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lunes, 25 de marzo de 2019

PIONERAS. Mujeres artistas de la vanguardia rusa en el Museo Thyssen-Bornemisza


pioneras rusas



Hasta el 16 de junio de 2019

L.M.A.


          25.03. 19 .- MADRID .- A comienzos del siglo XX, se fraguó un renacimiento cultural sin precedentes en el Imperio Ruso. La vida artística se llenó de exposiciones y exaltados manifiestos que combinaban influencias de corrientes vanguardistas extranjeras con aspectos genuinos de la cultura rusa. Este acontecimiento excepcional tuvo además una característica que lo diferenció del resto de los movimientos artísticos
de la época: la conocida como vanguardia rusa contó con una participación femenina no solo muy
numerosa, sino también extremadamente activa y relevante.

Algunas de las más destacadas artistas de este movimiento forman parte del montaje especial
Pioneras. Mujeres artistas de la vanguardia rusa, que reúne una selección de 12 obras de las
colecciones del museo de Natalia Goncharova, Alexandra Exter, Olga Rózanova, Nadeshda
Udaltsova, Liubov Popova, Varvara Stepanova y Sonia Delaunay, además de textos, biografías y
fotografías. Todas ellas crecieron y se formaron en un régimen que se aferraba a los valores de la
época preindustrial y, sin embargo, se convirtieron en pioneras de la creación, difusión y defensa de
los nuevos lenguajes artísticos que fascinaron y escandalizaron a partes iguales a la sociedad rusa y europea de comienzos de siglo.


Jóvenes, inteligentes, libres y rebeldes no formaron un grupo, aunque muchas de ellas se conocieron
e influyeron mutuamente. Sus nombres están asociados a los diferentes movimientos que se
sucedieron durante los últimos años de la Rusia de los zares y sus carreras habían alcanzado la
madurez cuando, en 1917, triunfó la Revolución de Octubre. Con su ímpetu y determinación no solo
consiguieron integrarse en completa igualdad en la vanguardia, sino que en muchos sentidos la
lideraron, marcando un importante hito en la historia del arte.

Natalia Goncharova (Negaievo, 1881-París, 1962)
Desde sus primeras obras de finales de la década de 1900, Goncharova combinó a la perfección un interés
por los movimientos de vanguardia europeos con la
búsqueda de inspiración en el folclore y las raíces
populares rusas. Tras esta primera fase neoprimitivista,
donde se apreciaba la admiración por Gauguin y Matisse,
se interesó por el cubismo y el futurismo, y finalmente
desarrolló, junto a Larionov, el rayonismo. Este
movimiento, basado en las teorías científicas de la luz,
convertía el espacio pictórico en una reflexión sobre la
acción y la refracción de los rayos lumínicos.

Alexandra Exter (Belostok, 1882-Fontenay-aux-Roses, 1949)
Alexandra Exter fue una figura clave en las conexiones
entre la vanguardia rusa y las corrientes artísticas que se
estaban desarrollando en Europa occidental. Su temprano
interés por la escena parisiense la llevó a pasar largas
temporadas en la capital francesa a partir de 1907, donde
conoció entre otros a Pablo Picasso y Georges Braque.
Cautivada por las posibilidades del nuevo lenguaje
cubista, lo adoptó inmediatamente y se convirtió en una
de sus principales embajadoras en Rusia. El contacto con
el matrimonio Delaunay y con los futuristas italianos hizo que se interesara por la introducción del
movimiento en sus obras y confirmó su apuesta por el color. Al estallar la Gran Guerra volvió a su
país donde, atraída por la obra de Kazimir Malévich, realizó sus primeras obras no figurativas.
Durante estos años inició sus colaboraciones teatrales y, a partir de 1921, diseñó moda.
Natalia Goncharova en su estudio, París,
finales de la década de 1920


Olga Rózanova (Melenki, 1886-Moscú, 1918)
Rózanova está considerada una de las artistas más
originales de la vanguardia rusa que destacó tanto por
su firme apuesta a favor de un arte no figurativo, como
por su continua búsqueda de nuevas formas de
expresión. Sus inicios estuvieron ligados al futurismo
que conoció de la mano del poeta Alexei Kruchenykh,
inventor del lenguaje experimental zaum. La artista no
solo colaboró en el diseño de numerosas publicaciones
futuristas, sino que ella misma comenzó a escribir
poemas transracionales. En paralelo, pintó sus primeras obras de estilo cubofuturista, donde el color
ya era su preocupación principal. Resultaron tan innovadoras, que Filippo Marinetti decidió incluirlas
en la Primera Exposición Futurista Internacional de Roma, en 1914.

