martes, 9 de junio de 2020

MONEDA CONMEMORATIVA DEL CENTENARIO DE LA LEGIÓN ESPAÑOLA

A disposición del público desde el lunes 15 de junio 



L.M.A.

09.06.2020 .- Madrid .- Acuñada en plata por la Real Casa de la Moneda en calidad proof La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre-Real Casa de la Moneda pone a disposición del público, desde el lunes 15 de junio, una moneda de colección conmemorativa del Centenario de La Legión Española. Pieza de plata de similares características físicas y metrológicas a las del universalmente reconocido “Real de a Ocho” español. 

En su anverso, la moneda representa el retrato a izquierda de Su Majestad el Rey Don Felipe VI, con uniforme de gran etiqueta y luciendo los distintivos de Capitán General. En la parte superior, en sentido circular y en mayúsculas, aparece la leyenda FELIPE VI REY DE ESPAÑA y, en la inferior, entre dos puntos, el año de acuñación 2020.

lunes, 8 de junio de 2020

ANA QUERAL pintora y escultora mexicano-española, creadora del Museo sobre “Las Moradas” y la serie "El Quijote" para Guanajuato. EXPOSICIÓN VIRTUAL

pintura de Ana Queral

Ana Queral, artista visual


L.M.A.
            09/06/2020 .- Madrid .- Ana Queral Quesada (La Habana, 1948), residente en Alalpardo, Madrid. De antepasados españoles, a los dos meses de nacer salió de la isla caribeña donde nació y comenzó su vida cosmolita y viajera, primero con sus padres y más adelante por su propio espíritu inquieto y curioso sobre el mundo artístico. México ha sido el país en que ha resido un tiempo más prolongado y más tarde se instaló en España con su esposo español Regino Díaz Redondo. Su formación artística tuvo lugar durante los años 60 en el Colegio Americano en la ciudad de México; en el Taller de Dibujo y Pintura del maestro Frank González; en el Metropolitan Seminar of Art (Washington) y en el Maryland Institut of Art. El pintor Rufino Tamayo elogió su obra y le aventuró un buen futuro artístico.
Los distintos viajes realizados y las visitas a diferentes museos y centros artísticos han ido marcando o jalonando su vida y trabajo plástico. El mundo oriental de China y Japón influyó notablemente en su obra, que se ha teñido del hermoso contraste y dramatismo del rojo y el negro, junto al matiz lujoso del pan de oro o las brilladeras, que dotan a los cuadros de una intensidad particular llena de belleza. De Japón absorbió su despojamiento y sencillez de composición. La filosofía zen la apreciaba en todos sus recorridos y de manera imperceptible, como por ósmosis se impregnaba en su espíritu y en su nuevo quehacer pictórico. La Serie Oriental de esta época es una de las más hermosas. Su larga serie El Quijote le llevó tres años en llevarla a cabo y hoy figura en el Museo de El Quijote de Guanajuato (México).
Entre sus galardones internacionales más sobresalientes destaca la primera Medalla de Oro Lorenzo el Magnífico en la I Bienal de Florencia (1995). Y entre sus trabajos más destacables figura el Museo de las Moradas de Santa Teresa, un espléndido centro de interpretación sobre la obra teresiana que figura en Villanueva de la Jara (Cuenca), junto al convento de Carmelitas fundado por la santa de Ávila.
Creó el Grupo Casa del Sol, que estuvo activo entre varias pintoras. Un centenar de exposiciones jalonan su trayectoria.
La versatilidad de esta artista se comprueba al contemplar todos sus registros: pintura, escultura en madera, bronce u objetuales, cerámica, collage, dibujos a línea, aguadas... Se trata de una artista pluridisciplinar, que siente la pasión por los materiales y ninguno le es ajeno. Su tactilidad le inspira para dar forma a todo su bagaje de mujer culta, inquieta y comprometida. Aunque sus energías se desbordan en el campo del arte plástico, su inquietud creativa le lleva igualmente a abordar de vez en cuando la escritura en artículos o pequeños ensayos sobre el arte contemporáneo. También ha escrito algunas obras de teatro como Experiencia en Villamara, basada en el cuento “Alicia en el país de las maravillas”. Esta obra de Lewis Caroll la ha llevado también a su trabajo como ceramista en un amplio mural junto a  una  piscina y ha desarrollado una simpática instalación con profusión de materiales..
Ana Queral parte de la figuración que deviene paulatinamente en descomposición de las formas. Bastan los juegos y las insinuaciones de las manchas de color para crear un mundo de sugerencias conceptuales y emociones plásticas.  Para la autora el arte es concepto y plasticidad al mismo tiempo. Fondo y forma son inseparables en su trabajo. Es consciente de que para desdibujar con acierto hace falta haber dibujado antes con profusión. Ella lo ha hecho y eso se refleja en series tan intensas como las tintas sobre la Guerra de los Balcanes, que constituyen un testimonio plástico y dramático del tema. Un políptico formidable. Los desastres de  la guerra de Goya estaban sin duda en el inconsciente de la autora.
Su dedicación a la action paintig durante los años 70 y 80 lo que la dotó de desenvoltura para trabajar el color y las formas desdibujadas en amplios formatos. Pinceladas abiertas en las que aparecen o se insinúan vagos personajes que sostienen una relación ambigua entre ellos. Pero paulatinamente, los papeles de seda, de algodón o de madera se fueron insertando en los cuadros de Ana Queral hasta conformarlos como ricos collages, a los que se añaden estarcidos de retícula, de malla o de encaje, siguiendo el magisterio de Antoni Clavé, de quien la autora se siente reconocida. Klint por su preciosismo colorista y Clavé por su amor a los materiales, serían los maestros más admirados por esta pintora. Una deuda de admiración y gratitud, aunque los resultados en su caso ofrezcan visualidades diferentes. También Motherwell ha influido en algunas de sus Reflexiones pictóricas. Este trabajo fue expuesto en su día  en La Moraleja, y acoge buena parte de su serie Oraciones. Ana Queral investiga con el ordenador las formas y los colores antes de pasar los bocetos digitales al pigmento del cuadro. El resultado es un cromatismo vibrante, en el que la autora todavía siente nostalgia del collage.
Entre sus series pictóricas destacadas se encuentran Fe, Esperanza y Caridad, fuerte y primitiva, con tonos terrosos muy acendrados. Queral confiesa que tiene un lado místico lo que le lleva a plasmar temas religiosos como el sugerente cuadro abstracto La sangre de Cristo, en el que unas salpicaduras de pigmento rojo bastan para insinuar de forma poética el trasunto del título. La serie Niños acoge multitudes de personajes dramatizados por unas circunstancias o situaciones que la pintora había conocido de cerca en Hispanoamérica. Su investigación con el pladur como soporte es digna de mención porque dio lugar a una decena de cuadros en los que las raspaduras sobre el material dotaron a la pintura de una solidez específica. Mención aparte merecen sus Esculturas de reciclaje, en las que, siguiendo las enseñanzas de Duchamp, la artista toma los objetos encontrados y materiales en bruto para hacerlos dialogar en una tensión de texturas y volúmenes.

