miércoles, 16 de noviembre de 2016

“Camilo José Cela y las Artes Visuales”, comunicación en el Círculo de Bellas Artes de Madrid








L.M.A.
Fotos: Adriana Zapisek y Julio Mendoza

            La crítica de arte Julia Sáez-Angulo ha pronunciado una comunicación titulada “Camilo José Cela y las Artes Visuales”, dentro de la Semana Cela en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, comisariada por Linda de Sousa:

            “Camilo José Cela y Trulock, CJC, ha sido, además de brillante escritor, dibujante, pintor, coleccionista de arte y comentarista libre de artes visuales. Su discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua, RAE,  versó sobre el pintor santanderino José Solana, de quien dijo que era “un delicadísimo poeta que goza escudándose tras la espantable máscara de su humor”. En diversas ocasiones el escritor de Iría Flavia hizo textos de presentación de artistas o comentarios de sus obras en libros o catálogos para editoriales o galerías de arte y, lo más importante, colaboró con artistas como Picasso o Miró en revistas y libros conjuntos de cotizada bibliofilia. De esta actividad y otras adquisiciones vienen algunos de los más de dos mil cuadros, dibujos o grabados que conserva la Fundación Pública Gallega Camilo José Cela con sede en Iria Flavia –ayuntamiento de Padrón (La Coruña)- y la Fundación Charo y Camilo José Cela, que creara el hijo Camilo José Cela Conde en Mallorca en 2016, tras la muerte de sus padres.  

            Ambas Fundaciones albergan un rico legado literario y artístico del escritor, dado su natural acumulativo –casi avaro y fetichista-, que sin duda venía de su figura poliédrica: escritor, filólogo, editor, académico, pintor, guionista, actor, viajero, gastrónomo, vagabundo, andarín, senador real, marqués de Iria Flavia o cartero honorario. Seguro que tiene más facetas. CJC guardó y coleccionó todos sus manuscritos; botellas de vino bebidas y compartidas con hombres célebres del mundo de la cultura principalmente; mesas y veladores donde escribió sus dos primeras y célebres novelas –La familia de Pascual Duarte y La colmena-; pelos de su larga barba afeitada; fetiches, cuernos y cornamentas de animales de caza, amén de cuadros y una biblioteca gigantesca de más de trece mil volúmenes, con muchos de los libros firmados por sus autores y archivos con miles de papeles y toda su correspondencia. 

            Su coleccionismo y pasión por los objetos es comparable a la que tuvo el escritor Ramón Gómez de la Serna con los muchos bibelots y cachivaches que atesoró en su despacho, en su mayor parte procedentes del Rastro madrileño. La creación de la Fundación CJC en Iria Flavia, le permitió alojar buena parte de estas piezas que abigarraban sus viviendas sucesivas en Madrid, Mallorca, Guadalajara y Madrid como eterno retorno y colofón final.

            La Fundación de CJC en Iria Flavia, realiza exposiciones temporales de diferentes artistas o colectivas en homenaje al escritor gallego, al igual que de ilustraciones de libros, como la más reciente del Quijote para sumarse con ella a las actividades culturales del IV centenario de la muerte de Cervantes.



