardo y con su memoria.
Al mismo tiempo, continúo trabajando en la investigación y siguen apareciendo documentos y testimonios de gran interés que permiten completar y descubrir nuevos aspectos de su trayectoria. La intención es que, en el futuro, y a la espera de que alguna de las editoriales que se han interesado por el proyecto pueda publicarlo, exista una edición más amplia de la biografía que incorpore también el resultado de estas nuevas investigaciones.
Por todo ello, el acto del 7 de octubre supone para mí algo más que la presentación de un libro.
Es, sobre todo, la culminación de un compromiso personal con la memoria de Eduardo Ortega y Gasset y el comienzo de una nueva etapa para que su figura, su pensamiento y su trayectoria vuelvan a ser conocidos.
Pero el acto quiere tener también otro significado: reivindicar la importancia y la continuidad de una estirpe, la de los Ortega y Gasset, que tuvo una enorme presencia e influencia en la España del siglo XX, y celebrar al mismo tiempo el reencuentro de una familia que quedó separada por la Guerra Civil.
A pesar de aquella separación, los vínculos familiares nunca desaparecieron. Se mantuvieron el afecto, el respeto y la relación entre las distintas ramas de la familia, y esos lazos continúan estrechándose hoy entre sus descendientes. Una familia en la que las diferencias y las discrepancias ideológicas nunca estuvieron por encima del respeto, la convivencia y el sentido de pertenencia a una misma familia.
Quizá este reencuentro tenga también un significado que trasciende a la propia familia: recordar que, por encima de nuestras diferencias, siempre deberían prevalecer el respeto, la convivencia y la voluntad de entendernos. Que nunca volvamos a cometer los errores que llevaron a aquella fractura y que las generaciones futuras puedan contemplar aquella historia como una lección de la que aprender.
Y hacerlo además acompañados por miembros de las distintas ramas de la familia y por una nueva generación representada por sus bisnietos convierte este día en un momento especialmente significativo.
El 7 de octubre será, por tanto, un día para recordar a Eduardo, recuperar su memoria, celebrar el reencuentro de una familia y abrir el camino para que esa memoria continúe.
Para quienes no podáis acompañarnos presencialmente, el acto podrá seguirse también por streaming a través del canal de la propia Fundación Ortega-Marañón.
Espero poder compartir este momento tan especial con todos aquellos que queráis acompañarnos.
Y quizá no haya mejor manera de cerrar este día que recordando unas palabras del propio Eduardo Ortega y Gasset:
«Hay que recordar siempre las cosas buenas que hicieron los malos y las cosas malas que hicieron los buenos».
Una frase que, tantos años después, sigue siendo una magnífica invitación a mirar nuestra historia con memoria, pero también con respeto, sentido crítico y sin sectarismos.
SAVERIO UNGHERI: UN VISIONARIO DEL ARTE
Saverio Ungheri :100 años de futuro
Arte contemporaneo
28 de septiembre de 2026•8 min read
Por Claudio Fiorentini
Si consultamos la red para saber qué es la creatividad artística, encontraremos a menudo referencias a las emociones. Pues bien, creo que esto es una limitación, porque el arte, que parte de una vocación, es, precisamente, evocación, es decir, la acción de traer a la mente algo que normalmente se esconde en lo más profundo, convirtiéndose casi en un ritual instantáneo que permite que nuestros demonios y nuestros ángeles vuelvan a mostrarse tal como son: esa parte de nosotros mismos que a menudo rechazamos o que, sencillamente, descuidamos.
El trabajo del artista consiste principalmente en esto: e-vocar, sacar la voz hacia fuera, fijar la atención en la llamada del alma, es decir, de aquello que nos anima.
El arte tiene, por tanto, un sentido mágico, quizá metafísico, a veces incluso religioso; con toda seguridad es un activador de dinámicas interiores que nace de un acto desordenadamente meditativo o contemplativo, y puede incluirse entre aquellas disciplinas, hoy vulgarizadas por la new age, que trazan un camino destinado a vivir la experiencia mística.
La creatividad artística es también capacidad para resolver enigmas, pero la solución solo puede representarse a través del propio arte, donde la obra tiene la función de transmitirse como solución sin exponer el problema que, por tanto, permanece envuelto en el misterio, pero que, una vez e-vocado, retrata el enigma común, es decir, la pregunta primordial, común a toda la humanidad, que se pregunta cuál es el sentido de la vida.
El viaje por la creatividad del artista no implica solamente recorrer de nuevo la historia personal que narran sus obras; más bien consiste en descubrir que esa historia es patrimonio común y que, si el artista ha afrontado su misterio logrando plasmar su danza, el espectador, situado ante la solución del enigma, ve el enigma que lleva dentro y se relaciona con la obra de arte reencontrando esa inquietud universal que, precisamente por serlo, nos hermana, porque el arte es lenguaje de humanidad.