Más información

Bruno Arteaga Barreiros, ganador del concurso de fotos Retamar


Foto Bruno Arteaga


08.06.2020 .- Madrid

Foto ganadora concurso Retamar . La más votada en instagran . Título por fin Paseo . Autor .bruno Arteaga Barreiros 13 años . Metacrilato

"BRÚJULA. POESÍA DE/EN CASTILLA LA MANCHA. 50 AÑOS"; 50 NOMBRES; 50 POEMAS

María Antonia Ricas, poeta

Juan Antonio Villacañas y su hija Beatriz, ambos poetas

           09.06.2020 .- Madrid .- No me suelen gustar las expresiones grandilocuentes. Pero, en este caso, debo decir que tengo entre manos un libro fastuoso. Ahí es nada, que alguien como Alfonso García-Calero haya conseguido unir los nombres, fotografías de cada uno de ellos o ellas, la biografía, opiniones sobre los autores y, finalmente, un poema de, a juicio del editor, el medio centenar de poetas más importantes de lo que ahora se denomina Castilla-La Mancha, que antes fue Castilla la Nueva, incluyendo Madrid, y dejando fuera a la provincia de Albacete, a la que, no sabemos con qué devastador criterio, fue incorporada de forma franquistamente obligatoria al antiguo Reino de Murcia, con el cual tiene poco o nulo parentesco, salvo en de los límites geográficos.
Dicho lo anterior aclaremos que el libro ha visto la luz en la Biblioteca Añil Literaria, de renovada tradición, acogida a la empresa literaria denominada Almud Ediciones de Castilla-La Mancha y que, efectivamente en ciento y pico jugosas páginas podemos recrearnos en leer las joyitas líricas de estos autores desde un primer poema del creador manchego por excelencia, Juan Alcaide Sánchez (1907-1951), valdepeñero ilustre y claro predecesor de una legión de damas y varones que han hecho, y siguen haciendo, de la poesía su principal desazón. Su poema se titula “Tierra de nadie” y de él dijo mi antiguo vecino Florencio Martínez-Ruiz “Hasta la aparición de J.A. y su voz roma () nadie, o casi nadie había puesto en pie a la tierra, a la llanura infinita o al horizonte iluminado”. Alcaide escribe: “(Tierra de nadie. /Tierra entre dos trincheras enemigas”).
Y ya empiezan a desfilar los compañeros de estrofa, los artífices de la maravilla poética: Federico Muelas (1910-1974) que hizo de Cuenca un espacio abierto al mundo con esos motivos (“intimista, familiar, Dios, el paso del tiempo”) que desciende a una nítida elegía: “…nadie, Huécar,/Te defiende. Nadie”, O José Herrera Petere (1909-1977), hijo de un General que llegó a ser Presidente de la II República en el exilio”:”… aquí yace un sabio/que peleó junto al pueblo”. Y, a la contra, José María Alonso Gamo (1913-1993), soldado del franquismo y diplomático hasta 1946: “Torija, en que nací:/piedra de alumbre…”.
En mi época de gran actividad poética, tertulia de Rafael Montesinos, el Aquelarre Poético de la Casa de Granada con Alberto Álvarez Cienfuegos, la Ballena Alegre, el Café Gijón, las variada tertulias que capitaneó el gran José Luis Cano (Casa del Libro, Librería de la Calle del Carmen, Café del Prado, Ateneo), Colegios Mayores, los populosos fallos del Premio Adonáis de Poesía también Ramón de Garciasol (1913-1944) participaba en muchas de ellas junto a nombres como Leopoldo de Luis, Gabriel Celaya, Antonio Hernández, Luis Rosales, Félix Grande, José Hierro, Javier Lostalé. los hermanos Creis. Garcíasol, seudónimo de Miguel Alonso Calvo, fue juzgado y absuelto por el franquismo. Escribió: “Comed el pan, andad a besos/por los lugares y por los molinos,/que ya todo es Quevedo derramado”.
De aquellas épocas datan el renombrado profesor y autor de los “Poemas del toro” Rafael Morales (1919-2005), talaverano: “Hermoso es lo que evocan nuestras manos…”, el emblemático toledano Juan Antonio Villacañas (1922-2001), compañero de colaboraciones de la Estafeta Literaria, Nueva Estafeta, Poesía Española y delicado autor de las “Liras Juanantonianas”: “Y no me duela nada/excepto el corazón y la cabeza,/las manos, la mirada,/los huesos, la tristeza,/no me duele y me duele la belleza”. La discípula de Alcaide, Sagrario Torres (1922-1996), que practica una poesía entre clásica y renovadora. (“Contigo irá mi sombra”), José Corredor Matheos (1929), “Coetáneo de la mayoría de los poetas de la generación de los 50”, según Manuel Rico. “De la vida, cortar/ lo que más duele:/los días y las noches” escribe Corredor.
En la introducción dice García-Calero: “¿Por qué una antología más? Ciertamente ésta (que ni siquiera aspira a serlo en sentido estricto) es tan prescindible como casi cualquier otra”. No es así, amigo. Las personas no leen, ni siquiera en los confinamientos. Por eso este tipo de libros, antologías, colecciones mínimas, reunión de autores o, como en este caso, dando cuenta de determinados autores agrupados por estilos, generaciones (en las que no creo) o espacios geográficos, pueden animar a quienes leen poco o no leen, por simple curiosidad, a conocer lo que hacen sus paisanos, aquellos que representan determinadas modas o estilos, lo de ciertas épocas.
En este sentido, creo, “Brújula” es una buena publicación porque nos permite, a todos, recapitular y re-conocer a unos autores que tienen gran importancia en el ámbito de la lengua castellana y que representan unas formas de vida, costumbres, maneras de expresarse que, de varias maneras, difieren de y completan a los escritores, poetas, que usan los mismos argumentos e idénticas palabras y que crean el espacio común del español o castellano.
Con su premio “Juan Alcaide” de Poesía y ese “registro clasicista” José Mª Blanc Garrido (1922-1996) demuestra, desde Albacete, su amor a la tierra y los paisajes: “La casa olía a húmedo/había un patio grande/con una vieja higuera”. Ángel Crespo (1926.1995), el gran traductor de Pessoa, el ineludible viajero por los mundos cultos. Gil de Biedma dice de él: “Crespo no ha confundido la literatura con la actividad literaria”. De Alcázar de San Juan era Antonio F. Molina (1927-2005), pintor, grabador, crítico de arte, escritor, secretario del Cela de “Papeles de Son Armadans”, dejó una interesante obra poética. “Estoy sentado en casa y sin moverme, /olvidado de mí”. Ismael Belmonte (1929-1981) “ha de situarse en las coordenadas formales del garcilacismo”. Escribió “Desata tu locura, escapa, ruge…”. Dionisia García (1929), filóloga ha dado a la imprenta una interesante muestra lírica y la autobiografía novelada “Correo interior”. “Buscadme donde está para que os vea”, recomienda. Luis Rius Azcoitia (1930-1984), lacerado por la guerra incivil, que diría Miguel de Unamuno, estudió en México. De él importa “el lugar del canto”, dijo el asturiano Ángel González.