Nadeshda Udaltsova (Orel, 1886-Moscú, 1961)
Nadeshda Udaltsova estuvo vinculada al cubismo desde que, en
noviembre de 1912, viajó junto a su amiga Liubov Popova a París. Con
ella asistió a las clases de Jean Metzinger y Henri Le Fauconnier en la
Académie de La Palette y, a partir de entonces, este lenguaje se
convirtió en la base fundamental sobre la que construyó unas obras
que se consideran la mejor manifestación de este movimiento en
Rusia. Tras la Revolución de 1917, participó activamente en diversas
iniciativas culturales e impartió clases. También fue miembro del
Instituto Estatal de Cultura Artística (Injuk), aunque lo abandonó en
1921 por discrepancias con los artistas de la corriente constructivista,
que defendían el abandono de la pintura como práctica artística.

Liubov Popova (Ivanovskoie, 1889-Moscú, 1924)
Desde muy temprano, Popova combinó su fascinación por el arte antiguo
ruso con numerosos viajes familiares por toda Europa. El arte clásico
italiano, en especial los fundamentos compositivos del estilo
renacentista, dejaron una imborrable huella en ella. Interesada también
por las corrientes artísticas contemporáneas, viajó a París en 1912 con su
amiga Udaltsova, donde entró en contacto con el cubismo. Una nueva estancia en Italia le permitió conocer de primera mano el futurismo, combinando ambos lenguajes
en sus obras. Posteriormente, su interés osciló entre el suprematismo y el constructivismo, aunque
manteniendo siempre una clara independencia artística. En 1921, junto a otros artistas del Instituto
Estatal de Cultura Artística (Injuk), renunció a la pintura de caballete e inició una importante carrera
como diseñadora gráfica, textil y escenógrafa.

Varvara Stepanova ( Kaunas 1894 - Moscú 1958)
La más joven de las pioneras admiró, durante los primeros años de su
carrera, a los poetas futuristas y, en 1917, comenzó a escribir poemas
transnacionales que se convirtieron en la base de una serie de libros
manuscritos en los que, siguiendo a Rozanova, combinaba texto y
formas abstractas. Su entusiasmo por el triunfo de la Revolución de
Octubre, la llevó a poblar sus obras con personajes que representaban
el ideal (robótico, eficiente y dinámico) de la era socialista. En
septiembre de 1921, se unió al grupo de artistas que decidieron
abandonar la pintura de caballete. Stepanova, única artista de su
época con formación en artes aplicadas, expandió sus ideas al terreno
del diseño de vestimenta y textil, a la decoración de espacios públicos
y teatrales y se convirtió en una de las principales representantes del constructivismo.

Sonia Delaunay (Odesa, 1885-París, 1979)
A pesar de haber pasado la mayor parte de su vida en París, todo en la
vida y la obra de Sonia Delaunay parece conectar con sus orígenes
rusos. Su defensa a ultranza del color, la apuesta por la abstracción y el
interés por expandir sus ideas artísticas a todos los objetos de la vida
cotidiana, se asemejan enormemente a los principios estéticos que
defendían muchos de sus compatriotas de la vanguardia en Rusia, con
los que mantuvo contactos. En la capital francesa, Sonia pronto se
convirtió en una figura clave para la vanguardia gracias a la aventura
simultaneísta que emprendió junto a Robert Delaunay, su marido
desde 1910. Juntos investigaron los contrastes de color y la disolución de
la forma a través de la luz, lo que los encaminó a la abstracción.