            A rebotica da Arte es el título del catálogo que el Museo de Pontevedra llevó a cabo en 2014, con motivo de una exposición,  sobre la relación de CJC y las artes, seguramente la más completa visión hasta ahora sobre el tema. A rebotica del arte, título del catálogo está tomado del de un artículo que CJC escribió en la revista Clavileño en 1955. En la exposición se mostraron los cuadros que fueron propiedad del escritor, entre los que figuraban dibujos u óleos de Luis Mosquera, Rafael Alberti, Ricardo Baroja, Pedro Bueno, Rafael Canogar, Luis Caruncho, Martín Chirino, Isaac Díaz Pardo, Vicente Escudero, Juan Esplandiu, Will Faber, Ángel Ferrant, Federico García Lorca, Lorenzo Goñi, Eugenio Granell, Josep Ginovart, José Gutiérrez Solana, José Laxeiro, Antonio López, Urbano Lugrís, Manolo Millares, Joan Miró, Otero Besteiro, Benjamín Palencia, Pablo Picasso y Albert Rafols Casamada.           
            La Fundación cuenta con muchos más obras de arte de otros autores que no fueron expuestas en esta ocasión y que los artistas muestran orgullosos en sus catálogos, sobre todo cuando pueden mostrar sus fotos junto a CJC, como es el caso del acuarelista Pablo Reviriego en su catálogo retrospectivo de su trayectoria, 40 años en el Arte en el Torreón de los Guzmanes de Ávila en 2016, o las fotos del Nobel con los artistas naïf a los que presentó el libro en 1992.
            Además de los pintores citados, figuraban en la muestra A rebotica del arte algunos de los dibujos y pinturas del propio CJC, “el escritor escribía como un pintor”, al decir de Rafael Louzán Abal en el catálogo, ya que llegó a hacer algunas exposiciones de sus obras, cuando de joven y el escritor andaba buscando su camino y su sustento. Tras quedarse sin colaboraciones institucionales después de publicar su novela La Colmena en Argentina en 1951 y no en España, algo que el régimen franquista no le perdonó, el autor de Iria Flavia tuvo que buscarse la vida por distintos derroteros. La novela había obtenido dictamen negativo de la censura en 1946 y, por ello CJC acudió a Buenos Aires. Por este hecho se expulsó a CJC de la Asociación de la Prensa de Madrid y de ahí su perdida de colaboraciones periodísticas que le permitían el sustento.




            En diciembre de 1947, CJC llevó a cabo una de sus exposiciones en la Librería y Sala de Exposiciones CLAN de Madrid con cierto eco mediático. El público tomó aquella exposición del escritor como una de sus extravagancias y las críticas fueron escurridizas y ambiguas, cuando no irónicas. Hay fotografías del evento, entre ellas la presencia de los padres del autor en la sala. CJC se defendió de aquella recepción no precisamente entusiasta, diciendo que pintaba porque le daba la gana, que la gente solo tiene una idea de las cosas y las personas y atribuye un solo papel al autor, sin que le dejen descabalgarse del mismo y que la actividad pictórica y el éxito llegarían cuando tuvieran que llegar, como en el caso de Gauguin. Don Eugenio d`Ors, el gran crítico de arte fue quizás el más contundente al abandonar la sala de exposiciones: “Mi joven e ilustre amigo: no sé que admirar más en su muestra: si el valor intrínseco de lo expuesto o el valor personal del expositor”.  CJC también expuso el mismo año en la sala coruñesa de Lino Pérez y en la madrileña Librería Buchholz al año siguiente, dentro de una muestra colectiva.

            CJC hizo pintura, aguafuertes y esculturas con cierta inspiración y dignidad en el arte. No había cumplido aún los 30 años y si hubiera seguido en el camino de las artes plásticas, dado su tesón y afán investigador, hubiera logrado sin duda unos resultados artísticos más loables. En aquellos años, el escritor lo pasó mal interior y exteriormente, pero aguantó el tirón de las mal dadas. Sin sus colaboraciones periodísticas, CJC se vio llevado a un exilio interior doloroso y austero. Tuvo que dedicarse a dar conferencias y algunas colaboraciones a salto de mata para subsistir junto a su familia. El pintor Manuel Viola, su vecino, le pasaba algunos de los falsos cuadros que salían de su taller, como por ejemplo el falso Miró que el artista autor mallorquín reveló como tal, que CJC rasgó en su presencia y que Miró llegara a autentificar en 1958 tras una intervenciones puntuales y  a modo de juego. El cuadro, que más adelante regalara a su hijo, se encuentra hoy en una colección italiana.

            En varias cartas enviadas a su esposa Rosario Conde, CJC le hacía varios dibujos que figuran en la emotiva correspondencia entre el matrimonio y que ha sido publicada recientemente bajo el título Cela, piel adentro (2016), versión nueva del  título anterior Cela, mi padre, que escribiera Camilo Cela Conde, hijo, en 1989. Entre los dibujos de esa correspondencia figura un pequeño y gracioso autorretrato (1951).