En estos libros se incluyen, a veces, autores emblemáticos, aquí la lista es larga. Carlos de la Rica (1929-1997) era un manchego de Pravia (Asturias). 40 años viviendo en Carboneras de Guadazaón dio mucho de sí: su labor sacerdotal, su colaboración para crear la Academia Real Conquense de Artes y Letras y gestionar la Editorial Toro de Barro (desde 1965), que ha continuado Carlos Morales. Dice: “Pido tan sólo/que un girasol alumbre/el fulgurante canto de los grillos…”. Eladio Caballero (1930-2000) era un hombre pacífico, “hermano” moral de Félix Grande y muy estimado por Francisco García Pavón, quien, siendo bibliotecario de Tomelloso, daba a “sus” lectores cuantos libros eran capaces de leer. El franquismo del odio y la prepotencia fusiló a su padre, militante socialista, en 1940 y el poeta trabajó en los más raros oficios, igual que Grande y el andaluz Antonio Hernández. Su trabajo en La Estafeta y Nueva Estafeta, primero con Ramón Solís y luego Luis Rosales, era el de un artesano de la amistad. Premio de la Crítica en el año 2000: “La Mancha: surco en cruz, ámbito, ejido, /parador del verano…”.
Y Alfaro, Rafael Alfaro (1930-2014), conquense, aparecía en las tertulias con su camisa gris de salesiano y nos regalaba libros entre místicos y humanos: “…al llegar la noche, todos vamos/dejándonos la ropa/sucia sobre las manos del silencio”. La simpatía, cordialidad, bonhomía era patrimonio de Nicolás del Hierro (1934-2017) con 20 libros publicados, co-fundador de la Asociación de Escritores de CLM. Animó el premio de poesía que lleva su nombre en Piedrabuena, dice Paco Caro que su poesía “indaga en los caminos de la justicia y hermandad”. (“No me dejes seguir con esta pena/de tener empeñado mi destino…”). Joaquín Benito de Lucas (1934) filólogo ha gestionado los premios que llevan su nombre y el Rafael Morales en Talavera, ha sido profesor en Damasco y Berlín y catedrático en Madrid. “Materia de olvido” ganó el Adonais en 1967 y enseguida pasó a ser jurado del galardón de Ediciones Rialp. “Mañana volveremos a la vida”, escribe. Manolita Espinosa es toda una institución en Almagro, donde nació en 1935, pues dirigió 26 años la Biblioteca y el Archivo Municipal. Sus versos son etéreos (“Te me escapas, /te me pierdes/gigante de mis días”, de ellos dice Manuel Alvar, “son la intensificación de todos los sentimientos”. Valentín Artega (1936), de Campo de Criptana, a Roma, al mundo como religioso de la Orden Teatina. Miguel Galanes habla de “Una poesía la suya que nos acompaña como bastión del ser humano”. Se recomienda leer completo su poema “Lección de urbanidad”. (“Ya no hay jardines que te oculten/detrás del resplandor de tu pecado”. Juan Manuel Rozas López (1936-1986) de escasa vida e interesante labor investigó sobre “el Barroco y el primer tercio del siglo XX”. “Somos aguamanil en el banquete,/gesto en el brindis, sombra en la caricia…”.
Igual que Francisco García Pavón fue pionero de la novela policiaca, con su célebre Plinio, el genial jefe de la policía o guardia municipal de Tomelloso, La Mancha, y aquel “pobre Tomillo, en concreto se revitalizaron con la poesía y la figura de Cabañero y de Félix Grande, éste también reclamado y estimado en Mérida por haber nacido allí el levantamiento la hipocresía franquista. Pero Grande (1927-2104), además, nunca bien visto por la derecha española aunque cercano a Luis Rosales, junto al cual comenzó a trabajar en Cuadernos hispanoamericanos en 1961 hasta su cese por los im-populares en 1996, cuando estaba a punto por edad para jubilarse, creó una muy interesante obra poética, que parte de “Las piedras” (Adonáis 1964), pasa por “Blanco spirituales” que ganó el Premio Casa de las Américas en la Habana en 1967 cuando todavía se creía en revolución castrista, se reanima con “Las rubáiyátas de Horacio Martín” en el 78 y profundiza en sus deseos de justicia y consuelo con “La cabellera de la Shoá” tras un viaje a Cracovia y a su paso por el campo de concentración de la profunda indignidad humana de Auschwitz-Birkenau. Su último poemario fue “Libro de familia”: “Tu piel junto a mi piel/eso es lenguaje”.
Francisco García Marquina (1937), biólogo y periodista ha publicado más de 20 poemarios, “Morirse es como pueblo”, el penúltimo. “Todo menos las nubes, ha cambiado”, escribe. Elvira Daudet (1938-2018) de Cuenca, fue periodista de altos vuelos y periodista muy bien calificada, recuerdo sus crónicas desde París para Informaciones, llenas de color y de datos literarios. Manuel Rico dice que “es una poeta de lectores devotos, emociones hondas, sentimentalidad a flor de piel, y lenguaje forjado en la lectura atenta y renovada de nuestros clásicos”. El versátil creador Jaime Alejandre la considera una de nuestras mejores poetas y ha creado un premio de poesía con su nombre, cuyo primer galardón ha sido para el poemario “Es preciso reponerse de la tristeza”, de nuestro amigo el joven filósofo dominicano Leonardo Reyes. Elvira dejó escrito: “Quizá/un día fui feliz y no lo supe”. Cuando Josep Castellet incluyó en sus Nueve novísimos a Antonio Martínez Sarrión (1939) su nombre entró en el ámbito de los inmortales. Sigue trabajando y publicando, asistiendo a actos diversos y teniendo buenas relaciones con poetas jóvenes y menos jóvenes. Es notoria la publicación de “Última fe. (Antología poética 1965-1999)” en edición de Ángel L. Prieto de Paula. “Cada orza de adobo, cada soga de cáñamo,/cada jarra de vino me regalan tu aroma”.
Pese a la escasa, a veces nula, atención que libreros, editores, sesudos críticos e incluso docentes prestan a la poesía, ésta persiste, se mantiene en el imaginario de la gente común. Sin embargo, el poeta, cuya labor en una gran proporción suele no ser remunerada vive la diaria creación como si estuviera convencido de que sus palabras serán importantes para alguien: un niño, un solitario, un general en su laberinto. El raro novelista, y también poeta, Jesús Ferrero dice que un escritor no debe repetirse, son tantos los temas, las musas, los momentos de la existencia que, seguramente, cada uno de ellos está dictándonos un poema, hablando de una persona amada o confiando en el futuro, aún en tiempo de virus. Así nos llega, por ejemplo, la poesía del madri-conquense Diego Jesús Jiménez (1942-1999) que, según Ángel Luis Luján Atienza  “desprende, un aroma de insatisfacción vital, de ruina y desolación que sólo es compensado por el poder de evocación de la palabra”. Jiménez obtuvo en dos ocasiones el Premio de Poesía Hispanoamericana Juan Ramón Jiménez y en dos convocatorias el Premio Nacional de Poesía. ”Es una vida la que pasa bajo el puente”, escribe.