El montaje se completa con un vídeo sobre la restauración de las obras Pesca (Pescadores) (1909), de Natalia Goncharova, y Jugadores de billar (1920), de Varvara Stepanova. La pintura rusa de comienzos del siglo XX, así como la de otras vanguardias históricas, plantea problemas de
conservación y por eso es supervisada regularmente. La restauración de estos dos lienzos permiteanalizar algunas de las problemáticas comunes a las obras de este periodo y contribuir a su mejor conservación.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Sonia Delaunay, modelo de diseñadora de diseñadores de moda en el Museo Thyssen Bornemisza







Julia Sáez-Angulo

            17/09/17 .- MADRID .- Nadie debiera perderse la primera exposición de Sonia Delaunay, Arte, Diseño y Moda, que se hace en España y que se clausura el próximo 15 de octubre en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. Delaunay, una diseñadora que abrió boutique de moda en Madrid antes de la guerra civil de 1936-39, cuando vivía con su familia en la capital de España. Se cumple ahora cien años. Momentos de libertad en la experimentación artística, que iba a desarrollar  en su gran trabajo posterior.

            Esposa del pintor Robert Delaunay, Sonia tuvo desde muy pronto un sentido pluridisciplinar del arte, al aplicarlo al diseño y la moda. La exposición en el Thyssen-Bornemisza cuenta con 200 piezas procedentes del Centro Pompidou de París, la Biblioteca Nacional de Francia y el Museo Reina Sofía de Madrid. La comisaria de la muestra, patrocinada por la Comunidad de Madrid, es Marta Ruiz del Árbol.

            Sonia Delaunay (Odessa, 1885 – París, 1979) llegó a Madrid en 1917 con su familia, donde permaneció tres años, durante los que instaló su taller en la calle Columela, desde el que hizo moda e interiorismo y trabajó para los aristócratas más relevantes del momento. Sonia aplicó su ideario artístico vanguardista a todo lo que hacía. Los Delaunay huyeron de la primera guerra mundial en 1914, cuando veraneaban en Fuenterrabía y estalló el conflicto europeo. Regresaron a París en 1020, década clave de su actividad creadora, y que ocupa la última parte de la exposición.

            La exposición presenta dibujos, pinturas, gouaches, libros, fotografías históricas, diseños, sombrillas, trajes, abrigos, vestidos y chaquetas, que ilustran con creces su trabajo y creatividad. Sonia Delaunay es un nombre clave en las vanguardias históricas de París, al indagar sobre los contrastes de color y la disolución de la luz, lo que le llevaría a una singular abstracción, que supo encarnar en cuadros, textiles, moda  y objetos. La artista supo colaborar con poetas y autores dramáticos para expandir sus diseños textiles, vestidos y objetos artísticos al mundo del teatro. Uno de los grandes sueños de los museos de moda es contar con alguno de los trajes de Sonia Delaunay.

            Entre las piezas presentadas se encuentra el soberbio abrigo que Sonia diseñó para la actriz Gloria Swanson en 1925. La diseñadora también trabajó para el cine, como por ejemplo en la película Le pétit Parigót (1926) de Le Somptier.

            Han sido muchos los diseñadores de moda que han pasado por esta gozosa exposición de color y creatividad de Sonia Delaunay, quien supo ver la modernidad de los tiempos y la presencia de una mujer que demandaba nuevos diseños en su vestimenta. Lorenzo Caprile ha elogiado la exposición en el museo Thyssen, que alberga los mejores diseños de la autora para los almacenes Metz & Co de Holanda, con quien tuvo una relación comercial que duró hasta 1950, lo que le permitió una continuidad creadora.

            La pintora y diseñadora Maica Noïs, por su parte, ha señalado que la exposición es una de las mejores que se han visto de una diseñadora de moda original y creativa, con unas señas de identidad precisas que pasan por el color y la geometría. Un gran testimonio de la primera vanguardia, que supo plasmarla con ingenio en la moda.

            La figura de Sonia Delaunay se agranda desde que se ha mostrado su obra en la Tate Gallery de Londres y en el Museo de Arte Moderno de Paris en 2008 y 2014 respectivamente. Un nombre de mujer que ha sido subrayado en el campo del arte y la moda.



            
Sonia Dealunay

domingo, 25 de junio de 2017

“Sonia Delaunay. Arte, diseño y moda” en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid



25.06.17 .- MADRID.- El Museo Thyssen-Bornemisza presenta Sonia Delaunay. Arte, diseño y moda, la primera muestra en solitario en España de esta artista, con la que se pretende destacar no sólo su importante papel como pintora de vanguardia, sino también la exitosa aplicación de su ideario artístico a la vida cotidiana.

