lunes, 13 de febrero de 2012

ZEV ROBINSON, PINTOR DEL MUNDO DEL VINO EN EL MUSEO DINASTÍA VIVANCO



L.M.A.


El artista Zev Robinson (1958) muestra su último trabajo pictórico en el espacio de exposiciones del Museo del Vino Dinastía Vivanco en Briones, cerca de Haro (La Rioja). El acto de inauguración tendrá lugar el próximo 22 de marzo y la exposición permanecerá abierta hasta el 17 de junio de 2012.

Edward Lucie-Smith dice en la presentación:

“Zev Robinson, pintor, fotógrafo y director de cine canadiense-británico, es un artista polifacético. Su enorme afición por el mundo del vino le ha llevado a recorrer miles de kilómetros y a visitar numerosas regiones vitivinícolas españolas así como la región portuguesa del Douro. Quizás hoy en día hayan escasos anglófonos que conozcan tan bien esta parte del mundo, su entramado cultural y tradiciones, como la conoce Zev Robinson.

Apasionado de los museos, quedó cautivado por el gran Museo de la Cultura del Vino de la Fundación Dinastía Vivanco. Es especialmente lógico pues que su obra artística se muestre ahora en este espacio.

El arte español siempre ha sido particularmente sólido en cuanto a pintores de bodegones – uno piensa, por ejemplo, en artistas pertenecientes a este género artístico durante el Siglo de Oro como Juan Sánchez Cotán o Juan van der Hamen y León, y también aunque algo más tardío, Luis Meléndez.

De hecho es la obra de Meléndez que nos viene vívidamente a la memoria al contemplar el trabajo de Zev Robinson con sus pinturas de ánforas vinarias que se muestran en esta exposición. Parecen versiones despojadas de las composiciones de Meléndez de donde se han eliminado los objetos superfluos.

Meléndez es un maestro en su manera de representar la textura y el peso de los objetos de la vida ordinaria. En la obra de Zev Robinson vemos exactamente lo mismo. Tiene que ver con la veneración española por lo cotidiano. A los ojos de los españoles, y en especial, de los pintores españoles, la experiencia de lo cotidiano tiene enlaces misteriosos y cercanos con lo trascendental. Un ejemplo supremo de ello es El Aguador de Sevilla, de Diego Velázquez, en mi opinión la mayor obra maestra española, ahora en la colección británica de Apsley House en Londres. En el primer plano de la composición figura un gran cántaro bastante sencillo. Otro cántaro, más pequeño y algo más ornamentado aparece detrás en el cuadro. Ambos cántaros poseen una presencia y una solidez mágicas.

Es cierto que en el cuadro de Velázquez la asociación es con un fluido muy diferente y no alcohólico. Sin embargo debemos recordar que tanto el agua como el vino han sido considerados por tener una posición especial, a menudo pareja, en la cultura humana. El Evangelio de San Juan, por ejemplo, relata la historia de las Bodas en Caná donde Cristo transforma el agua en vino.

Las pinturas de cántaros y ánforas de Zev Robinson tienen, pese a su solidez, una cualidad mística y ligeramente recesiva, que insinúa su función de recipientes para algo cotidiano y al mismo tiempo sagrado. Las ánforas de Zev Robinson difieren de las de Meléndez y Velázquez en que a la vez que aparentan ser sólidas y diestras representaciones de la realidad, son también un tanto elusivas, como si aspirasen a convertirse en sus propios fantasmas.

Es obvio que para llegar a crear esta impresión, esta ambigüedad visual, se requiere una gran dosis de reflexión y de talento. Una parte fundamental del proceso es imaginar qué contienen esas ánforas, o qué pueden contener. Es el vino que no se ve lo que proporciona a la imagen su magia”.


Edward Lucie-Smith es crítico de arte, comisario, poeta y fotógrafo. Ha publicado un centenar de libros entre los que destaca la biografía de Juana de Arco, (publicado recientemente en Penguin en libro de bolsillo. una “biografía clásica”), una novela histórica y más de sesenta libros sobre arte, principal, no exclusivamente, sobre obra contemporánea.


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