Julie Sopetrán, escritora

Pero ese es el verdadero Territorio de La Mancha al que, el mexicano Carlos Fuentes, quiso incluir todo aquel espacio en el que se hablara/se hable el idioma de Don Quijote y Sancho el de la frustrada Ínsula Barataria. Y es en estos autores, en estos poemas donde encontramos sabios consejos, delicadas descripciones y vehementes expresiones, como cuando Luis Alfredo Béjar (1943-2011) que fue Profesor de Literatura y Concejal del Ayuntamiento de Toledo escribe “Tenía tu idioma/los pies de agua soleada/y un poder de convicción/que envidiaba la música”. Julia Sopetrán (1943) que hizo de la Alcarria su territorio, cuando no andaba en geografías yanquis publicó un hermoso libro en Torremozas (1985) “Silvas de mi selva en ocaso” y en 2005 cuatro poemarios en Morelia, además de sus premios y actividades universitarias en Palo Alto: “…hay rosas disecadas/que perfuman el aire”, escribe. Jesús Pino (1947), físico, dirigió la revista regional En Cultura y con Mª Antonia Ricas la revista Hermes y la colección de poesía Ulises. Ricas dice que él “rescata magia, la de la voz, no hay otra”. Él escribe: “Nací muriendo/de hambre/por la vida,/ con gula por la luz/con sed de cada instante”.
Alfredo Villaverde (1947), licenciado en Derecho y Psicología es un gran activista cultural, ha publicado más de 60 libros y es Presidente de la AECLM. Recomendada la lectura de su poema “En el Puente Romano de Mérida”: “Descanso en el jardín de sombras/que envuelve este paisaje de acuática hermosura”. Francisco Caro (1947) no solo de Piedrabuena, su pueblo, también es ciudadano del mundo de la cultura, de las tertulias, de las barricadas en las que la poesía suele salir triunfante. Rafael Soler dice de él: “Y tengo que algunos le llaman metapoeta pues es la Poesía asunto central de su quehacer”. Premios, libros, paisajes vivencias…”Pues la vida nos niega la victoria/más allá del fulgor de algún momento,/gobernar lo precario, vivir juntos,/no agotar la existencia, ser comienzo”. Y otro madri-conquense, José Ángel García (1947), un tipo de estirpe romántica y de aventuras escuetas, periodista en la Radio de todos, llamada todavía Nacional,  académico de la Real Academia Conquense de Buenas Letras, de la que llegó a ser Director, buen paseante por El Retiro madrileño, audaz autor de un montonazo de poemarios, “…una fuente independiente de emociones”, según Carlos Morales. Él dice; “Fuimos dioses. Nos ha costado tanto llegar a ser humanos”. De Hilario Barrero (1948), traductor y Profesor en Nueva York desde el 78, “tras dejar atrás un Toledo de cuartel y sacristía, de mentiras y secretos”, según José Luis García Martín. Una buena lección tenemos en su poema “Subjuntivo”: “…hoy tienen prisa, como la tuve yo,/por salir a la noche, por disfrutar la vida./por conocer el rostro de la muerte”. También Dionisio Cañas (1949) residió en Nueva York y vivió en Francia. Docente, traductor, ensayista ha escrito libros espléndidos. “Se vive mal cerca del cielo”, afirma.
González-Calero avisa “que lo que tienes, lector, en tus manos no es sino una gavilla de poemas y un conjunto de nombres no unidos por otra razón que la de haber compartido suelo y siglo en esta tierra nuestra, en Castilla-La Mancha”. Y justamente llegamos al meridiano de ese siglo que fue atroz, aunque los momentos actuales no sean para sentirnos alegres y confiados como la ciudad aquella. Olvido García Valdés (1950) asturiana, traductora y residente en Toledo desde el 96 donde ha sido Catedrática de Literatura como lo fue en Valladolid, Directora del Instituto Cervantes de Toulouse y Directora General del Libro y Fomento de la Lectura escribe: “Así debió ser: saludó a los vecinos/que encontraba, una palabra a cada/uno amable y oportuna (así dijeron) y/entró luego en el río; la autonomía de la voz que habla y nada dice/del alma y de sus cuidados”.
Dice Don Quijote que “No hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo”, sin embargo, en la mayoría de estos poetas de “Brújula”, advertimos una clara sencillez, un lenguaje llano y comunicativo, una falta de petulancia que sí suele abundar entre los poetas alzados a base de premios de dudosa factura, auspiciados a veces por editores de interesada actuación económica o auspiciados por personajes de menor cuantía y de mayor prepotencia.