No debe sorprender que muchos artistas hayan vivido en la locura, o al menos en la visión de un mundo diferente, en la exploración del espacio onírico o en la convicción de que la «realidad» oculta de las cosas es su propia alma, porque para el artista la realidad debe ser desnudada: el artista explora aquello que la realidad oculta.
Pero he aquí las palabras clave: visión, exploración y… locura.
El artista es un loco: lo que hace es inútil y lo hace sin saber por qué.
El artista es un explorador que, aun sabiendo que su búsqueda solo da sentido a su propia búsqueda, busca el sentido del ser.
El artista es un visionario que no acepta que su tiempo sea su límite y sueña con un mundo mejor o, al menos, diferente.
Y es desde aquí que partimos para hablar de la obra de Saverio Ungheri, que ya en 2024 fue ennoblecida por una exposición en el Palazzo Merulana y que hasta el 11 de octubre de 2026 puede descubrirse en una exposición antológica instalada en las dependencias del antiguo matadero de Roma.
Como todo artista que pueda considerarse artista, Saverio Ungheri pasó por distintas fases, abandonando lo consolidado para explorar nuevos caminos.
Así, aunque partió de la academia, dejó una huella en el arte matérico y en el arte conceptual, dio vida a tres manifiestos, inventó nuevos lenguajes y, armado de cultura, herramientas, habilidad manual, ingenio y voluntad desobediente, inventó nuevas maneras de hacer arte.
La voluntad desobediente es un elemento fundamental en la vida de un artista. Esta desobediencia conduce a la ruptura de los cánones, a la rebelión creativa, motor de cualquier innovación artística, y Saverio Ungheri lo demostró más que muchos de sus contemporáneos.
De la desobediencia nace lo nuevo y, con la voluntad creativa, se puede plasmar. Un acto de valentía necesario en el mundo del arte, porque lo «nuevo» molesta, desestabiliza e inquieta; lo «nuevo» no tranquiliza, razón por la cual muchos artistas renuncian a ello y permanecen en lo consolidado, mientras que quienes lo exploran a menudo son obstaculizados por sus contemporáneos, para ser reevaluados, por desgracia, demasiado tarde.
En Ungheri, la desobediencia toma forma primero con el Astralismo Romano, movimiento que fundó en 1959 junto a Sante Monachesi, Sandro Trotti, Claudio Del Sole y David Grazioso (los mejor informados cuentan que el manifiesto fue escrito sobre un mantel de papel de una pizzería romana), y después en el Arte Bionika, donde una serie de esculturas conceptuales cobran vida a través del movimiento y la luz porque están animadas por un elemento fundamental de la vida cotidiana, la energía eléctrica, que aquí se convierte en herramienta de trabajo, como lo son el martillo y el cincel.
¿La energía eléctrica como si fuera un pincel? Una intuición genial para aquellos años: las esculturas se mueven, murmuran, se iluminan, poseen un ritmo expresivo que trasciende la contemplación pasiva y se integra en la obra, donde la mecánica tiene su propia sangre que pulsa por las venas de los materiales que la componen. Pero no solo movimiento, porque los materiales, a menudo de desecho, renacen en una escultura, como por ejemplo en «La Mantide», donde la cabeza es el depósito de combustible de un ciclomotor, los ojos que se iluminan son las carcasas de los intermitentes de un Fiat 500 y las alas, que se entrecierran como si palpitaran, se asemejan a aspas de ventiladores en polipropileno, un material que por entonces acababa de entrar en nuestras vidas.
Más allá de los aspectos puramente mecánicos y de realización de las obras, sin embargo, existe un aspecto metafísico, porque la escultura trasciende a sí misma y se convierte en manifestación del espíritu de la ciencia. No hay que olvidar que la ciencia, en los años sesenta, era admirada, respetada, temida y observada, y algunos artistas tomaron una parte de ella para incorporarla a su lenguaje creativo; por tanto, no se limitaron a padecerla, sino que la animaron y la representaron, elogiándola en la fusión entre arte, estudio e investigación.
En la visión de Ungheri, la ciencia no era solo un campo de estudio, sino que formaba parte de la vida, y sabía que pronto se convertiría en protagonista. La ciencia que nos llevó al espacio, sin embargo, es la misma que nos ha llevado a llenar el océano de plástico; por tanto, no solo ciencia, sino también una alarma ante el ecosistema que, víctima de las fechorías humanas, se encuentra en grave peligro, como narran algunas instalaciones del artista, visibles en su espacio-museo de Roma.