            Divagaciones bordeando la estética es otro de los títulos de CJC en el que aborda el arte, sin olvidar que en 1957 su discurso en la Real Academia de la Lengua -al que respondió el Doctor Gregorio Marañón- y que –como ya se ha mencionado- versó sobre José Gutiérrez Solana (1886 – 1945), tema retomado en otro artículo ensayístico del mismo año sobre la obra literaria del pintor santanderino.

            En 1969 CJC escribió una obra de teatro titulada Homenaje al Bosco, I. El carro de heno o el inventor de la guillotina, a la que seguiría, en 1997, el Homenaje al Bosco II. La extracción de la piedra de la locura o la invención del garrote vil, publicada en 1999, donde el autor parece disfrutar la escritura con su lenguaje absurdo del tremendismo, el absurdo y el disparate. La obra, escrita con motivo del centenario de la Generación de 1898, fue leída en casa del autor, pero no estrenada en los escenarios, no está referida al Bosco en sentido estricto, sino que es un desborde verbal propio de Nobel que en algunos casos llega al sinsentido, obra aplaudida tanto por Fernando Arrabal como por Francisco Umbral. Fue un encargo para conmemorar el centenario de la Generación del 98, por parte de la Comunidad de Madrid, presidida entonces por Alberto Ruiz Gallardón, por el que CJC cobró 49 millones de pesetas. La obra poco o nada tenía que ver con El Bosco en sentido estricto. El autor habló de un futuro Homenaje al Bosco III, con el subtítulo Los siete pecados capitales o el inventor de la silla eléctrica, que no llegó a realizar.

Con Picasso y Miró

            CJC mantuvo amistad o contactos puntuales con artistas visuales importantes como Pablo Picasso,  Joan Miró, Antonio Mingote o Rafael Zabaleta, entre otros, de la que dan buena cuenta las biografías de CJC por su hijo y, de modo quizás más objetivo, las dos de Francisco García Marquina en 2005 y 2016. El escritor tuvo siempre un empeño en conocer y tratar a aquellos personajes relevantes de la cultura dentro y fuera de España, lo mismo para entrar en la RAE, que para conseguir colaboraciones en su revista Papeles de Son Armadans (1956 - 1979), verdadero anzuelo para lograr esos contactos de altura con los que compartía foto y una botella de vino que hacía firmar para una de sus colecciones. La revista Papeles de Son Armadans alcanzó 276 números, e hicieron portada en ella numerosos autores, entre ellos Joan Miró, por ejemplo, para el número 57. En Papeles de Son Armadans CJC invitó a colaborar a numerosos escritores y artistas del exilio español, algo que merece resaltarse como audacia y generosidad del editor de Iria Flavia en Mallorca.

            En paralelo a la revista, estaban los trabajos de editor de CJC, donde también colaboraban los artistas plásticos. Entre las ediciones más destacables figuran los títulos: Dibujos y escritos de Picasso, Dibujos y litografías de Joan Miró (en la colección Juan de Juanes) y Trozo de piel, con dibujos de CJC y textos de Picasso, en este último caso, accediendo a la petición del pintor malagueño de invertir los papeles respectivos de escritor y pintor. Reto al que CJC accedió encantado.

            CJC entró en contacto con Picasso en su casa de La Californie, Cannes, en 1958, donde lo visitó y le llevó una botella de anís Machaquito, que bebieron juntos. Después Cela escribió así sobre el pintor malagueño en el texto titulado “El viejo picador” para el número 49 de Papeles de Son Armadans (1960): “Pablo Picasso tiene planta de viejo picador de toros retirado (…) Picasso vive en La Californienne, una casa destartalada y solemne (…) el jardín de La Californienne tiene un aire gastado de noble y bien llevada decadencia (…) Picasso va de pantalón corto y lleva una camisa de color salmón (…) calza sandalias viejas, escotadas, descoloridas”.