Miguel Galanes, (1951) profesor durante muchos años, defensor de espléndida naturaleza del parque Natural de Cabañeros y amante absoluto de su Daimiel natal tiene a la vida, a la existencia, como materia de sueños, ensueños y versificaciones. Francisco Caro dice de él que es “alguien que escribe para sí mismo, para salvarse”. La prueba sería el poema “Un jardín”: “Nada es extraordinario por distinto”. María Muñoz, del mismo año, nace en Toledo y vive frente al Manzanares estudiando el pensamiento filosófico contemporáneo, la teoría de la cultura, la filosofía del lenguaje y manteniendo al día su blog www.lashilanderasprodigiosas.wordpress.com. Perteneció a Hermes, Añil, tertulias, co-fundó los colectivos Imagina y ADA. Aquí deja un poema entre reflexivo y filosófico. “La estela captura sus logros, la idea su rastro ágil”. Beatriz Villacañas (1952), Doctora en Filología y profesora de la UCM acumula interesantes galardones. Su poesía de “voz personalísima” según opinión de José Luis Morante es fluida, elegante, elocuente: “Soneto al mirlo que se come mis peras”, merece una mención: “Vienes todas las tardes, tan temprano./aprovechas la ausencia de mi siesta./llegas a tiempo, con la mesa puesta,/y te comes la fruta del verano”. Federico Gallego Ripoll (1953) de Manzanares a estudiar Teología en Madrid y Turismo en Barcelona, donde fundó el “Aula de Poesía de Barcelona”  y a vivir en Mallorca. José Luis Morales dice que “es una voz que emerge de una conciencia alerta”. “Son necesarias muchas vidas para volver al árbol”, escribe el autor de “Un lugar donde esperarte. (Poesía 1981-2007)”. Andrés Gómez Flores ha sido periodista (la SER, El País, La Verdad, A-3) y es crítico e inspector gastronómico. Luis Martínez Falero dice que Gómez “nos presenta una tendencia hacia la poesía del silencio con toques costumbristas”: “En las noches se habla/sin preguntas, de un porvenir helado,/sin impulsos ni comercio”.
“Cuando se aprende a interrogar la respuesta no importa”, escribe el filósofo mexicano Benjamín Valdivia. Lo podríamos aplicar a la poesía de Amador Palacios (1954) quien, además de sus libros de versos, ensayos y traducción de poesía portuguesa es autor de una interesante biografía de Ángel Crespo. Vamos a recomendar su poema “Extraño madrigal”: “Cercenaré barreras herrumbrosas/ para lograr tu niebla diamantina,/esa dicha abisal,/esa estupefaciente/consecuencia nimbada de la sangre”. Miguel Casado (1954) catedrático de Lengua y Literatura llegó a Toledo desde Valladolid también en el 96. Es un notable crítico, traductor y poeta. Ha publicado ediciones críticas de Antonio Gamoneda y José Miguel Ullán. En “Sentimiento de la vista” habla de “equilibrio de verdad y mentira,/corriente sin manantial”.
“A este punto llegados el futuro es pereza” escribe el Paul Valéry de “El cementerio marino”, Alfredo J, Ramos (1954) que estudió en los Agustinos de Salamanca y El Escorial termina su “Reencuentro” con unos versos magníficos: “Juro/hasta tres veces  que no soy el mismo/cuando me acuesto por la noche/y sueño”, como en ese sueño pudiera borrarse la pereza e ir dibujando la esperanza. Y Enrique Trogal (1954), seudónimo de José Vicente Patón, que ha traducido a Al Berto y al narrador francés Barbey dispone, según Ángel Luis Luján de “Una poesía, rica en registros, rezumante de cultura y un ritmo impecable para expresar inquietos mundos interiores…”.No importa que no entiendas esta historia/porque yo te traeré los más hermosos/cantos…”.  José Luis Morales (1955), filósofo,  ha ejercido el periodismo y la docencia. Inmaculada Lergo dice que “pese al tema tratado, se mantiene alejado d de toda impostura. Él dice que “La vida/es esa servilleta/de papel que te aguarda/en el dispensador de las tabernas/y en la que sólo pone: Gracias por su visita.”  Por el libro titulado con las 4 últimas palabras Morales obtuvo el Premio Antonio Machado en Baeza. A Antonio del Camino (1955) el ser un empleado bancario no le arruinó la ilusión poética. “Del verso y la penumbra” fue accésit Adonais 1984. En “A modo de Poética” termina deseando “…aspirar al silencio”.
Una escritora, docente y entusiasta de las artes es María Antonia Ricas (1956). En sus libros no sólo observa el mundo y su trascendencia, también penetra en los magníficos paisajes de los grandes pintores, pone sus versos a las obras precisas y preciosas de grandes fotógrafos y artistas y analiza el universo con una especial ternura. Gallego Ripoll, a propósito de “La mirada escrita” ha dicho: “Sólo callando puede el poeta contener la verdad de un mundo donde el pasado en llamas autoriza el futuro”. Ella pregunta o se pregunta, en “Topacio”: “¿Qué comerán las niñas que aman el Nombre de su Esposo como un águila?”.