Su obra puramente pictórica se exhibirá en las salas junto a libros y escenografías teatrales, diseños publicitarios, de interior y de moda, telas y vestidos, reuniendo más de 200 piezas procedentes de instituciones públicas como el Centro Pompidou, la Biblioteca Nacional de Francia, el Museo de la Moda de París o el Museo Reina Sofía, y de colecciones privadas.

La exposición, que cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid, reivindica los años que la artista vivió con su familia en Madrid, hace ahora 100 años, un momento para ella de gran experimentación y libertad que marcaría todo su desarrollo artístico posterior.

Asistirán a la inauguración de la muestra Marta Ruiz del Árbol, comisaria de la exposición y conservadora de Pintura Moderna del Museo; Guillermo Solana, director artístico del Museo, y Jaime de los Santos, director de la Oficina de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid. 

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lunes, 9 de agosto de 2010

Pintores y modistos colaboran en el diseño de trajes de Alta Moda




Julia Sáez-Angulo



Moda y Arte son dos géneros bien armonizados, máxime cuando muchos consideran la moda de alta creación como una derivación de las Bellas Artes. Después de la célebre escuela alemana Bauhaus, que buscaba hacer bello lo útil, para que la vida cotidiana subiera en valores estéticos; después de que las artes industriales pasaran a ocupar los museos importantes como el de Artes Decorativas de París, en los mismísimos palacios del Louvre, estaba claro que la Moda iba a subir enteros en su cotización de belleza y artes plásticas.

Los grandes diseñadores franceses lo vieron muy pronto en la capital del Sena, cuando ellos gobernaban la Moda a primeros del sigo XX y pidieron la colaboración de los grandes artistas de vanguardia. Es el caso de Elsa Schiaparelli – abuela de la modelo y actriz Marisa Berenson- que obtuvo, entre otros muchos, el trabajo de Dalí para que le pintara algunos guantes o de Cocteau para que le hiciera el diseño de algunos botones. Estas piezas se buscan hoy como tesoros para los Museos del Traje que han ido surgiendo a lo largo de estos últimos años, consagrando así la Moda como un arte más.

La pintora ucraniana casada en Francia, Sonia Delaunay, durante la década de 1920, se dedicó al diseño de ropa y a sus telas pintadas a mano con colores brillantes que revolucionaron el diseño textil. Sonia llegó a poner una tienda en Madrid y sus modelos se buscan con lupa como hitos de la colaboración arte-moda.

Yves Saint Laurent hizo lo contrario de Schiaparelli, en lugar de pedir su colaboración a los artistas, les hizo un homenaje en sus trajes y vestidos al contar con su estilo o grafía en las telas. YSL hizo vestidos con los cuadrados de Mondrian, estampados con las pinturas de Picasso, Bracque o Chagall. De hecho, la Fundación YSL que se encuentra cercana al puente de Alma –donde falleció la princesa Diana de Gales- hizo una exposición hace pocos años con esos vestidos que lo relacionaban con los grandes pintores de las vanguardias históricas de los años 20.

Weill, firma francesa de Moda, también hizo diseños inspirados en los célebres recortables de Henri Matisse, cuyos cuadros se conservan en el Museo de Arte Contemporáneo Georges Pompidou de París.

La idea de pintar textiles lisos o en vestidos es antigua en Oriente, en particular sobre sedas de pañuelos y echarpes de la India. En España, el pintor Carlos Ortega reconoce que ha pintado más de dos mil trajes para la boutique de su madre Carmina Oyonarte. Uno de sus diseños para un traje de Nefertiti en Carnaval causó sensación en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

La última intervención artística que hemos visto en la pasarela Cibeles de Madrid ha sido la de los trajes de la diseñadora María Lafuente, con pinturas del artista venezolano Pedro Sandoval, residente en España, que practica una abstracción expresionista y matérica de gran belleza. Estos trajes provocaron grandes elogios de la crítica. María Lafuente piensa seguir con esta colaboración junto a pintores.

El pintor Pedro Castrortega, por su parte, también ha hecho su incursión en la moda, y llevó a cabo en la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid) un desfile de sus modelos diseñados por él mismo, con claros guiños a los temas y formas de su pintura.

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