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miércoles, 23 de junio de 2010

“Vida de San Benito y otras historias de santos y demonios” por Gregorio Magno




“Vida de San Benito y otras historias
de santos y demonios diálogos”
Gregorio Magno
Introducción, traducción y notas de
Pedro Juan Galán
Editorial Trotta. Madrid, 2010-06-23




Julia Sáez-Angulo

En forma de diálogo, este libro con la historia más amplia de San Benito de Nursia y otras de diferentes santos italianos, tiene la gracia y el aroma del siglo VI, escrita por Gregorio Magno, el primer monje que llegó a Papa. Una edición actual y bien cuidada a cargo de Pedro Juan Galán en Trotta.

El propio Gregorio y el diácono Pedro son los dos personajes que dialogan en torno a las vidas de estos santos con su vida y milagros. “Los “Diálogos” de Gregorio Magno tuvieron gran aceptación desde el momento mismo de su aparición”, explica Galán. Prueba de su éxito y popularidad es, por un lado, la gran cantidad de manuscritos conservados, por otro el hecho de que la obra fuera traducida al griego por el papa Zacarías en una fecha tan temprana como mediados del siglo VIII”.

Los “Diálogos” de Gregorio Magno (540-604) presentan dos tipos de contenidos principales: la narración de prodigios y la explicación de diversas cuestiones doctrinales o teológicas. Se trata de una obra hagiográfica y constituye un ingente mosaico de milagros de toda naturaleza y condición.

Recordemos que Benito de Nursia (480-547) es el fundador de la vida monástica en Occidente, el creador de la célebre Regla monástica para los benedictinos, que expandieron la cultura por toda Europa, de la que fue declarado patrón por la Santa Sede. Su célebre “Santa Regla” con el “Ora et labora”, condensa la actividad del trabajo al tiempo que la oración ante Dios Padre.

Gregorio magno nació en Roma, orientó su vida inicialmente hacia la función pública y alcanzó el cargo de “praefectus urbi”. Pero muy pronto abrazó la disciplina monástica. En el año 590 fue elegido papa y se convirtió en el primer monje que alcanza el pontificado. Está considerado como uno de los grandes Padres de la Iglesia, cuya doctrina es segura en la interpretación de las verdades de fe. Su obra más célebre es “Regla pastoral” sobre la formación de los obispos.

El autor del libro, Pedro Juan Galán es profesor titular de Filología Latina de la Universidad de Extremadura. Ha dedicado su actividad investigadora a autores y géneros de la literatura clásica latina (Marcial, su época y su tradición), de la literatura cristiana (Isidoro de Sevilla y Juan de Bíclaro) y del latín del Renacimiento (Julio Cesar Escalígero y Francisco Sánchez de las Brozas, “El Brocense”).

domingo, 20 de diciembre de 2009

Tradiciones Navideñas a lo largo de la Historia



Dolores Gallardo López

Ya están a punto de llegar los días del año que para unos son los más entrañables y para otros son días cargados de melancolía y recuerdos de sucesos pasados que –indefectiblemente- al llegar estas fechas nos asaltan de nuevo. Pero todos, o casi todos, practicamos estos días unas costumbres que vienen avaladas por una larga tradición. Tradiciones que nuestros padres nos enseñaron y cuyo testigo trasladamos a nuestra vez a las generaciones que nos siguen. Hablo de las tradiciones navideñas.
 Bueno resulta plantarse por qué en el mundo occidental cumplimos estos días determinados ritos y de dónde proceden.
Nuestro mundo, el mundo occidental en el que vivimos, y nuestra cultura, la cultura occidental -que los europeos exportaron a América, tanto la del norte como la del sur- son producto de una larga evolución cultural. En esa larga evolución confluyen, fundamentalmente, dos ejes bien diferenciados:

a) La cultura clásica. Nació en Grecia, fue absorbida por Roma y trasladada después por los romanos a todas las regiones no griegas donde se extendió su Imperio, es decir a las actuales naciones de Europa occidental y a una de Europa oriental (Rumanía). También al norte de África.
b) La judeo- cristiana.

No es posible entender nuestra cultura europea sin tener en cuenta ambos ejes culturales.

Con más frecuencia de lo que en principio parece esos dos ejes confluyen. Así sucede en los casos que estos días expondremos en este blog: la festividad de las Navidades y las tradiciones que este hecho conlleva.
Hoy nos vamos a ocupar de algunas tradiciones navideñas.
¿Desde cuándo las familias o los amigos se reunen para comer juntos? ¿Desde cuándo se envían regalos de comida o bebida a personas que -si se nos ocurriera en otras épocas del año- a lo mejor nos las tiraban a la cabeza? ¿Desde cuando sorprendemos a nuestros familiares y amigos más allegados con ese objeto que sabemos que deseaban tener o que pensamos que les hará ilusión?

¿De dónde vienen estas costumbres que consideramos tan nuestras?
Estas líneas sólo pretenden mostrar al lector que aquí –una vez más- las dos líneas maestras de la estructura europea que hemos indicado más arriba confluyen.