Al final de su introducción Alfonso González-Calero anima a que “a no tardar mucho, alguien con más conocimientos y recursos de los que yo dispongo en ese momento (9 de febrero de 2020) aborde una verdadera antología de la poesía escrita en Castilla-La Mancha en los siglos XX y XXI”. Por mi parte como modesto crítico, poeta en solitario y sociólogo sin beneficio deseo agradecer, en nombre los lectores de poesía en general y de los manchegos en particular, su trabajo siempre esforzado para reunir esta importante nómina de mujeres y hombres para quienes el mundo de los versos es parte esencial de sus biografías. No sobra ningún nombre y los que pueden faltar siguen teniendo el mismo aprecio que si estuvieran en estas páginas pues, de una u otra manera, este medio centenar de voces representan a todos, nos representan a todos, incluso al resto de españoles que tenemos como libros de cabecera los que han escrito nuestros cercanos amigos, los poetas de siempre y los que comienzan a serlo con la ilusión que todos hemos poseído al ver impreso nuestro primer poema.
Como colofón, sin haberlo previsto, aparece la imagen, la escueta biografía, los versos de una conquense de La Puebla del Salvador, Amparo Ruiz Luján (56), a quien con voz de soprano tuvimos ocasión de admirar cantando un delicioso “Ave María” en aquella iglesia de Nazareth que, al punto, se llenó de judíos llegados de todo el mundo a visitar Israel y que quedaron maravillados ante tal espectáculo. Habíamos viajado a Maghar de Galilea, gracias a las gestiones de nuestra amiga Margalit Matitiahu, a unos Encuentros sobre Paz y Poesía que organizaba la comunidad drusa, bajo la coordinación del profesor de la Universidad de Haifa y diplomático, fue embajador de Israel en Oslo, Naïm Araydi, y, a pesar del ambiente bélico de la zona, las sesiones entre palestinos, sabras (judíos nacidos en Israel), cristianos de Europa y América e israelíes oficialistas, el encuentro apostó por la concordia, la comprensión y la dignidad para todos aquellos que hicieron y hacen de Tierra Santa su (posible) lugar de convivencia. Entre los actos más impresionantes estaban los yantares, con sesiones de recitados, en una cueva cerca de una cárcel de alta seguridad donde, decían, había estado el propio Jesús, con bellas vistas sobre el Lago de Tiberíades. “Don Quijote a grandes voces decía: …”advertid que el amor y la guerra son una misma cosa”. Amparo es Licenciada en Geografía e Historia, ha sido profesora en Barcelona y en la ciudad de las casas colgadas y ha publicado emotivos libros de versos. En Mayo de 2018 escribió en Cuenca “En el paraíso de la infancia una patria de barro y chocolate,/ silencio/y caracoles descalzos”...
Entonces dijo Sancho: “-Señor, vuestra meced ha acabado esta peligrosa aventura lo más a salvo de todas las que yo he visto…”.
Manuel Quiroga Clérigo
Majdahonda, 4 de junio de 2020, nos visitan trizas de nubes.

Nuevas obras de arte pro Mascarillas para Madrid


 Rosa Gallego
Rosa Serra


L.M.A.

08.06.- Madrid.-

 Carmen Espinosa
 María José Bro
 Federico Eguía
 Luis Javier Gayá
 LLUCIÁ G. VIZA
 Rocío Barreiros
Pablo Reviriego

Bruno Arteaga

domingo, 7 de junio de 2020

“Exposiciones y comisariados. Relatos cruzados”, libro de Olga Fernández López, publicado por Cátedra






Julia Sáez-Angulo

            7/6/2020 .- Madrid .- La colección de libros sobre el arte y los museos, en Básicos Cátedra, se enriquece con Exposiciones y comisariados. Relatos cruzados, el libro de Olga Fernández López, que habla de un tema surgido a partir de mediados del siglo XX. El libro ha sido publicado por Cátedra y lleva ilustraciones en color y blanco y negro.
            Profesora de arte y de estudios curatoriales, Fernández López recuerda que “el comisariado es una práctica de mediación discursiva que toma fuerza en la segunda mitad del siglo XX y cuyo hacer se distingue por la combinación de aspectos prácticos e intelectuales que dan sentido al conjunto heterogéneo de las obras de arte contemporáneas”.
            “Las exposiciones siempre fueron, además de ámbitos para la exhibición de obras, un espacio de sociabilidad donde artistas, críticos, marchantes, coleccionistas y el público general se reunían, respondían a lo que los artistas presentaban y donde se escenificaba la construcción de una comunidad de aceptación y/o de rechazo de lo mostrado”, se dice en la introducción.
            El índice generoso de lo abordado en el libro Exposiciones y comisariados. Relatos cruzados va recogido en seis capítulos, desde: El espacio expositivo y sus políticas; Comisarios (in) dependientes; El poder del display; Comisariar el mundo; El (des)orden de las cosas, y, El comisariado en el campo expandido.