            De Picasso, al que admiró siempre por su energía y éxito, Cela se quedó, entre otras cosas, con la idea de que la juventud, más que una cuestión de edad, era una actitud del ánimo: “Desengáñate Camilo: cuando uno es joven lo es para toda la vida”. También aprendió de él su filosofía de no romper nada, si bien situarlo bien en su fecha de factura. El escritor del Nobel utilizó como ex-libris un simpático dibujo de Picasso que representaba una figura aparentemente femenina con una publicación en las manos, que llevaba en su exterior la leyenda Un libro y toda la soledad. Soy de C.J.C.

            Siempre hubo buena sintonía entre Picasso y CJC durante sus distintos encuentros y trabajos en común.

            El escritor hizo  varios viajes para visitar a Picasso, siempre acompañado de alguna persona de su confianza. Cuando lo hizo a Mougins para retirar una punta seca que el pintor malagueño había hecho para la edición de Gavilla de fábulas sin amor, le acompañó el grabador Jaume Pla, que presenció la anécdota del intercambio de mecheros,  de oro el de CJC, y grabado con el dibujo de una ninfa, el de Picasso.

            Camilo quiso que Picasso volviera a España, al ver la nostalgia que tenía el pintor de su propio país. Habló con algunas autoridades del régimen y trató de que Picasso viajara, primero  a Mallorca, lejos de los centros políticos neurálgicos de Madrid o Barcelona, como se había hecho antes con Miró. El crítico de arte J.M. Moreno Galván actuó también a favor del regreso de Picasso, pero no cuajó. Sabedora el asunto, la izquierda comunista y el exilio español maniobraron para que Picasso no regresara a España, y se atuviera a lo que el artista había anunciado anteriormente de que no volvería hasta la muerte de Franco.

             “Picasso decía que en el arte solo tiene interés abrir nuevos caminos y así lo he entendido yo: el escritor debe abrir nuevos horizontes y tener las tres facultades del alma: la memoria, el entendimiento y la voluntad”, manifestó CJC en varias ocasiones. Ciertamente en la obra de Cela hay arte, plasticidad y música.


Con Miró
            CJC se inventó una entrevista apócrifa con Joan Miró, como género periodístico lúdico reconocido. El género requiere una maestría en el buen conocimiento del “entrevistado”, como tenía Cela de Miró; de hecho el pintor mallorquín quedó encantado con la falsa entrevista. Con Miró coincidió en una fiesta que se dio en su honor en el jardín de los Caubet.
           
            Es célebre la anécdota del falso Miró, propiedad de CJC, que el propio Cela apuñaló en 1972, cuando supo que el cuadro del pintor mallorquín era falso, si bien después el propio Miró lo retocó y autentificó, pese a que la tela estaba rasgada. El pintor escribió al dorso: “En recuerdo de una falsa tela apuñalada que dio nacimiento a una obra auténtica. A C.J. Cela, su amigo Miró, 23/VIII/72. El título de “Miró rasgado” era elocuente y ganó con la anécdota; el cuadro se hizo leyenda, como muchas cosas de las que tocaba el escritor gallego. Hoy el cuadro figura en una colección italiana. La duda que queda en el aire es si CJC conocía la falsedad del cuadro que le llegó de Manuel Viola, o se sorprendió al comprobar efectivamente que era falso en presencia del pintor. Yo me inclino por lo primero.

            Algunos críticos de arte como Cesáreo Rodríguez Aguilera y José María Moreno Galván conocieron y se entrevistaron con Picasso a través de CJC, que visitaba al pintor acompañado siempre de otras personas. El primero, Rodríguez Aguilera, lo hizo, además de con CJC, junto al poeta y traductor Anthony Karrigan. Moreno Galván, miembro del  partido comunista en la clandestinidad, colaboró con Cela en su revista Papeles de Son Armadans. García Marquina cuenta en la biografía del Nobel como En octubre de 1971 Cela figuró (por delegación de Dionisio Ridruejo) en una carta colectiva de 301 firmantes (más de 118 adhesiones) dirigida al ministro de Información por la prohibición del homenaje a Picasso en la Universidad de Madrid, para “denunciar tan lamentable atropello a la libertad de expresión y a la cultura” y pedir la remisión de la multa y la libertad del escritor y crítico de arte José María Moreno Galván y demás detenidos”.