En efecto, bastantes tradiciones que repetimos cada año son muy parecidas a las que los romanos cumplían en otras fiestas que celebraban más o menos por los mismos días: las Saturnales, es decir las fiestas en honor del dios Saturno. 
Originariamente las fiestas duraban tres días: el 17, 18 y 19 de diciembre. Estaban ubicadas en el calendario romano cerca del solsticio de invierno, cuando el Sol entra en el signo de Capricornio. Después se ampliaron algunos días más, hasta el 23 de diciembre. Durante las Saturnales se suspendían numerosas actividades públicas.

Desde siempre fueron unas fiestas muy bulliciosas y populares: se reunían a comer parientes y amigos; los esclavos gozaban de una libertad inusitada el resto del año e incluso en algunas familias confraternizaban con los dueños.
Los amigos y parientes se enviaban regalos de comida y bebida.
En los banquetes familiares se solían hacer regalos muy diversos, según el bolsillo de cada cual: un atril, un aguamanil, una parrilla para asar, una bufanda, un tinte para el pelo…. o, los pudientes, platos incrustados con oro, copas antiguas, una cama hecha de limonero, una silla de montar, etc. No crean que me estoy inventando los ejemplos, los estoy sacando del poeta Marcial.

Sí, nuestro compatriota, el poeta Marcial, escribió dos libritos en dísticos para acompañar los más diversos regalos: el libro XIII de sus obras, llamado Xenia eran dísticos para acompañar regalos de comida y bebida; el XIV, llamado Apophoreta, contenía dísticos para acompañar los otros regalos.
Marcial, nació en Bílbilis, cerca de Calatayud, un 1 de marzo entre los años 30/41 d.C. Con poco más de 20 años estaba ya Roma, la capital del mundo.

En aquel momento, en torno a los años 60, el emperador era Nerón y la colonia hispana muy floreciente: entre sus miembros estaban el filósofo cordobés Séneca, preceptor y brazo derecho del emperador, su sobrino el gran poeta épico Lucano, nacido también en Hispania, etc.

El epigrama a su cumbre

Los acontecimientos se precipitaron, tras la conspiración de Pisón contra el emperador, Nerón tomó represalias. Entre los afectados por ellas Lucano tuvo que suicidarse, también Séneca –que voluntariamente había dimitido de todos sus cargos hacía algún tiempo y vivía retirado, fuera de la ciudad- fue obligado a suicidarse.
Los buenos tiempos de la colonia hispana acabaron. El poeta Marcial -ya de por sí bohemio- malvivió y aunque unos años después -en época de los emperadores Flavios (Vespasiano y después sucesivamente sus dos hijos, Tito y Domiciano)- su situación mejoró sensiblemente, siempre tuvo estrecheces económicas. Pero él llevó el género epigramático latino a su más alta cumbre.

El epigrama era una composición irónica breve, generalmente de 6/8 versos, muy rara vez sobrepasa los 20 versos. El último verso es como el flechazo o un agudo dardo y da sentido a la composición. El epigrama fue comparado con “el picotazo de la abeja ática, que causa ampollas”. Marcial es el autor de epigramas más importante de la Literatura latina y uno de los grandes de la poesía satírica universal.

Casi al final de sus días, otro escritor –mucho más rico, pero menos importante- conocido en la Literatura como Plinio el Joven pagó a marcial el viaje de regreso a Calatayud, donde murió en los primeros años del siglo II d.C., entorno al 104 d.C.

Volviendo a las Saturnales, estas fiestas como su propio nombre indica y ha quedado ya dicho, eran las fiestas dedicadas al dios Saturno, antigua divinidad itálica, que muchos consideran que tuvo carácter agrícola. Las características que pudiera haber tenido el primitivo Saturno itálico desaparecieron pues que muy pronto fue asimilado al dios griego Crono y todo lo que de Saturno romano sabemos está pasado por el tamiz griego.

El titán Crono en la Mitología griega era el primitivo dios del Cielo y fue padre de Zeus (que tras rebelarse contra Crono y vencerlo se convirtió en el dios máximo del mundo griego y señor del Olimpo).

Dicho esto se entiende bien que las Saturnales romanas, si bien con sus características propias, fueran una adaptación de las Kronia griegas, las fiestas dedicadas al dios Crono.

Ha quedado dicho que las Saturnales, una vez ampliadas, acababan el 23 de diciembre.
En el siglo IV d.C. el erudito Macrobio, tomando como marco escénico las tradicionales fiestas, escribió su obra llamada Saturnales, indispensable para el estudioso del mundo romano: El autor finge que un grupo de doctos amigos -entre los cuales está el gramático Servio, el mejor comentarista de Virgilio que hubo en la antigüedad- con motivo de celebrar las tradicionales fiestas Saturnales como era habitual con reuniones para comer, se reune en sucesivos banquetes y en ellos mantienen eruditas conversaciones sobre múltiples temas literarios y científicos.

Las antiquísimas y bulliciosas fiestas Saturnales siguieron celebrándose en el mundo romano hasta que el 27 de febrero del 380 el emperador Teodosio con el edicto de Tesalónica acabó con lo que quedaba de la religión tradicional romana y quedó proclamado el cristianismo como única región. Pero las tradiciones romanas subsistieron y han llegado hasta nosotros.