            En el capítulo final se habla de la ansiedad curatorial, y la curadoría, lo curatorial y el curadorismo.
            En suma, un libro ilustrador sobre el tema que aborda y ciertamente importante para los nuevos comisarios de exposiciones que acuden a cursos especializados sobre el asunto y que han de evitar esa gran acusación que ha caído sobre comisarios y curadores, de querer suplantar en protagonismo a los propios artistas y sus piezas.
            Una exposición es una tesis de algún concepto y de esa tesis sí son autores.
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Mi amiga Margarita de Pedroso y Sturdza, escritora y mecenas




Margarita y Juan Ramón Jiménez



Julia Sáez-Angulo

           07.06.2020.- Madrid.- Entrevisté a Margarita de Pedroso y Sturdza, condesa de san Esteban de Cañongo y condesa de Madan, en su recoleto apartamento de la calle Serrano en Madrid, que tenía un gran ventanal de esquina a la calle Juan Bravo para recibir la luz. Fue a finales de los años 70 y la entrevista se publicó en Los domingos de ABC. Me había hablado de ella la escritora Ernestina de Champourcín, diciéndome que había sido una de las niñas que alegraban la vida y la poesía de Juan Ramón Jiménez. Cuando llegaban a casa del poeta, Zenobia Camprubí decía: Juan Ramón, han llegado tus niñas. Ella sabía que su esposo necesita ninfas, que no nínfulas para nutrir su poesía.
            Entre esas niñas de Juan Ramón se encontraban las hermanas Margarita y Lolita Pedroso, más conocidas por las Cañongo, porque eran hijas del conde de san Estaban de Cañongo y la princesa rumana María de Sturdza. Eran unas adolescentes esbeltas y bellas, consideradas la crema casadera en el Madrid de los años 30. Aquellas damitas junto a otras como la escritora Ernestina de Champourcín o Consuelo y Marga Gil Roësset, escultora, eran cultas, modernas y tenían pretensiones artísticas. Lo hacían bien.
 Margarita Pedroso (Paris, 1911 – Madrid, 1989), además de estudiar pintura con Vázquez Díaz, escribió artículos, ensayos, poesía y cuentos muy aceptables. Me regaló un ejemplar de Rosas (Historias de infancia y amor) (1939) y un libro dedicado de sus relatos Cabeza a pájaros y la Infanta y otros cuentos (1945). Más de uno decía que Juan Ramón estaba enamorado platónicamente de Margarita y así fue como yo titulé la entrevista: “Margarita de Pedroso y Sturdza, el amor platónico de Juan Ramón”, entrevista sobre la que hizo un buen relato -citándome como debe ser- Juan Manuel de la Prada en su libro Desgarrados y excéntricos (2007), publicado en Seix Barral. Mi entrevista iba ilustrada con fotos recientes y antiguas en las que brillaba la belleza gentil de Margarita.
Margarita, culta, erudita y educada en ambientes aristocráticos de París -no residió en Madrid hasta la década del 1920-, hablaba en un tono quedo y ligeramente asustadizo de niña bien. Detrás de aquella voz se adivinaba una educación de institutriz y de buen colegio, donde la disciplina de lenguaje y de formas era férrea. No se imaginaba en ella una palabra, frase o ademán fuera del bon gout de su educación esmerada. Y no es que Margarita fuera fría o distante, de hecho, me brindó su amistad y, a partir de la entrevista, nos vimos periódicamente en mi casa, la de Ernestina o en Embassy. Ellas dos quedaban con más frecuencia. Creo que me estoy enamorando de nuevo de Juan Ramón, nos confesó un día a Ernestina y a mí, que nos miramos con complicidad por lo escuchado.

Claro que la musa, más que amor platónico, de Juan Ramón le costó un buen disgusto al poeta, por una supuesta cuestión de honor calderoniano. El vate de Moguer le había dedicado algunos poemas alados a Margarita, que fueron tomados a la tremenda por su padre el conde de San Esteban de Cañongo. Precisamente su progenitor fue quien recomendó mostrar el artículo “Hacia Galilea” de su hija, a Juan Ramón, antes de entregarlo a la Revista de Occidente en 1932. Ortega y Gasset -el muy malvado- dijo después que Margarita había tenido ayuda en ese texto.
Pero una cosa eran los consejos literarios y otra los vuelos poéticos encendidos del aedo, como en el poema “Ensimismamiento primaveral” de altos vuelos y la dedicatoria de un libro a Margarita en la que decía: “Amistad preciosa, por inteligencia, espíritu y belleza de una idealista que quisiera merecerla siempre”. La amistad de Margarita y Juan Ramón también tenía sus enfados, hasta el punto de que ella rompió el manuscrito de “Ensimismamiento primaveral”, poema que JRJ no incluyó en el libro Españoles de tres mundos (1914 -1940), aunque sí lo hizo Ricardo Gullón en la versión de 1969.
            Barruntando que la relación de su hija Margarita y Juan Ramón se encendía por días, el conde de san Estaban de Cañongo, que no quería saber nada de musas, ninfas o amores platónicos, le pidió a JRJ que se apartara de su hija lo más posible y le amenazó con una querella si no lo hacía.
            JRJ entró al trapo y le contestó por escrito: No me preocupa que me lleve usted a los tribunales porque no he cometido delito alguno. Pero antes quiero decirle lo siguiente: (…) Estoy dispuesto a explicar con testigos todos mis actos, si usted lo desea. Si prefiere llevarme a los tribunales, le digo de antemano que aceptaré íntegramente el testimonio de su hija, porque sé que dirá la verdad, y la verdad no puede ser contra mí, ni contra nadie, y si se me condena, cumpliré gustoso lo que sea, porque ello querrá decir que he obrado mal en algo, y yo no quiero remordimiento.
            La sangre no llegó al río, pero hay que recordar que otra de las ninfas de JRJ, la poeta y escultora Marga Gil Roësset (1908 – 1932), una mujer prodigio de inteligencia -no emocional precisamente- se suicidó, ante el amor imposible de JRJ, porque era un hombre casado. Un tiro en la sien a los 24 años. Ella dejó testimonio de su infelicidad y decisión, en poemas y cartas. Aquel suceso fue un impacto tremendo en los círculos juanramonianos. JRJ le dedicó tres poemas que figuran en su libro Españoles de tres mundos.
              Margarita pasó la guerra civil y años posteriores en Chile, de ahí sus cuentos americanos El volcán y el potro de Coipué, mientras que JRJ lo hizo en Puerto Rico. Llegaron a verse en Nueva York, cuando el poeta estaba muy mayor.