            Es curioso que CJC no entrara en contacto cercano con el pintor Salvador Dalí, quizás porque ambos, narcisistas natos, no se hubieran entendido y lo intuían de antemano. Ambos compartían el mismo desmedido afán de protagonismo y el  deseo de figurar y epatar, pese a ser genios en su campo.

Edición de libros en colaboración con artistas

            Como editor, CJC era exigente y exquisito, tanto en las revistas Papeles de Son Armadans o El Extramundi, en las que cuidaba todo, fondo y forma, el soporte y la presentación a base de una estudiada maquetación, tipografía e ilustraciones. Más de un editor elogió su esmerado cuidado en este campo. CJC sentía un especial amor y sensualidad por la presentación de los libros, como objetos casi eróticos al tacto. En las Ediciones de los Papeles de Son Armadans fue importante la Colección Príncipe Don Juan Manuel de obras de C.J.C. en gran formato, para la que contó con xilografías y grabados en talla dulce de Jaume Pla en varias ocasiones, Rafael Zabaleta, y como ya se ha señalado, Pablo Picasso.

            Cuando se fundó la editorial Alfaguara, se crearon las colecciones Puerto Seguro, El gallo en la torre y Amans Amens. En esta editorial contó con Rafael Alberti en texto e ilustración para el libro Poemas de amor (1967); con Manolo Millares –dos puntas secas-, para Poemas de amor (1969) de Miguel Hernández y Poemas de amor de Vicente Aleixandre, con ilustraciones de Manuel Viola. Con el pintor Hipólito Hidalgo de Caviedes contó para dibujos en las Novelas ejemplares de Cervantes e ilustraciones para el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita. Para ilustrar  el Viaje a la Alcarria (1966) contó con las fotografías del austríaco Karl Wlasak, y para La Colmena (1967), con ilustraciones de Eduardo Vicente. Estas últimas en la colección Puerto Seguro así como El Quijote (1967) con fotografías de Ramón Masats; para La Celestina (1967), con litografías de Lorenzo Goñi y, de este mismo pintor, para La familia del héroe; La lucha por la vida (1967) de Pío Baroja, con ilustraciones de Juan Esplandíu, o La familia de Pascual Duarte (1968) con litografías de Agustín Redondela. Las ilustraciones de Federico Lloveras fueron para el libro Barcelona.

            Entre los últimos trabajos de CJC en edición artesanal figuran los de Jordi Nubiola y en  L´Estol d´ Ocells de Pas para Las simas de las últimas inocencias (1993), con ilustraciones de José María Subirachs o Cuaderno de El Espinar, Doce mujeres con flores en la cabeza, con aguafuertes del mismo CJC. Esta última obra de editó póstumamente.

            CJC supo luchar contra la censura incluso para defender el diseño de una portada, como hizo en el caso de la continua correspondencia con Carlos Robles Piquer –cuñado del ministro Manuel Fraga Iribarne- para que se respetara la fotografía elegida en la portada de su libro Izas, rabizas y colipoterras  (1964). En este campo de la censura, CJC se bandeaba bien por su persistencia y porque era amigo del que fuera ministro Fraga. Incluso daba consejos a sus colegas para poder sortear la censura con audacia.

Relación con otros artistas visuales

            En 1982, en el antiguo Museo de Arte Contemporáneo en la Ciudad Universitaria Complutense, CJC hizo la presentación del libro Arranz-Bravo y Bartolozzi y su laberinto, volumen que contiene fotografías de la obra de estos dos pintores que trabajaron juntos en Cataluña durante más de una década. Ambos artistas habían pintado en la casa de CJC en Mallorca en 1979.

            CJC hizo una entrevista al escultor Cristino Mallo (Tuy, Pontevedra, 1905 – Madrid, 1989), que apareció en Correo Literario y más adelante en sus libros. En 1989, durante la exposición de Mallo en el antiguo Museo de Arte Contemporáneo, MEAC, el escultor declaró a la prensa: “Pese a lo que se ha dicho o escrito de mí Camilo José Cela, yo soy un hombre muy tranquilo, totalmente metódico y poco amigo de exhibirme con múltiples señoras. Lo único que me ha gustado siempre y me sigue gustando es ir al café y sentarme con mis amigos para hablar de todo”. (*) CJC también llevó a cabo  también entrevistas espléndidas –algunas de ellas para la revista Interviu- a artistas como Daniel Vázquez Díaz; Eduardo Vicente y la citada de Cristino Mallo, que figuran en sus Conversaciones con algunos amigos, dentro del libro La rueda de los ocios.