Pero Ungheri nunca se limitó a ser artista; su intuición más disruptiva la encontramos precisamente en Roma, y es el centro de promoción de la cultura y de las artes llamado «Polmone Pulsante», que encontramos en Salita del Grillo 21 y que, durante casi medio siglo, fue uno de los principales centros de promoción artística y cultural, permaneciendo fiel, incluso después de la muerte del artista y gracias a la incansable labor de su hijo Andrea, a su filosofía: arte y ciencia, pero también metafísica, espiritualidad, búsqueda del ser y del más allá que todos llevamos dentro.
Y es precisamente el Polmone Pulsante la mayor de las obras de Ungheri, porque es signo de apertura y de compartir, valores amenazados ya desde los años sesenta (otra intuición del artista), porque un lugar de convivencia se convierte en obra de arte, pero sobre todo porque es allí donde su propia vida se transformó en obra de arte. En definitiva, el «capolavoro vivente», resultado de las diversas transformaciones del lenguaje artístico de Ungheri, está precisamente allí, en Roma, donde todavía se puede visitar su estudio, donde se puede asistir y participar en eventos culturales y donde, provistos de luces de emergencia y casco, se pueden visitar los 180 metros cuadrados de espacio subterráneo que, además de ser un fragmento de la historia de la ciudad, alberga el museo personal de Saverio Ungheri.
Incluso Ernesto Pérez Zuñiga, uno de los mayores escritores españoles contemporáneos, quedó fascinado por su visita al Polmone Pulsante y, durante el viaje de regreso, decidió ambientar precisamente en Roma su última novela, «Veníamos de la noche» (Galaxia Gutenberg), con algunas escenas cruciales ambientadas en el Polmone Pulsante.
Resumiendo el recorrido, vamos de la academia al astralismo, del astralismo al arte bionika y del arte bionika al «capolavoro vivente», el Polmone Pulsante. Todo ello es metáfora de un proceso que va del estudio a la observación de lo desconocido, que se transforma en energía como elemento de la escultura para abrirse al mundo en un centro que experimenta y comparte. La semilla que se abre (academia), el brote que se lanza hacia el espacio exterior (astralismo), la planta que crece (arte bionika) y el fruto que se ofrece al mundo (Polmone Pulsante).
Pero todo parte de la inspiración cósmica, algo muy diferente de la inspiración de la que se habla a menudo, porque lo que mueve al artista es la intuición de la grandeza que llevamos dentro, reflejada en la grandeza que percibimos cuando levantamos la mirada hacia el firmamento, ¡y el alma se nos llena de asombro!
VENERABLE MONSEÑOR AMIGÓ, FUNDADOR DE LOS TERCIARIOS CAPUCHINOS. Memoria en la Fundación Caldeiro
Julia Sáez-Angulo
1/10/26 .- Madrid.- Aunque la liturgia del día, 1 de octubre, señalaba la festividad de Santa Teresita del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia, en la misa de diez hubo también un recuerdo especial para una figura muy vinculada a la Comunidad de la Fundación Caldeiro: el venerable Luis Amigó, fundador de los Terciarios Capuchinos.
Junto al altar mayor se había colocado una pequeña imagen de Monseñor Luis Amigó sobre un sencillo altar. La fecha tenía un significado especial: el 1 de octubre de 1934 fallecía en Godella, Valencia, el padre Luis Amigó. Para la tradición cristiana, aquella fecha se recuerda como el día en que nació para el cielo.
La celebración estuvo presidida por el Padre Cruz Goñi, párroco emérito de la iglesia de Nuestra Señora, Madre del Dolor. En su homilía habló primero de Santa Teresa del Niño Jesús y de una de las claves de su espiritualidad: “el amor dentro del corazón de la Iglesia”. Después dirigió la mirada hacia el carisma de Luis Amigó, cuya obra permanece viva en las comunidades y familias espirituales que siguen su legado. "Las casi 600 familia franciscanas se dedican a atender la marginación", señaló el P. Goñi.
Luis Amigó y Ferrer (1854-1934), religioso capuchino, sacerdote y posteriormente obispo de Solsona y de Segorbe, dedicó buena parte de su vida a la atención de los pobres, los jóvenes y las personas que vivían en situaciones de marginación. En 1885 fundó las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia y, cuatro años después, los Religiosos Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, conocidos como amigonianos. Una de las preocupaciones fundamentales de su apostolado fue la educación y recuperación de los jóvenes que se habían apartado del camino o se encontraban en situaciones de especial vulnerabilidad.
Ese interés por los jóvenes y por quienes se encuentran en los márgenes de la sociedad continúa formando parte esencial del carisma amigoniano. La misión de sus comunidades se orienta especialmente hacia niños, adolescentes y jóvenes que necesitan acompañamiento, educación y nuevas oportunidades.