            Volviendo a Margarita, mujer apasionada por la vida, que había dejado Italia en 1971, tras la muerte del hombre que amaba (siempre guardó ese secreto), para regresar a España, emprendió un negocio de decoración de interiores con la Duquesa de Mandas, lo que hizo que fuera a Brihuega para atender los deseos de una millonaria americana que había adquirido una finca y una casa en la histórica ciudad.
     Margarita se deslumbró ante la ciudad histórica de Brihuega, pese a estar un tanto abandonada y decrépita. Margarita compró y restauró los muros de la antigua Escuela de Gramáticos del siglo XVI, casa a la que llamó El Domine, que contaba con un pequeño jardín. Nos invitaba a sus amigos y familiares a visitarla. Allí coincidí con Leandro Silva, el primer arquitecto paisajista en España de origen uruguayo, que había estudiado en la Escuela de Versalles, y con su esposa Julia, presidenta de la Asociación de Amigos del Museo de Arte Contemporáneo. Un matrimonio simpático de dos personas inteligentes y cultas. Con ellos visitamos la Real Fábrica de Paños de Carlos III, que estaba hecha una ruina. Margarita miraba implorante a Leandro pidiéndole que se hiciera cargo de su restauración.
En El Dómine, la casa de Brihuega, con muchas alfombras y pequeñas escaleras desconcertantes, ante las que había que estar atenta por el imprevisto cambio de nivel, conocí a la hermana de Margarita,  Mercedes Pedroso, casada con el vizconde y diplomático Richard de Dampierre y a su sobrina Isabel de Aldasoro y su madre, Isabel de Pedroso, casada con un diplomático. 
Lolita Pedroso, la hermana mayor de Margarita, otra mujer singular, se había entregado a un viaje y misión informativa a Etiopía; al morir, el título de marquesa de san Esteban de Cañongo pasó también a Margarita que contaba así con dos títulos. Un precioso retrato de María Dolores Pedroso y Sturdza en la playa de Biarritz de Paul Emile Chabas -nunca expuesto- figura en los fondos del Museo del Prado, por donación de sus hermanas.

Un cáncer, tumor cerebral, fue royendo poco a poco la consciencia y la vida de Margarita Pedroso, que estuvo ingresada varios meses en una buena cínica privada del norte de Madrid, a donde yo iba a visitarla con frecuencia y allí intimé un poco con su hermana Mercedes, quien encargó a mi marido poner en orden los datos para un libro sobre Trajano y la columna trajana, que conmemora la victoria del emperador romano contra los dacios, pueblo sito en la actual Rumanía, país amado por las Cañongo, por ser el de su madre la princesa María Sturdza, fallecida en 1931.
Todavía recuerdo el día que a media mañana llegué a la clínica para ver a Margarita -se la podía visitar a cualquier hora- y me encontré con una habitación completamente levantada y pensé en las dos probabilidades: un cambio de cuarto o su fallecimiento. Había sucedido lo segundo. Los Cañongo contaban con un hermoso panteón adquirido en la cripta de la catedral de la Almudena, no lejos del mío, ya que ella me animó a adquirir una tumba en aquel lugar sacro, para lograr, con los fondos, terminar la catedral antes de la visita inaugural del papa Juan Pablo II. Allí descansaré, si Dios quiere, no lejos de Margarita.
Mercedes de Pedroso me preguntó si quería algún recuerdo de Margarita y le pedí un libro suyo con su ex libris que había visto (yo hacía entonces colección de ex libris, que en su día doné a la Biblioteca Nacional). 

     Brihuega le debe mucho a Margarita de Pedroso, porque contribuyó a rehabilitar la ciudad histórica con su empeño y la creación de una Asociación de Amigos de Brihuega, con la Infanta Doña Pilar como presidenta de honor. Por ello, el municipio le dedicó una calle. Su casa pasó a dominio del escritor y periodista Manuel Leguineche, que falleció en 2014 . Hoy no sé en manos de quien está.
     Margarita de Pedroso y Sturdsa fue un ser muy particular, que dejó estela en la histórica Brihuega y huella en aquellos que la tratamos.
Más información
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-muchas-rosas-y-margarita-201607221216_noticia.html


 Lolita Pedroso en la playa de Biarritz, pintora de Paul Emile Chabas
 Magarita de Pedroso. Foto en la entrevista de ABC, por J. Sáez-Angulo
 "Rosas", el poemario amoroso de Margarita a Juan Ramón
 Cuentos Americanos de Margarita de Pedroso
Lolita de Pedroso, primera a la izada, como corresponsal en Etiopía