            “Cela escribió artículos sobre pintores, escultores y ceramistas, la mayoría de los cuales se recogen en sus libros Mesa revuelta y Al servicio de algo –ha señalado García Marquina-, revelándose como un excelente crítico de arte que hablaba convencidamente y desde el interior del hecho, porque él mismo estaba dotado de un espíritu creador y de un ojo pictórico”. Sin embargo, en otro momento de la biografía, el mismo autor señala que “las ediciones artísticas que realizaba en colaboración con pintores son excelentes obras bibliográficas, pero no tanto literarias, porque sus textos están sometidos al compromiso (en este caso artístico) de adaptarse a una imagen dada. Son escritos que –salvo excepciones- no soportarían una edición de bolsillo”

            En 1990 se publicó el Dodecálogo de conducta del periodista, editado por la Asociación de Editores, con un dibujo de la pintora santanderina Luz de Alvear, una de las pocas mujeres artistas que colaboraron con CJC.

            Amigo del dibujante y pintor Celedonio Perellón (1926 – 2015), CJC escribió de él: “Celedonio Perellón es un artista cautivadoramente perfecto, peligrosa y dulce y cruelmente perfecto. No tiene parientes artísticos ni en los museos ni en la vida, porque su pintura es la misma vida zambullida en una hierática y también emocionada aura de poesía, y esto sólo puede decirse de uno entre mil pintores”. Se dice que a Perellón fue al único artista que CJC no le cobraba por sus textos ni en dinero ni en obra, si bien figuran dibujos de este ilustrados en las Fundaciones en honor del Nobel.



            En 1992 los artistas naïf españoles celebraron con júbilo el hecho de que el premio Nobel CJC se aviniere a presentar el libro Diez primitivos contemporáneos, escrito por José Luis Morales y Marín, Luis Caruncho y Tatiana Rabich, presentación que tuvo lugar en el desaparecido Museo de la Ciudad de Madrid. La amistad del CJC con el pintor constructivista Luis Caruncho, implicado en el proyecto era notoria. Los artistas naïf correspondieron a CJC con la donación de diversos cuadros ingenuistas que pasaron a  la Fundación de Iria Flavia. El grupo estaba encabezado por la pintora Amalia Fernández de Córdoba, directora de la galería Éboli especializada en arte naïf.

            “Con Luis Caruncho existía una buena complicidad basada en la común retranca gallega, en el gusto artístico compartido y en un visión elegante y golfa de la existencia”, escribe Francisco García Marquina en la biografía que escribe del premio Nobel y añade: “En la práctica funcionaban como una sociedad de socorros mutuos por la que Camilo elogiaba a Luis por sus virtudes y Luis complacía a Camilo hasta en sus vicios. El genial artista inventó la mejor fórmula de relación entre ellos, que consistía en homenajear a Cela organizando actos, exposiciones y textos, en los que Luis exponía sus propios cuadros”.

            Caruncho logró del alcalde José María Álvarez del Manzano, que le pusiera una calle a CJC en Madrid y se hizo sobre el hermoso nombre de la  Avenida del Parral, situada en el barrio de La Guindalera, ante el enfado de muchos vecinos, que lo lamentaban, no por estar en contra del escritor del Premio Nobel, sino por perder una denominación histórica de bella resonancia que hacía alusión a los tapiales de las casas en la zona recubiertas con parras. Los nombres de escritores –también de políticos o científicos- no han de contaminar los nombres geográficos de los lugares, sino bautizar bibliotecas, institutos y Universidades, pero la ignorancia de los ediles arrasa inadecuadamente la nomenclatura de los lugares, diferentes a los nombres de prohombres. Álvarez del Manzano había asistido a la boda de CJC con Marina Castaño, y Camilo el del premio disfrutaba y contaba con vanidad las decenas de calles que llevan su nombre en España, algunas de las cuales descabalgaron a otros nobles escritores como fue el caso del Dante Alighieri.