La figura de Monseñor Amigó tiene también una presencia cercana en la comunidad de la Fundación Caldeiro. Su imagen, sus enseñanzas y el recuerdo de su obra forman parte de la vida cotidiana de quienes han crecido o trabajan en este entorno educativo y religioso.
VENERABLE CON JUAN PABLO II EN 1992
La Iglesia reconoció oficialmente la dimensión ejemplar de su vida el 13 de junio de 1992, cuando san Juan Pablo II lo declaró Venerable, al reconocer que había vivido las virtudes cristianas en grado heroico. Su causa de beatificación continúa abierta y, según las instituciones amigonianas, se encuentra pendiente del reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión.
Para quienes creen en su intercesión, la relación con Monseñor Amigó no pertenece solamente al pasado. Se traduce también en oración, confianza y petición de gracias. Numerosas personas han recibido favores espirituales por su mediación, entre ellas, yo misma.
El 1 de octubre tuvo además una dimensión especialmente significativa para los alumnos del colegio. A lo largo de la jornada, todos los estudiantes pasaron por la capilla, hoy elevada a parroquia, para dar gracias a Dios y pedir nuevas gracias para el curso que comienza. La oración marcó así el inicio de un nuevo año académico, confiado a la protección de Dios y a la acción del Espíritu Santo.
Al pasar por la capilla, los estudiantes pudieron contemplar también la imagen del Venerable Luis Amigó. Su figura está presente asimismo en otros espacios del colegio, donde puede contemplarse un busto de bronce en el lateral de la capilla y otra imagen a la salida del centro. Son signos elocuentes, de una memoria que permanece viva.
Así, la celebración del 1 de octubre unió dos espiritualidades profundamente relacionadas con el amor y la entrega: la de Santa Teresa del Niño Jesús, cuya fiesta señalaba el calendario litúrgico, y la de Luis Amigó, el religioso, obispo y fundador que hizo de la atención a los jóvenes y a los más vulnerables una de las grandes razones de su vida.
Ochenta y dos años después de su muerte, el nombre de monseñor Luis Amigó continúa pronunciándose en las aulas, en las capillas y en las comunidades que siguen su camino.
"EL SUEÑO DE UNA REINA", obra dramática de ISABEL BERNARDO
DIRECCIÓN Y PRODUCCIÓN
La Befana Producciones
REPARTO
Nuria Galache, José F. Ramos, Carlos Martín y María Lama
ESTRENO ABSOLUTO
TEATRO LICEO DE SALAMANCA, 24 OCTUBRE DE 2026 – 20.00 HORAS.
L.M.A.
01.10.2026.- EL SUEÑO DE UNA REINA es el principio de una idea sobre dignidad y derechos humanos recogida en el testamento y codicilo de la reina Isabel la Católica y a la que años más tarde pondría marco teológico y jurídico la Escuela de Salamanca. El Nuevo Mundo se había convertido en una constante pesadilla que asaltaría dolorosamente la conciencia de la reina, hasta el final de su vida. De ahí que este texto dramático haya querido poner voz a todas las tribulaciones y pensamientos de aquellos últimos días, dejando al desnudo el alma de una mujer profundamente humana, devotamente cristiana, y con la sinceridad del que no teme enfrentarse al castigo de sus culpas ni a los fantasmas de sus tormentos.
SINOPSIS
OTOÑO DE 1504. En sus aposentos del Palacio Real de Medina del Campo, mientras la mañana fría y triste de Castilla se cuela por la ventana, Isabel la Católica despierta agitada tras una turbadora pesadilla. Un viaje onírico de selvas exuberantes y voces en lenguas extrañas ha querido llevarla al más allá del océano, donde las Indias se le han ido apareciendo dentro de un laberinto de espejos con todas sus luces y sus sombras.
El descubrimiento del Nuevo Mundo no solo había supuesto más tierras para el tesoro y gobierno de la Corona sino también un grave conflicto de intereses y un problema de responsabilidad moral para con sus nuevos súbditos. Lo que en principio la reina quiso celebrar como un proyecto de integración de territorios, pacificación de pueblos y evangelización, acabaría convirtiéndose en un sueño de oro, fortuna y esclavos para los muchos españoles tiranos y codiciosos que allí llegaban.
Isabel, perfectamente consciente de que le queda poco tiempo de vida, está decidida a afrontar esta realidad con una lucidez extraordinaria y una firme voluntad. No abandonará este mundo sin antes haber dictado disposiciones testamentarias a sus sucesores para asegurar la justicia, la libertad y la dignidad humana en el futuro de sus esos ‘otros hijos’, los indios.