            Los contactos puntuales de CJC con distintos artistas visuales, principalmente pintores fue una realidad; muchos de ellos le hicieron un retrato o le obsequiaron con pinturas en pago o compensación por algún texto o por la presencia del escritor en la inauguración de algún acto.  

            De la relación o amistad de CJC con los artistas visuales surgieron diversos retratos, que aquellos hicieron sobre Don Camilo el del premio –así le gustaba autodenominarse al escritor-, después de que aquel recibiera los respectivos  galardones del Nobel en 1989 y el Cervantes 1995, amén del premio Planeta. Entre esos retratos de CJC figuran los que le pintaran Álvaro Delgado, Luis Mosquera (1945), John Ulbricht (1972), García Marquina, Alberto Schommer, Ricardo Asensio (1966), Eusebio López Muñoz (1995), Marta Vivas (2011), Obdulio Fuertes o Matías Quetglás –este último en la Biblioteca Nacional de España- dentro de la galería de retratos de los premios Cervantes. También se cuenta con un busto de Eduardo Osorio (1994) o de Marina del Mar. Algunos de los retratos se hicieron de fotografía o tras breve sesión de posado del escritor, lo que no quita que resultaran buenos estudios psicológicos del autor a través de ellos.
            Por su parte, la escritora y pintora María Antonia Velasco es la autora de un interesante retrato expresionista al óleo de CJC, que se encuentra en la Fundación de Iria Flavia, y que figura en la portada de la biografía del Nobel por Francisco García Marquina, autor a su vez de un soberbio retrato fotográfico que figura en el interior del citado libro. Tanto Velasco como García Marquina, residentes en Guadalajara, fueron amigos cercanos del Nobel y se trataron con frecuencia mientras el Nobel vivió en tierra guadalajareña.

            Mención aparte merece la serie de fotografías que hizo el austríaco Karl Wlasak, cuando acompañó a CJC en su viaje a la Alcarria en 1946. El escritor español ofreció a Wlasak su casa y comida, cuando supo con el tiempo que el fotógrafo estaba pasando penalidades en Austria.

            La exposición “Momentos”, comisariada por Belén Tánago y Carlos Agustín, presentará una colección de retratos de CJC a lo largo de su trayectoria vital y literaria. El evento se inaugurará el 16 de diciembre de 2016, fecha conmemorativa de la entrega del premio Nobel en 1989.

            CJC ha sido objeto de numerosas caricaturas a lo largo de su trayectoria, en consonancia con su propio estilo literario tremendista, grotesco y caricaturesco. Algunos ejemplares de estas caricaturas se han exhibido en la exposición de la Biblioteca Nacional de España, comisariada por Adolfo Sotelo Vázquez, de la que hablaré más adelante.

            Por otra parte, el fotógrafo húngaro residente en Madrid, Nicolás Müller hizo un retrato a CJC en 1949, que hoy figura en el Museo Reina Sofía, con una copia posterior de 1985. Alberto Schommer incluyó el retrato fotográfico de CJC en su serie de retratos psicológicos que se publicaron en la prensa madrileña entre 1969 y 1973. Bugallo Sánchez fue otro autor interesado en representar a CJC y Paco Navarro lo fotografió en un primer plano con una interesante actitud reflexiva. Añadamos a estos artistas a Manuel Ferreiro Badía, escultor de la estatua fálica con dos esferas de CJC sentado con un libro en las manos, erigida en Padrón, .

            CJC escribió un texto sobre el retrato que le hiciera  Ulbricht en el libro titulado Doce retratos españoles. John Ulbricht (2000) (3)

            Parece claro que a CJC le gustaba posar, registrar los eventos en que intervenía y recibir los retratos que perpetuaran su efigie, incluso con su rictus de insolencia o mal humor. Su ego se hace patente en algunas imágenes. El escritor tenía buenas dosis de actor, a veces histriónico, y en algunas ocasiones actuó en cameos de cine. La escena más recordada es su intervención como el personaje de Matías Martí, perito agrícola, inventor de palabras, en la película La Colmena (1982), de Víctor de Erice, cuando el autor irrumpe en la mesa de escritores del Café Gijón, ataviado con una gabardina que llevaba un brazalete negro de luto en la manga, detalle que fue sugerido por el propio CJC. El personaje, de invención celiana, pertenecía a su cuento El gallego y su cuadrilla y no a su libro La Colmena, pero fue trasvasado a esa película. Él escritor CJC tenía buena figura, un rostro potente y, sobre una voz grave sobrecogedora, casi impostada, que sabía imponerse. También actuó en películas como El sótano (1949), Facultad de letras (1950), Manicomio (1953), y El cipote de Archidona (1979).  



            Mesa revuelta y Al servicio de algo son libros en los que CJC  recoge su escritura, artículos sobre todo, sobre artistas pintores, escultores o ceramistas, en los que se revela como crítico de arte singular, ya que su rica prosa y su visión instintiva contribuyen a dar relevancia al artista y su obra. Cristino Mallo y Eduardo Vicente, son artistas que figuran en estos libros.

            CJC escribe como un pintor, se ha dicho con frecuencia, bien sea con el realismo a lo Goya en Los Caprichos, o a lo José Solana en ese tardo-modernismo que le aplica el profesor Francisco Calvo Serraller. El estilo celiano enlaza con el esperpento de su paisano gallego Ramón María del Valle Inclán, y sus apuntes carpetovetónicos, también apuntan a ese estilo visual, plástico, de fuerte, áspero y tierno retablo ibérico. Su rico vocabulario rural o citadino contribuye igualmente a esa visualidad cromática de su prosa. CJC, pese a su expresionismo tremendista con atisbos de surrealismo en ocasiones, escribe más con la sensibilidad de los cinco sentidos, que con la captación psicológica o la interiorización del alma en lo que a los personajes se refiere. La prosa vivaz de Cela es el estilo; la frase fulgurante, su arte; la innovación del lenguaje, su logro.

Exposiciones del centenario

            En julio de 2016 se celebró la gran exposición en la Biblioteca Nacional de España CJC 2016. El centenario de un Nobel. “Un libro y toda la soledad”, magníficamente comisariada por el catedrático Adolfo Sotelo Vázquez. Esta exposición viajó  seguidamente  al Museo Centro Gaiás de la Cidade de la Cultura en Galicia. Organizada por Acción Cultural española (AC/E) y la Fundación en Iria Flavia, la muestra acoge 600 piezas entre libros, pinturas, manuscritos y objetos, que ponen de relieve la relación del autor con el arte o en sentido amplio con la cultura española. No faltan aquí cuadros de la exposición de 1947, donde se recuerda a Cesar González Ruano quien decía que Cela era “mejor pintor con la pluma que con el pincel”, si bien en los años 40, el autor simultaneó pintura y escritura. También se muestra la revista cultural Papeles de Son Armadans, clave en las décadas 50 y 60, porque en ella colaboraban escritores y pintores de las dos Españas. No faltaron en la revista una serigrafía de Antoni Tàpies o un grabado de Antonio Saura. CJC cuidaba extraordinariamente las portadas de la revista. Amante de las joyas bibliográficas, no podía faltar en esta exposición la obra más relevante: Gavilla de fábulas sin amor (Picasso/Cela) (1962). Con la revista El Extramundi  y los Papeles de Iria Flavia (nacida en marzo de 1995) –también expuesta-, CJC continuó la empresa cultural iniciada en Mallorca. Si vamos al capítulo del cine, se ofrecen en la exposición fotografías y fotogramas de El sótano (1948), Facultad de Letras (1950) y Manicomio (1953)”.


Julio Mendoza y Maica Bas

1 comentario:

RAMON LAZARO FERNANDEZ Y SUAREZ dijo...



JULIA:
Enhorabuena por tan brillante aporte y éxito de público. De haberlo sabido, también me habría contado entre los asistentes. Seguiremos esperando grandes cosas producto de tus capacidades y "savoir faire". Un saludo entusiasmado.
Ramón